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¿Empresas públicas sí o no?

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Hay discusiones en el mundo desarrollado que ya han sido zanjadas en base a la experiencia y a los estudios; en la Argentina como siempre volvemos a refundar todo porque “antes estaba bien y lo cambiaron” o “si estaba mal esta vez vamos a hacerlo bien porque aprendimos” y ahí vamos… En este caso estamos hablando de la conveniencia o no de que el Estado expropie Vicentín a modo de empresa testigo en un sector tan sensible como el agroexportador.

Definiciones útiles:

Las empresas pueden ser privadas, públicas o mixtas de acuerdo con quien es el propietario; si los particulares, el Estado o ambos. Creo que lo importante aquí es ver el contexto en el que se desarrollan y que tipo de bienes o servicios proveen para concluir que le conviene a la sociedad.

Si bien hay posiciones extremas (todo debería estar en manos del sector privado porque lo hace mejor y de manera más eficiente; o todo debería estar en manos del sector público porque sería una sociedad más equitativa) existe un consenso generalizado en el mundo normal sobre lo siguiente:

1 En el caso de bienes públicos (que satisfacen necesidades sociales: como caminos, plazas etc.) los puede fabricar empresas privadas (constructoras), pero su provisión debe estar en manos del Estado porque el mercado no funciona para proveerlos de manera eficiente.

2 En el caso de servicios públicos monopólicos (luz, agua, transporte público) pueden ser explotados por empresas públicas o privadas, pero siempre deben estar regulados tanto en su precio como en su cantidad por el Estado.

3 En el caso bienes privados en general (los de consumo individual como alimentos vestimentas etc.) deben ser provistos por el sistema de mercado, que logra una administración más eficiente a través de la competencia que de la regulación pública.

Por supuesto que existen innumerables excepciones a las reglas precedentes, pero en líneas generales y en tiempos normales esto funciona mejor así.

Ahora vamos a nuestra historia:

Argentina tiene una tradición de generador de empresas públicas desde finales del siglo 18, con los ferrocarriles; luego vinieron los combustibles con YPF; líneas aéreas; servicios públicos etc. Muchas de ellas florecieron con la oleada mundial del Estado como propietario de los recursos energéticos; estratégicos para el desarrollo del país y aquí cabe hacer traer la primera anécdota que puede servir de lección para los tiempos que corren:

Arturo Frondizi, el político desarrollista por excelencia; que venía proponiendo la nacionalización del petróleo por su importancia estratégica un día se vio sentado en el sillón de Rivadavia y se dio cuenta que sus buenas intenciones de soberanía energética chocaban contra un pequeño problema: el país no tenía capital ni recursos para lograr el autoabastecimiento petrolero; las importaciones de petróleo rondaban los 300 millones de dólares anuales y representaban el 25 % de las importaciones totales, si lográbamos el abastecimiento pasábamos a tener superávit comercial y solucionábamos la falta de dólares del país ( si….ya en los 50 era un problema ).

Realidad mata ideología

Frondizi hace acuerdos con empresas norteamericanas para la exploración y explotación petrolera en el país, le renunció la mitad del Gobierno, la mitad del país lo tildó de traidor y terminó como terminaban comúnmente las presidencias en la Argentina: con un golpe de Estado que echó al “cipayo vendepatria”.

Pero siempre hay otra historia… el déficit comercial hacía inviable el país ya que no había divisas para importar la energía que necesitábamos, tampoco había empresas dentro de la Argentina que tuvieran la capacidad de invertir lo necesario en el sector y los recursos de YPF o del Estado nacional tampoco eran suficientes. Las empresas extranjeras ganaron dinero, pero también en 30 meses se consiguió el autoabastecimiento pasando de una producción de 5,6 millones a 16 millones de metros cúbicos de petróleo. 

Datos que matan relatos

 -En el año 2008 (un año muy bueno para Argentina), las empresas públicas en conjunto presentaban un déficit (es decir pérdidas) por $220.147,4 millones de pesos, equivalentes, en ese momento al 5,9% del Gasto Corriente del Estado y del 13,4% del Gasto de Capital del Estado Argentino.

– Según IDESA en el Plan Alimentario del Ministerio de Desarrollo Social (hoy plan “Argentina contra el Hambre”) gastó $18 mil millones por año a precios actuales”; 

“En Aerolíneas Argentina gastó en subsidios y aportes de capital $28 mil millones por año a precios actuales”. Fuente: https://idesa.org/se-gasta-mas-en-aerolineas-que-en-la-lucha-contra-el-hambre/

Pero vayamos a algo más general: en el siguiente gráfico está el déficit de las empresas públicas de la Argentina desde 1970 hasta un 1985

Fuente: elaboración propia.

El PBI de Argentina en 2018 fue de 520.000 millones de Uss, o sea que si hoy se contara con toda la infraestructura pública de los 70/80 Argentina debería gastar en sus pérdidas entre 12.000 y 15.000 millones de uss. anuales. Estamos de acuerdo que las privatizaciones se hicieron mal y hubo mucha corrupción en el proceso. Pero esa es otra discusión, la realidad es que se combate mejor la pobreza destinando el esfuerzo del estado ahí, y no a repetir cosas que siempre salieron mal y no se porqué acá siempre se piensa que esta vez va a ser distinto.

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