Agro Argentina

CRA advierte por un “súper Niño” y pide anticipación ante un escenario climático de alto impacto

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El pronóstico de un evento climático de gran magnitud volvió a encender alarmas en el sector agropecuario. La entidad Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) advirtió sobre la posible configuración de un “súper El Niño” para el período 2026-2027, un escenario que, de confirmarse, podría ubicarse entre los más intensos registrados y afectar de manera directa a las economías regionales.

La advertencia se apoya en proyecciones climáticas que muestran un progresivo calentamiento del Pacífico ecuatorial. Según esos modelos, el fenómeno podría incluso superar la intensidad registrada en 2015, con efectos asociados a lluvias más intensas, mayor frecuencia de eventos extremos y riesgo elevado de inundaciones.

Un marco climático que tensiona al sistema productivo

Los últimos reportes del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ya reflejan señales compatibles con ese escenario. Para el trimestre otoño-invierno 2026 se proyectan precipitaciones superiores a lo normal en amplias regiones del país, junto con temperaturas por encima de los valores históricos.

Traducido a términos productivos, el fenómeno implica una doble presión. Por un lado, la actual campaña de cosecha gruesa podría enfrentar complicaciones operativas por excesos hídricos, afectando la transitabilidad y la calidad de los cultivos. Por otro, la planificación de la siembra fina se vería condicionada por suelos saturados, riesgos de anegamiento y ventanas de trabajo más acotadas.

A esto se suma un componente adicional: el incremento en la variabilidad climática. Tormentas intensas, ráfagas, granizo y olas de calor aparecen como factores que elevan la incertidumbre en todas las etapas del ciclo productivo.

De la previsión a la gestión del riesgo

Frente a este escenario, CRA plantea un cambio de enfoque. El clima deja de ser una variable externa para convertirse en un eje central de planificación. Entre las medidas recomendadas aparecen: revisión de sistemas de drenaje, planificación logística anticipada, monitoreo constante de pronósticos y evaluación de coberturas de riesgo

El planteo también incorpora una dimensión institucional. La entidad señala la necesidad de articular acciones con gobiernos provinciales y organismos técnicos para mitigar impactos sobre infraestructura rural, especialmente caminos y sistemas de transporte.

Presión sobre la agenda pública

El planteo de CRA introduce un elemento clave en la agenda agroeconómica: la necesidad de políticas públicas adaptativas frente a eventos climáticos extremos. Sin hacer referencias explícitas a medidas concretas, la entidad deja planteado que la respuesta no puede recaer únicamente en los productores.

En este contexto, el clima se convierte en un factor de presión sobre la gestión pública. La previsibilidad, el acceso a información confiable y la disponibilidad de herramientas de contingencia pasan a ser variables críticas para sostener la producción.

Riesgo sobre producción e infraestructura

Un evento de alta intensidad no solo implica mayores lluvias. También supone costos adicionales en logística, posibles pérdidas de rendimiento, deterioro de calidad y afectación de infraestructura clave.

Las economías regionales, altamente dependientes de condiciones climáticas estables, aparecen como uno de los eslabones más sensibles. El aumento de eventos extremos podría traducirse en mayor volatilidad productiva y financiera.

Implicancias para Misiones y el NEA

Si bien el informe no detalla impactos específicos por provincia, el comportamiento típico del fenómeno en Sudamérica sugiere un aumento de lluvias y humedad en amplias zonas. En regiones como Misiones y el NEA, esto podría implicar riesgos de saturación de suelos, afectación de caminos rurales y mayor presión sobre sistemas productivos intensivos.

La integración de sistemas agroforestales y la dependencia de la logística terrestre en la región refuerzan la necesidad de anticipación.

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Brasil agranda la brecha agroindustrial con Argentina y reabre el debate sobre el costo de las políticas internas

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El contraste entre el agro de Brasil y el de Argentina dejó de ser una comparación sectorial para transformarse en una señal política de fondo. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario expuso que, en las últimas tres décadas, ambos países crecieron en agricultura y ganadería, pero lo hicieron a velocidades muy distintas. El dato más contundente está en la producción de soja, maíz y trigo: si en el promedio de los años noventa Brasil producía un 53% más que Argentina, en las primeras cinco campañas de la década del 2020 esa diferencia escaló al 155%. Para la campaña 2025/26, las proyecciones de GEA y Conab anticipan una brecha todavía enorme: 147% a favor de Brasil. La pregunta que sobrevuela el informe no es solo cuánto más produce el vecino, sino cuánto de esa distancia responde a ventajas naturales y cuánto a decisiones políticas que en Argentina terminaron frenando el potencial del sector.

Dos modelos, un mismo punto de partida y resultados cada vez más distintos

La comparación que realiza la Bolsa rosarina parte de una base relevante: Brasil y Argentina comparten una estructura agroindustrial central en sus economías, con cadenas agrícolas y ganaderas de peso estratégico. Sin embargo, las trayectorias divergieron.

Durante los años noventa, la producción combinada de soja, maíz y trigo de Brasil era un 53% superior a la argentina. En la década del 2000, con la maduración tecnológica, la expansión de la siembra directa y la mejora en el manejo, esa brecha incluso se redujo a 45%. Había, en ese momento, una convergencia posible.

Pero el informe sitúa allí un punto de inflexión. Esa misma década marcó en Argentina el regreso de los derechos de exportación, dentro de un esquema de políticas que, según la Bolsa, comenzaron a desincentivar el respaldo a las cadenas agrícolas. Mientras tanto, Brasil sostuvo políticas de apoyo a la producción, entre ellas el Plan Safra, y consolidó una dinámica de expansión en superficie y rindes.

El resultado fue un quiebre cada vez más profundo. En la década del 2010, Brasil pasó a producir en promedio un 82% más que Argentina en esos tres cultivos. Luego, en las primeras cinco campañas del 2020, la diferencia saltó al 155%. Aun con una leve corrección proyectada para 2025/26, la distancia seguiría en 147%, muy por encima de cualquier registro previo.

No es solo una estadística productiva. Es la evidencia de que, frente a tecnologías similares y cadenas que compiten en el mismo mercado global, el marco de incentivos puede alterar de forma decisiva la escala alcanzada por cada país.

La carne vacuna también muestra una diferencia de poder productivo

La divergencia no quedó encerrada en los granos. En carne vacuna, la brecha fue todavía más marcada. En el promedio de los años noventa, Brasil producía un 119% más de carne vacuna que Argentina. En los 2000, esa diferencia ascendió al 167%. Ya en la década del 2010, Brasil producía 249% más, es decir, más de tres veces el volumen argentino.

En lo que va de la década actual, el promedio ubica a Brasil con una producción 235% superior. Y para la campaña 2025/26, las previsiones del USDA proyectan una distancia de 284%, cerca de cuadruplicar la producción argentina.

La magnitud de esa brecha tiene una lectura económica inmediata y otra política menos visible, pero igual de relevante. En términos productivos, consolida a Brasil como un actor de escala mucho mayor en uno de los mercados de proteínas más sensibles del comercio global. En términos de poder, le permite jugar con otra espalda en exportaciones, abastecimiento y posicionamiento estratégico frente a la demanda internacional.

Exportaciones: donde la distancia se volvió más contundente

Si la producción muestra una divergencia fuerte, las exportaciones terminan de dimensionar el cambio de tablero. Según el informe, en el promedio de la década del noventa Argentina exportaba un 24% más de carne por año que Brasil. Hoy esa relación se invirtió de manera drástica: para la campaña actual, Brasil aspira a exportar más de cinco veces el volumen argentino.

El dato resume una transformación de largo plazo. En más de tres décadas, Argentina casi duplicó sus exportaciones de carne. Brasil, en cambio, las multiplicó por más de 13. Allí aparece una diferencia decisiva entre crecer y escalar. Argentina aumentó, pero Brasil construyó volumen, continuidad y capacidad de inserción externa a otra velocidad.

Ese desempeño también redefine la correlación regional. No se trata solo de quién produce más, sino de quién gana mercados, quién consolida presencia internacional y quién logra convertir su potencia agroindustrial en una plataforma más robusta de generación de divisas.

El crédito como diferencia silenciosa entre ambos modelos

La Bolsa de Comercio de Rosario agrega otro factor que ayuda a explicar el ensanchamiento de la brecha: el financiamiento. A comienzos de siglo, Argentina y Brasil tenían niveles de crédito interno al sector privado relativamente cercanos en proporción al PBI: 24% en Argentina y 31% en Brasil.

Dos décadas y media después, la distancia se volvió mucho más amplia. En 2024, Argentina se ubicó en 15% del PBI, sin recuperar siquiera los niveles previos a la crisis de 2001. Brasil, en cambio, expandió ese indicador hasta casi el 76% del PBI. Lo que hace 25 años era una diferencia de 7 puntos porcentuales, hoy supera los 60 puntos.

Ese dato no aparece en el debate cotidiano con la misma fuerza que las retenciones o el tipo de cambio, pero tiene consecuencias igual de concretas. Más financiamiento significa mayor capacidad para invertir, incorporar tecnología, sostener ciclos productivos y planificar crecimiento. Menos crédito implica menor margen para escalar y más vulnerabilidad frente a shocks climáticos o de precios.

En esa comparación, el informe deja una señal clara: la brecha productiva entre ambos países no se explica únicamente por la política tributaria o comercial, sino también por la capacidad del sistema financiero para apuntalar la expansión del sector privado.

Retenciones, brecha cambiaria y un intento de corregir incentivos

El informe no se limita a describir la diferencia histórica. También introduce una lectura sobre el presente argentino. Según la Bolsa, la baja de retenciones y el fin de las brechas cambiarias son decisiones que colaboran para apuntalar la producción agrícola y ganadera.

La afirmación tiene una carga política evidente, aunque se formule en lenguaje técnico. Lo que se pone sobre la mesa es que parte de las distorsiones que durante años condicionaron al agro empiezan a corregirse, al menos parcialmente. Esa corrección alimenta una nueva expectativa de crecimiento.

La Bolsa sostiene que la campaña actual espera batir récords en producción de granos, mientras que el crédito bancario al sector ganadero alcanzó su segundo mayor registro de la historia argentina. Son señales que, en la lógica del informe, permitirían iniciar una recuperación del terreno perdido.

No se trata todavía de una convergencia con Brasil. La distancia acumulada es demasiado profunda para revertirse en el corto plazo. Pero sí de una ventana de oportunidad: si se sostienen mejores condiciones para producir, financiarse y exportar, Argentina podría volver a expandirse con mayor velocidad.

Repercusiones: quiénes quedan fortalecidos y qué discusión se reactiva

La principal consecuencia política del informe es que reabre una discusión incómoda para la política económica argentina: cuánto del rezago agroindustrial fue producto de condiciones externas y cuánto fue resultado de decisiones domésticas. La Bolsa responde con una hipótesis nítida: las políticas divergentes entre Brasil y Argentina ampliaron la brecha.

Esa lectura fortalece a los sectores que vienen reclamando un marco más previsible, menor carga sobre las exportaciones y acceso al financiamiento como condiciones básicas para crecer. También condiciona a cualquier estrategia de política pública que busque sostener recaudación o intervenir en los mercados sin medir el costo de largo plazo sobre la inversión y la escala productiva.

En términos económicos, el informe vuelve a ubicar al agro como un actor decisivo para la generación de divisas, el aumento de producción y la expansión exportadora. En términos institucionales, sugiere que las reglas importan tanto como la tecnología. Y en términos estratégicos, instala una advertencia: la competencia regional no espera a que Argentina resuelva sus dilemas internos.

Un escenario abierto: el potencial está, pero no alcanza con corregir dos variables

La Bolsa cierra con una idea optimista: con más apoyo al productor, Argentina puede seguir creciendo en producción y exportaciones, tal como destaca el modelo AGMEMOD. Esa proyección, sin embargo, abre más interrogantes de los que clausura.

Porque el potencial está documentado, pero la brecha con Brasil también. La actual mejora de incentivos puede empujar una recuperación, pero el desafío no es solo crecer un año más, sino sostener una trayectoria. Ahí se jugará la dimensión más importante del proceso.

En las próximas campañas habrá que mirar si el récord esperado en granos logra consolidarse, si el mayor crédito al sector ganadero se traduce en más producción efectiva y si las condiciones macroeconómicas permiten transformar alivios puntuales en un cambio de régimen. También habrá que observar si la corrección de distorsiones alcanza para achicar una distancia que lleva décadas ampliándose.

La foto actual muestra a Brasil muy por delante y a Argentina intentando reordenar el terreno. Lo que todavía está en construcción es si ese reordenamiento puede convertirse en una estrategia persistente o si quedará, otra vez, atrapado entre avances parciales y restricciones recurrentes.

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RENATRE celebró la extensión del Decreto 514/21 que garantiza empleo formal y estabilidad social en el agro

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El Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE) celebró la decisión del Poder Ejecutivo Nacional de prorrogar por un año la vigencia del Decreto 514/2021, a través del Decreto 777/2025, firmado el 29 de octubre.

La medida garantiza la continuidad de un instrumento central para compatibilizar el trabajo rural temporario con los programas sociales, permitiendo que miles de familias rurales mantengan sus ingresos formales sin perder los beneficios estatales.

El presidente del RENATRE, José Voytenco, calificó la resolución como “una muy buena noticia para los trabajadores y trabajadoras rurales de todo el país”. Tras semanas de gestiones y advertencias institucionales sobre la necesidad de extender la norma.

“El 514 fue durante cuatro años una herramienta efectiva para romper el círculo de la informalidad. Y ampliar la cobertura de la seguridad social en el sector rural”, señaló Voytenco. Destacando que la prórroga “demuestra que se pueden implementar políticas que surgen del diálogo, el consenso y la comprensión”.

Con la extensión del decreto, más de 120 mil trabajadores rurales podrán seguir accediendo al empleo formal sin perder la asistencia social. Un equilibrio que resultó clave para combatir la informalidad en las economías regionales y en el trabajo estacional agrícola.

Un instrumento clave para la formalización del empleo en el agro

El Decreto 514/2021 fue sancionado durante la pandemia, en un contexto de fuerte inestabilidad laboral. Con el propósito de permitir que quienes se desempeñan en tareas temporarias o estacionales del sector agropecuario pudieran incorporarse al empleo registrado. Sin perder los beneficios de los programas sociales como el Potenciar Trabajo.

La medida fue considerada desde su implementación como un avance significativo en la política de formalización del empleo rural. Al atacar una de las causas estructurales de la informalidad: la incompatibilidad entre la asistencia estatal y la contratación formal de corto plazo.

El presidente del RENATRE destacó que la norma “contribuyó a dar previsibilidad a los productores y a generar confianza en los trabajadores. Que dejaron de ver el empleo registrado como una amenaza a su estabilidad familiar”.

La continuidad de este esquema evita, además, un retroceso en los niveles de formalización alcanzados en los últimos años y sostiene el funcionamiento del sistema de seguridad social rural. Impulsado por el RENATRE, que cubre desde aportes jubilatorios hasta prestaciones por desempleo, formación profesional y salud laboral

Hacia una ley permanente de trabajo rural compatible con programas sociales

Desde el RENATRE y la UATRE impulsan que el Decreto 514/2021 se convierta en ley. Con el objetivo de dotar de estabilidad normativa a una política que ya demostró resultados concretos.

“Estamos trabajando con distintos diputados y diputadas nacionales para que esta herramienta adquiera carácter permanente. Y contribuya al desarrollo sostenido del sector agropecuario argentino”, afirmó Voytenco.

La institucionalización del decreto en una norma de carácter legal sería un paso decisivo para consolidar un modelo de empleo rural registrado. Con reglas claras tanto para empleadores como para trabajadores, y una mayor previsibilidad en la planificación productiva.

Para el RENATRE, el desafío hacia adelante será articular esta política con la modernización tecnológica, la capacitación laboral y el fortalecimiento del rol del trabajador rural en las cadenas de valor agroindustrial.

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Empresarios misioneros reclaman la prórroga del decreto que impulsó la registración laboral en el agro

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La Confederación Económica de Misiones pidió la prórroga del Decreto 514/2021 para proteger el empleo rural formal

La entidad empresarial advirtió que la caducidad del régimen, que permitía compatibilizar los planes sociales con el trabajo registrado, afecta la registración laboral y la competitividad de las economías regionales.

La CEM alertó por el impacto del fin del decreto en el empleo formal rural

La Confederación Económica de Misiones (CEM) solicitó formalmente la prórroga del Decreto 514/2021, que venció el pasado 30 de septiembre, y cuya caducidad “atenta directamente contra las economías regionales”, según expresó la entidad en un comunicado difundido este 22 de octubre de 2025.

El decreto, vigente desde 2021, permitía que los trabajadores rurales mantuvieran sus planes sociales al acceder a un empleo formal, eliminando así uno de los principales obstáculos históricos a la registración laboral en el sector.

La medida fue estratégica para garantizar la registración laboral y el trabajo decente en el campo argentino”, sostuvo la CEM, al tiempo que advirtió que su finalización genera un retroceso en la formalización del empleo agrícola y una presión adicional sobre las economías regionales que ya enfrentan una coyuntura crítica.

El Decreto 514/2021 y su rol en la inclusión laboral rural

El Decreto 514/2021, dictado durante el contexto pospandemia, fue una herramienta clave para promover la formalización del trabajo en sectores donde la informalidad superaba el 60 %. La norma establecía que los beneficiarios de programas sociales como el Potenciar Trabajo podían acceder a empleos formales sin perder automáticamente su prestación, siempre que se mantuvieran dentro de determinados límites y condiciones de compatibilidad.

En Misiones y otras provincias del NEA, su aplicación permitió aumentar los niveles de empleo registrado en el agro y la forestoindustria, sectores donde la rotación estacional y la precarización estructural son históricas.

Con el vencimiento del decreto, los empleadores del sector rural vuelven a enfrentar dificultades para incorporar personal, dado que muchos beneficiarios optan por no registrarse para evitar la pérdida de su asistencia social.

Desde la CEM enfatizaron que el esquema “alentó el trabajo formal sin desproteger a los sectores más vulnerables”, y recordaron que su continuidad es fundamental para mantener la producción y la competitividad de las economías regionales, especialmente en un contexto recesivo.

Un reclamo que atraviesa provincias y sectores productivos

El pedido de la CEM se suma a las solicitudes de entidades empresarias y cámaras agroindustriales de distintas provincias que reclaman la renovación o institucionalización permanente del régimen.

La confederación misionera —que nuclea a más de 30 cámaras y asociaciones empresariales— remarcó que “la compatibilidad entre planes sociales y empleo registrado no solo es una herramienta de inclusión, sino también un incentivo a la productividad y la dignidad laboral”.

En ese marco, advirtió que el fin del decreto agrava las brechas estructurales entre el empleo urbano e interior rural, en momentos en que la economía argentina enfrenta altos niveles de desocupación y caída del consumo.

La medida es urgente y debe tratarse en el marco del delicado contexto económico actual”, concluyó la CEM, reiterando que la prórroga del Decreto 514/2021 es esencial para sostener el empleo, la formalización y la estabilidad de los sectores productivos en Misiones y el resto del país.

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