María Elena Castillo, gran masona argentina: “La masonería es progresista y el progresismo vino siempre de la mano de las mujeres”

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La transparencia de su mirada contradice esa imagen misteriosa que se tiene de la masonería. La simpleza con la que cuenta los detalles de su historia, derrumba cualquier secretismo. La serenísima gran maestra María Elena Castillo, de la Gran Logia Femenina Argentina, estuvo unos días en Misiones en múltiples reuniones con mujeres misioneras, también masonas y con compromiso social. 

Castillo es abogada, con destacada participación política y trayectoria jurídica en Mendoza, la tierra del buen vino, que incluso supo gestionar, con bodega propia. 

En una visita a Economis, la gran maestra no eludió ningún tema. La situación social, la educación y la política. Hasta las preguntas básicas: ¿Qué es la masonería? ¿Y qué es la masonería femenina?

“La masonería es una institución que es milenaria, que guarda saberes de distintas filosofías. Como hoy la conocemos nace en el 1717, pero tiene sus antecedentes con anterioridad en todo lo que era la masonería o las logias operativas, los constructores de aquella época. Nace en 1717 y así la conocemos casi en todo el mundo bajo los auspicios o la dirección de la Gran Logia Unida de Inglaterra. En ese momento se vedó la posibilidad del ingreso de las mujeres, también a los esclavos y demás. Pero la verdad es que no había ningún tipo de fundamento porque en las logias primigenias, con antelación al 1717, había mujeres y de eso hay un montón de documentos y manuscritos que tienen registrada la participación de las mujeres. Creo que fue un momento histórico, político, social, en donde se invisibilizó a la mujer y a partir de allí se le quitó toda la participación en los espacios públicos, relegándola a los espacios privados. La masonería en ese momento no estuvo exenta de esa situación, a pesar de su ideario y de sus banderas, excluyó a las mujeres. Lo cierto, es que las mujeres siempre hemos demandado, o hemos ido en búsqueda de aquellos derechos que entendemos que nos han sido cercenados porque sí. Y así empiezan a darse las luchas de las mujeres por ingresar a la masonería.

Una lucha feminista…

La masonería femenina es un logro del feminismo, eso es indiscutible. Es una búsqueda de esa igualdad cercenada y avasallada, una restricción a la libertad infundada. Hay algunos antecedentes ahora, estamos descubriendo, porque obviamente en esta invisibilización no han quedado tantos registros. Hay algunos registros de 1742 donde había una mujer en Irlanda iniciada, Mr. Aldrich. Y digo Mr. porque quedó registrada con el nombre de varón, porque si no, no podía estar. Y después, es una periodista francesa laica, Marie Dersner, la que realmente batalla por ingresar a la masonería. Lo logra, la echan a ella y a algunos masones más. Y a partir de allí, como la masonería es iniciática y se entendió que era una arbitrariedad, surge lo que se conoce como el derecho internacional mixto, el derecho humano, que es un espacio donde tiene posibilidad de ingresar la mujer. Con el devenir del tiempo la masonería fue buscando soluciones, porque las mujeres seguían demandando participación y surgen todo lo que son las logias de adopción. Esto de las logias de adopción, tiene que ver con que eran dirigidas por varones, pero le permitían ingresar a las mujeres, no eran iniciáticas puramente, se les daban menos grados que a los varones. En la Argentina hay dos antecedentes: uno el 8 de marzo en Buenos Aires y otro las hijas de la Unión en Rosario, estamos hablando del 1870 por ahí. Estos son los únicos dos registros de logias de adopción. Sí hay registros de logias pertenecientes al derecho humano, en 1920, 1940, en algunas provincias había ya logias mixtas. Y en este proceso iniciático, cuando hay siete mujeres que logran la maestría, pueden conformar un taller, en esta lucha en Europa, fundamentalmente Francia, es la que en 1952 le otorga la posibilidad de que nazca la gran logia femenina de Francia, la más grande, la que aglutina la mayor membresía en Europa. Y son ellas las que empiezan a expandir la masonería en Europa.

Primero llegó a Chile y después Argentina, ¿no?

Primero Chile, después Argentina. Pero antes, mucho antes, en 1931, México. México con alma mexicana, es el espacio de masonería femenina americana más antiguo que existe. Después tenemos Chile que es, digamos, la protagonista fundamental de la América del Sur y es la que nos da cartas patentes a Argentina, a Uruguay, a Bolivia… son varios los países que hemos recibido la institucionalidad de Chile.

¿Y usted estuvo ahí, entiendo, estuvo desde el principio en esa lucha? ¿no? Para que sean reconocidas.

Entré cuando tenía 18 años al derecho humano. Y estuve varios años ahí. Me parecía una arbitrariedad terrible que el 52% del padrón fuésemos mujeres y tuviésemos vedada la posibilidad de ingresar a la masonería. Me retiré por cuestiones de estudio y demás, después salí en búsqueda de la masonería femenina. Y hace ya más de 20 años, que trabajo en la gran logia femenina de la República Argentina.

¿Y qué hace un masón? ¿Participan activamente en cuestiones públicas?

A ver, algunos sí públicamente se dan a conocer y lo hacen. Y otros no. Eso en cuanto a la visibilización de la pertenencia a la organización. ¿Qué es lo que hace un masón? Es trabajar fundamentalmente en un proceso de reflexión y de conocerse a sí mismo, para sacar todas aquellas virtudes y valores y potenciarlos frente a todas las rigideces, asperezas de los prejuicios, los preconceptos, las tradiciones, los mandatos que muchas veces imposibilitan el trabajo conjunto, imposibilitan el mejor diálogo con nuestros semejantes. Trabajamos en ser mejores seres humanos, pero nos nutrimos de un abanico de saberes que tienen que ver con esto, con un montón de filosofías, de escuelas iniciáticas, de las ciencias, de las artes. Y, debatimos también temas y problemáticas actuales y sociales. Porque el fin primario de la masonería, es conformar ciudadanos y ciudadanas comprometidas con sus tiempos y su geografía. Por eso, no somos una institución religiosa, ni político partidista, sino somos una institución, una organización de la sociedad civil laica, formadora de subjetividades conscientes para que se comprometan en el trabajo social, para que tengamos una mejor sociedad.

Y abiertas las cabezas… ¿Cómo es eso de “contra los prejuicios”?

Trabajamos el tema de los prejuicios desde que ingresamos. Cómo los prejuicios hacen que rotulemos a nuestros semejantes, tengamos preconceptos y no nos atrevamos a conocerlos realmente. Entonces, desde ese lugar la masonería lo que hace es ponernos en pie de igualdad y buscar lo esencial de cada uno de nosotros. Y en lo esencial somos iguales. Somos sujetos espirituales que estamos en búsqueda del bienestar propio, personal y también de las comunidades. Entonces, desde ese lugar nos nutre, nos nutre de saberes, de virtudes, de valores, fortalece todas esas potencialidades y de alguna manera nos empodera. Nos empodera como seres humanos prestos a trabajar para una mejor sociedad. Y ese empoderamiento, tiene que ver con esa búsqueda de la verdad y de conocernos a nosotras mismas. Lo mismo hace la masonería masculina, en esto no hay diferencia. Digamos que somos dos organizaciones separadas por los contextos históricos, pero no por la filosofía iniciática.

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¿Hacen cosas juntos?

Un montón. Trabajamos socialmente en distintas temáticas que entendemos que son relevantes. Tenemos una agenda nacional que es importante y una agenda internacional. También nos preocupan los temas de cambio climático, nos preocupa el tema de la pobreza, el tema de la educación. No existe posibilidad de bienestar en las comunidades y de salubridad si seguimos teniendo los problemas de vulnerabilidad climática. No existen posibilidades de tener sociedades preparadas y capacitadas para los desafíos del futuro, si seguimos teniendo los niveles de pobreza que tenemos y la analfabetización, que ya no tiene que ver con el acceso a la escuela de la lectoescritura, sino que tiene que ver con las nuevas formas de trabajar en la sociedad, como tiene que ver con la digitalización, brecha digital y demás.

¿Por qué cree que la sociedad tiene tanto recelo con la masonería? ¿El secretismo, el pensar que todo es oculto? ¿Por qué pasa eso?

Yo creo, que en parte es por desconocimiento. Y creo, que los factores son diversos. La masonería nace y florece a la luz de las democracias y de los principios republicanos, y en épocas de totalitarismo, arbitrarismo y gobiernos de facto, la masonería fundamentalmente es perseguida. Porque se persigue al distinto, se persigue al libre pensador. El hecho de formar libres pensadores, formar sujetos que no están subordinados a ningún tipo de autoridad, a ningún tipo de dogma, digamos que genera cierto escozor en las sociedades, porque es difícil de manipular un libre pensador. Porque tiene lealtades, pero a ideales, no a personas, no a intereses ni pecuniarios, ni filosóficos, ni intelectuales, mezquinos o egoístas. Muy por el contrario, busca siempre la tendencia al altruismo. Entonces, desde ese lugar creo que el desconocimiento que hay de la institución masónica hace que muchos piensen, o se generen en el imaginario colectivo, estigmatizaciones que realmente nos alejan de la sociedad, en vez de acercarnos. Habrá seguramente responsabilidades institucionales, en las definiciones de las políticas para salir. Creo, que esas definiciones institucionales, esas decisiones pasaron por esos tiempos históricos. Analizarlas a la luz de la actualidad, es desencajar los procesos. Hoy, creo que claramente la masonería, por lo menos en la República Argentina, tanto la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones y la Gran Logia Femenina Argentina, que son las dos organizaciones con mayor membresía, prestigio y reconocimiento nacional, claramente tienen una mirada de apertura para que conozcan lo que hacemos y vean que en realidad la masonería tiene mucho para dar, mucho para entregar y mucho para hacer a la sociedad, sobre todo en estos momentos en donde prima la discordia en vez de la concordia nacional.

Importante eso. Y en política, usted particularmente ha pasado por radicalismo, arrancó con la Franca Morada, después con el peronismo.

Uy, veo que me he estudiado bastante.

¿Se participa desde cualquier lugar?

Se participa en cualquier lugar. De hecho, habrá visto que yo he transitado por dos espacios que son los dos espacios más relevantes, e importantes que tiene nuestro país, o tuvo nuestro país durante la historia. Se participa en cualquier espacio. Lo que se pide es ese compromiso social y ciudadano. Y el compromiso social y ciudadano no tiene que ver solamente con los espacios políticos, tiene que ver con los espacios públicos. Y entonces nos van a encontrar en las uniones vecinales, nos van a encontrar en los colegios, en las cooperativas, en las asociaciones de padres. En todos los espacios que impliquen esa construcción colectiva, esa construcción de tejido social que representa la posibilidad de cambiar. Hoy la política está muy…

Antagónica.

Muy antagónica. Primero, en términos generales, los argentinos somos binarios. Porteños y provincianos, somos binarios. Pero, saliendo de esa dualidad que hemos tenido a lo largo de la historia, hay momentos históricos en donde hemos tenido mayores puntos de encuentro. Hay momentos en donde quienes dirigieron el país acordaron y pudieron superar esos antagonismos. Hoy estamos en un proceso de disolución nacional y de eso son claros y fieles representantes, toda la dirigencia. Pero cuando hablo de la dirigencia, hablo de la dirigencia en todos los espacios. Hablo de los espacios políticos, hablo de los espacios periodísticos, hablo de los espacios sindicales, hablo de los espacios religiosos. Todos hemos contribuido a esta discordia nacional, en vez de una concordia nacional.

Sí, sí, coincido, absolutamente.

Amén de que hemos ido dejando de lado un montón de valores que hacían a la honorabilidad, a la honra, a la apuesta de subjetividades que fuesen ejemplares en las sociedades y las fuimos cambiando por otros valores de corte más utilitario, de corte más capitalista, si se quiere, en detrimento de las construcciones colectivas. Y esa mediocridad institucional, es la que hoy tenemos en todos los ámbitos y por eso tenemos los niveles de corrupción que tenemos.

¿Y la masonería que puede aportar en ese contexto?

Lejos, lejos, muy lejos, el método. Yo soy una convencida que el método masónico es impecable y que nos forma como sujetos virtuosos, o en búsqueda de virtudes. Y con sujetos con un montón de valores. Si hay algo que nos garantiza, en ese crisol de diversidades que tenemos, porque tenemos en nuestro universo rangos etarios, distintas profesiones, partidos políticos distintos, de nuestros representantes, religiones distintas, pero, todos podemos vivir en una comunidad. Podemos vivir en comunión y eso no es poco para los tiempos históricos que se viven.

¿Pueden opinar o pueden decir, mira me gusta este color político?

Totalmente. Lo que no permitimos en nuestros talleres es el debate binario bizantino, de dogmas o de ideologías extremas. Sí permitimos, el debate de ideas. Y en el debate de ideas, yo puedo presentar una idea determinada, con una mirada de tipo, no sé, más social y quizás otra integrante presente una mirada de tipo más, no sé, más liberal, por decirlo de alguna manera. Pero no debatimos al nivel de ver quién tiene razón, sino de nutrirnos de diferentes ideas y cada una se queda con la posición que cree que es la mejor. ¿Para qué nos sirve? En que no dogmatizamos. En que no queremos convencer a mi hermana, a mi semejante de que está equivocada, de que la razón, la vida y el protocolo, pasa por acá. No pretendemos homologar protocolos de ningún tipo, sino nutrirnos de distintas ideas y de ahí en más ratificamos o rectificamos nuestras posiciones. Y eso es más o menos lo que nos permite las construcciones de consenso.

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¿Qué tiene que hacer una mujer misionera que quiera entrar hoy a la masonería?

Atreverse. Atreverse y ponerse en contacto con nosotras a través de nuestras redes y a partir de allí, va a pasar por un proceso de entrevista y seguramente será bien recibida.

¿Pero no hay una condición especial?

Ser mayor de edad y nosotros solemos decir, libre y de buenas costumbres. Esto tiene que ver con la posibilidad de quererse. Cuando hablamos de libre y de buenas costumbres, no hablamos ni de rangos etarios, ni de niveles de calificación intelectual, ni socioeconómicos, hablamos de subjetividades que quieran ser iniciables. Y esto de ser iniciables, es una persona que quiera poner en tela de juicio todo lo que tuvo por verdad hasta el día de hoy, que a partir de allí se vuelva a autoconstruir con una mirada más diversa, más plural, entendiendo que es el respeto y la tolerancia lo que le va a permitir la construcción colectiva. No se requiere más que eso.

¿Cuántas misioneras? ¿Se puede saber eso?

En términos generales no damos números. Primero, porque muchas no se pueden dar a conocer, y no se pueden dar a conocer por los estigmas sociales. Y esto nos pasa en casi todo el país. Hay más de 3.000 mujeres iniciadas en la Argentina por la Gran Logia Femenina de Argentina. No todas están activas, la masonería nos atraviesa, pero también las vidas propias y nuestras obligaciones hacen que muchas veces estemos activas durante un tiempo, e inactivas durante otro tiempo. 

¿Demanda mucho ser una masona activa?

Demanda compromiso. Es decir, quienes se quieran comprometer a trabajar en sí mismos, imagínense conocerse a uno mismo, si no demanda tiempo. Y saber de alguna manera que también dentro mío ya hacen todas estas, que tengo que seguir mejorando y trabajando, no es fácil. Pero sí, demanda tiempo, no le voy a decir que no porque sería mentira. No demanda la totalidad del tiempo, porque eso ya sería estar avasallando los espacios de libertad de los integrantes. No somos una secta. La idea es poder trabajar en este compromiso social y ciudadano, sin dejar de ser las profesionales que somos, las amas de casas que somos, las madres que somos, las vecinas que somos, las abuelas que somos, porque nos caracterizamos por ser mujeres reales y concretas. Y a partir de ahí seguir trabajando en esta búsqueda de qué puedo yo poner para que esto cambie.

Usted viene de una familia masona ¿Qué la llevó a decir yo quiero ser parte de esto, liderar ahora realmente pero también en su cabeza, en su mente qué pasó ahí?

Convengamos que ya tengo casi 60 años -en días-, ¿Qué me llamaba la atención? Ingresé a la masonería a los 18 años, o sea hace más de 40 años. En esa época lo que me llamaba la atención, era la capacidad de escucha, de diálogo y la pluralidad de ideas que se podían dar en la familia, fundamentalmente de mi madre que es de donde viene todo el origen de la masonería. 

En un momento complejo de la Argentina…

Totalmente, yo ingresé en la época de la dictadura a la masonería y en aquella época teníamos que cambiar los horarios, trabajábamos todos con nombres simbólicos, no quedaban ningún tipo de registraciones.

Era casi una organización clandestina.

Era casi una organización clandestina y nos juntábamos para ser mejores personas, para ver de qué manera ayudábamos a la sociedad y de qué manera defendíamos la democracia de la república. Porque si hay algo que tiene la masonería, es que somos militantes del laicismo, de la democracia y de la república. Eso me llevó a ver que, a pesar, en esa época el empuje que nos daban a las mujeres, muchísimas somos de una familia de muchas mujeres, de estudiar, de obtener herramientas para ser más libres, de no tener dependencia de ningún tipo. El modelo de Susanita, no era el modelo de mi familia, era el modelo de Mafalda. Estudiar, recibirse libre, tener posibilidades, valer por vos. Esto no implicaba desde ningún punto de vista, posiciones extremas de sí al feminismo, no a las masculinidades, sino de construcciones más saludables. Y eso se vivía en familia y a mí, me llamaba poderosamente la atención.

Una última pregunta… Se discute mucho del feminismo, el resurgir del feminismo. ¿Hay diferencias en el feminismo que ustedes plantean con el feminismo que ganó la calle, si se quiere, lo del pañuelo verde y demás?

Qué buena pregunta, pero la verdad es que el proceso histórico del feminismo es larguísimo. Sin duda. El proceso histórico del feminismo es larguísimo. Y hay términos y denominaciones que llamarían la atención. Hoy se habla del lenguaje, o hay un gran debate con el tema del lenguaje inclusivo y sin ánimo de entrar en este debate, tendríamos que irnos al 1700 y pico cuando se empezó a utilizar el lenguaje inclusivo con las mujeres. Digo, la masonería es progresista y el progresismo vino siempre de la mano de las mujeres. El feminismo tiene distintas variables, tiene posiciones en sus integrantes, que estarán más equilibradas o estarán más radicalizadas. Nuestro espacio contiene mujeres de diversas miradas del feminismo, algunas que se identifican como femeninas y no como feministas, porque está estigmatizado también. Está estigmatizado el feminismo, aún entre nosotras mismas, producto de que las construcciones sociales nos van parando en lo binario. La masonería tiende y busca el respeto de sus semejantes, entonces jamás se va a plantear o se va a parar en posiciones que avasallan la dignidad de cualquier otra mujer, o cualquier otro ser humano. Seguramente habrá dentro de nuestras filas mujeres más radicalizadas y mujeres menos radicalizadas, pero en este paraguas, nunca se va a los extremos, porque tendemos naturalmente a ese reconocimiento y respeto de la tolerancia. 

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