GEOPOLITICA

¡Defendamos al valioso y estratégico sector nuclear argentino!

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El muy destructivo contexto general. Con premeditada alevosía y con evidente sádico accionar, que muestra la crueldad con la cual expulsan de sus puestos laborales a crecientes cantidades de trabajadores argentinos, regocijándose por el daño humano y por la destrucción estratégica que provocan, ahora los libertarios y sus secuaces, están abocados a la infame tarea de desguazar y/o extranjerizar al muy valioso Sector Nuclear Argentino.

Es sobradamente claro que el objetivo de mínima del actual apátrida gobierno nacional, es hacernos involucionar forzosamente a la republiqueta de economía primarizada, subordinada a poderes extranjeros (gustosamente aceptado eso por la oligarquía), sin atisbo alguno de industrias y sin entes tecnológicos nacionales, como éramos alrededor del 1900; perpetrando dicho alevoso achicamiento económico, en un marco de acentuada exclusión social total, burlándose con desparpajo de la miseria generalizada que intencionalmente están provocando, y sin importarles nada las muertes culposas que ocasionan, esto último ante el Estado ausente que causan sus lesivas medidas económicas.

Pero de máxima, es también evidente que, pisoteando abiertamente toda noción de soberanía nacional, y con acentuado odio y desprecio a nuestra propia población, nos están llevando a pasos forzados, hacia la disolución nacional. Para quienes supongan exagerada esta afirmación, cabe señalar que la desaparición lisa y llana de los Estados Nacionales, o su degradación a Estados fallidos, es uno de los objetivos centrales del Consenso de Washington y de su herramienta destructora que es el accionar conducente a la globalización salvaje.

Vergonzoso es el genuflexo grado de subordinación a las potencias del Bloque Atlantista y sus aliados principales, que caracteriza el accionar de política exterior de libertarios, sus secuaces neoliberales y arribistas varios, lo cual abiertamente nos posiciona como dóciles subordinados a esos poderes neo imperiales; con lo que pisotean una larga y muy respetable postura pacifista y de respeto a la soberanía de las naciones, que caracterizó a nuestra Política Exterior, básicamente cuando tuvimos gobiernos de clara Orientación Nacional.

En el marco de asumida pero no declarada tiranía con casi plenos poderes asumido por el Ejecutivo Nacional y su entorno cercano, se desconocen leyes e incluso se “dictan sentencias judiciales anticipadas”, subordinando de hecho a los otros dos Poderes Nacionales, a los mandatos impuestos por el Ejecutivo.

Mientras se marginan y se retacean fondos para jubilados, discapacitados, enfermos crónicos o muy graves, se paralizan todas las obras públicas, agreden de hecho a la Salud y a la Educación Pública (con especial saña contra las prestigiosas Universidades Nacionales); se gasta con dudosa o nula coherencia, en sucesivos viajes presidenciales en acciones no oficiales, se gasta en equipamientos represivos y en “partidas reservadas” para inteligencia interna; y otros fines dudosamente necesarios. Además, se reducen impuestos para las importaciones de bienes de lujo, y se subsidia a empresas poderosas mientras se retacea todo apoyo a las muchas que cierran día a día.

Tampoco cabe omitir las deplorables acciones, varias de ellas denunciadas, de serias “irregularidades” (cuando no probados actos fuertemente sospechados de delictivos), que involucran al presidente y varios de sus colaboradores. Pero hay sectores del Poder Judicial que muestran un lento accionar y/o la doble vara según cual sea el sector político denunciado.

Breve reseña histórica del Sector Nuclear Argentino

La Comisión Nacional de Energía Atómica fue creada en 1950, en la presidencia de Perón, siendo Argentina uno de los primeros países que con rigurosidad científica se abocó al desarrollo de ese avanzado campo del conocimiento.

Pese a los ataques que durante la revolución fusiladora (1955-1958), fueron implementados contra varias de las muchas instituciones creadas en la década peronista, de algún modo eso no sucedió en el Sector Nuclear, el cual incluso fue puesto bajo la conducción de la Marina, siendo oficiales de altos rangos de esa Fuerza -con capacidades científicas específicas- los que presidieron la CNEA, en sucesivos gobiernos militares. Inclusive, cabe destacar que en el período de gobierno cívico – militar autodenominado “la Revolución Argentina” (1966-1973), el Sector Nuclear recibió un fuerte impulso, comenzándose la construcción de la primera central nuclear (que inauguró Perón en su breve tercer período presidencial).

Es posible que las fuertes influencias positivas a favor de Los Intereses Nacionales, que tuvieron en ese período el economista Aldo Ferrer y el General Guglialmelli, hayan neutralizado el accionar antinacional de los personeros al servicio del liberalismo.

Después de Atucha 1, se planificó construir sucesivamente otras cinco centrales nucleares más. lo cual fue cancelado, seguramente por las acciones de zapa de los “barones de la termoelectricidad” (vinculado eso con el petróleo, el gas, y las importaciones de usinas térmicas); sin olvidar, claro está, de los voceros del subdesarrollo crónico, expertos en tildar de faraónicas a todas las grandes obras imprescindibles para concretar nuestro desarrollo.

Pese a todas las trabas que imponen los liberales y otros promotores del subdesarrollo, sin estridencias, el Sector Nuclear siguió avanzando, creando e incorporando tecnología, construyéndose -entre otros silenciosos logros- centrales nucleares de baja potencia, imprescindibles para investigación y para producir valiosos insumos, como los utilizados para medicina oncológica, para preservar alimentos, combatir plagas de la agricultura, y otros fines positivos.

El muy apátrida “proceso” (1976-1983), nos impuso a punta de bayonetas la subordinación al muy perverso neoliberalismo, inicialmente bajo la batuta de Martínez De Hoz, personaje del riñón de la muy oligárquica y anti industrial Sociedad Rural, de quien el presidente de facto Videla operó cuan dócil marioneta.

Opositor feroz a todo lo Estatal, José A. Martínez De Hoz (Joe, para sus amigotes) operó con toda saña para destruir las empresas y entes estatales, sobre todo los que operaban y producían en sectores estratégicos o de alta rentabilidad.

Interesado “Joe” en desguazar para privatizar SEGBA, el dirigente sindical Oscar Smith fue “desaparecido” (asesinado), por oponerse a ese vil negociado.

Mediante la operatoria de hacer tomar deuda externa a YPF y otras empresas estatales, para luego transferir esos fondos al Ministerio de Economía, “Joe” y secuaces cometieron la infamia de dejarles los pasivos a esas empresas estatales, y sin los activos financieros (que eran usados por Economía para enjugar los crecientes déficits de la pésima administración de “Joe”). Como resultado de esa intencional maniobra, los lenguaraces del periodismo y economistas del establishment, pudieron alardear acerca de la supuesta ineficiencia del Estado, pues YPF y otras empresas estatales tuvieron pérdidas, pero se ocultaba que eso era consecuencia intencional de la operatoria de endeudamiento descripta. Lo que buscaban, era desacreditar todo lo Estatal.

Entre otras muchas medidas antinacionales, de un plumazo “Joe” hizo cerrar IME, empresa estatal que producía la camioneta Rastrojero, y tenía por producir una versión tipo sedan cuatro puertas, para competir en la renovación del parque de taxis. Era una competencia que molestaba a otras empresas automotrices.

Como era de prever, para un personero de la antipatria (y por ende anti Estado), “Joe” quiso destruir al Sector Nuclear Argentino, pero no pudo hacerlo por la férrea defensa del mismo, hecha por el Contraalmirante e Ingeniero Nuclear Carlos Castro Madero (en adelante CCM), quien había sido designado Presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Conozco que citar a CCM provoca enfrentadas posturas en el ámbito de la CNEA, pues mientras se lo culpa de algunas “desapariciones” de personal nuclear, otros afirman que no pudo impedir esos asesinatos, pero que evitó que la lista de “desaparecidos” de la CNEA, fuera mucho mayor.

Son dos posturas contrapuestas y es complejo dilucidar cual es la real acaecida. Pero eso no puede excluir el técnica y estratégicamente productivo accionar de CCM que hizo avanzar al Sector Nuclear Argentino, concretándose la exportación de una Central Nuclear de Baja Potencia a Perú, entre otros logros.

A contrapelo de otras destructivas medidas socio económicas en el “proceso”, el firme accionar de CCM hizo seguir avanzando el desarrollo tecnológico nuclear argentino.

Pese al contexto general neoliberal, muy negativo para iniciativas de desarrollo, en 1976 se creó INVAP (Investigaciones Aplicadas), mediante un convenio entre la provincia de Río Negro y la CNEA. INVAP alcanzó merecido prestigio, operando en áreas de altas tecnologías, no solo la nuclear, con logros muy destacados.

Al colapsar el infame “proceso”, CCM inicialmente siguió en sus funciones en la CNEA. Como correspondía, informó al nuevo presidente -Alfonsín-, que la CNEA había logrado dominar el ciclo total de producción de combustibles nucleares, lo cual tiene una enorme importancia estratégica, y libró a las Centrales Nucleares Argentinas, de la dependencia de insumos extranjeros en ese crucial rubro.

Actuando con claro sentido de Lo Nacional, lo lógico y esperable de un presidente y un gobierno nacional patriótico, hubiera sido una calurosa felicitación y una masiva difusión del notable logro alcanzado por el Sector Nuclear Argentino.

Pero por profunda ignorancia, por cobardía cívica, o por ambas cosas; y asesorado por el Ing. Jorge Lapeña (Secretario de Energía en el alfonsinato), Alfonsín implementó medidas que fueron un brutal castigo contra la CNEA y todo el Sector Nuclear Argentino. Contra toda lógica, congeló todos los proyectos en marcha y las vacantes, con lo cual durante largos 22 años, no se pudo incorporar nuevos científicos y profesionales, además de paralizar por completo la construcción de la tercera central nuclear -Atucha 2-, de la cual ya se disponía de todos los elementos básicos. No es un tema menor, poco conocido por no expertos en Energía, que Lapeña y el instituto energético que preside, muestran en los hechos más afinidad por la generación termoeléctrica (basada en petróleo y gas), con dudosa vocación por la hidroelectricidad y la energía nuclear.

El daño hecho al Sector Nuclear, por el congelamiento total de proyectos y de incorporaciones de nuevo personal calificado, fue enorme, y ocasionó un envejecimiento y disminución del valioso personal, por el mero transcurso del tiempo, además de frenar por completo los proyectos en marcha, entre ellos la Central Nuclear Atucha 2. Pero con total responsabilidad y notable patriotismo, los valiosos equipamientos de la misma, ya adquiridos, fueron preservados de daños, manteniéndose prácticamente intactos, por lo que al final de ese nefasto período de congelamiento total, pudieron ser emplazados en sus lugares correspondientes.

En 2005 se relanzó el Plan Nuclear, dándose prioridad a la terminación de la tercera central, Atucha 2. El presupuesto de la CNEA tuvo un enorme crecimiento, del orden de 1.100 % (once veces), cobrando impulsos varios proyectos, entre ellos un nuevo reactor de experimentación de baja potencia, y el muy interesante proyecto de central modular CAREM, el cual es el más avanzado en su tipo en el mundo. Además, hubo gestiones concretas para construir tres nuevas centrales de grandes potencias, una con financiación y tecnología rusa, y dos de China.

Pero esos ambiciosos planes fueron dilatados, siendo posiblemente demorados y luego cancelados, tal como en la historia argentina sucedió con muchos grandes proyectos que hubieran apuntalado nuestro desarrollo.

Pudo completarse Atucha 2, así como la Planta Industrial de Agua Pesada, la mayor del mundo en su tipo. Esta última abastece las necesidades de Argentina e incluso permite exportar a otros países que utilizan la tecnología de uranio natural y agua pesada como moderador.

Cabe señalar que además de las tareas de zapa que suelen ocurrir para frenar o impedir proyectos que el establishment ultra conservador opera; en los últimos años el ecologismo de corte cavernario tuvo gran impulso, siendo promovido básicamente por dos ONGs creadas en el Reino Unido, las cuales operarían como apéndices del MI6, el servicio secreto de esa potencia. Eso es el ultra ecologismo, que practica terrorismo ecolátrico, como excusa para promover el subdesarrollo crónico.

Cuando el Plan Nuclear podía tomar mayor impulso, con el aval de ser reconocido mundialmente y haber ganado incluso la licitación de Australia para proveer e instalar un reactor de baja potencia, compitiendo, compitiendo exitosamente contra grandes potencias mundiales, en esos años arreciaron los ataques del ultra ecologismo, con cierto periodismo funcional a eso, e incluso posicionando algunos legisladores nacionales que fueron muy activos para tareas de entorpecimiento de los planes nucleares, los que siempre fueron de usos pacíficos de esa tecnología.

En 2015 hubo un cambio acentuado de orientación política nacional, pues el neoliberalismo volvió al poder mediante elecciones, tal como había sucedido con Menem y De La Rúa; pero en 2015 no hubo el engaño del menemato, Macri no ocultó ser neoliberal. Y como tal, antiestatista apátrida, y por añadidura se dedicó a frenar y entorpecer al Plan Nuclear, pero por entonces con saña algo más sutil que el brutal ataque anti tecnológico en perpetración por los actuales libertarios.

Frenó totalmente el proyecto de la Cuarta Central Nuclear, el cual ya se había comenzado, además de perderse el personal que había sido capacitado especialmente. Las otras dos grandes centrales planificadas, también fueron descartadas, perdiéndose una gran oportunidad de dar un gran salto cualitativo y cuantitativo, que hubiera potenciado significativamente nuestras capacidades tecnológicas y de generación de energía.

El gobierno de Macri también paralizó, contra toda lógica, el funcionamiento de la Planta Industrial de Agua Pesada.

En el gobierno de Alberto Fernández, muchas decisiones se tomaron después de largas dilaciones. Pese a eso, se volvió a comenzar la cuarta central, y siguió avanzando el proyecto CAREM. Esas demoras afectaron incluso los cambios en las titularidades de la CNEA y de la EBY (Yacyretá).

Después, el gobierno libertario, practicando un neoliberalismo acentuado, paralizó todas las obras públicas, incluyendo en esa negativa decisión la paralización total de la Cuarta Central Nuclear, y el freno del proyecto CAREM.

Recientemente, en un vergonzoso conjunto de actos de entrega vil de soberanía, se transfirió a una empresa de EEUU el conjunto de Atucha (dos centrales nucleares), y el valioso proyecto CAREM.

Eso configura una sumisión total, cuan republiqueta de cuarta, convertida a subordinada total a los designios de la mega potencia, que aplica con mayor saña, la imperial Doctrina Monroe.

Esta reseña histórica es incompleta, en mérito a la brevedad, pues un detalle más abarcativo necesitaría redactar al menos un voluminoso libro.

Industricidio y tecnicidio acelerados y alevosos.

En ese negativo contexto, mientras sigue el acelerado industricidio y el desmantelamiento de los entes tecnológicos, y el empobrecimiento generalizado -que excluye a los poderosos que lucran con la miseria masiva- la dupla de endeudadores seriales (Caputo – Sturzenegger), nos sigue endeudando y facilitando la timba financiera, mientras que con su “sobradora” sonrisita permanente, el segundo de ellos sigue aplicando la impiadosa “motosierra”; con especial saña contra los entes estatales de valiosas funciones, los que quedan acéfalos por los despidos masivos; sin importar nada que el Estado (o sea la Patria), queda inerme, sin entes de necesarios contralores y de estratégicas acciones.

El claro desprecio a la importancia estratégica esencial del Sector Nuclear, y al muy fuerte efecto multiplicador que sin duda tiene, se evidencia en forma tiránicamente brutal, mediante nuevos funcionarios de altas jerarquías y nulos conocimientos técnicos específicos nucleares, mientras que en forma abrupta se despide masivamente a muy valiosos trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica, el CONICET, el INTI y otros entes tecnológicos, cuyas formaciones y notables capacidades adquiridas en esos destacados ámbitos tecnológicos, se desperdician, configurándose una burla a la dedicación y a los conocimientos técnicos y científicos que se adquieren con años de trabajos e investigaciones realizados con reconocidas elevadas capacidades científicas.

Resulta notable la pasividad con visos de cómplice desinterés, de la mayoría de nuestra población que, pese a la creciente miseria, a la destrucción generalizada del tejido social y de casi toda la economía argentina, permanece sin manifestar con contundencia el rechazo a las políticas libertarias, que nos destrozan y nos empujan a la anomia total y al desguace de Argentina.

Nos empujan con alevosía, al mediocre rol de simples productores de materias primas, sin industrias, sin entes tecnológicos; y destrozando las necesarias capacidades estatales que son necesarias en toda nación con dignidad y criterio de grandeza nacional.

Nos posicionan como pseudo republiqueta indigna, subordinada al Bloque Atlantista, en particular a su principal potencia del mismo, en su remozada Doctrina Monroe, en el contexto de desembozado neoimperialismo.

¡Pueblo Argentino, pueblos hermanos de Íbero América, tomen conciencia y revaloricen el necesario sano patriotismo!

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Irán se baja de negociaciones y pone en riesgo la tregua con Estados Unidos

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A horas del vencimiento del alto el fuego anunciado el 7 de abril, Irán decidió no enviar ninguna delegación a Pakistán para negociar con Estados Unidos, mientras Donald Trump anticipó que es “muy improbable” extender la tregua más allá de esta semana. La combinación de señales endurece el escenario y deja abierta una pregunta central: ¿se trata de presión negociadora o del preludio de una escalada?

Sin delegación y con ultimátum: la negociación entra en zona crítica

La ausencia de representantes iraníes en Islamabad, confirmada por la emisora estatal IRIB, marca un punto de inflexión en el proceso diplomático. Según la información oficial, ninguna misión —ni principal ni técnica— viajó a Pakistán, desactivando de hecho el canal previsto para sostener las conversaciones.

En paralelo, Trump endureció su postura. El presidente estadounidense sostuvo que no prevé extender el cese al fuego de dos semanas, que vence este miércoles por la noche (hora del Este), si no hay avances concretos. La tregua, ya ajustada en su cronograma —inicialmente prevista para expirar el martes—, entra así en su tramo final sin señales de entendimiento.

La tensión se amplifica con las acusaciones directas desde Washington: Trump afirmó que Irán violó el alto el fuego en “numerosas ocasiones”, lo que refuerza la narrativa de incumplimiento y legitima, en términos políticos, una eventual ruptura.

Presión militar, diplomacia interrumpida y agenda nuclear

El proceso se inscribe en una lógica de presión simultánea. Por un lado, la Casa Blanca sostiene la amenaza de no renovar la tregua; por otro, instala condiciones explícitas: Irán no debe acceder a armas nucleares “ni la más mínima posibilidad”.

La decisión iraní de no enviar delegación tensiona ese esquema. En términos institucionales, implica frenar una instancia de negociación clave sin ofrecer una alternativa visible, lo que deja el proceso en una zona de ambigüedad: no hay ruptura formal, pero tampoco canal activo.

A esto se suma otro elemento: el propio Trump había sugerido que podría viajar a Islamabad para cerrar un acuerdo, e incluso mencionó el envío de una delegación estadounidense. Nada de eso ocurrió. La distancia entre expectativa y ejecución revela una negociación volátil, donde los anuncios funcionan también como herramienta de presión.

Endurecimiento discursivo y margen reducido

El movimiento de ambas partes reconfigura el equilibrio. Estados Unidos consolida una posición de exigencia —con plazo definido y advertencias explícitas—, mientras Irán evita convalidar el marco negociador en los términos planteados.

En ese cruce, la tregua pierde densidad política. Ya no opera como espacio de distensión, sino como un plazo límite condicionado. La acusación de incumplimientos por parte de Washington también impacta en la legitimidad del acuerdo, debilitando su continuidad.

El trasfondo económico y geopolítico es evidente, aunque no explicitado en la información: cualquier ruptura del alto el fuego puede tener efectos inmediatos en mercados internacionales y en la estabilidad regional. Sin embargo, en este punto, el dato central es político: la negociación quedó sin interlocutores visibles en el terreno previsto.

Entre la negociación forzada y la escalada

Con el vencimiento inminente del cese al fuego, el margen de maniobra se achica. Si no hay señales de reactivación del diálogo, el escenario se desplaza hacia una fase más incierta.

La clave estará en observar dos movimientos: si Irán redefine el canal de negociación o mantiene la distancia, y si Estados Unidos efectivamente deja caer la tregua o introduce una extensión táctica.

Por ahora, lo concreto es que el proceso entró en un terreno de máxima presión, donde cada gesto —o ausencia— redefine el equilibrio. El desenlace no está cerrado, pero el tiempo ya dejó de ser un aliado para la negociación.

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El petróleo sube tras el discurso de Trump sobre Irán y expone la desconfianza del mercado

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El precio del petróleo reaccionó con fuerza al discurso de Donald Trump sobre la guerra en Irán: subió hasta US$ 5 por barril pese a que el mandatario aseguró que el conflicto está “cerca de concluir” y que podría resolverse en “dos o tres semanas”. La señal del mercado fue otra. En medio de una escalada retórica y militar que ya lleva más de un mes, los inversores optaron por cubrirse frente a un escenario de mayor riesgo. La pregunta que se abre es si la estrategia de comunicación de la Casa Blanca logra ordenar expectativas o, por el contrario, profundiza la incertidumbre global.

Un discurso que buscó cerrar la guerra, pero abrió dudas

Trump combinó dos mensajes en simultáneo: por un lado, planteó que Estados Unidos está “cerca de completar” sus objetivos estratégicos; por otro, amenazó con intensificar los ataques, incluyendo posibles golpes a centrales eléctricas e infraestructura petrolera iraní. Esa dualidad no pasó desapercibida.

El mercado reaccionó en tiempo real. El crudo estadounidense pasó de unos US$ 98 a casi US$ 104 por barril, mientras el Brent escaló de alrededor de US$ 99 a US$ 106. La suba refleja una percepción clara: el riesgo de interrupción en el suministro energético sigue vigente, especialmente por la situación en el Estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio global de hidrocarburos.

En términos políticos, el discurso también buscó reforzar la narrativa de éxito militar. Trump sostuvo que Irán fue “diezmado” y que sus capacidades estratégicas quedaron debilitadas. Sin embargo, desde Teherán negaron avances hacia un alto el fuego, lo que expone una brecha entre el relato oficial estadounidense y la dinámica real del conflicto.

El Estrecho de Ormuz, eje de la disputa global

El foco estratégico está puesto en el Estrecho de Ormuz. Su cierre efectivo —en medio de la guerra— desató una crisis energética global y explica buena parte de la volatilidad actual. Trump trasladó presión a los aliados de la OTAN, a quienes responsabilizó por no garantizar la libre circulación.

El mensaje fue directo: instó a otros países a intervenir y tomar control del paso marítimo. Esa posición redefine el tablero diplomático. Ya no se trata solo de una guerra bilateral, sino de una disputa que involucra a múltiples actores con intereses energéticos concretos.

En ese marco, la posibilidad de que Irán conserve capacidad de influencia sobre el estrecho introduce una variable incómoda para Washington. Aun debilitado, el control —o la amenaza sobre ese corredor— le otorga a Teherán una herramienta de negociación relevante.

Impacto en mercados y presión interna

La reacción negativa no se limitó al petróleo. Los mercados financieros acusaron el golpe: los futuros del S&P 500 cayeron 0,75%, el Nasdaq retrocedió 1% y el Dow Jones perdió más de 310 puntos. La volatilidad se trasladó también a Asia, donde las amenazas de nuevos ataques impactaron en activos clave.

A nivel doméstico, el aumento del crudo ya se traduce en subas en los combustibles. El precio del galón supera los US$ 4 en promedio en Estados Unidos, con picos en estados como California. Trump reconoció un “dolor a corto plazo”, pero defendió la guerra como una “inversión” estratégica.

Sin embargo, el frente interno muestra señales de desgaste. Según una encuesta citada, el 67% de los estadounidenses considera que el presidente no tiene un plan claro para manejar la situación. Ese dato introduce un elemento político adicional: la legitimidad de la estrategia empieza a ser cuestionada.

Un conflicto que redefine equilibrios

La guerra entra en su quinta semana sin una salida clara. Trump insiste en que el final está próximo, pero al mismo tiempo amplía el rango de objetivos militares. Esa ambigüedad alimenta la volatilidad.

El mercado ya tomó posición: no cree en un cierre inmediato del conflicto. La suba del petróleo funciona como un termómetro de esa desconfianza.

En las próximas semanas, el foco estará en dos variables: si efectivamente se avanza hacia un acuerdo o si se profundizan las operaciones militares. También en cómo reaccionan los aliados frente al llamado de Estados Unidos para intervenir en el Estrecho de Ormuz.

Porque más allá del resultado militar, lo que está en juego es el control de un nodo clave de la economía global. Y en ese terreno, las definiciones rara vez son lineales.

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Irán desmintió a Trump y aseguró que no hay negociaciones: “Continuaremos la defensa”

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Irán contestó este lunes a los dichos del presidente Donald Trump que no mantiene contacto con Estados Unidos, ni directo ni por intermediarios, según un medio. Esa información surgió después de que Trump anunciaba que posponía los ataques prometidos en su ultimátum del sábado, cuando instó al desbloqueo del Estrecho de Ormuz.

Fars indicó que Trump retiró su amenaza de atacar centrales eléctricas iraníes tras conocer la represalia de Irán, que consistió en atacar todas las instalaciones de generación de energía en la región de Asia Occidental.

La agencia de noticias semioficial Tasnim, citando a un alto funcionario de seguridad iraní, también informó que Trump desistió de atacar la infraestructura crítica iraní después de que las amenazas militares de Irán se volvieran creíbles.

El funcionario afirmó que no hay negociación entre Irán y Trump, y agregó que otro factor importante para esta retirada fue el aumento de la presión sobre los mercados financieros y las amenazas contra los bonos en Estados Unidos y Occidente.

Desde que comenzó la guerra a finales del mes pasado, algunos mediadores enviaron enviado mensajes a Teherán, apuntó el funcionario, y agregó que la respuesta clara de Teherán fue que “continuaremos la defensa hasta lograr la disuasión necesaria”.

En una publicación del lunes en la plataforma de redes sociales Truth Social, Trump afirmó que Estados Unidos e Irán habían mantenido, durante los dos últimos días, “conversaciones muy buenas y productivas sobre una resolución completa y total de nuestras hostilidades en Oriente Medio”.

“Basándome en el tono de estas conversaciones profundas, detalladas y constructivas, que continuarán durante toda la semana, he ordenado al Departamento de Guerra que posponga todos los ataques militares contra las centrales eléctricas y la infraestructura energética iraníes durante un período de cinco días”, declaró Trump.

El sábado, Trump había amenazado con “atacar y aniquilar” las centrales eléctricas iraníes si el estrecho de Ormuz no se abría en 48 horas.

También este lunes, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi, habló por teléfono con su homólogo turco, Hakan Fidan, para discutir los últimos acontecimientos en Oriente Medio.

Araghchi se refirió a los “crímenes perpetrados por los agresores contra el pueblo iraní, especialmente los ataques contra escuelas, hospitales y zonas residenciales”, y expresó la determinación de Irán de defender “decisivamente” su soberanía nacional e integridad territorial.

Por su parte, Fidan destacó las consecuencias de la guerra en curso para la región, subrayando la necesidad de reducir las tensiones y fortalecer las relaciones entre Irán y los países de la región. 

Qué pasa en el Estrecho

Mientras tanto, el representante iraní ante la Organización Marítima Internacional (OMI), Ali Mousavi, afirmó que las embarcaciones, excepto aquellas de los “enemigos”, pueden transitar por el estrecho de Ormuz mediante arreglos coordinados previos de seguridad y prevención con las autoridades iraníes, informó la agencia semioficial de noticias Mehr. También subrayó que los compromisos marítimos internacionales deben estar en consonancia con el respeto a la integridad territorial de Irán y los derechos soberanos.

Irán, apuntó, está dispuesto a cooperar con la OMI y otros países para mejorar la seguridad marítima y proteger a los marineros. “La diplomacia sigue siendo prioridad para Irán. Sin embargo, es más importante que cese por completa la agresión, así como tener confianza y garantías recíprocas”, precisó Mousav.

Añadió que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán están en la “raíz de la situación actual en la región del golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz”.

La voz parlamentaria

A su turno, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió que las infraestructuras de energía y petróleo de toda la región serán destruidas “irreversiblemente” si Estados Unidos ataca instalaciones energéticas iraníes. Las declaraciones de Ghalibaf en la red social X se produjeron después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con “atacar y arrasar” las plantas de energía iraníes si el estrecho de Ormuz no era reabierto en las próximas 48 horas.

Ghalibaf escribió que cualquier ataque se convertiría en “objetivos legítimos (…) infraestructura vital e instalaciones energéticas y petroleras de toda la región”, incrementando los precios del petróleo por un período prolongado. Anteriormente, el principal comando militar de Irán, el Cuartel General Central Khatam al-Anbiya, emitió una advertencia similar, señalando que ataques contra infraestructuras de combustible y energía iraníes desencadenarían golpes contra instalaciones energéticas, tecnologías de la información y desalinizadoras de agua estadounidenses e israelíes en Asia Occidental.

En una publicación del 12 de marzo en X, el entonces secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani (quien moriría después en ataques estadounidenses-israelíes), advirtió que destruir la capacidad eléctrica de su país podría sumir a la región “en la oscuridad en media hora”. La campaña estadounidense-israelí, que comenzó el 28 de febrero, mató a figuras iraníes de alto rango, como el fallecido líder supremo Ali Jamenei, comandantes militares y civiles.Irán respondió lanzando múltiples ataques con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses por todo Medio Oriente.

En una declaración que detalla las posiciones de Irán en medio de los actuales ataques de Estados Unidos e Israel, el ministerio de Relaciones Exteriores señaló que aquel país siempre respetó la libertad de navegación y la seguridad marítima. Agregó que trabajó para defender estos principios en el transcurso de los años.

El ministerio destacó que luego de la agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, se impuso una situación peligrosa en el Golfo y el estrecho de Ormuz, lo que ha afectado directamente la seguridad de la navegación regional.Irán reafirma su derecho legítimo a la autodefensa contra los “agresores”, por lo que atacó instalaciones y bases militares estadounidenses en la región, además de adoptar una serie de medidas para garantizar que aquellos y sus partidarios no aprovechen el estrecho para impulsar sus objetivos contra el país, añadió.

Apoyo en Irak

A todo esto, la Resistencia Islámica en Irak, un grupo paraguas de las milicias pro-iraníes de Irak, informó que había llevado a cabo 21 operaciones contra “bases de ocupación” en aquella nación y la región, durante el fin de semana.

En un comunicado, el grupo señaló que las operaciones se hicieron con “decenas de misiles y drones”, sin ofrecer más detalles sobre objetivos específicos ni víctimas.

El grupo reivindicó centenarios de ataques de este tipo durante los últimos días.

Entretanto, una fuente del Ministerio del Interior de Irak declaró bajo anonimato a Xinhua que varios ataques con drones tuvieron como objetivo esta madrugada la Base Victoria del Aeropuerto Internacional de Bagdad, si bien muchos fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea.

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Trump anuncia tregua temporaria con Irán y el petróleo se desploma: el alivio del Brent abre una tregua precaria en la crisis

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El anuncio de Donald Trump de suspender durante cinco días los ataques contra centrales eléctricas e infraestructura energética iraníes provocó este lunes un movimiento inmediato en el tablero geopolítico y en los mercados: el crudo Brent se hundió un 13%, perforó la barrera de los 100 dólares y llegó a negociarse en torno a 96 dólares por barril poco después de las 12.00, tras conocerse que Estados Unidos e Irán mantuvieron durante los últimos dos días conversaciones que el presidente estadounidense definió como “muy positivas y productivas”. El dato excede la lógica financiera. Después de casi cuatro semanas de ofensiva, amenazas cruzadas y presión militar sobre el estrecho de Ormuz, Washington ensaya una pausa táctica que descomprime el precio de la energía, pero deja abierta una pregunta más política que bursátil: ¿se trata de un primer paso hacia una salida negociada o de una tregua instrumental en medio de una escalada todavía viva?

El impacto del mensaje fue instantáneo porque tocó el corazón del conflicto: la infraestructura energética y la libre navegación en uno de los corredores más sensibles del planeta. Trump informó que ordenó a su Departamento de Guerra posponer los ataques por un período de cinco días, condicionado al resultado de las reuniones en curso. La decisión llegó después de que el propio presidente hubiera dado el sábado un plazo de 48 horas para que Irán abriera “totalmente” el estrecho de Ormuz, bajo amenaza de atacar sus centrales eléctricas. En otras palabras, la Casa Blanca pasó en pocas horas de la coerción directa a una ventana limitada de negociación. No es un cambio menor: cuando el mercado leyó que el riesgo inmediato sobre el suministro podía moderarse, el petróleo reaccionó con una caída abrupta.

De la amenaza sobre Ormuz a una pausa condicionada

La relevancia del anuncio se entiende por el contexto. Desde el 28 de febrero, fecha de inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, la guerra dejó de ser un frente bilateral para convertirse en una crisis con impacto regional, energético y financiero. En ese marco, el estrecho de Ormuz se consolidó como pieza central: por allí transita el 20% de las exportaciones globales de crudo, lo que convierte cualquier amenaza sobre esa vía en una señal directa sobre inflación, abastecimiento y expectativas globales.

Trump buscó asociar la pausa militar a un avance diplomático. Según su mensaje en Truth Social, las conversaciones con Irán fueron “profundas, detalladas y constructivas” y continuarán durante la semana. Pero la tregua no implica desmovilización ni cierre de la ofensiva. El propio esquema que comunicó Washington deja claro que la suspensión depende del “éxito” de esas reuniones. Es decir, no se presentó como una desescalada consolidada, sino como una interrupción revocable.

La secuencia previa refuerza esa lectura. Teherán había advertido, según medios iraníes, que atacaría infraestructura energética de Estados Unidos si sus centrales eran bombardeadas. La Guardia Revolucionaria reiteró este lunes que no planea atacar centrales eléctricas de la región, aunque dejó establecido que, si la República Islámica sufre un ataque de ese tipo, “responderá de la misma manera”. Ese intercambio no describe una negociación madura; describe una correlación de amenazas donde ambas partes intentan fijar costos al adversario antes de cualquier eventual entendimiento.

El petróleo corrigió, pero no hubo una señal homogénea en todos los activos

El derrumbe del Brent fue la reacción más visible, aunque no la única. El WTI, referencia en Estados Unidos, se movía en dirección opuesta en la previa de la apertura oficial del mercado estadounidense, con una suba del 0,78%, hasta los 112,81 dólares. La divergencia revela un dato importante: el mercado no leyó la jornada como un cierre limpio del riesgo, sino como una reconfiguración todavía inestable de expectativas, con señales cruzadas entre alivio coyuntural y persistencia del conflicto.

El movimiento se trasladó además a otros activos. El oro caía 5,98%, hasta 4.223,25 dólares por onza, en lo que podía convertirse en su novena baja consecutiva, mientras la plata retrocedía 9,24%, hasta 61,66 dólares por onza, en su quinta jornada en negativo. En paralelo, el dólar volvía a fortalecerse. La combinación es consistente con una reasignación de refugio financiero: si el mercado percibe una reducción parcial del riesgo energético inmediato, la demanda por metales preciosos cede y la moneda estadounidense recupera centralidad. Sin embargo, esa dinámica no equivale a normalización. Más bien refleja un reacomodamiento ante una tregua de alcance todavía incierto.

La infraestructura energética se volvió el centro real de la guerra

El conflicto dejó de girar únicamente sobre capacidades militares o disuasión regional. La infraestructura energética se convirtió en blanco, amenaza y moneda de negociación al mismo tiempo. Por eso el anuncio de Trump tuvo semejante efecto. No habló de pausar ataques generales, sino de congelar por cinco días los golpes sobre centrales eléctricas e infraestructura energética iraníes. Ese recorte de objetivos no es técnico: busca bajar la tensión justamente en el punto que puede desatar un desorden mayor en los mercados y en la seguridad regional.

La presión sobre Ormuz sigue siendo el otro componente crítico. Según lo informado, Keir Starmer abordó con Trump la necesidad de reabrir el estrecho al transporte marítimo y ambos coincidieron en que esa reapertura resulta esencial para la estabilidad del mercado energético mundial. El alineamiento entre Washington y Londres refuerza la idea de que el problema ya no se limita a la confrontación con Irán, sino a la contención de una crisis que amenaza la cadena global de suministro.

En paralelo, la escalada continuó en otros frentes. El CENTCOM anunció el ataque a una planta iraní de producción de motores utilizados en drones y aeronaves de la Guardia Revolucionaria, ubicada en la provincia de Qom. A la vez, Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait y Baréin reportaron nuevos ataques o interceptaciones durante la noche. Es decir, mientras Washington ofrecía una pausa condicionada sobre infraestructura energética, el teatro regional seguía activo. Esa coexistencia de tregua parcial y ofensiva periférica explica por qué el alivio del Brent no puede leerse todavía como una señal de estabilización profunda.

La señal política de Trump: contener el costo energético sin ceder la iniciativa

La decisión del presidente estadounidense también tiene una lectura de poder. Al ordenar una pausa de cinco días tras haber fijado un ultimátum de 48 horas, Trump intenta mostrar que conserva la iniciativa sobre los tiempos del conflicto. Primero elevó la amenaza. Luego abrió una compuerta de negociación. Ese mecanismo le permite ubicarse como actor que puede escalar o desescalar según la respuesta iraní y según el efecto buscado sobre los mercados.

Hay además una dimensión doméstica e internacional difícil de ignorar. En una guerra donde el precio del petróleo se volvió una variable política de primer orden, cualquier salto del crudo por encima de ciertos umbrales impacta sobre inflación, costos logísticos, expectativas de crecimiento y tensión social en múltiples países. La caída del Brent ofrece a Washington una ventaja táctica: al menos por unas horas, reduce la presión sobre el frente energético sin renunciar formalmente a la coerción militar.

Pero esa ventaja es frágil. La Agencia Internacional de la Energía, a través de Fatih Birol, advirtió que la situación es “muy grave” y que supera a las crisis energéticas de la década de 1970, en un escenario atravesado por el bloqueo de Ormuz y los ataques a centrales energéticas en Oriente Medio. La afirmación subraya que, más allá del desplome intradiario del Brent, la estructura de riesgo sigue intacta. Una conversación productiva no borra semanas de guerra ni neutraliza la capacidad de daño de los actores involucrados.

Irán mantiene la presión y busca negociar sin aparecer replegado

Del lado iraní, la estrategia parece orientarse a no quedar atrapado en una capitulación pública. La Guardia Revolucionaria rechazó la idea de que Teherán planee atacar centrales de la región, pero explicitó que responderá “de la misma manera” si Estados Unidos golpea instalaciones iraníes. Al mismo tiempo, se informó que Irán amenazó con minar “todo el golfo Pérsico” si sus islas son atacadas por Washington. La lógica es clara: abrir un margen de negociación sin renunciar a la capacidad de disuasión.

Ese punto importa porque condiciona cualquier escenario de alto el fuego. Una pausa negociada requiere algún tipo de reciprocidad verificable, pero también necesita que las partes no aparezcan debilitadas ante sus propias audiencias y aliados. Por eso el mensaje de Trump evita presentar el proceso como acuerdo cerrado, y por eso Irán mantiene un discurso de respuesta asegurada ante nuevos ataques. Ambos gobiernos están negociando, pero al mismo tiempo están cuidando la imagen de firmeza.

Repercusiones sobre energía, alianzas y gobernabilidad internacional

En términos de correlación de fuerzas, el freno temporal de los ataques fortalece en lo inmediato a los actores que venían reclamando contener el frente energético y asegurar la navegación. También otorga margen a los aliados que dependen del crudo de la región y necesitaban una señal de descompresión. La caída del Brent, por sí sola, ya funciona como un alivio político para esos gobiernos.

Sin embargo, la tregua deja bajo presión a todos los involucrados. Washington queda obligado a mostrar resultados de las conversaciones si quiere sostener el efecto estabilizador del anuncio. Teherán debe administrar la negociación sin que se interprete como retroceso forzado. Y los aliados regionales de ambos bloques seguirán midiendo hasta qué punto la pausa es real o simplemente un compás previo a una ofensiva más focalizada.

También habrá que observar el comportamiento del mercado en las próximas ruedas. Un rebote fuerte del crudo indicaría que el alivio fue leído como meramente táctico. Una consolidación por debajo de los 100 dólares sugeriría que los operadores empiezan a asignar mayor probabilidad a una contención del conflicto sobre la infraestructura energética. En cualquiera de los dos casos, el precio del petróleo seguirá funcionando como indicador político, no solo económico.

Un respiro de mercado, no una paz cerrada

La secuencia de este lunes dejó una imagen potente: una sola decisión presidencial alcanzó para derrumbar el Brent un 13% y alterar el mapa de activos globales. Pero también dejó en claro que la crisis sigue lejos de resolverse. Hubo conversaciones, sí. Hubo una pausa de cinco días, también. Pero el conflicto conserva todos sus puntos de combustión: Ormuz, la infraestructura energética, la capacidad de represalia iraní, la presión de los aliados y la persistencia de operaciones militares en la región.

La próxima semana será decisiva no tanto por lo que ya se dijo, sino por lo que efectivamente ocurra. Si las reuniones avanzan, el mercado podría consolidar la corrección y la diplomacia ganar espacio. Si fracasan, la pausa de cinco días puede quedar como un paréntesis breve antes de una nueva escalada sobre objetivos energéticos, con consecuencias mucho más amplias que las de una simple suba del barril.

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