El desafío de las empresas ya no es tener inteligencia artificial, sino saber implementarla
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Por Federico Ruiz Guiñazú, Gerente General de Wonderful para el Cono Sur. Durante décadas, las ventajas competitivas de las empresas estuvieron asociadas al acceso. Acceso al capital, a la tecnología, al talento o a la información. Con la inteligencia artificial ocurre algo diferente: el acceso dejó de ser el factor decisivo mucho antes de lo que imaginábamos.
Hoy prácticamente cualquier gran empresa puede utilizar los modelos más avanzados disponibles en el mercado. De hecho, según McKinsey, cerca del 88% de las organizaciones ya incorporó inteligencia artificial en al menos una función de su negocio. Sin embargo, esa misma expansión dejó al descubierto una paradoja: disponer de la tecnología no es suficiente para garantizar valor.
La discusión, entonces, cambió de lugar. Se trata de quién consigue integrar las herramientas tecnológicas a su operación antes y mejor que sus competidores.
Es un cambio de paradigma que obliga a revisar muchas de las decisiones que toman las empresas. Durante los últimos dos años vimos una carrera por experimentar con nuevos modelos, desarrollar asistentes internos o automatizar tareas específicas. Ese proceso fue necesario, pero representa apenas el punto de partida. La verdadera transformación comienza cuando la IA automatiza una sola función y transforma todo el flujo de trabajo en un sistema de agentes.
Ahí aparece un problema mucho menos visible que la tecnología, pero bastante más complejo: la ejecución.
Los procesos de una empresa no funcionan por áreas. Un reclamo puede comenzar en atención al cliente, pasar por operaciones, involucrar al equipo legal y terminar en finanzas. Un crédito hipotecario atraviesa validaciones, análisis documentales y distintas instancias antes de llegar a una aprobación. La realidad de cualquier organización está llena de procesos que cruzan departamentos, sistemas y personas. Sin embargo, muchas implementaciones de inteligencia artificial siguen diseñadas para resolver tareas individuales, cuando el verdadero potencial está en transformar procesos completos.
Eso explica por qué tantas iniciativas no logran escalar. El desafío consiste en integrar esa inteligencia con sistemas construidos durante años, ordenar datos que muchas veces están dispersos, establecer mecanismos de gobernanza y acompañar a las personas durante un cambio que es, antes que tecnológico, organizacional. Este es precisamente el papel que desempeña el equipo local de Wonderful con nuestras empresas
También existe una percepción equivocada sobre el tiempo. Algunas organizaciones consideran que esperar es una decisión prudente porque la tecnología mejora constantemente. Pero la ventaja competitiva que genera la inteligencia artificial no evoluciona al mismo ritmo que los modelos. Evoluciona al ritmo del aprendizaje organizacional.
La primera implementación obliga a ordenar información, conectar sistemas y desarrollar nuevas capacidades. La segunda resulta más simple porque la organización ya aprendió qué procesos automatizar, cuáles requieren supervisión humana y cómo integrar agentes inteligentes dentro de su operación. Ese conocimiento no puede comprarse ni incorporarse de un día para otro. Se construye con experiencia. Y, como sucede con el interés compuesto, quienes empiezan antes desarrollan una ventaja que crece con el tiempo.
Este escenario también redefine qué tipo de talento necesitarán las empresas. La discusión dejó de pasar exclusivamente por contratar especialistas en inteligencia artificial. Cada vez serán más valiosos los perfiles capaces de conectar tecnología con negocio; profesionales que entiendan cómo funciona una industria, puedan identificar oportunidades concretas de transformación y acompañen la adopción de estas herramientas dentro de la organización. Ese puente entre estrategia, operación y tecnología será uno de los activos más escasos de los próximos años.
La inteligencia artificial seguirá evolucionando y los modelos serán cada vez más potentes. Esa carrera continuará. Pero la verdadera diferencia entre las empresas ya no estará determinada por el modelo que utilicen, sino por su capacidad para transformar esa tecnología en una nueva forma de operar.
La próxima ventaja competitiva no será la inteligencia artificial. Será la capacidad de ejecutarla mejor que los demás.
