ADORNI

“La palabra no debió ser deslomarse”: el pedido de disculpas de Adorni

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El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, pidió disculpas este jueves por haber dicho que estaba “deslomándose” en Nueva York, adonde viajó junto a su esposa como parte de la comitiva oficial por la ‘Argentina Week’.

“Uno puede decir alguna palabra o frase desafortunada en un vivo, sí. Me ha ocurrido muchas veces. La palabra no debió ser ‘deslomarse’. Somos humanos y cometemos errores”, planteó desde sus redes el funcionario.

Y señaló que.”detrás de cada explicación se encuentra siempre la verdadera intención de contar todo lo que estamos haciendo desde hace más de dos años con el Presidente Milei y todo el gabinete para cambiar un país que nos dejaron en ruinas”.

Adorni señaló que “todo lo que hacemos es con honestidad y plena conciencia de lo que tenemos enfrente: los que siempre van a hacer todo lo posible para que la Argentina no cambie. Quiero agradecer a cada uno de los que se tomaron el tiempo de escribirme y al apoyo incondicional del gabinete nacional y del Presidente”, añadió.

Y cerró: “Siempre seguiremos firmes trabajando por los argentinos de bien”.

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Los Milei blindan a Manuel Adorni

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Cordinadamente, Javier Milei y la plana mayor de su gobierno salieron este jueves a rescatar a Manuel Adorni, quien está acosado por una polémica derivada de las revelaciones de la inclusión de su esposa en la comitiva que acompañó al Presidente a Nueva York por el ‘Argentina Week’ y un viaje en un avión privado que el jefe de Gabinete y su familia hicieron en Carnaval a Punta del Este en un vuelo privado.

La acción conjunta y en simultáneo implica un cambio de estrategia respecto a la soledad en la que había quedado Adorni en los últimos días ante la difusión de los casos que dispararon sospechas sobre las transparencia del funcionario.

La que abrió el juego fue Karina Milei, que tiene a Adorni como principal espada dentro del gobierno de la Casa Rosada.

“Mi apoyo total e incondicional a Manuel Adorni frente a tanta basura mediática. Conozco tu integridad. Eso me alcanza. Siempre con vos”, tuiteó la secretaria general de la Presidencia y persona de máxima confianza del jefe de Estado, su hermano.

A partir de allí se produjo una catarata de tuits y retuits en apoyo de funcionarios. Hasta Santiago Caputo emitió el suyo. La senadora Patricia Bullrich se sumó al respaldo, aunque con un retuit de la hermanísima, al igual que lo hicieron Federico Sturzenegger y Luis Caputo.

La estrategia se coronó con el mensaje del Presidente.

“Si supieran el concepto de costo marginal tendrían claro que muchas cosas que se dicen no tienen ni el más mínimo sentido. Pero como pocos economistas lo entienden de verdad y a otros rubro no les importa (ni lo captan) entonces ensucian… ÁNIMO, Manuel Adorni”, tuiteó el Presidente en tono academicista.

Las palabras del Presidente aluden al episodio de la inclusión de Bettina Angeletti, pareja de Adorni, en la comitiva que viajó con él a Nueva York. De esa forma intenta bajar la polémica asignándole carácter de “costo marginal” a lo que pudo haber significado en término de gasto la presencia de Angeletti en el viaje.

La calificación de “basura mediática” por parte de Karina Milei, o de “burdos ataques mediaticos orquestados desde la oposición” de los que habló el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, también apuntan en esa línea, que tiene un cariz más anécdotico, aunque de fuerte carga simbólica en relación al relato libertario contra el despilfarro y los privilegios de la política.

El mensaje presidencial, en cambio, prescide de algún elemento que aluda a la cuestión del viaje a Punta del Este.

Karina habla de “basura mediática”, pero el viaje a Uruguay fue confirmado por el mismo Adorni y los detalles se respaldaron en documentación y hasta un video del embarque.

Se cae así la estrategia de la “operación” para “ensuciar”.

Tal es así que el Procurador de Investigaciones Administrativas, el fiscal anticorrupción, Sergio Rodríguez, inició una pesquisa respecto del viaje a Uruguay, pero también por la presencia de la esposa de Adorni en la comitiva presidencial.

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Adorní afirmó que la decisión de no modificar la medición de la inflación fue del presidente Milei

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El Gobierno nacional detalló los motivos detrás de la salida de Marco Lavagna del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). En una entrevista televisiva, Manuel Adorni aseguró que la desvinculación se dio en “buenos términos”, aunque dejó en claro que existía una diferencia de criterios insalvable respecto al momento de actualizar la metodología de medición de la inflación.

La controversia central radicó en la intención de Lavagna de implementar una nueva medición a partir de enero de 2026. Si bien Adorni reconoció la necesidad de actualizar la canasta de consumo, señaló que el presidente Javier Milei consideró que no era “razonable” hacerlo en este momento del programa económico.

“Si cambiamos el índice y la inflación bajaba, nos iban a decir que habíamos manipulado el índice”, explicó el Jefe de Gabinete. 

Según dijo Adorni, el Gobierno busca que el índice actual sea comparable con los últimos dos años de gestión para demostrar la efectividad de su lucha contra la inflación. “Nosotros queremos mostrarle a la gente una comparativa donde puedan ver si la inflación baja o sube o se mantiene tiene o se mantiene constante”, indicó.

El jefe de Gabinete subrayó que es una decisión directa del Presidente mantener el sistema de medición actual para evitar suspicacias políticas.

El funcionario también recordó que, incluso en meses recientes donde la inflación mostró leves subas, el Gobierno no intentó intervenir en el organismo. “Nos limitamos a la información que daba el INDEC y jamás propusimos cambiar nada, porque nos parece justo que la gente pueda comparar si la inflación baja, sube o se mantiene constante”, sentenció Adorni.

La salida de Lavagna marca el fin de una etapa de continuidad técnica en el organismo, abriendo una nueva fase donde el control del INDEC queda bajo la lupa de una gestión que apuesta todo a la visibilidad de los resultados de su plan económico de cara a los próximos meses.

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Manuel Adorni asumió por el Estado en el directorio de YPF

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El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, asumió el viernes (30/01) como miembro del directorio de YPF en representación del Estado, según publica el medio Infobae. Al parecer el funcionario ingresará a la junta como, director titular clase A, con acción de oro, lugar que ocupaba Guillermo Francos, quien seguirá en lugar del saliente José Rolandi, y al igual que su antecesor renunció a sus honorarios en la firma y percibirá solo los haberes de funcionario público.

Tras la firma que tuvo lugar en la mañana del viernes antes mencionado, Adorni tendrá derecho especial que otorga al Estado el poder de veto en determinadas decisiones estratégicas.

Junto a su designación, también tuvo lugar el desembarco del exlegislador del PRO Martín Maquieyra, en cumplimiento del acuerdo con el partido que lidera Mauricio Macri.

Siempre según el medio porteño, Manuel Adorni, no percibirá el sueldo que le corresponde como director titular de YPF, dado que renunció a percibirlo y solo cobrará su haber como integrante del Gabinete que es de $5.900.000, en bruto.

Si bien no se trata de un traspaso lineal, Adorni y Maquieyra ingresaron tras la baja de Rodríguez Chirillo y Rolandi y en calidad de Jefe de Gabinete adoptó la acción de oro que hasta entonces mantenía su antecesor en la administración.Una vez institucionalizados los traspasos, el exfuncionario pasará de ser director titular clase A a ser recatalogado a la clase D.

Tras la firma de las nuevas autoridades, la compañía hizo públicos los cambios a través de una comunicación oficial para la Argentina y la Bolsa de Nueva York.

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Candidatos testimoniales: los próceres del ¿“yo? Argentino”

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La política argentina tiene un talento especial: reciclar lo peor de sí misma con aire de novedad. Por ejemplo, cada tanto reaparece ese clásico de nuestra fauna electoral: los candidatos testimoniales, esos personajes que prometen representar al pueblo, pero terminan representando solo su conveniencia personal.
Son los artistas del “yo me anoto, pero no voy”, los reyes del “fue sin querer queriendo”. Figuras que se postulan con cara de compromiso ciudadano y después se bajan del cargo con la velocidad de un tuit borrado.
No es un invento nuevo, claro: allá por 2009, el kirchnerismo ya había estrenado el formato con Néstor Kirchner, Scioli, Nacha Guevara y Massa compartiendo cartel en Buenos Aires. De los cuatro, solo uno terminó en el Congreso. Los demás se evaporaron. Pero bueno, no seamos injustos: Nacha puede decir que lo suyo era una “actuación”.
Pero parece que la historia no se repite: se recicla. Y ahora tenemos una nueva camada de “testimonialistas” versión siglo XXI. En Misiones, está el caso del chico este Diego Hartfield, ex tenista, idóneo en acciones y bonos y ahora campeón mundial de la incoherencia política.
Desde la comodidad del que todo lo critica sin mover un dedo, Hartfield, aquel que primero se postuló como diputado provincial y luego como nacional, descubrió que la ética suena preciosa en los discursos… pero que el sillón en Buenos Aires es mucho más mullido.

En un acto de coherencia cero -o de practicidad suprema- decidió no asumir en la provincia porque, claro, ya estaba instalado en la Ciudad de Buenos Aires y mudarse da fiaca. Un verdadero ejemplo de la “ética del ascenso personal”, esa virtud moderna que consiste en trepar siempre y justificar después.

Y pensar que el muchacho hablaba de “moral y transparencia en la política” con la solemnidad de un monje tibetano.

Denunciaba la corrupción ajena con tono de iluminado, y terminó siendo otro farsante testimonial más, con sonrisa de LinkedIn y discurso de TED Talk. Si esto fuera tenis, diríamos que mintió con el saque y le cantaron doble falta.
Lo paradójico es esta gente se presentan como “lo nuevo” y “lo distinto”. Y tienen razón: distinto… pero por descarados.

A su lado, los casos de Manuel Adorni y del compañero, correligionario, camarada, “si se puede” y ahora fervoroso libertario Diego “el anticasta” Santilli suenan casi como un homenaje a la coherencia selectiva.

El primero, después de militar con entusiasmo su candidatura a legislador porteño, terminó ascendiendo a jefe de Gabinete.

El segundo, que armó un pequeño culebrón para encabezar la lista de diputados por la provincia de Buenos Aires -tras la salida del siempre “transparente” José Luis Espert, hoy ocupado en explicar algunas cuestiones financieras con narcos, digamos, algo difusas-, descubrió que el Ministerio del Interior ofrece calefacción central y mejor salario con exposición pública. Ambos juran que no son “testimoniales”. Por supuesto: también hubo quienes juraron que en el 2025 el salario en dólares iba a despegar y los precios a caer como un piano… y acá seguimos, esperando que empiece el concierto.

La consecuencia, claro, es la misma de siempre: el ciudadano que vota creyendo que el conocido fulano que puso en la boleta va a legislar algo, descubre después que fue parte de una comedia de enredos y asume alguien que ni registra. El electorado creyó elegir representantes, pero en realidad eligió espectros anónimos.


Y ahí está el problema: estas candidaturas “de utilería” no solo rozan la estafa electoral, la abrazan con cariño. Porque ¿cómo se llama cuando ponen a alguien “famoso” encabezando una lista y que promete representar al pueblo y después se va a otra oficina? Para mí: fraude con traje.

Y así, el sistema democrático se va llenando de ausencias y también de mermas de representados, porque el 33% de la gente no fue a votar. La representación se convierte en un simulacro, y la voluntad popular, en utilería.
En el fondo, los candidatos testimoniales son eso: una gran broma pesada con costo electoral. Hablan de ética, pero practican lo contrario y lo justifican. Prometen en los medios y en redes presencia, pero te entregan ausencia. Y mientras los votantes siguen esperando que alguien cumpla lo que promete, ellos perfeccionan el arte de no. Son un ejemplo viviente de la “ética del ascenso personal”.

Para ir terminando mi gente. Lo más inquietante de todo esto no es solo la estafa electoral en sí, sino la tranquilidad con la que el público la aplaude o mira. Porque si los candidatos juegan a no cumplir, es también porque el electorado parece haber hecho las paces con el engaño.

Algunos nos indignamos un rato por redes, compartimos algún meme y, acto seguido, se vuelve a votar a los mismos u otros que nos birlan la representación. Tal vez el verdadero drama no sean los estafadores, sino que ya no nos importe que lo hagan. Hemos naturalizado la estafa democrática con la resignación de quien compra un electrodoméstico chino barato sabiendo que no tiene garantía. En ese espejo, la hipocresía deja de ser solamente de otros: es nuestra.

Como siempre, de un lado de la reja esta la realidad, del otro también está la realidad. Lo único irreal es la reja. O sea, lo que nos divide —ideologías, clases, bandos— no es la realidad, sino las barreras simbólicas o mentales que construimos para sostener esas divisiones. La realidad es común a todos; lo irreal es creer que estamos en lugares distintos.

En tiempos donde todos opinan, lo relevante no es quién habla o dice, sino la verdad de lo que se dice. Atacar una opinión por quién lo dice y no lo que expresa, es solamente un sesgo.
Hasta la próxima, me puse muy serio y esto es casi ficción con humor.

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