Lula, Celac y después

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El arribo de Luis Inácio Lula Da Silva a la presidencia de Brasil no solo repercutió dentro de sus fronteras. Luego del socavón social vivido por la toma de la sede de los tres poderes por parte de militantes bolsonaristas, la región y el resto del mundo sintió la presencia de un líder que llegó para capitanear un bloque.

El primer gran impacto llegó por un viejo anhelo de Lula. Desde su país, confirmó que iniciaron con el proyecto de materialización de una moneda común para Sudamérica. Dicho lanzamiento se pactó desde la idea de la incorporación de Argentina. Lógicamente, Buenos Aires no vio con malos ojos esto. Paralelamente, se extendió la invitación hacia distintos países latinoamericanos que quieran integrar dicha alianza comercial. 

Lo que se sabe, en principio, es que sería una moneda para comerciar directamente entre ambos países, en términos de exportación e importación. Esta no estaría destinada para el turismo o la compra – venta de productos y servicios por parte de individuos. Sin embargo, es una noción que guarda un concepto mucho más amplio. El principal trasfondo de esto es evitar al dólar. Un Lula que pareciera recordar a aquel joven rebelde, contestatario y antiimperialista. 

Esta gambeta al dólar podría provocar más de un dolor de cabeza, si es que se extiende a varias regiones del mundo. No es descabellado pensar eso. De hecho, Sergei Lavrov, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia aclaró que están pensando en discutir la idea de mantener una moneda única para el BRICS. Este bloque que es formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica nació en respuesta de la abrumadora hegemonía norteamericana. Si el BRICS consolida esta idea pergeñada desde el laboratorio de Lula Da Silva, el golpe a Estados Unidos puede ser de KO. 

Más allá de que estas reformas monetarias parecen prometedoras, el camino será largo hasta la consolidación y ver cual es el futuro que puede llegar a tener. Asimismo, Lula está viendo algo que quizás el resto no ve o no quiere ver. Desde hace varios años, el mundo está asistiendo a un proceso de desglobalización. ¿Qué es esto? Básicamente, lo contrario a la globalización. Se le achaca gran parte de las crisis globales económicas a este estadio del capitalismo que tiene una interconexión total entre todos los países del mundo, básicamente. El hecho de “cortarse solo” con una moneda nueva, que intente reemplazar al dólar parece osado, pero en realidad, responde a esa visión de descomposición de una matriz de la acumulación de capital, en donde nuevas fórmulas se van exponiendo, a partir de este regionalismo económico. 

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Otra cuestión que Lula Da Silva puso sobre la mesa es el hecho de comerciar como bloque. La VII Cumbre de la CELAC dejó algunas precisiones que hablan del tipo de liderazgo que le espera al sur de América. Un estadista de pura cepa que acorraló con su presencia al neoliberal que preside Uruguay, Luis Lacalle Pou. El encuentro entre ambos fue tajante para Lula: se comercia en bloque, no se comercia solo. Esto se desprende de la intención de Montevideo de poder comerciar directamente con Pekín, pasando por encima la capacidad de bloque del Mercosur. Lula entiende que el comercio con China es primordial, y sobre todo en este contexto global. Sin embargo, el planteo del máximo mandatario brasileño puso un condicionante previo. Lula requiere que el Mercosur cierre acuerdos con la Unión Europea, en primer lugar, y luego apostar por comerciar con el gigante asiático. Esto se puede comprender a partir de un fuerte apoyo político que tiene Lula desde el viejo continente, sin embargo, la economía es la que se posiciona como una de las respuestas. Sudamérica sabe que Europa está asistiendo a una crisis histórica en términos económicos y energéticos. Ante esto, nuestra región puede ser el gran abastecedor de una Europa en guerra y una Europa post – guerra. Pero aquí, hay algo que también cabe tener en cuenta. El abastecimiento no sería solamente de algunos productos o alimentos, sino también de energía y tecnología. Sudamérica tiene petróleo y litio, y es necesario para poder reactivar una zona del mundo aplastada por el contexto bélico en Ucrania. 

Por otro lado, para Lula es fundamental consolidar una buena relación con China e intentar posicionarlo de la mejor manera posible. Casi se cae de maduro que el país de Xi Jinping es una potencia y puede generar una verdadera lluvia de inversiones en el suelo sudamericano. Sin embargo, la mirada tiene que ser más fina. El ingreso directo de China a esta zona del mundo es clave para enfadar a Estados Unidos. La competencia en el mercado para estos países es feroz, y Sudamérica es una parte interesante de ese tablero geopolítico. En consecuencia, Lula comprende que ya no asistimos en un mundo en donde la Casa Blanca es la única gran potencial total del mundo. Sino que se suma otro concepto, y es el de multilateralismo. Esto significa que hay una hegemonía compartida entre varios países con disyuntivas a la hora de la práctica política y económica. El mundo no termina en la frontera con México y Canadá, sino que el globalismo se determina por grandes regiones o países como la Unión Europea, Rusia, China, India, la Commonwealth, e inclusive las grandes petromonarquías de Medio Oriente. Lula sabe que es necesario posicionar a Sudamérica como un bloque que discuta los asuntos mundiales y no sea un mero partícipe en Naciones Unidas.

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Finalmente, el líder del Partido de los Trabajadores puede ser esa personalidad que encabece al nuevo orden progresista o de centro – izquierda de América Latina. Hoy detenta el poder como para poder competir de par en par con una derecha mediática que no para de ganar adeptos en Latinoamérica. Sin embargo, para él es clave la economía. Si el aparato económico brasileño no emite mejorías con su mandato, más allá de la situación actual, poca espalda tendrá para poder afianzar los conceptos previamente nombrados, con un bolsonarismo con aires golpistas en sus espaldas, esperando para clavar el puñal.

Lula es un animal político, quién con un mensaje claro y sin palabras difíciles, da cátedra de análisis geopolítico. Para él es simple, el mundo se está desglobalizando y hay un multilateralismo vigente. En la obra de teatro, nadie tiene asegurado sus papeles, sino que el reparto está abierto, y Sudamérica busca ser uno de los protagonistas de la novela de la década del 20’ del siglo XXI.

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