Actividad Económica

La industria no logra despegar: la mitad de las fábricas tiene pedidos por debajo de lo normal

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La industria argentina llega al tercer trimestre de 2026 atrapada en una combinación que explica buena parte de las dificultades para consolidar una recuperación: faltan pedidos, la demanda interna sigue siendo el principal límite para producir más y las empresas no anticipan una expansión significativa de la producción ni del empleo durante los próximos meses.

La Encuesta de Tendencia de Negocios de la Industria Manufacturera difundida este miércoles por el INDEC muestra que el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) se ubicó en -17,2% en julio, todavía profundamente instalado en terreno negativo.

El dato representa una mejora frente al -19,6% registrado en mayo y al -17,8% de junio, pero permanece lejos de alcanzar terreno positivo. El gráfico de la página 3 permite observar además que la confianza industrial no registró un solo mes por encima de cero desde el inicio de la serie, en enero de 2025.

La explicación aparece en los propios componentes del indicador: las expectativas de producción arrojan un balance de -3,1%; la cartera de pedidos, un contundente -46,9%; y los stocks de productos terminados, +1,5%.
Es decir, las fábricas no parecen enfrentar principalmente un problema de capacidad para producir. El punto crítico está en conseguir quién compre esa producción.

La mayor cautela aparece cuando los industriales son consultados por sus trabajadores.

Para agosto-octubre, 78,8% espera mantener sin cambios su dotación, pero 17,1% anticipa una reducción y apenas 4,1% proyecta aumentarla.

En julio, 49,7% de las empresas industriales declaró que su nivel de pedidos se encontraba por debajo de lo normal. Otro 47,5% lo consideró normal y apenas 2,8% afirmó estar por encima.

El balance resultante es de -46,9%, con un indicador de difusión de apenas 26,5%.

La magnitud del desequilibrio resulta significativa: por cada empresa que informa pedidos superiores a lo habitual hay casi 18 que los ubican por debajo.

El balance de pedidos permanece en niveles cercanos a -50 puntos durante prácticamente todo 2026. No se trata, por lo tanto, de una caída circunstancial de julio, sino de una debilidad que se mantiene en el tiempo.

El cuadro exportador tampoco compensa la fragilidad doméstica. El 37,1% considera que sus exportaciones están por debajo de lo normal, frente al 57,3% que las ubica en niveles normales y sólo 5,6% por encima. El balance exportador resulta negativo en 31,5%.

El diagnóstico adquiere mayor claridad cuando el INDEC pregunta directamente qué impide producir más.

Para el 52,9% de los industriales, la demanda interna insuficiente es el principal factor que limita su capacidad de aumentar la producción. Tres meses antes había sido señalada por el 51,8%, por lo que el problema incluso ganó participación.

Muy lejos aparece en segundo lugar la competencia de productos importados, con 10,2%, aunque su incidencia disminuyó frente al 11% de tres meses atrás.

Después se ubican la incertidumbre económica, con 7,4%; la demanda externa insuficiente, 4,5%; los problemas financieros, 4,2%; la escasez de materias primas, insumos o componentes, 3,8%; y la falta de equipos adecuados, 2,5%.

Solamente 6,6% de las empresas asegura no tener ningún factor que limite su capacidad para producir más.

La industria enfrenta problemas financieros, competencia importada e incertidumbre. Pero ninguno tiene, individualmente, una magnitud comparable con el debilitamiento del mercado interno.

Hay otro dato con relevancia para el debate sobre la apertura comercial.

La competencia de productos importados es mencionada por 10,2% de las empresas como principal limitante para incrementar la producción. Es el segundo factor individual más señalado después de la demanda interna.

Sin embargo, la comparación trimestral obliga a introducir un matiz: hace tres meses esa respuesta alcanzaba al 11% de los industriales.

Por lo tanto, el informe no muestra una aceleración reciente de esa percepción. Sí confirma que los productos importados se instalaron entre las principales variables que los empresarios industriales consideran al explicar sus restricciones productivas.

La combinación entre demanda interna insuficiente y competencia importada concentra 63,1% de las respuestas.

Los inventarios agregan otra pieza al cuadro industrial. El 64,7% considera adecuado su nivel de productos terminados, mientras 18,4% afirma tener stocks por encima de lo adecuado y 16,9% por debajo. El balance es ligeramente positivo, en 1,5%.

Ese dato adquiere otra dimensión cuando se lo contrapone con la cartera de pedidos: mientras prácticamente la mitad de las industrias tiene pedidos inferiores a lo normal, existe una leve mayoría relativa de empresas con inventarios por encima antes que por debajo de lo adecuado.

No hay una señal generalizada de faltantes de producto terminado. La restricción está principalmente en la salida comercial.

La percepción general de los industriales sigue siendo negativa. Apenas 6,6% considera buena la situación empresarial actual, mientras 65,3% la califica como normal y 28,1% como mala.

El balance entre respuestas positivas y negativas alcanza así -21,6%. También permanece deteriorado el frente financiero.

El 23,6% considera mala la situación financiera de su compañía, contra sólo 9,8% que la califica como buena. Dos tercios -66,6%- responden que es normal. El balance financiero resulta negativo en 13,9%.

Más complicado aparece el acceso al crédito: 31,4% lo considera difícil y apenas 6,1% fácil. El restante 62,6% lo define como normal. El balance crediticio se hunde así hasta -25,3%.

El panorama hacia adelante ofrece pocas señales de un cambio de velocidad.

Consultados sobre lo que ocurrirá entre agosto y octubre, 70,9% de los industriales espera mantener sin modificaciones su volumen de producción.

Otro 16,1% prevé reducirlo y sólo 13% espera aumentarlo. El balance de expectativas productivas queda así en -3,1%.

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PyMEs industriales en retroceso: la producción cayó 11% y el empleo 4,5% en el segundo trimestre

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La recuperación de la industria PyME argentina sigue sin aparecer. El segundo trimestre de 2026 cerró con nuevas caídas de producción y empleo, mientras que los dos indicadores que permiten mirar algunos meses hacia adelante —actividad y confianza empresarial— continúan enviando señales de cautela.

La Encuesta Coyuntural de la Fundación Observatorio PyME, realizada sobre unas 400 empresas manufactureras de todo el país, registró entre abril y junio una contracción interanual de la producción del 11% y una reducción del empleo del 4,5%. El deterioro, además, no fue homogéneo: golpeó con mayor intensidad a las empresas pequeñas que a las medianas.

El dato adquiere otra dimensión cuando se observa lo que esperan los propios industriales. El PMI-PyME, índice anticipatorio del ciclo de actividad, cerró el trimestre en 44,3 puntos sobre 100. Aunque recuperó 10,3 puntos respecto del muy débil primer trimestre, todavía quedó 0,7 puntos por debajo del nivel de un año atrás y, fundamentalmente, permaneció lejos del umbral de 50 que marca el ingreso a una fase expansiva.

Es decir: hubo rebote respecto del piso de comienzos de año, pero todavía no recuperación.

Los cinco motores del PMI siguen en rojo

El detalle del indicador ofrece una fotografía todavía más elocuente. Ninguno de los cinco componentes que integran el PMI logró superar los 50 puntos durante el segundo trimestre.

La señal más delicada proviene del stock de materias primas e insumos, que quedó en apenas 39,4 puntos. Este indicador refleja las decisiones anticipadas de compra: cuando las empresas reducen inventarios, generalmente están preparando una menor actividad futura.

La cartera de pedidos, el componente con mayor peso dentro del índice porque funciona como una señal temprana de la demanda que deberán atender las fábricas, alcanzó 42,6 puntos. De las empresas consultadas, 41,1% indicó que sus pedidos disminuyeron respecto del trimestre anterior, contra apenas 26,4% que informó un aumento.

La producción marcó 45,4 puntos y el empleo, 44,7. En este último caso hay un elemento relevante: a diferencia de otros componentes del PMI, no surge de una percepción empresarial sino de la evolución concreta de las dotaciones. El 23,8% de las firmas redujo personal respecto del trimestre previo, frente a sólo 13,1% que aumentó su plantilla.

El componente más cercano a la neutralidad fue el tiempo de entrega de proveedores, con 48,9 puntos, aunque también permaneció en terreno contractivo. El cuadro de la página 2 del informe del Observatorio PyME muestra así una particularidad contundente: pedidos, producción, empleo, entregas y stocks están simultáneamente debajo de 50.

PMI-PyME | II trimestre 2026

IndicadorPuntosSeñal
PMI general44,3Contracción
Cartera de pedidos42,6Contracción
Producción45,4Contracción
Empleo44,7Contracción
Tiempo de entrega48,9Contracción
Stock de insumos39,4Contracción
Umbral de expansión50,0

El PMI tiene precisamente valor predictivo porque sintetiza variables —pedidos, producción, empleo, entregas y stocks— que suelen reaccionar antes de que los cambios aparezcan plenamente reflejados en las estadísticas tradicionales de actividad.

La confianza mejora, pero sigue dominando el pesimismo

La otra señal de alerta surge del Índice de Confianza Empresaria PyME (ICE-PyME). En el segundo trimestre se ubicó en 43 puntos, con una recuperación de 2,7 puntos frente al trimestre anterior pero una caída de 4,5 puntos respecto del mismo período de 2025.

Es el cuarto trimestre consecutivo por debajo de los 50 puntos, nivel a partir del cual predominan las percepciones optimistas entre los empresarios industriales.

Aquí, sin embargo, aparece una grieta interesante entre presente y futuro.

Las condiciones actuales recibieron apenas 32,2 puntos, pese a mejorar dos puntos respecto del trimestre anterior. En la comparación interanual, están 6,8 puntos por debajo del segundo trimestre de 2025.

Las expectativas, en cambio, alcanzaron 52,1 puntos, recuperaron 3,8 puntos trimestrales y consiguieron atravesar nuevamente la frontera del optimismo.

La diferencia entre ambos indicadores alcanza prácticamente 20 puntos.

En otras palabras, los empresarios PyME describen un presente muy deteriorado, pero todavía conservan expectativas de que la situación mejore durante el próximo año.

La paradoja: esperan una mejora, pero no invierten

El dato probablemente más revelador del relevamiento aparece cuando se pregunta si éste es un buen momento para invertir en maquinaria y equipos.

La respuesta arroja apenas 34,6 puntos, una caída de 1,7 puntos respecto del trimestre anterior y de 5,7 puntos en comparación con un año atrás. Fue, de hecho, el único componente del ICE que empeoró durante el segundo trimestre.

La aparente contradicción es significativa. Las expectativas generales volvieron a terreno positivo y las expectativas de rentabilidad alcanzaron 52,5 puntos, pero esa mejora todavía no consigue transformarse en decisiones concretas de inversión productiva.

También persiste una diferencia importante según qué evalúe el empresario. El índice referido a la situación de la propia empresa alcanzó 47,5 puntos; la percepción sobre el país, 42; y la correspondiente al sector industrial en el que opera, apenas 39,3 puntos. Los tres permanecen debajo del nivel neutral y todos están peor que hace un año.

Rebote no es recuperación

La lectura conjunta de los indicadores dibuja una industria PyME que atravesó un segundo trimestre todavía contractivo, aunque algo menos pesimista que el comienzo del año.

El PMI recuperó más de diez puntos trimestrales, pero el propio Observatorio PyME advierte que parte de esa mejora responde al patrón estacional habitual del segundo trimestre: entre 2023 y 2025, el rebote promedio entre el primero y segundo trimestre había sido de 7,7 puntos. Aun después de la recuperación reciente, el indicador quedó en 44,3 y por debajo del nivel registrado doce meses atrás.

Algo similar ocurre con la confianza. El empresario empieza a imaginar un escenario futuro algo mejor, pero todavía observa condiciones actuales muy débiles y posterga inversiones.

Esa combinación —producción en baja, menor ocupación, pedidos débiles, reducción de stocks y escasa predisposición a invertir— muestra que la industria PyME continúa atravesando una fase defensiva. Antes que ampliar capacidad o incorporar trabajadores, buena parte de las empresas parece concentrada en adecuar estructuras y capital de trabajo a un nivel de demanda todavía insuficiente.

Y allí reside probablemente la principal señal hacia los próximos meses: las expectativas comenzaron a recuperarse antes que la economía real de las fábricas. Para hablar de un cambio de ciclo, esa mejora deberá finalmente traducirse en más pedidos, producción, inversión y empleo.

El relevamiento de la Fundación Observatorio PyME comprende un panel representativo de alrededor de 400 PyMEs manufactureras de entre 10 y 249 ocupados, relevadas mediante muestreo probabilístico estratificado en todo el país.

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El consumo privado cayó 1,1% en junio y acumula siete meses consecutivos de retrocesos interanuales

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El consumo de los hogares continúa mostrando señales de debilidad pese al proceso de desaceleración inflacionaria. En junio, el Índice de Consumo Privado (ICP-UP) registró una caída del 1,1% interanual, marcando el séptimo descenso consecutivo frente al mismo mes del año anterior y confirmando que la recuperación del poder adquisitivo aún no logra traducirse en una expansión sostenida del gasto de las familias.

El relevamiento, elaborado por la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo, mostró, sin embargo, una mejora de 1,2% respecto de mayo en la serie desestacionalizada, un dato que sugiere un leve repunte mensual luego de dos meses de virtual estancamiento. Aun así, el balance del primer semestre continúa siendo negativo: entre enero y junio el consumo privado acumula una retracción del 1,7% en comparación con igual período de 2025.

El informe sostiene que el comportamiento mensual representa una primera señal de recuperación, aunque insuficiente para revertir la tendencia de fondo. El indicador se construye a partir del procesamiento de más de treinta variables de alta frecuencia, entre ellas ventas minoristas, patentamientos, recaudación tributaria y otros indicadores que permiten anticipar la evolución del gasto de consumo final de los hogares antes de la publicación de las estadísticas oficiales.

La composición del consumo refleja además una marcada heterogeneidad entre sectores. El segmento más afectado fue el de bienes semidurables, integrado principalmente por indumentaria y calzado, que registró una contracción interanual del 3,8%. Los bienes durables también permanecieron en terreno negativo con una baja del 1,2%, mientras que los servicios recreativos mostraron estabilidad. El único rubro que logró expandirse fue el de consumo masivo, que avanzó 1,1% respecto de junio del año pasado.

Dentro del mercado de alimentos también se observaron diferencias significativas. El consumo de carne porcina fue el único que mostró crecimiento, con una suba interanual del 3,9%, mientras que la demanda de carne vacuna cayó 13,5% y la de carne aviar retrocedió 8%, reflejando cambios en los hábitos de consumo y una mayor búsqueda de alternativas de menor costo por parte de los hogares.

La debilidad del gasto también quedó reflejada en otros indicadores de actividad. Las ventas de combustibles al público disminuyeron 2,4% interanual, mientras que los despachos de cemento en bolsa descendieron 5%, evidenciando una menor dinámica tanto del consumo cotidiano como de la inversión vinculada a pequeñas obras y refacciones.

En los bienes durables el panorama fue mixto. El patentamiento de motocicletas creció 42,3%, impulsado por la búsqueda de vehículos de menor costo y opciones de movilidad más accesibles. En contraste, el patentamiento de automóviles cayó 13,7%, al tiempo que la facturación del sector de electrodomésticos registró una disminución del 11,6%, confirmando que las compras de mayor valor continúan postergándose.

El segmento de servicios vinculados al ocio tampoco escapó a la desaceleración. El consumo en restaurantes tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires acumuló su cuarta caída consecutiva, con un descenso interanual del 3,7% durante junio. En paralelo, los centros comerciales registraron bajas del 7,2% en ventas de indumentaria y calzado y del 13,8% en supermercados, reflejando un comportamiento más prudente de los consumidores.

Las restricciones financieras también siguen condicionando la capacidad de gasto. La recaudación real del IVA retrocedió 4,2%, mientras que las compras realizadas con tarjeta de crédito disminuyeron 5,2% y los préstamos personales cayeron 2,2%, indicadores que muestran un menor uso del financiamiento para sostener el consumo.

El informe de la Universidad de Palermo plantea así un escenario de transición. La mejora mensual observada en junio podría anticipar una recuperación gradual si continúa la estabilización macroeconómica, pero la persistencia de caídas interanuales en la mayoría de los rubros evidencia que el consumo privado todavía enfrenta dificultades para consolidar un cambio de tendencia.

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El Gobierno descarta un “plan platita” y apuesta al crédito como motor de la actividad

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Mientras el calendario electoral comienza a marcar el ritmo de la política, el Gobierno nacional busca reforzar uno de los ejes centrales de su estrategia económica: expandir el crédito sin abandonar el equilibrio fiscal. El viceministro de Economía, José Luis Daza, afirmó que la administración de Javier Milei trabaja en nuevas herramientas para facilitar el financiamiento al sector privado, aunque descartó de plano la implementación de un “plan platita” orientado a estimular el consumo mediante un mayor gasto público.

La definición no es menor. En un contexto donde distintos sectores reclaman señales para reactivar la actividad económica, el equipo económico intenta sostener un discurso de disciplina fiscal y estabilidad macroeconómica, diferenciándose de estrategias aplicadas en años electorales por administraciones anteriores.

“Estamos trabajando en muchas alternativas para facilitar este crédito. Lo que puedo decir es que no podemos tomar atajos, no hay soluciones fáciles ni populistas. Lo vamos a dar y vamos a tener. No va a haber plan platita”, sostuvo Daza al explicar la orientación que busca imprimir el Ministerio de Economía.

La apuesta oficial consiste en consolidar un esquema donde el crecimiento de la inversión privada reemplace al impulso tradicional del gasto público. Según el funcionario, el acceso al crédito será un componente central para sostener la expansión económica en los próximos años, en la medida en que continúe estabilizándose el escenario macroeconómico.

En esa línea, Daza buscó también enviar una señal de previsibilidad de cara al proceso electoral de 2027. Sostuvo que los comicios, por sí mismos, no representan un factor de inestabilidad económica y argumentó que las crisis suelen originarse en desequilibrios fiscales, monetarios o financieros.

“Por primera vez en cuatro décadas vamos a ir a una elección con superávit fiscal, superávit externo, bancos bien calzados, reservas y un tipo de cambio flotante. No hay país que vaya a una elección con una posición más sólida que la Argentina”, afirmó el viceministro, reforzando uno de los principales argumentos del oficialismo para defender su programa económico.

Las tasas siguen siendo el principal desafío

Uno de los puntos sobre los que hizo foco el funcionario fue el elevado costo del financiamiento, un aspecto que continúa limitando tanto el acceso al crédito empresarial como el destinado a las familias.

Según explicó, la persistencia de tasas elevadas responde principalmente a la cautela del sistema financiero luego de varios años de alta volatilidad macroeconómica.

“Los bancos no bajan la tasa que le prestan del 60 o 70% a un 40% porque todavía tienen temor a que vuelva la volatilidad. Hay un conjunto de factores que influyen”, explicó.

No obstante, destacó que el financiamiento destinado a empresas muestra señales de recuperación. Indicó que el crédito corporativo viene creciendo en términos reales a un ritmo cercano al 1,9% mensual, impulsado principalmente por préstamos de corto plazo orientados al capital de trabajo.

Para el equipo económico, ese comportamiento constituye un indicador temprano de recuperación de la actividad, aunque reconocen que todavía resta consolidar un mercado crediticio de largo plazo.

La situación es distinta para los préstamos personales e hipotecarios, donde las tasas continúan en niveles elevados debido al mayor horizonte temporal de esos créditos y al riesgo que aún perciben las entidades financieras.

La presión tributaria, otro obstáculo para el financiamiento

Daza también identificó a la estructura impositiva como uno de los principales factores que encarecen el crédito en Argentina.

“La cascada de impuestos hace que el crédito sea inaccesible o impagable para mucha gente. Tenemos que limpiar y solucionar ese problema”, sostuvo.

El funcionario admitió además que durante los últimos meses aumentó la mora en algunos segmentos del sistema financiero como consecuencia de la volatilidad y del incremento de las tasas de interés, aunque consideró que el proceso tenderá a normalizarse si continúa consolidándose la estabilidad macroeconómica.

Con este discurso, el Ministerio de Economía intenta sostener una narrativa basada en la prudencia fiscal y en el desarrollo del crédito privado como herramienta de crecimiento, diferenciándose de políticas expansivas de corto plazo. A pocos meses del inicio del proceso electoral, el mensaje oficial busca transmitir que la recuperación económica deberá apoyarse en la inversión, la estabilidad y el financiamiento, sin recurrir a mecanismos extraordinarios de estímulo al consumo que impliquen un deterioro de las cuentas públicas.

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La economía volvió a crecer en mayo, pero la recuperación pierde fuerza y sigue sin superar el techo de 2025

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La recuperación de la economía argentina continúa, pero a un ritmo cada vez más moderado. Así lo refleja la última medición del Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica de Argentina (ICA-ARG), elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que registró una variación mensual de apenas 0,03% en mayo, acumulando siete meses consecutivos de crecimiento. No obstante, la comparación interanual todavía arroja un resultado negativo de 0,8%, confirmando que la actividad aún no logra superar el máximo relativo alcanzado durante 2025.

El informe describe una economía que continúa avanzando, aunque de forma heterogénea y con crecientes diferencias entre sectores. Mientras el agro volvió a convertirse en el principal sostén de la actividad, la industria, la construcción, el consumo y parte de la inversión comenzaron a mostrar signos de agotamiento, configurando una recuperación que todavía carece de una base suficientemente amplia para consolidarse.

El Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica de Argentina (ICA-ARG) tuvo una variación del 0,03% en mayo, mientras que la comparación contra igual mes del año pasado exhibe una caída del 0,8%.

Este resultado indica un proceso de recuperación de la actividad económica a bajo ritmo, que no logra superar el máximo relativo alcanzado en 2025, a pesar de que el ICA-ARG acumula siete meses consecutivos de variaciones mensuales positivas.

En el quinto mes del año se destaca la recuperación del sector agrícola, que nuevamente alcanzó un máximo histórico, acompañado por buenos datos de recaudación del gobierno nacional y de ventas minoristas. En contraposición, en mayo se observaron deterioros puntuales en el sector industrial y en la construcción, que se suman a la caída de las importaciones de bienes y del patentamiento de vehículos de los últimos dos meses.


1.    Los indicadores del ciclo económico argentino

Al analizar la Tabla 1, se observa que sólo cuatro de los diez indicadores presentaron tasas mensuales positivas, dos con variaciones neutras y las restantes con desempeño negativo. La Tabla 2, por su parte, señala que cuatro de las series componentes del ICA-ARG se ubicaron por encima del registro de igual mes del año pasado/1.

Luego de dos meses de caída, durante mayo las labores agrícolas compensaron el retraso provocado por las lluvias en los meses previos. En efecto, el avance mensual de labores agrícolas tuvo una variación mensual del 2,6%, mientras que los buenos resultados globales de la actual campaña agrícola se reflejan en un incremento del 10,5% en la comparación con igual mes del año pasado. El avance récord en las labores de cosecha de soja registrado en mayo impulsó al indicador a un nuevo máximo histórico.

La producción industrial, por su parte, tuvo un impasse en el quinto mes del año, presentando una caída mensual luego de cinco meses consecutivos de recuperación. En la comparación interanual, por su parte, se advierte una caída del 0,3% frente a igual mes de 2025. Entre las ramas que explican la caída se destaca la industria automotriz, a la par que las exportaciones de Manufactura de Origen Industrial (MOI) tuvieron en mayo una caída mensual desestacionalizada luego de varios meses consecutivos de subas.

La actividad de la construcción interrumpió el incipiente proceso de recuperación que mostraba con la primera variación mensual negativa en lo que va del año, del -0,7%. En relación con mayo de 2025, en cambio, se observa un incremento del 2,7%, gracias al buen inicio de año en el sector.

Las importaciones totales de bienes continúan alternando breves periodos de caídas y recuperaciones que configuran una evolución negativa desde comienzos de 2025. En el último mes el ingreso de bienes desde el exterior disminuyó un 1,2% mensual, en tanto la variación interanual evidencia una merma del 6,1%. Se destaca que, el entorno recesivo en el que se encuentra el indicador se explica primordialmente por una disminución de importaciones relacionadas con la producción (insumos, bienes de capital y sus piezas y accesorios) y las importaciones energéticas (gracias a mayor producción doméstica), mientras que las asociadas al consumo (bienes de consumo, vehículos automotores y courier) presentan un desempeño positivo.

En las ventas minoristas se estima para mayo una variación mensual del 0,3%, constituyendo el segundo dato mensual positivo, mientras la comparación interanual exhibe una caída del 7,0%. Si bien el indicador continúa en niveles similares al mínimo de 2024, el repunte de los últimos dos meses representa una noticia alentadora, apuntalada por una leve mejora de las ventas en supermercados.

El indicador de patentamientos de vehículos nuevos presenta su segundo mes de contracción mensual significativa, con una merma del 5,2%. En la comparación contra igual mes del año pasado, el nivel de patentamientos del quinto mes del año se ubica un 18,6% por debajo del registrado en mayo de 2025 y ya perdió toda la recuperación acumulada durante los primeros tres meses del año.

La recaudación total del gobierno nacional encadena tres meses consecutivos de recuperación, con una suba en mayo del 1,5%. La tasa de cambio interanual, por su parte, se ubicó en terreno positivo por primera vez desde mediados del 2025, al registrar un incremento del 0,3%. En el quinto mes del 2026, se observa una mejora de la recaudación por impuestos internos (DGI) –impulsada por el impuesto a las ganancias–, aunque continúa en disminución la recaudación por el impuesto al valor agregado (IVA), mientras que la recaudación por impuestos aduaneros (DGA) tuvo una caída mensual por primera vez en 2026.

El número de asalariados privados registrados pone pausa al deterioro que exhibe desde inicios del año pasado, con una recuperación mensual en abril y una tasa de cambio neutral estimada para mayo. La variación mensual el último mes fue de -0,02%, mientras que la variación interanual se ubicó en -1,7%. Ello representa una caída de alrededor de 107 mil trabajadores menos en relación con el mismo mes del año pasado.

Por su parte, la tasa de entrada al mercado laboral presenta seis meses en línea de recuperación, con una variación estimada para mayo del 0,7%. Así, la comparación interanual da cuenta de una suba del 8,5%, que representa un incremento de 0,17 puntos porcentuales en la tasa (fue 1,96 en mayo de 2025 y 2,13 el último mes/2).

Por último, se estima un comportamiento estable en mayo de la remuneración bruta total de los empleados privados registrados, con una tasa de cambio mensual de -0,02%. La comparación con igual mes del año pasado evidencia un deterioro del 1,5%, aunque el balance en los primeros cinco meses del año arroja un saldo levemente positivo con relación a diciembre de 2025.


2.    Síntesis y perspectivas

El buen inicio del 2026 en materia de actividad económica se debilitó en mayo, particularmente por caídas en dos sectores que habían traccionado en los meses previos: la construcción y la industria. Sin embargo, el sector agrícola sostuvo al índice de actividad agregado, mientras que los indicadores del mercado laboral comienzan a exhibir algunas señales positivas, aunque con comportamientos dispares.

En el quinto mes del año sólo cuatro de los diez indicadores que conforman el ICA-ARG tuvieron un desempeño positivo, aunque el índice de difusión de series coincidentes/3 se incrementó levemente (3 puntos porcentuales), superando la línea del 50% por primera vez desde comienzos de 2025. Si bien dicho umbral constituye un parámetro relevante para el análisis cíclico, el nivel actual del indicador es muy inferior al que usualmente se observa luego de siete meses de variaciones positivas del ICA-ARG. Ello da cuenta de que la marcha de la actividad continúa de manera heterogénea para los distintos sectores de la economía argentina.

/1 La tonalidad de colores en las tablas se gradúa en base a la mayor tasa de cambio positiva y negativa, respectivamente, que haya presentado cada serie en su último ciclo completo (valle-pico-valle).
/2 La tasa de entrada al mercado laboral es un indicador expresado en tasas porcentuales, por lo cual para la construcción del ICA-ARG la misma se introduce como diferencia, en lugar de tasa de cambio. Sin embargo, en el análisis presentamos sus variaciones como tasas de cambio porcentual, para facilitar su lectura, en lugar de diferencia de puntos porcentuales en su nivel.
/3 Este índice representa el porcentaje de indicadores que tuvieron variaciones positivas durante los últimos seis meses.

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