Sin monopolio religioso: más evangélicos, avanzan los no afiliados y el catolicismo pierde centralidad

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El Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, una iniciativa del Observatorio de las Creencias de la Universidad de Buenos Aires (OCREAR CBC-UBA), ha presentado su primer informe de 2026, revelando una transformación estructural en las identidades religiosas del país. El estudio confirma el quiebre de la histórica hegemonía católica y la consolidación de un escenario marcado por la diversidad y la desvinculación institucional.

El dato central es contundente: el 57,7% de los argentinos se identifica como católico. Sigue siendo la primera religión del país, pero muy lejos de aquel 90% registrado en el Censo Nacional de 1960. Paralelamente, el universo evangélico alcanza el 17,4% y se consolida como la segunda identidad religiosa organizada, mientras que el conjunto de personas sin filiación religiosa llega al 22,4%, convirtiéndose en el segundo grupo más numeroso del país. Este último segmento incluye a quienes se declaran sin religión (13,2%), agnósticos (4,8%) y ateos (4,4%).

Este crecimiento de las personas sin filiación religiosa, no implica necesariamente un vacío espiritual, sino lo que los expertos denominan “creer sin pertenecer”: una religiosidad que persiste de forma autónoma, desvinculada de los templos y las estructuras formales. Por su parte, el mundo evangélico se mantiene como la segunda identidad religiosa organizada con un 17,4%.

El recambio generacional: la juventud se aleja de los templos

La variable que mejor explica la transformación del mapa religioso argentino es la generacional.

Entre los argentinos de 50 años o más, el catolicismo mantiene una posición claramente dominante, con un 69% de adhesión. Sin embargo, entre los jóvenes de 16 a 29 años ese porcentaje cae abruptamente al 44,6%.

En sentido inverso, los sectores jóvenes presentan los niveles más altos de pertenencia evangélica (23,6%) y de no filiación religiosa (31%). Es decir, prácticamente uno de cada tres jóvenes argentinos ya no se identifica con ninguna religión institucional.

El informe interpreta esta diferencia como un proceso de reemplazo generacional más que como una fluctuación coyuntural. Las nuevas cohortes ingresan a la vida adulta con patrones religiosos distintos a los de sus padres y abuelos, anticipando una transformación estructural que probablemente se profundice durante las próximas décadas.

“Por una parte, entre los jóvenes de entre 16 y 29 años, sólo el 44,6% se identifica como católico, mientras que el 31% declara no tener filiación religiosa. Esto contrasta con los adultos mayores de 50 años, donde el catolicismo conserva aún una posición dominante (69%) y sólo una minoría se declara sin religión (12,6%).”, señala el Dr. Juan Cruz Esquivel, Director del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina e Investigador de la Universidad de Buenos Aires y del CONICET. 

A quien rezamos

Esta fractura sugiere que las nuevas generaciones están configurando un mapa religioso mucho más fragmentado, donde la identidad católica ya no es la matriz única que estructura la vida social. En términos sociológicos, el fenómeno resulta especialmente relevante porque modifica uno de los pilares históricos de la identidad nacional. La pregunta ya no es si el catolicismo seguirá siendo mayoritario, sino durante cuánto tiempo conservará esa condición.

En términos de género, la situación tampoco es pareja: frente al alejamiento de los varones de las estructuras religiosas, el estudio confirma el patrón clásico de feminización de la religiosidad. Las mujeres presentan una mayor vinculación institucional, especialmente en el ámbito evangélico (19,3% frente al 15,2% de los hombres). En contraste, los hombres muestran una tendencia significativamente mayor a declararse sin filiación religiosa (25,7% frente al 18,8% de las mujeres).

La investigación también arroja un dato vinculado con la educación y la ubicación geográfica que puede explicar otros fenómenos sociales. Respecto del nivel educativo, los sectores con menor educación formal muestran una mayor adhesión a las iglesias evangélicas (22,5%), que suelen funcionar como redes de contención social y comunitaria. En cambio, la población sin filiación religiosa crece en los niveles educativos medio y alto. 

En cuanto a lo territorial, el catolicismo es más fuerte en el interior del país (59,4%), mientras que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) actúa como vanguardia del cambio, concentrando la mayor proporción de personas sin religión (26,1%).

En palabras del doctor Marcos Carbonelli, director del Observatorio de Creencias de Argentina (OcreAr), “el país atraviesa una reconfiguración donde el campo religioso se vuelve más plural y diverso, pero también más segmentado por clivajes sociales y generacionales”. 

Más allá de los porcentajes específicos, el informe de la Universidad de Buenos Aires registra un cambio histórico de enorme profundidad.

Argentina no está dejando de creer. Lo que está cambiando es la manera de creer.

La disminución de la centralidad católica no implica necesariamente una sociedad menos espiritual. Lo que emerge es una sociedad donde las creencias se vuelven más personales, más diversas y menos dependientes de instituciones tradicionales.

El país que durante gran parte del siglo XX se definió como homogéneamente católico está dando paso a otro escenario: uno donde conviven identidades religiosas múltiples, espiritualidades individuales y una creciente porción de ciudadanos que ya no sienten la necesidad de encuadrar sus creencias dentro de una organización formal.

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