Estados Unidos-Argentina: embajador nuevo, presiones viejas

Marc Stanley, uno de los principales recaudadores de fondos demócratas judíos durante la campaña de Joe Biden, fue nominado como el nuevo embajador de Estados Unidos en Argentina. 

La noticia se conoció en agosto luego de la reunión que mantuvieron el Consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, y el presidente Alberto Fernández, pero fue confirmado esta semana ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos. 

Stanley en 2011, fue designado por el ex presidente de Estados Unidos Barack Obama como miembro del Consejo del Museo Conmemorativo del Holocausto en Washington. También fue miembro de la Junta de Visitantes de la Universidad Aérea de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en la Base de la Fuerza Aérea Maxwell en Montgomery, Alabama.

Además, es líder de muchas organizaciones caritativas y políticas judías y se desempeñó durante seis años como presidente del Consejo Nacional Judío Democrático. En Dallas, también es ex presidente inmediato de The Legacy Senior Communities, Inc., una organización benéfica sin fines de lucro patrocinada por la comunidad judía que brinda atención continua a las comunidades de jubilados y atención domiciliaria para personas mayores y sus familias.

Y dada su experiencia en el tema, no es casualidad que sea designado como embajador en el país que tiene la mayor población judía de América Latina.

Luego de la videoconferencia, empezó la polémica. “La Argentina es un hermoso micro turístico al que las ruedas no le están funcionando correctamente”, ironizó Stanley, quien aún debe ser confirmado por el Senado local mediante el envío de cartas credenciales. A su vez, anticipó que parte de su función diplomática será asistir para que la economía -que se encuentra en recesión desde 2018- se pueda “encarrilar”.  Además, criticó la postura de derechos humanos de la gestión de Alberto Fernández. 

Deuda, FMI y ¿soberanía?

“La deuda del FMI, 45 mil millones de dólares, es enorme. El problema, sin embargo, es que es responsabilidad de los líderes argentinos elaborar un ‘plan macro’ para devolverla, y aún no lo han hecho. Dicen que ya pronto viene uno”.

La soberanía es una de las grandes banderas que disputan los gobiernos populares a lo largo y ancho del continente por razones estrictamente geopolíticas.

En el caso de Argentina, hizo una reestructuración de su exorbitante deuda en dos fases, 2005 y 2010, que contó con la adhesión del 97% de los acreedores. Sin embargo, a pesar de este éxito rotundo en la reestructuración, Argentina fue perjudicada por la voluntad geopolítica adversa del gobierno de Estados Unidos que dificultó la renegociación permitiendo dislates jurídicos (como el de la famosa cláusula Ruffo aplicada por el juez provincial de Nueva York, Thomas Griesa), que le impidieron a Argentina volver al mercado internacional de deuda, extorsionando hasta que el nuevo gobierno de Mauricio Macri finalmente decidió claudicar frente a los fondos buitres pagándoles unos 12.000 millones de dólares. 

Cumplir con el FMI, significa volver a servir a los intereses que supieron primar en nuestro país bajo los gobiernos dictatoriales, donde el mercado interno sufrió la monopolización y extranjerización de sus capitales y eso el gobierno de Alberto Fernández lo tiene claro. De hecho, durante el acto en conmemoración a Nestor Kirchner a 11 años de su muerte, el Presidente puso énfasis en todo momento en la importancia de la reestructuración de la deuda, la recuperación de la soberanía y la capacidad de decisión para beneficiar al conjunto de los argentinos y argentinas.

En una entrevista reciente el ministro de economía Martín Guzmán señaló que “acabar con la dependencia del FMI es un acto de soberanía. Que esté el FMI en la Argentina es un gran problema desde la construcción de la política económica desde la soberanía. Por eso negociamos una solución de una forma que ese principio sea absolutamente innegociable”.

Los fantasmas de siempre

Marc Stanley hizo énfasis en su discurso sobre la complicada relación que Argentina está teniendo con su inclaudicable defensa de derechos humanos y las posturas que adoptó la Cancillería en los últimos meses respecto a la violacion de los mismos en lugares como Venezuela, Cuba o Nicaragua. “Argentina aún no se ha unido a Estados Unidos y otros países para presionar por reformas significativas en países como Venezuela, Cuba y Nicaragua”, cuestionó el designado diplomático. 

En medio de una guerra ideológica entre la CELAC y la OEA, Argentina (junto con México) se abstuvo en la votación del Consejo Permanente de la OEA, que aprobó una nueva resolución sobre la situación en Nicaragua, al juzgar que, si bien el documento del organismo regional “contiene elementos congruentes” con la postura argentina sobre los derechos humanos en ese país, “sólo parece prejuzgar el desarrollo de un acto eleccionario que aún no ha tenido lugar”, en relación a los comicios presidenciales nicaragüenses previstos para 7 de noviembre próximo. 

“El texto en cuestión, si bien contiene elementos congruentes con la posición argentina en lo que concierne a la situación de los derechos humanos en Nicaragua y los arrestos de representantes de la oposición nicaragüenses -como ya lo expresara en el comunicado emitido conjuntamente con México el pasado 15 de junio- sólo parece buscar prejuzgar sobre el desarrollo de un acto eleccionario que aún no ha tenido lugar”, fundamentó el Palacio San Martín, en un comunicado, respecto a la postura sostenida por la representación argentina en la OEA.

La postura en Venezuela (y Nicaragua) puede complicar el apoyo que el país necesita de Estados Unidos para resolver el principal reto que enfrenta la economía: la deuda con el FMI.

Estados Unidos es, además de todo lo ya conocido, clave en el board del FMI y Argentina necesitará banca política para tener éxito en la negociación de un nuevo programa.

¿America is back?

El nuevo embajador promete ser un nuevo nexo para afianzar (o mejorar) las relaciones comerciales entre nuestro país y los Estados Unidos.

Sin embargo, la historia reciente nos muestra cómo el gigante del norte está siendo desplazado del tablero lentamente. 

“A medida que Estados Unidos ve una mayor competencia con la República Popular China en la Argentina y en otros lugares, haré que sea una prioridad mantener los pies en el fuego, sobre todo cuando productos como la tecnología 5G inferior a la del mercado están ingresando al mercado (regional), y permitiendo que China acceda todos los datos e información de la población argentina”, puntualizó Stanley.

Los últimos gobiernos argentinos han demostrado interés en las propuestas chinas, particularmente la del OBOR (One Belt, One Road). Durante las reuniones del G20 de 2018 en nuestro país, Argentina había reconocido en una declaración conjunta presidencial que la iniciativa “inyectaría dinamismo” a la cooperación sino-argentina. En septiembre de 2020, el presidente Alberto Fernández expresó su interés en comenzar las negociaciones para que Argentina pueda formar parte del plan OBOR, lo que podría ser positivo para el país ya que esto estimularía el empleo y obras en el territorio, entre otras cosas.

Estados Unidos tiene otra forma de vincularse económica y comercialmente con nuestro país, partiendo de la base de que, a diferencia del país asiático, se trata de una economía que no es complementaria y siempre han existido más tensiones.

Estados Unidos es el principal inversor extranjero en el mundo, y nuestro país no es una excepción. La Inversión Extranjera Directa (IED) es una herramienta que consiste en la inversión con interés durable por parte de empresas en países que no son el de su origen. En nuestro caso, y de acuerdo a la consultora Abeceb, Estados Unidos posee un stock del 22,7% de las IED, con inversiones de U$S17.000 millones.

“Estoy dispuesto a viajar por todas las provincias argentinas para promover los ideales de la administración Biden y promover nuestra industria”, dice el designado embajador. 

AMIA, un tema sensible que se se vuelve a tocar 

Uno de los temas sin dudas más controversiales que tocó en su breve exposición ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, fue el tema de la AMIA. Marc Stanley dijo que “debería haber una demanda” de que el gobierno y el poder judicial argentinos investiguen y procesen a fondo el atentado terrorista con bomba de 1994 del centro comunitario judío de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires.

El ataque, recordemos, que fue llevado a cabo por un terrorista suicida libanés vinculado a Hezbolá y que los investigadores creen que fue organizado directamente por altos funcionarios del gobierno iraní, aún no se ha resuelto oficialmente. Stanley, hablando en su audiencia de confirmación describió el bombardeo como “un gran problema” y pidió al gobierno argentino que aborde adecuadamente el ataque.

“Este no es un problema judío. Esto es un problema que incluye a toda la Argentina”, dijo Stanley. “Ochenta y cinco personas murieron y no todos eran judíos… Creo que todos los argentinos deberían estar molestos por eso, y creo que debería haber una demanda de este gobierno, el poder judicial debe enjuiciar y averiguar quién es responsable y obtener justicia”.

Así como Venezuela, o Nicaragua más recientemente, alejan a la Casa Blanca y la Casa Rosada, hay varias partidas simultáneas en el tablero de la relación bilateral. 

Un caso en sentido contrario es la agenda del cambio climático, que ofrece una causa común entre ambos gobiernos. Se observa, además, un interés en tener un diálogo fluido con la administración de Joe Biden, que es correspondido por funcionarios del equipo del líder demócrata. Eso se vio explícito en las distintas visitas que funcionarios de la Casa Blanca tuvieron en los últimos meses en nuestro país. El cambio climático sin lugar a dudas puede posicionar a la Argentina como el gran líder de la región, pero para ello el gobierno del Frente de Todos necesita resolver sus problemas. 

Sin cohesión interna, no hay política exterior sostenible posible. El cambio de Canciller da cuenta de esos vaivenes ideológicos. 

La llegada del ex jefe de gabinete Santiago Cafiero a Cancillería intenta poner paños fríos a la interna que explotó luego de los resultados de las elecciones de medio término. Hasta ahora, solo ha obtenido tibios resultados. Es posible que esta posición cambie con las propuestas que se llevarán adelante en la COP26, que pone sobre la mesa la centralidad del cambio climático y el famoso “subdesarrollo”. 

Luego de la visita de John Kerry, el enviado de la Casa Blanca para entablar diálogos con distintos gobiernos de Latinoamérica sobre la lucha contra el cambio climático, Cancillería puso en marcha el plan “COP26” y el propio Alberto Fernández, en una suerte de guiño hacia la administración Biden, esta semana será uno de los principales oradores del continente y defenderá las inversiones verdes y el desarrollo sostenible, quizás el inicio de una “buena” (al menos no tóxica) relación bilateral con el nuevo embajador.

0 Comments

Leave a Comment

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password