Pergolini: polarización, audiencias digitales e IA y su nuevo programa “Otro día perdido”
Mario Pergolini analizó el nuevo ciclo “Otro día perdido”, el impacto de la IA en la TV y los desafíos de trabajar en un escenario político y mediático polarizado.
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Mario Pergolini reconoció que el regreso a la televisión le demandó un período de adaptación y que durante las primeras semanas pensó que “la había pifiado mal”. En una extensa entrevista en La Nación+, el conductor explicó la dinámica de producción del ciclo “Otro día perdido”, destacó el trabajo creativo del equipo y analizó el impacto de la digitalización y la inteligencia artificial en los medios, en un contexto de fuerte polarización política y cambios en los hábitos de consumo.
Un regreso desafiante a la TV: audiencias fragmentadas, nuevas rutinas y reconstrucción del formato
Pergolini admitió que el comienzo no fue sencillo: “Me costó el programa las primeras semanas, pensé que la había pifiado mal”. Según detalló, la estructura narrativa del ciclo se sostiene en los guiones de Alejandro Borenstein: “Son muy buenos, todo es calmo. Me acompañan Laila y Rada con mucha solidez, todo funciona”.
En su análisis sobre el ecosistema mediático, el conductor señaló que el público televisivo tradicional convive con nuevas audiencias digitales: “Hay público que no está en la tele y nos ve por YouTube o las redes sociales. Cuando volví era consciente de que los números están casi muertos. Pero el canal entendió que lo digital se suma a lo tradicional”.
La rutina de trabajo, según describió, empieza muy temprano: “El programa empieza a las 6 de la mañana, no sé quién me metió en esto. Vemos durante todo el día las notas que tienen un remate de chiste. A las 10 los guionistas ya saben de qué se trata y a las 14 tenemos reunión general con los creativos y editores”.
Allí se revisa y reescribe el guion con un criterio central: asegurar un tono ameno sin entrar en el conflicto permanente de la agenda política: “Tratamos de pasarle a la grieta por arriba, pero es complicado porque el camino del centro no le agrada a nadie”.
Para Pergolini, esta polarización es un fenómeno global: “La división está pasando en todo el mundo. Nadie quiere escuchar al otro. Las noticias serán importantes depende quién las diga. La verdad deja de ser tan importante”
Claves de un formato que combina entretenimiento, tecnología e IA
El conductor subrayó que uno de los pilares del ciclo es evitar el tono de espectáculo: “Intentamos que los entrevistados no vengan a contar chismes. No ser un programa más del espectáculo. En la vida vas subiendo y bajando; arriba estás muy poco tiempo”.
También destacó la importancia del equipo: “Si este termina siendo un buen año, es consecuencia de que elegimos buena gente para trabajar juntos”.
La tecnología aparece como un rasgo distintivo tanto de este ciclo como de proyectos anteriores del conductor: “Tanto Caiga quien Caiga como Otro día perdido son ideas donde se aplicó mucha tecnología. La Inteligencia Artificial está marcando hoy por hoy la diferencia”.
Inteligencia Artificial y TV
Pergolini aseguró que gran parte de los contenidos audiovisuales del programa ya se crean mediante IA: “Muchas de las cosas que mostramos son hechas con Inteligencia Artificial. El canal pensaba que no podían pagar tantos extras, y les contábamos que nadie era real. No nos creían”.
Incluso mencionó que esta tendencia ya domina la industria musical internacional: “Esta semana, el tema de música country más escuchado en Estados Unidos no fue creado por un músico sino por la IA: hay que acostumbrarse”.
Medios, política y redes: un ecosistema de tensión permanente
Pergolini también analizó la relación entre dirigentes, figuras públicas y redes sociales. Comparó la dinámica actual del fútbol con la política argentina: “El fútbol siempre fue caótico. Ahora un dirigente te patotea desde X. Lo mismo pasa con Milei, que también te bardea con posteos. Lo que hizo Juan Verón fue contestarle a un tipo que te apura en redes sociales”.
Para el conductor, este cruce de tensiones define un escenario donde la conversación pública se vuelve cada vez más fragmentada y emocional, con impactos directos en la televisión y la producción de contenidos.
