El Parlamento británico ha dado el paso definitivo para convertirse en la primera gran potencia mundial en implementar una prohibición generacional del tabaco. Tras el acuerdo alcanzado por ambas cámaras, la normativa solo aguarda la sanción real, un trámite formal, para entrar en vigor en 2027.
La ley establece un sistema progresivo sin precedentes: cualquier persona nacida a partir del 1 de enero de 2009 tendrá prohibido comprar tabaco legalmente durante toda su vida. Al aumentar la edad mínima de compra un año cada año, se busca que este grupo demográfico, que hoy tiene 17 años o menos, nunca alcance la edad legal para acceder al producto.
Una generación libre de humo
El ministro de Salud británico, Wes Streeting, celebró la medida asegurando que los niños del país serán “parte de la primera generación libre de humo, protegidos de toda una vida de adicción y daño”.
Más allá de la prohibición de venta, la nueva regulación incluye restricciones severas al consumo y la publicidad:
Espacios protegidos: Queda prohibido fumar en parques infantiles y en las inmediaciones de escuelas y hospitales.
Regulación del vapeo: Se restringe su publicidad, se regulan sabores y envases, y se veta su uso en los mismos lugares donde ya rige la prohibición de fumar tabaco convencional.
Impacto en la salud pública y economía
La urgencia de la medida se sustenta en cifras contundentes. Según datos publicados por The Guardian, el tabaquismo es responsable de unas 64.000 muertes y 400.000 hospitalizaciones anuales en Inglaterra. En términos económicos, el costo para el sistema sanitario se estima en unos 3.750 millones de dólares al año.
Con esta decisión, el Reino Unido se posiciona como el segundo país del mundo en adoptar una prohibición de este tipo, siguiendo los pasos de las Maldivas, que en noviembre de 2025 estableció una veda similar para los nacidos después de 2007. Sin embargo, el caso británico representa el primer despliegue de esta política a gran escala global.
Donald Trump sumó este viernes una nueva presión sobre el tablero internacional: mientras descartó la búsqueda de un alto al fuego con Irán y aseguró que Estados Unidos ya “ha ganado” la guerra, también cargó contra aliados de la OTAN por no aportar de inmediato los recursos necesarios para asegurar el estrecho de Ormuz, una vía estratégica que sigue prácticamente cerrada y que ya impacta sobre los precios globales del petróleo, la gasolina en Estados Unidos y los mercados financieros. El dato no es menor. En medio de una ofensiva militar que la Casa Blanca presenta como decisiva, Trump abrió otro frente de disputa: el del reparto de costos, riesgos y responsabilidades con sus socios. La pregunta ya no pasa sólo por la evolución del conflicto con Irán, sino por si esta escalada consolida el liderazgo de Washington o expone una coalición bajo presión.
El movimiento combina guerra, energía y poder. Por un lado, Trump rechazó la lógica de una tregua. “No buscamos eso”, dijo al minimizar la posibilidad de un alto al fuego. Por otro, reconoció que Estados Unidos necesitará ayuda para una operación que hasta ahora había sugerido poder resolver sin asistencia externa. La reapertura del estrecho de Ormuz dejó así de ser un asunto meramente militar para convertirse en una prueba política sobre la capacidad de Estados Unidos de alinear aliados en una crisis que amenaza con desbordar el plano regional.
Ormuz se vuelve el centro de gravedad del conflicto
El estrecho de Ormuz concentra una parte decisiva de la tensión actual porque articula seguridad, comercio energético y credibilidad estratégica. Trump lo definió como una “maniobra militar simple”, aunque admitió que requiere “mucha ayuda”, con barcos y volumen operativo. Esa frase marcó un giro. Después de semanas de insistir en que Estados Unidos no necesitaba respaldo externo para asegurar la navegación, la Casa Blanca empezó a admitir que la apertura efectiva del paso exige una arquitectura multilateral.
Según fuentes citadas en el texto base, los aliados de Estados Unidos participan en discusiones activas para reunir los recursos necesarios en un esfuerzo “multicapa”. En esa planificación entran inteligencia, vigilancia y reconocimiento aéreo, barrido de minas, escoltas, capacidad antidrón y buques de guerra con misiles interceptores. No aparece todavía un pedido específico a países concretos, pero sí una constatación central: ningún país tiene por sí solo todos los recursos necesarios para garantizar una reapertura segura y sostenida.
Ese punto tiene una lectura política nítida. Trump cuestiona a los aliados por no actuar con rapidez, pero al mismo tiempo la propia operación confirma que Washington no puede ordenar unilateralmente un corredor seguro sin una coordinación amplia. La tensión entre discurso de autosuficiencia y necesidad de cooperación quedó expuesta en tiempo real.
El Reino Unido se mueve, pero la coalición sigue en construcción
Hasta ahora, el primer paso concreto informado llegó desde el Reino Unido, que anunció que permitirá a Estados Unidos utilizar sus bases militares para atacar sitios de misiles iraníes que amenazan a los barcos en el estrecho. Es una señal relevante, aunque todavía insuficiente para resolver el problema central: asegurar un paso libre y estable para la navegación comercial.
El texto deja claro que no existe un disparador automático para la entrada colectiva de los aliados. Las fuentes esperan que esa participación se active en un momento de “alguna cesación” de los combates que permita abrir la vía y proteger la navegación. Ese detalle importa porque introduce una limitación operativa y política. Aunque Trump acelera el tono y exige respuestas, los socios no parecen dispuestos a comprometer recursos plenos en medio del máximo nivel de hostilidad.
Ahí aparece una diferencia de tempos. La Casa Blanca busca exhibir control y capacidad de imponer condiciones. Los aliados, en cambio, miden riesgos, tiempos y costos. Esa brecha no supone una ruptura inmediata, pero sí muestra que la coalición que acompaña a Estados Unidos en Medio Oriente no actúa bajo automatismo político.
Sin alto al fuego y con retórica de victoria
Trump reforzó además la línea más dura de la administración al descartar públicamente un alto al fuego. Dijo que no busca una pausa en una guerra en la que, según su propia descripción, Estados Unidos está “aniquilando” al otro lado. En ese marco, afirmó que Irán ya no tiene marina, fuerza aérea, observadores, antiaéreos ni radar, y remató con otra definición de alto impacto: “Creo que hemos ganado”.
Esa narrativa busca instalar una idea de superioridad irreversible. También intenta justificar que la guerra entre en una fase más amplia sin necesidad de abrir una discusión sobre salida negociada. Sin embargo, el mismo texto muestra una tensión de fondo: si la victoria fuera políticamente consolidada y militarmente cerrada, la obstrucción del estrecho de Ormuz no seguiría condicionando precios, logística y despliegue internacional.
De hecho, miles de marines y marineros estadounidenses se dirigen hacia Medio Oriente, una señal de que la administración Trump no se prepara para un desenlace inmediato, sino para un conflicto prolongado. La distancia entre la retórica de victoria y la preparación para una guerra extendida es uno de los datos más sensibles del escenario.
Petróleo, inflación y mercados: el costo económico de la escalada
La guerra ya produce efectos concretos sobre la economía global. Los ataques dañaron infraestructura energética en Medio Oriente, el estrecho permanece prácticamente cerrado y el precio del crudo Brent subió 3,26% el viernes hasta cerrar en US$ 112,19 por barril, el nivel más alto desde julio de 2022. En Estados Unidos, los precios de la gasolina también profundizaron la suba.
La reacción de los mercados fue inmediata. El Russell 2000 cayó 2,7% y se encamina a cerrar en corrección, con una baja superior al 10% desde su máximo de enero. El Dow Jones perdió 447 puntos, equivalente a 0,97%. El S&P 500 retrocedió 1,51% y el Nasdaq cayó 2,01%. A la vez, los rendimientos de los bonos del Tesoro subieron, con la tasa a 10 años en 4,39%, su nivel más alto desde julio.
No se trata sólo de volatilidad financiera. La suba de la energía vuelve a encender preocupaciones sobre inflación y complica las perspectivas de los bancos centrales. En ese punto, la guerra deja de ser una cuestión geopolítica acotada y pasa a intervenir de lleno en la agenda económica. Para Trump, eso implica una doble presión: sostener la ofensiva sin permitir que el costo energético erosione el frente interno.
Alianzas bajo estrés y gobernabilidad externa
La ofensiva verbal contra aliados de la OTAN agrega otra capa de complejidad. Trump no sólo reclama ayuda. También expone una visión transaccional de las alianzas: Estados Unidos protege, pero espera retribución, compromiso y respaldo operativo cuando lo necesita. Esa lógica, que ya formaba parte de su discurso político, ahora aparece aplicada en un contexto bélico de alta sensibilidad.
El efecto es ambiguo. Puede empujar a algunos socios a involucrarse más para evitar una ruptura con Washington. Pero también puede endurecer cautelas en gobiernos que no quieren quedar arrastrados por una guerra cuyo horizonte sigue abierto. La referencia a los aliados como “cobardes” no fortalece por sí sola una coalición; en todo caso, subraya que la relación entre liderazgo militar y obediencia política está lejos de ser lineal.
En ese marco, los sectores que aparecen más condicionados son los aliados que dependen del paraguas estratégico de Estados Unidos pero todavía no definieron hasta dónde acompañarán la operación en Ormuz. Al mismo tiempo, Trump intenta mostrar que Estados Unidos e Israel quieren “más o menos cosas similares”, un mensaje orientado a exhibir alineamiento en el núcleo duro de la guerra aunque la periferia aliada muestre reservas.
Una operación militar y un test político
La reapertura del estrecho de Ormuz ya opera como algo más que una misión táctica. Es un test sobre la capacidad de Estados Unidos para convertir supremacía militar en coordinación efectiva. También es una prueba para medir hasta dónde llega la obediencia de los aliados cuando la guerra exige recursos concretos y no sólo respaldo diplomático.
En las próximas semanas habrá que observar tres variables. Primero, si aparece una “alguna cesación” de los combates que permita activar el esquema multilateral de seguridad. Segundo, si los aliados pasan de las discusiones a compromisos materiales verificables. Tercero, si el alza del petróleo y la presión sobre los mercados obliga a recalibrar el discurso de victoria rápida.
Por ahora, Trump intenta administrar dos frentes a la vez: sostener una guerra que presenta como resuelta y construir una coalición que todavía no termina de ordenarse detrás de su estrategia. La fuerza militar parece fuera de discusión en su relato. Lo que sigue en disputa es otra cosa: la capacidad de transformar esa fuerza en control estable sobre una crisis que, por ahora, sigue expandiendo sus costos.
WASHINGTON.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió este martes en la Casa Blanca al canciller alemán, Friedrich Merz, en una reunión atravesada por la escalada bélica en Medio Oriente, las tensiones comerciales y el reacomodamiento de la relación transatlántica.
El encuentro, que en principio estaba orientado a discutir comercio e inversiones, quedó dominado por los recientes ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán y sus derivaciones geopolíticas. En ese contexto, Trump aprovechó su comparecencia ante la prensa para lanzar duras críticas contra España y el Reino Unido, profundizando la fractura con dos aliados tradicionales.
Una reunión marcada por Irán y los aranceles
Merz llegó a Washington tras una visita a Pekín, donde se reunió con el presidente chino Xi Jinping, y luego de que Alemania y Francia anunciaran un refuerzo de su cooperación en materia de disuasión nuclear. El viaje se produjo en medio de una creciente inquietud europea por la ofensiva contra el régimen iraní, que incluyó la muerte del líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei, y por las amenazas de nuevos aranceles globales impulsadas por la Casa Blanca.
El canciller alemán fue el primer líder europeo en visitar Washington tras los ataques. Si bien evitó condenar la operación militar, tampoco la respaldó explícitamente. “Reconocemos el dilema”, afirmó, al señalar que los intentos diplomáticos de las últimas décadas no lograron frenar el programa nuclear iraní. “No vamos a dar lecciones a nuestros socios sobre sus ataques militares contra Irán”, agregó, en una postura de equilibrio que refleja las tensiones internas en Europa.
En paralelo, sobrevuela el malestar europeo por la política comercial de Trump, especialmente después de que la Corte Suprema estadounidense declarara ilegales los aranceles de emergencia impuestos el 20 de febrero.
Golpe diplomático contra España
El momento más áspero del día llegó cuando Trump apuntó directamente contra el gobierno del presidente español Pedro Sánchez, por negarse a permitir el uso de bases militares españolas en operaciones vinculadas a los ataques contra Irán.
“España se ha portado de manera terrible”, sostuvo el mandatario, a quien calificó como “un socio terrible de la OTAN”. Incluso aseguró haber ordenado al secretario del Tesoro, Scott Bessent, “romper todas las relaciones” comerciales con el país europeo.
La reacción de Madrid no se hizo esperar. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, defendió la decisión al recordar que las bases de Rota y Morón son “de soberanía española” y que cualquier operación debe encuadrarse en la Carta de Naciones Unidas. El gobierno de Sánchez sostiene que la ofensiva contra Irán carece de respaldo en el derecho internacional y, por tanto, no puede habilitar el uso de instalaciones conjuntas para acciones unilaterales.
Desde la oposición, el Partido Popular acusó al Ejecutivo de “aislar” a España y reclamó mayor lealtad con los aliados atlánticos.
Fricción creciente con el Reino Unido
Trump también elevó el tono contra el primer ministro británico, Keir Starmer, a quien reprochó no haber sido “cooperativo”. “Es muy triste ver que la relación ya no es lo que era”, afirmó en declaraciones al diario The Sun, en referencia al vínculo histórico entre Washington y Londres.
El Reino Unido se negó inicialmente a permitir el uso de sus bases para los ataques ofensivos contra Irán, aunque posteriormente autorizó operaciones defensivas y el empleo de instalaciones en Inglaterra y en Diego García para neutralizar misiles iraníes. Incluso tras el impacto de un dron en la base de Akrotiri, Starmer reiteró que Londres “no se unirá a una acción ofensiva” y subrayó que cualquier participación británica debe contar con base legal clara.
El distanciamiento entre ambos líderes se suma a otras tensiones recientes, como las diferencias en torno a Groenlandia y la devolución de las islas Chagos a Mauricio.
Europa, dividida
La guerra con Irán expuso una vez más la fragmentación europea. Mientras el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, respaldó sin reservas la decisión estadounidense, Alemania, Francia y el Reino Unido reiteraron que no participaron en los ataques, aunque se mostraron dispuestos a facilitar acciones defensivas “necesarias y proporcionadas”.
El encuentro entre Trump y Merz, lejos de disipar incertidumbres, dejó al descubierto el nuevo mapa de tensiones entre Estados Unidos y sus aliados europeos. En un escenario global marcado por la guerra, el comercio y la competencia estratégica con China, la relación transatlántica atraviesa una fase de redefinición profunda.
Los sistemas de salud en Europa se encuentran bajo una intensa presión debido a un brote de gripe estacional que ha alcanzado niveles récord, impulsado por una nueva cepa del virus: la variante K de la influenza A, subtipo H3N2. El inusitado aumento de contagios, que comenzó antes de lo habitual en la temporada invernal, ha generado un pico de hospitalizaciones jamás registrado en años, obligando a varios países a activar operativos especiales.
El incremento acelerado de casos ha puesto en alerta a las autoridades sanitarias. La Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido proyecta que la próxima semana solo en Inglaterra podrían hospitalizarse hasta 8.000 pacientes por gripe, una cifra que no se veía desde 2010. La situación se replica en otros países: la incidencia en España es diez veces superior a la del mismo periodo del año pasado, mientras que Alemania, Canadá, Reino Unido, Francia e Italia han puesto en marcha medidas urgentes para evitar el colapso hospitalario.
El brote se agrava por la circulación simultánea de otros patógenos respiratorios, como el Virus Sincicial Respiratorio (VRS) y el SARS-CoV-2. Medios como The Telegraph han reportado que esta “triple amenaza” dificulta el diagnóstico y la atención en los centros de salud, cuyas salas de espera y guardias se encuentran saturadas.
Una variante “mucho más contagiosa”
Los expertos han centrado su atención en la variante K de H3N2, la responsable de la ola actual. Esta cepa presenta mutaciones que, según la doctora Nisa Aslam, médica de cabecera del NHS, le permiten evadir parcialmente la inmunidad preexistente por vacunas o infecciones anteriores, facilitando una propagación acelerada.
El profesor de virología molecular y celular, Ed Hutchinson, señaló que, al ser H3N2 un subtipo menos común que otros, la inmunidad poblacional es menor, contribuyendo a su mayor transmisión. Por su parte, la patóloga pediátrica argentina Marta Cohen, residente en el Reino Unido, enfatizó en sus redes sociales que la variante K es “mucho más contagiosa”. Según Cohen, el brote en el Reino Unido es actualmente un 56% más alto que el del año pasado, con una proyección de 8.000 internaciones en los próximos días.
Síntomas y eficacia de la vacuna
Los síntomas asociados a la variante K incluyen fiebre alta de inicio súbito, tos seca, dolor de garganta y dolores musculares intensos. Los especialistas, como Hutchinson y Cohen, han notado que el cansancio extremo y el dolor muscular son particularmente notorios en esta temporada.
Los grupos de mayor riesgo son adultos mayores, niños pequeños, personas inmunodeprimidas y mujeres embarazadas. Aunque en los niños el curso suele ser leve, su rol en la transmisión es crucial. La dificultad para distinguir entre la gripe K y el COVID-19 ha llevado a la recomendación de pruebas diagnósticas combinadas.
Respecto a la vacunación, aunque las mutaciones recientes reducen la eficacia de la vacuna de este año para prevenir el contagio, esta mantiene una protección significativa contra las formas graves de la enfermedad. Marta Cohen precisó que la eficacia de la vacuna actual para prevenir cuadros severos ronda el 65%. A pesar de la menor efectividad contra la infección, las autoridades sanitarias insisten en la vacunación como principal herramienta preventiva, especialmente para mayores de 50 años y grupos vulnerables.
Medidas preventivas y mirada al futuro
Ante la saturación hospitalaria, algunos centros de salud europeos han reintroducido el uso obligatorio de mascarillas. En el ámbito educativo, se han reforzado medidas como la ventilación y la higiene de manos, e incluso algunos establecimientos en el Reino Unido han limitado la asistencia presencial.
Los expertos, incluida la Dra. Cohen, han advertido sobre la posible saturación del sistema sanitario si el ritmo de contagios no baja. Por ello, se intensifican las campañas de prevención y se recomienda el aislamiento y el teletrabajo para personas con síntomas. Las recomendaciones básicas de prevención siguen siendo esenciales: lavado de manos, evitar aglomeraciones en espacios cerrados y ventilar los ambientes.
La Dra. Cohen pronosticó que la variante K de H3N2 llegará al hemisferio sur, por lo que aconsejó a los países de América Latina planificar la vacunación para marzo. En este escenario desafiante, la prioridad de autoridades y expertos es mantener la calma, seguir las recomendaciones sanitarias y proteger a la población más vulnerable.
Se han iniciado consultas entre los isleños para definir si avanzan con el proyecto petrolero, el gobierno argentino analiza las medidas correspondientes.
Navitas Petroleum una petrolera israelí, presentó una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) al gobierno del Reino Unido para iniciar la perforación de pozos petroleros y la producción en alta mar en la zona de las Islas Malvinas. Esta iniciativa, que podría generar un importante auge económico para la población local, de acuerdo al medio “The Telegraph”, pero, a su vez, abrió la puerta a una nueva controversia con Argentina, que mantiene vigente su reclamo de soberanía sobre las islas.
El proyecto, Sea Lion, se encuentra a 150 millas al norte de las islas y se estima que alberga 1.700 millones de barriles de petróleo, una cantidad superior a la del yacimiento Rosebank, considerado el más grande del Mar del Norte británico. Navitas, que controla el 65% del bloque, aspira a explotar 500 millones de barriles y actualmente está llevando a cabo audiencias públicas para recabar la opinión de los residentes de las Malvinas sobre el proyecto.
Sin embargo, la iniciativa ha generado el rechazo del gobierno argentino, que la considera una violación de su soberanía territorial. Desde la Cancillería, que conduce Diana Mondino, han señalado que están “analizando la situación para determinar eventuales acciones diplomáticas correspondientes”.
En 2023, bajo el gobierno de Alberto Fernández, Argentina ya había repudiado las actividades de Navitas en las Islas Malvinas, calificándolas de “ilegales” y declarando a la empresa clandestina. En abril de ese mismo año, la Secretaría de Energía declaró ilegales las actividades de la petrolera israelí en la Plataforma Continental Argentina y la inhabilitó por 20 años para operar en territorio argentino.