El sector externo necesita un rescate

Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, especial para Economis. En un año de rebote económico entre un 2-3 por ciento en términos del nivel de actividad de la producción de bienes y servicios finales, el déficit fiscal sigue subsistiendo con un apalancamiento de la deuda externa que ocasiona un fuerte ingreso de dólares que hace tender a la baja del tipo de cambio real fomentando en mayor proporción el incremento de las importaciones por encima de las exportaciones.

Está claro que el exceso de gasto público por encima de los recursos fiscales involucra que se deba financiar por algunas de estas tres alternativas: a) Aumento de la Presión impositiva b) Emisión Monetaria c) Aumento de la Deuda Externa.

El Gobierno Nacional en función su nuevo paradigma de financiamiento está optando en mayor proporción por el ítem c). La deuda Pública pasó de 2.874.218 millones de pesos en el año 2015 a $ 4.337.062 millones de pesos en el año 2016, es decir, se incrementó un 51 por ciento, en tanto que, en dólares el incremento fue Us$ 52.619,55 millones.

Podrá observarse que cuando se salió del cepo cambiario a fines del 2015 conllevado con un incremento del tipo de cambio, el saldo comercial claramente tuvo una mejora que se traduce en un superávit, pero a posteriori desde Enero de 2017 el saldo mensual cada vez se vuelve más deficitario, dado que el exceso del gasto público nacional le quita claramente la competitividad a la producción de bienes transables, que son todos aquellos que se consumen dentro de la economía que se producen y que se exportan e importan libremente.

La estrategia del gradualismo del Estado Nacional para reducir el déficit fiscal depende del acceso al mercado financiero internacional, que por un lado es factible por los indicadores bajos de endeudamiento que le dejo el gobierno anterior, pero está claro que se deja de lado una cuestión trascendental a este planteo que es que este modelo de crecimiento económico depende del financiamiento internacional.

Ahora bien, retomando a uno de los efectos adversos que genera la situación fiscal sobre el intercambio comercial argentino con el resto del mundo, para el 2017 se espera un déficit comercial equivalente a 5.700 millones de dólares, dado que las importaciones tienen en un punto mayor elasticidad con el ingreso que las exportaciones y que un crecimiento estimado entre el 2-3 % este año y de un 3,5 % para el año que viene (estimación nacional) generará que mayores cifras de desequilibrio externo.

Un párrafo aparte merece analizar la balanza comercial con nuestro país vecino que es Brasil, donde por un lado, las exportaciones que se le realizaba en el año 2016 ( + 9.028 millones de U$s) se encuentran en un 45,1 % por debajo de las efectuadas en el año 2012 (+ 16.457 millones de U$s), que se deben a factores de su nivel de actividad económica que implicaron una menor demanda por su recesión y a la evolución del tipo de cambio real, pero por otro lado, las importaciones que tuvieron un menor descenso si se compara el mismo lapso temporal, estas se encuentran en un 23,1 % por debajo de la verificada en el año 2016, lo que se traduce en un incremento del déficit comercial con dicho país en un 274,6 % del 2016 con respecto al 2012.

Para el cierre de este año en el intercambio comercial con Brasil se espera que se agrave en mayor magnitud el saldo negativo y que alcance a un nivel récord por encima de los 6.000 millones de dólares, lo que va en consonancia con las reformas introducidas por el actual presidente Michel Temer que profundizará los problemas de competitividad de nuestro país, no solo por los factores asociados al tipo de cambio (movimiento del valor de las monedas) sino más bien por los relacionados a la competitividad de los costos estructurales que son laborales.

Esto se produce a consecuencia de la reforma laboral que inició Brasil con el fin de salir de la recesión económica y que transforma las reglas de contratación y empleo en Brasil prometiendo mayor “competitividad”.

Este contexto internacional, por un lado va a seguir generando problemas en la inserción de los productos argentinos en la economía brasileña, que ya en los últimos años fue perdiendo participación en su mercado y generará potencialmente un mayor efecto adverso en la economía misionera por su frontera directa,  dado que acentuaría las asimetrías existentes, más aún porque las estimaciones nacionales no son esperanzadoras en cuanto al incremento del tipo de cambio nominal proyectado para el año próximo (presupuesto 2018) con una variación del 15,6 % y  una la inflación estimada del 15,7 %, es decir, subsistirá la falta de competitividad.

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