Ellas producen: mujeres rurales protagonistas del desarrollo misionero

Más de 20 millones de hectáreas son cultivadas en Argentina anualmente. De un total de 330.000 establecimientos productivos únicamente 27.000 son dirigidos por mujeres.  Sin embargo, en las economías regionales, ellas representan más del 50% de la fuerza laboral. 

Históricamente invisibilizadas, hoy con un protagonismo que conquista cada vez más escenarios: las mujeres rurales son indispensables para el desarrollo sostenible de las comunidades


Visibilizarlas es un trabajo tanto individual como colectivo y en ese contexto, Economis presenta a algunas de las miles de mujeres rurales misioneras que día a día impulsan diseñan, gestionan y administran unidades y emprendimientos productivos en la tierra colorada.

La generosidad está en el ADN de las mujeres rurales y permite tanto la transmisión de saberes como la generación de nuevas oportunidades de desarrollo y crecimiento

“Tuve la dicha y la suerte de tener una maestra taiwanesa y con ella aprendí a hacer tés blancos, verdes y rojos. Ahora tengo una variedad de tés bastante importante, que la estamos comercializando dentro y fuera de la provincia”. Así, doña Irma esboza un hecho clave que marcó un antes y un después de lo que hoy es su principal actividad: la producción y venta de té en hebras especiales la Capital Nacional del Té, generado por el contacto con alguien de otra cultura que compartía el gusto por dicha bebida. 

Hoy Irma Fraga está al frente de La Casa del Té, un espacio destinado a turistas nacionales y extranjeros, para catar té artesanal en hebras, recorrer plantaciones y conocer las distintas etapas del milenario cultivo. 

Este emprendimiento, que nació en búsqueda de una alternativa que haga frente a los bajos precios de la industria, le permitió a Irma difundir su pasión y socializar sus conocimientos. “Incluso tuve el privilegio de cosechar té con la embajadora de Polonia”, expresó. 

Juntos a la par es la forma de trabajo que Irma comparte con su marido en la chacra. Doña Irma planifica y desarrolla el cultivo, y también cosecha mano a mano: “Siempre trabajamos unidos en la chacra con la yerba y el té. Buscamos otras alternativas para mejorar la situación económica y acá estamos con nuestro emprendimiento de té artesanal”. 
Con una plantación de más de 80 años colmada de plantas maduras y fuertes en un suelo tratado libre de químicos y con marca comercial libre de glúten; las proyecciones de crecimiento prosiguen en la línea de las certificaciones y la mejora continua. “Tenemos que seguir trabajando en las buenas prácticas agrícolas y siempre fuertes con la certificación” confirmó Irma. 

Históricamente, innumerables prejuicios limitaron el reconocimiento de las mujeres como gestoras y administradoras de las unidades productivas. 

Aún hoy, algunas percepciones siguen arraigadas  y catalogan a las tareas productivas realizadas por las mujeres como ayuda o colaboración, e incluso como continuidad de lo doméstico. 

En ese contexto, hay quienes capitalizan espacios claves para impulsar la valoración y el reconocimiento del trabajo de las mujeres rurales como aporte directo al desarrollo productivo de las chacras

Con tan sólo 28 años, Constanza Noremberg está al frente de la Dirección Agrícola del Ingenio Azucarero. Tiene a su cargo cinco instructores de campo, con quienes anualmente diseña y organiza la zafra cañera de la provincia. 

La directora agrícola detalló a Economis que actualmente existen 50 productoras cañeras registradas formalmente, lo que representa un 25% del total de los productores cañeros proveedores del Ingenio.  Y esto no es un dato menor, ya que uno de los principales obstáculos que sortean las mujeres rurales es la dificultad para acceder a registros formales que, a su vez, es la puerta de acceso a financiamientos, servicios, insumos, etc. “En cada chacra de la cuenca cañera que visitamos siempre vemos a las mujeres rurales a la par de su familia trabajando”.

“Es muy importante que se incluya formalmente cada vez a más mujeres en puestos de trabajo del ámbito rural, ya que esto nos ayuda a visibilizar que somos capaces de llevar adelante dichas tareas”, sostiene Costanza.

La producción de plantines hortícolas, que se desarrolla en el marco del Programa Hortícola del Instituto de Fomento Agropecuario (IFA),  la lleva a estar en contacto con productores de toda la provincia y con referentes de los mercados concentradores de Posadas, Oberá y Eldorado. Uno de los principales desafíos que encuentra en esa labor cotidiana es inspirar confianza, como la base del vínculo con los productores.  

El emprendedurismo en el sector rural es liderado por mujeres en todo el mundo. Algunas investigaciones indican que alrededor de ocho de cada 10 empresarias rurales son mujeres autónomas que apuestan por poner en marcha iniciativas que ofertan productos o servicios de los que su entorno carece.

Camila Gessinger es profesora en biología y técnica en gestión ambiental. Actualmente se encuentra diseñando Zeleny Hidroponia, un emprendimiento para la producción de hortalizas de hoja bajo un sistema hídrico sustentable en San Vicente.

El desarrollo del proyecto está orientado a un sistema productivo sustentable no únicamente de la incorporación de sustratos orgánicos y no agroquímicos, sino también por la utilización reducida y controlada del agua, lo cual permite un ahorro del recurso hídrico. “Desde un principio se busca generar una idea innovadora, que sea amigable con el medioambiente y que produzca un impacto positivo en la sociedad”

La joven emprendedora estará al frente de Zeleny y se encargará tanto de lo que respecta a la coordinación general, como a la producción y la posterior venta. Por estos días focaliza sus energías en generar contenidos para las redes sociales, que serán la principal forma de comunicación y promoción de sus productos. 

“Yo me siento parte del sector agrícola y estoy feliz por eso. Admiro y valoro el trabajo en la agricultura. Paulatinamente las mujeres estamos adquiriendo el reconocimiento social no solo en el sector rural sino en todos los ámbitos”, expresó. 

Las propias experiencias son en sí mismas movimientos vivos, en constante construcción y deconstrucción. Lejos de ser un concepto trillado en el feminismo, la sororidad es un sinónimo de alianza que está siempre presente en esos procesos y generan un abanico de oportunidades para las mujeres rurales. 

Karen Natalia Albuja Carbonell preside la cooperativa agropecuaria biodinámica La Abundancia, que promueve el desarrollo de la familia agricultora de Misiones y el arraigo de las futuras generaciones al campo, por medio del agregado de valor de la producción primaria cultivada bajo los principios de la agricultura orgánica y biodinámica. 

En ese ámbito, la transformación es una constante: la yerba mate y las plantas medicinales se vuelven tinturas madre, lociones y cremas cosméticas; la mandioca se torna almidón o fécula y; las los cítricos como rosella, mango y maracuyá se vuelven jugos naturales envasados sin aditivos.

“Trabajamos la tierra de una forma natural, tratando de imitar los ciclos naturales. Usamos preparados a base de plantas medicinales para sanar la tierra y potenciar la fertilidad de los cultivos. Cosechamos las frutas maduras en planta y las hierbas medicinales una vez que han alcanzado su estadio de desarrollo completo”, explicó a Economis. Además, se valen del calendario astronómico para las prácticas biodinámicas, la planificación de las labores de siembra, manejo y cosecha.  

El respeto, la delicadeza y la calidad son claves en todo el proceso de transformación del alimento. Por este motivo, cuentan con salas de elaboración de jugos y un laboratorio para los productos medicinales. 

“Trabajo en conjunto con otras mujeres con quienes nos apoyamos para el desarrollo y mejoramiento de todos los procesos productivos. También brindamos oportunidades de trabajo a otras mujeres de la comunidad quienes con mucha responsabilidad y entrega colaboran en la manufactura de la yerba mate principalmente que se envasa manualmente”, explicó Karen.

Karen es ecuatoriana nacionalizada argentina. Hace ya 11 años está radicada en la tierra colorada por amor. Su esposo Pablo es misionero y se conocieron en la facultad de Costa Rica, donde ambos estudiaban agronomía. “Amamos lo que hacemos. Vemos a la tierra producir y sentimos que ella quiere que cosechamos sus frutos. En todo esto se involucran las familias socias de nuestra cooperativa quienes vemos en este proyecto oportunidades de crecimiento y arraigo al campo”.

A nivel mundial, las mujeres rurales representan un tercio de la población mundial y además superan el 43% de la mano de obra agrícola a nivel mundial, es fundamental empoderar a este colectivo. Fortalecerlas e impulsarlas no es únicamente necesario por una cuestión de bienestar de las familias y comunidades; sino también para la productividad económica en general. 

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