Hollywood dividido por la Inteligencia Artificial

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James Cameron abraza la tecnología que Disney demanda por plagio. Una división de ideas que expone la guerra civil más moderna de Hollywood.

James Cameron defiende la inteligencia artificial para Hollywood. Mientras Disney llena los juzgados con demandas millonarias contra las empresas de IA, el director de Terminator, Avatar, Alien 3, abraza la tecnología que podría cambiarlo todo. 

El giro es demoledor y expone el cinismo de los estudios. Mientras Disney llena los juzgados con demandas millonarias contra empresas de IA como Midjourney, acusándolas de crear un “pozo sin fondo de plagio” al generar imágenes de Darth Vader sin permiso, por la puerta de atrás permite que sus propias producciones se inunden de esta misma tecnología. Cameron disparó sin piedad contra sus antiguos aliados: “Tenemos que encontrar la manera de reducir el costo a la mitad. Esa es mi visión para la IA”.

Del lado de los “insurgentes tecnológicos” se alinean startups como Runway AI y Asteria (cofundada por la actriz Natasha Lyonne), junto a directores como Darren Aronofsky y el propio Cameron. Su promesa es seductora: eficiencia, velocidad y un poder casi divino para crear imágenes desde la nada.

“¿Por qué haces cinco películas al año cuando deberías hacer 100?”, lanzó brutalmente el CEO de Luma AI. Para ellos, la IA es la nueva bomba atómica creativa que revolucionará para siempre lo que vemos en pantalla.

Del otro lado de la trinchera, la resistencia humana está encabezada por actores como Justine Bateman, quien disparó la frase más demoledora contra la nueva ola: “Usar la IA para una escena es una regurgitación del pasado”. Los sindicatos de guionistas (WGA) y actores (SAG) advierten sobre el apocalipsis laboral que se avecina.

El plan secreto que nadie quiere nombrar

Pero la verdadera alarma, la que mantiene en vilo a Hollywood, es el objetivo final que nadie se atreve a mencionar en voz alta: la creación de “humanos digitales”. La posibilidad terrorífica de que Humphrey Bogart pueda protagonizar una película con Selena Gomez sin que ninguno de los dos (o sus herederos) vea un centavo de más.

Se trata de crear actores perfectos que no se cansan, no piden aumentos, no tienen un mal día y, lo más importante, no están afiliados a ningún sindicato. Una jugada que podría jubilar para siempre a las estrellas de carne y hueso. Mientras los sindicatos se protegen exigiendo el consentimiento de un actor para usar su imagen, la IA prepara la estocada final: ¿para qué usar la imagen de un actor si puedes crear uno desde cero?

El caso más paradigmático de esta hipocresía es The Electric State de los hermanos Russo para Netflix, que usa efectos de IA de forma masiva pero con una ironía brutal: su presupuesto superó los 300 millones de dólares. El ahorro prometido por la IA resulta, por ahora, un cuento chino que solo beneficia a las empresas tecnológicas.

La pregunta que ahora resuena en los pasillos de los estudios es aterradora: si la IA se nutre de todo lo que los humanos crearon durante un siglo, ¿qué pasará cuando ya no quede nada nuevo que copiar? ¿Estamos frente al nacimiento de una nueva forma de arte o asistiendo, en vivo y en directo, al suicidio creativo de Hollywood?

El tiempo dirá si la próxima estrella de cine será de carne y hueso o solo un eco en la máquina.

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