Recomiendan adecuar la actividad física a objetivos de salud o de estado físico, pero siempre con controles y seguimiento adecuado

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En los últimos años se ha incrementado en la población la conciencia acerca de la importancia de realizar actividad física para mejorar la salud en general y la cardiovascular en particular. Sin embargo, mayoritariamente se ignora en detalle qué frecuencia, duración e intensidad debe tener la actividad física que realice cada persona y muchos, sin el adecuado asesoramiento profesional, se dejan llevar por recomendaciones de alta intensidad y ejercicios vigorosos, o también por actividad física de moderada a baja intensidad.

Sobre este tema debatirán los especialistas convocados en el 49° Congreso Argentino de Cardiología organizado por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), que se realizará en Buenos Aires del 19 al 21 de octubre. La recomendación es unánime respecto de que la intensidad en el ejercicio debe estar relacionada en forma directa con la condición física de cada individuo y orientada al cumplimiento de objetivos específicos, sean estos de salud, de estado físico o de aumentar el rendimiento en un deporte individual o de equipo.

“En todos los casos, antes de comenzar un programa de ejercicio intenso debe consultarse con su médico. Es posible que sugiera realizar ciertas pruebas primero. Este puede ser el caso de las personas que tienen más de un factor de riesgo de enfermedad cardíaca, de los hombres a partir de los 45 años y las mujeres mayores de 55. En ese caso, la prueba ergométrica dará una información de gran valor”, afirmó el Dr. Jorge Franchella, médico Deportólogo y Cardiólogo, miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).

La intensidad es el porcentaje de un tipo de ejercicio o estímulo deportivo, que variará si nos referimos a una actividad aeróbica o de fuerza. Se pondera de acuerdo a una escala, una unidad de intensidad o variable fisiológica que la gradúa como la frecuencia cardiaca, los METs de la Ergometría o escalas de intensidad como la de Börg. 

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Para la actividad aeróbica, la Asociación Americana del Corazón (AHA por su sigla en inglés) recomienda una frecuencia cardíaca objetivo de los siguientes niveles: Intensidad baja de ejercicio: menor al 50% de la frecuencia cardíaca máxima; intensidad moderada entre el 50 y el 70% de la frecuencia cardíaca máxima, e intensidad de ejercicio vigoroso: del 70 al 85% de la frecuencia máxima.

Mientras que en un estudio de ergometría la intensidad se mide en METs (equivalentes metabólicos que equivalen al gasto de energía de una persona en reposo expresado en ml de oxígeno por kg de peso y por minuto). Entre 4 y 5 METs se considera intensidad moderada y es vigorosa cuando alcanza los 6 METs.

“Sin embargo, se trata de una condición individual, ya que 6 METs será vigorosa en una persona de más de 60 años, pero moderada para alguien sano de 40 años”, agregó el Dr. Franchella.

“Otra forma de medir la intensidad es mediante el pulso, que expresa la frecuencia cardíaca; si bien variará de acuerdo a las condiciones de cada individuo, se considera como máxima aquella que resulta de restar 220 sobre la edad de la persona. Así alguien de 70 años la habrá alcanzado con un ritmo de 150 pulsaciones, mientras que en un joven de 25 será máxima recién en 195”, sostuvo el Dr. Diego Iglesias, médico cardiólogo universitario, ex Director y actual Asesor del Consejo de Cardiología del Ejercicio de la SAC.

“Es posible que el esfuerzo percibido no siempre sea similar al nivel de la frecuencia cardíaca, y depende de cada persona, pero puede ser una guía general para medir el nivel de esfuerzo”, aclaró.

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Sin embargo, la intensidad del ejercicio es una medida subjetiva de la dificultad que la actividad física implica. El nivel de esfuerzo que se percibe puede ser diferente al de otra persona al hacer el mismo ejercicio. Por ejemplo, una carrera intensa que para una persona es un ejercicio vigoroso, para otra que tiene un mejor estado físico resulta moderado o liviano.

En opinión del Dr. Franchella,si dos personas van caminando y pueden establecer una comunicación fluida entre ellos, sin percibir ninguna dificultad respiratoria, la actividad es de baja intensidad. Si se presentan dificultades para conversar con un compañero durante un trote y la respiración se acelera, pero si no nos quedamos sin aliento, la actividad probablemente sea de intensidad moderada.

“En cambio, la actividad vigorosa se manifiesta por: respiración corta y rápida (como un jadeo), donde el individuo no puede decir más que unas pocas palabras sin hacer una pausa para respirar. Esta actividad será de alta intensidad. Y si una persona, por ejemplo, corre a toda velocidad, su capacidad de hablar va estar anulada, este esfuerzo se percibe como de muy alta intensidad”, completó Franchella.

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