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Tarifas, tipo de cambio e inflación en un año electoral

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#Por Andrés Malamud – 2021 será un año donde las elecciones condicionarán la agenda de política económica del gobierno. En ese contexto, la receta oficial repetirá las principales características de las anteriores gestiones kirchneristas: atraso en las tarifas de servicios públicos para incentivar la demanda y frenar una mayor aceleración inflacionaria Este camino jugará en detrimento de las inversiones de los sectores afectados y, por consiguiente, en la calidad de los servicios.

Con menos margen de acción que en otros ciclos económicos (poca credibilidad, falta de financiamiento, mayores desbalances macro, altísima brecha cambiaria y recesión prolongada), el impacto en los servicios que se vio en la gestión anterior como en la electricidad, gas, y petróleo, ahora suma un componente de riesgo neurálgico para la actividad: las telecomunicaciones.

Un atraso significativo en las tarifas de este sector que requiere de permanentemente actualización impactará en la calidad de la prestación de un servicio que es transversal a toda la economía, sobre todo con la pandemia. En este marco de crisis por el COVID, el alerta por el cepo tarifario también alcanza al sistema de salud que hoy tiene incertidumbre no sólo sobre cómo continuará su esquema de ingresos, sino también su marco regulatorio.

En esta línea, el gobierno extremó un poco más el cepo, limitando o negando el acceso al tipo de cambio oficial e incluso paralelo a los bienes suntuarios. Este mecanismo, además de dudosa legalidad, genera un antecedente negativo ya que dificulta el comercio bajo una clasificación arbitraria y selectiva al determinar subjetivamente esos bienes (agua mineral, microondas, sembradoras y cosechadoras, entre otros figuran entre los alcanzados por la medida).

La expectativa de que luego de octubre las variables comiencen a reacomodarse es dudosa. Como analiza Andres Malamud*: “la consolidación fiscal que Martín Guzmán reclama, requiere voluntad y poder, pero si el Gobierno gana no tendrá voluntad, y si pierde no tendrá poder”.

La receta elegida para las elecciones

Cuando el Estado desordena, el mercado finalmente ajusta.

Algunos lineamientos de la hoja de ruta que las autoridades seguirán en los próximos meses fueron esbozados por la vicepresidenta antes de que termine 2020, sumando incertidumbre en el sector privado: “Una tarea fundamental durante el año que viene será comenzar a “alinear salarios y jubilaciones, precios, sobre todo los de los alimentos, y tarifas. “A la demanda no hay otra manera de hacerla que a través de salarios y jubilaciones y con precios de alimentos accesibles. “No estoy diciendo nada que no se pueda hacer. Doce años y medio en la República Argentina lo hicimos, y por eso, además de la unidad, volvimos”.

Incentivar el consumo vía suba de salarios y jubilaciones sumado a la intención de contener la inflación con controles de precios fue una metodología repetida durante toda la administración K.

A – En términos macro, en buena parte del período K (sobre todo en la segunda presidencia de CFK) el tipo de cambio, se mantuvo controlado mediante cepos o venta de divisas. Estas medidas redujeron la volatilidad en el corto plazo, pero la historia enseña que luego las depreciaciones resultaron inexorables.

B – En términos micro, se intentó regular precios de productos clave como alimentos, energía o medicamentes, o bien restringir la oferta de los mismos para forzar a la baja de las cotizaciones. Los efectos fueron siempre los que marca la teoría económica: un éxito inicial de mayor o menor duración dependiendo del “colchón” acumulado y la velocidad de respuesta de la oferta, seguido por una fuerte baja en la inversión que a la larga fuerza una corrección o deriva en una fuerte merma en la calidad del servicio. Lo más grave es que la historia muestra que cuando esta corrección llega, los precios ajustan velozmente pero los niveles de producción e inversión pueden tardar mucho en recuperarse, o generar efectos colaterales indeseados cuando impactan en sectores clave en términos de costos o generación de divisas como el agro y la energía.

Señales que generan alerta en el sector privado

La gestión de Macri comenzó a corregir la distorsión en las tarifas para favorecer la inversión. La kirchnerista apuntó a la redistribución. Tendrá éxito la receta que impulsa ahora el gobierno?: posiblemente sí a corto plazo, hasta las elecciones de octubre; pero no a mediano plazo porque es insustentable. Esto permite inferir que después de las elecciones vendría una recomposición tarifaria, pero, paradójicamente, la victoria actuaría como validador del rumbo distribucionista y como desincentivador del ajuste. Irónicamente, una derrota electoral tampoco facilitaría el ajuste porque dejaría al gobierno en situación de debilidad.

En 2020, el problema de precios relativos se focalizó en la brecha entre el oficial y los dólares alternativos (incluso cuando el oficial no está en un bajo nivel en términos históricos), en el atraso tarifario profundizado por los congelamientos (con impacto potencial en la inversión) y otros precios de bienes básicos para los que se fijaron precios máximos, aun a costa de sumar presión a la inflación y la puja distributiva con su descongelamiento futuro.

Este año, la diferencia en la dinámica de los precios clave y otras variables nominales de la economía ha profundizado distorsiones preexistentes elevando las presiones por reacomodamientos. Acomodar los precios atrasados pondrá presión adicional sobre una tasa de inflación que ya es elevada. Por otro lado, la Argentina no tiene el margen de otras épocas para seguir atrasando precios (principalmente tarifas) sin atentar contra la recuperación de la inversión en sectores clave. Adicionalmente, los reacomodamientos de precios atrasados que empujan la inflación al alza tienen fuertes impactos distributivos negativos, al inhibir la recuperación del poder adquisitivo de las familias que se ha derrumbado tras dos años de recesión y uno de pandemia.

¿Qué magnitud de distorsiones de precios relativos tenemos? ¿Cómo harán las autoridades para conciliar los objetivos en tensión? ¿Cómo puede cerrar la ecuación en 2021?

Los márgenes de maniobra que tienen las autoridades para corregir las distorsiones son acotados, enfrentando fuertes condicionantes entre los objetivos de ganar las elecciones, estabilizar la macro y volver a crecer. En este escenario, todo indica que las autoridades priorizarán facilitar una cierta mejora del nivel de actividad y el consumo. Por eso, las autoridades evitarán ajustes bruscos de precios relativos (tanto en tipo de cambio como en tarifas).

TIPO DE CAMBIO
Si bien en año electoral siempre es una tentación planchar el tipo de cambio, la elevada brecha y las bajas reservas acotan los márgenes para aplicar esta estrategia. Por lo que esperamos el mismo no se atrase sino que las autoridades devalúen en línea con la inflación (como lo vienen haciendo en 2020), de forma de sostener la competitividad cambiaria. Aun así la estrategia requerirá de seguir manteniendo el cepo y los mecanismos de administración selectivo de comercio.

TARIFAS
Los ajustes de tarifas de servicios públicos resultarían en promedio inferiores a la inflación y al aumento de los costos de provisión del servicio. Esto puede contener algo los guarismos de inflación de 2021 pero aumentará la magnitud del atraso, el peso de los subsidios, el desaliento a la oferta y complicando la tarea de desinflación a futuro.

INFLACIÓN
El gobierno considera que reprimiendo la suba de precios (alimentos y tarifas) logrará contener la inflación, sin tomar en cuenta la incidencia del desequilibrio fiscal y monetario. En esta línea, apunta a las empresas “formadoras de precios” y restringe el descongelamiento parcial de algunos precios fijados o limitados durante la pandemia, pero que siguen exhibiendo atrasos significativos (algunos alimentos, alquileres, y en menor medida combustibles), intensificando los mecanismos de monitoreo de costos o de intervención en mercados considerados clave.

Caso testigo de ello es la reciente decisión de suspender las exportaciones de maíz (ahora en revisión) con el fin contener los precios internos de un insumo que para el gobierno es clave en otras cadenas como la producción de cerdos, pollos, etc. “El mundo demanda carne, producen en pesos, pero ¿por qué los argentinos pagan el kilo de asado como lo paga un chino, un francés o un alemán?“, se preguntó el presidente Fernández, abriendo la puerta a una posible medida similar a la del maíz.

Otro antecedente es la suspensión del aumento de las cuotas de las prepagas previsto para febrero. O el caso de las telecomunicaciones, donde si bien se autorizaron ya algunos aumentos, al mismo tiempo se lanzó la Prestación Básica Universal, obligando a las empresas a ofrecer paquetes de servicios a un precio menor a la población de menores ingresos.

Los efectos colaterales y el desaliento a la inversión que ello implica no parece estar en el centro de las preocupaciones oficiales, aunque no se descarta alguna medida de incentivos para algún sector clave donde haya interés estratégico como sucedió con el Plan Gas.

Entre 2003 y 2007 las generadoras fueron forzadas a absorber el costo del congelamiento, lo que resultó en una desinversión que provocó un corte masivo de energía en el verano de 2008. Luego, CAMMESA comenzó a realizar contratos en dólares con nuevas generadoras y la inversión se recuperó. Sin embargo, hubo dos efectos colateralesimportantes.

• Subsidios a CAMMESA pasaron de 0,5% a 1,5% del PIB entre 2007 y 2015.
• Proliferaron fuentes de inversión poco intensivas en capital y más caras, que a su vez dependían de un combustible (gas) que cada vez era más escaso. Esto llevó a un fuerte aumento del costo de generación.

A su vez, la calidad del servicio siguió siendo deficiente, esta vez por la falta de actualización de la retribución a distribuidoras que impactó en una fuerte falta de inversión en las líneas de distribución:

El atraso de tarifas acumulado fue tan importante que a pesar de los aumentos dispuestos entre 2016 y 2019 apenas se corrigió poco más de la mitad del mismo. Algunas medidas puntuales (i.e. Renovar) alcanzaron a
recuperar la inversión, pero no se resolvieron las cuestionesregulatorias de fondo.

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Acuerdo Mercosur-UE: Para la consultora Abeceb “es una oportunidad para nuestro país”

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Tras 20 años de negociaciones se logró cerrar el acuerdo comercial entre MERCOSUR y la Unión Europea. Desde la consultora Abeceb lo considera un “acuerdo histórico”.

Tras más de dos décadas de diálogo con avances y retroceso, en el día de hoy finalmente se lograron cerrar las negociaciones entre el MERCOSUR y la Unión Europea (UE) para alcanzar un acuerdo comercial que elimine la mayor parte de los aranceles en el comercio entre ambos bloques. Si bien, aún deben pulirse algunas cuestiones técnicas que se irán definiendo antes de fin de año, este cierre, sin dudas es un premio al fuerte dinamismo que retomaron las negociaciones desde 2016 y que fueron profundizadas desde mediados de 2018

Se trata de una interesante oportunidad para nuestro país, pues le asegura el ingreso a un mercado de 510 millones de habitantes con un ingreso per cápita promedio de US$ 36 mil. Por otra parte, en un contexto de guerra comercial entre las potencias globales, se trata de una señal en cuanto al compromiso con una mayor integración internacional, lo cual permite mejorar el ambiente de  negocios y puede facilitar la atracción de inversiones productivas y la inserción en cadenas globales de valor que, paulatinamente,
comienzan a relocalizarse.

Para arribar al acuerdo, fue crucial el entendimiento entre los países del MERCOSUR, el liderazgo de Argentina y Brasil fue el que logró impulsar la negociación, que tuvo buena receptividad por parte de países como Alemania y España, que, a primera vista, lograron vencer la oposición de Francia y otros países con interese agrícolas.

Cabe señalar, que más allá de conclusión de las negociaciones comerciales, la plena vigencia y operatividad del acuerdo comercial puede demorarse, pues debe refrendarse por los gobiernos de ambos lados del Atlántico. En el caso europeo, debe ser aprobado el Parlamento Europeo. En el caso del MERCOSUR, los Congresos de todos los socios deben dar el visto bueno.

La concreción del acuerdo ha sido muy compleja, pues si bien ambas economías son relativamente complementarias y existe un fuerte potencial para incrementar el comercio de bienes y servicios derivado de la reducción de aranceles, barreras y obstáculos, también existen ciertos desafíos para los sectores sensibles que deberán adaptarse a una mayor competencia.

Uno de los principales logros a destacar es que los plazos y niveles de apertura favorecen a la región. Es que tratándose de economías de desarrollo económico disimiles se ha establecido un esquema de reducción/eliminación de aranceles diferenciado. Mientras que la UE desgravará gran parte de sus aranceles de forma inmediata y brindará cuotas de acceso a algunos productos agrícolas de gran sensibilidad para su mercado, para el MERCOSUR los plazos de reducción arancelaria se extenderán, en promedio, entre 10 y 15 años.

Si bien aún resta conocer la letra chica del acuerdo para extraer conclusiones definitivas, es inevitable tratar de empezar a dar respuestas a las preguntas que hoy se está haciendo el mercado:

1. ¿Cuáles son los principales ganadores y perdedores a nivel sectorial en Argentina? 

Los sectores que más chances tienen de aprovechar el acuerdo son aquellos en los que Argentina se muestra competitivo actualmente. Así, en el corto plazo, las mayores oportunidades se le presentan al sector agroindustrial y pesca. Argentina tiene posibilidades de incrementar las ventas de productos agrícolas, productos de molienda y carne bovina. También se abre una importante oportunidad para diversas economías regionales, entre ellos frutas, miel, pesca y algunas variedades de vinos.

Entre los más desafiados se encuentran mayormente productos industriales. En particular, los relacionados a la metalmecánica, como ser la industria automotriz, los autopartistas, las empresas productoras de bienes de capital y productos metálicos. Aunque en menor medida, también podrían enfrentar mayores presiones competitivas a mediano plazo, algunos productos químicos, tales como los medicamentos.

El sector servicios y el del biodiesel merecen una mención especial. En el primer caso, donde Argentina se destaca como exportador en muchos segmentos, entre ellos software y servicios profesionales, el acuerdo no implica una baja del arancel, pero el sector podría verse favorecido por una mayor interacción entre ambas economías, tanto en materia de comercio como de inversiones. En cuanto al biodiesel, el tratado no implica el levantamiento de la cuota establecida (dado que el mismo se dio en el marco de una investigación antidumping) pero es dable pensar que con el correr del tiempo se logre un mejor acceso.

2. ¿El acuerdo es más beneficioso para grandes empresas o para pymes?

En general un acuerdo de estas características tiene más chances de ser aprovechado por grandes empresas que por pymes. Para estas últimas, la integración con la UE puede significar un reto, dado que cuentan con menores recursos para insertarse en los mercados globales (la exportación implica enfrentar costos fijos y desafíos que van más allá de superar una barrera arancelaria) y hacer frente a la competencia.

Sin embargo, la buena noticia es que el acuerdo contempla mecanismos e instrumentos específicas para pymes, entre los cuales pueden mencionarse el financiamiento, la cooperación técnica, la transferencia de know-how, la creación de joint-ventures y el apoyo para lograr su inserción en las cadenas de valor como proveedores.

A su vez, sí puede haber un beneficio importante para pymes que no exporten de manera directa pero que vendan bienes y servicios a los exportadores. Es el caso de muchas empresas de agroalimentos (especialmente en economías regionales), en las pequeñas empresas exportan sus productos a través de intermediarios.

3. ¿Qué cambios y desafíos implicará esto para las empresas locales? ¿Qué deberán hacer para adaptarse a los cambios?

Para aprovechar la oportunidad, será de suma importancia trabajar en el tema de normas de calidad, reglamentos técnicos, medidas sanitarias y fitosanitarias, una materia pendiente en el MERCOSUR que no logró avanzar en la convergencia reglamentaria. El hecho de que la disminución de aranceles sea gradual y plantee un período de transición, ofrece una importante ventana de tiempo que será clave para que las empresas argentinas puedan prepararse y adaptarse a una mayor competencia externa. En definitiva, nos “levanta la vara” y nos tracciona a dar el salto en materia de estándares internacionales.

Otra tendencia que seguramente refuerce este acuerdo es la de la especialización, no solo entre sectores sino también a nivel intra-sectorial. Por ejemplo, el sector automotriz probablemente consolide su especialización productiva. Lo mismo puede ocurrir en el sector químico e incluso en algunos segmentos de la industria de alimentos y bebidas como es el caso de los lácteos.

En conclusión

Más allá de los desafíos que pueden plantearse en un primer momento, que en gran parte serán aminorados con mayores plazos para la reducción de aranceles para los productos sensibles, reglas de origen que aseguren que los bienes no sean simples ensambles de insumos de bajo valor y normas de calidad que aseguren estándares adecuados, el acuerdo es una gran oportunidad.

Durante mucho tiempo, los países del MERCOSUR se cerraron al resto del mundo, con la ilusión de incrementar su integración productiva, mejorar su competitividad y perfil tecnológico. A pesar de los esfuerzos, el comercio intra-regional no logró dar un salto, y los niveles de inversión no lograron despegar.

Es hora de intentar nuevos caminos y potenciar la internacionalización de nuestras economías, Argentina cuenta con los recursos naturales y el talento necesario para dar un salto que le permita mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

El acuerdo va en línea con una política pública que apunta a transformar la configuración económica y sectorial de Argentina potenciado a los sectores en los que el país posee ventajas comparativas y los nichos donde argentina se ha mostrado competitiva, gracias al dinamismo, adaptabilidad y eficiencia de sus empresas. A su vez, tiene en cuenta la situación actual y la necesidad de contar con un plazo de adaptación para aquellos sectores en los que este proceso requiera una reconfiguración de sus productos, reduciendo los potenciales conflictos que se derivan de los acuerdos de integración comercial .

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Según un informe privado el déficit comercial del 2018 será inferior a los 5.000 millones de dólares

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Un informe de la consultora ABECEB muestra “lo sensible que son nuestras cuentas externas a la evolución de la actividad y la suerte de las cosechas”.

Extremos casi perfectos. Así se ven las fotos de los dos semestres de 2018. Es que, en noviembre, los datos del intercambio comercial argentino (ICA) muestran un saldo favorable de la balanza comercial de casi 1.000 millones (979 para ser exactos), borrando 15% del déficit que habíamos acumulado en el año.
Como nota saliente, los nuevos datos muestran que la retracción llega por el lado no solo de una retracción de las importaciones (la baja del 29,2% es la cuarta consecutiva y la mas profunda en lo que va del año), sino que en noviembre también “jugó” una suba de 14,5% de las exportaciones, explicada en gran medida por la liquidación de stocks de soja. Así, a noviembre ya tenemos 30% menos de déficit comercial que el acumulado en 11 meses de 2017, una tendencia que se profundizará en el primer semestre de 2019.
El gran dato de la publicación es que las exportaciones de oleaginosas aumentaron 530%, un suceso inédito y que contrasta con las sucesivas caídas que veníamos viendo este año producto de la sequía. Esta fuerte suba, explicada por la mayor liquidación de stocks acumulados se explica principalmente por dos razones: 1) La necesidad de los productores de contar con fondos para financiar la próxima campaña en un contexto de mayores restricciones en otras fuentes alternativas de fondeo (las tasas de interés altas que dificultan el acceso al crédito bancario y la caída de los rindes esperados de trigo que acotan los márgenes para financiar la cosecha gruesa con la cosecha fina). 2)  La expectativa de una caída de los precios de la soja en Sudamérica generado por acercamiento esperado entre China y EEUU en el marco de la Cumbre del G20 (recuerde que la reducción de las tensiones comerciales entre ambos países tiende a redireccionar la demanda china a Chicago presionando a la baja los precios de la soja en esta región, una intensificación de las tensiones, por el contrario tiende a generar el efecto inverso, lo cual no es un factor menor de cara a lo que puede venirse considerando que el acercamiento entre ambas potencias luce hoy más más incierto).

¿Puede repetirse en los meses por venir? Difícilmente en esta dimensión, dado que las necesidades de financiamiento deben cubrirse ahora. No obstante, dado que los stocks domésticos son altos en perspectiva internacional (se estima que son ¼ de una cosecha) puede financiarse otro “sacudón”, y lo lógico es que los acopiadores lleguen a la próxima campaña con stocks acotados. Al margen de esto, si descontamos el ingreso extra de dólares por liquidación de granos, el resto de las exportaciones crecieron 7,4%, un a cifra mas modesta
Aun así, este fenómeno, si bien puntual, permite visibilizar una dinámica exportadora que neta de sequía venia mostrando algunos datos interesantes. En noviembre 60% de los rubros de exportación (27 de 47) mostraron un comportamiento expansivo respecto de mismo mes de 2017. Carnes y sus preparados (+39,1%) Material de transporte terrestre (+34,4%5), metales y sus manufacturas (+18,3%) y el gran rubro de combustibles y energía (+63,5%) destacan en el mes de referencia al igual que en 11 meses. En retracción permanecen los productos elaborados de la soja (-2,7% la harina y -15,1% grasas y aceites) y los productos químicos, entre los grandes rubros de exportación. Los primeros se espera repunten el año próximo y los segundos no tanto (viendo el cierre de mercados para el biodiesel nacional). Con esto, el acumulado de 11 meses da un salto a +4,2% interanual (+3,3% acumulaba a octubre), unos USD 2.300 millones mas de exportaciones que el año pasado. Entre enero-noviembre, fueron las MOI y los combustibles quienes llevaron la voz cantante, (+7,4% y 46,8% i.a, aunque el segundo tiene una incidencia bastante menor por su menor volumen exportado)
No obstante, no debe dejar de decirse que el grueso de la baja del déficit lo explican la recesión y la suba del tipo de cambio, que están trayendo como consecuencia una muy marcada baja en las importaciones. De hecho, las importaciones están prácticamente en el mismo nivel que el acumulado en 11M 2017, impensado tras la suba interanual de 18% acumulada en enero-mayo. Los mas castigados volvieron a ser los bienes de capital (-46,5%), piezas y accesorios y (-40,2%) y automotores (-52,2%), mientras que solo bienes intermedios (insumos para algunos sectores industriales y el grano para procesamiento destacándose dentro de esta categoría “bolsa”) es el único uso económico que persiste en alza interanual al ver el total de 11 meses.
En resumen, todo indica que cerraremos el año por debajo de los 5.000 millones de déficit comercial, casi la mitad de lo que proyectábamos al inicio del año, consecuencia inexorable de la reversión del escenario macro. El año que viene la mejor cosecha se traducirá, junto con otros sectores que ya vienen con buena dinámica y el impulso extra de Brasil, en un marcado superávit comercial (esperamos supere los USD 6.000 millones). Aun así, este año fue un ejemplo casi de manual de lo sensible que son nuestras cuentas externas a la evolución de la actividad y la “suerte” de las cosechas.

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Esperando el viento de cola

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Un informe de la consultora Abeceb sobre el intercambio comercial Argentino, estima que aún con la incertidumbre respecto de cómo reaccionará el frente externo al cambio de escenario macro, el 2018 cerraría con un déficit entre 9 mil y 10 mil millones, no muy distante a lo que fue el cierre de 2017.

En el último mes anterior a la turbulencia cambiaria, el rojo comercial argentino continuó ampliándose. Producto de unas exportaciones que alcanzaron USD 5.164 millones (+6,2%) y las importaciones totalizando USD6.102 millones (+22,7%), el déficit de abril cerró en 938 millones de dólares (el peor resultado del año) y acumula 3.420 millones en cuatro meses, una suba interanual de 165%.

Evidentemente el salto del tipo de cambio real alterará el tablero del intercambio comercial argentino en el segundo semestre del año. Sumado a lo que ya se descuenta será un menor de nivel de actividad, las importaciones difícilmente sostengan la fuerte dinámica de los primeros cuatro meses. En tanto, la depreciación del precio puede ayudar al sector exportador, particularmente a las MOI argentinas. Esto nos hace esperar un rojo que, aunque por encima de los más de 8.000 millones del 2017, será inferior a lo que anticipábamos al comenzar el año.

Como dijimos, las exportaciones subieron 6,2% (la menor expansión mensual de 2018) y acumulan un 11% de suba en lo que va del año. Es para destacar que de no ser por el efecto precio (+10,3), abril habría sido un mes de retracción, ya que las cantidades bajaron 3,7%. Dadas las malas perspectivas para la exportación de algunos bienes del agro que todavía no se terminaron de plasmar en los datos, este 11% es más un techo que un piso para lo que será la dinámica hacia el resto del año.

En abril, fue llamativa la merma en las ventas externas de productos primarios (-13,3%) en lo que venía siendo un buen inicio del año. Esto se explica principalmente por el derrumbe de las exportaciones de semillas oleaginosas (soja en grano) que cayeron 68%. En cambio, fue un buen mes para la exportación de pescados y mariscos (+23,25) por encima de lo que fue el primer trimestre, y se expandieron las ventas de cereales (+5,8%) aunque empiezan a desacelerar, en línea con lo que será un segundo semestre de retracción por la menor cosecha. Para el caso de las MOA el efecto precio alcanzó para mitigar el bajón en las cantidades exportadas (+14,2% vs -8,4%), en un mes donde repuntaron levemente los valores exportados de pellets de soja (si bien el agregado de cuatro meses sigue -3,9%) y donde Grasas y Aceites tuvieron un mes “menos malo”.

Párrafo aparte para las MOI (+17,4% interanual), que quiebran la retórica general, ya que suben más las cantidades que los precios (+10,1 vs 6,7%). Vehículos de transporte terrestre confirman la tendencia (+23,9), mientras que “volaron” las exportaciones de piedras y metales preciosos (+63%), con lo que ya casi son la mitad de las ventas de automóviles.

Productos químicos fueron una gran decepción, cortando la racha alcista del primer trimestre (-1,7% en abril contra el 18,8% que venía acumulando). Por último, las ventas de combustible se expandieron al 91% por efecto petróleo crudo (subió +220% ya que no tuvieron prácticamente ventas en abril 2017 y carburantes (con mayor incidencia del rubro) subió 37%

Las importaciones se expandieron 22,7%, borrando la imagen sugestiva que había dado marzo, donde un efecto base de comparación alto habían llevado la expansión interanual a un módico 8,8%. Este mes, ya con una comparativa “normal”, las ventas volvieron a crecer a niveles de dos dígitos. En el desestacionalizado también crecieron, aunque no con fuerza (+1,4%) lo que refuerza este punto.Un dato saliente es el casi nulo efecto precio en las importaciones (+0,3%) por lo que la totalidad del crecimiento en el valor importado se explica por suba en las cantidades (+22,4%). Entre rubros, se suele mirar con atención la dinámica de los bienes de capital. Aunque volvieron a crecer tras la caída de marzo, esta categoría muestra la menor dinámica entre los usos clasificados por INDEC. Aunque se explica en una porción significativa por menores precios de importación (-4,2%), en tanto, las cantidades crecen 15,4%, cerca de como lo hacen consumo o bienes intermedios. Estos últimos aumentan el ritmo y se sitúan 26,4% en términos de valor (precio cantidad) 4 meses contra 4 meses, mientras las importaciones para consumo doblaron el rendimiento del primer trimestre (+23,8% contra 16,2%). Por su parte las compras de automotores volvieron a crecer con fuerza (+34%) tras el bajón de marzo.

Viendo los principales intercambios bilaterales observamos que las exportaciones a Brasil subieron 20,8%; parecido a lo que fue el primer trimestre (24,1%); mientras las importaciones subieron apenas por encima (+21,4%) elevando un poco el acumulado del año. El rojo fue así de 782 millones, 22% por encima del déficit de mismo mes de 2017.Las ventas a China, en cambio, cortaron la buena dinámica del primer trimestre (+23%) con un recorte de 32% abril contra abril. Se explica fundamentalmente por la baja en las exportaciones de soja en grano, compensada solo parcialmente con los envíos de carne que vienen creciendo en el acumulado del año. Las importaciones de este país siguieron subiendo fuerte (+40,6%) con lo que el rojo bilateral de abril dobló lo que fue el de mismo mes de 2017, pasando de 381 a 822 millones El intercambio con Estados Unidos viene contrayéndose: exportaciones cayeron -6,5% recortando a 14,2% de suba en lo que va del año. Las importaciones cayeron también 10,3% y en cuatro meses están 2,9% por debajo de igual periodo de 2017. El déficit mensual fue así menor al del año pasado (217 millones contra 258)

En resumen, las importaciones vienen mostrando una dinámica sostenida desde principios de 2017 que será morigerada a partir de mayo por un menor crecimiento y tipo de cambio mayor. Por el otro lado, las exportaciones empiezan a mostrar los efectos de la sequía, que le ponen un techo a su rendimiento para lo que queda de 2018. Si bien hay un grado de incertidumbre alto respecto de cómo reaccionará el frente externo al cambio de escenario macro, desde ABECEB vemos 2018 cerrando con un déficit entre 9 mil y 10 mil millones, no muy distante a lo que fue el cierre de 2017.

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El comercio bilateral con Brasil muestra un déficit record de 7 mil millones de dólares

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Los datos del comercio bilateral de agosto volvieron a reflejar un fuerte aumento de las importaciones argentinas, y una dinámica positiva pero moderada de las exportaciones a Brasil. Mientras que las importaciones aumentaron  30,8%, las exportaciones crecieron 6,5%.

El contraste es consistente con los ciclos de recuperación en ambos países. Los indicadores de actividad en Argentina muestran una recuperación más consolidada, con significativo impulso por el lado de la inversión que se refleja en la importación de bienes de capital. En cambio, la recuperación en Brasil sigue dependiendo más que nada de la dinámica de las exportaciones netas, con una inversión que, como muestran los datos del PIB publicados en el día de la fecha, aún no logra despegar (segundo trimestre -6,5% con respecto a igual trimestre de 2016).

En este marco, las exportaciones argentinas a Brasil totalizaron USD 849 millones, creciendo 6,5% interanual, y acumulan USD 6.159 millones en el año; 6,6% por encima del mismo periodo del año pasado. Pese al moderado aumento en lo que va del año, las exportaciones al país vecino siguen 15% por debajo de 2015 y casi 50% por debajo del nivel record registrado en 2013.

Nuevamente, los vehículos y autopartes (incluyendo motores) fueron claves en el crecimiento de las exportaciones durante agosto. Otros rubros que impulsaron las exportaciones durante el mes fueron: trigo, algunos productos de la pesca, fertilizantes y gas.

Por otro lado, las importaciones argentinas de Brasil alcanzaron USD 1.625 M, creciendo 30,8% con respecto al mismo mes de 2016. Los bienes responsables de este fuerte incremento siguen en línea con los de los meses anteriores, con un aumento liderado por las compras de vehículos automotores. Los demás productos que contribuyeron significativamente al aumento corresponden a los sectores de la economía con mejor desempeño: los insumos para la producción agrícola, puntualmente tractores, maquinaria agrícola e insecticidas, y los insumos para la construcción, puntualmente semi-manufacturados de hierro y máquinas aplanadoras.

Con las nuevas cifras de agosto, las compras a Brasil acumularon un valor de USD 11.445 M, un 30,1% por encima del valor importado en el mismo periodo de 2016. Aunque el ritmo de crecimiento es considerable, cabe destacar que los niveles actuales de importación aún se encuentran muy por debajo (-22,1%) de los niveles record acumulados entre enero y agosto de 2011.

Se consolida el déficit bilateral record, por encima de los USD 7 mil millones

El saldo comercial bilateral volvió a registrar un déficit record para un mes de agosto, con un valor de USD -776 M. Este guarismo representa una expansión del 74% i.a., con un déficit acumulado de USD -5.286 M entre enero y agosto de 2017; 75% por encima del valor registrado en el mismo periodo de 2016. Estos valores consolidan el escenario de un déficit comercial bilateral superior a los USD 7.000 millones.

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