La Guerra Santa silenciosa

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Pasaron siglos desde que las cruzadas con su Guerra Santa ocupaban las agendas de los grandes líderes mundiales. De hecho, con el correr de los años, ya entrada en la Edad Moderna y con el avance de la ilustración como movimiento filosófico y cultural, poco a poco intentó desplazar a la religión y la teología del centro del debate y las decisiones políticas, poniendo a la razón como eje rector.

Uno pensaría que con el diario del lunes de la historia, las aguas se apaciguaron en cuanto a pujas por poder religioso, haciendo este enorme salto temporal desde la ilustración hasta pleno siglo XXI. Sin embargo, como el ser humano es complejo y la historia no es lineal, el 2025 nos encuentra despidiéndonos con un conflicto en puerta que tiene a un pueblo – religión preso de otro, con mecanismos terroristas de por medio.

La masacre en Nigeria

Los datos son contundentes para poder graficar una auténtica persecución religiosa e ideológica contra los cristianos en esta parte de África. Organizaciones como Open Door, Intersociety y ACLED coinciden en datos que son escalofriantes.

Si uno toma como parámetro a los datos expuestos desde 2009, encuentra un total cercano a 125 mil cristianos que fueron asesinados o ejecutados en Nigeria. Un dato aún más fuerte se da en este año, en donde la radicalización de grupos armados yihadistas han redoblado esfuerzos por acabar con la presencia cristiana, dando como referencia que en los primero 220 días del corriente año, fueron asesinados 7 mil cristianos, dejando un resumen de 32 a 35 a quienes le quitaron la vida por día en Nigeria. Un dato escandaloso, sin lugar a dudas.

La muerte es el objetivo último contra las poblaciones de fé cristiana en esta parte del mundo, pero también hay números reveladores en cuanto a secuestros. Se estima que en los primeros 220 días del 2025 (misma porción temporal que se tomó previamente) fueron secuestrados cerca de 7800 cristianos en Nigeria, según datos expuestos por Intersociety.

Los templos no son ajenos a esta matanza “silenciosa”. Según datos de la expuesta previamente, Intersociety, más de 19 mil iglesias fueron destruidas, atacadas o quemadas desde 2009 y más de 1100 comunidades desplazadas por la presión terrorista zonal.

La gran pregunta es, ¿quién está detrás de semejante persecución? Son varios los grupos de filiación yihadista, completamente radicalízalos y que, lastimosamente, toman como rehén a un credo para cometer crímenes execrables. Tres son las principales organizaciones que tomaron al cristianismo como su punto principal para erradicar de Nigeria. Boko Haram, ISWAP (alineado oficialmente a ISIS) y los Fulani radicalizados. Estos últimos ponen el foco en las disputas territoriales pero han tomado sendas connotaciones religiosas, envalentonadas por el contexto anti cristiano.

En el caso de Boko Haram, opera desde 2002 pero se radicaliza desde 2009, año en el que se da un claro giro en el mando de la organización. Consideran al cristianismo como un enemigo directo por asociarlo a una hegemonía mundial y la representación de Occidente, muchas veces explicitado en la figura de los colonizadores que acabaron con los califatos islámicos en Nigeria. Esgrimen constantemente una confusión en asociar guerras o conflictos a gran escala geopolítica como Palestina o Cachemira con el cristianismo, alimentando aún más el odio, sobre todo en las poblaciones rurales.

Cuando uno habla de ISWAP, encuentra ataques indiscriminados contra poblaciones musulmanas también, aunque el foco principal está en el asedio a cristianos por considerarlos “infieles” que no siguen o no buscan apegarse a la ley de la sharia, incluyendo asesinatos, secuestros y conversiones forzadas al islam. Sin lugar a dudas se habla de un contexto mixto que posibilita este flagelo. Factores económicos, territoriales, étnicos y religiosos con la operatividad de organizaciones terroristas sumado a la negación oficial del Estado nigeriano en reconocer la persecución y hasta hablar de genocidio, son un combi letal que explica este conflicto.

El silencio de las masas

Trump tomó la audaz decisión de ejecutar un ataque estratégico sobre Nigeria en los últimos días, con el fin de asestar un golpe directo contra ISWAP (filial de ISIS en esta parte del mundo). Esta situación puso el foco de la prensa internacional en el conflicto, lo cual destapa una serie de investigaciones que dan cuenta de la situación en la que los cristianos nigerianos se encuentran desde hace años. Esto desnuda un contexto y es el aparente silencio al cual se encuentra sometido esta población bajo ataque.

Es cierto que la causa Palestina es algo que lleva años y una trama muchos más compleja donde el poder internacional dice presente, al igual que el conflicto en Cachemira. Pero pareciera ser que ese silencio es más intencional que otra cosa. ¿No tiene prensa la muerte de cristianos? ¿Otras religiones dejan titulares más estruendosos? Hay un poco de todo. Inclusive uno podría hablar de que si dicha persecución fuese en Europa o Medio Oriente tendría mayor cobertura mediática pero al tratarse de África, queda en segundo plano.

En términos diplomáticos, la omisión de una persecución contra una etnia o pueblo en particular tuvo resultados desastrosos que se sienten hasta el día de hoy. Por poner un ejemplo, cuando fue obviado el genocidio bosnio, la situación de la ex Yugoslavia era insostenible y la culpa de las organizaciones internacionales y países pasaba de mano en mano. Con el genocidio de Ruanda pasó algo parecido. Parece ser que para las autoridades mundiales, un conflicto regional debe escalar hasta genocidio para que actúen.

Si bien, el accionar de Trump lejos está de ser “inocente” sirvió para poner este conflicto en la mesa de debate. El ideario ideológico de Estados Unidos es demostrar la defensa de la cristiandad como valor propio del occidentalismo y para marcar una clara agenda anti yihadista, bastante en consonancia con lo que ya venían realizando desde gestiones anteriores, fuertemente impulsado desde el 11 – S.

En la era de la hípercomunicación es imposible invisibilizar dicho conflicto, al contrario, las redes sociales aún magnifican más la comunicación de los hechos y exponen, entre otras cosas, la hipocresía de la indignación, donde aparentemente hay varas distintas para medir la muerte, según el origen de las mismas. Pasaba en la antigüedad, en el medioevo y sigue pasando en el siglo XXI.

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