La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) implementó de manera general el Sistema de Gestión de Inversiones (SGI), una plataforma digital que busca concentrar en un único circuito el registro, seguimiento y administración de proyectos de inversión productiva y de los beneficios tributarios asociados. La medida fue formalizada mediante la Resolución General 5889/2026 y tiene como primera aplicación el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI).
El cambio apunta a reemplazar progresivamente los mecanismos utilizados hasta ahora para tramitar beneficios vinculados con inversiones productivas por un sistema digital que permita cargar información, vincular comprobantes, seleccionar incentivos y realizar el seguimiento de los proyectos. Según ARCA, la herramienta busca reducir la utilización de papel, simplificar la interacción con el organismo y anticipar los controles sobre la información declarada, con el objetivo de disminuir los costos administrativos y de cumplimiento.
El SGI será, en esta primera etapa, la vía de gestión del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), creado por la Ley 27.802. El esquema contempla incentivos para inversiones productivas realizadas en el país y permite acceder a beneficios vinculados con el Impuesto a las Ganancias y el IVA. El anexo de la resolución precisa que los beneficios pueden seleccionarse de manera no excluyente: se trata de la amortización acelerada en Ganancias y la devolución de créditos fiscales en el IVA.
La plataforma permitirá que las empresas gestionen sus proyectos, seleccionen los beneficios que pretendan utilizar y realicen el seguimiento de las inversiones informadas. Para ello deberán registrar las inversiones productivas, asociarlas a uno o más proyectos y vincular los comprobantes que respalden cada operación. ARCA pondrá a disposición los comprobantes electrónicos que ya figuren en sus bases de datos para su validación, aunque los contribuyentes podrán efectuar ajustes, modificaciones, incorporaciones o eliminaciones mediante carga manual o importación de información.
El nuevo esquema también incorpora una lógica de trazabilidad física de las inversiones. Cada proyecto deberá identificar su ubicación geográfica y los bienes, obras o explotaciones deberán clasificarse según categorías que incluyen bienes de capital, bienes de informática y telecomunicaciones, obras, equipos de riego agrícola, equipos de alta eficiencia energética, bienes semovientes, malla antigranizo y minas, canteras y bosques. Cada activo incorporado al sistema recibirá además un código único para su identificación y seguimiento.
Para el RIMI, el anexo establece que la fecha de inicio de la primera inversión productiva no podrá ser anterior al 6 de marzo de 2026. También fija como referencia documental el 19 de mayo de 2028: el sistema permitirá incorporar comprobantes cuya fecha de emisión sea anterior o igual a ese día. Esto genera un horizonte temporal concreto para que los proyectos registren y respalden las inversiones alcanzadas por el régimen.
Uno de los puntos centrales del nuevo mecanismo es que el SGI no se limitará a recibir información, sino que realizará un seguimiento de la inversión. A partir de los datos y documentos registrados, determinará el valor de la inversión productiva que cuente con fecha de puesta en marcha y verificará si corresponde alcanzar el monto mínimo de inversión previsto por la Ley 27.802 según la categoría del contribuyente.
En el caso del beneficio de devolución de créditos fiscales de IVA, el sistema habilitará una presolicitud para iniciar el proceso de asignación del cupo fiscal. El mecanismo tendrá ventanas específicas durante el año: estará disponible en los meses de febrero, mayo, agosto y noviembre, entre los días 1 y 10. La asignación del cupo podrá consultarse entre los días 11 y 15 de esos meses.
El diseño introduce además reglas de trazabilidad sobre ese cupo fiscal. El contribuyente podrá renunciar al cupo asignado a determinados comprobantes, pero no podrá trasladarlo de un comprobante a otro ni eliminar comprobantes sin renunciar previamente al cupo correspondiente. Tampoco podrá editar posteriormente el período de la declaración jurada ni el monto del IVA computable asignado a cada comprobante.
Una vez transcurridos tres períodos fiscales mensuales desde aquel en que haya correspondido computar el crédito fiscal en la declaración jurada de IVA, los comprobantes con cupo asignado quedarán disponibles en el Sistema Integral de Recupero (SIR), donde el contribuyente deberá formalizar la solicitud de recupero conforme al procedimiento vigente.
Para acceder al SGI, los contribuyentes deberán contar con CUIT activa, estar dados de alta en los impuestos correspondientes, mantener actualizado y sin inconsistencias el domicilio fiscal, tener actualizada la actividad económica declarada y contar con Domicilio Fiscal Electrónico constituido. En términos operativos, el nuevo sistema traslada buena parte de la gestión hacia un circuito digital en el que la consistencia de la información fiscal y documental pasa a ser una condición previa para avanzar.
La implementación tiene una lectura relevante para las empresas que evalúan inversiones productivas: el acceso a los incentivos deja de depender exclusivamente de una tramitación posterior y pasa a estructurarse alrededor de un registro digital del proyecto, sus activos, comprobantes, ubicación, puesta en marcha y beneficios pretendidos. En la práctica, esto puede favorecer una mayor previsibilidad para quienes planifiquen inversiones, pero también exige que la documentación y los datos del proyecto sean consistentes desde el comienzo.
El objetivo declarado por ARCA es extender gradualmente este modelo a otros regímenes de inversión y beneficios tributarios. El RIMI funciona así como la primera etapa de una transformación más amplia: convertir la gestión de incentivos fiscales en un proceso digital, trazable y articulado con las bases de información del organismo.
El Gobierno nacional convocó formalmente al Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil para el próximo 28 de agosto, en una jornada que tendrá como eje la determinación del nuevo piso salarial y la actualización de los montos mínimo y máximo de la prestación por desempleo.
La convocatoria fue establecida mediante la Resolución 1/2026 del Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil, firmada el 19 de agosto y publicada este jueves. La norma dispone que la sesión plenaria ordinaria se realizará el viernes 28 de agosto a las 12.30, mediante una plataforma virtual. En caso de ser necesario, habrá una segunda sesión a las 14.00 del mismo día.
Antes del plenario, a las 10.00, se reunirá la Comisión del Salario Mínimo, Vital y Móvil y Prestaciones por Desempleo. Será en esa instancia donde se tratarán específicamente los dos temas que luego serán elevados al Consejo: la determinación del Salario Mínimo, Vital y Móvil y la fijación de los montos mínimo y máximo de la prestación por desempleo.
La decisión adquiere relevancia porque el salario mínimo funciona como una referencia dentro del esquema laboral argentino y, además, interviene en distintas prestaciones y parámetros vinculados con la normativa de empleo. La discusión del 28 de agosto permitirá conocer qué nivel de actualización pretende establecer el Gobierno y qué posición llevarán los representantes de trabajadores y empleadores.
La resolución recuerda que el Consejo está integrado por 16 representantes de los empleadores y 16 representantes de los trabajadores, además de su Presidencia. El órgano tiene entre sus atribuciones legales determinar el salario mínimo, vital y móvil y los montos de la prestación por desempleo, de acuerdo con lo establecido por la Ley Nacional de Empleo.
La convocatoria se produce después de que el Gobierno modificara durante los últimos meses distintos componentes de su estructura administrativa y laboral. La resolución incorpora entre sus antecedentes el Decreto 378/2026, que aprobó una nueva conformación organizativa del Ministerio de Capital Humano, cartera que asumió las competencias y obligaciones que anteriormente correspondían al Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.
Desde el punto de vista económico, la discusión tendrá una doble dimensión. Por un lado, la actualización del salario mínimo impactará sobre el ingreso de los trabajadores alcanzados por ese parámetro y sobre referencias que utilizan distintos programas y obligaciones laborales. Por otro, la actualización del seguro de desempleo busca determinar el nivel de cobertura económica disponible para quienes pierden su empleo dentro de las condiciones previstas por el sistema.
La convocatoria, sin embargo, no anticipa ningún porcentaje ni monto. La Resolución 1/2026 se limita a poner en marcha formalmente el procedimiento institucional para que la Comisión del Salario Mínimo y el plenario del Consejo discutan y determinen los nuevos valores. Por lo tanto, cualquier cifra sobre el futuro salario mínimo o la prestación por desempleo todavía forma parte de la negociación y no de una decisión oficial.
El cronograma concentrará así en una misma jornada la discusión técnica y política del nuevo piso salarial. A las 10 comenzará la reunión de la comisión específica, a las 12.30 está prevista la primera sesión plenaria y, eventualmente, a las 14 se realizará una segunda convocatoria. El resultado deberá surgir de los temas elevados por la comisión al plenario.
Para los trabajadores y las empresas, el dato relevante será el resultado concreto de esa negociación: cuánto se modificará el ingreso mínimo de referencia y cómo quedarán los límites de la prestación por desempleo. En un contexto en el que el poder adquisitivo, el costo laboral y la protección frente a la pérdida de empleo forman parte de una misma discusión económica, la próxima reunión del Consejo del Salario volverá a poner en el centro una pregunta decisiva: cuál será el nuevo piso de ingresos que el Estado reconoce para el mercado laboral argentino.
Por Guillermo Bermúdez / Fundación FIEL – La producción industrial igualó en junio el nivel de actividad alcanzado en el mismo mes de 2025, de acuerdo a información preliminar del relevamiento de FIEL, acumulando en el primer semestre del año un retroceso de 0.7% en la comparación con el mismo periodo de 2025. En junio, la mayor caída entre los sectores de actividad la volvió a registrar la industria automotriz, con un nuevo y marcado retroceso en la producción de automóviles, mientras que, en el otro extremo, el sector de alimentos y bebidas se colocó en récord para un mes de junio a partir del aporte de la producción de alimentos.
En el mes, producto de la priorización en el abastecimiento de gas hacia la demanda residencial y de servicios esenciales, establecimientos fabriles sufrieron cortes de suministro originados en deficiencias en la infraestructura de transporte. El fenómeno resultó circunscripto a empresas pequeñas y medianas en localizaciones específicas, sin una gravitación de magnitud en la producción industrial agregada.
Al mismo tiempo, la implementación de cambios regulatorios -Resolución 66/2026 de la Secretaría de Energía-, determinaron que integrantes de la cadena de comercialización –productores, distribuidores y consumidores- deban volver a operar bajo las reglas de la licencia de servicio sin la intermediación de ENARSA. De ello, grandes usuarios industriales tuvieron que pasar a comprar gas directamente a los comercializadores, afrontando mayores precios por el GNL, cuyo costo se vio afectado al alza por el conflicto en Medio Oriente, o alternativamente asumiendo cortes de suministro y la interrupción de la actividad.
En el caso de los datos correspondientes al segundo trimestre, estos muestran que la industria se contrajo 0.5% en la comparación con el mismo trimestre de 2025, encadenando cuatro trimestres de retroceso interanual, con un más moderado ritmo de caída en el primer semestre de este año. En la medición desestacionalizada, en el segundo trimestre la industria se contrajo 1.5% respecto al trimestre previo, interrumpiendo la recuperación de la actividad, luego del avance observado en los primeros tres meses de 2026.
Gráfico 1
Fuente: FIEL.
En cuanto al desempeño de los sectores industriales, en los primeros seis meses de este año, la refinación de petróleo lidera el ranking con un crecimiento acumulado de 9.4%, seguido de la producción de las industrias metálicas básicas con un avance de 5.5% y de la de alimentos y bebidas con un alza de 2.7%, en cada caso en la comparación con el nivel de actividad del primer semestre del año pasado. El sector de los químicos y plásticos igualó en el semestre el nivel de producción del año pasado, mientras que el de los insumos textiles y la metalmecánica acumularon un retroceso similar al promedio de la industria. Con una caída más profunda se ubican la producción de papel y celulosa, con un retroceso de 2.3%, seguido de la producción de minerales no metálicos (-3.6%) y los despachos de cigarrillos (-5.2%), en cada caso en el acumulado entre enero y junio y en la comparación con el primer semestre de 2025. Finalmente, la industria automotriz registra en lo que va del año el mayor retroceso acumulado, que alcanza 18.6%. Con lo anterior, la caída de la fabricación de vehículos en los primeros seis meses realiza el mayor aporte a la contracción de la industria en el período, mientras que la refinación de petróleo hace la mayor contribución para amortiguar el retroceso de la actividad fabril.
Gráfico 2
Fuente: FIEL.
Es importante mencionar que, a inicios de julio, el Gobierno Nacional mediante el Decreto 566/2026 dispuso la eliminación y reducción progresiva de Derechos de Exportación para unas mil posiciones arancelarias del Nomenclador Común del Mercosur pertenecientes al sector industrial. Para exportaciones del sector químico, de las industrias metalúrgicas (aluminio, cobre, zinc, estaño, acero), y gran parte de la cadena automotriz, la quita de retenciones es inmediata, al tiempo que se fija una baja progresiva en productos petroquímicos específicos, plásticos, fertilizantes y otros bienes que actualmente tributaban entre 3% y 4.5%. El cronograma de desgravación culminará con la eliminación total de las retenciones industriales en junio de 2027, en la búsqueda de mejorar la competitividad de la producción local y favorecer la apertura de nuevos mercados.
En el repaso del desempeño de los sectores industriales en el mes de junio, como se mencionó, el de los alimentos y bebidas, registró el mayor crecimiento con el aporte de la producción de alimentos. En efecto, en el mes el bloque creció 5.5% en la comparación con junio de 2025, combinando un aumento del 6.4% en la producción de alimentos con un ligero avance del 0.3% en la de bebidas.
La subrama de los alimentos alcanzó un récord de actividad para un mes de junio a partir del salto en la faena porcina, la que en el mes aumentó 20.6% en la comparación interanual – y encadenó 10 meses de mejora-, que se combinó con un alza del 11.4% en la faena aviar, junto con una nueva caída del 5.1% –por tercer mes- en la faena vacuna. El desempeño de la actividad frigorífica responde no sólo a la restricción de oferta en el caso de la carne vacuna –recomposición de rodeos de por medio-, sino también a un cambio derivado en los patrones de consumo con una migración hacia la carne de cerdo y aves. También, entre los alimentos, se sostiene el avance de la producción lechera, la que acumula veinte meses de mejora en la comparación interanual.
Al interior de la subrama de bebidas, en junio se tuvo un modesto avance en la producción de gaseosas, aguas y jugos -luego de un bimestre de caída-, que compensó la contracción en la de cervezas.
El sector de los químicos y plásticos igualó en junio el nivel de actividad de un año atrás, en parte por un efecto de base de comparación, pero también a causa de que no se registraron mayores disrupciones en la producción del sector a causa de paradas relacionadas con cortes de gas. En junio, al interior del bloque se tuvo un nuevo avance en la producción de jabones –desde niveles bajos en 2025-, junto con una mejora en la producción de agroquímicos. En el Polo Petroquímico de Bahía Blanca, no se reportaron paradas por falta de gas, y en el caso de Profertil en particular, la firma reportó un incremento en sus niveles de días operativos continuos, como puente antes de una breve parada por mantenimiento técnico específico efectuada a inicios de julio de 2026. En cuanto a las restantes actividades al interior del bloque, la mayor caída de la producción se registró en la de neumáticos, que encadena 28 meses en retroceso, seguida por la de petroquímicos básicos, a causa de la merma en la producción de etileno, y de los químicos básicos, producto del cese de la producción de negro de humo el mes anterior.
Con un crecimiento similar al promedio de la industria en el primer semestre, la metalmecánica igualó en junio por segundo mes el –bajo- nivel de producción de un año atrás. Al interior del bloque se registraron caídas en la producción de maquinaria agrícola y de autopartes, junto con un freno en el retroceso en la de durables para el hogar, al tiempo que se sostiene la mejora en la de material de transporte pesado.
En lo que se refiere a los patentamientos de maquinaria agrícola, en junio se tuvo una caída no anticipada en las ventas, encadenando dos meses en retroceso. En el mes se patentaron 480 unidades, un 5.1% por debajo del registro de un año atrás, acumulando en el primer semestre una caída de 1.9% en la comparación con el mismo periodo del año pasado. Las ventas de tractores y cosechadoras acumulan un bimestre en caída, mientras que las de pulverizadoras crecen por tercer mes en la comparación interanual. Las solicitudes récord de crédito en el marco de la Feria Agroactiva del mes de mayo no gravitaron para revertir la contracción de ventas, al tiempo que se renuevan las expectativas de recuperación a partir de la realización en julio de la Exposición Rural de Palermo.
La producción de minerales no metálicos tuvo en el mes de junio una nueva ligera mejora en la comparación interanual, que alcanzó 1.2%, a partir del aporte de la producción de vidrio y otros insumos de la construcción, mientras los despachos de cemento se colocaron en un nivel similar a los de un año atrás. Con lo anterior, el bloque recortó la caída acumulada en lo que va del año hasta 3.6% en la comparación con el nivel alcanzado en el primer semestre de 2025.
En lo que se refiere a los insumos de la construcción, como se mencionó, los despachos de cemento, igualaron el nivel de un año atrás, con envíos a granel creciendo 6% y repitiendo la mejora de mayo, mientras que las ventas en bolsa, con una caída de 5%, anotaron un trimestre en retroceso. De este modo, en seis meses, los despachos de cemento acumulan una caída de 2.8% que combina un retroceso de 8.2% de las ventas en bolsa con un alza de 4.9% en las a granel. En cuanto a la evolución de ventas de acuerdo al relevamiento del Grupo Construya, en el mes se tuvo un ligero recorte en la comparación interanual volviendo a alternar el signo como ocurre desde febrero pasado. Desde el grupo se mantiene la expectativa de una leve mejora de ventas en la segunda mitad del año.
En cuanto a la evolución de la actividad de la construcción de acuerdo al relevamiento de INDEC, esta mostró en mayo una mejora interanual de 4.1% y mensual de 6.3% en la medición desestacionalizada, después del retroceso de abril, al tiempo que la tendencia ciclo acelera la recuperación por tercer mes en la comparación con el año pasado. Junto con la mejora de la actividad, el relevamiento de expectativas mostró una moderación del pesimismo para todo tipo de firmas para el periodo junio – agosto, resultando más marcada en el caso de las especializadas en obras públicas.
Finalmente, en junio la rama automotriz volvió a registrar el mayor retroceso de la producción entre los sectores de actividad, acumulando en el semestre la contracción más profunda y realizando el mayor aporte a la caída de la industria. En efecto, en junio el bloque retrocedió 13.9% en la comparación con el mismo mes de 2025, encadenando doce meses de contracción. En el mes, se registró una nueva –y muy marcada- caída en la producción de automóviles, que alcanzó 34%, junto con una ligera merma en la de utilitarios (-0.4%). De este modo, en el semestre se llevan producidas 204 mil unidades –de las cuales 70.6 mil unidades corresponden a automóviles-, marcando un retroceso del 18.6% respecto al nivel de los primeros seis meses del año pasado -cuando se habían producido 112.4 mil autos-. Este desempeño en materia de actividad en lo que va del año responde a un cambio en el patrón de producción en algunas terminales -desde vehículos livianos a pick ups- que se ha dado en un contexto de menores ventas al mercado interno y de exportación, y a partir de mayor competencia de unidades importadas con origen extrazona.
A pesar de la caída de la producción, el repunte mensual en los envíos de terminales a concesionarias podría señalar una incipiente normalización en la cadena de comercialización. En efecto, en junio las ventas mayoristas alcanzaron 44.1 mil unidades, marcando un retroceso de 26.3% en la comparación interanual, y dando continuidad a la profunda contracción que muestran desde febrero; pero en junio, junto con la caída interanual, se tuvo un importante avance mensual, que alcanzó 22.6%, luego de la caída observada en abril (-13.2%) y el freno en la contracción en mayo (+0.0%). Precisamente lo anterior deja planeado el interrogante de si este resultado anticipa un ordenamiento de stock y una potencial recuperación de la demanda por parte de concesionarias.
En cuanto a la evolución de las ventas mayoristas de vehículos nacionales –la parte de la actividad que tracciona sobre la producción local-, en junio representaron una tercera parte de los envíos desde las terminales, al tiempo que tuvieron un más marcado retroceso (34.2%) en la comparación con junio del año pasado. Por su parte, la venta de vehículos electrificados representó el 6.6% del mercado y en seis meses 6.8%, lo que marca el avance en la comparación con el primer semestre del año pasado cuando estos vehículos representaron solo el 0.3% del total de las ventas mayoristas.
Al respecto de lo anterior, merece mencionarse que, en el caso de vehículos con origen en China, para algunos modelos se registran faltante de unidades y listas de espera. Al tiempo que se proyecta en el mediano plazo se avance en la producción local de estos vehículos –tal el caso de Brasil- a partir de la adquisición de alguna terminal, o acuerdo bajo licencia. Al respecto Stellantis, única firma local con dos terminales -Ferreyra (Córdoba) y El Palomar (Buenos Aires)-, desde mediados de junio comenzó a comercializar vehículos eléctricos e híbridos de la marca china Leapmotor, importando inicialmente 2.000 unidades con arancel cero, en la búsqueda de compensar la caída de ventas de su producción local.
En lo que se refiere a ventas minoristas, en junio se patentaron 45.9 mil vehículos 0km, marcando un retroceso del 12.8% en la comparación interanual, el que resultó algo más moderado que la caída observada en meses previos, pero encadenó el tercer retroceso interanual. No obstante, los niveles de ventas del tercer trimestre de 2025 –en promedio del orden de 58 mil unidades-, plantean un escenario desafiante en el que es improbable una mejora interanual sino hasta el último trimestre del año.
En cuanto a la participación de vehículos importados en los patentamientos, en junio se sostuvo por debajo del 70%, resultando los principales orígenes Brasil, con 43% del total de patentamientos, seguido de China (14%), México (4.4%) y Bélgica (2.9%).
En el caso de las exportaciones de vehículos, en el mes se tuvo un nuevo retroceso a pesar del repunte de ventas a Brasil. En junio las exportaciones cayeron 1.7% en la comparación interanual, combinando un freno en los envíos de utilitarios (-0.2%) -luego de un trimestre de marcado crecimiento-, con un más moderado recorte en los de automóviles (-5.1%) respecto a lo observado en meses previos. El retroceso de las exportaciones se dio a pesar de la mejora en los envíos a Brasil –crecieron 2.6% en el mes en la comparación con junio de 2025-, y desde niveles más bajos a América Central, Chile, Colombia y Ecuador, de modo que la caída vino explicada por el recorte de exportaciones a Paraguay, Perú y Uruguay. Así, en los primeros seis meses se llevan exportadas 126.8 mil unidades, marcando una caída de 2.1% en la comparación con los envíos acumulados en el primer semestre de 2025.
Desde la perspectiva de los tipos de bienes producidos, en los primeros seis meses del año y en la comparación interanual, los bienes de consumo no durable lideran el ranking con un crecimiento de 1.8%, fundamentalmente por el aporte de la producción de alimentos, seguidos de los bienes de uso intermedio, con una mejora acumulada 1.1%, a partir de la contribución de la refinación de petróleo y la producción de las industrias metálicas básicas. Con una contracción superior al promedio se colocan los bienes de capital, que acumulan un retroceso de 6.2%, seguidos de los bienes de consumo durable, con una merma del 8.1%, en cada caso en los primeros seis meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2025. Con lo anterior, los bienes de consumo no durable elevaron su aporte para contener el retroceso de la industria, mientras que los durables hacen la mayor contribución a la contracción de la actividad fabril.
Gráfico 3
Fuente: FIEL.
IPI como Ciclo Económico
En términos desestacionalizados, la producción industrial del mes de junio tuvo un retroceso de 1.7% respecto al mes anterior, borrando la mejora acumulada que se tenía desde febrero pasado. Asimismo, el potencial punto de giro –valle- de la anterior fase recesiva se movió desde septiembre de 2025 a noviembre y en abril de este año se tiene un potencial pico de actividad, extendiendo la duración de la recuperación hasta el mínimo para una fase -5 meses o 2 trimestres-.
Gráfico 4
Fuente: FIEL.
Con la caída mensual de la actividad, se profundizó el deterioro de las señales relativas a la sostenibilidad de la fase de recuperación, colocándose en negativo tanto la variación de corto plazo como la de largo plazo. Del mismo modo, el desvío de la actividad respecto de su tendencia –medida de ciclo en crecimiento-, tuvo en junio un marcado recorte, señalando una pérdida de dinamismo de la actividad, el que alcanzó un máximo entre abril y mayo pasados. Finalmente, el índice de difusión se recortó ligeramente mostrando que, en el segundo trimestre del año, algo más del 40% de la industria registró una caída de la producción en la comparación interanual. Así, la fase iniciada a fines del año pasado podría truncarse y fundirse en la recesión industrial que comenzó en noviembre de 2024.
Gráfico 5
Fuente: FIEL.
En síntesis. La industria igualó en junio el nivel de actividad de un año atrás. En el mes, algunos establecimientos sufrieron cortes de suministro de gas producto de deficiencias de infraestructura, mientras que otros optaron por interrumpir la producción para no hacer frente al elevado costo del combustible. La producción automotriz volvió a mostrar el mayor retroceso y la de alimentos el mayor crecimiento, colocándose en récord para un mes de junio. En el semestre la refinación acumula el mayor avance y hace la mayor contribución para contener la caída de la industria. La actividad corregida por estacionalidad mostró una caída mensual, debilitando las señales respecto a la sostenibilidad de la recuperación.
Por Guillermo Bermúdez / Fundación FIEL – En diversas ocasiones, desde la presente columna, se abordó la cuestión del crédito al sector privado en cuanto a su participación en la hoja de balance del sistema financiero en los meses recientes; en lo referido al impacto del alza de tasas activas y el deterioro de los ingresos del público sobre la mora bancaria; respecto a los cambios regulatorios necesarios para canalizar los depósitos en dólares hacia el crédito en esa moneda a personas que no generan divisas -restricciones del artículo 23 del decreto 905 del año 2002-; así como la caracterización del episodio de recuperación de los préstamos desde inicios de 2024.
El objetivo del presente análisis es ampliar al inicio de la Convertibilidad el repaso presentado en abril[1] cuando se revisó la situación del crédito y los depósitos en la hoja de balance del sistema financiero desde 1994, en momentos en el que el crédito al sector público absorbía una proporción menor de la capacidad prestable y la Convertibilidad del peso y el carácter bimonetario de la economía habían propiciado una marcada dolarización del sistema financiero. Adicionalmente, se exploran potenciales factores de corto plazo que obstaculizarían un repunte más dinámico de los préstamos en los meses por venir.
En julio de 2026, el crédito al sector privado alcanza $ 135.9 billones, de los cuales $ 100.2 billones –un 74%- corresponden a líneas de financiamiento en pesos. Este nivel de préstamos totales se coloca unos $ 4.6 billones en moneda constante por debajo del pico alcanzado en diciembre pasado durante el último episodio de recuperación del crédito iniciado en abril de 2024. En perspectiva histórica, la marca también se coloca por debajo de otros picos como el de agosto de 2018, cuando los préstamos al sector privado sumaron $ 169.8 billones, el de diciembre de 2013 ($ 147.3 billones) o el de diciembre de 1998 ($ 154.5 billones). De lo anterior surge que el stock actual de préstamos se encuentra por debajo de marcas históricas.
La comparación resulta menos favorable cuando se la realiza en relación al PBI. En la actualidad, el stock de préstamos al sector privado representa 11.2% del producto, mostrando un retroceso respecto a febrero pasado, cuando la relación alcanzó 12.8%, y colocándose por debajo de marcas previas como septiembre de 2018 (15.3%), o enero de 2000, cuando el stock trepó hasta 21.5% del PBI alcanzando la relación más elevada en cerca de cuatro décadas.
Pero el nivel actual de crédito en relación al producto no sólo es bajo en la comparación con los registros del pasado reciente, sino que también lo es en la comparación con el tamaño de los préstamos en economías de la región o con niveles de ingreso similares a los de Argentina. En efecto, la relación de crédito al sector privado en Uruguay alcanza 31%, en Chile supera el 70%, en Brasil el 75%, en Paraguay el 56%, en Latinoamérica y el Caribe el 48% y para los países de ingresos medios altos 136%, de acuerdo a datos del Banco Mundial.
Tal como se ha mencionado anteriormente, el nivel actual de créditos -y depósitos- en relación al PBI, en la comparación histórica e internacional, vuelve a señalar un potencial para la profundización financiera de la economía.
Gráfico 1
Fuente: Elaboración propia en base a BCRA e INDEC.
Al respecto, del lado del fondeo en pesos, aún existe espacio para un mayor recorte de los requisitos mínimos de liquidez, dando continuidad a la normalización de la política de encajes en marcha desde diciembre del año pasado y que en abril los redujo a 45% para las cuentas a la vista, con la posibilidad de integrar en efectivo el 31.5% y el resto con títulos de deuda pública. La demora en un más acelerado recorte de encajes, que propicie una mayor dinamización del crédito, viene dada por la debilidad de la demanda de pesos, y de ello un potencial impacto sobre la desinflación. Lo anterior, sin perder de vista que unos mayores requisitos de liquidez contribuyen a ampliar el spread de tasas de interés encareciendo el crédito. Asimismo, sobre la recuperación del crédito gravita una mayor selectividad en el otorgamiento de préstamos por parte de las entidades bancarias luego del aumento de la irregularidad de cartera que se tuvo desde comienzos de 2025.
Del lado, del fondeo en dólares, hoy los depósitos del sector privado en esa moneda superan los USD 40.2 mil millones -colocándose en niveles récord desde la Convertibilidad-, mientras que los préstamos en dólares ascienden a USD 24.1 mil millones. De lo anterior, la búsqueda por parte de algunas entidades bancarias de lograr la flexibilización de la normativa relativa al otorgamiento de créditos en esta moneda a personas sin capacidad directa de generación de divisas. A partir de ello, el BCRA mediante la Comunicación A 8446 dispuso habilitar a los bancos a otorgar este tipo de créditos a personas que cuenten con el aval directo de una empresa con capacidad de obtener ingresos en dólares y que se constituya como principal pagador. Al respecto, si bien el BCRA establece el marco prudencial, son las entidades financieras las que deberán escudriñar el perfil crediticio de los potenciales tomadores de crédito y tomar la decisión del otorgamiento. El salto de la mora en las líneas en pesos durante 2025 sugiere que las entidades podrían mostrar una mayor reticencia respecto a los casos en el que los créditos en moneda dura continúen siendo destinados a la prefinanciación de exportaciones.
Aun cuando el nivel actual del crédito resulte bajo, el episodio de recuperación iniciado en abril de 2024 ha sido el más dinámico en la comparación con otros eventos similares que tuvieron lugar desde comienzos de los noventa.
Tomando en consideración el crecimiento real del crédito al sector privado, desde 1991 pueden identificarse seis episodios de recuperación[2], dos de los cuales corresponden a la década del noventa, uno en el comienzo de los dos mil, dos en la segunda década de este siglo y finalmente el reciente iniciado a comienzos de 2024.
A los fines de comparación del crecimiento de los préstamos en cada uno de estos episodios, teniendo en cuenta que se tienen diferencias de duración entre cada uno de ellos –por ejemplo, el iniciado en abril de 1991 se prolongó por 46 meses hasta febrero de 1995 y el que tuvo comienzo en septiembre de 1995 duró 39 meses, hasta diciembre de 1998-, se calculó la tasa media mensual, tanto para el crédito total como para las líneas en pesos y dólares.
Como se observa en el Gráfico 2, el episodio de recuperación del crédito iniciado en abril de 2024 resultó el más dinámico en la comparación con los cinco restantes, superando con holgura incluso el registrado en los primeros cuatro años de la Convertibilidad.
En efecto, en el inicio de la Convertibilidad el crecimiento del crédito avanzó hasta 1995 a un ritmo mensual de 2.1% para el total de préstamos, 1.7% para los denominados en pesos y 2.4% para los otorgados en dólares. De este modo, en 46 meses el crédito sumó 9.5% del PBI alcanzando un equivalente de 16.9% del producto. Por su parte, el último episodio de crecimiento del crédito mostró un ritmo mensual del 4.6% para los préstamos en pesos, 5.7% para los otorgados en dólares y del 4.8% para el total. De este modo, entre abril de 2024 y diciembre de 2025 el stock de crédito creció hasta un equivalente de 11.8% del PBI sumando en el período 7% del producto. Con todo, el episodio actual tuvo una tasa mensual de crecimiento que multiplicó por 2.7 la registrada entre abril de 1991 y febrero de 1995 para los préstamos en pesos y por 2.3 en el caso de los créditos en dólares y para el total de préstamos, aunque el avance en términos del PBI resultó algo más bajo.
El episodio de recuperación, superado el impacto de la crisis de México –efecto Tequila-, mostró un más moderado ritmo de crecimiento del crédito en la comparación con años previos, desde niveles que duplicaban las líneas en pesos y triplicaban los otorgados en dólares en la comparación con abril de 1991. Fue hacia el fin de esa fase de crecimiento del crédito donde la relación del crédito a PBI se colocó entre los máximos históricos.
A lo largo de 1999 y 2000, se sucedieron esporádicamente alzas mensuales del crédito que no anotaron una continuidad. Más tarde, las restricciones a la operatoria bancaria en efectivo hacia diciembre de 2001, la posterior suspensión de la Ley de Intangibilidad de depósitos a comienzos de enero de 2002, y la consecuente pesificación asimétrica de depósitos y créditos, afectó marcadamente al sistema financiero, demorando hasta bien entrado 2004 la recuperación del crédito. En efecto, desde el punto de vista de la actividad sectorial, la intermediación financiera continuó profundizando su caída desde comienzos de 2002 hasta el primer semestre de 2004, rezagando la mejora de otros sectores de servicios como el comercio o el transporte que, a comienzos de 2003, ya mostraban avances.
En aquella fase de recuperación, el comportamiento más dinámico lo mostraron los créditos en dólares con un alza mensual real de 2.6% hasta inicios de 2008, bien por delante de las líneas en pesos que crecieron a un ritmo mensual del 1.5%, pero desde niveles muy bajos –los préstamos en dólares alcanzaban el 11% del total, muy por debajo del 63% que ostentaban en diciembre de 1998 o el 59% de febrero de 1995-.
En relación a lo anterior, la pesificación de depósitos que siguió al abandono de la Convertibilidad, determinó que la participación de los depósitos en dólares se redujera drásticamente, relación que se mantiene en bajos niveles hasta la actualidad. En efecto, los depósitos en dólares promediaron entre 1991 y 2000 una participación del 58% y desde 2002 a la actualidad, 14% con una tendencia de aumento en los dos últimos años y medio.
Gráfico 2
Fuente: Elaboración propia en base a BCRA e INDEC.
La recuperación del crédito iniciada en abril de 2010, que se prolongó hasta fines de 2013, se caracterizó por un marcado retroceso de los préstamos en dólares, los que se recortaron a un ritmo mensual del 1.6%, cayendo a menos de la mitad al fin del episodio –pasaron de $ 14.5 billones a $ 7.1 billones medidos en moneda constante-. No hay que perder de vista que, hacia octubre de 2011, el gobierno de Cristina Fernández comenzó a implementar restricciones para la operatoria de divisas –cepo cambiario- iniciando con el requerimiento de permisos ante AFIP para la realización de operaciones cambiarias. Las restricciones se fueron profundizando a lo largo de 2012 –declaraciones juradas anticipadas de importación, límites a la compra de divisas con fines de ahorro y para turismo, etc.-, propiciando el despegue de la brecha de cambio, sin lograr contener la pérdida de divisas por parte del BCRA, y produciendo el marcado retroceso del crédito en dólares.
Luego de la unificación cambiaria de fines de 2015, durante los primeros meses de la gestión de Cambiemos, el crédito en términos reales mostró un retroceso en el primer semestre a causa de un avance de la inflación por encima del ritmo de aumento de los préstamos, motorizada en parte por algún reordenamiento de precios relativos a partir de la corrección del atraso tarifario. Desde agosto de 2016, el crédito retomó un sendero de crecimiento, con un mayor dinamismo para las líneas en dólares, nuevamente desde bajos niveles de participación en el crédito total.
Desde el pico de agosto de 2018 y por los próximos seis años, el crédito y el sistema financiero fueron reduciéndose en términos del PBI hasta mínimos históricos en un contexto en el que el financiamiento monetario del déficit generaba una inflación rampante que propiciaba la desmonetización, el BCRA dilapidaba divisas y el Sector Público ocupaba una proporción creciente en el balance del sistema financiero.
Hacia abril de 2024, la relación de crédito al sector privado con el PBI tocó 4.8%, un mínimo histórico –en el que también se ubicaban los agregados monetarios-, y es desde allí que se tiene el último episodio de recuperación del crédito que, como se mencionó, resultó el más dinámico, superando el de la primera parte de la década de los noventa. En este episodio, no sólo el crecimiento del crédito en pesos resultó el más veloz, sino también en el caso de los préstamos en dólares. Este aumento no sólo fue propiciado por un alza de los depósitos en esa moneda a partir de la Ley de exteriorización de activos de la segunda mitad de 2024, sino también a causa de una preferencia por parte de las firmas exportadoras de optar por el fondeo en dólares en un contexto de mayor estabilidad cambiaria y compresión de la brecha.
Como se mencionó en la columna de junio[3], el recorte de las tasas de interés y la mora en los meses por venir, no parecen suficientes para desatar un episodio de recuperación del crédito como se tuvo a inicios de 2024, en parte por una oferta más selectiva de las entidades bancarias, y en parte porque el costo del crédito resulta aún elevado.
Al respecto, además de los encajes bancarios -en niveles históricamente altos-, encarece el costo del financiamiento la elevada carga tributaria, comenzando por impuestos nacionales -el impuesto al valor agregado computado sobre la tasa activa y el impuesto a los créditos y débitos bancarios-, siguiendo por ingresos brutos a nivel provincial y sumando otras tasas municipales.
De lo anterior, a la búsqueda de movilizar el crédito en moneda dura hacia sectores sin capacidad de generación de divisas, debería anteponerse el recorte del componente tributario del costo del financiamiento, lo que contribuiría al mismo tiempo a la reducción de la irregularidad-, de modo de dinamizar una recuperación más acelerada del crédito, y de ello de la actividad y el empleo.
En síntesis. En la comparación histórica la dinámica de crecimiento del crédito en la fase de recuperación iniciada a comienzos de 2024 supera con holgura a la mejor experiencia en materia de préstamos que tuvo lugar en la primera parte de la Convertibilidad. El actual nivel de crédito resulta bajo en la comparación histórica e internacional, lo que permite avizorar una profundización financiera en el futuro cercano, de mayor parsimonia que en el pasado reciente, en parte explicado por la mora y un elevado costo del financiamiento, el que incluye una elevada carga tributaria.
Por Isidro Guardarucci / Fundación FIEL – El primer semestre cerró con superávit fiscal nacional, una noticia que sigue siendo importante para un país poco acostumbrado a sostener cuentas públicas ordenadas. Sin embargo, la comparación real contra 2025 confirma que la holgura se achicó bastante. El resultado primario acumulado a junio es casi 30% menor al del año pasado y el financiero cae más de 60%. A nivel provincial, la historia es similar: balance primario positivo, pero con una caída del 50% frente a 2025. En este contexto, el gobierno nacional anunció el “grillete fiscal”.
Primer semestre nacional: el signo positivo ya no alcanza
A junio, el Sector Público Nacional No Financiero acumuló un superávit primario de $7,3 billones y un superávit financiero de $1,5 billones, ambos medidos a precios de 2026. El resultado sigue en terreno positivo y esto no debe minimizarse: el ancla fiscal continúa siendo el activo central del programa económico.
Pero el dato relevante está en la comparación interanual. Medido en términos reales, el resultado primario acumulado cae 28,3% respecto de enero-junio de 2025. El resultado financiero se reduce 64,6%. La explicación general es historia repetida. Los ingresos caen más que el gasto. Los recursos totales retroceden 5,0% real y los tributarios lo hacen 6,5%. El gasto primario también baja, pero apenas 1,9%. No hay desborde del gasto en el agregado, pero sí una combinación menos favorable para sostener el superávit. No obstante, aún en este contexto, la iniciativa de reducir la presión impositiva continúa: los números de julio reflejarán la baja de derechos de exportación a bienes industriales, con el objetivo de su eliminación total dentro de los próximos doce meses.
Cuadro 1
Ejecución acumulada enero-junio (millones de $ de 2026)
Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.
Ingresos débiles, otra vez
La recaudación tributaria acumulada a junio vuelve a mostrar una baja amplia, que se sitúa en 6,5% cuando se compara en moneda constante contra la primera mitad del año pasado. Los Derechos de Exportación son el principal factor: caen 40,8% real y explican una pérdida de alrededor de $2,3 billones frente al primer semestre de 2025. En segundo lugar, aparece el IVA, con una merma real de 7,8% y una pérdida de $1,4 billones. Los aportes y contribuciones a la seguridad social completan el grupo principal, con una caída de 3,8% y $1,1 billones menos.
Estos tres componentes explican buena parte del retroceso. No tienen la misma lectura económica, pero sí el mismo efecto fiscal. Los Derechos de Exportación reflejan cambios de alícuotas, cantidades, precios y tipo de cambio; el IVA es una señal más cercana a consumo y actividad interna; los aportes y contribuciones dependen de la dinámica del empleo formal y la masa salarial. En conjunto, muestran que la recuperación de la recaudación todavía no aparece con la fuerza necesaria.
Hubo algunas compensaciones. Ganancias creció levemente en términos reales, Bienes Personales también aportó algo y el resto de tributos aumentó 7,7%. Pero estos movimientos no alcanzan para revertir el saldo general. El punto de fondo es que, con menor inflación, el fisco necesita bases imponibles reales más fuertes. La nominalidad ya no hace el trabajo.
Gráfico 1
Aportes a la variación de la recaudación (millones de $ de 2026)
Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.
Gasto: ajuste más tenue y partidas que vuelven a crecer
Del lado del gasto primario, la baja agregada del 1,9% real luce modesta frente a la caída de los ingresos. Algunas partidas siguen mostrando recortes relevantes: las transferencias corrientes a provincias caen 35,6%, los gastos de funcionamiento no salarial 14,3%, el gasto de capital nacional 11,6%, las transferencias de capital a provincias 13,9%, el resto de prestaciones sociales 11,6% y las remuneraciones 7,1%.
Sin embargo, otras líneas muestran recomposiciones. Las jubilaciones y pensiones contributivas crecen 3,1% real, la AUH aumenta 3,8% y las transferencias a universidades suben 10,5% (merced a la actualización de salarios acordada hace unos meses, la cual tendrá un impacto adicional en agosto). En estos casos, la dinámica no sorprende: después del fuerte ajuste inicial, algunas partidas empiezan a recuperar poder de compra o reciben decisiones específicas de recomposición.
El rubro que más sobresale sigue siendo subsidios económicos, con un aumento real de 29,6% en el acumulado. La explicación está, otra vez, en energía. Entre enero y junio, los subsidios energéticos se ubican alrededor de 78% por encima del mismo período de 2025, mientras que transporte cae cerca de 7%. No estamos de vuelta en los niveles más desordenados de la historia reciente, pero sí ante una partida que siempre conviene mirar con poca complacencia.
Así, el balance del primer semestre exige una lectura menos celebratoria que la del resultado nominal. El superávit sigue, pero ya no se sostiene con la misma facilidad. Para cumplir objetivos fiscales, el segundo semestre requerirá que la recaudación acompañe más o que la administración del gasto sea más activa.
Provincias: primer trimestre con menos colchón
El archivo de ejecución provincial del primer trimestre permite mirar la situación subnacional en valores constantes, a precios del primer trimestre de 2026. Para hacer la comparación, se excluye La Pampa, la cual continúa con su situación irregular en términos de presentación de información y publicación por parte del gobierno nacional homologando su metodología (como hace con las otras jurisdicciones). Sobre los 23 fiscos comparables, las provincias cerraron el primer trimestre de 2026 con superávit primario y financiero, pero con una fuerte reducción respecto a 2025 (el cual mostró una baja sensible frente a 2024, aunque con un contexto particular).
El resultado primario agregado fue de $1,7 billones, equivalente a 4,9% de los ingresos totales. El resultado financiero fue de $0,9 billones, 2,4% de los ingresos. Son números positivos. Pero en el primer trimestre de 2025 el superávit primario había sido de $3,4 billones y el financiero de $2,7 billones. En 2024, favorecido por una licuación mucho más intensa del gasto, el resultado había sido todavía más holgado.
Cuadro 2
Ejecución provincial consolidada primer trimestre, 23 jurisdicciones (billones de $ del 1T 2026)
Fuente: elaboración propia en base a DNAP, Ministerio de Economía.
El mapa provincial, de todos modos, sigue siendo heterogéneo. En 2026, 18 de las 23 jurisdicciones comparables mostraron superávit primario y 17 tuvieron resultado financiero positivo. Es decir, no se trata de una crisis generalizada. El agregado se deteriora porque algunos casos pesan mucho y porque el colchón promedio se achicó.
La lectura de fondo es conocida, pero conviene repetirla. Las provincias tienen gastos rígidos: salarios, cajas previsionales propias en varios casos y servicios esenciales como salud, educación y seguridad. Del lado de los ingresos, dependen de la coparticipación y de Ingresos Brutos. Cuando la inflación se desacelera, la licuación deja de ayudar y la prudencia fiscal vuelve a depender menos de la inercia y más de decisiones efectivas de gasto.
Grillete fiscal y el futuro
El gobierno se enfrentará a un segundo semestre donde su objetivo será preparar el terreno para un 2027 con elecciones. En Argentina, esto es sinónimo de turbulencias y hacer la tarea este año implica minimizar los riesgos futuros. En este contexto es que el gobierno nacional anunció recientemente el “Grillete Fiscal”. Una señal de compromiso fiscal que, independientemente de sus formas, es necesaria de cara a un 2027 donde el ciclo político mete la cola en la estabilidad macroeconómica.
El mentado grillete puede resumirse como el intento del Ejecutivo de transformar el déficit cero de una decisión de política económica en una regla institucional permanente. La idea central es que el Presupuesto deba cerrar siempre equilibrado o con superávit, sin financiamiento monetario del BCRA, y que toda ley que implique más gasto tenga que explicitar su fuente de financiamiento. Si no lo hace, el Ejecutivo buscaría poder diferirla, recortar otras partidas o incluso declararla inaplicable. Ante la falta de acuerdo para reestablecer el sendero superavitario, incluso se suspenderían los sueldos del alto funcionariado del Ejecutivo.
El anuncio ha sido grandilocuente, con un esquema de castigos e incentivos agudos que podría ser contraproducente en caso de no cumplirse. Esto es especialmente relevante en el caso argentino, toda vez que una regla que propone mecanismos que operan ante dos meses de desvíos es posible que ponga límites demasiado estrictos.
En cualquier caso, un contexto en el que los ingresos reales muestran debilidad y el superávit primario se achica, esta regla opera como una señal de compromiso con el programa económico, pero también como un factor de tensión política: cualquier recomposición de gasto deberá venir acompañada por un recorte equivalente, una fuente de ingresos o una mayor presión sobre otras partidas.