GEOPOLITICA

Milei, Trump, Davos y las advertencias que vienen de Auschwitz

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El ingreso de Javier Milei al llamado “Consejo de la Paz” impulsado por Donald Trump no es un gesto aislado ni meramente simbólico: confirma una arquitectura de alineamientos internacionales en la que convergen la alt-right estadounidense, los libertarios europeos, el sionismo ultra, los think tanks antiestatales y la nueva derecha financiera global. Ese campo comparte —más que una doctrina coherente— una pulsión: la demolición de la institucionalidad democrática, el vaciamiento del Estado en favor de corporaciones y fondos, la guerra cultural permanente y un desprecio reaccionario por los consensos internacionales nacidos de la posguerra.

La escena de Milei en Davos fue la puesta en público de esa apuesta: una arenga contra “el colectivismo”, un elogio casi religioso del mercado y una negación explícita de los dispositivos que sostuvieron durante décadas el pacto democrático occidental: derechos, regulación, seguridad social, ciencia, educación pública. La paradoja mayor: que el discurso anti-Estado se pronunciara en el foro donde los estados y las corporaciones negocian, justamente, los términos concretos de la gobernanza global.

En la misma semana en que se invocan estas novedades de la geopolítica reaccionaria, el 27 de enero vuelve a traer a la memoria la liberación de Auschwitz. No como efeméride distante, sino como recordatorio de que la crisis económica, la humillación social, el nacionalismo identitario y la desdemocratización pueden cristalizar —y cristalizaron históricamente— en formas de violencia masiva, exterminio y disciplinamiento extremo. Fue el Ejército Rojo quien abrió las puertas del campo: no lo hizo el mercado, no lo hizo la “mano invisible”, lo hicieron soldados que arrastraban sobre sus espaldas el costo material y humano de frenar al nazismo en Stalingrado y Kursk. La victoria antifascista fue estatal, militar y política; nunca un fenómeno “libertario”.

Hoy, el negacionismo mutó. En lugar de negar el gas Zyklon B, niega la historia, niega el Estado como garante de derechos, niega la desigualdad como tema político, niega el propio concepto de humanidad compartida. Se presenta como “libertad”. En realidad, vuelve a instalar la idea del “descartable”, la noción de que algunos merecen derechos y otros apenas sobrevivencia, que hay quienes pueden vivir sin Estado porque cuentan con capital, contactos o apellido. En su versión más extrema, esa lógica termina justificando guerras punitivas, muros, deportaciones, encarcelamientos masivos y la privatización del mundo.

Milei no llega solo a esos espacios. Llega en nombre de un proyecto que en Argentina se traduce en empobrecimiento súbito, pérdida salarial, desregulación del trabajo, privatización simbólica del sentido común y represión a las resistencias sociales. Nada de eso es neutro, y nada es inconexo con Trump, con Netanyahu, con Meloni, con Vox y con el ecosistema de laboratorios ideológicos que hace rato experimenta con democracias degradadas y sociedades fragmentadas.

Recordar Auschwitz el 27 de enero no es un ejercicio museístico. Es mirar el presente con la conciencia de que los fascismos no vuelven idénticos, pero vuelven cuando se combinan crisis económicas, resentimiento social y discursos que reducen la vida a mercancía. Y que vuelven cuando el mundo mira para otro lado mientras se desarman los pocos diques que impiden que la barbarie se convierta en política de Estado.

La historia también enseña otra cosa: los fascismos no se derrotan con silencios ni con tecnicismos. Se derrotan con organización, con claridad política y con la negativa a naturalizar la desigualdad como destino. En los años 30, el fascismo avanzó mientras las democracias discutían modales; cuando finalmente entendieron de qué se trataba, ya había cámaras de gas y millones de muertos.

Recordar Auschwitz es advertir que la barbarie no aparece de un día para el otro: se ensaya, se legitima, se vota, se aplaude y se financia. Y que cuando llega, llega con leyes, con jueces, con mercado y con propaganda. Milei, Trump y esa constelación reaccionaria global no hablan de “paz”: hablan de disciplinar al débil, desmantelar al Estado y dejar que el mercado decida quién vive bien, quién sobrevive y quién sobra.

Contra eso no alcanza la retórica ni la nostalgia democrática: hace falta voluntad para confrontar. Porque si algo enseñó Auschwitz es que la humanidad puede caer muy bajo cuando se la deja sola frente a la ley del más fuerte. Y que la única paz digna es la que garantiza derechos, igualdad y memoria. Todo lo demás es la previa al desastre.

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Trump escala el conflicto por Groenlandia y anuncia aranceles a ocho países europeos

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la imposición de nuevos aranceles comerciales a Dinamarca, Francia y otros seis países europeos, en una decisión que profundiza la tensión diplomática entre Washington y la Unión Europea y que está directamente vinculada a la oposición de esos países a su plan para que EE.UU. se haga con Groenlandia. La medida, comunicada este sábado a través de la red social Truth Social, combina presión comercial, retórica de seguridad internacional y un abierto cuestionamiento a la soberanía territorial europea.

Según el anuncio presidencial, Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia comenzarán a pagar a partir del 1 de febrero un arancel del 10% sobre todos los productos enviados a Estados Unidos, porcentaje que se elevará al 25% desde el 1 de junio. Trump afirmó que los aranceles se mantendrán vigentes hasta que Estados Unidos alcance un acuerdo para la compra total de Groenlandia.

Aranceles como herramienta de presión política y geoestratégica

En su mensaje, Trump sostuvo que “después de siglos, es hora de que Dinamarca nos retribuya”, y justificó su postura al afirmar que “¡la paz mundial está en juego! China quiere Groenlandia, y Dinamarca no puede hacer nada al respecto”. En ese marco, minimizó la capacidad defensiva de la isla al asegurar que “solo está protegida por dos trineos tirados por perros”.

El mandatario también acusó a los países europeos afectados por los nuevos aranceles de haber viajado a Groenlandia “con fines desconocidos” y de estar jugando un “juego muy peligroso”, en alusión al envío esta semana de un pequeño contingente de tropas de varias de esas naciones europeas a la isla ártica, en lo que describió como una misión de reconocimiento.

Trump reclamó la adopción de “medidas enérgicas” para que esta “situación potencialmente peligrosa termine rápidamente y sin lugar a dudas”, reforzando la idea de que Estados Unidos considera estratégico el control de Groenlandia por razones de seguridad nacional.

La decisión se conoció pocas horas después de que miles de personas salieran a las calles en Groenlandia y Dinamarca para protestar contra las amenazas de anexión. De acuerdo con las últimas encuestas citadas, el 85% de los habitantes de la isla rechaza la posibilidad de quedar bajo control de Washington.

Reacciones europeas y advertencias institucionales

El anuncio generó una reacción inmediata de líderes europeos. El presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que Francia mantiene su compromiso con la soberanía y la independencia de las naciones, expresó su apoyo a Groenlandia y Dinamarca, y calificó las amenazas arancelarias como “inaceptables”.

“Ninguna intimidación ni amenaza nos influirá”, escribió en un mensaje en X, y advirtió que “los europeos responderán de forma unida y coordinada si se confirman”, subrayando que se garantizará “el respeto de la soberanía europea”.

Desde Dinamarca, la líder de los Demócratas daneses, Inger Stoejberg, sostuvo que el país no debe ceder ante métodos intimidatorios, mientras que el diputado Pelle Dragsted afirmó que las amenazas deben afrontarse con “solidaridad y resistencia europeas” y exclamó: “¡Ya basta!”.

El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, confirmó que está “coordinando una respuesta conjunta” y señaló en rueda de prensa que “la Unión Europea siempre se mantendrá firme en la defensa del derecho internacional”, comenzando por el territorio de los Estados miembros.

En el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer calificó la decisión de Trump de imponer aranceles a aliados de EE.UU. como “completamente errónea” y reiteró que Groenlandia “forma parte del Reino de Dinamarca” y que su futuro corresponde a los groenlandeses y a los daneses. En la misma línea, el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, aseguró que su país no se dejará chantajear y remarcó que “solo Dinamarca y Groenlandia deciden sobre asuntos que les conciernen”.

Las protestas también se replicaron en Copenhague, donde se realizaron manifestaciones contra los planes del presidente estadounidense.

Comercio, seguridad y un conflicto que escala

No está claro cómo se instrumentarán los nuevos aranceles, dado que gran parte de las relaciones comerciales de los países europeos están gestionadas por la Unión Europea. En julio pasado, Estados Unidos y la UE habían reducido los aranceles estadounidenses del 25% al 15%, tras negociaciones en las que los países europeos se comprometieron a invertir miles de millones de dólares en los sectores industrial y de defensa de EE.UU.

En paralelo a las tensiones comerciales, el conflicto tiene una fuerte dimensión estratégica. Groenlandia, pese a estar escasamente poblada, es rica en recursos naturales y su ubicación entre Norteamérica y el Ártico la convierte en un punto clave para los sistemas de alerta temprana ante ataques con misiles y para la vigilancia marítima en la región.

Estados Unidos cuenta actualmente con más de 100 militares estacionados de forma permanente en la base de Pituffik, una estación de monitoreo de misiles operada por EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial. En virtud de los acuerdos vigentes con Dinamarca, Washington tiene facultades para desplegar tropas adicionales en la isla.

Trump ha reiterado que Estados Unidos obtendrá Groenlandia “por las buenas o por las malas”, afirmación que Dinamarca advirtió podría significar el fin de la OTAN, alianza que se basa en la defensa colectiva y que nunca se enfrentó a la hipótesis de que un miembro use la fuerza contra otro.

Un conflicto abierto con impacto político y económico

Además de Europa, dentro de Estados Unidos también surgieron voces críticas. Una delegación bipartidista del Congreso visitó Groenlandia para manifestar su apoyo al territorio. El grupo, integrado por 11 legisladores, se reunió con parlamentarios locales, con la primera ministra danesa Mette Frederiksen y con el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen.

El senador demócrata Chris Coons, líder de la delegación, afirmó que el objetivo del viaje fue escuchar a los habitantes y llevar sus opiniones a Washington “para bajar la temperatura”. Legisladores republicanos moderados también expresaron preocupación por las intenciones presidenciales.

Mientras tanto, el enviado de Trump para Groenlandia, Jeff Landry, sostuvo que el presidente “habla en serio” y afirmó que existe la posibilidad de alcanzar un acuerdo, señalando que Trump ya dejó en claro sus objetivos y que ahora el secretario de Estado Marco Rubio y el vicepresidente J.D. Vance deberán avanzar en las negociaciones.

En este contexto, la imposición de aranceles aparece como una herramienta de presión económica en una disputa que excede lo comercial y que involucra soberanía, seguridad internacional y el equilibrio de alianzas transatlánticas. La escalada abre un escenario de alta incertidumbre política y económica, con potenciales repercusiones sobre el comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea y sobre la estabilidad del sistema de alianzas occidentales.

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Con precios en mínimos, la OPEP+ extiende el freno a la producción hasta marzo

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En un escenario global atravesado por conflictos políticos, caída de precios y señales de desaceleración económica, la OPEP+ resolvió mantener sin cambios los niveles de producción de petróleo al menos hasta fines de marzo, una decisión que busca contener la volatilidad del mercado energético y evitar un agravamiento del exceso de oferta. La definición se adoptó este fin de semana durante una breve videoconferencia celebrada el 4 de enero y ratifica una estrategia de cautela frente a un contexto internacional cada vez más incierto.

El cartel, que reúne a la Organización de Países Exportadores de Petróleo y a sus aliados, sostiene así el esquema acordado en noviembre, cuando decidió pausar los aumentos de oferta que se venían aplicando desde abril de 2025. La extensión de esa pausa hasta los primeros tres meses de 2026 refuerza el mensaje de estabilidad en un mercado golpeado por la mayor caída anual de precios desde la pandemia.

Precios en retroceso y temor a un superávit récord

La reunión contó con la participación de ocho productores clave: Arabia Saudita, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Kazajstán, Kuwait, Irak, Argelia y Omán. En conjunto, estos países representan cerca de la mitad de la producción mundial de petróleo, por lo que cualquier ajuste en sus cuotas tiene impacto directo sobre el equilibrio global de oferta y demanda.

El contexto que rodea la decisión es particularmente adverso. Durante 2025, el precio del crudo acumuló una caída superior al 18%, la mayor en un solo año desde la crisis del COVID-19. Al inicio de esta semana, los futuros del Brent cotizaban en torno a los 60,52 dólares por barril, con una baja diaria del 0,4%, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) operaba en 57,11 dólares, también con un retroceso del 0,4%.

Según analistas y agencias internacionales, el mercado enfrenta una combinación de factores negativos: amplios stocks a nivel mundial, crecimiento sostenido de la producción fuera de la OPEP+ y una demanda que muestra signos de moderación, especialmente en grandes consumidores como China. En ese marco, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) proyecta un posible superávit récord de petróleo en 2026 si se mantiene la actual dinámica de expansión de la oferta.

Venezuela, sanciones y un impacto acotado en los precios

Aunque la situación de Venezuela no fue abordada formalmente durante la videoconferencia, los acontecimientos recientes en ese país se mantienen como un factor de presión latente sobre el mercado. Venezuela, miembro de la OPEP, atraviesa una compleja coyuntura tras la captura de su presidente, Nicolás Maduro, por fuerzas estadounidenses durante el fin de semana, y la posterior confirmación de que el embargo estadounidense sobre todo el petróleo venezolano sigue plenamente vigente.

El país sudamericano posee cerca del 17% de las reservas mundiales de petróleo, equivalentes a 303.000 millones de barriles, según el Instituto de Energía de Londres, por delante incluso de Arabia Saudita. Sin embargo, su producción actual dista mucho de ese potencial. De haber alcanzado picos de 3,5 millones de barriles diarios en la década de 1970 —más del 7% de la producción mundial—, cayó por debajo de los 2 millones en la década de 2010 y promedió unos 1,1 millones el año pasado. Actualmente, produce alrededor de 800.000 barriles diarios.

Analistas consultados por Reuters señalaron que, incluso si se produjera una interrupción temporal de las exportaciones venezolanas, el impacto inmediato sobre los precios sería limitado. Más del 80% del crudo venezolano se destina a China, que cuenta con amplias reservas estratégicas. “Incluso aunque las exportaciones venezolanas se interrumpan de forma temporal, más del 80% se destinan a China, que ha acumulado amplias reservas”, explicó Kazuhiko Fuji, consultor del Instituto de Investigación de Economía, Comercio e Industria de Japón.

En un mercado global con abundante oferta, los inversores continúan evaluando el escenario venezolano, aunque los valores de referencia se mantienen volátiles más por expectativas que por efectos concretos sobre los flujos de suministro.

Producción futura y presión estructural sobre el mercado

Las proyecciones a mediano y largo plazo refuerzan la cautela de la OPEP+. Un informe de JP Morgan, elaborado por la analista Natasha Kaneva, estimó que, bajo un escenario de transición política, Venezuela podría elevar su producción a entre 1,3 y 1,4 millones de barriles diarios en un plazo de dos años y alcanzar hasta 2,5 millones en la próxima década.

Sin embargo, los analistas de Goldman Sachs advirtieron que cualquier recuperación de la producción venezolana sería gradual y demandaría inversiones significativas. En una nota fechada el 4 de enero, el equipo liderado por Daan Struyven estimó que, si Venezuela lograra aumentar su producción hasta los 2 millones de barriles diarios, los precios del petróleo podrían caer unos 4 dólares por barril hacia 2030.

A corto plazo, Goldman sostuvo que las perspectivas dependen en gran medida de la evolución de la política de sanciones de Estados Unidos. “Vemos riesgos ambiguos, pero modestos, para los precios del petróleo a corto plazo procedentes de Venezuela”, indicaron. Para 2026, la entidad mantuvo sin cambios sus previsiones: un precio promedio del Brent de 56 dólares por barril y del WTI de 52 dólares, con una producción venezolana estable en torno a los 900.000 barriles diarios.

En este contexto, la decisión de la OPEP+ de sostener la producción por al menos tres meses más aparece como una señal de prudencia frente a un mercado frágil, atravesado por tensiones geopolíticas, cambios estructurales en la demanda y una creciente competencia de productores no miembros como Estados Unidos, Brasil, Canadá y Guyana. La próxima reunión del grupo, prevista para el 1 de febrero, será clave para evaluar si esta estrategia de contención se mantiene o si el cartel opta por ajustar sus cuotas ante un escenario que sigue siendo altamente volátil.

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Venezuela, la presea de Trump

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Cuantas obsesiones geopolíticas podrá tolerar el presidente de Estados Unidos mientras siga con su cargo. No es solo Ucrania o Medio Oriente. Tal y como si se tratase de la propia era de la Guerra Fría, América Latina como patio trasero del Tio Sam parece ser la dinámica a aplicar por parte de Donald Trump. Venezuela es el país apuntado, con una invasión inminente, al menos en el plano de las amenazas.

¿Petróleo o democracia?

Hace tiempo que Trump viene ejecutando críticas fuertes hacia el gobierno de Nicolas Maduro. Si bien, no hace falta ser un experto de nutrida experiencia en la materia de geopolítica o política exterior para darse cuenta que el actual mandato en Venezuela es una situación completamente acabada. El gobierno de Maduro demostró una absoluta ineptitud en casi todos los órdenes de manejo de un país, provocando una galopante crisis humanitaria que da como resultado desde las penas familiares de no poder abastecer las necesidades básicas hasta las corrientes migratorias que buscan asilarse en otros países para intentar tener un mejor pasar económico.

Dado este pequeño panorama que habla a las claras que quien escribe no es un adepto ni remotamente cercana a las ideas políticas y económicas de Maduro, es menester también decir que el papel de Estados Unidos con una constante presión de intromisión territorial es la gran “red flag” geopolítica que necesita la región.

Es notoria que es una maniobra de las tantas que ya realizó Estados Unidos en su historia reciente. Así como se apropió del petróleo y de las redes de producción petrolera de Medio Oriente a fuerza pura de intervenciones bélicas con operativos de bandera falsa de por medio. Es cierto que en gran parte de esas regiones, las crisis políticas internas habilitaban a una situación de fragilidad digna de aprovechar por parte del ave de rapiña que es EEUU en su política exterior. La apropiación del petróleo es una dinámica real y absolutamente comprobable, además de la dispersión de fuerzas de contrapeso para Israel como su gran aliado occidental en las cercanías de la medialuna de las tierras fértiles.

El petróleo venezolano es una gran oportunidad para el Tío Sam. De hecho, el país liderado por Maduro tiene la mayor cantidad de reservas del mundo, con un total de más de 300 mil millones de barriles, concentrados principalmente en la Faja Petrolífera del Orinoco. Esta última situación lo pone en un marco de desafíos técnicos y económicos para su extracción y procesamiento. Las reservas venezolanas superan a las de Irán y Arabia Saudita.

Ciertamente hay que ser claros: a Estados Unidos no le importa Venezuela, le importa su petróleo. Hay un aprovechamiento absoluto de la situación de una nación destruida por la pésima gestión de Maduro. No importa el narcotráfico ni tampoco llevar democracia. Las cosas como son, y para EEUU siempre fue así.

El peligro en casa

Como argentinos no debería importarnos en absoluto algún tipo de problema interno de un país si es que no tiene consecuencias que puedan afectar los intereses nacionales, y este parece ser el caso.

Más allá de la evidente cercanía ideológica y diplomática de Milei con Trump, hay una lectura más profunda en términos continentales.

El ingreso de tropas o de fuerzas de influencia de Estados Unidos en Venezuela va a romper el pacto tácito de paz entre Estados del cual goza Sudamérica. Prácticamente todas las zonas del mundo están ataviadas de conflictos armados de índole internacional, sea por cuestiones económicas o religiosas. Sudamérica si es cierto que tiene, dependiendo de la zona, complicaciones más elevadas con el narcotráfico pero no terminan en guerras entre Estados. El avance de Trump en Venezuela puede suponer el fin de esa paz.

Los intereses argentinos se ven tocados en cuanto a que además se permite el uso de la fuerza a fuego limpio en la región, lo que provocaría, lógicamente, efectos de resistencia más violentos. Si hace falta una oposición en las urnas en un contexto de paz, en un contextos de intervenciones y militarización trae la contrarespuesta de grupos armados, poniendo en jaque la paz social.

Asimismo, habilitar a la toma de decisiones internas de países sudamericanos por Estados Unidos blanquea una situación ocurrida desde la Doctrina de Seguridad Nacional, aunque supone, además, una imposición de la fuerza que pueda repercutir más allá del continente. ¿Cómo reaccionará Rusia o China ante un ataque de EEUU?

Rusia está atado de pies y manos. La guerra en Ucrania y la ayuda estadounidense puede ser efectiva para mejorar las condiciones con Moscú, por ende es difícil que entre en conflicto. En cambio, con China es más directo el tema. Si bien no es una mega potencia petrolera, el gigante asiático en esta suerte de carrera económica tecnológica con Estados Unidos, hace que ambos magnates políticos internacionales se hagan de todos los recursos posibles para mantener su maquinaria productiva en pie y competitiva.

Lo curioso es que el futuro de Venezuela es incierto. El tiempo de Maduro parece acabado y el país prácticamente en ruinas. ¿Habrá una suerte de “Plan Marshall” para Venezuela? ¿Volverán los venezolanos de las diásporas a luchar por su país? Ciertamente, para Venezuela, todo es incierto.

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De implícitos adherentes a cómplices de la destrucción y el saqueo de la Patria

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No es ningún secreto, que la abrumadora mayoría de los uniformados, apoya -con entusiasmo y fervor dignos de mejor causa-, al actual gobierno libertario y a sus cómplices varios. Ese apoyo es implícito, si bien en los muchos comentarios en las redes, es muy explícito. Tanto como carente de toda lógica.

Esa postura, alineada irracionalmente con liberales, neoliberales y libertarios (ideologías claramente opuestas a toda Doctrina Nacional) no deja de ser un grosero oxímoron, un contrasentido que muestra en forma contundente el desconocimiento en grado muy profundo, de los uniformados argentinos, en temas esenciales de Economía, Historia y Geopolítica, pues se dicen e incluso declaman a viva voz el supuesto patriotismo, mientras en los hechos, demostrando ignorancia total y cerrazón mental en grados superlativos, apoyan a gobiernos y sectores políticos que por definición y con contundentes evidencias históricas y actuales, desprecian la soberanía nacional.

Es una elementalidad geopolítica, entender que la soberanía concreta y efectiva, se basa en poderosos pilares industriales y tecnológicos, así como en el buen nivel económico, cultural -con basamentos académicos- y sanitario de nuestra población.

Como valor esencial de soberanía, se debe tener una postura geopolítica digna y soberana, en las antípodas de “alineamiento” vergonzosamente subordinado a las imposiciones del “patrón del barrio”, que nos considera parte dócil de su patio trasero; y a los intereses siempre usurarios y extorsivos, del gran sector financiero transnacional, que claramente busca estancarnos en el subdesarrollo crónico

Todos esos valores esenciales, los desprecian y atacan, los personeros del liberalismo decimonónico, y sus continuadores ideológicos, neoliberales y libertarios; que son y actúan como claros y muy evidentes operadores de la antipatria, la cual desprecia abiertamente la soberanía, y con ello se mofan, de hecho, de la importancia estratégica de poseer y desarrollar poderosos y muy sólidos sectores tecnológicos e industriales en la economía nacional.

Es muy claro que la ideología liberal (fuertemente dogmática antinacional, salpimentada con mero patrioterismo declamativo), opera en los hechos en lo que bien cabe definir como “el partido militar liberal”, continuador confeso de los golpes de Estado de 1930, 1955, 1962 y 1976, el cual por una mezcla de severas distorsiones conceptuales, ignorancias muy profundas, y un severo y persistente proceso de colonización mental en grado superlativo, es lo que impera en forma casi excluyente entre los uniformados

Más allá de los claros apoyos implícitos del “partido militar liberal”, a las destrucciones generalizadas que perpetra -y sigue haciendo- el libertarismo; el reciente nombramiento de un General en actividad -seguramente de ideología liberal y/o “procesera”- significaría un claro alineamiento institucional de las FFAA (y por derivación de las FFSS), a las destructivas acciones del gobierno libertario, las que -cabe reiterar lo fundamentado en artículos precedentes-, tienen dos claros objetivos: 

1) de mínima, llevarnos a la economía totalmente primarizada como lo éramos a fines del siglo XIX, con una estructura político social anacrónicamente feudal; 

2) de máxima, empujarnos a la disolución nacional, acorde a los mandatos del poder financiero transnacional y sus aliadas, las Potencias Atlantistas.

En ese preocupante y evidente contexto general, las FFAA y FFSS, con todo su poder represivo con potencial de usarse contra el pueblo (como ya lo hacen con alevosía contra manifestantes populares, como jubilados, nuevos desempleados, docentes, personal de la salud, y otros); implicaría que en los hechos pasen a operar institucionalmente como tropas de ocupación al servicio extranjero (y de sus mandantes locales).

Cabe no obstante señalar que ese desquicio acentuado y extravío doctrinario que padece y evidencia el grueso de los uniformados, en buena parte es también responsabilidad de ciertos sectores de las “progresías”, los que parecen predicar y practicar un visceral rechazo a los uniformados en general.

Eso es un craso error, que evidencia los escasos conocimientos en Historia Argentina, de esos por lo general fervorosos, pero poco fundamentados militantes políticos, identificados a su modo con el Pensamiento Nacional (definición jauretcheana), pero que en los hechos terminan siendo funcionales a la antipatria.

Como claros ejemplos de Señores Militares que por sus dichos y acciones se identificaron con el Ideario Nacional, cabe citar a varios muy relevantes, sin por ello agotar el listado, expuesto seguidamente.

En los albores de la Patria: San Martín; Belgrano; Güemes; Rosas (entre muchos otros); después: General Pablo Riccheri; Generales Ingenieros Enrique Mosconi y Alonso E. Baldrich; General Manuel Savio; General tres veces Presidente Juan D. Perón; Tte. (FAA) Ernesto “Muñeco” Adradas; Brigadier Juan I. San Martín; General Hernán Pujato; Cap. De Navío Ing. Nuclear Carlos Castro Madero; Mayor (Tte. Cnel. P.M.) Bernardo Alberte.

Mención respetuosa al Coronel Jorge Luis Rodríguez Zía, y al General Juan Enrique Guglialmelli, notables patriotas que fueron mis maestros en Geopolítica.

Algunos se podrán quejar por citar a Castro Madero, al que involucran (y otros excluyen), en desapariciones entre el personal de la CNEA; pero a él cabe el mérito de haberse opuesto al accionar destructivo del Sector Nuclear, que pretendió perpetrar Martínez De Hoz.

Al fallecer Guglialmelli, el historiador José María Rosa escribió valientemente (en pleno vengativo “proceso”, período marioneta de los neoliberales): “ha muerto el último General de la Patria, ahora solo quedan generales de empresas”. Seguramente hoy diría “solo parecen quedar patrioteros de bandera” … con las honrosas excepciones, que siempre hay.

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