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Mercosur y EFTA eliminan aranceles y abren oportunidades para el agro argentino

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Tras ocho años de negociaciones, el Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) alcanzaron un tratado de libre comercio que proyecta abrir un área comercial de 300 millones de personas y un PIB conjunto superior a los USD 4,3 billones. Para la Argentina, significa nuevas oportunidades de exportación, mayor previsibilidad normativa y un paso estratégico hacia la integración internacional.

El anuncio se realizó en Río de Janeiro, durante una cumbre en el Palacio de Itamaraty, donde participaron los cancilleres Gerardo Werthein (Argentina), Mauro Vieira (Brasil), Mario Lubetkin (Uruguay) y la viceministra de Relaciones Económicas de Paraguay, Patricia Frutos.

Las negociaciones comenzaron en julio de 2017 en Buenos Aires y, tras 14 rondas formales, desembocaron en un acuerdo que los representantes de ambos bloques definieron como “histórico”. El vicepresidente de Brasil, Geraldo Alckmin, afirmó: “En medio de un mundo en incertidumbre estamos dando una prueba de que es posible fortalecer el multilateralismo y el libre comercio”.

La EFTA está conformada por Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein, países que no integran la Unión Europea pero poseen un fuerte poder adquisitivo y marcos regulatorios de alto estándar.

Aranceles, acceso a mercados y sectores clave

El tratado prevé la creación de un área de libre comercio con impacto directo en bienes, servicios, inversiones, propiedad intelectual, compras públicas, defensa comercial, medidas sanitarias y fitosanitarias, y reglas de origen.

Entre los compromisos centrales se destacan:

  • EFTA eliminará el 100% de los aranceles de importación sobre productos industriales y pesqueros del Mercosur desde la entrada en vigor del acuerdo.
  • El Mercosur contará con un período de hasta 15 años para eliminar gradualmente la mayoría de los aranceles a productos industriales europeos.
  • El bloque europeo otorgará preferencias arancelarias inmediatas a productos agrícolas estratégicos para la región, como café, carne bovina, aviar y porcina, etanol y vino.
  • Más del 97% de las exportaciones de ambas partes obtendrán mejoras de acceso a mercados, según destacó la Cancillería argentina.

En 2024, el comercio bilateral mostró exportaciones del Mercosur hacia la EFTA por USD 3.373 millones e importaciones por USD 3.824 millones, con Suiza como principal socio.

La Cancillería resaltó que el acuerdo “proveerá mayor previsibilidad y certidumbre jurídica en el comercio”, clave para las inversiones y la competitividad de las empresas. Además, se subrayó que beneficiará especialmente a las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) al brindar un marco simplificado de acceso a mercados sofisticados.

El canciller uruguayo Mario Lubetkin lo calificó como una “alianza estratégica”, mientras que su par brasileño, Mauro Vieira, destacó que se trata de un pacto “justo y basado en reglas claras”.

Desde el plano político, el acuerdo fortalece la posición internacional del Mercosur, en momentos en que el bloque busca diversificar sus socios frente a la dificultad de concretar el demorado tratado con la Unión Europea.

El tratado aún debe ser aprobado por los Parlamentos de cada país firmante, un proceso que podría extenderse hasta finales de 2026 o incluso demorarse más. Sin embargo, se prevé que la aplicación sea gradual y bilateral, es decir, entre cada miembro del Mercosur y cada país de la EFTA a medida que se concreten las ratificaciones.

De confirmarse, Argentina quedará posicionada en una plataforma estratégica para acceder a un mercado de alto poder adquisitivo, en momentos en que necesita ampliar sus exportaciones, atraer inversiones y consolidar divisas.

El desafío para el país será aprovechar las ventajas arancelarias, mejorar la competitividad en sectores agroindustriales y sostener un marco regulatorio alineado con estándares internacionales.

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Lechería: recomendaciones para el uso de pasturas adaptadas

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Un equipo de investigación del INTA Santa Rita —Misiones— estudia el uso estratégico de variedades adaptadas al clima subtropical, que permiten extender la disponibilidad de forraje y reducir la dependencia de suplementos comerciales. Con prácticas de manejo adaptadas al clima y suelos de la región, se busca fortalecer la economía a pequeña escala y promover una producción más resiliente.

La producción lechera en Misiones presenta condiciones muy distintas a las de la zona núcleo del país. Se trata de sistemas de pequeña escala, con rodeos que van de 10 a 50 vacas en ordeñe y dependencia de los recursos forrajeros locales.

“En este contexto, el manejo forrajero es clave. El diseño, planificación y aprovechamiento eficiente de las pasturas son determinantes para lograr una producción estable de leche a lo largo del año”, sostuvo Eliseo Cornelius, extensionista del INTA Misiones.

Las condiciones climáticas de la región, con alta producción de forraje en verano y un déficit en invierno, son determinantes para implementar estrategias de conservación como henificación, ensilado o bancos de forraje. Estas prácticas permiten estabilizar la oferta forrajera y sostener la producción durante todo el año.

Respecto a las especies más recomendadas, Cornelius explicó: “Las especies más adecuadas para el clima y suelo de la provincia incluyen Brachiaria spp., Tifton 85, BRS Kurumi, BRS Capiaçu, Tangola y Pasto estrella, entre otras”. La incorporación de estas variedades, adaptadas al clima subtropical, permite extender la disponibilidad de forraje y reducir la dependencia de suplementos comerciales.

Por su parte, Paola Sanz, investigadora del INTA Misiones, destacó que “el pastoreo rotativo, el ajuste de la carga animal y la suplementación estratégica permiten equilibrar la oferta y la demanda de forraje, y mejorar la eficiencia del sistema”. Estas prácticas deben ir acompañadas de un plan forrajero que contemple el ciclo productivo, el clima local y la capacidad del predio.

En este proceso, el INTA cumple un rol estratégico mediante la investigación aplicada, la validación de tecnologías adaptadas y la asistencia directa a los productores. “También trabajamos en articulación con cooperativas, asociaciones y otras instituciones para fortalecer el desarrollo local”, concluyó Sanz.

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Argentina dejará de vacunar contra la aftosa a vaquillonas, novillos y novillitos ¿cuál es el plan del Gobierno?

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El Gobierno define nueva estrategia de vacunación contra la aftosa reduciendo costos para productores. Esta medida del Senasa es un avance dentro la estrategia integral contra la enfermedad, que además permitirá un mejor control sanitario.

El Senasa aprobó una modificación en el plan de vacunación contra la fiebre aftosa que entrará en vigencia en 2026. En este sentido, la nueva Resolución N° 711/2025 establece que en la segunda campaña de vacunación del 2026 se dejarán de inocular vaquillonas, novillos, novillitos y toritos. Esto implicará para el sector productivo un ahorro cercano a 14 millones de dosis y de aproximadamente 22 millones de dólares.

Asimismo, los establecimientos de engordea corral quedarán exceptuados de la primera campaña, debiendo vacunar solo en la segunda. Esta decisión permitirá una disminución de casi 2 millones de dosis, con un ahorro estimado de 3 millones de dólares.

Como resumen, esta medida generará una reducción de 16 millones en dosis de la vacuna antiaftosa, lo que implica un ahorro estimado total para los productores de 25 millones de dólares sin comprometer la sanidad animal ni el comercio internacional. Además, otros beneficios adicionales serán un menor estrés para los animales que evita disminución de peso, pérdida reproductiva, movimientos y también una reducción de mermas en los frigoríficos.

Esta adecuación no pone en riesgo la sanidad animal ya que luego de la segunda vacuna antiaftosa, se garantiza la inmunidad por el período de un año. Cabe destacar que la reducción de dosis se encuentra alineada con la de otros países del Cono Sur que actualmente vacunan contra la fiebre aftosa, como Uruguay y Paraguay.

Adicionalmente, se implementará un nuevo modelo de acta de vacunación integrado en el Sistema de Gestión Sanitaria (SIGSA), que permitirá un registro más ágil y digital, disponible a través de la aplicación SIGSA App.

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Informe revela impacto de políticas agropecuarias: fuerte presión fiscal y desafíos ambientales para el campo

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El agro argentino aportó en promedio el 7,6% del PBI y más del 60% de las exportaciones, pero las políticas de retenciones y restricciones comerciales generaron una transferencia neta negativa que redujo un 17,1% los ingresos brutos de los productores entre 2016 y 2023, según un informe que analiza el período 2017-2024.

El estudio Análisis de políticas públicas agropecuarias en Argentina 2017-2024, elaborado por un equipo de especialistas en economía agraria, presenta un diagnóstico integral sobre las políticas aplicadas al agro en los últimos siete años.

El informe destaca que el sector agropecuario argentino no solo representa una base macroeconómica estratégica —con un peso del 7,6% del PIB en promedio y más del 60% de las exportaciones de bienes—, sino que también constituye el motor del ingreso de divisas para el país.

Sin embargo, las políticas de derechos de exportación (retenciones) y restricciones cuantitativas han generado un efecto adverso: transferencias netas negativas desde los productores hacia otros sectores de la economía. Según la metodología de Estimados de Apoyo al Productor (PSE) de la OCDE, este apoyo negativo implicó en promedio una merma del 17,1% de los ingresos brutos a nivel finca durante 2016-2023.

Efectos por cadenas productivas y ambientales

El informe desglosa el impacto en los principales complejos productivos:

  • Soja, maíz y trigo: principales afectados por las retenciones, con efectos directos sobre decisiones de inversión y márgenes de rentabilidad.
  • Carne bovina: fuertemente condicionada por las restricciones cuantitativas a la exportación, que redujeron competitividad internacional.
  • Vitivinicultura: muestra un patrón más vinculado a las restricciones comerciales externas y a la competitividad cambiaria.

En paralelo, se incorpora un análisis ambiental:

  • La producción aumentó mientras se registró una reducción relativa de las emisiones de GEI sectoriales.
  • Persisten desafíos en erosión de suelos, deforestación y uso de fertilizantes, lo que obliga a integrar una agenda ambiental sólida en las políticas públicas.

Hacia una agenda de desarrollo sostenible

El documento enfatiza la necesidad de un cambio estructural en la gobernanza del agro argentino. Entre las líneas de acción propuestas se incluyen:

  • Modernización institucional y fortalecimiento del sistema de I+D+i para el sector.
  • Reducción de restricciones regulatorias y promoción de reglas de juego estables.
  • Mejora del acceso al crédito y cobertura de riesgos para productores.
  • Perfeccionamiento de la agenda ambiental, con foco en adaptación al cambio climático.
  • Mayor integración comercial internacional, para consolidar el rol exportador del agro argentino.

El diagnóstico plantea un dilema político y económico: mientras el agro sostiene gran parte del superávit comercial argentino, las políticas impositivas y regulatorias han erosionado la rentabilidad sectorial.

La reacción de las entidades agropecuarias probablemente se centre en reclamar una baja gradual de las retenciones y mayor previsibilidad normativa. Por otro lado, el desafío ambiental y la presión internacional por una producción sustentable podrían convertirse en un incentivo para reposicionar a la Argentina como proveedor confiable de alimentos con valor agregado y trazabilidad ambiental.

Analisis de Politicas Publicas Agropecuarias en Argentina 2017 2024 by CristianMilciades

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Maní: utilizan biotecnología para acelerar la resistencia a enfermedades

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El INTA Manfredi desarrolló junto con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y el laboratorio Hudson Alpha una técnica para identificar genes de resistencia al carbón en maní, enfermedad que constituye una de las principales limitantes sanitarias del cultivo en la Argentina. Esta investigación permitirá avanzar en el desarrollo de materiales resistentes.

El carbón del maní, causado por el hongo Thecaphora frezzii, puede reducir la calidad comercial y provocar pérdidas de entre un 5 y un 30 %, con picos más elevados en situaciones de alta infección. Este patógeno se mantiene en el suelo y en restos de cosecha, infecta las vainas y genera estructuras negras que reemplazan parcial o totalmente a los granos. Su manejo depende de estrategias integradas como rotaciones, elección de lotes y el desarrollo de cultivares con resistencia genética.

Por esto, el INTA Manfredi en convenio con el USDA y Hudson Alpha -uno de los centros de biotecnología más avanzados del mundo- trabajan en el desarrollo y puesta a punto de un análisis de ADN en semillas para detectar genes de resistencia de forma temprana y precisa, optimizando el uso de las parcelas de evaluación al descartar líneas que no cumplen con los objetivos antes de la siembra.

“La tecnología desarrollada por ambas se enfocó en esta enfermedad por la complejidad de evaluarla a campo”, explicó Jorge Baldessari, responsable del programa de mejoramiento del cultivo de maní del INTA Manfredi, y agregó: “Desde Estados Unidos colaboran en este desarrollo con el objetivo de anticiparse a un posible ingreso de la enfermedad a su país, conscientes de que su evaluación en el campo resulta altamente laboriosa”.

El análisis de ADN realizado en Hudson Alpha comenzó con resistencia a carbón y se extiende a otras características de interés, con el objetivo de incluir esta herramienta en otros programas de mejoramiento de maní en los Estados Unidos y, en el futuro, en proyectos internacionales.

“En Argentina, ya implementamos esta tecnología en nuestros programas de mejoramiento, dado que formamos parte de su desarrollo”, subrayó Baldessari. Para avanzar en estos estudios, el INTA Manfredi envía muestras de ADN de materiales bajo desarrollo en Manfredi a Estados Unidos, cuyos resultados permiten definir qué líneas continúan en las etapas de ensayo en Córdoba.

Hudson Alpha aporta tecnología de secuenciación y análisis bioestadístico de ADN de última generación, utilizada tanto en salud como en agricultura. Esto permitió validar la metodología en maní. Actualmente, el INTA Manfredi realiza ensayos sobre ocho hectáreas con líneas evaluadas por rendimiento y sanidad. Al mejoramiento tradicional se sumaron herramientas biotecnológicas que aceleran la selección, como los marcadores moleculares, que permiten identificar genes de interés en laboratorio.

Baldessari adelantó que el INTA inscribirá próximamente dos materiales con resistencia a carbón, desarrollados inicialmente mediante métodos tradicionales, que ahora incorporan esta tecnología de selección genética. Este paso fortalecerá la sanidad de los cultivares frente a esta enfermedad y a otras problemáticas del cultivo.

Articulación laboratorio-campo

Mientras se avanza en la incorporación de biotecnología en el mejoramiento, el Laboratorio de Biotecnología de INTA Manfredi desempeña un rol clave en la preparación y análisis de las muestras que permiten acelerar este proceso. Este laboratorio realiza la primera etapa del proceso, que consiste en extraer el ADN de cada semilla para preparar las muestras que luego se envían al Instituto Hudson Alpha, en Estados Unidos, donde se realiza la secuenciación y el análisis bioinformático con tecnologías específicas desarrolladas para maní.

“Hasta hace algunos años procesábamos entre 500 y 1.000 muestras anuales, pero el año pasado alcanzamos las 2.000 muestras en apenas tres meses, por la necesidad de aumentar nuestra capacidad de trabajo en períodos muy acotados”, explicó Eva Mamani, investigadora del Laboratorio de Biotecnología del INTA Manfredi.

Para cumplir con los tiempos que impone el ciclo productivo, se duplicó la capacidad de procesamiento diario mediante la incorporación de equipamiento y de un técnico especializado. “Esto nos permite que, al recibir los resultados del análisis bioinformático, el equipo de mejoramiento cuente con la lista de semillas seleccionadas a tiempo para la siembra a campo”, señaló.

Mientras otros laboratorios utilizan marcadores puntuales para identificar genes específicos, en Manfredi se aplican miles de marcadores distribuidos en todo el genoma de cada planta. “Este método nos permite analizar la información genética completa, mantener las características de rendimiento y calidad de las variedades élite e incorporar genes de resistencia a enfermedades como el carbón”, explicó Mamani y agregó: “De esta forma, logramos acelerar el desarrollo de nuevas variedades y optimizar el proceso de mejoramiento sin perder los avances alcanzados en décadas de trabajo”.

Según la investigadora, esta estrategia resulta clave cuando se busca incorporar genes de resistencia de variedades con menor rendimiento en materiales élite, evitando retroceder en los avances logrados durante años de trabajo. “No se trata simplemente de sumar un gen, sino de analizar de forma integral la composición de la planta, trabajando con miles de marcadores en simultáneo”, puntualizó.

En el caso de la resistencia al carbón, esta articulación entre laboratorio y campo permitió reducir los tiempos de desarrollo. “Con las técnicas moleculares tradicionales, la identificación de genes podía demorar entre siete y ocho años. Con esta tecnología logramos identificar en solo tres años los genes asociados a la resistencia”, destacó.

Además del procesamiento de muestras, el laboratorio se encarga de la logística, la planificación y la preparación de las poblaciones necesarias para la identificación de genes, integrando de manera estratégica el trabajo de laboratorio con las tareas a campo. “Actualmente trabajamos para fortalecer nuestras capacidades y sostener esta tecnología en el tiempo, con el objetivo de ampliarla a otras características de interés para el cultivo de maní, más allá de la resistencia al carbón”, afirmó.

Mejora genética

En los últimos 25 años, la provincia de Córdoba duplicó la productividad de maní, superando los 4000 kilos por hectárea en caja, como resultado de avances en genética, manejo agronómico y mejoras en cosecha y poscosecha.

El maní tipo “Runner” que cultiva la Argentina llegó en la década de 1970 desde los Estados Unidos, y estaba adaptado a climas más cálidos y húmedos que los de Córdoba. Como no se adecuaba a los veranos más cortos y con menor humedad locales, el INTA Manfredi trabajó en acortar su ciclo y reforzar su resistencia a enfermedades presentes en las regiones productoras.

“Desde el área de genética incorporamos resistencia a las enfermedades presentes en las regiones de cultivo”, indicó Baldessari. El paso de variedades aceiteras, como los tipos Spanish y Valencia, a los tipo “Runner”, destinada al consumo directo, permitió avanzar en un producto con la calidad requerida por los mercados externos.

“Hacia adelante, aplicaremos herramientas de biotecnología para acortar los plazos de obtención de nuevos materiales y optimizar su desarrollo”, concluyó.

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