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La reforma previsional y el pacto fiscal ya tienen la media sanción del Senado

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Gracias al apoyo clave de un puñado de senadores peronistas, el Gobierno consiguió avanzar en el Senado con la sanción de los proyectos de Ley de Responsabilidad Fiscal, el pacto fiscal y la reforma jubilatoria que previamente la Casa Rosada había acordado con los gobernadores.

El proyecto previsional obtuvo el visto bueno en la Cámara alta con 43 votos afirmativos, frente 23 en contra y tres abstenciones. El consenso fiscal tuvo 52 aprobaciones y 15 rechazos; mientras que la iniciativa de responsabilidad fiscal consiguió 53 sufragios positivos contra 14 senadores que se opusieron.

Cambiemos, que es minoría en la Cámara, consiguió la media sanción de los tres importantes proyectos. El tema deberá ahora ser discutido en Diputados, adonde los bloques del massismo y el kirchnerismo ya anticiparon su rechazo, publica el diario El Cronista.

Adolfo Rodríguez Saá, con uno de los discursos más duros de la noche, señaló: “Este camino Cambiemos ya lo ha transitado como parte de la Alianza. Esto va a ser cada vez peor. Y el peronismo estará del lado de los más débiles”. Horas antes de la sesión, el ex presidente y ex gobernador de San Luis había jurado en su nuevo mandato como senador, que comenzará el 10 de diciembre, junto a otra legisladora electa con quien no paró de cuchichear: Cristina Fernández de Kirchner.

 

Esa frase de Rodríguez Saá, sobre el cierre del debate, le valió un cruce sutil con el jefe de la bancada mayoritaria y pieza clave para la aprobación de los proyectos, Miguel Pichetto, quien comenzó su discurso preguntando: “¿Quién lo quiere estar del lado de los más débiles?”. El rionegrino se amparó en las decisiones de los gobernadores para defender su postura frente a los tres temas. “Veintitrés provincias han firmado este acuerdo”, enfatizó.

El mismo dato resaltaron los oficialistas que defendieron las iniciativas. Además, el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, destacó especialmente la Ley de Responsabilidad Fiscal. “El acuerdo de hoy es histórico, podría terminar con un drama de la Argentina: el de un país que se destruye cada cierto tiempo porque sus gobiernos gastan más de lo posible”, prometió.

No mostraron tanto entusiasmo el neuquino Guillermo Pereyra (MPN), que dijo que no hubo consensos para firmar los dictámenes; la chubutense Nancy González (PJ-FpV), que advirtió que el Gobierno busca “desfinanciar al Anses y volver a las AFJP”; en lo que coincidió la pampeana Anabel Fernández Sagasti (PJ-FpV); o la rionegrina Magdalena Odarda (Coalición Cívica-ARI), que criticó que “el ahorro que se hace con esta reforma es en verdad el dinero que le corresponde a nuestros jubilados”.

El sanjuanino Ruperto Godoy (PJ-FpV) coincidió: “En vez de hacerle pagar el sacrificio y el esfuerzo a los que están en la timba financiera, se lo van a hacer pagar a los jubilados”, se quejó. La cantidad de voces en contra de las iniciativas tuvieron efecto en la neuquina Lucila Crexell (MPN). “Iba a votar en contra de la previsional, pero después de escuchar algunos discursos voy a votar en contra de las tres. No podemos analizar en seis días leyes de tamaña envergadura”, observó.

Por el debate tan veloz, en el comienzo de la sesión, Rodríguez Saá había intentado demorar la sanción, al proponer que el consenso fiscal sea devuelto al debate en comisiones. En el trámite, comparó al oficialismo con el kirchnerismo. “Nos hemos quejado del tratamiento exprés que han tenido proyectos en el pasado, hoy tenemos un tratamiento super exprés, con un trámite irregular violando el reglamento”, señaló.

Según advirtió, la iniciativa debió haber pasado por la comisión de Coparticipación Federal pues modifica impuestos coparticipables. Cambiemos y el resto del peronismo se negaron, en una votación que marcó 47 a 18.

Ese resultado anticipó el siguiente y la habilitación del tratamiento de los temas consiguió los dos tercios que necesitaba, pues el dictamen no había cumplido los siete días. Sólo ocho senadores votaron en contra: cuatro kirchneristas, dos puntanos y dos progresistas.

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Aunque el empalme es complejo, la fórmula para actualizar haberes jubilatorios debe contemplar la sustentabilidad del sistema

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Por Marcelo Capello, Gerardo García Oro y Luis Laguinge. Los “acuerdos básicos de gobernabilidad” para los próximos años aparecen como una buena oportunidad para discutir la implementación de reformas estructurales que requieren distintos institutos públicos, entre los cuales se encuentra el sistema de seguridad social. En este caso, el principal desafío consiste en otorgar al régimen mayor previsibilidad en cuanto a su financiamiento y sustentabilidad, además de otorgar prestaciones justas y cuya fórmula de otorgamiento, cálculo inicial y movilidad no resulten objeto de mayor litigiosidad y defectos que nuevamente deban ser reparados en un futuro.

En este sentido, un primer aspecto que vale la pena considerar es que las reformas tributarias planteadas han provocado modificaciones en las fuentes de financiamiento de la ANSES, con las que luego hace frente al pago de las prestaciones contributivas y no contributivas concedidas, además de financiar programas como Asignación Universal por Hijo y Embarazo (desde 2009) y Progresar (2014), entre otros. Este aspecto debe ser considerado con especial cuidado en el análisis de la sustentabilidad del régimen.

El crecimiento en la cantidad de prestaciones otorgadas ha llevado a que el gasto previsional alcance una representatividad cercana al 10% del PBI, 3 puntos porcentuales del Producto por arriba del nivel inmediato a la estatización del sistema en 2008. En la tendencia ascendente en el gasto de ANSES observada en los últimos años, influyeron aspectos como la estatización de las AFJP (llevando este indicador a un 6,7% del PBI en 2009), las expansiones reales en el valor del haber (exceptuando los años 2014 y 2016), moratorias previsionales (se incorporaron al sistema 2,8 millones de personas sin aportes completos) y el efecto expansivo sobre el gasto que se proyecta para fines de 2017, en base a la implementación del Programa de Reparación Histórica para Jubilados y Pensionados.

De esta manera, entre países de la región, el sistema de seguridad social en Argentina se ha posicionado como uno de los que se llevan mayor porción del PIB, lo que representa un importante desafío en materia de sustentabilidad y financiamiento a mediano y largo plazo, sobre todo a consideración de las prestaciones que fueron incluidas a lo largo de los últimos años en el régimen y los altos niveles de informalidad y exclusión laboral que se exhiben en la actualidad.

Este hecho materializa la relevancia de la discusión de los problemas coyunturales y estructurales que influyen sobre la sustentabilidad del mismo, recordando que los sistemas de seguridad social constituyen herramientas de cobertura social a mediano y largo plazo, de manera que es éste el plazo de consideración relevante para la evaluación de reformas y definiciones de coberturas.

Lo mismo puede observarse en la consideración de la relación entre la cantidad de activos aportantes al régimen (trabajadores registrados) por cada pasivo, incluyendo no sólo las prestaciones previsionales sino también a perceptores de programas incluidos en la seguridad social, tales como el programa de Asignación Universal por Hijo y Embarazo y PROGRESAR, entre otros. En este aspecto, su participación como pasivos se calibra en función del valor de los beneficios concedidos en comparación al haber previsional mínimo.

Al respecto, el crecimiento en el volumen de prestaciones del régimen y la alta incidencia de la informalidad laboral (situación en la que se encuentran unos 8 millones de trabajadores, al considerar metodología OIT para los cuentapropistas) redundaron en que esta relación sea en 2017 de 1,4 activos por cada pasivo, cuando en el año 2005 este indicador era igual a 2,1. Asimismo, si se incluyera en la cuenta a todos aquellos beneficiarios de los programas mencionados, la relación desciende hasta 1,24 activos por cada pasivo/beneficiario.

Frente a este desafío, desde finales de 2008 – momento en que el Congreso Nacional aprobó la estatización de los fondos de pensión, que hasta entonces administraban las AFJP – el seguimiento del resultado fiscal del régimen se volvió en un aspecto primordial para la consideración de su viabilidad y sustentabilidad de largo plazo.

Así, mientras que en el lapso 2010-2012, el organismo alcanzó un superávit promedio de 0,6% anual en términos del PIB, esta variable descendió a 0,4% en el bienio 2013- 2014 y, finalmente, se arribó a un déficit de 0,2% en 2015. Sin embargo, es crucial destacar que, más allá de los aportes y contribuciones y las rentas de la propiedad del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), la ANSES es financiada en gran parte por la recaudación de impuestos nacionales, que en su mayoría resultaron detracciones al sistema de coparticipación federal de impuestos, desde comienzos de la década del noventa en adelante.

Algunas de las fuentes más importantes están dadas por el 20% de la masa neta de Impuesto a las Ganancias (además de un monto fijo anual de $120 millones), la mayor parte del 11% de la recaudación de IVA destinada al Régimen Nacional de Previsión Social (93,7%), una porción considerable de los Impuestos a los Combustibles (21% del gravamen sobre la nafta y el gas natural y 100% del correspondiente al gasoil, GNC y otros) y el 70% del Monotributo Impositivo. Además, a partir de este año, comenzó a asignarse de manera específica el 70% de la recaudación de Impuesto al Cheque que corresponde al Tesoro Nacional.

De esta manera, si se excluyen estos recursos tributarios del conjunto de ingresos propios, el deterioro fiscal resulta mucho más marcado. El déficit primario promedio resulta de 1,6% del PIB en el período 2010-2012, 1,8% en 2013-2014, 2,6% en 2015 y 3,3% en 2016 (aunque este último resultado se encuentra muy influido por los recursos del blanqueo de capitales que se asignaron específicamente a la cobertura del Programa de Reparación Histórica y representaron un 1,3% del PIB en 2016).

En otras palabras, el sistema previsional es muy dependiente de lo que acontezca con los recursos tributarios de carácter nacional. Esto no debería representar necesariamente una desventaja.

De hecho, algunos países destinan una gran proporción de sus rentas generales (y, específicamente, la proveniente de impuestos a los ingresos) a financiar los regímenes de seguridad social de reparto. Los inconvenientes aparecen ante la necesidad de reducir la presión tributaria del Sector Público que, en Argentina, resulta muy elevada.

Además, los ingresos de la ANSES ya se están viendo afectados actualmente por la devolución progresiva del 15% de la masa coparticipable bruta a las provincias. De hecho, en el año 2016 ya se resignaron los primeros 3 puntos porcentuales, lo que significó una pérdida de recursos equivalente a 0,1% del PIB. A fines de 2017, este monto llegaría a representar medio punto del PIB.

Si se proyectara la recaudación tributaria nacional considerando un crecimiento de 3,5% anual para el lapso 2018-2020 y una inflación promedio de 16%, 10% y 6% para cada uno de estos años, la citada devolución iría creciendo en términos del PIB, hasta alcanzar 0,9% en 2020.

Por último, cabe destacar que esta profundización en el deterioro fiscal de la ANSES no se explica por una caída en los recursos propios (de hecho, los aportes y contribuciones pasaron de 5% del PIB en 2010 a 5,7% en 2016) ni en los ingresos provenientes de la masa coparticipable (que se mantuvieron en niveles superiores al 2% del PIB en todo el período, aún sin considerar el blanqueo).

En consecuencia, resulta claro que la gran expansión en las erogaciones constituye el principal factor explicativo del creciente déficit primario del organismo. De hecho, si se observa la ejecución presupuestaria de la ANSES en este período, se advierte que las jubilaciones y pensiones aumentaron de 4,9% del PIB en 2010 a 7,1% en 2016.

Estas consideraciones resultan fundamentales en lo que respecta a los criterios con que fue planteado el proyecto de reforma previsional en discusión, particularmente por el hecho de que éste se anuncia como una modificación “transitoria” en el marco del Consenso Fiscal alcanzado con las jurisdicciones sub-nacionales. Sin embargo, por tratarse el sistema de seguridad social de una institución de largo plazo, las reglas deben ser permanentes como garantía institucional de funcionamiento y sustentabilidad del régimen.

Una mención aparte, merecen los cambios acordados en el Consenso Fiscal firmado entre los representantes del Poder Ejecutivo Nacional y los gobernadores, con relación a la distribución de los recursos tributarios federales. Por un lado, la derogación del artículo 104 de la Ley de Impuesto a las Ganancias implicaría que la ANSES perdería la asignación específica del 20% de la recaudación de este tributo. Esto representa una merma de alrededor de $128 mil millones para el año que viene (1% del PIB proyectado para 2018). Sin embargo, los ingresos del organismo se verían parcialmente compensados por la afectación de la totalidad del Impuesto al Cheque y del Monotributo Impositivo que, en conjunto, sumarían unos $64 mil millones que equivaldrían a medio punto del Producto del año entrante. En términos netos, la ANSES sufriría una pérdida en sus recursos de 0,5% del PIB que se añaden a la ya mencionada devolución del 15% a las provincias.

La discusión acerca de la movilidad en los haberes

Entre los aspectos principales de la reforma previsional planteada, podría decirse que el corazón de la propuesta del Poder Ejecutivo se encuentra en la modificación de la fórmula de movilidad de los haberes establecida en la Ley 26.417 y que se encuentra estrechamente ligada a la evolución de los recursos tributarios recibidos por la ANSES y a la dinámica salarial.

El comportamiento marcadamente procíclico de estas variables a partir del año 2009 condujo a que los haberes aumentaran en términos reales durante los períodos de expansión del PIB pero disminuyeran notablemente en los años recesivos acompañados por fuertes procesos inflacionarios (2014 y 2016).

Esta característica resulta sumamente indeseable, precisamente, las etapas de caída generalizada de la actividad económica requieren ser contrarrestadas por una protección del poder adquisitivo de los ingresos de los jubilados, pensionados y beneficiarios de asignaciones familiares para evitar un agravamiento de la situación social.

En este sentido, la puesta en marcha de la indexación por variación de los precios aparece como un instrumento potente.

Siguiendo lo expuesto originalmente en el proyecto de Ley, la nueva regla implicaría actualizaciones de carácter trimestral y en base a la variación del Índice de Precios al Consumidor Nacional elaborado por el INDEC. Vale aclarar que el ajuste se implementaría con un semestre de rezago (por caso, el próximo aumento de marzo de 2018 estaría vinculado a la inflación del tercer trimestre de 2017) y que en junio de cada año se añadiría un plus del 5% de la tasa de crecimiento del PIB del año anterior.

Sin embargo, esta alternativa fue rápidamente rechazada por el bloque mayoritario de la oposición en el Senado, desde donde se planteó una opción intermedia que combine la variación de los precios con la del índice RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables), en una proporción 70-30, respectivamente. Este indicador es elaborado por el Ministerio de Trabajo de la Nación y refleja la situación de los salarios entre los trabajadores afiliados al Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones (SIJP). Por otro lado, se propuso eliminar el adicional vinculado al PIB.

Aparentemente, esta última modificación habría alcanzado cierto consenso y podría convertirse en una alternativa prevaleciente. Sólo cabe preguntarse cómo se organizarán institucionalmente dos circunstancias fundamentales, que deben ser analizadas y explicitadas a la ciudadanía: En primer lugar, que en caso de aplicarse un mecanismo de actualización trimestral, dado que el último incremento en el valor de los haberes fue otorgado en septiembre de 2017, el incremento efectivizado en marzo de 2018 (potencialmente bajo esta nueva iniciativa) debería incluir – por única vez – una actualización por seis meses, correspondientes a los meses de octubre de 2017 a marzo de 2018.

En segundo lugar, vale la pena preguntarse cómo se resolvería una situación en la que los salarios en base al índice RIPTE crezcan menos que la inflación, haciendo que la corrección de los haberes previsionales resulte por debajo de la evolución del nivel general de precios y entrando esta dinámica en contradicción con lo comprometido en el acuerdo firmado por el Gobierno Nacional con las provincias, en donde se planteaba que los haberes tengan una dinámica superior al ritmo inflacionario.

Para dicho caso, podría agregarse la cláusula que, en tal circunstancia, el ajuste se realiza sólo por el índice de inflación. Más allá de estas consideraciones, resulta de interés realizar algunos ejercicios de simulación con relación a los efectos que esta nueva fórmula de movilidad traería aparejados sobre el poder adquisitivo de los sectores afectados (no sólo los jubilados y pensionados del Régimen Nacional sino también los beneficiarios de asignaciones familiares y AUH) y en el resultado fiscal del Sector Público Nacional en 2018.

Así, la comparación que se presenta a continuación descansa sobre los siguientes supuestos: el IPC Nacional de 2018 varía de acuerdo a lo estimado por los encuestados en el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central (que considera una inflación interanual de 16% en diciembre de 2018) , el RIPTE y el Índice de Salarios aumentan ligeramente por encima de la inflación (logrando incrementos de 2,6% y 2,7% en términos reales, respectivamente) y los recursos tributarios asignados a la ANSES son proyectados considerando un crecimiento del PIB de 3,5% y sin tener en cuenta los cambios recientes en la coparticipación que afectan a este organismo, a fin de hacer homogénea la comparación con 2017.

Analizando estos resultados, puede observarse que, si se mantuviera la fórmula actual de movilidad, los ajustes semestrales de marzo y septiembre serían de 12,2 y 8,5%, respectivamente. Esto se corresponde con un aumento del haber promedio anual de 25,3% respecto a 2017.

En contraste, de implementarse la regla propuesta por el oficialismo en su proyecto original, los aumentos trimestrales serían de 5,1% en marzo, 4,7% en junio, 4,3% en septiembre y 4,1% en diciembre.

De esta manera, el incremento interanual global alcanzaría un 20,6%. Por último, si se considera la fórmula del bloque opositor, la discrepancia con la regla anterior sería especialmente marcada en marzo (5,7% en vez de 5,1%) aunque luego se verificarían porcentajes similares debido al supuesto de que los salarios varían apenas por encima de la inflación. En este caso, el aumento global llegaría a 21,2%. Teniendo en cuenta que la inflación promedio de 2018 anotaría un 18,9%, la continuidad de la fórmula actual podría implicar un incremento del 5,4% en términos reales para los beneficiarios de las prestaciones.

Por supuesto, la implementación de las reglas de indexación por precios trae como consecuencia un aumento mucho menor y explicado por el rezago de los ajustes trimestrales (1,4% en el caso de la propuesta oficialista y 1,9% en la de la oposición). Antes se demostró que cuando la economía crece, la movilidad actualmente vigente aumenta los haberes previsionales por encima de la inflación, a la inversa en períodos recesivos.

La contracara de este perjuicio para los beneficiarios del sistema previsional está dada por el ahorro fiscal para el Sector Público Nacional. La fórmula presentada por el Poder Ejecutivo implicaría una disminución de $47 mil millones en las erogaciones de 2018 (41 mil por prestaciones a la seguridad social y 6 mil por asignaciones familiares y por hijo) que se corresponde con un 0,4% del Producto.

Concretamente, el gasto previsional pasaría de representar un 9,7% del PIB en 2017 a un 9,4% en 2018, lo que facilitaría el cumplimiento de la meta de déficit primario de 3,2% del PIB.

Las consecuencias fiscales de la propuesta opositora no resultan demasiado distintas. El ahorro sería de $40 mil millones ($35 mil por prestaciones previsionales y $5 mil por asignaciones familiares y por hijo), alcanzando un 0,3% del PIB.

La cuestión particular del ajuste de marzo de 2018

Desde el punto de vista técnico, una de las críticas más relevantes dirigidas contra la nueva regla de movilidad (tanto en su versión oficialista como opositora) apunta contra el rezago de seis meses en la actualización trimestral de los haberes mencionado anteriormente.

Esta cuestión resulta particularmente delicada al considerar el ajuste correspondiente al mes de marzo de 2018 que, de acuerdo a la Ley de Movilidad Actual, debería tomar como período de referencia la totalidad del segundo semestre de 2017. Este desfase podría evitarse si se aplicara la nueva fórmula de manera semestral en marzo (considerando la variación de los precios y el RIPTE en el lapso julio-diciembre de 2017) y comenzar a aplicar los ajustes trimestrales en junio de 2018 en base al período inmediatamente anterior.

El incremento en términos reales de los haberes sería muy superior (5% con la regla del proyecto original y 5,7% con la modificación propuesta por la oposición), aunque el ahorro fiscal para el Sector Público Nacional se reduciría a niveles prácticamente insignificantes, respecto a la formulación anterior. De hecho, la propuesta corregida por la oposición implicaría un mayor costo fiscal que si se continuara aplicando la regla de movilidad actual.

Es fundamental aclarar que el efecto de las fórmulas que ajustan trimestralmente no resulta estrictamente comparable a la regla de movilidad actual debido a las diferencias que existen entre los períodos de referencia tomados como base para implementar las actualizaciones.

Efectivamente, el ajuste de septiembre de la movilidad actual considera el primer semestre del año 2018 mientras que el correspondiente a diciembre en las propuestas de reforma alcanzaría a cubrir también el tercer trimestre. Una alternativa podría consistir en comenzar a aplicar los ajustes trimestrales desde el mes de diciembre y en base al período inmediatamente anterior. Si bien esto implicaría un costo fiscal adicional en el año 2017, se garantizaría un ahorro importante en 2018.

Otros aspectos sensibles en la discusión

Como se planteó más arriba, los criterios analizados son aquellos de mayor consideración en la discusión de la reforma. No obstante, existen otros aspectos que influyen sobre las oportunidades de sustentabilidad del régimen previsional y, también, sobre la composición del mercado de trabajo. Entre estos, la iniciativa del proyecto oficial que prevé que las empresas sólo puedan intimar a sus empleados a tramitar la jubilación y retirarse cuando éstos tengan 70 años, promueve en forma generalizada un retiro tardío (10 años adicionales para las mujeres y 5 para los varones).

Si bien este hecho puede generar un efecto positivo sobre la sustentabilidad fiscal del régimen, el efecto a nivel micro (hacia adentro de las empresas), podría resultar ambiguo. Es conocido que ante una elevación en la expectativa de vida y las condiciones de salud de la población, la vida laboral se extiende y en ciertas ocupaciones la experiencia puede resultar en un valioso capital para la empresa.

Sin embargo, este efecto se contrapone con las aceleradas exigencias de preparación que el avance tecnológico le impone a los trabajadores, y en el caso de aquellos que acumulan mayor antigüedad (y mejores retribuciones a consecuencia) puede que su productividad en este contexto se sitúe por debajo de dicha retribución, de manera que extender la posibilidad de retiro puede generar un efecto adverso en términos de los costos laborales de las empresas, siendo que ese es un aspecto al cual también se quiere abordar actualmente, a través de la reforma laboral.

Debieran preverse mecanismos que contemplen esta situación, que permitan bajar los costos laborales para las empresas con relación a los trabajadores que decidan no acceder a la jubilación a la edad actualmente vigente.

Por su parte, resulta primordial trazar mayores definiciones de justicia contributiva en lo que respecta a la situación previsional futura de aquellas personas que se desempeñan como autónomos y monotributistas. En la actualidad, la mayor parte de los autónomos sólo accede al haber jubilatorio mínimo (al igual que los monotributistas), a pesar de que los aportes derivados al régimen por los primeros, resulta superior al de los segundos. Finalmente, en función de la necesidad de establecer reglas permanentes para el funcionamiento de la previsión social, probablemente resulte razonable imponer metas anuales para mejorar progresivamente la relación de activos / pasivos ligados al régimen.

Este hecho puede contribuir a un trabajo articulado e institucionalizado en contrarrestar la informalidad y exclusión laboral; además de que este aspecto puede estar contemplado entre los criterios de movilidad en los haberes previsionales, dado que consiste esencialmente en una valoración de las posibilidades de financiamiento vigentes (y también futuras) de la seguridad social.

En igual sentido, es necesario que las nuevas reglas previsionales distingan y premien los beneficios contributivos frente a los no contributivos, por ejemplo, a través de algún beneficio ordinario o extraordinario (por ejemplo, un bono de fin de año), que sólo se otorgue a los pasivos que cobran el haber mínimo y aportaron la cantidad de años que la ley exige para acceder al beneficio previsional.

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A paso redoblado

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En el país de la ola amarilla el Gobierno se envalentona y va por todo, el proceso argentino es único, la derecha no solo ha ganado por primera vez en comicios democráticos y a través de los votos y no de las botas, además se ha refrendado bajo el mismo método. Este periodo de dos años que lleva como resultado una victoria contundente de la segunda alianza (ojala no termine como la primera), tiene en materia de comunicación enormes victorias producto de la cadena nacional permanente gracias a una alineación de medios como jamás se ha visto por estas pampas.

Analizar el cómo  y el porqué de este experimento neoliberal tardío supone un análisis más profundo y por ende con mayor tiempo y tranquilidad, lo cierto que las reformas que se vienen se basan en una idea fuerza que signara los próximos dos años al menos, y si la entendemos podremos ver como las acontecimientos se desencadenan siguiendo una lógica y no como hechos aleatorios, el Gobierno busca redefinir los patrones de acumulación y desarrollo argentino, a saber favorecer ciertos sectores y perjudicar a otros, esto es siempre así en todo ciclo político, porque lo único realmente importante es la economía lo demás es accesorio.

El macrismo buscará llevar al país a una inserción global como país productor de materias primas y servicios, el sector perjudicado será la industria y sus derivados, llámese empleo y salarios, con este diagnóstico de la orientación ahora vamos por las medidas que esta idea fuerza orienta.

1-Reforma fiscal: el acuciante déficit fiscal que en el país se prevé que cierre en 4.6%(2015 4% datos Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF))  y en el presupuesto 2018 será de 5.5% y el cuasi fiscal (en el que se suman provincias, municipios y bcra ) llega al 9% con relación al PBI, para atender a estas necesidades  se necesitara emitir por lo menos 55mil millones de dólares, ¿pero que es el déficit fiscal? Comparemos  “Si una familia ganó 100 pesos en el mes y gastó $90, tendría un superávit fiscal primario de $10. Sin embargo, si tiempo atrás tomó un crédito y este mes tiene que pagar 15 pesos por intereses al banco, el gasto total del mes sube a 105 pesos. Por esto mismo, como el gasto total ($105) es mayor al ingreso ($100), tendría un déficit fiscal financiero de 5 pesos”. Con este esquema en donde parte de los drive de crecimiento es la valorización financiera se entiende el seguir pidiendo deuda. La salida de este déficit puede o admite dos postulados. Uno, el más usado por la derecha que jamás funciona es el de gastar menos, algo que se admite como argumento psicológicamente persuasivo pero lógicamente incorrecto, por eso  es falaz, si se achican los gastos del Estado para achicar el déficit la economía entra en recesión y se agudiza la crisis ya que el déficit se agranda porque la economía se achica. La otra salida más trabajosa y que requiere de capacidad que parece estar totalmente ausente en la ceocracia gobernante poco acostumbrada a agarrar la pala y muy adicta a pedir guita en los mercado, obviamente guita que ellos no piensan devolver y que alimenta la fuga de divisas de sus amigos y la bicicleta financiera que instalo el procesado presidente del BCRA, la otra alternativa es la de hacer crecer el PBI por lo que el déficit se licua ante una economía que tiene mayores ingresos. Esto se logra con mercado interno fuerte, mayor intervención del estado en determinar un modelo de producción y trabajo, ambas cosas que le generan urticaria a los fundamentalistas de las Lebacs.

2- Reforma laboral: este es también es un tema en carpeta hace mucho por parte de la derecha que ni en su apogeo neoliberal pornográfico de los 90 logro partir a los sindicatos, como quería si lo logro, en el gobierno de la primer alianza mediante la corrupción radical de la famosa banelco de pontacuarto y compañía, aprobar una ley de flexibilización laboral, en esa oportunidad la tenía a la inefable Patricia Bullrich Luro Pueyrredon de ministra de trabajo, hoy ministra de represión para que los muchachos de las fuerzas hagan entrar la revolución de la alegría con el palito de abollar ideas. Pero ¿por qué se hace esta reforma? es simple es el premio consuelo para los industriales que al quedar fuera de los ganadores del modelo le recomponen su tasa de ganancia a fuerza de salarios a la baja ,como para calmar a la fiera, mediante dos vías, es una táctica de pinzas por un lado retracción en los controles de precios y por otro la baja de los salarios, lo que implica una menor participación de los salarios en la riqueza generada en la economía, por lo que se recompone la ganancia de los empresario, para lo que lo pongamos en claro, la torta se achica en cuanto a riqueza generada pero para los empresarios el pedazo que les toca va a ser más grande, entonces así se logra la máxima del capitalismo bananero periférico, privatizar ganancias y socializar perdidas. Los otrora machos alfa del sindicalismo yo no paran como lo hacían antes por el correctamente denominado impuestos a los altos ingresos, ya que en una combinación de arrugue por la extorsión penal y de conveniencia política, entregaran a sus afiliados o la que quede de ellos luego del reformismo permanente del líder galáctico de Balcarce 50.

 3- Reforma previsional: Esta es una combinación de los objetivos de las anteriores dos, por un lado mediante la baja de las prestaciones sociales, mecanismo que si bien ya comenzaron (pami, remedios, pensiones, progresar, FGS, etc.)  tienden a profundizarse, el espejo en el que se miran es Brasil, con la llamada opción de jubilarse a los 70 años, buscan extender la edad jubilatoria de una manera soft (hoy mujeres 60 años y hombres 65) con lo cual el Estado gasta menos en jubilaciones. Por otro lado el nudo central de la reforma es el cambio de la ecuación de actualización de las jubilaciones, AUH y demás prestaciones que ejecuta el Anses, en donde se pasa de una movilidad que combina, el coeficiente de variación salarial y la recaudación impositiva por una que combina índice de inflación y un mísero y vergonzoso 5% del crecimiento del PBI, gracias a esta medida el gobierno piensa ahorrarse 150.000 millones de pesos, el ahorrase es un eufemismo para un liso y llano robo. Pero no son todas malas noticias, los pobres empresarios se verán aliviados de tanto sufrimiento gracias al mejor equipo de los últimos 50 mil años, que llevaran adelante una reducción de los aportes patronales al SIPA. Así la economía macrista muestra a las clara con que camiseta juega, lo que dejan de poner los empresarios la ponen los trabajadores.

 

 

 

Conclusión

A dos años visto, mi hipótesis del 10 de diciembre de 2015, se confirma, gobiernan los dueños del país, los mismos de siempre, son la oligarquía terrateniente usurera, en asociación a una burguesía rentística dispuesta a pasarse a la timba en la primera de cambio, son la misma elite parasitaria de toda la historia argentina, los Peña Braun, los Bulrrich Luro Pueyrredon, los Blanco Villegas, en definitiva la nobleza criolla, no tienen un proyecto de país socialmente viable, tienen un plan de negocio, pero como dice el dicho popular, no es culpa del chancho sino del que le da de comer, el pueblo los voto, los legitimo y como mi padre me enseño el que no tiene cabeza para pensar tiene que tener lomo para aguantar. Se vivirán tiempos interesantes en la argentina en donde como diría cicerón hace más de dos mil años sentenciaba “de todos es errar, pero solo los necios perseveran en el error”.

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La UDPM adhiere a paro de CTERA este miércoles

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En el Congreso Extraordinario N° CXV de la Unión de Docentes de la Provincia de Misiones (UDPM) realizado en Puerto Rico este lunes 27, se decidió por voto unánime de los Delegados presentes, adherir al PARO SIN ASISTENCIA a los lugares de trabajo, para el día miércoles 29/11/17.

Dicho paro es organizado por la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) y es ante las medidas de ajuste e intento de modificaciones al régimen jubilatorio, promovido por el Poder Ejecutivo Nacional, próximo a tratarse en el Congreso Nacional.

Asimismo se decidió la participación de Misiones en la jornada de protesta a realizarse el mismo día 29 en Buenos Aires. Es así que la UDPM estará presente con un grupo de Delegados.

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Cómo definen los argentinos al gobierno de Macri

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 ¿Cómo se desempeña el gobierno ante la opinión pública después del triunfo electoral del 22 de octubre? El Ejecutivo está impulsando leyes con el aura de la elección sobre los hombros. Lo que muestran las encuestas de noviembre es que los indicadores generales se encuentran en buen estado. Recordando siempre que no estamos en un tiempo de grandes popularidades en una región que crece poco; los niveles de imagen positiva y aprobación de gestión de Macri hoy se destacan en comparación con los del resto de los mandatarios sudamericanos.

De acuerdo a la encuesta mensual nacional realizada por Observatorio Electoral entre los días 21 y 23 de noviembre, sobre 1044 casos telefónicos en 56 localidades de todo el país, y un margen de error de +-3%, la tendencia es estable. Los estimadores de imagen presidencial y aprobación de gestión de gobierno se encuentran en niveles similares a los que obtuvo a lo largo de 2017, registrándose en general una tendencia al alza durante el segundo semestre. Mejoran, sin embargo, los que se refieren a percepción económica personal.

La imagen positiva del presidente Macri se ubica en el 42,9%, contra una imagen negativa de 40,2% y una regular de 14,2%. Eso significa que hay un ligero predominio de opiniones positivas sobre negativas.

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En cuanto a la evaluación general de gobierno, hay un 47,4% que la aprueba y 45,1% que la desaprueba, restando un 7,5% que responde no saber. Aquí también hay un ligero predominio de las opiniones favorables sobre las desfavorables, lo que implica una mejora respecto del primer semestre del año, cuando el grupo de quienes desaprobaban era ligeramente superior al de los que aprobaban.

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Estos dos números, imagen y aprobación, revisten una importancia fundamental a fines de 2017, y en el primer semestre de 2018. El Ejecutivo está negociando una batería de leyes y medidas con gobernadores y factores de poder sobre la base de la victoria electoral. Pero esas negociaciones no son sencillas, ni saldrán baratas. La experiencia demuestra que los presidentes implementan mejor sus proyectos si cuentan con el apoyo de la opinión pública: si Macri puede mostrar que su desempeño social mejora, estará más cómodo en estos meses clave.

 
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