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Geopolítica e Ideología: capitalismo salvaje globalizante y capitalismo de Estado nacional

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Por casi medio siglo, la geopolítica mundial estuvo marcada por la era de la bipolaridad, por la existencia de dos gigantescas potencias enfrentadas entre si, disputándose el dominio mundial. Eran los años de la guerra fría, que se extendieron desde fines de la Segunda Guerra Mundial (1945) al colapso de la Unión Soviética (1989/1990), marcados por el enfrentamiento ideológico entre el liberalismo político – económico y el comunismo.

También hubo otros actores de peso, en esos años, como China, Francia, Gran Bretaña y algunos más, que en menores medidas marcaron el accionar de ese casi medio siglo, tan convulsionado, en el cual se dieron luchas por las independencias en África y parte de Asia.

Vendría después la efímera era unipolar, esa que el nipo norteamericano Francis Fukuyama llamó “el fin de la historia”, de escasa duración hasta el cambio de milenio, con EEUU como potencia única hegemónica.

Fue entonces el también breve período del mundo multipolar, en el cual se visualizaba la existencia de varios focos de poder, los tradicionales (EEUU-Canadá, Unión Europea, Japón); a los que se sumaron “sin pedir permiso” las potencias emergentes, algunas recién arribadas al club del poder mayor (China, India, asomándose Brasil, surgiendo Irán, y según el enfoque, algún par más), a las que se agregó la resurgida Rusia de la Era Putin.

Una consecuencia de esa breve Era Multipolar, fue el surgimiento del grupo BRICS, que parecía consolidarse para imprimir su propia impronta en la geopolítica mundial. Cerca estuvo de transformarse en el BRICSA, frustrándose la incorporación de la por esos años emergente Argentina, alrededor de 2014.

Sin fecha exacta de caducidad, la Era Multipolar terminó o se desdibujó alrededor de 2015, por una sumatoria de motivos, siendo eso evidente en 2020.

Los muy fuertes ataques mediático – judiciales, hicieron caer a Brasil en manos del establishment, corporizado en Bolsonaro, claramente subordinado a los dictados del poder anglosajón, y apoyado por el poder corporativo y el accionar político de la mayoría de los evangélicos, estos a su vez muy afines a EEUU.

Metodologías muy similares, hicieron ganar elecciones al neoliberalismo, por primera vez en Argentina, esta vez corporizado en el macrismo y sus múltiples tentáculos, perpetrando un severísimo retroceso económico, social, político y geopolítico en Argentina. Acá eso fue apoyado por sectores ultra refractarios del catolicismo, y por la mayoría de los evangélicos, todos alineados con las oligarquías y los testaferros del poder transnacional; además de la mayoría del ideológicamente muy confuso sector militar, cargado de prejuicios y muy falto de formación básica en Historia, Economía y Geopolítica.

El Brasil autónomo e independiente, se muestra deshilachado actualmente; mientras Argentina sumida en las destrucciones del neoliberalismo salvaje, pugna por volver a resurgir, como ya lo hizo desde 2003, pero hoy está muy condicionada. Puede y debe resurgir, en un proceso complejo que puede durar algún tiempo.

Sudáfrica, por su parte, tiene peso en el África Subsahariana, pero no parecería tenerlo mucho más allá, y de un modo u otro es parte de la comunidad británica de naciones, lo cual habrá generado contradicciones al integrarse a un bloque de poder que quiso ser una alternativa sólida, por fuera de las potencias anglosajonas.

A su vez, India y China se involucraron en el peligroso contexto de la disputa territorial, pocas semanas atrás, con enfrentamientos sin armas de fuego pero con varias bajas en ambos bandos, en la zona fronteriza sumida en una vieja controversia. Pese a sus buenas relaciones con Rusia, India demostraría seguir teniendo gran afinidad con las potencias anglosajonas, lo cual se interpretaría como consecuencia de las profundas huellas culturales que dejó en el milenario país, el prolongado período colonial británico.

La exacerbada disputa sino-india, parece estar vinculada con otras maniobras de acoso al gigante amarillo, como los disturbios y protestas hace poco tiempo, en Hong Kong; a lo que se agregan los enormes ejercicios navales en torno a India, planificados por unidades selectas de las marinas de EEUU, Japón, Australia e India. Eso involucra las rutas de petroleros que desde el Mar Arábigo, abastecen a China. Eso es “mostrar músculos” o echar leña al fuego, mientras se fractura en los hechos al BRICS.

A la vez, cerca de las fronteras occidentales de Rusia, ocurren diversos conflictos, en varios de los cuales parecería haber presiones o fogoneos por parte de la OTAN y/o algunos de sus miembros, en una sucesión de hechos que parecen arrancar desde los años de postración de la Rusia Post Soviética, cuando se desguazó a su aliada Yugoeslavia, que tenía fuertes afinidades históricas y paneslavas. Y eso prosiguió en Ucrania; Siria y recientemente en fuertes ataques mediáticos e intentos de condenas políticas contra Bielorrusia; y en el repentino enfrentamiento por Nagorno Karabaj, entre Armenia y Azerbaiyán. A eso se le agregan recrudecimientos de nacionalismos con aparentes tintes anti rusos, en varios países de la Europa Oriental.

En todo ese contexto complejo, de rápidos y profundos cambios de la geopolítica mundial, hoy están definidos dos grandes bloques de poder, que involucran lo económico, lo cultural y lo militar.

El Bloque Atlantista, liderado por EEUU y vinculado fuertemente con el mega poder financiero transnacional, tiene como actores principales, a los miembros de la OTAN (EEUU, Canadá, Unión Europea más Gran Bretaña) y Japón.

Existen algunos socios estratégicos de los Atlantistas, de ciertas relevancias regionales, como Turquía, Israel, Arabia Saudita, Corea del Sur y algunos más.

Son de un modo u otro, impulsores del neoliberalismo “hacia afuera”, pues internamente practican diversas versiones de proteccionismo e intervencionismo estatal.

De algún modo, quedó en evidencia la injerencia de esas potencias, en procesos como la ”primavera árabe” y su prolongación en Ucrania; el claro intento de desguace de Siria; algunos conflictos internos permanentes en África que provocan “intervenciones humanitarias” de Francia, y el desguace de Estados en el estratégico Cuerno de África; el prolongado bloqueo y las amenazas de invasión contra Venezuela; el prolongado bloqueo contra Cuba; el golpe policial – militar contra Evo en Bolivia; el giro de 180º perpetrado por Lenin Moreno en Ecuador; y las brutales operaciones de guerras mediático – judiciales con “manos negras” de algunos “servicios” en los casos de Argentina, Brasil y otras naciones íbero americanas, y otros casos similares.

Los abiertos apoyos de EEUU y el Bloque Atlantista, a un gobierno pisoteador y entregador de soberanía, amén de destructivo y encaminador hacia el desguace nacional, como lo fue el de Macri, son reveladores claros de las intenciones y objetivos de esa mega coalición, acordes a los dictados del neoliberalismo salvaje, que propone la disolución de los Estados Nacionales existentes por fuera del “selecto” grupo que maneja el atlantismo.

Tienen una amplia panoplia de entes de penetración cultural, como diversas ONGs, Fundaciones, entes diversos y asociaciones ad hoc, como por caso la Sociedad Interamericana de Prensa, que funge como vocero del “pensamiento políticamente correcto” emanado del poder financiero y las potencias citadas.

El otro gran bloque de poder, es el de la Potencias Continentalistas, con China y Rusia como actores principales. Son dos naciones con vastísimos territorios, muchos recursos naturales, enorme población en el caso chino y una cantidad reducida en función de su territorio, pero cuantitativamente importante, en el caso ruso. Sin perjuicio que ambas grandes potencias tienen economías muy potentes, tecnológicamente muy desarrolladas, y vastos desarrollos militares, es acertada la opinión del analista geopolítico Marcelo Ramírez, quien en su reciente libro referido a Putin y el resurgimiento ruso, expresó conceptualmente que en lo esencial, “China aporta su enorme potencial económico, mientras que Rusia suma su tecnología y desarrollos militares de primer orden, y su enorme capacidad diplomática, heredera de experiencia ganada en siglos de accionar”.

China, Rusia, y otras potencias como India, Irán y varias más, en lo económico cabe definirlas como desarrolladoras del Capitalismo de Estado, cada una en su propia versión nacional. Aceptan y estimulan de buen grado las inversiones extranjeras, así como las inversiones privadas nacionales, las que tienen razonables márgenes de utilidades garantizadas; pero los respectivos Estados Nacionales tienen fuertes intervenciones, habiendo creado y estimulado poderosas empresas de capitales estatales, invirtiendo fuertemente en desarrollos tecnológicos de avanzada, controlando los movimientos financieros y actuando fuerte y decididamente en el comercio exterior, además de priorizar el desarrollo humano de sus poblaciones.
Puede considerarse que China y Rusia, y algunos otros actores geopolíticos importantes con capacidades de influencias regionales; de posturas nacionalistas y con sus fuertes pesos en el tablero del poder mundial, son el gran escollo que impide el avance total del muy materialista proyecto de globalización a ultranza, con el neoliberalismo salvaje como doctrina que se pretende imponer en forma excluyente.

La confrontación actual entre esos dos grandes bloques de poder, tiene un muy fuerte componente geopolítico; pero no es de importancia menor el claro enfrentamiento doctrinal económico entre el neoliberalismo salvaje y capitalismo de Estado.

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