“La fe de Noé”

El Pastor Guillermo Decena destacó que Noé tenía delante de Dios una fe sencilla e inocente. Creía como un niño y esto es totalmente necesario, pues la incredulidad se fortalece en la lógica. Aquí está la fe verdadera, veamos lo que dice la Palabra de Dios. 

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos” (Hebreos 11:1-2 RVR). 

Es necesario que nos demos cuenta que nuestro testimonio es el legado que vamos a dejar a las futuras generaciones. 

Este legado es una herencia espiritual que no claudicará en el tiempo. Por la fe, cada uno será recordado en el cielo y en la tierra y también por causa de la fe será olvidado en el cielo y en la tierra. Lo que desata nuestra fe en la descendencia es más importante de lo que podamos imaginar. Contrastemos las generaciones de dos personajes de finales del siglo XVIII y sus generaciones:

– Max Jukes y Jonathan Edwards. Max fue un hombre de la frontera, descendiente de los primeros colonos holandeses, nacido entre 1720 y 1740. Nació y vivió en Nueva York. Él no creyó en Jesucristo, ni educó a sus hijos en el camino del Señor. Se negó a llevar a sus hijos a la Iglesia, incluso cuando probablemente ellos le pidieron que lo hiciera. De sus 1,026 descendientes: 300 murieron de forma prematura; 100 fueron enviados a prisión y estuvieron presos un promedio de 13 años: 120 fueron prostitutas; 100 fueron alcohólicos; 76 criminales convictos; 18 dueños de burdeles; 200 beneficiarios de asistencia social del gobierno; Dos casos de “debilidad mental”. Su familia costó a los Estados Unidos USD 1.308.000 y no hizo ninguna contribución a la sociedad. 

– Por otra parte, tenemos a un siervo de Dios llamado Jonathan Edwards, que nació en 1703 y también vivió en Nueva York en la misma época que Jukes. Él, sin embargo, vivió en continuo contacto con las cosas de Dios. Se casó con una mujer con los mismos ideales cristianos. A pesar de su apretada agenda escribiendo, enseñando, y pastoreando en su iglesia, tenía el hábito de pasar una hora entera con sus hijos al día. Él también llevó a sus hijos a la Iglesia cada domingo. De sus 729 descendientes: 300 fueron ministros religiosos; 65 fueron profesores universitarios; 13 fueron decanos universitarios; 60 autores de buenos libros; 3 fueron congresistas electos de Estados Unidos; 1 fue vicepresidente de los Estados Unidos. La familia de Edward nunca costó ni un céntimo al Estado. 

“Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan” (Salmo 37:25 RVR). 

Esto es un claro ejemplo de cómo la fe desata bendición. 

En este marco, el Pastor Guillermo Decena, propuso analizar la fe de Noé, la cual tiene algunas características especiales para enseñarnos: 

I) Para Noé todo era posible si Dios lo dijo. 

“Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían” (Hebreos 11:7 RVR). 

Este es el punto de la extraordinaria fe de Noé: nunca había llovido, nunca se había visto, nunca había escuchado de semejante cosa, pues un vapor le daba humedad a la tierra. En todos los antiguos pueblos hay historias de un diluvio universal: en China, en India, en los antiguos pueblos de la Mesopotamia, Persia, etc. Hasta en el pueblo guaraní hay historias de un diluvio mundial. Evidentemente esto es un indicio de que algo grande ocurrió. 

“Y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, Sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra” (Génesis 2:5-6 RVR). 

¡Dios habla de algo nuevo que nunca Noé había visto! No obstante, fue anunciado por el Creador y Noé lo creyó. Este tipo de fe es importante, porque la Biblia habla de innumerables eventos futuros que nosotros no hemos vivido todavía. 

Aquí está la fe verdadera, cuando los eventos son conocidos, familiares y lógicos son de alguna manera más fáciles de creer. Noé tenía delante de Dios una fe sencilla e inocente. Creía como un niño, y esto es totalmente necesario, pues la incredulidad se fortalece en la lógica. 

“He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (Jeremías 32:27 RVR). 

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1° Corintios 2:9). 

Estas cosas extraordinarias están descriptas en la Biblia, algunas entendemos y otras no totalmente, pero lo creemos ciegamente porque la fe sobrenatural está en nuestro corazón. 

Los niños son un modelo casi perfecto de aquellos discípulos que Jesús busca: estos creen con simplicidad, con un corazón manso y confiado. Jesús muestra una especial atención a los que son vulnerables como niños. 

“Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían…” (Marcos 10:13-16). En el libro de Marcos capítulos del 5 al 10, se habla de los diversos milagros de Jesús a los niños. Cristo muestra una atención especial en los niños—más específicamente, en los niños marginados, porque son el modelo del discípulo que Él desea y busca. Jesús busca discípulos con una confianza incuestionable y una obediencia sencilla. 

II) La Fe de Noé estaba en su boca. 

“Y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos” (2 Pedro 2:5). 

La fe que no sale por la boca es una fe pequeña y débil, pero “cuando de la abundancia del corazón habla la boca” entonces empezamos a declarar, nuestra fe se agiganta y somos aquellos que cumplimos el deber que nos dejó Jesús antes de partir, la gran comisión: “id por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura, el que crea y se bautice será salvo, el que no crea será condenado…”. 

Por esto en un sentido Noé condenó a esa generación, pues nadie pudo decir que no había recibido una advertencia. Jesús es una imagen del arca de Noé que sin dudas todavía trae salvación, pero “Buscad a Dios mientras pueda ser hallado” porque llegará un tiempo en que la puerta se cerrará y ya no habrá oportunidad para la salvación. Por esta razón, la fe en Jesús se debe declarar, proclamar, predicar, enseñar de todas maneras y allí mismo podemos decir que nuestra fe crece a alturas considerables. 

Acuérdate de las palabras de Jesús “el que me confiese delante de los hombres, yo le confesare delante de los ángeles”, es decir que los ángeles se movilizaran a raíz de una fe madura. “Que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10). 

III) La Fe de Noé estaba viva. 

“Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe” (Hebreos 11:7). 

Con el temor santo que produce la fe, Noé se puso en marcha en un gran operativo para preparar el arca, un inmenso barco de tres pisos. Pero todo este formidable emprendimiento habla del corazón sincero de Noé, que no solo hablaba de lo que creía, sino que también accionaba. 

Por tanto, su fe estaba viva, como bien lo enseña el Espíritu Santo a través de Santiago: 

“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?” (Santiago 2:14). 

IV) La Fe de Noé se ve en medio de una generación perversa. 

La fe de Noé se mantuvo pura en medio de una atmosfera de oscuridad espiritual. Es aquí donde sucumben muchos cristianos que son influenciados en medio de una sociedad llena de oscuridad moral. 

“Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (Génesis 6:12-13 RVR).

¡Es el contexto perfecto para predicar un mensaje de arrepentimiento! Qué mejor que este mensaje viniera de la boca de Noé, el hombre que halló gracia ante Dios en aquella generación y cuyo nombre significa “consuelo” o “descanso”. 

Jesús dijo: “Pues, así como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27-38). 

Tenemos certeza de que el mayor llamado para todo cristiano es predicar el evangelio a toda criatura. En su misericordia, ahora Dios nos llama a conocer el mensaje de salvación en Cristo. 

Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria! 

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