Nepal eleva a 903 los muertos y a 4.247 los desaparecidos por la riada
La tragedia provocada por la violenta riada que arrasó zonas del norte y centro de Nepal dejó al menos 903 muertos y 4.247 desaparecidos, según el último reporte de la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA). El nuevo balance incorporó 115 fallecidos y más de 1.700 personas que hasta el momento figuraban sin contacto.
El desastre, ocurrido el pasado miércoles, también dejó 267 heridos y obligó a desplegar una operación de emergencia de gran escala. Un total de 20.811 efectivos de las fuerzas de seguridad participan de las tareas de búsqueda, rescate y asistencia, junto con seis equipos médico-quirúrgicos.
El fuerte incremento de personas desaparecidas no necesariamente representa nuevas víctimas. Las autoridades explicaron que la cifra pasó de 2.502 a 4.247 en menos de 24 horas debido al progresivo restablecimiento de las comunicaciones con distritos que habían quedado aislados. La recuperación del contacto permitió consolidar registros provenientes de distintas administraciones locales.
Nuwakot concentra una parte significativa del nuevo registro. Allí, el Centro Operativo de Emergencias del Distrito elevó la cantidad de desaparecidos de 115 a 1.558. En Rasuwa, en tanto, el número pasó de 562 a 865.
Al balance se suman 933 trabajadores atrapados o que permanecen sin localizar en complejos hidroeléctricos de las cuencas de los ríos Bhote Koshi y Trishuli. También figuran 83 integrantes de las fuerzas de seguridad y 21 funcionarios de organismos públicos.
Rescate masivo mientras persiste el aislamiento
Las operaciones de emergencia se desarrollan en un territorio afectado por la destrucción de infraestructura y las dificultades de comunicación. La magnitud del desastre obligó a utilizar medios aéreos para llegar a comunidades que permanecen aisladas.
El Ejército nepalí realizó hasta el momento 411 vuelos de helicóptero y logró evacuar a 10.451 personas. Entre ellas se encuentran 3.344 ciudadanos nepalíes y 252 extranjeros.
La situación también afecta a ciudadanos de otros países. Unos 592 extranjeros permanecen en paradero desconocido, de acuerdo con los datos difundidos por las autoridades. La Junta de Turismo de Nepal informó además que se logró establecer contacto directo con cinco extranjeros que se encontraban en la zona, entre ellos tres españoles, un estadounidense y un belga, aunque el reporte no precisa si fueron evacuados o continúan esperando asistencia.
El despliegue de recursos busca sostener una respuesta que combina rescate, evacuación y atención médica. Pero la emergencia empieza a desplazarse hacia un segundo frente: la disponibilidad de servicios básicos.

El agua potable se convierte en la nueva emergencia
La destrucción de redes de distribución y el aislamiento de numerosas comunidades generaron preocupación por el acceso al agua potable. Las autoridades y los equipos de emergencia enfrentan ahora el riesgo de contaminación de las fuentes de abastecimiento, un escenario que puede incrementar las amenazas sanitarias después de la catástrofe.
En las zonas más afectadas, la falta de agua segura compromete tanto el consumo como las condiciones básicas de higiene. El restablecimiento de las redes de distribución y la protección de las fuentes de abastecimiento pasan así a ser componentes centrales de la respuesta humanitaria.
La experiencia muestra que, después de una catástrofe de estas características, el rescate de personas es apenas la primera fase. La recuperación de los servicios esenciales resulta determinante para evitar que el impacto inicial derive en una emergencia sanitaria de mayor duración.
China activa una alerta por riesgo geológico
La emergencia también tiene consecuencias en la frontera entre Nepal y China. El colapso glaciar afectó al puerto de Gyirong, en territorio chino, y llevó al Ministerio de Recursos Naturales y a la Administración Meteorológica de China a emitir una alerta amarilla por riesgo de desastres geológicos.
Se trata del tercer nivel dentro del sistema chino de cuatro categorías de alerta. La advertencia alcanza sectores del sur de Xizang, incluida la zona de Gyirong, donde se identifican riesgos relativamente elevados.
La activación de la alerta incorpora un nuevo elemento a una emergencia que ya había obligado a movilizar recursos extraordinarios en Nepal: el monitoreo de nuevos movimientos de tierra y hielo en una región particularmente vulnerable.
Un desastre cuyo origen fue revisado
En las primeras horas de la emergencia, los científicos evaluaron la posibilidad de que un terremoto hubiera desencadenado el desastre. Sin embargo, posteriormente determinaron que los temblores registrados estaban relacionados con un colapso glaciar.
El fenómeno estuvo asociado a un gran desplazamiento de hielo y escombros, que desencadenó una riada de enorme capacidad destructiva. La revisión de las causas resulta relevante para la gestión futura del riesgo, porque permite identificar con mayor precisión los factores que pueden anticipar eventos similares en zonas de montaña.
Nepal enfrenta ahora una emergencia en dos tiempos: mientras continúa la búsqueda de miles de personas cuyo paradero se desconoce, las autoridades deben reconstruir comunicaciones, restablecer el acceso al agua segura y contener los riesgos sanitarios y geológicos que permanecen activos.
El balance todavía puede modificarse a medida que los equipos ingresen a las áreas aisladas y se depuren los registros. Por eso, detrás de las cifras —903 muertos y 4.247 desaparecidos— permanece una tarea inmediata: localizar a quienes siguen sin contacto y recuperar las condiciones mínimas para que las comunidades afectadas puedan comenzar a reconstruir sus vidas.



