ajuste

Hay gran preocupación por las bajas ventas en panaderías

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El presidente del Centro Industriales Panaderos, Omar Acosta, en comunicación con LT 17 Radio Provincia, manifestó que hay una gran preocupación por las bajas ventas en el sector. “La preocupación es prácticamente de todo el país”, dijo el empresario y comentó que viene de participar en una reunión en Buenos Aires, donde empresarios de diferentes provincias expresaron lo mismo.  
“Se trata de una reunión trimestral, donde se hablan todos los temas del momento y especialmente sobre costos y precios en general, prácticamente estuvieron todas las provincias y en general hay una gran preocupación por las bajas ventas”, expresó Acosta.
En ese sentido, recordó que “en esta época siempre baja la venta en un 40 por ciento, normalmente por el cese de la clases, el calor, la gente consume menos panificados, es normal”, dijo aunque agregó que “este año se acrecentó un poco más y se ha extendido la merma en las ventas”.
Respecto del motivo de esa merma en las ventas, el industrial sostuvo que el precio no se ha modificado en dos años, después de un aumento de un 11 por ciento, y ahora “lo subimos cinco pesos, en general el precio es más o menos así”, explicó y a la vez aseguró que “hay una competencia desleal, en todo el país pasa esto, ahora y hace 40 años,  de las panaderías clandestinas que hay muchas, y eso nos perjudica en el tema de precios”, finalizó.
Cabe destacar que Acosta es el propietario de la panadería que la semana pasada a través de un gesto solidario –que se hizo viral- conmovió a los vecinos de Posadas con  la colocación de un “canasto solidario” en la vereda, con bolsas de pan para que lo tomen “aquellos que verdaderamente lo necesiten”.

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El Gobierno restringe aún más los fondos para viviendas a las provincias

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Por supuestas denuncias por irregularidades el gobierno de Mauricio Macri decidió centralizar el control de los fondos que reciben los gobernadores para la construcción y el otorgamiento de viviendas sociales.
La novedad, que llega en línea con las medidas de “austeridad” y control del gasto tomadas por el Gobierno en las últimas semanas, fue transmitida por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio , a los titulares de los Institutos Provinciales de Vivienda (IPC) de todo el país, reunidos en San Juan en el contexto del Consejo Nacional de Vivienda.
Las presuntas irregularidades y la necesidad además de sacar un rédito político en vísperas del crucial y decisivo 2019, confluyeron en el cambio de postura oficial. “Viviendas que estaban previstas para aquellos que no pueden acceder a un crédito iban para gente de clase media o se utilizaban para hacer política. La idea es terminar con ese uso discrecional de los fondos y las viviendas”, afirmaron a La Nación voceros del ministro.
La inminente puesta en marcha de la Base Única de Beneficiarios (BUB) de Viviendas Sociales lleva como objetivo declarado “evitar los abusos”, que cerca de Frigerio adjudican, sobre todo, a “provincias gobernadas por el PJ”.
Se trata, en realidad, de la puesta en marcha de una resolución (la 122-E) firmada en diciembre pasado por el entonces secretario de Vivienda Domingo Amaya, en el contexto del Plan Nacional de Vivienda, que este año tiene un presupuesto de $15.000 millones a repartir entre las provincias. A ese número se le suman los $16.500 que contendrá el plan Fonavi, destinados a Vivienda e Infraestructura.
“Las provincias tienen reclamos permanentes de financiamiento para viviendas. Lo que les pedimos es que adhieran a esta resolución que nos permitirá ir hacia un objetivo: ordenar la demanda y que la política de vivienda le hable a la gente”, afirmó el actual secretario de Vivienda, Iván Kerr, que acompañó a Frigerio a San Juan .

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Advierten que no hay mejoras en el frente externo

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Pasados dos meses de 2018, no hay señales de reversión en la tendencia que se tradujo en el déficit comercial histórico cerrado en 2017. Las exportaciones totalizaron USD 4.294 millones, 10,1% por encima del guarismo registrado un año atrás, mientras las importaciones crecieron al 26,3%, ubicándose en USD 5.197 millones. El déficit acumulado supera así los 1800 millones, por lo que pasados sólo dos meses de 2018 tenemos ya casi un cuarto del déficit del año pasado, señala un estudio de la consultora Abeceb.

 

Las exportaciones

 

Las exportaciones argentinas alcanzaron usd 4.294 millones en el mes de febrero, lo que implica una suba de 10,1% interanual. A diferencia del registro de enero, el efecto precio explica 70% de la suba. No obstante, cabe recordar que la base de comparación es un febrero flojo del año pasado.

 

Fuera de la línea trazada en 2017, las Manufacturas de Origen Industrial no tuvieron un rendimiento de alto vuelo. Las ventas de este rubro crecieron 9%, mucho menos que el 32% registrado en enero (es cierto que en términos de volumen estuvieron mucho más cerca, 8% vs 13%). Nuevamente las automotrices (suben 62%) fueron el motor de las MOI, mientras el otro peso pesado, química, contrajo sus ventas un 13%. También cayeron significativamente las ventas de metales preciosos y sus manufacturas (-22%). Como nota positiva, las exportaciones del sub rubro metalurgia crecieron 43,9%.

 

Los cerealeros empezaron a liquidar stocks. Eso explica que las exportaciones de Productos Primarios hayan subido 13,8% (13,5% en cantidad). Unos 200 millones extra en exportaciones de maíz impulsan al rubro cereales, que crece 35% interanual. El trigo no tuvo un buen rendimiento (cae 2% respecto del bimestre enero-febrero 2017), aunque esta situación debería revertirse cuando arranquen las ventas a Brasil. Este rubro será el que más fuerte se verá impactado por la sequía, ya que solo de maíz se esperan unos 1000 millones menos en ingresos por exportación. Las exportaciones pesqueras aportan el dato positivo del rubro, expandiéndose 23,5%.

 

Las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) mostraron un virtual estancamiento en febrero (-0,4%) y caen 5% si se analiza el acumulado en 2 meses. Los productos derivados a la soja (aceites y pellets) explican el grueso de esta situación, cayendo los rubros Grasas y aceites y Residuos y desperdicios de la industria alimenticia en el orden del 14,7% y 10,1% en lo que va del año. La caída fue un poco menor febrero contra febrero: -2,2% y 3,4%. El que si tuvo un buen rendimiento fue el rubro carnes: subió 23% mes contra mes.  Aunque esperamos que esto continúe el resto del año (en toneladas exportadas esperamos un incremento en torno al 16% para 2018), esto no será suficiente para compensar la mala cosecha, ya que representa apenas 6% de las MOA.

 

Combustibles y energía, de baja incidencia en el total (apenas 8% del valor exportado) experimentó una fuerte expansión del valor exportado, que se situó 83,6% por encima en términos interanuales. Las exportaciones de biodiesel cayeron 28 millones en comparativa con 2017, cuando el mercado norteamericano todavía estaba abierto.

 

Viendo el primer bimestre del año, podemos concluir que difícilmente se sostenga este nivel de crecimiento de los valores exportados, principalmente ya que en los próximos meses se empezará a notar el impacto de las cantidades exportadas por la sequía. Esta caída no será dramática ya que los ingresos del sector van a morigerarse con utilización de inventarios de soja (se estima un stock de soja en torno a los 15 millones de tn) pero si lo suficiente como para ubicar la variación interanual apenas por encima del estancamiento. Las MOI todavía tienen margen para crecer viendo los últimos datos desde Brasil (Ministerio de Industria de éste país informo un incremento del 17,7% de las importaciones desde Argentina) y serán las que definan la cifra final del guarismo.

 

Las importaciones

 

Luego de un fuerte aumento en el arranque del año, las importaciones no dieron tregua durante febrero, desacelerando apenas hacia un crecimiento de 26,3% con respecto a febrero 2017. Con esto, el primer bimestre de 2018 acumula un valor importado de USD 10.933 M y un aumento interanual cercano al 30%. Esto se contrasta fuertemente con el mismo periodo de 2017, que acumulaba un incremento de 2,9%.

 

Tal como hemos observado durante periodos pasados, fueron las cantidades importadas las que explicaron en gran parte el aumento en el valor importado durante el periodo (+25,5%). Por su parte, el nivel de precios de los productos importados tuvo un incremento por debajo del 1%, anotando una suba de apenas 0,7%.

Mientras los demás rubros mantuvieron la tendencia de crecimiento similar a periodos pasados, el crecimiento en la compra de Bienes de Capital anotó una desaceleración durante el segundo mes de 2018. La importación del rubro, ligado al comportamiento de las inversiones, creció 7,3%, llamativamente por debajo del crecimiento de 29,5% de enero.

 

Cabe destacar que esta desaceleración en el rubro surge de la fuerte baja en las importaciones de los Equipos de transporte industriales (-40,8%). Esta caída abrupta se puede explicar en gran parte por una menor importación de camiones, efecto de la sequía en la región pampeana, que impacta en la necesidad de transporte de carga de la cosecha. También se puede atribuir a un adelanto de compra en enero (+10,8%), que habitualmente se dividía entre los primeros dos meses. Es importante recalcar que el resto de los Bienes de Capital, una vez excluidos los Equipos de transporte, continuó en línea con el mes previo, incluso acelerando la mejora (+41,7%).

 

Por su parte, los dos rubros de mayor peso en las importaciones, Bienes Intermedios y las Piezas y Accesorios para bienes de capital, profundizaron la tendencia positiva que se registra desde fines de 2017. Los Bienes Intermedios, explicado en gran parte por subas en los productos químicos, los metales y sus manufacturas y el plástico y caucho, apuntaron una suba de 35,4%. A su vez, las Piezas y Accesorios registraron un incremento de 39,8% en febrero, acumulando una suba de 26,8% en el primer bimestre de 2018.  

 

Las compras a Brasil, que explicaron un 29% de las importaciones totales del mes, continuaron traccionando buena parte del incremento general. Con un aumento de 21,9%, las importaciones del principal socio comercial también anotaron una leve desaceleración. Lo mismo se vio desplegado en las importaciones de Vehículos, rubro en el cual Brasil define el comportamiento. Las compras se desaceleraron con respecto al mes anterior, anotando un crecimiento de 25,1% en las importaciones totales y de 24,9% en aquellas provenientes de Brasil. Este fenómeno se puede comprender por una desaceleración general del mercado automotriz, junto con una adecuación en la política de sourcing de las terminales automotrices.

 

Sin alivio para el rojo comercial

El resultado del intercambio comercial argentino en dos meses de 2018 llega a 1872 millones de dólares, 7 veces el rojo acumulado a esta altura en 2017. Acumulamos así un semestre de un déficit promedio de 1000 millones al mes. Con ésta tendencia, el escenario de mínima es un déficit de 12 mil millones, especialmente teniendo en cuenta que la sequía le quitará alrededor de un punto y medio a la suba de las exportaciones. En contexto de suba del consumo y la inversión, sería raro que se evidencie una baja abrupta en los volúmenes importados.

 

A nivel bilateral, vemos que crecieron los rojos con China (muy fuerte, 78% respecto al primer bimestre del año 2017) y con Brasil, mientras el déficit con estados unidos cayó (343 millones en dos meses contra 457 el año pasado) en línea con una disminución de los flujos comerciales con éste país. La exclusión o no de Argentina a los aranceles al acero y aluminio argentinos sin duda influirían en la evolución de ésta tendencia en los próximos meses

 

Aunque algunos factores de corto darán cierto viento de cola (dólar en suba, recuperación brasileña), las exportaciones seguirán corriendo de atrás a las importaciones, ya que independientemente de los vaivenes de la coyuntura el déficit estructural de las cuentas externas augura un rojo reciente que se estabilizará en los próximos años en torno al 2% del PBI.

 

 

Comercio exterior argentino.

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¿Qué pasa con la inflación del INDEC?

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En las últimas semanas, se abrió un interesante debate acerca de si el IPC del INDEC presenta un sesgo a la baja, ya sea fruto de aspectos metodológicos o de intenciones políticas manifiestas. En particular, para algunos especialistas, las subas de las tarifas eléctricas de febrero-marzo que registró el organismo serían más bajas que las reales, ya que la luz incide en el 0,35% de la canasta de precios según la metodología del IPC del INDEC. Tal número parece a priori ridículamente bajo. Veamos el asunto con más detalle desde el punto de vista metodológico.

La metodología del IPC del INDEC toma como referencia los precios de diciembre de 2015. En ese entonces, la luz en el AMBA (que es lo que mide el INDEC) era relativamente barata (con muchas facturas de $50 por bimestre). Bajo esa premisa, ese 0,35% parecería razonable. Ahora bien, un dato importante es que esos ponderadores no son fijos, sino que van variando en función de la evolución de los precios relativos.

El IPC mide un “changuito” fijo de bienes y servicios. Imaginemos un ejemplo. Supongamos que tenemos que ir todos los meses al supermercado, y ese changuito se llena siempre con dos cosas, fideos y lavandina. En el momento inicial, el changuito cuesta $100, dado que los fideos cuestan $10 y la lavandina $90. Es decir, en ese changuito los fideos ponderan 10% y la lavandina 90%. Estipulemos ahora que en el mes siguiente los fideos triplican su precio y la lavandina lo sube en un 33,3%. Los fideos pasan a costar $30 y la lavandina $120. La inflación total implicada es del 50%, ya que el changuito cuesta ahora $150. Sin embargo, el peso de los fideos en el changuito se incrementó: subió al 20% ($30 sobre $150). Supongamos finalmente que al mes siguiente los fideos duplican su precio (de $30 a $60) y la lavandina queda estable. El valor del changuito pasa entonces de $150 a $180, lo que implica un 20% de inflación, dados los nuevos pesos relativos de los fideos y de la lavandina. Si tomáramos como referencia el changuito original, la inflación habría sido menor (ya que los fideos hubieran pasado de $10 a $20 y la lavandina se habría quedado en $90, esto es, el changuito se habría encarecido de $100 a $110, un 10%).

Este ejemplo imaginario y arbitrario puede replicarse para comprender lo acontecido con la electricidad y el resto de los servicios públicos. Si bien el INDEC no publicó datos de precios relativos entre diciembre de 2015 y abril de 2016 (primer mes de cómputo de la nueva serie del IPC), podemos inferir el cambio implícito en la ponderación de los servicios públicos implícita en su IPC, desde fines de 2015 hasta la fecha.

En la metodología del IPC-INDEC se muestra que, en conjunto, agua, luz y gas pesaban 1,58% de la canasta en diciembre de 2015. Para abril, dicha cifra habría subido al 4,1%, debido al tarifazo de electricidad de febrero de 2016, y el de agua y gas de abril de 2016. En mayo y junio siguió subiendo hasta un 4,4%, producto de que la suba del agua se terminó de escalonar en este último mes. Luego se produce una fuerte baja en agosto-septiembre (hacia el 3%), producto del fallo de la Corte Suprema, que obligó a dar marcha atrás con las tarifas del gas subidas en abril. El nuevo aumento del gas en octubre hizo subir el ponderador implícito de los servicios públicos del hogar a 3,8%, para luego ir perdiendo gradualmente terreno (ya que en noviembre, diciembre y enero los precios de los servicios públicos estuvieron quietos y el de los demás rubros siguió creciendo). Ahora, con la suba de la electricidad en febrero, el ponderador de los servicios públicos en el IPC volvió a ubicarse en el 4,1%. Si un hogar gastara, supongamos, $25.000 por mes en promedio en bienes y servicios, alrededor de $1.000 se irían en luz, agua y gas.

 

¿Cómo hace el INDEC para saber cómo se compone el “changuito” de bienes y servicios a ser medido mes a mes por el IPC? Para ello, realiza una Encuesta de Gasto de los Hogares, que dura entre 12 y 15 meses (ya que los gastos fluctúan mes a mes, por ejemplo, en enero hay un componente estacional muy grande en lo que tiene que ver con vacaciones). Tal Encuesta de Gasto se hace aproximadamente cada unos diez años. La última, de 2012/2013, es la que usamos en el IET para determinar el perfil de gastos de los hogares cuyo jefe/a es un asalariado/a registrado/a, obteniendo resultados muy consistentes.

La conducción actual del INDEC rechazó esta última encuesta con argumentos supuestamente técnicos, como una “elevada tasa de no respuesta en el Gran Buenos Aires”, aunque parece más una sobreactuación funcional a denostar todo lo realizo en el INDEC durante la gestión previa. De tal modo, tomó, para el actual IPC, la Encuesta de Gasto de Hogares de 2004/5 y le hizo algunas modificaciones ad hoc (como por ejemplo, tener en cuenta la evolución de los precios relativos desde 2004/5 hasta fines de 2015, o incrementar el peso de la telefonía celular vis á vis la telefonía fija, que en 2004/5 era mucho más importante en términos relativos).

Las mediciones de inflación del INDEC, desde que reanudó sus publicaciones, están en línea con las de las provincias, incluso con la que medimos en el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET). Entre abril y febrero, el INDEC reportó una inflación acumulada del 21,4%, la Dirección de Estadísticas de CABA del 23,2%, la de Córdoba del 21,9%, y la de Mendoza del 18,3%. En tanto, en el IET medimos 20,4% de inflación acumulada en el mismo período.

Las discrepancias entre los índices, fuera de manipulaciones mal intencionadas, pueden tener que ver por un lado con cuestiones metodológicas. Por ejemplo, en el IET medimos la inflación nacional (y no regional) y sólo de un segmento de la población -asalariados registrados, con una canasta con algunas diferencias al del resto de los grupos sociales-, de modo que aumentos en ciertos rubros impactan algo más en el nivel general que otros. Otras diferencias entre los índices pueden tener que ver con la muestra de comercios relevada, con la cantidad de rubros relevados, con cuestiones regionales propias (la canasta de consumo de los mendocinos no necesariamente es la misma que la del AMBA -allá no tienen subte, por ejemplo-) o en la modalidad de relevamiento (por ejemplo, en el IET relevamos precios 170.000 precios online, en tanto que las agencias de estadística hacen relevamiento físico de precios, de modo que a veces hay algunas discrepancias, por ejemplo en indumentaria, en donde la venta online hace varios años que viene mostrando menores subas de precios respecto a los comercios físicos). Sería preocupante que estas discrepancias puntuales entre los distintos índices se amplifiquen a lo largo del tiempo, esto es, que haya un índice que sistemáticamente dé más por arriba o por debajo que los demás.

En suma, en lo que al IPC concierne, hasta el momento los datos vertidos por el INDEC no muestran singularidades imposibles de justificar metodológicamente. Ello no implica que no sería saludable que el organismo mostrara una mayor transparencia en la información publicada, que permita fortalecer su imagen pública. A modo de ejemplo, el INDEC bien podría mostrar un mayor nivel de desagregación por rubro de su IPC de lo que hoy hace (por ejemplo, agua, luz y gas aparecen agregadas en “servicios públicos de la vivienda”). También sería positivo que el organismo muestre un desglose de cómo calcula las subas en estos servicios públicos, cuyo alza promedio suele ser muy difícil de estimar con precisión por las consultoras y los usuarios interesados, por falta de información detallada. Adicionalmente, el organismo debiera aclarar con precisión qué pasó con la evolución de los precios relativos entre diciembre de 2015 y abril de 2016 (aquí hemos intentado hacerlo en base a la -acotada- información disponible).

Estas cuestiones también pueden extrapolarse a otros productos que el INDEC ofrece. El INDEC debiera mostrar con un mayor nivel de detalle la dinámica de las ramas de actividad, monitoreada por la Dirección de Cuentas Nacionales. Hoy por hoy se exhiben tales dinámicas (de producción y precios, por ejemplo) a dos dígitos (“Alimentos y Bebidas”, por ejemplo), cuando debería hacerse a un mayor nivel de desagregación (por ejemplo, cinco dígitos, como “Producción de arroz”). Ello contribuiría, además, a entender con alto detalle las dinámicas sectoriales específicas, así como a dar mayor transparencia al cálculo del PBI.

Por último, y volviendo al IPC, tomar la Encuesta de Gasto de 2004/5 y actualizarla ad hoc es al menos cuestionable. En los próximos meses, debería encararse una nueva Encuesta de Gasto de los Hogares, que permita saber a ciencia cierta hacia qué tipo bienes y servicios los argentinos dirigimos nuestro gasto, lo cual dotaría al IPC del INDEC de un mayor grado de representatividad.

 
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En tres años, las facturas de luz aumentaron 26 veces en la Ciudad de Buenos Aires

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Desde las tarifas excesivamente subsidiadas del Gobierno anterior se pasó en sólo tres años, a valores que resultan muy caros para las familias de clase media. Entre el primer bimestre de 2015 y el de este año, las facturas de electricidad en Capital Federal aumentaron 26 veces.
Están llegando en esta semana las boletas con los consumos de verano que son en general las más altas del año por el uso de aparatos de aire acondicionado. En esas facturas, hay días de enero calculados con los cuadros tarifarios aprobados el 1 de diciembre, y días de febrero y marzo con las tarifas que rigen desde el 1 de febrero, según publicó el diario Ámbito Financiero.
Esto significa que la boleta actual que contempla los días de enero será menor a la que se deberá pagar en abril. Una familia de clase media con dos aparatos de aire gastó en el primer mes $757,21 y en el segundo recibirá una factura de $877,52, sumando $1.634.73 por un consumo de 770 kilovatios.
Este mismo usuario que utilizó 751 kilovatios en el primer bimestre de 2015 pagó $62,28, lo que implica que el valor actual es 26 veces superior. En la boleta de 2015 hay bonificaciones por ahorro que regían en ese momento y por el llamado factor de estabilización por $28,57.
Si no se consideran esas bonificaciones y se suma lo que en la factura de esa época se diferenciaba como subsidio a cargo del Estado nacional por $238,71, la boleta hubiera ascendido a $329,56, unas cinco veces menos que la actual, consignó el matutino.
La comparación de los últimos tres años, muestra que el mismo usuario residencial, dentro de igual escala tarifaria (R3) y con un consumo muy parecido, si se consideran los días facturados en cada caso, pagó los siguientes importes:
Primer bimestre de 2015: por 751 kilovatios en 63 días $62,28.
Primer bimestre de 2016: por 743 kilovatios en 58 días $339,61.
Primer bimestre de 2017: por 814 kilovatios en 65 días $804,95.
Primer bimestre de 2018: por 770 kilovatios en 61 días $1.634,73.
De este modo, ya en 2016, con un solo mes de aumento porque el primer ajuste empezó a regir en febrero de ese año, pagó 5 veces y media más que en el año anterior. En 2017, pagó un 137% más que en 2016, y este año un poco más del doble que en el anterior.
Esa progresión es lo que crea malestar en los consumidores y afecta los índices de inflación. Se explica porque el Gobierno actual fijó un precio de la energía en dólares que resulta de considerar el costo de generar con combustibles líquidos en el invierno (el más caro del año), de modo que el valor del megavatio pasó de alrededor de $48 hasta enero de 2016 a $ 1.077 en la actualidad.
No obstante, el precio de la energía todavía no llegó a la meta fijada por el Ministerio de Energía en u$s74,8 y también puede sufrir aumentos en dólares debido al alza en el precio internacional del petróleo, además del impacto por la variación en el tipo de cambio.
A esto se sumó la recomposición de los márgenes para las distribuidoras Edenor y Edesur y para el transporte en alta tensión. Esta revisión está terminada y regirá hasta 2021, pero entretanto, en cada semestre habrá una adecuación de los ingresos de esas compañías según una fórmula que contempla los índices de inflación.

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