Ucrania acusó a Rusia de un nuevo ataque el miércoles (06.05.2026), un día después de que bombardeos rusos causaran al menos 28 muertos y de que entrara en vigor a medianoche un alto el fuego que Kiev había anunciado de forma unilateral.
En Ucrania sonaron alertas en varias regiones y las autoridades de Zaporiyia informaron a primera hora del miércoles de un ataque contra una instalación industrial.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, anunció el lunes esa tregua de duración indefinida en respuesta a otro cese al fuego que su homólogo ruso, Vladimir Putin, anunció para las celebraciones de la victoria contra la Alemania nazi, el 9 de mayo.
Moscú no respondió ni aceptó la tregua propuesta por Ucrania.
El líder ucraniano, que reclama recurrentemente un alto el fuego prolongado, subrayó, sin embargo, que Kiev responderá “de manera recíproca” a cualquier violación de su tregua.
Rusia lanzó un total de “108 drones y tres misiles”, según el ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sibiga.
“Esto demuestra que Rusia rechaza la paz y que sus falsos llamamientos a un alto el fuego el 9 de mayo no tienen nada que ver con la diplomacia. A Putin solo le importan los desfiles militares, no las vidas humanas”, dijo el ministro en X.
A 40 años de la explosión en la central nuclear de Chernóbil, el mundo vuelve a posar la mirada sobre una tragedia que marcó un antes y un después en la percepción global de la energía nuclear. Ocurrida el 26 de abril de 1986, la detonación del reactor número cuatro fue consecuencia de una combinación de fallas estructurales y errores humanos durante una prueba de seguridad, liberando una nube radiactiva que se extendió por gran parte de Europa.
El accidente no solo provocó una crisis ambiental sin precedentes, sino que también evidenció las limitaciones del sistema soviético para gestionar emergencias de esta magnitud. La información fue inicialmente ocultada y recién dos días después se emitió una alerta pública, tras detectarse niveles anormales de radiación en Suecia.
Las consecuencias humanas siguen siendo objeto de debate. Mientras un informe de Naciones Unidas estimó en 4.000 las muertes atribuibles directa o indirectamente al desastre, otras organizaciones elevan la cifra a decenas de miles. Más de 600.000 personas participaron en las tareas de contención, muchas de ellas expuestas a altos niveles de radiación.
Una zona inhabitable por milenios
El área afectada se transformó en una extensa zona de exclusión que abarca miles de kilómetros cuadrados entre Ucrania y Bielorrusia. Allí, ciudades enteras como Prípiat quedaron abandonadas, congeladas en el tiempo. Según estimaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica, la región no será habitable durante al menos 24.000 años.
Paradójicamente, la ausencia humana permitió el desarrollo de una suerte de reserva natural involuntaria, donde la fauna ha recuperado terreno en un entorno marcado por la radiación.
Lejos de ser solo un episodio del pasado, Chernóbil enfrenta hoy nuevas amenazas. La invasión rusa a Ucrania reintrodujo el riesgo nuclear en la zona, con la ocupación temporal de la planta en 2022 y posteriores ataques que comprometieron la seguridad de sus estructuras.
En febrero de 2025, un dron impactó contra el sistema de confinamiento externo -conocido como Nuevo Confinamiento Seguro- reduciendo su capacidad de contención. Informes recientes advierten que, en su estado actual, existe la posibilidad de fugas radiactivas y que las reparaciones podrían extenderse durante varios años.
A esto se suman advertencias de expertos sobre el impacto de ataques militares en la estabilidad del sitio, incluyendo la presencia de misiles en las cercanías y daños en infraestructuras críticas, lo que incrementa la incertidumbre sobre su seguridad futura.
Chernóbil no es solo un sitio geográfico: es un símbolo. Representa los límites del control tecnológico, los riesgos de la opacidad institucional y la persistencia de las consecuencias ambientales a largo plazo.
Cuatro décadas después, su legado sigue vigente, no solo como advertencia histórica, sino como recordatorio de que los riesgos nucleares, lejos de desaparecer, pueden reactivarse en contextos geopolíticos inestables.
BBC Mundo – El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, cree que su homólogo ruso, Vladimir Putin, desea que se prolongue la guerra en Irán.
En una entrevista exclusiva con la BBC, el líder ucraniano afirmó que a Putin le conviene una “guerra larga” entre Estados Unidos, Israel e Irán, ya que esto debilitaría a Kyiv al desviar los recursos estadounidenses hacia otros frentes.
También advirtió que, debido a la guerra en Oriente Medio, Ucrania afrontará una escasez de los misiles que utiliza para combatir a Rusia.
Zelensky declaró que el presidente estadounidense, Donald Trump, no se posiciona “de ningún lado” en la guerra entre Rusia y Ucrania, y no desea “irritar” a Putin.
Además, instó a Trump y al primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, a reunirse y buscar puntos en común tras las reiteradas críticas del mandatario estadounidense al británico.
Pie de foto, Zelensky ofreció una entrevista en exclusiva a la BBC en su visita a Londres.
Preocupado por el suministro de misiles
El conflicto en Medio Oriente, que ya entra en su tercera semana, se ha extendido por la región del Golfo con ataques de Irán a sus países vecinos en represalia por las operaciones militares de Estados Unidos e Israel.
Zelensky aseguró tener un “muy mal presentimiento” sobre el impacto de este conflicto en la guerra de Ucrania, señalando que las negociaciones de paz se están “posponiendo constantemente”.
Alegó que para ello “solo hay una razón: la guerra en Irán”.
Indicó que la situación beneficia a Putin al provocar un aumento en los precios de la energía —lo cual supone un problema para Ucrania— y conlleva la posibilidad de que se produzca un “déficit” de misiles.
“Para Putin, una guerra larga en Irán es una ventaja”, declaró.
“Además del impacto en los precios de la energía, implica el agotamiento de las reservas estadounidenses y la saturación de los fabricantes de sistemas de defensa aérea. Por consiguiente, nosotros sufrimos el agotamiento de recursos”, argumentó.
Pie de foto, Rusia sigue atacando con drones Kyiv y otras ciudades ucranianas.
Zelensky aseguró que se producirá “definitivamente” un déficit de misiles Patriot, lo cual representaría “un desafío”, y señaló que la incógnita ahora reside en “cuándo se agotarán todas las existencias almacenadas en Medio Oriente”.
Estados Unidos, afirmó, “produce entre 60 y 65 misiles al mes. Imaginen: 65 misiles mensuales equivalen a unos 700 u 800 misiles al año; esa es su producción anual”, explicó.
“Y, sin embargo, tan solo en el primer día de la guerra en Medio Oriente, se utilizaron 803 misiles”, alegó.
Cree que Trump busca “no irritar” a Putin
Zelensky también se refirió a la postura de su homólogo estadounidense respecto a la guerra en Ucrania, al considerar que Trump aspira a jugar un papel de negociador en lugar de tomar partido en el conflicto que enfrenta a Ucrania contra la invasión ilegal perpetrada por Rusia.
El presidente ucraniano afirmó que, a su juicio, Trump “quiere poner fin a esta guerra”, pero añadió que el presidente estadounidense y sus asesores han optado por una estrategia de diálogo cercano con Putin, buscando “no irritarlo, dado que Europa ya lo irritó y Putin no desea hablar con Europa”.
La guerra, iniciada con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, ha derivado en una disputa diplomática tras las recriminaciones de Trump a los aliados de la OTAN y la supuesta falta de acción militar por parte del primer ministro británico. Zelensky lanzó una advertencia contra la división entre los líderes occidentales.
En declaraciones a la BBC tras mantener conversaciones con Starmer, el presidente ucraniano señaló que, si bien no le diría a Trump qué debe hacer, ambos líderes deberían reunirse para “relanzar la relación”.
“Realmente me gustaría que el presidente Trump se reuniera con Starmer para que puedan adoptar una postura común”, expresó.
En su último ataque verbal, lanzado el martes, Trump tildó al primer ministro británico de “no ser un Winston Churchill” y afirmó que, aunque lo considera un “hombre agradable”, se siente “decepcionado”.
En su respuesta, Starmer insistió en que Reino Unido no se verá arrastrado a una guerra de mayor envergadura, mientras su oficina en Downing Street reiteró el carácter “duradero” de la relación entre Washington y Londres.
El líder británico recibió a Zelensky el martes, en el marco de una gira del líder ucraniano por las capitales europeas.
El presidente de Ucrania visitó París la semana pasada y viajó a Madrid este miércoles.
Pie de foto, Keir Starmer recibió a Zelensky el martes en Downing Street.
Su gira se produce en un momento en que el conflicto en Medio Oriente acapara la atención, eclipsando la lucha que Ucrania libra desde hace cuatro años frente a la invasión a gran escala por parte de Rusia.
“Creo que es realmente importante que dejemos claro que el foco de atención debe seguir centrado en Ucrania”, declaró Starmer.
Como parte de su visita a Londres, el líder ucraniano se dirigió a los legisladores reunidos en el Parlamento británico.
“Los regímenes de Rusia e Irán son hermanos en el odio, y por eso son hermanos en las armas”, afirmó Zelensky.
Y agregó: “Queremos que los regímenes cimentados en el odio nunca, jamás, triunfen en nada. Y no queremos que ningún régimen de esa índole amenace a Europa ni a nuestros socios”.
Entre los asistentes que abarrotaban la sala de comisiones de Westminster se encontraban Starmer, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el secretario de Defensa, John Healey, y los líderes de los partidos de la oposición.
Cuatro años después de la guerra con Rusia, la nueva Evaluación Rápida de Daños y Necesidades (RDNA5) estima que la recuperación y reconstrucción de Ucrania demandará casi USD 588.000 millones en la próxima década. La cifra —equivalente a más de EUR 500.000 millones— representa casi tres veces el PIB nominal proyectado para 2025 y expone la magnitud fiscal, económica e institucional del desafío.
La evaluación, publicada de manera conjunta por el Gobierno de Ucrania, el Grupo del Banco Mundial, la Comisión Europea y las Naciones Unidas, releva 46 meses de impacto —entre febrero de 2022 y diciembre de 2025— y actualiza el mapa sectorial de daños, pérdidas y necesidades. El informe no sólo cuantifica destrucción física: también delimita prioridades de política pública, reformas estructurales y condiciones para movilizar inversión privada.
Daños acumulados y sectores críticos: energía, transporte y vivienda concentran el impacto
Al 31 de diciembre de 2025, los daños directos superan los USD 195.000 millones (EUR 166.000 millones), frente a los USD 176.000 millones (EUR 150.000 millones) estimados en la RDNA4 de febrero de 2025. Es decir, en menos de un año el daño relevado aumentó en casi USD 19.000 millones.
Los sectores más afectados son:
Transporte: más de USD 96.000 millones (EUR 82.000 millones) en necesidades de reconstrucción.
Energía: casi USD 91.000 millones (EUR 77.000 millones).
Vivienda: casi USD 90.000 millones (EUR 77.000 millones).
Comercio e industria: más de USD 63.000 millones (EUR 54.000 millones).
Agricultura: más de USD 55.000 millones (EUR 47.000 millones).
Además, la gestión del riesgo de explosivos y la remoción de escombros demandan casi USD 28.000 millones (EUR 24.000 millones).
En el frente energético, el informe registra un aumento aproximado del 21% en activos dañados o destruidos desde la RDNA4, incluyendo generación, transmisión, distribución y calefacción urbana. El transporte también se deterioró: las necesidades crecieron alrededor del 24% por la intensificación de ataques a ferrocarriles y puertos durante 2025.
En vivienda, al cierre de 2025, el 14% del parque habitacional resultó dañado o destruido, afectando a más de tres millones de hogares. La concentración geográfica de daños se mantiene en provincias de primera línea y grandes áreas metropolitanas.
“Cuatro años después de la invasión a gran escala de Rusia, el costo total de la reconstrucción y recuperación de Ucrania se estima en casi 588.000 millones de dólares durante la próxima década, casi el triple del PIB nominal proyectado para 2025”, afirmó la primera ministra Yulia Svyrydenko. Y agregó: “La asistencia nos ayuda a reparar urgentemente nuestra infraestructura crítica para mantener el país en funcionamiento, así como a continuar con las actividades de recuperación sistemáticas”.
Financiamiento inmediato y rol del sector privado: reformas como condición para la inversión
Para 2026, el Gobierno de Ucrania prevé ejecutar más de USD 15.000 millones en proyectos de inversión pública y programas esenciales, incluyendo financiamiento de viviendas destruidas, desminado y apoyo económico multisectorial. Desde febrero de 2022, ya se habrían cubierto al menos USD 20.000 millones mediante reparaciones urgentes y recuperación temprana en sectores estratégicos.
Sin embargo, la magnitud del esfuerzo excede con creces la capacidad fiscal doméstica. En este punto, el informe enfatiza el papel del sector privado y la necesidad de reformas estructurales. La RDNA5 sostiene que liberar el potencial de inversión —nacional e internacional— dependerá de:
Mejoras en el entorno empresarial.
Fortalecimiento de la competencia.
Ampliación del acceso al financiamiento.
Superación de restricciones laborales.
Alineamiento con estándares verdes y digitales de la Unión Europea.
Anna Bjerde, Directora Gerente de Operaciones del Banco Mundial, subrayó: “El Grupo Banco Mundial mantiene su firme compromiso de apoyar la recuperación y reconstrucción de Ucrania y de ayudar a su población a progresar con empleos, oportunidades y esperanza en una economía resiliente, moderna y competitiva”.
La dimensión institucional aparece como eje transversal. La evaluación complementa la agenda de reforma e inversión del Mecanismo para Ucrania y el proceso de adhesión a la UE, integrando programas respaldados por el Fondo Monetario Internacional y el Grupo del Banco Mundial. La estrategia económica posguerra —denominada Economía Ucraniana del Futuro (UEF)— se centra en estabilidad macrofiscal, gobernanza, estado de derecho, dinamismo privado e inversión en capital humano.
Reconstrucción, convergencia europea y resiliencia social
El volumen de USD 588.000 millones redefine cualquier parámetro comparativo regional. Representa casi tres veces el PIB nominal proyectado para 2025 y consolida a Ucrania como el mayor programa de reconstrucción en Europa en décadas.
Desde el punto de vista macroeconómico, el desafío es doble. Por un lado, sostener el funcionamiento del Estado y los servicios esenciales en contexto de conflicto. Por otro, diseñar una arquitectura financiera que combine ayuda multilateral, financiamiento concesional, inversión privada y reformas estructurales.
La dimensión social tampoco es marginal. Matthias Schmale, Coordinador Residente y Humanitario de las Naciones Unidas en Ucrania, afirmó: “El recurso más importante de Ucrania es su gente. El retorno de los refugiados, la reintegración de los veteranos y la participación de las mujeres en la fuerza laboral determinarán la recuperación económica tanto como los flujos de capital y la reconstrucción de la infraestructura”.
En consecuencia, la reconstrucción no se limita a infraestructura física. Implica reconstruir capital humano, fortalecer instituciones y garantizar sostenibilidad fiscal y ambiental. La convergencia con la Unión Europea aparece como ancla estratégica de mediano plazo, tanto para reformas regulatorias como para la atracción de inversión.
En síntesis, la RDNA5 no sólo actualiza cifras: redefine el mapa de prioridades económicas y políticas para la próxima década. El desafío financiero es monumental, pero el componente institucional —reformas, gobernanza y confianza— será determinante para transformar destrucción en oportunidad de convergencia y modernización.
Cristian Airala, de 27 años, nacido en Puerto Iguazú, murió mientras combatía como voluntario en el ejército de Ucrania, tras un ataque con drones y misiles lanzado por fuerzas rusas cerca del frente de batalla en la región de Járkiv. En la misma ofensiva fallecieron dos soldados colombianos que integraban su unidad.
Airala se desempeñaba en una unidad de asalto que se dirigía hacia una zona asignada cuando fue detectada y atacada. Utilizaba la chapa de guerra “Machete” y contaba con experiencia previa en el Ejército Argentino, donde se había formado también como instructor de tiro, según confirmaron personas de su entorno y compañeros de combate.
El ataque ocurrió en un sector del frente donde, de acuerdo con testimonios de los propios combatientes, se registran enfrentamientos de alta intensidad, incluso cuerpo a cuerpo, entre fuerzas ucranianas y rusas. Un compañero de unidad relató que el grupo avanzaba hacia su objetivo cuando comenzó una secuencia de hostigamiento con drones, seguida por una ofensiva más amplia con misiles.
La operación se desarrolló en condiciones extremas: en la zona, las temperaturas oscilan entre los 20 y los 30 grados bajo cero, un factor que agrava tanto las dificultades operativas como los riesgos sanitarios en el frente. Según el mismo testimonio, las bajas fueron inmediatas y el ataque no se limitó a un único impacto, sino a una sucesión coordinada de agresiones aéreas, una modalidad que se volvió habitual en ese sector del conflicto.
La unidad en la que combatía Airala estaba integrada por voluntarios de distintos países de América Latina, entre ellos paraguayos, colombianos y brasileños, además de argentinos. Su muerte se suma a una lista creciente de ciudadanos argentinos fallecidos mientras combatían para Ucrania desde el inicio de la invasión rusa a gran escala, hace más de tres años y medio.
Si bien no existen cifras oficiales sobre la cantidad total de argentinos muertos en el conflicto, diversos episodios confirmados en los últimos meses dan cuenta de la magnitud del fenómeno. A fines de octubre pasado, tres argentinos murieron durante un ataque ruso con drones en la región de Sumy, también en el noreste ucraniano. Las víctimas fueron José Adrián Gallardo, de 53 años; Ariel Achor, de 25; y Mariano Franco, de 47, quienes participaban de su primera misión de asalto en la denominada “línea cero”, el punto de mayor contacto con las fuerzas rusas.
Meses antes, en julio, un ataque con drones rusos provocó la muerte de Emmanuel “Coca” Vilte, de 39 años, quien combatía junto a las fuerzas ucranianas desde 2022 y había participado de la contraofensiva lanzada por Kiev en el este del país.
Los argentinos que llegan a Ucrania lo hacen como voluntarios, mediante un alistamiento formal en las fuerzas armadas ucranianas, y suelen ser asignados a unidades de asalto, consideradas entre las más expuestas y riesgosas del frente de batalla.