Merlina rompe el termómetro de Netflix
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Merlina volvió a Netflix con algunos cambios que sorprendieron a la crítica y dividieron al público. ¿Mejoró, se perdió o fue más lejos de lo esperado?
La segunda temporada de Merlina ya está disponible en Netflix y, con apenas 4 capítulos, viene dejando tela para cortar. Jenna Ortega vuelve a ponerse el traje oscuro y esta vez parece que el personaje le calza mejor que nunca, en una historia que arranca más cargada, más rara y con algunas sorpresas que no se ven venir.Jenna Ortega ya no interpreta a Merlina: la habita con total autoridad
En esta segunda vuelta, Merlina deja claro que ya no necesita presentaciones. La serie arranca como si no hubiera pasado el tiempo y confía en que el público tampoco lo necesita. Jenna Ortega se volvió la dueña absoluta del personaje: todo gira alrededor de ella, incluso cuando la historia se expande y aparecen caras nuevas.
La crítica fue bastante unánime en esto. The Guardian lo sintetizó así: “El carisma de Jenna Ortega podría alimentar a 1.000 coches fúnebres”, y la frase, por extrema que suene, tiene sentido: hay una energía imantada que sostiene toda la trama, incluso cuando el guion se vuelve más ambicioso (y a veces, más caótico).

Jenna Ortega se consolida como el eje de Merlina, cargando con solvencia una temporada más ambiciosa y oscura. La serie expande su universo sin perder el tono que la hizo única.
A diferencia de la primera temporada, donde el foco estaba más ajustado, esta segunda parte intenta sumar capas y complejidades, tanto narrativas como visuales. Vuelven personajes como Morticia (Catherine Zeta-Jones), Homero (Luis Guzmán) y Dedos, pero ahora con un poco más de presencia. Incluso hay espacio para lucirse a figuras como Christopher Lloyd, que pasó de ser el Tío Lucas original en los ’90 a ocupar ahora el rol de profesor en Nevermore.
La apuesta es clara: ampliar el universo sin perder identidad. Y aunque no siempre se logra un equilibrio perfecto, los primeros cuatro episodios muestran que la serie aprendió de lo que funcionó antes y lo redobla con más confianza.Más personajes, más historias: el riesgo de dispersarse sin perder el eje
Una crítica recurrente en medios como Screen Rant, Polygon y AV Club tiene que ver con el riesgo de que tanta expansión termine diluyendo lo que hacía fuerte a la primera temporada: ese foco cerrado en los vínculos, especialmente en la relación entre Merlina y Enid, su compañera de cuarto y contrapunto emocional. En esta segunda parte, esa relación pierde tiempo en pantalla, y se nota.
Como marcó Screen Rant: “es fácil transportarse al mundo de Merlina, y es como si no hubiera pasado nada de tiempo desde el final de la primera temporada”, pero también señala que el reparto se siente “sobrepoblado” y que hay decisiones que afectan la consistencia emocional de la historia.
El nuevo director del colegio, interpretado por Steve Buscemi, es un hallazgo. Le da un aire desconcertante y simpático a Nevermore, que contrasta bien con el tono macabro de fondo. Pero no todos los personajes nuevos tienen el mismo peso: hay subtramas que aparecen y desaparecen sin desarrollo, lo que hace que el ritmo se vuelva algo desparejo.

La expansión del universo de la serie tiene algunos costos: se dispersan vínculos clave y el elenco se vuelve abultado. Aun así, los primeros episodios mantienen la calidad y abren la puerta a un cierre prometedor.
USA Today también marcó un cambio en el tono general: “Abandona su aire de placidez y añade picante, horror genuino y sentimiento a los procedimientos”. La serie crece en intensidad, suma capas al pasado familiar de Merlina y se vuelve más oscura. Pero todo eso exige mayor precisión narrativa, algo que no siempre se logra en un formato dividido en dos mitades. La segunda parte recién llegará el 3 de septiembre, y eso también juega en contra: cuatro episodios no alcanzan para cerrar nada, pero sí dejan claro que hay ambición.
Aun así, el consenso crítico es positivo. Merlina logró un 84% en Rotten Tomatoes (superando el 73% que había obtenido su debut), mantiene su esencia y sigue siendo uno de los productos más singulares del catálogo de Netflix. La estética sigue cuidada, los guiños a Los Locos Addams original se multiplican, y el guion (aunque más disperso) conserva la mordida.
Lo que deja esta primera mitad de temporada es una confirmación: que Merlina no fue un golpe de suerte. Jenna Ortega está en su mejor momento, Tim Burton entendió que el formato le permite jugar sin perder elegancia, y aunque hay puntos flojos, la serie se afirma como una construcción consistente dentro del terror adolescente, con identidad propia y espacio para crecer. Y lo mejor todavía no llegó.
