La cumbre que no fue: sin líderes, sin solución

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Parecía ser un evento que podía cambiar el rumbo en absoluto de este conflicto armado que ya lleva más de 3 años en actividad entre rusos y ucranianos, pero, hasta el momento, todo se diluyó. Un presidente ausente, otro presente y un tercero en discordia que dio la clave del fin de la guerra. 

El gran ausente 

Todos esperaban la foto. Los flashes de los medios internacionales apuntando hacia ese portón del recinto en Estambul que iba a alojar a ambas delegaciones con el afán de poder concretar, al menos, un principio de entendimiento de paz entre Rusia y Ucrania. De antemano, esto cayó en cuanto a expectativas posibles por una ausencia vital en cualquier acuerdo que pueda darse: Putin no fue. 

El máximo mandatario ruso no dio, aún, la foto esperada por todos los portales, en donde se vea cara a cara con su par ucraniano, Volodimir Zelenski. ¿Las razones? Pueden ser varias. Una de ellas es que Putin tiene muy bien entrenado a su plana mayor. Desde el arranque de esta guerra, su canciller, Serguéi Lavrov fue el encargado de encabezar las comitivas y de “dar la cara” ante el marco internacional que, en Occidente, fue completamente acusatorio siempre con Moscú. Lavrov sabe bien lo que tiene que hacer y cuida los intereses rusos bajo la tensa presión de ser la mano derecha de Putin, con todo lo que eso pueda significar, sin embargo, eso no es todo. 

El otro punto interesante a analizar es que Putin tiene, debido a la guerra en Ucrania, un pedido de captura por parte de la Corte Penal Internacional de La Haya, bajo la carátula de cometer o al menos de generar condiciones para crímenes de guerra en suelo ucraniano. Esta situación le vale la condición de no poder viajar a varios países del mundo que se encuentran bajo el manto de La Haya, aunque, paradójicamente, el país que es sede de esta cumbre (Turquía) no está adherido a la misma, por ende, no rige el pedido de captura. Tampoco se encuentran no acatando el Estatuto de Roma países importantes como Estados Unidos, China, Israel y hasta la propia Rusia de Vladimir Putin. 

El tercero en discordia

Más allá de toda condición que haya puesto o haya rechazado Putin, hay un tercer mandatario que dio en el clavo con la explicación de su ausencia, pero también dando a entender la clave del fin de este conflicto. 

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, fue taxativo y dijo, de forma textual: “No creo que vaya a pasar nada, les guste o no, hasta que él y yo nos reunamos. Pero vamos a tener que resolverlo porque están muriendo demasiadas personas”.

Trump lo deslizó, sin ningún tapujo y fiel a su estilo, que Putin no fue porque él no iba a estar y desnudó una realidad que a Ucrania y los países que lo apoyan en esta guerra les duele pero es algo fundamental. En la alta política mundial, Zelenski no es ni siquiera un invitado. Putin y Trump se reconocen como pares y como iguales, líderes de naciones fuertes, potencias militares y con un amplio espectro de influencia a nivel global, dotes de los cuales carece Ucrania desde todo punto de vista. Asimismo, Trump entiende (al igual que Putin) que son, junto a China y algún puñado de países más, los mandamases del nuevo modelo internacional multipolar, en donde Ucrania no tiene injerencia alguna. 

En varias ocasiones, Putin dio a entender que este conflicto arrancó por pretensiones ucranianas de cercanía hacia la OTAN y la UE, adhesiones que hoy en día no van a ocurrir. Además de que Trump fue muy explícito en cuanto a sus diferencias con Zelenski y a qué está guerra nunca hubiera ocurrido bajo su mandato. Este contexto es, lógicamente, desfavorable para Ucrania. Hay que caer en cuenta, de una vez por todas, que Zelenski no tiene validez por ninguno de los líderes y que el único apoyo mayoritario con el que cuenta hoy en día es de los países occidentales de Europa, entendiendo que una caída estrepitosa de Kiev, abre la puerta a posibles pretensiones imperialistas de Rusia sobre el resto del mapa europeo, y eso cambiaría en absoluto la equivalencia de fuerzas y la cierta tranquilidad con la que viven los países ricos del viejo continente. 

Para Putin y Trump, Zelenski es algo meramente secundario. Rusia buscará quedarse con la mayor cantidad de territorio posible en el contexto de la ocupación acontecida desde que arrancó la guerra y Estados Unidos buscará hacerse propio de los minerales y las tierras raras ucranianas para explotarlas en la industria tecnológica, bajo el marco de una guerra comercial con China.

¿Y Ucrania? Bien, gracias. Esta cumbre en la cual ambos líderes (Trump y Putin) dejaron plantado a Zelenski, es una vergüenza geopolítica tan grande como el paseo que le dio Trump en la última visita del líder ucraniano a EEUU, en donde le cantó todas las justas de su país en la cara y ante los ojos del mundo. Tomando lo último, aquí también quedó plantado ante los ojos del mundo. Un presidente que había sido ensalzado por los medios occidentales y financiada su maquinaria bélica por la endeble gestión Biden, hoy ve que ante la pureza política de Trump y Putin, es solo un ladrillo más en la pared. En términos futbolísticos, Zelenski venía bien pero no pudo ascender, y en primera solo juegan los grandes como Donald y Vladimir.

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