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Misiones endurece el control sobre proyectos de conservación: Ecología reglamentó la restauración de flora autóctona y fauna silvestre

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El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones oficializó un nuevo marco regulatorio para los proyectos de conservación y restauración de flora autóctona y fauna silvestre, una decisión que redefine las condiciones bajo las cuales podrán desarrollarse iniciativas provinciales, nacionales e internacionales vinculadas a la biodiversidad misionera.

A través de la Resolución N° 136, firmada el 8 de mayo de 2026, la cartera que conduce Martín Recamán aprobó la “Reglamentación de Proyectos de Conservación y Restauración de Flora Autóctona y Fauna Silvestre”, con el objetivo de unificar criterios técnicos, administrativos y sanitarios y fortalecer la protección del patrimonio biológico de la provincia .

La nueva normativa complementa leyes ambientales vigentes como las leyes XVI N° 11, XVI N° 47, XVI N° 29, XVI N° 35 y XVI N° 8, además de normas específicas sobre monumentos naturales y la Resolución 368/2023 sobre centros de manejo de fauna silvestre. El eje central es establecer contenidos mínimos obligatorios para la aprobación de proyectos de conservación, reproducción controlada, restauración ecológica, translocación e investigación científica.

El texto parte de una premisa estratégica: Misiones busca evitar intervenciones improvisadas o sin sustento técnico sobre especies sensibles y ecosistemas clave de la ecorregión Selva Paranaense, una de las reservas de biodiversidad más importantes de Argentina.

La reglamentación establece que todo proyecto deberá acreditar con precisión su objetivo general, objetivos específicos, indicadores verificables, antecedentes científicos y justificación técnica. Además, deberá demostrar alineación con marcos normativos internacionales como la Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB), así como con estrategias nacionales y provinciales de biodiversidad .

Uno de los puntos más estrictos se refiere al origen de las especies utilizadas. En proyectos de restauración vegetal, los plantines deberán provenir exclusivamente de viveros registrados dentro de Misiones, con material genético propio de la Selva Paranaense y distribución comprobada para la zona de intervención. En el caso de fauna silvestre, los ejemplares deberán proceder de centros de manejo habilitados o de rescates y translocaciones debidamente documentadas, además de contar con identificación individual mediante microchips, bandas, collares, marcas o biometría.

Además, la resolución introduce una prohibición taxativa sobre los emprendimientos vinculados a la caza deportiva: quedan expresamente vedados los proyectos de planes de cría o criaderos de especies autóctonas con fines cinegéticos. La medida busca impedir que bajo el argumento de conservación se habiliten esquemas de reproducción orientados al aprovechamiento comercial o recreativo de la fauna silvestre, reforzando así el criterio de preservación y uso estrictamente ambiental de las especies nativas.

La resolución también incorpora un capítulo especial para las especies declaradas Monumento Natural Provincial. Allí se establece que ningún proyecto podrá ejecutarse sin participación activa del Estado provincial, y se prohíbe el traslado fuera de Misiones de ejemplares, crías, semillas o plantines, salvo autorización excepcional debidamente fundada. El objetivo es preservar el patrimonio genético propio de la provincia y evitar procesos de extracción o comercialización encubierta.

En materia de fauna, la norma diferencia exigencias según grupo biológico: mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces y fauna acuática deberán contar con protocolos específicos de bioseguridad, bienestar animal, manejo sanitario y prevención de enfermedades. También se incorporan criterios regulatorios para fungi (hongos) y microorganismos, una novedad relevante en la política ambiental provincial.

Otro aspecto clave es el endurecimiento sobre los proyectos de translocación. Toda reintroducción o refuerzo poblacional deberá justificarse dentro de un Plan de Restauración Poblacional que incluya evaluación del hábitat receptor, análisis genético, logística de traslado, monitoreo mínimo de tres años y evaluación socioeconómica sobre comunidades locales.

Incluso se exige un plan de contingencia para eventuales fallas, como baja supervivencia, dispersión no prevista o impactos negativos sobre el entorno.

En paralelo, los planes de cría en cautiverio para conservación deberán acreditar amenaza real sobre la especie, trazabilidad genética, control de consanguinidad, plan sanitario anual y protocolos de bienestar animal. La norma además prohíbe expresamente los criaderos de especies autóctonas con fines cinegéticos, cerrando la puerta a emprendimientos vinculados a la caza deportiva.

La autoridad de aplicación -el propio Ministerio de Ecología- podrá exigir evaluaciones de impacto ambiental, inventarios de especies, estudios poblacionales, diagnósticos técnicos y revisiones por parte del Instituto Misionero de Biodiversidad (Instituto Misionero de Biodiversidad), además de realizar inspecciones sin previo aviso y revocar autorizaciones por incumplimientos técnicos, sanitarios o ambientales.

También se habilita la participación de la Dirección de Áreas Naturales Protegidas cuando los proyectos se desarrollen dentro del sistema provincial de reservas.

La resolución delega en la Subsecretaría de Ecología y Desarrollo Sustentable la facultad de dictar disposiciones complementarias y aclaratorias, lo que permitirá ajustar criterios operativos sin necesidad de nuevas resoluciones ministeriales.

Desde el punto de vista institucional, la medida representa una señal clara: Misiones busca consolidar una política de conservación más rigurosa, con trazabilidad, control estatal y fuerte resguardo sobre sus recursos genéticos. En un contexto donde crecen los proyectos privados, internacionales y académicos vinculados a biodiversidad, la provincia fija ahora un marco más exigente para evitar vacíos regulatorios y blindar uno de sus principales activos estratégicos: la selva.

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Agua de las misiones presentó a Kunu, su nuevo embajador de la biodiversidad misionera

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En el marco de la firma del convenio de colaboración entre el Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio) y Aguas Misioneras Sociedad del Estado, realizada este miércoles 29 de abril, Agua de las Misiones presentó oficialmente a Kunu, su nueva mascota institucional y embajador de la biodiversidad misionera.

El personaje fue concebido como una figura cercana, educativa y con fuerte identidad regional, pensada para transmitir mensajes vinculados al cuidado ambiental, la preservación del agua y la protección de los recursos naturales, especialmente entre niños y familias. Su presencia estará integrada en campañas digitales, actividades recreativas, acciones institucionales y propuestas pedagógicas orientadas a la concientización ambiental.

La elección del yaguareté como símbolo no fue casual. Se trata de una de las especies más representativas de la Selva Paranaense y uno de los mayores emblemas de conservación de Misiones. Su figura está profundamente asociada a la defensa de la biodiversidad y al equilibrio de los ecosistemas de la provincia, convirtiéndolo en un ícono natural con fuerte valor identitario.

El nombre Kunu surgió a partir de un concurso abierto impulsado a través de las redes sociales de la marca, que convocó a una amplia participación de la comunidad. Se recibieron propuestas desde distintos puntos del país y la opción ganadora fue presentada por una seguidora oriunda de la ciudad de Salta, consolidando una propuesta participativa que fortaleció el vínculo con el público.

Desde la empresa destacaron que esta iniciativa forma parte de una estrategia de comunicación orientada a profundizar el vínculo con las familias desde una perspectiva educativa, participativa y con arraigo territorial. La intención es reforzar valores asociados al respeto por la naturaleza, el uso responsable del agua y la preservación del patrimonio ambiental de Misiones.

Además, Kunu será una de las figuras destacadas en la promoción institucional de la marca de cara al próximo Mundial de Fútbol, integrándose a futuras campañas especiales y contenidos vinculados a este evento internacional, ampliando así su alcance como representante de la identidad misionera.

Con esta incorporación, Agua de las Misiones continúa consolidando una estrategia de comunicación alineada con el compromiso ambiental, la educación sustentable y la puesta en valor de la biodiversidad provincial, fortaleciendo su posicionamiento como una marca vinculada al cuidado del entorno natural.

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IMiBio pone en agenda el ADN como herramienta de política pública: ciencia, salud y biodiversidad en el centro del debate

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Este 23 de abril, en Posadas, la jornada que se realiza en su sede no solo reúne a investigadores, sino que pondrá sobre la mesa una discusión de fondo: cómo el conocimiento genético puede influir en decisiones de gobierno vinculadas a la conservación y la salud. En ese marco, el investigador Diego Cadena Mantilla anticipó parte del enfoque: el ADN como puente entre biodiversidad, desarrollo y políticas públicas. La tensión es clara: ¿puede la ciencia convertirse en insumo efectivo para la toma de decisiones estatales?

Del laboratorio al territorio: el ADN como herramienta de gestión

El encuentro, abierto con inscripción previa y enmarcado en el Día Internacional del ADN (25 de abril), busca mostrar cómo una herramienta técnica puede tener impacto concreto en la gestión pública. Desde el IMiBio, el enfoque apunta a integrar investigación, conservación y desarrollo productivo.

Cadena Mantilla explicó que una de las líneas centrales es el uso del llamado ADN ambiental, una metodología que permite detectar especies a partir de rastros genéticos en el entorno —como pelos o residuos biológicos— sin intervenir directamente en el hábitat. El dato no es menor: habilita monitoreos no invasivos y la detección temprana de especies invasoras, lo que puede traducirse en decisiones más rápidas en materia de control ambiental.

La lógica institucional detrás de este enfoque es clara: generar información precisa para anticipar problemas, en lugar de reaccionar cuando el daño ya está consolidado. En ese esquema, el ADN deja de ser solo una herramienta de laboratorio y pasa a ser un insumo estratégico para la gestión.

Diego Cadena Mantilla, investigador del IMiBio

Biodiversidad y salud: un vínculo en construcción

El evento también busca ampliar el alcance del debate hacia el campo de la salud. Durante la jornada se presentarán avances sobre el uso de compuestos derivados de la biodiversidad misionera, en particular a partir de hongos, con potencial aplicación en tratamientos vinculados al virus del papiloma humano.

Según lo expuesto, las investigaciones se encuentran en una etapa inicial, centrada en revisión y delimitación de los proyectos, a la espera de validaciones institucionales para avanzar en ensayos. Sin embargo, el planteo introduce un punto clave: la biodiversidad como activo estratégico, no solo ambiental sino también sanitario.

En términos de política pública, esto abre una discusión sobre cómo transformar recursos naturales en desarrollos aplicados, bajo criterios de sustentabilidad. La ecuación no es lineal: requiere inversión, articulación institucional y marcos regulatorios adecuados.

El rol del biobanco y la disputa por el conocimiento

Otro de los ejes que emergen del planteo del IMiBio es el resguardo de material genético. El biobanco aparece como una pieza central para conservar información que, en muchos casos, podría perderse con la desaparición de especies.

La lógica es preventiva, pero también estratégica. Contar con ese material permite, a futuro, desarrollar investigaciones, comparar poblaciones y entender cambios ambientales. En términos de poder, implica resguardar conocimiento propio frente a un escenario global donde la biodiversidad adquiere valor económico y científico.

El propio investigador señaló que muchas veces la valoración de estos recursos llega tarde, cuando ya no están disponibles. En ese punto, el biobanco se posiciona como una herramienta de soberanía científica.

Ciencia, alianzas y capacidad de incidencia

El evento también apunta a fortalecer vínculos con otras instituciones, como la Universidad Nacional de Misiones, en un intento de consolidar redes de trabajo que permitan escalar investigaciones. La lógica es clara: sin articulación, los desarrollos quedan limitados; con alianzas, pueden transformarse en innovación aplicada.

A la vez, el planteo reconoce una limitación estructural: la falta de herramientas o recursos para avanzar en determinadas líneas de investigación. En ese contexto, el resguardo de material genético aparece como una forma de sostener potencial futuro, incluso cuando las condiciones actuales no permiten desarrollarlo plenamente.

Un debate que recién comienza

La jornada del 23 de abril se presenta como un punto de partida más que como una síntesis. El desafío es traducir el conocimiento científico en políticas concretas, en un terreno donde intervienen múltiples variables.

Habrá que observar si este tipo de iniciativas logra consolidarse como un canal efectivo de incidencia en la toma de decisiones o si permanece dentro del circuito técnico. Por ahora, el movimiento es evidente: la ciencia busca ocupar un lugar en la construcción de agenda pública. El alcance real de esa intervención todavía está en disputa.

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Compostaje: lanzan plataforma digital y buscan convertir una ley ambiental en política pública territorial

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La plataforma digital denominada EcoRed Misiones contiene bibliografía y videos instructivos sobre esta técnica, así como un foro y un mapa interactivo de usuarios, empresas e instituciones vinculados a la actividad. Fue creada por el Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio) y el Ministerio de Ecología, en el marco de la Ley XVI-184.

Como parte de la Ley que instituye el Mes del Compostaje en Misiones (Ley XVI-184) del 22 de marzo al 22 de abril; el Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio) junto al Ministerio de Ecología y RNR de la Provincia, lanzan “EcoRed Misiones” (ecored.misiones.gob.ar) una plataforma digital que nucleará a todos los compostadores misioneros.

La web que tendrá su presentación oficial el próximo viernes 27 de marzo en el SUM de la sede administrativa que el IMiBio tiene en la ciudad de Posadas (Calle Córdoba 1872); forma parte de los requerimientos de la Ley XVI-184, sancionada en septiembre del año pasado que tiene al IMiBio y al Ministerio de Ecología como organismos de aplicación.

Conectar y capacitar

A través de esta iniciativa de acceso libre y gratuito se busca conectar a vecinos, empresas e instituciones que estén vinculados al compostaje en la Provincia, ofreciendo un punto de encuentro virtual para el intercambio de experiencias y consultas, así como un espacio para la difusión de información sobre compostaje.

En ese marco, la plataforma contiene bibliografía, normativa y videos instructivos sobre esta técnica, así como un foro y un mapa interactivo de usuarios, empresas e instituciones afines a la actividad tales como proveedores de materia prima para compost, composteras, capacitadores o vendedores de composteras, entre otros, a los que se invita a formar parte. 

La normativa impulsada por la Diputada mandato cumplido, Cdra. Astrid Baetke, también insta a realizar talleres y capacitaciones para fortalecer y promover el compostaje en Misiones. En ese contexto, el IMiBio y la cartera de Ecología invitan a las instituciones y ciudadanos a participar de la agenda de charlas abiertas que se realizarán en distintos puntos de la provincia.  

La importancia del compostaje

En la Argentina se generan cerca de 15 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos (RSU) al año. Sin embargo, entre el 40% y el 60% de esos desechos corresponden a restos orgánicos (cáscaras, yerba, restos de café), que pueden ser compostados reduciendo así el gran volumen de basura que se convierte en uno de los principales contaminantes del ambiente.

En ese marco, desde el Gobierno de la Provincia de Misiones se sancionó esta ley que declara de interés provincial la actividad del compostaje y busca promoverla en todo el territorio, ofreciendo información y asesoramiento científico técnico para lograr su correcta implementación contribuyendo así a la preservación de nuestros recursos naturales.

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El llamado de la selva

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Emanuel Grassi es Doctor en Ciencias Biológicas y especialista en hongos. Vino a Misiones, con una tésis de estudio que se convirtió en práctica y terminó, como suele suceder, prendado de la tierra roja que no se despega de la piel. Hoy se describe como un apasionado de la selva, del monte, casi como una regresión ancestral, que comparte en charlas con la presidenta del Instituto Misionero de Biodiversidad, Viviana Rovira, a la sazón, su mentora y responsable de haberlo convertido en director ejecutivo de ese ente que pasó de estudiar algunas especies de la flora y fauna a encabezar un proyecto inédito: reforzar la población de yaguaretés en la selva misionera. 

Su historia empieza lejos del monte misionero. En Buenos Aires, cuando era niño, Emanuel ya experimentaba con el mundo natural con la curiosidad irreverente de la infancia.

“De chico siempre me gustó la experimentación con los animales. A veces un poco desde el lado de la maldad, viste… jugaba con sapos en la casa de mis padres”, recuerda entre risas. Pero esa curiosidad pronto encontró una dirección.

Su abuelo era paisajista. Las plantas y el diseño de jardines estaban presentes en la vida familiar. Y luego apareció un mentor inesperado: el botánico Osvaldo Morrone, investigador que había trabajado con orquídeas en Misiones.

Fue él quien lo empujó hacia el mundo de las ciencias biológicas.

Grassi estudió la licenciatura y el doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Pero el destino ya estaba trazado.

El primer viaje a Misiones fue casi casual. Corría el año 2006 y vino con su entonces novia, cuya familia era de Garupá.

“Cuando conocí Misiones fue un flechazo”, recuerda. “Me acuerdo que la abuela me dijo: ‘Mirá que la tierra roja mancha… y se pega’. Y fue tal cual”.

La advertencia terminó siendo una profecía. Durante su doctorado decidió estudiar hongos de la selva misionera. El trabajo académico se convirtió en un puente con la provincia. Y cuando apareció la posibilidad de radicarse definitivamente, no hubo dudas.

La selva ya lo había elegido.

Fotos Sofía Schiavoni.

Hoy Grassi está al frente del IMiBio, un organismo científico que abrió sus puertas hace ocho años para estudiar y proteger la biodiversidad de Misiones. Pero también para algo más ambicioso: poner la ciencia al servicio de las decisiones políticas.

La institución nació con una idea impulsada por Viviana Rovira -presidenta del instituto y su mentora-: construir una ciencia diferente.

“No queríamos repetir el modelo clásico de investigación encerrada en los laboratorios”, explica. “La ciencia tiene que escuchar a la sociedad y estar al servicio de quienes toman decisiones”.

Esa lógica llevó al instituto a involucrarse en proyectos concretos: restauración ambiental, investigación aplicada, monitoreo de especies y asesoramiento científico para políticas públicas.

Pero también implica convivir con una paradoja de nuestro tiempo.

La ciencia dejó de ser el faro en algunos debates. Hoy estamos discutiendo cosas que parecían saldadas hace siglos”, dice. “Pero eso también nos obliga a salir del laboratorio, a explicar, a dialogar”.

El estado de la selva

Cuando se le pregunta por la salud de la selva misionera, Grassi no elige ni el optimismo ingenuo ni el pesimismo alarmista.

Prefiere una definición más precisa: “Está estable, pero es muy sensible”.

La selva paranaense que sobrevive en Misiones es uno de los relictos mejor conservados del Bosque Atlántico, un ecosistema que alguna vez cubrió gran parte de Brasil, Paraguay y Argentina. Pero también es un sistema frágil.

“El gran riesgo es que se rompan los corredores biológicos”, explica. “Si se corta la conectividad entre las poblaciones, empezamos a aislar especies y aparecen problemas genéticos”.

Por eso la palabra clave de la conservación actual es restauración.

Restaurar bosques, restaurar corredores ecológicos y, en algunos casos, restaurar poblaciones animales.

Ese es el corazón de uno de los proyectos más ambiciosos que hoy se discuten en Misiones: reforzar la población de yaguaretés.

El yaguareté -el mayor felino de América- es el símbolo máximo de la selva. Pero su presencia es cada vez más escasa. Se estima que en toda la región sobreviven alrededor de 90 ejemplares, con mayor presencia en el norte misionero.

El plan del IMiBio apunta a fortalecer la población en la Reserva de Biosfera Yabotí, un territorio de más de 250 mil hectáreas donde aún sobreviven condiciones ecológicas adecuadas, en la frontera con Brasil.

La estrategia no es una reintroducción o rewilding, como ocurrió en Corrientes. En Misiones el animal nunca desapareció completamente. Lo que se busca es reforzar la población.

Grassi plantea una diferencia conceptual importante con la idea más difundida del rewilding: mientras la reintroducción se aplica en territorios donde una especie ya desapareció por completo, en Misiones lo que se proyecta es un refuerzo poblacional, es decir, intervenir en un ambiente donde el yaguareté todavía existe, aunque en números críticos. Para el director del IMiBio, antes de liberar animales hay que resolver las causas que llevaron a la retracción de la especie y garantizar que el hábitat siga siendo funcional. Por eso su mirada pone menos énfasis en el gesto épico de “devolver” fauna y más en una estrategia integral de restauración: recomponer corredores, asegurar presas, sostener el control sobre la caza y preservar la genética local. 

En términos ecológicos, ambos modelos -Iberá y Misiones- forman parte de una misma corriente global de conservación: la restauración de grandes ecosistemas a través de especies clave. El objetivo final es el mismo: devolver al yaguareté su rol como ingeniero ecológico de los ecosistemas, capaz de regular poblaciones de herbívoros y mantener el equilibrio natural del bosque.

En esa lógica, Misiones no busca copiar el modelo de Corrientes, sino diseñar uno propio, ajustado a una selva que aún resiste y cuya prioridad no es volver a empezar desde cero, sino evitar que lo que todavía late termine por apagarse.

“Tenemos un macho residente en la zona desde hace más de diez años. La idea es introducir una hembra para generar un núcleo reproductivo”, explica Grassi.

Si el proyecto prospera, la reserva Yabotí podría albergar entre 20 y 30 yaguaretés en el futuro. Pero el objetivo va más allá de los números.

“La idea es preservar esa genética y generar un flujo de individuos que pueda conectarse con otras poblaciones, incluso con Brasil”.

En ese mismo espíritu de redescubrimiento de la selva, otro episodio marcó a los investigadores del IMiBio: el regreso inesperado del águila harpía. Durante años se la consideró prácticamente extinta en Misiones, al punto de que casi no existían estudios sobre su presencia porque las probabilidades de encontrarla eran mínimas. Pero fue un colono de la zona de la Reserva de Biosfera Yabotí quien cambió la historia al fotografiar un ejemplar posado en el monte.

A partir de ese primer registro comenzaron a multiplicarse los avistamientos, hasta confirmar incluso la presencia de un juvenil. Para Grassi, ese dato tiene un valor enorme: significa que hubo reproducción reciente en la selva. “Si apareció un juvenil, quiere decir que hace uno o dos años eclosionó un huevo. Eso implica que hay un nido activo en algún lugar del corredor entre Argentina y Brasil”, explica.

En los extremos de su distribución -desde México hasta el norte argentino- la harpía había desaparecido casi por completo. Por eso su presencia en Misiones no es solo una rareza biológica: es una señal de que la selva aún conserva la estructura ecológica necesaria para sostener a uno de los depredadores más poderosos de América. la confirmación de que la especie aún persistía en uno de los extremos de su distribución -donde se la consideraba prácticamente extinta- generó un impacto inmediato en la comunidad científica internacional.

En México, donde la harpía también había desaparecido de los registros recientes, investigadores y organizaciones de conservación lanzaron entonces un programa específico de búsqueda para verificar si aún sobrevivían ejemplares en las selvas del sur del país. Para Grassi, el caso demuestra cómo un hallazgo local puede activar procesos de conservación a escala continental: “Cuando aparece en uno de los extremos de su distribución, automáticamente surge la pregunta de si en otros lugares donde se creía perdida todavía puede estar”. El avistamiento en Misiones no solo devolvió esperanza para la selva paranaense, sino que volvió a encender la búsqueda de uno de los depredadores más imponentes de América.

Sin embargo, la conservación no depende solo de científicos.

La caza furtiva, la presión económica sobre el territorio y la fragmentación del bosque siguen siendo amenazas reales. “Cuando la economía se deteriora, la cacería aumenta”, admite Grassi. “Por eso la conservación también tiene que entender el contexto social”.

En ese escenario, el rol de los guardaparques, las comunidades locales y los productores rurales resulta clave. Y también el de las organizaciones ambientales. “Hay diferencias, claro. Pero el objetivo común es la conservación”, dice.

Educar para coexistir

Padre de dos hijas, Grassi también piensa en el futuro desde una perspectiva personal. La educación ambiental es parte de la vida cotidiana en su casa. “Intento que se pregunten cuál es el impacto de nuestras acciones sobre la biodiversidad”, cuenta. “Que entiendan que la naturaleza no es algo separado de nosotros”.

Para él, la clave no es la convivencia con la naturaleza, sino algo más profundo. “La idea es la coexistencia”.

Cuando se le sugiere que el trabajo que hoy impulsa podría ser histórico -un proyecto que cambie el destino del yaguareté en la selva misionera-, Grassi se revuelve en su asiento, incómodo.

No soy consciente de eso”, responde.

Tal vez porque la ciencia se mueve en tiempos largos, invisibles para el vértigo de la actualidad.

Tal vez por eso, cuando Grassi habla de la selva, parece escuchar algo más que el rumor del monte. Hay en su relato una intuición antigua, casi instintiva, como la que Jack London narró en El llamado de la selva: ese impulso profundo que empujaba a Buck a volver a lo esencial. En Misiones, ese llamado no proviene de la nostalgia, sino del futuro. De una selva que resiste y que, si la ciencia, la política y la sociedad logran escucharlo a tiempo, puede volver a llenarse de vida, de alas enormes en el dosel y del rugido del yaguareté.

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