Liz TRUSS, Prime Minister of the United Kingdom arrives to attend in a Meeting of the European Political Community in Prague, Czechia on October 7, 2022 — Foto de Ale_Mi

Liz TRUSS, Prime Minister of the United Kingdom arrives to attend in a Meeting of the European Political Community in Prague, Czechia on October 7, 2022.

¡Goodbye, Liz!

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Nuevo capítulo en la política británica: Liz Truss anunció su dimisión. La conservadora, llamada a ser la nueva Dama de Hierro, llegó con todos los pergaminos para ser una férrea conductora de Reino Unido, un país sumido en una profunda crisis económica e institucional. Sin embargo, la dinámica cambiante y compleja de la actualidad le valió el mandato de premier más corto de la historia de su país. 

El último en Downing Street, que apague la luz 

Truss no soportó la presión de una creciente incertidumbre en el rumbo político de Gran Bretaña. Paradójicamente, este país se ha consolidado, con el correr de los siglos, como una de las potencias indiscutibles del mundo. Con vaivenes, los británicos siempre estuvieron en la cúpula de decisiones en el mundo, pero los últimos años fueron suficientes para empujarlos a una situación de desestabilización y vacilación. La nueva víctima de esta situación fue Liz Truss, la doncella de hierro que no fue

La saliente premier británica asumió siendo una sombra de la mismísima Margaret Thatcher. Firmeza en las decisiones políticas, una avispada defensora del monetarismo estatal o neoliberalismo y con una ruda postura en términos de política exterior. Todo indica que se venía una etapa de sobriedad política, luego de los desmanes causados Boris Johnson y su salida como consecuencia del escándalo mediático del “Party Gate”. Más allá de eso, todos los papeles se quemaron en la práctica, y el contexto explica gran parte del resultado final

Gran Bretaña está pasando por la inflación más alta en los últimos 40 años, motivada, en gran parte, por las esquirlas de crisis económica de la guerra en Ucrania, pero con orígenes que pueden encontrarse en su salida de la Unión Europea vía Brexit. 

Este aumento de precios en los productos y servicios generó un cambio rotundo e inmediato en el humor social. Al día de hoy, los europeos también se preocupan por llegar a fin de mes. 

La cuestión económica desembocó en una serie de situaciones de descontento social generalizado, plasmadas en huelgas generales de distintos rubros, impulsadas inicialmente por el sector ferroviario. A ello hay que sumarle una galopante sensación de anti-política, no solamente en Gran Bretaña, sino en gran parte del mundo.

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Truss sabía de antemano que iba a danzar con los lobos, y no supo cómo hacer frente a la jauría. Sin ir más lejos, la gota que rebalsó el vaso fue la no aprobación del presupuesto nacional 2023, y una evidente disconformidad con su ministro de Finanzas. Fueron una serie de reformas en el marco de la política económica que no pudieron tener tratamiento, las que sirvieron de caldo de cultivo de esta dimisión de un mandato que solo duró 45 días. 

Lo económico es político y esto lo saben los tories. El Partido Conservador sabe que tiene que levantar una imagen pública destrozada para poder mantenerse en el poder. Ante esta disyuntiva, los nombres comienzan a aparecer, algunos esperanzan, otros preocupan. 

¿Vuelve Boris? 

Aunque parezca un disparate, uno de los apuntados para agarrar el acero británico caliente del gobierno es el mismísimo Boris Johnson, el mismo que dimitió hace unos meses para que asuma Liz Truss. Esta decisión pasará completamente por el seno del Partido Conservador de Reino Unido, aunque hay muchos indicios de que sería el favorito para tomar, nuevamente, el cargo de primer ministro de este país. Sin embargo, ¿por qué Boris Johnson es el apuntado? Este complejo interrogante se lo plantea la ciudadanía británica en este preciso momento. Una respuesta rápida es que Boris deberá hundirse con el barco que él mismo capitaneo desde el puerto

Asimismo, esto cobra relevancia en términos de política exterior y de cohesión con sus aliados estratégicos. Por otro lado, también es un tema de consideración el Brexit, la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea por la que el mismo Boris Johnson abogó en su discurso y práctica política. 

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Son una serie de cuestiones las que buscan explicar el nombre del ex mandatario que vuelve a aparecer. Sin embargo, él mismo tuvo que dimitir por el escándalo de las fiestas privadas en plena cuarentena dura, junto a otros funcionarios oficialistas. Esto lleva a otra hipótesis: Johnson dimitió por presión social y no por deslegitimación política

En ese sentido, pareciera ser que los parlamentarios conservadores simplemente le dieron la espalda a Boris Johnson por el efecto de la presión de las redes sociales y los medios, casi como un rebote de la cultura de la cancelación, y no por verdaderas convicciones políticas. Esto es, moral y éticamente, mucho más preocupante que cualquier figura del orden público.

Johnson es el nombre más fuerte, sin embargo, aparecen otros personajes del rubro político británico que se encuentran en carrera. Rishi Sunak, un viejo conocido del conservadurismo y quien ya sonó previamente como posible premier, vuelve a tener preponderancia en el seno de las decisiones de los tories. 

Por otro lado, hay otra mujer como candidata para tomar las riendas del Reino Unido: Penny Mordaunt

El Partido Conservador deberá decidir rápido, mientras se encuentran debatiendo, la Libra Esterlina pierde valor, los productos y servicios suben de precio, y los británicos continúan disgustados con su clase dirigente. 

Asimismo, los laboristas, opositores en Gran Bretaña, han llamado la atención de los medios de comunicación al exigir elecciones generales anticipadas, y así tener la oportunidad de competir por el poder. 

Sin embargo, pareciera ser que las urnas no son el problema, sino la estructura. Reino Unido está pasando por un cisma político, marcado por la pérdida de la legitimación del poder, figuras que no logran cumplir con su rol de funcionarios, y un contexto internacional que, para los países hiper- globalizados, está dando un golpe tras otro. Más allá de eso, los británicos deberán abrocharse el cinturón de seguridad y prepararse para tiempos difíciles. 

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