Paraguay, la paja en el ojo ajeno

Paraguay anunció en estos días que no reconoce los resultados electorales para la Asamblea Nacional Constituyente, de Venezuela, del 30 de julio pasado, sumándose así a la lista de países que adoptaron la misma posición, como Estados Unidos, Colombia, Argentina, Brasil, Panamá, Perú y España.

El canciller Eladio Loizaga, se encargó de hacer el anuncio respectivo, sobre la base de la repetición de los argumentos conocidos contra el gobierno de Nicolás Maduro, que es una “dictadura”, que el pueblo “está pasando hambre”, que “hay una sangrienta represión”, que “no hay libertad”, y la mar en coche.

Que lo diga Loizaga, desconcierta, por lo menos. Primero, por su pasado de rabioso anticomunista, y su estrecha vinculación con el llamado “Plan Cóndor”, el operativo que unió a las dictaduras del cono sur en la persecución y asesinato de sus opositores políticos. Loizaga, por supuesto, evita referirse a esto, y palidece cada vez que alguien se atreve a restregarle su complicidad con el genocidio de los ´70. Para su suerte, esto último no sucede a menudo, los periodistas lo escuchan impávidos y le formulan preguntas de forma, como si no hubieran estado escuchándolo pavonearse como un demócrata de toda la vida.

Después, por la realidad del gobierno al que representa el canciller, que ha endeudado al país como nunca desde la época de los López, donde Paraguay prestaba plata. Cartes, incrementó la deuda pública en un 65,9 %, lo que equivale al 23,3% del PIB. Según el Ministerio de Hacienda, la deuda pública total al cierre del mes de mayo suma 6.928,5 millones de dólares.

Cartes, argumenta que la toma de deuda es necesaria para el desarrollo de proyectos de infraestructura y la generación de puestos de trabajo. Pero, la realidad muestra que las estadísticas sociales se han derrumbado, que se ha disparado la pobreza a niveles históricos, y que el desempleo azota ciudades y zonas rurales. Los cálculos hablan de 2 millones de pobres, el 20% de la población. Ni que hablar de la corrupción, la represión, la concentración de la riqueza cada vez en menos manos. El mismo Horacio Cartes no deja de comprar todo lo que se le pone enfrente, medios, conciencias, voluntades, puestos políticos.

La protesta campesina que acampa en Asunción hace unas tres semanas, esperando que el gobierno resuelva su problemática económica derivada del desarrollo de un modelo agrícola extensivo cimentado en el despojo y la asfixia de comunidades rurales enteras, vuelve a contradecir al canciller, que muy horondamente repite un glosario de acusaciones contra Nicolás Maduro por su “violación de los derechos humanos”.

Las familias campesinas piden la condonación de deudas adquiridas por políticas públicas fallidas. El Senado, aprobó en estos días un proyecto de ley haciendo lugar a las reivindicaciones campesinas. Se espera que Diputados lo refrende en los próximos días. Pero, aun así, es muy probable que Cartes vete la iniciativa, tal como ya vienen anunciando sus voceros políticos. 

Días antes de la elección Constituyente del domingo, Maduro entregó en Venezuela la vivienda Nº 1.700.000, construidas durante los 18 años de gobierno bolivariano. En Paraguay, también días antes de la Constituyente venezolana, la Secretaría de la Vivienda, de Cartes, informó un balance de 20.250 unidades construidas desde 2014 a junio de este año, un curita para una hemorragia, en un país con un déficit habitacional que el mismo organismo oficial calcula en 1.000.000 de unidades.

Paraguay, no sufre el desabastecimiento de productos básicos, como Venezuela, es cierto. Aquí, los supermercados rebosan de artículos de todo tipo, muchos de ellos ingresados de contrabando por empresarios que pagan salarios de hambre a trabajadores que tienen prohibido sindicalizarse. Hay comida, el país la produce para el mundo, es el cuarto productor mundial de soja, y la carne paraguaya se sirve en Rusia; pero las estadísticas del propio gobierno dicen que cada noche, casi medio millón de personas se van a dormir sin comer.

Mientras Loizaga informa a los medios sobre la decisión tomada por el gobierno paraguayo en relación con Venezuela, en la vereda de los supermercados, en esquinas y calles, incluso afuera mismo del edificio de estilo neoclásico donde habla el canciller, niños, hombres, mujeres, ancianos, estiran sus manos a los vehículos implorando por una moneda de 1000 guaraníes (U$S 0,17). La escena se repite hasta el cansancio, todo el día, todos los días; de vez en cuando aparece en los medios, porque ni los medios, ni aquí, ni en Venezuela, ni en ninguna parte del mundo, tampoco pueden tapar el sol con la mano.

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