Mujeres: las trabajadoras de casas particulares son mayoría en la informalidad y las más afectadas por el Covid

El sector de trabajadoras de casas particulares es el más informal y feminizado de la economía y es uno de los más afectados por la crisis del Covid-19.  El documento presenta un diagnóstico de la situación de estas trabajadoras, describe las condiciones de vida y de trabajo*. A su vez, explica los efectos y alcances del Programa Registradas.

El documento presenta un diagnóstico de la situación de las trabajadoras del sector, el más informal y feminizado de la economía, uno de los más afectados por la crisis del Covid-19. A su vez, explica los alcances y efectos del Programa Registradas y describe las condiciones de vida y de trabajo de las trabajadoras de casas particulares

El trabajo de casas particulares es una de las principales actividades laborales para las mujeres. Es también el más informal y peor pago. Por esto mismo, ante la crisis de la pandemia, miles de trabajadoras perdieron su empleo. Registradas es una herramienta de política para recuperar el empleo y mejorar sustancialmente su registración, brindando acceso a derechos y mejores salarios”, expresó la directora de Economía, Igualdad y Género, Mercedes D’Alessandro.

Registradas es una política integral de empleo con perspectiva de género, clave para la recuperación económica con igualdad. Mediante este programa, el Estado se hace cargo de entre el 30% y el 50% del salario mensual de las empleadas recién contratadas, durante 6 meses, con un monto máximo del beneficio de $15.000. El programa significa para estas trabajadoras la posibilidad de contar con un empleo con acceso a derechos tales como aportes previsionales, ART, vacaciones, licencias, entre otros; además de mejorar sus condiciones salariales.

La política busca recuperar los empleos que se perdieron durante la pandemia en el servicio doméstico, promueve la formalización y la bancarización de las trabajadoras de uno de los sectores más importantes del mercado de trabajo femenino, a la vez que brinda un alivio a las personas empleadoras, mayoritariamente a las mujeres, contribuyendo a la redistribución de las tareas de cuidado.

El informe refleja cómo Registradas apunta a revalorizar el sistema de cuidados, una condición necesaria para lograr una recuperación económica sostenible.

El impacto negativo de la crisis por la pandemia profundizó las brechas de género ya existentes: demandó nuevas formas de actividad educativa y laboral, que se resolvieron de manera remota en muchos casos, disminuyendo todo lo posible la presencialidad. El paso a la virtualidad de escuelas y jardines, el cierre de clubes, espacios de cuidado, así como las restricciones a la movilidad que se mantuvieron durante 2020 y continuaron en 2021 para proteger la salud, han tenido efectos sobre los hogares y, especialmente, para las mujeres que tienen niños, niñas, adolescentes o personas dependientes. En el contexto de la pandemia, muchas de ellas vieron relegada su participación en el mercado laboral al tiempo que se incrementaron las horas de trabajo dentro del hogar.

La desigualdad de género es un problema estructural. En la Argentina, las mujeres tienen una menor participación en el mercado laboral, mayores niveles de informalidad, perciben menores ingresos y registran mayores niveles de desocupación que sus pares varones. Las menores de 30 años son las que más obstáculos enfrentan, sus niveles de desocupación duplican los de la población total. Uno de los motivos centrales de estas desigualdades es la distribución asimétrica de las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas. El trabajo no remunerado es realizado en un 75,7% por mujeres. Además, ellas destinan en promedio 6,4 horas diarias a estas tareas, casi una jornada laboral extra (INDEC, 2013). Esta distribución asimétrica tiene implicancias en la inserción de las mujeres en el mercado laboral, sus trayectorias, sus ingresos y su futuro. A su vez, al tener trabajos más precarios, las mujeres tienen una mayor desprotección social (por ejemplo, no acceden a una obra social y, al no contar con los aportes necesarios, tienen mayores dificultades para acceder a una jubilación). Es por ello que las condiciones en que se desarrollan los trabajos remunerados están estrechamente ligadas a cómo se resuelven las tareas del hogar y de cuidados.

En Argentina, el trabajo en casas particulares es la tercera rama de ocupación entre los empleos de las mujeres, después del comercio y enseñanza (EPH-INDEC, 1er trimestre de 2021). Casi el 60% de las mujeres de nuestro país se inserta en el servicio doméstico, el comercio, la enseñanza y los servicios sociales y de salud. Es decir, 6 de cada 10 mujeres trabajan en estas ramas. Hasta antes de la pandemia, el trabajo en casas particulares era la principal actividad: empleaba a 1,2 millones de mujeres (el 16,7% de las trabajadoras ocupadas). Pero en el segundo trimestre de 2020 más de 400 mil trabajadoras perdieron el trabajo y, todavía, 350 mil no lo recuperaron. La caída en el empleo en este sector fue tan grande que modificó la estructura de inserción laboral de las mujeres: a principios de 2020, casi 1 de cada 6 trabajadoras se empleaba en esta rama; a principios de 2021, lo hacían 1 de cada 8.
Este sector es, a su vez, el que cuenta con mayor nivel de informalidad (el 70,5% de sus trabajadoras/es no tenían descuento jubilatorio al 1er trimestre de 2021) y menores salarios de toda la economía argentina. Además, es el más feminizado: el 98,8% de quienes trabajan en el servicio doméstico son mujeres.

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