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“Inestable e inseguro”, así califican los argentinos al empleo privado

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Una investigación del Centro de Estudios en Comunicación Aplicada (CECAP) de la Universidad Austral reveló que el 61% de la población prefiere “un país donde la mayor parte de las cosas las hace el Estado”, mientras que un 23% optó por las empresas privadas. Además, la hora de elegir entre un empleo público y uno privado (a igualdad de condiciones), el 48% de la encuesta optó por el público.

Orientado a investigar, asesorar y capacitar, desde la investigación y la docencia universitarias, sobre cuestiones de comunicación pública; el CECAP realizó un sondeo a través de grupos focales y encuestas telefónicas acerca de cuál es la opinión de la sociedad sobre el empleo público y el privado como ámbitos de trabajo, y cómo son evaluados los empresarios, según los sectores socioeconómicos medios y bajos.

El estudio, liderado por los investigadores Juan Pablo Cannata, Augusto Reina y Máximo Reina, destaca entre sus conclusiones que el 53% de los encuestados respondieron que la empresa pública le genera más confianza, como un promedio. De ese porcentaje, el 63% representó a los sectores más bajos y el 44% al ABC1.

Por otro lado, un promedio del 34% eligió a la empresa privada, que fue elegida en un 41% por los sectores medios altos (C2C3).

Ante la pregunta “¿Qué elegirías si tuvieras dos propuestas de trabajo exactamente iguales, pero una del sector privado y otra del sector público?”. La mayoría de los entrevistados optó por el empleo público.

Desde el CECAP se explica que “en la evaluación general, el sector público es un espacio que genera simpatía. Es descripto como un lugar donde el empleo se desarrolla de una manera más humana, el sector privado está asociado casi exclusivamente a la búsqueda de rédito económico, al lucro o ganancia”. Además, el sector público es percibido con mayores posibilidades de estabilidad y tranquilidad.

En cambio, en el sector privado, las principales críticas se asocian con la inestabilidad, los recortes y lo impersonal del trato humano. También está asociado a una mayor exigencia y mayor control.

Si bien los comentarios tienden a ser negativos en lo que respecta al empleo privado, también se producen algunos positivos que se centran en la generación de “oportunidades”. Los encuestados lo ven como una fuente de progreso y de mayores ingresos.

Finalmente, con respecto de las ideas que tiene la población de lo que es una empresa, un empresario o un cuentapropista, el estudio detalla que “si la empresa tiene pocos significantes positivos, el término empresario no tiene prácticamente ninguno. Se les recrimina su interés, su ambición por el dinero y su objetivo irreductible atado a la ganancia o el lucro”

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Hasta ahora, la apertura tuvo éxito sólo en el terreno financiero

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  • Los tres objetivos principales que encara el gobierno en materia de inserción internacional son: la apertura de la cuenta capital; la generación de un flujo de inversiones; y la apertura de mercados de exportación. Sin embargo el Ejecutivo sólo ha avanzado parcialmente en dichos objetivos.
  • La principal dificultad que aparece en esta situación es la falta de competitividad. Un problema de timing se presenta entre los esfuerzos por ganar competitividad no cambiaria (productividad) y el atraso cambiaria existente que se profundiza por el ingreso de capitales.
  • La estrategia de posicionar a nuestro país como el “supermercado” del mundo choca contra las estrategias comerciales de nuestros principales compradores. El arancel a la importación de biodiesel que nos aplicó Estados Unidos, la decisión del gobierno chino de comprar materias primas en vez de alimentos procesados, y las históricas dificultades de colocar productos agroganaderos en Europa, son claros ejemplos.

Estrategias institucionales y económicas

Esta semana estará teñida por el desarrollo de la XI° Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) con sede en Buenos Aires. Estas reuniones, ocurren cada dos años en distintos países miembros de la organización, y tiene como principal objetivo tratar los temas fijados en la Ronda de Doha (iniciada en 2001) así como también discutir diferentes temáticas coyunturales relacionadas con el intercambio de bienes y servicios.

Alcanzar resultados en el marco de la OMC suele ser dificultoso debido a la necesidad de consensos que postula el organismo y probablemente se arriben a pocos resultados concretos. Sin embargo, la organización de esta Cumbre resulta promisoria en el marco de la estrategia de reinserción internacional de nuestro país llevada adelante por el gobierno de Cambiemos.

La apuesta oficial es mostrar al mundo que la Argentina es un mercado emergente con seguridad jurídica donde hay diversas oportunidades de inversión. Para alcanzar este objetivo, el gobierno está tomando ciertas medidas de carácter institucional y económico, pero además está siendo ayudado por una coyuntura internacional que genera el marco propicio para que nuestro país vuelva a tener protagonismo en la vidriera internacional. El desarrollo de la Conferencia Ministerial de la OMC y la asunción de la Presidencia del G20 para el año 2018, harán que Argentina tenga un rol activo en los encuentros multilaterales de las principales potencias del mundo.

Al mismo tiempo, los cambios realizados  en materia de política económica también tienen efectos. La desregulación del comercio internacional, la apertura de la cuenta de capitales, la probable mejora en la calificación por parte de Morgan Stanley, que ascenderá a nuestro país de la categoría de “frontera” a la de “emergente”, y las reformas institucionales que está intentando aprobar el Ejecutivo, tienen una misma dirección: mejorar la percepción de los inversores extranjeros respecto del mercado argentino.

Hasta ahora la estrategia de inserción internacional ha logrado posicionar a la Argentina en la agenda internacional, pero surgen dudas acerca de si esta nueva situación tendrá efectos beneficiosos para nuestro país. Actualmente existe un influjo de capitales significativo, pero la mayoría de las inversiones que están arribando no son mayormente productivas (que se arraigan en el país), sino principalmente financieras (que hoy están pero mañana pueden irse ante cualquier evento).

La pregunta clave a dilucidar es si la Argentina podrá finalmente captar influjos significativos de Inversión Extranjera Directa (IED). El segundo interrogante que surge es si con la nueva estrategia internacional nuestro país podrá ganar mercados externos, para apuntalar nuestras exportaciones


 

Tres objetivos en el frente externo

La estrategia de inserción internacional del actual gobierno busca posicionar a Argentina en el radar de los inversores de los principales países del mundo y desarmar gradualmente el elevado nivel de protección externa. Al hacerlo generó un nuevo relacionamiento externo tanto en el plano comercial como en el de flujos financieros.

El objetivo de esta estrategia fue: i) abrir la cuenta capital tanto para colocar deuda pública para cubrir el déficit fiscal reduciendo la emisión monetaria, como para expandir las operaciones de las empresas locales; ii) generar un flujo de IED que mejore la productividad local y genere empleo; y iii) abrir mercados de forma tal de colocar los productos argentinos en el mundo. Ahora bien, ¿cuál fue el resultado en los dos primeros años de gobierno de Macri?

La apertura financiera sumada a una política fiscal y monetaria particular lograron convertir al país en un tentador destino para los capitales financieros. Al hacerlo se redujo el costo del financiamiento, tornando viable la opción gradualista de reducción del desequilibrio fiscal (a costa de acumulación de deuda e intereses). Asimismo, la política monetaria restrictiva aplicada por el BCRA para combatir la inflación elevó las tasas de interés, generando un rendimiento anual en dólares elevado (actualmente el rendimiento de las Lebac supera en más de 10 p.p. la depreciación esperada). Lógicamente, esto impulsa la entrada de capitales que incrementan la oferta de dólares, apreciando el tipo de cambio real en el proceso. De hecho, en los primeros diez meses del año, los ingresos de capitales financieros crecieron 305% i.a. explicados en su totalidad por las inversiones en portafolios que treparon 650% i.a.

De esta manera, queda en evidencia que la política monetaria y externa del gobierno está logrando con éxito que nuestro país acceda a los mercados financieros incentivando la entrada de capitales. Lamentablemente, no resulta tan claro el panorama al analizar los avances de la inversión productiva y su impacto positivo en nuestra economía. Durante 2017 los anuncios de inversión fueron cercanos al 5% del PBI, pero el número de proyectos en ejecución es significativamente inferior. Además, el impacto sobre el empleo y la productividad luce acotado. Si bien todavía no se logran ver resultados concretos en términos de IED, los anuncios de inversión están llegando y podrán multiplicarse a medida que la salida de un escenario de “estanflación” se consolide.    

En suma, el primer objetivo de la actual estrategia de inserción internacional fue alcanzado, el segundo muestra claroscuros, pero el tercero es, sin dudas, el más complejo hasta el momento. A partir del inicio de la gestión de Cambiemos, la política comercial con el resto del mundo evidenció importantes modificaciones. La quita/reducción de retenciones aplicada a inicios de 2016 sumado a la devaluación del peso, generaron las condiciones apropiadas para que en ese año las ventas al exterior repuntaran (+6,7% i.a.). Asimismo, la apertura de las importaciones, luego de la salida del cepo, también generó un incremento de las cantidades compradas al resto del mundo (+3,3% i.a.).

Este año la situación fue distinta y el avance se dio de manera unilateral en lo que respecta al intercambio de bienes: las importaciones mostraron un avance significativo, mientras que las exportaciones se mantuvieron prácticamente estables. En los primeros diez meses del año, las cantidades importadas treparon 12% i.a. mientras que las vendidas al exterior sólo avanzaron 0,7% i.a., generando un rojo comercial que superará el 1% del PBI en 2017. Es cierto que las exportaciones de servicios han crecido significativamente, pero aquí también el déficit ha aumentado (ver ISE 1.141).

Queda claro que no sólo las inversiones y los flujos financieros son las variables a tener en cuenta. En la búsqueda del crecimiento sostenido, el desbalance comercial no puede perpetuarse en el tiempo y para reducirlo, uno de los pilares fundamentales es el alza de las exportaciones. Entonces, el desafío es incrementar las cantidades de bienes y servicios que se colocan en el exterior.

Este objetivo, clave para dar sostenibilidad inter-temporal al modelo, no se cumplirá solo abriéndonos al mundo. A sabiendas de que la competitividad cambiaria no será un pilar sobre el cual descansar (es probable que el atraso cambiario persista por un par de años), el gobierno busca mejorar la competitividad no cambiaria a través de obras de infraestructura que generen reducciones de costos logísticos, la simplificación burocrática para las exportaciones y el set de reformas económicas enviadas al congreso para reducir costos de producción.

Por último, el Ejecutivo busca posicionar a nuestro país como el “supermercado” del mundo, incrementando el valor agregado que poseen nuestras exportaciones en un contexto de demanda creciente gracias al incremento poblacional y económico de nuestros principales socios comerciales.

 

La difícil hazaña de tener buen timing

Existen dos dificultades en la estrategia mencionada. Por una parte, la competitividad no cambiaria es ardua de alcanzar y puede no compensar el atraso. En la medida que los desequilibrios heredados se resuelvan, el TCR podrá acercarse al equilibrio, pero esto no sucederá en el corto plazo. Es decir, actualmente nuestro sector transable debemos sobrevivir sin mejoras de productividad ni cambiaria.

Por otra parte, las estrategias comerciales de nuestros principales socios comienzan a complicar la decisión argentina de proveer alimentos procesados. De hecho, decisiones tomadas este año, como el arancel a la importación de biodiesel argentino que aplicó Estados Unidos, o la decisión del gobierno chino de comprar materias primas y reducir las compras de alimentos procesados, van diametralmente en contra de las estrategias de inserción de nuestro país. A esto se le suman las históricas dificultades de colocar productos agroganaderos en Europa, lo cual es uno de los principales puntos a discutir de cara a las negociaciones del Mercosur con la Unión Europea.

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El inicio de un verano caliente

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En un verano que se aventura sofocante, el gobernador Hugo Passalacqua sorprendió al anunciar el pago de un “Bono de las Fiestas” a los empleados estatales, excepto los funcionarios políticos. Son 2.500 pesos divididos en dos tramos que llevarán sosiego a muchas mesas en las celebraciones de fin de año. Hasta ahora es la única provincia que otorga ese plus para los estatales, después de que el presidente Mauricio Macri anunciara que no pagaría el tradicional premio en el contexto de ajuste que también incluye despido de trabajadores.

Misiones se distingue en un mapa de contracción económica por una férrea administración de los recursos, que ha sido una cualidad desde los inicios de la Renovación. Mientras que el resto de las provincias deberá realizar duros recortes para ponerse en línea, en la tierra colorada el promedio de empleados públicos es bajo, la deuda pública es mínima en comparación con el presupuesto y el déficit es casi inexistente. La calificadora Moody’s ha vuelto a elevar la calificación de la economía misionera y deslizó varios elogios al manejo de los recursos. Esa administración austera y las políticas sostenidas en el tiempo resultan claves en tiempos en los que el mensaje político que emana de la Nación es que hay que volver a “pasar el invierno”.

El control del gasto que impuso Passalacqua viene en línea con los últimos años de Gobierno en Misiones. La modernización tecnológica y el nuevo edificio para el Tribunal de Cuentas son una muestra de la decisión de mejorar la transparencia de las cuentas públicas y sobre todo para los municipios. El Tribunal no solo contará con un moderno edificio de ocho pisos, sino que ahora empezará a controlar los números de las empresas del Estado, como el Instituto Provincial de Lotería y Casinos, Emsa, Marandú Comunicaciones, Parque del Conocimiento, la Caja de Fomento. Las auditorías no son al mismo nivel que las realizadas a los municipios, a los cuales se les puede sancionar, sino que permitirán un control más fluido desde el Estado y así el Poder Ejecutivo podrá tomar las medidas que crea oportunas. Se trata de unas 30 empresas estatales hasta ahora fuera del alcance de ese organismo de control. El objetivo prioritario es la transparencia, sobre todo en las empresas más grandes. Emsa es la cuestionada. El IPLyC, en cambio, cambia de autoridades con saldo a favor: Eduardo Torres informó que el organismo regulador de los juegos de azar ganó cien millones de pesos hasta noviembre, 30 por ciento más que en 2016. El veterano dirigente se despide este domingo de la función pública con dinero en las cuentas del IPLyC. Agua de las Misiones también tiene números positivos para mostrar, con un exponencial crecimiento en el mercado de las aguas en el país.

Este domingo marca el cierre del año político y la germinación de otro, con nuevos actores y estrategias. En la Cámara de Diputados se renueva la mitad de sus integrantes y Carlos Rovira retendrá la conducción con una amplia mayoría, que probablemente se acerque a la unanimidad. El bloque renovador será liderado por Marcelo Rodriguez, hasta ahora presidente de la comisión de Presupuesto, y la oposición reconfigura sus espacios. Cambiemos sigue como segunda fuerza, pero ahora con siete miembros. Jorge Rattier Berrondo será el vicepresidente segundo de la Legislatura, en reemplazo de Alfredo Schiavoni, quien ahora es el presidente del PRO Misiones y será designado director del Banco Nación, en la banca Agro.

La expectativa se traslada a Posadas, donde el Concejo Deliberante renueva sus autoridades y hasta último momento, la incógnita se mantenía sobre el número de votos. La Renovación quiere la presidencia del cuerpo para Fernando Meza, pero necesita ayuda opositora: un voto o una abstención. La alianza Cambiemos quiere encumbrar a Martín Arjol, el más votado en las elecciones de octubre, pero necesitará sumar a los dos opositores, que al menos en la práctica, no parecen comulgar con Cambiemos. Sea quien sea el que presida, tendrá por delante una tarea ineludible, la de ordenar las cuentas de un Concejo que gasta mucho más que cuerpos similares de otras ciudades y consume buena parte de su presupuesto en un sinnúmero de empleados que no cabe en el edificio.

La Provincia comenzó hace tiempo el cuidado de los recursos. El gobernador Passalacqua congeló el ingreso de nuevos empleados y ahora, se sabe, habrá un puntilloso trabajo para definir reemplazos de vacantes que se generan. Algunas quedarán vacías, otras se fusionarán con cargos ya existentes. Empezó un entrecruzamiento de datos entre el SIAP y organismos como la Universidad Nacional de Misiones. Algunos cargos son incompatibles. Deberán optar.

Por ahora los cambios más relevantes ya se conocieron: el escribano Héctor Rojas Decut reemplaza a Eduardo Torres en el IPlyC, Guillermo Aicheler a Sergio Ferreyra en Emsa y Germán Gunnar Krieger, un joven arquitecto, se hará cargo de esa dirección. Para el resto de los cargos, habrá tiempo, incluso para Ecología, cuya ministra Verónica Derna jurará este miércoles como diputada o el Centro del Conocimiento, que quedó bajo la órbita de Educación hasta que se defina el reemplazo.  

En otros ámbitos, hay movimiento. Humberto Schiavoni, quien asume como senador, dejará la presidencia ejecutiva de la Entidad Binacional Yacyretá en manos de Martín Göerling, otro misionero, lo que ratifica la confianza de Macri en el presidente del PRO nacional y también fortalece las aspiraciones de Cambiemos para 2019 en Misiones.

Schiavoni tendrá un rol activo en el Senado, ya que presidirá el bloque PRO, en línea directa con las pretensiones de Macri de tener una relación más fluida con la oposición.

No será el único. A instancias de Misiones se acaba de conformar un interbloque “federal” en el Congreso. En la Cámara de Diputados el que inició los contactos fue el misionero Jorge Franco, presidente del bloque Misionerista que ahora se amplía con la incorporación de Flavia Morales y Verónica Derna y Ricardo Wellbach, además del ingreso de Daniel Di Stefano, hasta ahora enrolado en el Frente para la Victoria, cuyo bloque se fracturó con el peronismo más condescendiente, que conducirá el eterno oficialista Miguel Ángel Pichetto.

El bloque Misionerista y ahora el interbloque Federal, son pequeñas muestras de que la política va más allá de los intereses partidarios. El justicialismo navega sin identidad definida, entre los más complacientes con el oficialismo y el ala combativa que referencia a Cristina Fernández. El radicalismo hace tiempo que se contenta con estar sentado a la mesa, aunque difícilmente pueda definir el menú. Misiones necesita mucho más que los anquilosados manuales partidarios para conseguir algún beneficio extra en negociaciones que son desde siempre, en desventaja.

La Renovación marcó ese camino hace algunos años y ahora otras provincias que no quieren quedar presas de la pelea de fondo, se suman. El interbloque Federal será conducido por Pablo Kosiner y estará integrado por 32 legisladores, lo que transforma al espacio en la tercera minoría. Articulará acciones con  Unión por Córdoba, que dejó el massismo, y lo conforman cuatro diputados; el bloque Tucumano con tres diputados, y pueden sumarse los legisladores de Santiago del Estero. La identidad “misionerista” seguirá con su propio bloque en paralelo.

El interbloque será la tercera minoría de la Cámara, detrás de Cambiemos (que tendrá al menos 108 diputados) y del Frente para la Victoria (con entre 67 y 68 bancas).

Para ver la dimensión del nuevo armado, vale decir que relega en importancia al bloque que conduce Sergio Massa, que apenas cuenta con 17 integrantes. También quedan como autoridad de Diputados, ya que la vicepresidencia segunda quedará para el bloque Federal.

Debutará en una discusión caliente: la reforma previsional. El acuerdo es dar el debate, aunque no hay consenso sobre cómo votar. Incluso, pueden votar divididos.

 

Esa identidad, y no quedar atados a las pujas macro, tienen un incalculable valor en momentos en que el Gobierno nacional se juega a fondo para aprobar las reformas fiscal, previsional y laboral.

Es el Gobierno el que se genera sus anticuerpos. Cuando las reformas parecían avanzar con fluidez en ambas cámaras, el juez cuasi jubilado, Claudio Bonadío, rompió el delicado equilibrio con el pedido de desafuero y detención de Cristina Fernández. Prácticamente todo el arco opositor salió en contra, no del juez, sino de quien, entienden, está detrás de la decisión, el propio Presidente, quien será el que pague el mayor costo político de encarcelar a la ex Presidenta por un acuerdo internacional que fue votado por el Congreso y nunca fue aplicado.

Bonadío hizo suya la denuncia del fiscal Alberto Nisman, desestimada por el juez Daniel Rafecas por ausencia de delito. Pero sin entrar a discutir argumentos legales, solo vale recordar que Bonadío, uno de los jueces de la servilleta de Carlos Corach, fue apartado de la causa Amia por sospechas de haber sido juez y parte en maniobras de encubrimiento del atentado. Fue apenas en 2005. El propio Nisman denunció a Bonadío en 2010, por amenazas en torno a la causa Amia. No fue el único que lo denunció. Bonadío acumula más de medio centenar de acusaciones. Solo en el Partido Judicial argentino puede un juez apartado por encubrimiento, seguir al frente de la causa y acusar a otros del mismo delito.

La revancha de Bonadío puede tener un alto costo político para el Gobierno. No es lo mismo tener a Cristina como enemiga a la que seguir achacándole herencias, que como presa política en una causa en la que no abundan elementos probatorios. Es, también un peligroso antecedente para la política que queda a merced de cualquier juez una vez fuera del poder. Ni la política ni el Poder Judicial pueden resistir demasiado ese juego.

Quizás sea la última jugada del juez menemista: se jubilará en un mes.

Sin embargo, las derivaciones de este escándalo son impredecibles. Solo los legisladores de Cambiemos están dispuestos a “seguir los pasos institucionales” del pedido de desafuero. Pero Schiavoni, presidente del bloque PRO, advirtió que “el criterio general es que hace falta una condena en firme para proceder al desafuero”.

Hasta el justicialismo alineado se desmarcó del pedido de desafuero y amenaza con romper las negociaciones encaminadas por las reformas que reclama con urgencia el Gobierno para encontrar un rumbo hasta ahora esquivo.

A dos años exactos de su asunción seguramente no esperaba un escenario tan agitado. La inflación que prometía domar con facilidad sigue siendo un problema sin resolver y la estrategia del Banco Central ha tenido escaso éxito con las tasas altas. Pero la balanza se inclina cada vez más hacia un lado por el peso de la deuda financiera y la emisión ya no de pesos, sino de bonos que en algún momento alguien va a tener que pagar. “Hay que dejar de endeudar a la Argentina”, dijo, sorpresivamente Macri, hablándole al Presidente.

El establishment que apostó a su triunfo, ahora desconfía. En un cocktail con empresarios misioneros, el presidente del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana de la Fundación Mediterránea, Marcelo Capello rompió el hielo con una mirada sobre las últimas reformas del Gobierno nacional. “Hay optimismo, pero con muchos peros”, deslizó y advirtió que la economía  de Macri camina haciendo equilibrio “en una delgada línea roja”.

Pese a todos los anuncios, lo cierto es que el gasto público no baja y eso preocupa a los economistas, incluso los más ortodoxos. “El déficit financiero es de 6.8 por ciento del PBI, lo mismo que en 2016, mientras que en 2015 era de 5 puntos”, graficó Capello.

“Es más del doble del déficit de los 90 y se financia con deuda, lo que plancha el tipo de cambio”, explicó.

El ajuste más importante aparece con la reforma previsional, que viene a ser el sector más castigado en un escenario de pocos recortes. La reforma es gravosa porque ganarán menos de lo que deberían con la fórmula actual y además le “desaparecen” tres meses de cómputo para la actualización.

Lo que se ahorró en subsidios se está fugando vía pago de intereses de la deuda externa y la emisión de las Lebac se está transformando en un peligroso explosivo que puede dinamitar la solvencia del Banco Central. Todos esos argumentos fueron expuestos por Capello y los economistas que cerraron el año con medio centenar de empresarios misioneros, con los que se coincidió en una mirada: la reforma fiscal tiene artículos que afectan negativamente la actividad económica local. Los aportes patronales, por caso, se irán de 9,5 en Posadas a un 17 por ciento si prospera la ley tal como la gestó el equipo económico, que se niega a escuchar reparos.

Los hombres de negocio no están contentos. Apostaron por el cambio y hasta ahora fueron escasos los beneficios. Para colmo, dijeron a la hora de los brindis, “terminan haciendo lo que tanto cuestionábamos”. La hermana del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, nombrada como directora del Banco Nación, era el motivo del mal trago. 

 

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El déficit comercial y sus efectos

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. La Balanza Comercial es el registro de las transacciones del comercio de los bienes y servicios de un país con resto del mundo, donde las compras son las importaciones y las ventas son las son las exportaciones, donde su interrelación determina la situación de su cuenta corriente.

En tal sentido, un país se encuentra en superávit comercial cuando las exportaciones son mayores que las importaciones, es decir, cuando las entradas del comercio de bienes y servicios superan los pagos por esta cuenta, y un país se encuentra en déficit comercial cuando la situación es la inversa de la mencionada precedentemente.

¿Cuál es la situación de la Argentina?

El año 2017 se perfila a ser el año con peor déficit comercial de los últimos veintisiete, donde el acumulado de los primeros 10 meses (de enero a octubre) arrojó un resultado negativo que ascendió a los 6.115 millones de dólares, situación que representa claramente de lo que se está gastando en el extranjero es mayor de lo que estamos recibiendo por las ventas que le efectuamos al mundo.

En el corriente año, la situación mencionada precedentemente surge a consecuencia de que las exportaciones se incrementaron tan solo en un 1,79 % en los primeros diez meses, pasando de Usd 48.404 millones en el 2016 a Usd 49.271 millones en el 2017, en tanto que, las importaciones tuvieron un incremento del 18,87 %, pasando de Usd 51.316 millones en el 2016 a Usd 55.386 millones.

 

¿A qué factores puede deberse este desfasaje?

Tipo de Cambio:

El gráfico precedente refleja que el tipo de cambio real que ya se encontraba atrasado en el Gobierno anterior como ancla antiinflacionaria y que actuaba en desmedro de las exportaciones de los bienes y servicios porque éstos eran caros con respecto a los extranjeros que claramente estimulaba a las importaciones que se las atemperaba a través de las diferentes restricciones (cepo cambiario, entre otros). Con la nueva gestión del Gobierno Nacional, a pesar de la depreciación del tipo de cambio nominal en Diciembre del 2015, que le doto de mayor competitividad al sector exportador, este fue absorbido por la inflación, volviendo nuevamente a un tipo de cambio real atrasado que afecta negativamente a las exportaciones y positivamente a las importaciones.

A pesar de que la determinación del tipo de cambio se lleve mediante un sistema de tipo de cambio libre con flotación administrada, la oferta de las divisas se encuentra distorsionada principalmente por el ingreso de los dólares estadounidenses asociados a la emisión de deuda pública para financiar el déficit fiscal.

Esta situación se padece más fuerte en aquellas jurisdicciones que limitan con países fronterizos, que hacen que el impacto de las filtraciones económicas por las importaciones altere el desenvolvimiento de su economía local.

  • Crecimiento económico de los socios comerciales:

 

El crecimiento económico de los principales socios comerciales de la Argentina, principalmente el de Brasil, no logra alcanzar a sus niveles deseados y por tal, no genera el efecto derrame positivo en nuestra economía a través de las ventas que le podamos realizar, debido a que aún no logra recuperar su nivel de producción de los años previos, donde la variación de su PBI real en el 2016 fue negativo en un 3,6 % y para este año el FMI estima que habrá un muy leve crecimiento del 0,7 %.

 

  • El rebote económico Argentino:

Una de las variables que influyen positivamente en las importaciones de los bienes y servicios que le realizamos al resto del mundo, además de la apreciación del tipo de cambio real mencionado anteriormente, es el crecimiento económico local que se espera que será cercano al 3 % anual, el que influye en una demanda creciente de los bienes y servicios que no se producen internamente (o que sí se producen pero son más baratos en el exterior), como ser los bienes de capital ( +25,2 %), bienes intermedios ( +13,8) con salto más que exponencial en la compra de vehículos automotores (+45,9 %), por lo tanto un aumento de la producción agregada impulsa un incremento de las importaciones por que afecta negativamente la balanza comercial.

 

¿Cuál es el efecto?

Al encontrarnos inmersos en uno déficit comercial, significa que estamos gastando en el extranjero más de lo que recibimos por las ventas que le hacemos al resto del mundo y para financiar ese déficit las opciones son: a) vender activos o; b) tomar un préstamo en el extranjero.

Este desequilibrio, que es uno de los principales problemas macroeconómicos y que atenta contra las economías regionales principalmente, va generando una reducción gradual de las reservas del Banco Central, porque la salida de las divisas por las importaciones son mayores que los ingresos de las exportaciones, que actualmente están siendo compensadas por el incremento de la cuenta de capital a través de la emisión de deuda, siendo esta situación no sustentable en el corto y mediano plazo.

Una depreciación del tipo de cambio en la misma proporción que la evolución que la inflación reducirá esta diferencia de los precios relativos de los bienes y servicios que ofrece la Argentina con respecto a los que ofrece el mundo, como también la potencial reforma tributaria que reducirá los costos locales, pero su efecto dependerá a la respuesta “rápida” que puedan tener las exportaciones a un aumento del tipo de cambio por el abaratamiento de los bienes locales, como también de la respuesta que puedan tener las importaciones de acuerdo a la sensibilidad a los cambios de los precios relativos, que gráficamente se lo puede expresar a través de la conocida curva “J”, donde lo trascendental es promover una situación donde la misma empiece a ascender por medio del fomento en las facilidades de la sustitución de los insumos importados, estrategias comerciales mediante acuerdos para ampliar la oferta de productos transables y de buscar nuevos compradores, entre otros ejemplos, a fin de que se traduzca en un estímulo para las exportaciones.

 

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La Fundación Mediterránea dio su diagnóstico de la economía de Macri: optimismo con varios peros

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La delegación NEA de la Fundación Mediterránea cerró el año con un balance de la realidad económica matizado con un cocktail con empresarios de toda la región. El presidente del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana, Marcelo Capello rompió el hielo con una mirada sobre las últimas reformas del Gobierno nacional y su impacto en la economía. “Hay optimismo, pero con muchos peros”, deslizó sobre las medidas de Mauricio Macri, sobre quien advirtió, camina haciendo equilibrio “en una delgada línea roja”.

Capello mostró que los indicadores económicos revirtieron la caída de 2016, pero todavía los brotes verdes no llegaron al consumo masivo, que se refleja en las ventas de supermercados, ni a los autos nacionales, ya que la suba en las ventas se explica casi con exclusividad por las marcas importadas.

El especialista reconoció que la mejoría no llegó a la “masa”, ya que el salario real creció apenas por encima de la inflación y el consumo se mantiene en los mismos niveles del año pasado y podría estancarse también en 2018.

Sin embargo, sostuvo que la economía de Misiones creció 1,8 por ciento en el segundo trimestre de este año. “Con la economía Macri, le fue mejor a la Pampa Húmeda”, comparó.

Después, pasó a enumerar algunos puntos flacos que deberían ser señales amarillas. “El déficit financiero es de 6.8 por ciento del PBI, lo mismo que en 2016, mientras que en 2015 era de 5 puntos”, graficó.

“Es más del doble del déficit de los 90 y se financia con deuda, lo que plancha el tipo de cambio”, explicó.

Capello reveló que no hay un ajuste de fondo en las cuentas públicas, que apenas bajó 0,4 por ciento del PBI en dos años, aunque el gasto en subsidios se redujo uno por ciento. Lo que aumentó fue el pago de los intereses de la deuda y los fondos previsionales, que ahora se pretenden achicar con la reforma que tiene media sanción del Senado.

El déficit se explica también por una menor recaudación a raíz de la baja de retenciones a la soja y algunos otros impuestos que han bajado.

El otro punto sobre el que alertó el economista fue el déficit comercial, que es igual al de 1997. “Es un problema por el tipo de cambio apreciado y los altos costos laborales en dólares”.

Capello coincidió con la mirada de los empresarios misioneros que advierten que la reforma impositiva debe contemplar la situación de economías de frontera afectadas por las asimetrías. “Es negativo que se elimine las compensaciones por zonas alejadas de la Capital”, sostuvo. Por caso, si se sostiene la exención de aportes patronales hasta 12 mil pesos, en realidad, los empresarios misioneros terminarán pagando más, ya que actualmente hay una reducción de aportes que llega al 9.7 en Posadas y 10.5 en el interior. Con la reforma impositiva, habrá que pagar 17 por ciento de aportes patronales. Capello reveló que le planteó este problema a los funcionarios de Hacienda, pero la respuesta fue que “no es bueno discriminar por regiones”, misma respuesta que recibieron autoridades de la Confederación Económica de Misiones cuando hicieron el mismo reclamo.

Otra crítica que hizo Capello es al ajuste sobre los jubilados. Indicó que con el sistema actual, de actualización por inflación, los jubilados deberían cobrar el año que viene cerca de 25 por ciento más. Ahora se reducirá a 20 o 21 por ciento, lo que supone un ahorro del 0,3 por ciento del PBI, en un monto equivalente a los 40 mil millones de pesos. Pero, advirtió, con la reforma, que se aplicará desde marzo, los jubilados perderán tres meses de cálculo de inflación.

Después, Gustavo Reyes, mostró algunas señales de optimismo. Indicó que mejoró la confianza del consumidor, pese a que el consumo “no explota”.

Para el economista mendocino, Argentina tiene acceso al financiamiento externo por un bajo riesgo país, por debajo del seis por ciento. Sin embargo, el déficit de cuenta corriente es el doble de los países emergentes, lo que revela un nivel de gastos por encima de los ingresos, con déficits gemelos que se financian en el 80 por ciento por toma de deuda externa.

“La inflación está bajando, pero menos de lo que proyectaba el Banco Central”, aseguró. Reyes advirtió que “hay un éxito relativo del Central” en sus políticas antiinflacionarias, ya que las tasas altas atraen el ingreso de dólares y eso plancha el tipo de cambio, lo que a su vez, esconde una tasa de inflación mucho más elevada. “Las puertas abiertas a la entrada de dólares generan un Deja Vu de la historia argentina, que todos sabemos cómo termina”, dramatizó.  

El economista advirtió que hay riesgos de corto plazo en el financiamiento del gasto vía endeudamiento, ya que el país queda expuesto a una eventual suba de las tasas de interés de los mercados financieros o un shock como el Tequila en los 90.

También puso el alerta en el riesgo de que exploten los pasivos del Banco Central, ya que la deuda en Lebacs, puede superar a las reservas de la entidad.

A mediano plazo, alertó sobre el déficit fiscal, cuya reducción “gradual” expone al país a una elevada deuda, cuyo grifo puede cerrarse en cualquier momento. “Si se financiara en pesos, necesitaríamos una emisión que equivaldría a un 70 por ciento de inflación”, advirtió.

Reyes explicó que el gasto solo bajó en subsidios, pero el gasto financiero aumentó 28 por ciento, lo que revela un “cero ajuste” real. “Las reformas impositivas no parecen muy ambiciosas, ya que tendrán impacto recién en cinco años”, argumentó.

“Hay cero plan de Argentina. No hemos visto planes”, de reformas estructurales, cuestionó. Ante una consulta de Economis, Reyes sostuvo que los riesgos de mediano plazo no están demasiado lejos en el horizonte. “Si no hay cambios profundos en 2018, 2019 puede ser un año complicado”, pronosticó.  

Antes de los brindis, el economista misionero Gerardo Alonso Schwarz dio un panorama sobre la región. Contó algunas flaquezas de la economía regional, como los salarios bajos y la pérdida de empleo en los últimos dos años, que se recuperó levemente en los últimos meses. Sin embargo, la construcción, el sector más afectado, todavía está cuatro mil puestos debajo del pico de los quince mil obreros en blanco de agosto de 2015.

 

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