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La historia del empresario misionero que admira Macri: dejó un trabajo “top” en la city y se fue al Conurbano a arrancar otra vez de cero

El posadeño tiene a su padre y a un hermano en Posadas, el resto de la familia en Buenos Aires. "Tengo muchos amigos allá,k pero voy menos de lo que me gustaría", reconoció.
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Hace cien días el posadeño Pablo Ricatti fue noticia a nivel nacional. El domingo 19 de mayo el presidente Macri leyó su historia en los diarios y quedó impactado. Inmediatamente lo llamó a Mariano Mayer, secretario de Pymes y le pidió: “Traémelo, lo quiero conocer”.

Al otro día Ricatti fue recibido en la Casa Rosada y le contó su historia al Presidente. ¿Qué había hecho? Utilizó su cuenta en twitter -donde tiene miles de seguidores a los que ofrece concejos para operar en el mercado financiero-, para recaudar fondos para una nueva empresa: juntó 2 millones de dólares.

“La verdad es que fue todo muy rápido, no pudimos hablar en profundidad y obviamente yo no le iba a preguntar a fondo sobre cuestiones de la política económica. Pero fue muy lindo tener ese reconocimiento del Presidente de la Nación”, le dijo Ricatti a Economis en una entrevista telefónica.

Más allá de la repercusión mediática de su “vaquita twittera”, como se la llamó, y el reconocimiento de Macri, la historia profesional de Ricatti tiene algunos aspectos sorprendentes, que exceden a ese momento de alto perfil.

Uno de los cinco hijos del médico cardiólogo Juan Carlos Ricatti –un correntino que se casó con una porteña y se radicó en Posadas en 1979- a fuerza de trabajo y constancia, Ricatti logró hacerse un lugar en uno de los ámbitos profesionales más competitivos y difíciles: las mesas de dinero de la “city” porteña.

Una mesa de dinero o mesa de operaciones (tal la denominación) son muy similares a lo que se ve en una película. Oficinas de lujo plagadas de pantallas sofisticadas con información en tiempo real de todo –desde la cotización de la moneda turca, hasta la última modificación en la producción de petróleo mundial-, teléfonos y alrededor unos operadores acostumbrados a hacer negocios multimillonarios con un click o con un “ok” en el teléfono.

No eligen a cualquiera para esos trabajos muy bien remunerados y con frecuencia la portación de apellido, el venir de un colegio de élite de Buenos Aires o las referencias familiares son un pase de entrada.

Desde afuera, el ámbito financiero puede parecer todo más o menos lo mismo. Pero como en cualquier mundillo, tiene sus jerarquías, reglas no escritas y sitiales de privilegio. En la “city” porteña existen algunas entidades que son la “aristocracia” del sistema. Dentro de estas instituciones, las que están al tope son los bancos de inversión.

Tras estudiar para contador en la Universidad de Buenos Aires y en la UADE (le faltan 2 materias para recibirse), Ricatti entró al Banco Patagonia y, más tarde, a la filial argentina de uno de los mayores bancos de inversión: el JPMorgan.

Recién había pasado la crisis 2001-2002 y el Banco Central había establecido una catarata de regulaciones para que no volviera a suceder otra crisis similar. Un sistema financiero que había prestado en dólares a argentinos (empresas e individuos) durante el 1 a 1 y que tuvo que ser rescatado, porque no podía devolver los depósitos en moneda dura.

“Había un montón de bancos que estaban con la posibilidad de devolver los depósitos, el que no podía soportar era el Banco Central, no podía devolver los dólares que algunos bancos sí tenían. Era un esquema monetario que en el fondo no existía, lo que pasó fue que bajó el agua y ahí todo el mundo vio quien estaba desnudo”, explicó Ricatti sobre aquella crisis. Hay que prestarle atención, es un profesional que se pasó casi 10 años mirando el balance, los números y cada comunicación y disposición del Banco Central.

Ricatti arrancó su historia en el mundillo financiero calculando cuestiones complejas como la posición en dólares de un banco en relación a su patrimonio. Un banco tiene límites de todo tipo por parte del regulador (BCRA). Se trata de situaciones que varían varias veces durante un mismo día, por las operaciones de gran envergadura que hacen estas entidades. “Tenía que ir todos los días y decirles a los de la mesa de dinero, esta operación no se puede hacer o si se puede hacer”, explica.

Tras unos años allí se fue a trabajar a otra institución que es la crema y nata de la city porteña, el MBA, un banco de inversión fundado por empresarios argentinos en el apogeo de los 90, cuando la Argentina era la estrella de los mercados emergentes. Después de un tiempo haciendo lo mismo que en JPMorgan, en el 2007 Ricatti pidió que lo dejaran jugar en “Primera División”.

“Pedí pasar a la mesa de operaciones y me dijeron que sí”, recuerda. Así arrancó su historia como operador de la city porteña. Comprando y vendiendo dólares, bonos, títulos de deuda de empresas, para grandes empresas. Había llegado a un lugar donde muchos quieren llegar pero pocos lo logran.

La “city” por el Conurbano

Sin embargo y acá viene los sorprendente, lejos de hacer lo que sea para mantenerse allí, un buen día Ricatti cambió todo eso para ir a trabajar al tercer cordón del Conurbano bonaerense. Cambió las lujosas oficinas de Catalinas por las calles “picantes” de San Justo, en el Oeste de la Capital Federal, donde hay que andar con mucho cuidado cuando cae el sol.

“Soy un bicho medio raro. Cada cuatro o cinco años logro hacer bastante bien lo que estoy haciendo y me gustan los cambios. En la banca de inversión ganás bien, sos de clase media o media alta si querés, pero todo terminó pareciéndome muy monótono”, explicó Pablo, que hizo la primaria en la Madre de la Misericordia y el secundario en el Roque González de Posadas.

Así fue como Ricatti hizo un cambio muy pocas veces visto. De llegar a un lugar de privilegio en el sistema financiero, se fue a manejar una pyme que estaba en una crisis complicada.

“Mi tío tenía una panificadora y necesitaba ayuda, hace pan para hamburguesas, panchos y yo fui a darle una mano”, explicó.

“Corría el año 2010 y lo fui a visitar a la fábrica. Era un negocio que arrancó en el 93, creció y la empresa se tornó indomable, empezó a ser muy ineficiente. No tenía controles o una profesionalización. Era un bolichín, que vendía panificados, salchichas y hamburguesas a locales gastronómicos”, explicó, sobre Salke Fresh, la firma que hace la marca de panificados Panigazzi.

Los comienzos no fueron fáciles. Ricatti manejaba los números como un verdadero as, pero le faltaba lo que muchos llaman calle. “Tenía cierta ingenuidad comercial, tuve que aprender y mi tío me ayudó mucho”, reconoce.

Hoy la empresa está con un presente inmejorable a pesar de la crisis. No tiene deudas con bancos, aumentó la producción y hace semanas cerraron un acuerdo con una distribuidora que provee a supermercados chinos para elaborar pan para hamburguesas a facón (con marca propia).

Sin subir los precios por 10 meses

“Lo logramos porque no tocamos los precios por 10 meses, nuestros costos son en dólares, la harina está en dólares, así que como no se movió, nosotros tampoco tocamos los precios, obviamente hicimos un esfuerzo porque otros costos sí subieron”, señaló.

Esa fue una de las cosas que Ricatti le dijo a Macri en su breve encuentro en la Casa Rosada. Macri lo escuchaba maravillado. El presidente busca siempre empresarios para poner como ejemplo de que se puede crecer. Ricatti le vino como anillo al dedo.

Además, encontró alguien con un perfil muy particular. Un empresario pyme que viene de Misiones, trabaja en San Justo, pero en el sistema financiero se codeó con muchos que vienen de colegios como el Newman, donde estudió el Presidente. O sea, alguien que puede hablar su mismo idioma, pero al mismo tiempo tiene un background del que parecen carecer muchos funcionarios nacionales.

No soy macrista, ¿eh?, no es que tenga simpatías con el macrismo, pero le tengo terror al kirchnerismo”, afirma Ricatti. Y recuerda cuando empezaron los controles y cepos para evitar –infructuosamente- que se fugaran más dólares, hace como diez años.

“Nos pasábamos días de brazos cruzados sin hacer nada, no podíamos hacer una operación, a pesar de que estaba permitida, porque había reglas no escritas, llamados de teléfono y órdenes que se debían cumplir”, explicó.

-¿Hasta que edad viviste en Misiones?

-A los 18 empiezo a estudiar contabilidad, me vengo a Buenos Aires, podía hacerlo en Misiones pero quería tener un título de mayor prestigio. Y en parte también venir a vagar un poco. Estudié en la UBA. Pero empecé a trabajar desde muy temprano, porque mi papá me dijo que si quería plata para vagar, que me la tenía que ganar. Así que hice de todo.

-¿Por ejemplo?

-Trabajé en una rotisería pelando papas. También di clases por internet de diseño gráfico. Por esa época recién comenzaba internet, imaginate que Google nació por esos años. Daba clases de HTML, programación.Hasta que me presenté en la búsqueda del Banco Patagonia. Era el perfil de una persona que tenía que manejar muchos datos y ahí arrancó mi historia, en 2002, acababa de pasar la crisis de finales de 2001.

-¿Cómo fue trabajar en un ambiente como una mesa de operaciones de un banco de inversión?

-Me tocó vivir la crisis de 2008 y 2009 sentando en la mesa, el Banco Central metía de a 500 o 600 palos (millones de dólares) que ponía (Martín) Redrado, pasó el 2008 y 2009 y el 2010 se pone muy denso con el tema cambiario, llamaban al banco y prohibían que operemos, se volvió muy monótono. Atendía al segmento corporate, de empresas grandes, llamaban y hacían operaciones, desde cambiarias, colocaciones de pesos, hacíamos de todo. También ayudábamos a manejar la cartera propia del banco.

-¿Se puso muy difícil durante los controles de cambios del último tramo del kirchnerismo?

-Vino una Argentina muy regulatoria a partir del 2009 en adelante. El flujo de capitales era muy complicado, se volvía áspero hacer operaciones.Tenías atrás un Estado que tenía unas reglas no escritas. Eso me desalentó, vi como un funcionario levanta el teléfono y aprieta a un empresario que está haciendo su trabajo.

-¿Y cómo está el proyecto por el cual recaudaste 2 millones de dólares por twitter?

-Es algo que muy parecido a lo que nosotros hacemos, pero en lugar de apuntar a un mercado gastronómico, apuntamos al consumidor final. Vamos a fabricar productos y llevarlos a la puerta de los clientes, también vamos a distribuir productos que hacen otras pymes. Vamos a vender a través de una página de internet.

¿-Qué éxito que tuvo tu búsqueda de fondos.

-En el momento que hice la publicación, tenía la cuenta (de twitter) con candado, no era público y se armó de una manera tal que es inviable poder hacerlo en el mercado de capitales. Ahí no podés decir: “Quiero que inviertas hasta este monto”. No sólo se trata de producir chipa, esa era la idea inicial porque la tenía presupuestada para hacerla en nuestra empresa y consideraba que iba a tener mucha salida. Para celíacos, sin TACC, demostrar que se puede bajar precios a los que más caro comen. Pero ahora la idea es incorporar más productos. Alimentos que no vamos a fabricar, sino que vamos a revender, comprando a pequeñas pymes.

-Hay pymes que tienen segundas marcas de muy buena calidad.

-Pero además, habiendo laburado en una empresa chiquita, te digo que adentro de las grandes compañías hay tantos kiosquitos. Y eso se traduce también en el costo, no siempre es más caro porque es mejor. No tienen los controles que tiene una pyme donde el dueño esta ahí. En la pyme hay una eficiencia mayor por ese lado.

-¿Y tu tío sigue en la empresa?

-Yo soy el gerente general, manejo todo, mi tío trabaja a la par, pero se corrió. Viene, discutimos, tiene mucha calle, muy buen olfato comercial, al principio yo carecía mucho de eso, era muy ingenuo.

 

Ficha personal

Pablo Ricatti

Edad: 39 años, casado

Estudios: Contador (UBA), le faltan 2 materias.

Primaria y secundaria: Madre de la Misericordia, Roque González

Tres hijos (Salvador, 6 años; Isbella, 3; y Jacinta, 10 meses)

Hincha: Boca Juniors.

Hobbies: Judo.

 

 

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