AGRONEGOCIOS

Soja y maíz en la región núcleo, el clima pone en jaque la campaña gruesa 2025/26

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La campaña gruesa 2025/26 ingresa en una fase crítica en la región núcleo: unas 450.000 hectáreas de soja de primera se encuentran en condición regular como consecuencia del déficit hídrico y las lluvias erráticas, mientras que el maíz temprano registra pérdidas de hasta 50% del rendimiento en zonas del sudeste cordobés. El escenario, documentado en el Informe Semanal N° 953 de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), advierte que si no se producen lluvias en el corto plazo, podrían concretarse recortes significativos en el potencial productivo.

Déficit hídrico, calor extremo y deterioro acelerado de la soja de primera

El reporte correspondiente a la semana al 22 de enero de 2026 revela que las lluvias de los últimos siete días fueron altamente irregulares, dejando a un 65% de la región casi al margen de las precipitaciones, con registros superiores a 15 mm solo en el noreste y sur del área núcleo. Se destacaron Carlos Pellegrini con 55 mm y Chacabuco con 42 mm, mientras que amplias zonas permanecieron con aportes mínimos.

Como consecuencia directa, los lotes de soja de primera en condición regular aumentaron 13 puntos porcentuales en una semana, alcanzando el 15% del área total, equivalentes a unas 450.000 hectáreas. En paralelo, los cuadros en buenas condiciones representan el 40%, los muy buenos otro 40% y los excelentes apenas el 5%.

A este cuadro se sumó un marcado repunte térmico, con máximas que alcanzaron los 37°C, configurando un combo crítico de escasez de agua y calor intenso. La escasez hídrica afecta ya al 20% del área, mientras que la condición regular se extiende al 65%, dejando solo al 15% con reservas adecuadas u óptimas, principalmente en el norte de la región.

En términos fenológicos, el cultivo comienza a transitar su período más sensible: 5% del área ya se encuentra en plena fructificación (R4), el 55% en inicio de fructificación (R3) y el resto en floración (R2). “La falta de lluvias que afecta a gran parte de la región núcleo desde fines de diciembre pone en jaque el rinde potencial”, señala el informe, advirtiendo que el nivel de pérdida dependerá estrictamente de las lluvias de los próximos siete días.

Los relevamientos zonales describen un deterioro progresivo. En Baradero advierten que “la planta se quedó en altura, está apretada por la falta de agua”, con abortos de hojas inferiores que podrían avanzar hacia las flores. En Piedritas ya se registran pérdidas de área foliar y cultivos manchoneados, mientras que en San Gregorio y Bigand alertan que, sin lluvias inmediatas, los lotes de menor productividad no lograrán cerrar surco, con pérdidas importantes de potencial.

Maíz temprano: la heterogeneidad marca la campaña y emergen recortes severos

En el maíz 2025/26, el panorama es igualmente complejo y profundamente heterogéneo. Actualmente, 6 de cada 10 lotes se mantienen entre muy buenos y excelentes, aunque esa condición cayó 8 puntos porcentuales en la última semana. Los cuadros regulares ya explican el 9% del área y apareció un 1% de lotes en mal estado.

Donde el agua llegó a tiempo, los rindes se sostienen firmes: se habla de 120 qq/ha en Corral de Bustos y Monte Buey, hasta 140 qq/ha en Carlos Pellegrini, y sin grandes penalidades en sectores de Colón y Junín. Sin embargo, el propio informe resume que “la campaña va a terminar siendo muy buena, aunque podría haber sido mucho mejor”, luego de una cosecha fina récord y un escenario hídrico favorable hasta Navidad.

El escenario se torna crítico en los ambientes más restrictivos y, especialmente, en la franja central de la región núcleo. Allí, los técnicos estiman pérdidas de rinde del 30 al 50% en el sudeste cordobés, con rendimientos que rondarían los 70 qq/ha o menos, particularmente al norte y este de Marcos Juárez. En San Gregorio se proyectan recortes de entre 25 y 30% en ambientes flojos y del 10% en los mejores lotes, mientras que en San Pedro y Baradero esperan rindes de 70 a 75 qq/ha.

Un dato clave es que, en los cuadros más castigados por la sequía, la cosecha podría adelantarse a los primeros días de febrero, lo que implica que las lluvias previstas para la próxima semana llegarían demasiado tarde para revertir el deterioro productivo.

Pronóstico climático: ola de calor y lluvias que llegan con lo justo

El escenario climático inmediato no ofrece alivio pleno. Según el informe, a partir del domingo 25 de enero se configurará una ola de calor, con temperaturas máximas entre 35 y 38°C y mínimas elevadas, condición que se mantendría por más de tres días consecutivos.

Recién desde el lunes 26 se espera la presencia de un sistema frontal frío, débil y estacionario, que favorecería la ocurrencia de precipitaciones aisladas e intermitentes en la región núcleo. En ese marco, el consultor Elorriaga advierte que “hay grandes probabilidades de que, en el inicio de la última semana del mes, el frente frío quiebre el bloqueo permitiendo que las lluvias avancen sobre la zona núcleo”.

No obstante, el propio relevamiento climático indica que, con el estado actual de los perfiles, en los próximos quince días se requerirían más de 100 mm generalizados, y entre 120 y 160 mm en el sector centro-oeste, para alcanzar condiciones de humedad óptimas, un volumen que hoy luce exigente frente a los pronósticos disponibles.

Soja de segunda: el ajuste hídrico también condiciona el potencial

La soja de segunda no escapa a la presión del clima. En Carlos Pellegrini y Bigand se advierte la necesidad urgente de lluvias para evitar una mayor desaceleración del crecimiento, aunque el cultivo aún se mantiene “en carrera” si se registran aportes hídricos en el corto plazo.

En Bombal, el rastrojo de la excelente cosecha de trigo permitió conservar mejor la humedad, al punto que los técnicos señalan que “al remover las plantas, la tierra aún se mantiene húmeda”. En contraste, en Colón se observan mayores síntomas de estrés, especialmente en suelos overos y de menor calidad.

Impacto económico y proyección productiva: un equilibrio cada vez más frágil

El deterioro productivo en soja y maíz en la región núcleo —corazón agrícola del país— introduce una variable crítica en la proyección de oferta de granos para 2026. Si se consolidan los recortes de rinde, el impacto se trasladará al volumen exportable, al ingreso de divisas y al nivel de actividad de la cadena agroindustrial, con implicancias directas sobre la recaudación fiscal y el balance externo.

Además, la creciente heterogeneidad territorial complejiza la gestión productiva y financiera de los establecimientos, profundizando la brecha entre zonas favorecidas y castigadas por el clima. En ese contexto, la dependencia de eventos climáticos puntuales se vuelve determinante para definir si la campaña logra sostener un desempeño “muy bueno”, como aún proyectan algunos técnicos, o si deriva en un ajuste más profundo.

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Exportaciones: Misiones cerró el 2025 con el mayor monto exportado desde el 2011

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El 49% de las exportaciones misioneras medidas en dólares correspondieron a Manufacturas de Origen Agropecuaria (MOA), por un total de USD 260 millones con muy fuerte influencia de yerba mate, té y sector forestal; en comparación con 2024, mostraron un alza del 1,2%. A su vez, el 31% de las ventas al exterior fueron de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) que totalizaron USD 166 millones con un alza del 18,1% anual; y el otro 20% de las exportaciones fueron de Productos Primarios (PP) por USD 107 millones, exhibiendo una suba del 142,3%. De este modo, Misiones ratifica su fuerte perfil manufacturero, con el 80% de sus exportaciones que fueron de ese tipo de productos.

Si se mide en cantidades, Misiones exportó por 679.995 toneladas en el 2025, creciendo 18,0% en relación con el año anterior y siendo este el mayor volumen desde 2010 (que fue de 708.535 toneladas). También todos los grandes rubros mostraron subas en este punto: las MOA tuvieron exportaciones por 329 mil toneladas (+9,8% anual); las MOI por 211 mil toneladas (+17,6%) y los PP por 140 mil toneladas (44,1%).

Al cruzar montos y cantidades exportadas por la provincia en el año 2025, surge un precio promedio de exportación de USD 784 por tonelada, un valor que es 2,3% superior al del 2024.

Misiones y su liderazgo en la región

El muy buen desempeño exportador que tuvo Misiones en 2025 ratificó su amplio liderazgo en el NEA: la provincia concentró el 47% de las exportaciones de la región con una muy holgada diferencia respecto a las otras provincias: los USD 533 millones de ventas de Misiones quedaron muy por encima de los USD 335 millones de Corrientes, los USD 235 millones de Chaco y los USD 29 millones de Formosa. En términos de desempeños, el crecimiento misionero fue el segundo mayor de la región, solo por debajo de Corrientes (+31,1%).

Pero además, Misiones también lideró en la región respecto a las cantidades exportadas: sus casi 680 mil toneladas explican el 35% del total del NEA, mientras que Corrientes quedó segunda con 639 mil toneladas y mucho más atrás Chaco (549 mil toneladas) y Formosa (72 mil toneladas).

Misiones y su desempeño en el plano nacional

Si bien el volumen exportador total de Misiones, medido en dólares FOB, es aún relativamente bajo respecto a otras provincias (se ubicó 17° en el país), lo relevante es el posicionamiento de la provincia visto por grandes rubros. Así, en el ranking de exportaciones de Manufacturas de Origen Agropecuaria (MOA), Misiones se posicionó como la provincia con el séptimo mayor volumen de exportaciones de todo el país, solo debajo de las “grandes” (Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Entre Ríos y Tucumán).

En relación con la evolución de las exportaciones totales contra el 2024, el crecimiento misionero fue el octavo más importante del país, ubicándose además muy por encima de la media nacional (20,7% vs. 9,3%)

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Radiografía anual y tendencias a futuro en el agro: 2025 el año que aceleró el cambio

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El 2025 cerró como un año bisagra para el agro argentino. No por un único factor, sino por varios:  la superposición de las inundaciones en la zona núcleo, algunas sequías regionales, ajustes de márgenes, reacomodamientos en los mercados internacionales y, sobre todo, por un cambio profundo en la forma en que el productor compra, vende y gestiona su negocio. Lo que hasta hace algunos años era una promesa —la digitalización del campo— hoy es una realidad consolidada, con impacto directo en la productividad, los costos y la velocidad de toma de decisiones.

Un año marcado por tensiones, adopción tecnológica y resiliencia

A nivel estructural, el agro tuvo que navegar un 2025 que combinó presión en los costos, incertidumbre política y cambios en las dinámicas de exportación. Pero, a la vez, fue un año que aceleró comportamientos que venían creciendo en silencio: la adopción tecnológica, la gestión por datos y el uso de nuevas plataformas digitales para comercializar hacienda y planificar inversiones.

Según datos citados por especialistas del sector, el 70% de los productores argentinos ya utiliza alguna herramienta tecnológica para gestionar su negocio (Cámara Argentina de Agtech, 2025). Esta cifra refleja un cambio cultural profundo: el productor dejó de ver la tecnología como “accesorio” y pasó a elegir soluciones que le permiten mejorar tiempos, reducir costos y ganar previsión.

“A través de la tecnología hoy los productores pueden cotizar gratis y sin compromiso de venta, obtener una referencia real de mercado para tomar decisiones estratégicas y gestionar de manera autónoma sus cobros y pagos, brindando mayor previsibilidad financiera”, explica Emilio Herz, CEO de deCampoaCampo, el mercado ganadero digital más grande del país, y agrega: “En medio de un escenario económico desafiante, los productores que logran planificar con información precisa —y no con corazonadas— son los que marcan la diferencia”.

Uno de los movimientos más claros del año fue el crecimiento del comercio digital de ganado. En 2025, productores, consignatarios, frigoríficos e incluso cadenas de supermercados están utilizando marketplaces digitales para operar a distancia, validar información sanitaria y cerrar acuerdos de forma más eficiente.

El mercado digital dejó de ser complementario para convertirse en parte del canal principal de comercialización. Y hay datos concretos que lo respaldan: la plataforma deCampoaCampo —uno de los jugadores más relevantes del ecosistema— ya reporta más de 3.5 millones de cabezas comercializadas y más de 150.000 usuarios registrados en su ecosistema digital.

A ese número se suma un dato clave: en 2025 el crecimiento en volumen operado fue del 40%, el más alto desde la creación de la compañía hace 15 años. “Si bien todos los años crecimos, nunca lo hicimos a este ritmo. Y no solo en volumen: todas las métricas acompañaron ese crecimiento, tanto en usuarios nuevos como en la cantidad de sociedades que operan habitualmente con la plataforma”, explica Pedro López Meyer, Gerente de Planificación, Soporte y Gestión de deCampoaCampo.

Emilio Herz, CEO de Campo a Campo

Pero el diferencial del último año no estuvo solo en sumar usuarios, sino en la adopción genuina de la tecnología. “Antes muchos productores descargaban la aplicación pero entraban esporádicamente o no la usaban de manera activa. En 2025 eso cambió: los ingresos a la plataforma para consultar precios crecieron más de un 100%, y la autogestión de cotizaciones y compras pasó del 40% al 85%, demostrando que los usuarios se volcaron a manejar de manera autónoma la plataforma”, detalla López Meyer.

El uso de deCampoPagos, la herramienta para la gestión de cada pago de las operaciones, también creció en adopción: prácticamente el 100% de los usuarios activos, tanto productores como transportistas, autogestionan el saldo de sus operaciones.

Estos datos confirman que la digitalización dejó de ser exploratoria y pasó a formar parte de la operatoria diaria del negocio ganadero, con un nuevo estándar: información, trazabilidad, inmediatez,  logística y operación, todo dentro de una misma interfaz.

Tecnología, trazabilidad y datos: la agenda que viene

Otro de los ejes del año fue la consolidación de la agenda AgTech en Argentina. El Gobierno y distintos observatorios sectoriales impulsaron iniciativas ligadas a Agricultura 4.0, sensores, automatización, monitoreo remoto, big data y soluciones para ganadería inteligente.

Este marco público-privado aceleró la adopción de herramientas móviles y modelos predictivos. Para el 2026, tres vectores serán determinantes:

  1. Trazabilidad obligatoria y mejores estándares. La presión de los mercados internacionales —particularmente en la demanda de carne certificada, baja huella ambiental y mayor control sanitario— obliga a incorporar sistemas de seguimiento digital. Europa, China y Medio Oriente ya dan señales en esa dirección, condicionando precios y cupos.
  2. Integración de datos y predicción. Los productores empiezan a centralizar información de clima, genética, sanidad, costos y mercados en plataformas únicas. Esto habilita pronósticos más precisos y decisiones tomadas con menos intuición y más evidencia.
  3. Inteligencia artificial aplicada al campo. La IA tendrá un rol transversal en 2026: desde modelos de pricing y análisis de riesgo hasta asistentes que recomiendan cuándo vender, qué insumos comprar o cómo mejorar la performance del rodeo.

Sin dudas, los beneficios que le dan las soluciones tecnológicas a los productores son infinitas: “Cualquier empresa tecnológica que encuentre un problema concreto del productor y logre mejorarle la diaria —ya sea en tiempo, costos o eficiencia— va a ser bienvenida y adoptada rápidamente”, expresa Herz. El desafío, sin embargo, es que la solución tenga idioma de productor: simple de implementar, simple de usar y que le agregue valor.

Muchas soluciones quedan a mitad de camino por falta de usabilidad o por intentar resolver un problema que no es prioritario en la operación diaria. En este contexto, la plataforma se prepara para un salto cualitativo: convertirse no solo en un marketplace, sino en la estructura de procesamiento digital de todas las operaciones del productor, aun cuando hayan sido realizadas fuera del ecosistema de la app.

“En 2026 vamos a permitir que cualquier usuario procese la operación —ya sea que la haya realizado con deCampoaCampo o con cualquier otro canal— dentro de nuestra plataforma”, adelantan desde la empresa. Esto incluye coordinación de transporte, procesamiento de pagos, integración con factoring y gestión del saldo operativo.

El objetivo es claro: que deCampoaCampo funcione como la herramienta que procesa todo lo que entra y sale del campo, agilizando la administración, reduciendo errores y permitiendo al productor tener trazabilidad financiera y operativa en un solo lugar.

2026: un año para decidir

Si el 2025 fue el año de la aceleración, el 2026 será el año de las decisiones estratégicas. Los especialistas coinciden en una agenda mínima que definirá competitividad:

●      Más trazabilidad para cumplir normas internacionales.

●      Integración de datos para reducir incertidumbre operativa.

●      Comercialización digital como eje central del negocio, no como un complemento.

●      Automatización y eficiencia para enfrentar márgenes cada vez más ajustados.

●      Adopción de IA para mejorar predicción y minimizar riesgo.

La pregunta para el sector no es si la digitalización seguirá avanzando, sino qué tan rápido podrá cada productor sumarse al nuevo modelo productivo que ya domina la actividad.

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¿Por qué la agroecología es el camino?

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La evidencia agronómica y edafológica contemporánea converge en un diagnóstico incuestionable: la República Argentina ha transitado el punto de máxima capacidad productiva sustentable de sus suelos –el denominado peak soil– y se encuentra en la fase descendente de degradación acelerada. Este fenómeno no constituye una proyección teórica, sino una realidad cuantificada mediante métricas precisas de pérdida de masa, desestructuración y colapso bioquímico.

La erosión hídrica y eólica moviliza anualmente entre 1.000 y 2.000 millones de toneladas de horizonte superficial, equivalente a la desaparición de aproximadamente 240.000 hectáreas de capa arable por año. Este proceso opera a una velocidad que supera en órdenes de magnitud la capacidad pedogenética natural, que requiere entre doscientos y mil años para regenerar un centímetro de suelo fértil. La región pampeana, núcleo histórico de fertilidad, exhibe actualmente contenidos de materia orgánica por debajo del 2,5% en extensas áreas, umbral crítico en el que la actividad biótica edáfica –el metabolismo fundamental del suelo– entra en disfunción irreversible. Este agotamiento se correlaciona con un balance mineral profundamente negativo: la agricultura extractivista remueve anualmente 3,5 millones de toneladas de nitrógeno, fósforo y potasio, restituyendo menos del 45% mediante fertilización sintética, configurando así una minería de nutrientes que trata al suelo como substrato inerte y no como ecosistema.

Paralelamente, la compactación inducida por el tráfico de maquinaria pesada ha generado horizontes densificados –pisos de arado– que afectan al 60% de la superficie agrícola, reduciendo la porosidad, limitando la infiltración hídrica en más del 70% y estrangulando el desarrollo radical. Esta asfixia mecánica se agrava con procesos de acidificación generalizada, donde el 65% de los suelos de la región núcleo presentan pH inferiores a 6,0, induciendo la fijación de fósforo y la solubilización de aluminio tóxico.

La dimensión biológica del colapso resulta aún más elocuente: análisis comparativos de biomasa microbiana revelan reducciones superiores al 70% en suelos bajo régimen convencional respecto de sistemas agroecológicos. La drástica disminución de la diversidad fúngica –esencial en la formación de agregados estables y en el ciclo del carbono– junto al colapso de la mesofauna, desmantela la arquitectura biológica que sostiene la fertilidad a largo plazo.

Este conjunto de datos no describe una mera degradación, sino una transgresión de umbrales ecosistémicos irreversibles bajo el modelo extractivo vigente. La productividad presente se mantiene mediante subsidios energéticos masivos –fertilizantes de síntesis, agroquímicos, laboreo intensivo– que enmascaran el agotamiento del capital edáfico. El peak soil argentino constituye, por tanto, la contraparte terrestre del peak oil: el momento en que el costo energético y ecológico de continuar la explotación supera cualquier beneficio neto, revelando la falacia terminal de un modelo que confundió riqueza natural con renta minera. La agroecología emerge aquí no como alternativa ideológica, sino como la única disciplina científica capaz de revertir la entropía edáfica mediante la reconstrucción de los ciclos biogenéticos, reinstalando al suelo no como recurso, sino como sujeto metabólico de la producción futura.

La tierra que trabajas con tus manos, las semillas que guardas con devoción, el abono que elaboras con paciencia, no son solo actos de cultivo. Son actos de guerra silenciosa contra un sistema que se derrumba. Estamos en la década más decisiva de la historia humana, y la agroecología es nuestra trinchera, nuestra arma y nuestra profecía. Los datos, fríos e incontrastables, gritan la urgencia.

El agronegocio industrial devora el 12% de todo el petróleo que se consume en el planeta. Para producir una caloría de comida, gasta hasta diez calorías de energía fósil. Es un sistema termodinámicamente suicida, un dinosaurio que se alimenta de su propia cola. Mientras, cada hectárea bajo manejo agroecológico secuestra en el suelo entre 2 y 5 toneladas de CO2 al año, revirtiendo la crisis climática que el extractivismo provocó. No es una metáfora: tu huerta es una tecnología de geoingeniería popular y accesible.

El pico del petróleo convencional, el momento en que la mitad del recurso fácil se agotó, ocurrió en 2005. Desde entonces, la industria se arrastra hacia fuentes cada vez más desesperadas y destructivas: el fracking, que contamina acuíferos con más de 750 químicos tóxicos; las arenas bituminosas, que requieren arrasar bosques y usar tres barriles de agua limpia por cada barril de crudo extraído. Esta es la cruda realidad energética que sostiene el supermercado global. El modelo se sostiene externalizando la destrucción: el 92% de la deforestación en la Amazonía y el Gran Chaco tiene un solo destino: la ganadería industrial y la soja transgénica para forraje. Nuestra comida barata se paga con la sangre de los territorios.

Frente a esto, la agroecología no es un hobby. Es el proyecto político de soberanía más radical del siglo XXI. Cada policultivo rompe el monopolio de las corporaciones que controlan el 60% del mercado mundial de semillas. Cada biofábrica local de insumos le resta poder a las seis megacorporaciones que dominan el 75% del mercado de agrotóxicos. Cada cosecha consumida en circuitos cortos desmonta la lógica de un sistema alimentario que es responsable del 34% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Latinoamérica no es el patio trasero de nadie. Somos la reserva biocultural del planeta, custodios del 40% de la biodiversidad mundial y de innumerables saberes ancestrales. Cuando defendemos una huerta, defendemos un territorio. Cuando intercambiamos una semilla, tejemos una red de inteligencia colectiva indestructible. Cuando compostamos, estamos declarando que la muerte no es un desecho, sino el principio de un nuevo ciclo. Eso es política en su estado más puro: la gestión del poder sobre la vida misma.

No nos pidieron permiso para envenenar nuestros ríos, patentar nuestros patrimonios genéticos o calentar la atmósfera. Pero tampoco nos lo van a dar para construir el mundo nuevo. La audacia no es una opción, es un mandato biológico. Hay que ser tan audaces como la naturaleza que imitamos: invasivos como las raíces, resilientes como las semillas del monte, implacables como la vida que se abre paso entre el cemento. No estamos cultivando lechugas. Estamos cultivando el futuro, y el futuro será agroecológico, o no será. La tierra nos llama no solo a sembrar, sino a organizar, a luchar y a ganar. El movimiento está listo. Ahora es el tiempo de la cosecha política.

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El mercado de futuros agrícolas alcanzó su mayor volumen en 87 años

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El mercado argentino de futuros y opciones agrícolas alcanzó en 2025 el mayor volumen de operaciones de su historia. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, a lo largo del año se negociaron 89,6 millones de toneladas de granos en A3 —el mercado surgido de la fusión entre Matba-Rofex y MAE—, un salto del 35% respecto de 2024 y un nivel que consolida a los derivados agrícolas como herramienta central de cobertura de precios en el complejo agroindustrial.

El dato no solo marca un máximo histórico en términos absolutos, sino que también expresa un cambio estructural en el comportamiento del sector: el volumen operado en futuros y opciones fue equivalente al 64% de la cosecha total de granos de 2025, el ratio más alto de los últimos 87 años, excluyendo el impacto excepcional de la sequía de 2023. La magnitud del fenómeno refleja una combinación de factores productivos, macroeconómicos e institucionales que empujaron a una mayor utilización de instrumentos financieros para mitigar riesgos.

Soja, maíz y trigo explican el récord de operaciones

Del total de 89,6 millones de toneladas negociadas en 2025, tres cultivos concentraron prácticamente toda la operatoria. La soja lideró ampliamente con 51,3 Mt, seguida por el maíz con 27,9 Mt y el trigo con 10,4 Mt acumuladas a lo largo del año.

La evolución resulta aún más significativa al observar la tendencia de largo plazo. Si bien el mercado de futuros ya mostraba un crecimiento sostenido, en 2025 esa dinámica se aceleró: las operaciones cuadruplican las registradas diez años atrás y superan en 70% el volumen operado en 2020. De acuerdo con el informe elaborado por Matías Contardi y Emilce Terré, este salto se explica por la muy buena performance productiva de la campaña 2024/25, las expectativas favorables para la nueva campaña y un entorno macroeconómico relativamente más estable, factores que se combinaron con una adopción creciente de herramientas de cobertura en el mercado interno.

En el caso de la soja, el crecimiento fue particularmente marcado. Tras promediar menos de 27 Mt anuales durante la última década, en 2025 se alcanzaron 51 Mt, un incremento del 62% y un volumen equivalente al 104% de la producción estimada de la campaña. El dato resulta clave: el total operado fue prácticamente equivalente a las existencias físicas, potenciando el rol de los futuros y opciones como mecanismos de cobertura frente a la volatilidad de precios. En la historia reciente, solo durante la campaña 2022/23, afectada por la sequía y con una producción de apenas 20 Mt, la cobertura había superado el 100% de la cosecha.

Los cereales también aportaron de manera decisiva al récord. Entre maíz, trigo y las escasas toneladas de sorgo, se negociaron 38,3 Mt en futuros y opciones durante 2025, un máximo histórico. En particular, la operatoria de maíz rompió todos los techos previos: entre futuros y opciones se cubrió el 56% de la cosecha, replicando la tendencia creciente observada en la soja.

Más cobertura y menos exposición al riesgo de precios

El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario subraya que el mercado de futuros es un mercado institucionalizado, donde confluyen coberturistas, arbitrajistas e inversionistas. En esencia, se negocian contratos que representan un producto físico —en este caso granos—, lo que explica su carácter de instrumentos derivados.

Para quienes producen, comercializan o utilizan granos como insumo, los futuros y opciones permiten mitigar riesgos asegurando precios mediante la compra o venta de contratos. Del otro lado, los agentes dispuestos a asumir riesgo en busca de rentabilidad aportan liquidez, aun cuando no sean tenedores del producto físico.

La relevancia de estas herramientas se vuelve central en una actividad como la agrícola, caracterizada por un desfasaje temporal significativo entre la inversión inicial —la siembra— y la obtención del producto —la cosecha—. En ese lapso, el precio de venta puede variar de forma sustancial. De hecho, según el informe, en las últimas nueve campañas, en más de la mitad de los casos el precio del contrato de referencia fue más bajo al momento de la cosecha que cuando se realizó la inversión de siembra.

En este contexto, la cobertura en futuros cumple un rol estratégico: limita pérdidas operativas, reduce la exposición al riesgo precio y aporta previsibilidad a productores, acopiadores, industriales y exportadores, fortaleciendo la estabilidad del complejo agroindustrial en su conjunto.

Un cambio estructural en el uso de derivados agrícolas

El récord alcanzado en 2025 no solo responde a un buen año productivo, sino que marca un salto cualitativo en la integración entre el mercado financiero y la economía real del agro argentino. El hecho de que el volumen operado represente casi dos tercios de la cosecha total sugiere una mayor profesionalización en la gestión del riesgo y una utilización más intensiva de instrumentos de mercado en un sector históricamente expuesto a la volatilidad de precios y a los shocks climáticos.

En ese sentido, el desempeño de A3 como plataforma unificada tras la fusión entre Matba-Rofex y MAE consolida un mercado de referencia con mayor profundidad, liquidez y capacidad de canalizar expectativas productivas y comerciales. De mantenerse las condiciones macroeconómicas y productivas, el mercado de futuros y opciones agrícolas aparece como un pilar cada vez más relevante para la estabilidad y previsibilidad del principal complejo exportador del país.

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