Palestina, la presea de Medio Oriente
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Mucho se habla de la conflictividad de Israel con el resto de sus vecinos, y todo eso tiene una explicación o al menos conducen todos los caminos a Palestina. Una causa reconvertida en diversas guerras y el flagelo de un pueblo que no cesa. Hoy, en pleno frente de guerra, parece ser que todos desean a Palestina pero no a los palestinos.
Palestina, ayer y hoy
Esta zona fue históricamente ataviada de cambios constantes que fueron desde lo demográfico hasta lo cruentamente bélico. Entre el Mediterráneo y el Río Jordán, este sector geográfico fue territorio de diversa ocupación de pueblos en la Antigüedad. Para tomar más dimensión de la importancia de Palestina, cananeos y filisteos fueron depositarios de la utilización de estas polémicas tierras. De hecho, si nos trasladamos al siglo I, el mismísimo Jesucristo nació y vivió en Palestina. Este último dato sirve como para tomar magnitud de los hechos acontecidos allí.
En ese dinámico siglo I fue territorio dependiente del Imperio Romano, y fue allí también donde se dio una diáspora judía ubicada en varios pueblos.
Tras la ocupación romana, varias instituciones políticas, religiosas y étnicas tuvieron el monopolio de las tierras palestinas, entre ellos bizantinos, islámicos, cruzados, mamelucos y otomanos. Estos últimos la detentaron hasta fines de la Primera Guerra Mundial, en donde a partir de la derrota la Triple Alianza o Potencias Centrales. Una de las tantas cosas que cambiaron tras eso fue la disolución de los grandes imperios mundiales, entre ellos el Otomano.
Como ganador, Reino Unido fue quien se hizo cargo de la entonces Palestina, allanando el camino para lo que se había entendido como la Declaración Balfour en 1917, reconociendo un “hogar judío”, en consonancia con el crecimiento del sionismo o Movimiento Nacional Judío desde finales del siglo XIX.
En ese sentido, los británicos obviaron toda promesa independentista árabe y, tras el Holocausto y el fin de la Segunda Guerra Mundial, fueron quienes allanaron parte del camino para la conformación del Estado de Israel, con el plan de Partición de por medio, ubicando a judíos de un lado y a palestinos del otro, siendo la gran génesis del actual conflicto. Este hecho ocurrido entre 1947 y 1948 fue el puntapié para posteriores guerras en la región como la Guerra de los Seis Días, la Guerra de Yom Kipur, las intifadas y hasta la actual guerra en Gaza, generando un primario conflicto Árabe – Israelí, el cual mutó a un Palestino – Israelí, y donde hoy, más que una causa, parece una excusa de medición de poder geopolítico en la región.
La “querida” Palestina
Actualmente, este pueblo parece ser tenido en cuenta como una simple moneda de cambio en el cruel entramado geopolítico. Las últimas actualizaciones hablan de un voluntario reconocimiento del Estado Palestino por parte de iconicos aliados de Israel, tales como Reino Unido y Francia. Sumado a otros países occidentales, la toma de posición a favor del reconocimiento palestino no es ni bien intencionado ni tampoco azaroso, sino que movido por un complejo esquema de intereses.
Conocida es la situación por disputa de la hegemonía de Medio Oriente, la misma tiene a varios actores en dicha puja. Israel, Irán, Turquía y Arabia Saudita son quienes pican en punto para ser quienes se hagan del dominio completo de esta zona. Esto incluye lo económico, los recursos y lo militar.
Poniéndolo en un plano mayor, quien se encuentra detrás de la operación “bancamos a Palestina” es Arabia Saudita. Pese a la histórica disputa con Irán, la Casa Saud parece ser quien está maniobrando para que países occidentales hagan pública su postura de aceptar un Estado Palestino. Irán fue quien, desde la Revolución Islámica de 1979, utilizó la causa palestina como uno de sus motores de lucha constante contra Israel, pero es Arabia Saudita quien con el fino arte de la diplomacia lo está logrando.
Riad es uno de los depositarios más grandes de reservas de petróleo del mundo, y en este contexto de híper consumo es fácil detectar que, quien tiene los recursos, es quien genera influencia y maniobra el poder. De esta forma, Arabia Saudita ejerció su “efecto petromonarquía”, poniendo como condición para mantener acuerdos bilaterales e inversiones futuras, el hecho de que reconozcan a Palestina como un Estado.
La pregunta es ¿por qué ahora? Todo parece indicar que los saudíes, en clave geopolítica, están “oliendo la sangre” de Israel e Irán. Ambos estados en función al conflicto por Gaza y el territorio palestino, y es justamente la actual guerra en dicho enclave la cual desgastó la imagen de ambos. Si uno ve la situación de Israel, son muchos los países y organizaciones que cuestionan severamente el accionar de las FDI en suelo gazatí, incluyendo la acusación de cometer genocidio contra el pueblo palestino.
Por el lado de Irán, el desgaste parece venir de la propia inacción de Teherán antes un inminente conflicto directo con Tel Aviv. Parece ser que la guerra indirecta con sus organizaciones como Hamás, Hezbolá y los Hutíes comenzó a generar cierto hartazgo por la inexorable inestabilidad de la zona. Además, es aprovechable para darle una estocada y sacar ventaja contra su eterno rival dentro del mundo del islam. Cabe recordar que Irán y Arabia Saudita son hegemones que representan a las dos grandes facciones del islam, los chiitas y los sunitas.
¿Y los palestinos? Bien, gracias. Parece ser que en la idealidad de un mundo post globalización, su identidad histórica es simple moneda de cambio y una bandera que se va a izar hasta conseguir los resultados esperados, mientras tanto niños y mujeres siguen siendo víctimas de los cruentos ataques actuales de Israel bajo el mandato de Netanyahu, paralelamente al estado de opresión de Hamás en Gaza desde 2007. Un conflicto que tiene de todo, menos a las voces de Palestina.
