Sembrar hongos para cosechar una empresa

Como misioneros tenemos la posibilidad de acceder a una amplia variedad de ingredientes naturales, gracias a los factores climáticos que reinan en la región. Los hongos comestibles, aunque estén estigmatizados bajo una injusta reputación en el rubro gastronómico, son fuertemente favorecidos por el clima misionero y cuentan con una amplia variedad de especies comestibles y también, en ocasiones, medicinales.

Gabriela Flach es una estudiante de Ingeniería Química de Capioví que empezó a interesarse por el reino Fungi y, en sus lecturas, encontró la posibilidad de llevar adelante un emprendimiento que rompiera los mitos que rodean a los hongos comestibles y poder comercializarlos para el consumo particular. 

Tomar la decisión no fue sencillo, pues Gabriela era consciente de los cuidados que debía tener a la hora de llevar a cabo su proyecto. Los producción de hongos exigen cuidados especiales, la materia prima es delicada y el proceso de cultivo, aún mayor. “Me costó dar el paso inicial y empezar” señaló, a pesar de que se convencía cada vez más que debía realizarlo con el correr del tiempo. 

“Hace unos meses el IMiBio (Instituto Misionero de Biodiversidad) impartió unos talleres de cultivo de hongos comestibles y pensé que sería el momento perfecto de hacerlo”.

Con la capacitación recibida por el instituto, la joven estudiante decidió iniciar Urupe, un emprendimiento dedicado al cultivo, comercialización de hongos comestibles, además de concientizar sobre el consumo. Utilizando los materiales que ya tenía disponible en su casa de Capioví, inició con la primera tanda y pronto se armó una pequeña cartera de clientes en su localidad y en el resto de la provincia.

Los misioneros no están acostumbrados a comer hongos, en general lo ven como algo tóxico, venenoso, que no se come”, explicó Gabriela, quien ahora produce una variedad de hongos muy conocida, que además de tener un buen sabor, posee propiedades medicinales. “La variedad que me encuentro produciendo se llama Pleurotus Ostreatus o comúnmente llamada Girgola. Para marzo quiero traer más variedades, como la Eurotus Djamor (Girgola Rosa), la P. Citinopileatus (Ostra Dorada), la Shiitake y Reishi”.

Los calores intensos del verano hicieron que la producción no rinda en su totalidad, pero le alcanzó para reunir los fondos necesarios para seguir invirtiendo para escalar la producción, seguir capacitándose y posicionar su emprendimiento para cuando termine sus estudios universitarios. Uno de los objetivos a corto plazo, respecto a inversión, es el emplazamiento de un laboratorio para producir inóculo (micelio) que servirá para autoabastecerse y no tener que comprar a productores fuera de la provincia. “El costo del envío es elevado si hablamos de grandes cantidades, el traslado de materia viva es delicado, con los calores en el trayecto se puede estropear”, señaló Flach.

Un proceso delicado

El cultivo de especies fungi es un proceso delicado, donde el factor climático favorece al crecimiento de los hongos comestibles, pero también de otras bacterias que pueden arruinar la producción. “La primera producción que intenté realizar se contaminó, fue una frustración pero sirvió de experiencia”, comentó Gabriela.

Para cultivar sus hongos debe empezar por esterilizar el sustrato, compuesto por viruta de eucalipto abundante en Misiones y que será donde cultive el micelio del hongo. Esto evitará que la superficie contenga esporas de otras especies que puedan afectar el cultivo compitiendo. El mismo proceso de esterilización debe realizarse sobre el suelo y las herramientas que utilice. Cada etapa (inoculación, incubación y fructificación) amerita cuidados especiales, para garantizar que el producto no resulte contaminado y pueda ser comercializado. Este proceso, aunque varía dependiendo de la época del año, el clima y la especie del hongo, dura entre 30 a 60 días.

Aunque el negocio se encuentra en sus primeros meses en el mercado, Gabriela estuvo alrededor de cinco años realizando investigaciones, cálculos de producción, costos, realización de plan de negocios y todo aquello que requería para comercializar su producto. Por este motivo, entiende que todavía debe posicionarse en el mercado más fuertemente, por lo que no apura ninguna etapa. Mientras atiende a sus clientes, sigue formándose en la universidad, pero también en mejorar su empresa, ya sea con ampliar las variedades de sus productos o de optimizar el packaging, utilizando recipientes ecofriendlys.

Uno de los circuitos de comercialización que utiliza Gabriela, es el de las redes sociales. Por Instagram, a través de su cuenta Hongos Urupe, publica sus productos, además de recomendaciones sobre el uso y consumo de hongos comestibles. Gabriela Flach es, como ella misma lo dice, una apasionada de los hongos y predica su devoción, a partir de la información.

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