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Investigador belga estudia las conexiones que tuvieron las Misiones Jesuíticas con el mundo

Un investigador belga visitó Misiones, para conocer las reducciones jesuíticas, el rol que tuvieron en su momento y entender las conexiones que tuvieron las Misiones de la región, con el resto del mundo.

Se trata de Lionel Mira, de la Universidad de Lieja, Bélgica, quien se enamoró de la historia sudamericana, desde la temprana edad de 17 años, algo que se trataba poco en las escuelas belgas. En la universidad, estudió historia y se focalizó el libro la Historia Provinciae Paraquariae Societatis Iesu, de Nicolás del Techo y que fue la primera obra impresa en las Misiones de la región.

Su trabajo de investigación por las Reducciones que se ubican en la Provincia, como así también en Paraguay y Brasil, fue enmarcado en la preparación de sus tesis doctoral. Para ello, empezó por Buenos Aires donde consultó por documentos que se encuentran en Archivo General de la Nación, para luego hacer una parada en Resistencia, Chaco, antes de llegar a Misiones.

La primera parada en la Tierra Colorada fue en San Ignacio, donde se encuentran las reducciones de San Ignacio Miní. Ya en Misiones, se contactó con la arqueóloga, Estela Garma y su marido, Andres Sansoni, que le permitieron entender cuales eran los objetivos y los desafíos de la valorización patrimonial de las ruinas de Corpus Christi.

“Me llamo mucho la atención el cuidado que tienen los conservadores del museo por trabajar mano a mano con los habitantes del pueblo”, explicó Lionel a Economis.

Durante su recorrido, se asombró como las ruinas de la antigua Misión de Corpus Christi está integrado al pueblo, de tal manera que el cementerio contemporáneo es una continuación del campo santo de las Reducciones.

“Los conservadores del museo y habitantes de Corpus trabajan juntos para reconstituir su pasado. En efecto, muchos habitantes legaron objetos al museo. Es una manera de implicar directamente los ciudadanos. Me parece muy original y a la vez muy interesante e importante”, destacó el investigador.

Para Mira, cada una de las reducciones, tanto las de Santa Ana, San Ignacio y Corpus Christi, se trata de la historia de las Misiones como una utopía muy local. “Los guías generalmente hablan de las reducciones como si fueran islas en medio del océano”.

De hecho, se trata de la cultura jesuítica-guaraní o guaraní-jesuítica, aislada en medio de la selva, a pesar de que las reducciones eran conectadas con el mundo.

“Muchos objetos llegaban desde Europa a las misiones y muchos productos iban desde las misiones a Europa. Además, en el siglo XVIII, todos los eruditos europeos conocían a las Misiones Jesuíticas . Voltaire, Montesquieu, Locke,… escribieron sobre este fenómeno. Fue un tema de controversia muy ardiente entre los filósofos del Siglo de las Luces. ¡No podemos desconectar las misiones del mundo!”, reflexionó Mira.

Durante su recorrido por Santa Ana, el historiador belga pudo aprender lo que era la huerta de la reducción, a través de los paneles instructivos y de los comentarios de la guía, Susana Petroski, quien explicó que, muchos productos de Europa, estaban cultivados en la huerta del siglo XVIII.

“Sería muy interesante entender mejor por qué eran elegidas esas verduras, como llegaban a América tras las semanas de viaje y como se cocinaba. Los padres procurados desempañaron un papel fundamental respecto a esos traslados de productos”, enfatizó.

Por último, Lionel ponderó lo importante que es para un investigador estar en el terreno, quedarse a veces lejos de los archivos o de los restos arqueológicos. Para ello, tomó su experiencia en San Ignacio, donde pudo andar en el Parque Provincial Teyú Cuaré y donde reflexionó en lo que escribía el misionero Nicolas del Techo hablando de la zona de misiones en 1673: “Las selvas son espesas, pobladas de tigres y de otras fieras que ponían perpetuamente en peligro la vida de los viajeros. Los árboles son espinosos y hieren y despejan la ropa. La falta de agua potable es una grande lástima”.

“Del Techo veía en la selva las tinieblas. Para él toda la naturaleza era infierno. Escribe sobre el Paraná, el cual se ve muy bien desde Teyú Cuaré, que fue testigo de eventos raros. Según dice, la madera sumergida se transformaba en piedra. La presencia de números ríos y arroyos en el entorno de las misiones era un desafío para los Jesuitas”, argumentó.

Cosa curiosa también: Del Techo describió las Cataratas del Iguazú como un gran fracaso de agua, del cual resulta la formación de nubes, mientras que hoy en día, en el Parque Nacional Iguazú, es considerado como una de las maravillas del mundo. “Del Techo no se maravilla, veía el infierno. Estar directamente en el terreno permite entender mejor las concepciones y las interpretaciones de los textos jesuíticos de los siglos XVII y XVIII”, finalizó.

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