ajuste

Las exportaciones de manufacturas retrocedieron más de 30% con relación a 2011

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El saldo negativo del intercambio de bienes con el resto del mundo no es una novedad. Desde que comenzó el año, de manera consecutiva el resultado comercial arrojó un déficit en todos los meses, de modo que el rojo acumulado a septiembre llegó a US$ 5.200 millones, superando el déficit previsto para todo el año en el proyecto de Presupuesto 2018 presentado hace dos meses (US$ -4.500 millones)

Este resultado obedeció tanto al escaso dinamismo de las exportaciones (crecieron sólo 0,7% i.a. en los primeros nueve meses del año), como al excepcional crecimiento de las importaciones (+18% i.a.). La profundización del atraso cambiario (el tipo de cambio real multilateral cayó 7,5% i.a. en los primeros nueve meses del año) explica la baja performance de las ventas al exterior, al mismo tiempo que alentó las importaciones en un contexto donde ya no existen restricciones cuantitativas relevantes.

Además de las condiciones internas, parte de este proceso ha estado influenciado por la dinámica de los precios internacionales. En el caso puntual de las exportaciones, por ejemplo, los mismos se encuentran 1,5% por encima del nivel del año pasado, lo cual ha favorecido el crecimiento que experimentaron las ventas al exterior durante 2017. Sin embargo, cuando comparamos los precios con los de cuatro años atrás, su nivel es significativamente inferior: en los primeros nueve meses del año, los precios de los productos exportados se ubicaron 21,5% por debajo del máximo alcanzado en 2013.

En lo que respecta a las compras al exterior, en lo que va del año los precios de los bienes adquiridos en el exterior acumularon un incremento de 5,5% i.a. Sin embargo, los mismos se encuentran 17% por debajo del máximo exhibido en 2013. De hecho, esto es lo que explica por qué pese al fuerte crecimiento, el valor de las importaciones (US$ 49.000 millones acumulado a septiembre) se ubica hoy por debajo de los niveles del período 2011-2014 (en estos cuatro años, el monto de las compras externas acumulado a los primeros nueve meses del año superó los US$ 50.000 millones).

En suma, si nos detenemos únicamente en la evolución de los precios internacionales de nuestras exportaciones e importaciones, se observa una merma respecto de los máximos alcanzados en 2013, aunque en el primero de los casos la caída fue más pronunciada, lo que implica que desde entonces se verificó una reducción de los términos de intercambio económicos.

A modo de ejercicio, si mantenemos los precios internacionales en los valores de 2013 y nos concentramos únicamente en la evolución de las cantidades observada, el resultado comercial arrojaría un rojo de poco más de US$ 3.300 millones, de modo que si bien implica una importante reducción respecto al déficit efectivamente observado (-35%), continúa siendo negativo. Esto lleva a preguntarnos cómo ha sido la evolución de las cantidades exportadas e importadas en los últimos años.

 

 

 

Apertura comercial: más importaciones pero menos exportaciones  

Conforme a la información publicada por el INDEC respecto a los precios y cantidades del comercio exterior, en el acumulado de los primeros tres trimestres del año los volúmenes exportados acumulan una reducción de 0,6% i.a. Sin embargo, resulta interesante marcar que dicha contracción se concentró en la primera mitad del año (cayó 3% i.a. en los primeros seis meses de 2017), mientras que en el tercer trimestre las cantidades vendidas consiguieron recuperarse (aumentaron 4,5% i.a. en julio-septiembre).

El dato de la dinámica trimestral heterogénea no es menor. El primer semestre del año compara con una base elevada en 2016, ya que durante ese período tuvo lugar un importante crecimiento de las ventas al exterior a raíz de la salida de la cosecha acumulada previo a la salida del cepo y la eliminación/reducción de los derechos de exportación agrícolas. Este factor nos lleva a considerar un período de tiempo más extenso para saber cuál es el estado actual de los volúmenes exportados.

De esta manera, tomando nuevamente las cantidades vendidas en los primeros nueve meses del año, se observa efectivamente una mejora respecto de 2015 (+4,5% producto de la mencionada retención del stocks ante la expectativa del cambio de gobierno durante ese año explican buena parte de este resultado), y 2014 (+4% en el acumulado). Pero si continuamos retrocediendo en el tiempo, los volúmenes exportados de bienes se ubican por debajo de dicho período de 2013 (-6,5%) e, incluso, son significativamente inferiores al máximo alcanzado en los primeros nueve meses de 2011 (-12,3%).

El análisis en retrospectiva deja ver que, aunque durante la gestión del gobierno actual ha habido un avance en lo que respecta a las cantidades vendidas al exterior, aún no se ha logrado recuperar los niveles previos a la imposición del cepo cambiario. A su vez, cuando nos detenemos en la situación de los diversos sectores exportadores, se observan disparidades que, en parte, son un alivio para el frente externo pero que a la vez abren incógnitas sobre el futuro.

En particular, cuando tomamos las cantidades vendidas de Productos Primarios (PP) y Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) se observa que si bien en los primeros nueve meses del año exhibieron caídas respecto de 2016 (-8,7% i.a. y -1,8% i.a. respectivamente), se encuentran en niveles superiores a los de 2011 (+7,8% y +0,9%, respectivamente). La contracara de ello son las ventas de Manufacturas de Origen Industrial (MOI), que si bien en lo que va de 2017 crecieron 10,7% i.a. en volúmenes, ello fue insuficiente para compensar el retroceso que experimentaron en los últimos años: las cantidades exportadas en los primeros nueve meses del año son 31,2% inferiores a las de igual período de 2011.

La conjunción de estos dos fenómenos da como resultado una reprimarización de las exportaciones. Por caso, cuando tomamos los valores nominales de las ventas al exterior en lo que va del año, dos tercios de las mismas corresponden a PP y MOA, cuando en 2011 el 58% de las divisas del comercio provenían de estos productos. Por su parte, las MOI perdieron participación, al pasar de representar 34,5% en 2011, a 30% en los primeros nueves meses de este año.

En el caso de las importaciones, como se mencionó en el apartado anterior, en los primeros nueve meses del año treparon tanto los precios (+5,5% i.a.) como las cantidades (+11,4% i.a.). Esta situación generó un incremento de las compras al exterior en lo que va del año del orden de 17,6% i.a. Este crecimiento es sostenido desde la eliminación de los controles cambiarios, motivo por el cual resulta interesante comparar los niveles actuales con los del máximo alcanzado en 2011 (previos al cepo).

De esta manera, con el crecimiento de las cantidades importadas de los últimos dos años (+15,4% si se comparan los volúmenes actuales con los de igual período de 2015), no sólo se consiguió superar los niveles que se fueron recortando desde la imposición del cepo, sino que además superó los valores previos. De hecho, las cantidades importadas en los primeros nueve meses del año se encuentran 4% por encima de igual período de 2011.

El atraso cambiario, la eliminación de restricciones a las compras externas y la recuperación del nivel de actividad favoreció el proceso de expansión de los volúmenes importados de bienes. En lo que va de 2017, los usos económicos de bienes que mayores alzas registraron fueron los vehículos de pasajeros (+41,2% i.a. en cantidades), pero también lo hicieron los bienes de capital (+17% i.a.) y los de consumo (+14,8% i.a.).

Como resultado de esta importante recuperación, en todos los rubros los niveles son superiores a los de los primeros nueve meses de 2011. Por caso, cuando comparamos las cantidades de bienes de consumo, estos se encuentran 15,3% por encima del nivel de 2011, y en el caso de los automotores, 13,4%. Por su parte, las compras de bienes intermedios y de capital, asociadas a la inversión, también superan los volúmenes pre-cepo pero con incrementos más moderados (+5% y +2,8% en relación al 2011, respectivamente).

 

¿Cómo reducir el desequilibrio comercial?

Es lógico que en un contexto de mayor apertura comercial y crecimiento de la economía, las cantidades importadas experimenten un importante crecimiento. Si bien es necesario evitar que haya una sustitución masiva de producción local por bienes producidos en el exterior, debe continuar avanzándose en una inserción estratégica dentro del intercambio mundial.

La mayor preocupación en lo que respecta al frente externo, por lo tanto, viene de las exportaciones: las mismas representaron poco más de 19% del PBI en el primer semestre (tomando bienes y servicios a precios constantes de 2004), cuando en la primera mitad de 2011 representaban 21,6% del producto.

Tras las elecciones legislativas, el gobierno lanzó diversos proyectos de reforma (ya se conoció la reforma tributaria y se encamina a hacer lo mismo con la laboral y previsional). Entre otros objetivos, ambos apuntan a fomentar la inversión y mejorar la competitividad de la economía. Sin duda, la intención es resolver diversos problemas estructurales de la economía y tienen un impacto sobre el sector transable de nuestra economía.

Las mejoras institucionales, las reformas estructurales y la apuesta por modernizar la infraestructura y bajar los costos logísticos, son medidas que ayudan a mejorar la competitividad no cambiaria en el mediano/largo plazo. Sin embargo, ello no compensa el deterioro actual del frente externo producto de la profundización de la apreciación real de la moneda. Por el momento, el endeudamiento externo permite sortear la restricción externa, pero existe el riesgo de que este se frené antes de que la economía haya mejorado su competitividad no cambiaria generando un nuevo ciclo de Stop & Go.

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Impuestos a la riqueza deberían sustituir Ingresos Brutos

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El Gobierno nacional finalmente dio a conocer los lineamientos de su propuesta de reforma tributaria. Entre los puntos que quedan abiertos está el que se refiere a los impuestos provinciales. El principal desafío es inducir la eliminación o reducción del Impuesto a los Ingresos Brutos y a los Sellos. Para que esto sea posible es clave una estrategia coordinada para compensar la reducción con aumentos en los impuestos a la propiedad donde actualmente se recauda muy poco.  
Las autoridades económicas nacionales presentaron los lineamientos de lo que será la reforma impositiva que el Gobierno presentará al Congreso Nacional. Uno de los aspectos más relevantes que queda pendiente es revisar los impuestos provinciales. La prioridad es reducir la incidencia del Impuesto a los Ingresos Brutos y Sellos. Se trata de tributos muy rudimentarios que crecieron significativamente en la última década en todas las provincias, procurando compensar la fuerte apropiación de recursos a nivel nacional.
Del total de la presión impositiva nacional y provincial, que asciende a 31,3% del PBI, las provincias recaudan 5,2 puntos porcentuales. En promedio, la recaudación de las provincias se explica en un 76% por Ingresos Brutos, un 20% por impuestos a la propiedad y un 3% por otros tributos. Estas proporciones ponen en evidencia que el Impuesto a los Ingresos Brutos está siendo el pilar de la autonomía financiera de las provincias. Consecuentemente, cualquier cambio requiere activar una fuente alternativa de recursos.
De cara a este desafío, resulta pertinente evaluar la potencialidad de los impuestos a la propiedad. Según datos del Ministerio de Hacienda y la OECD, se observa que:
  • Las provincias argentinas recaudan a través de los impuestos a la propiedad el equivalente al 1,1% del PBI.
  • En los países de la OECD estos tributos aportan el 1,9% del PBI.
  • En los países desarrollados los impuestos a la propiedad recaudan 2,4% del PBI.
Estos datos muestran que las provincias recaudan relativamente poco con los impuestos sobre la propiedad. Se trata de una importante debilidad del sistema tributario ya que estos tributos son los que contribuyen a mejorar la distribución del ingreso y tienen un impacto menos distorsivo sobre la producción y la generación de empleos. El aspecto alentador es que la comparación con otros países señala que existe un amplio margen para aumentar su recaudación. Si se toma como referencia a los países más desarrollados, se podría aspirar a duplicar la recaudación de los impuestos a la propiedad.
Algunas provincias, como Buenos Aires y Córdoba, plantearon avanzar en este sentido el año próximo como forma de compensar la reducción en Ingresos Brutos y Sellos. Pero se trata apenas de un primer paso. Se necesita coraje político y capacidad técnica para abordar la sustitución de impuestos distorsivos por tributos sobre la riqueza. Hay que tener en cuenta que Ingresos Brutos y Sellos resultan fáciles de recaudar desde el punto de vista administrativo y muy amigables desde el punto de vista político ya que pasan inadvertidos para gran parte de la población. Por el contrario, los impuestos a la riqueza son complejos de gestionar y recaen de manera explícita sobre los segmentos medios y altos de la sociedad generando muchas resistencias y rechazos.
Para profundizar y extender al resto de las jurisdicciones lo que por ahora aparece como un cambio incipiente es clave un rol activo del gobierno nacional. Por un lado, debería eliminar el Impuesto a los Bienes Personales, que hoy recauda la Nación, para permitir que las provincias sean las únicas responsables de administrar los impuestos al patrimonio. Por otro lado, debería inducir la modernización del catastro y lograr que opere de manera homogénea en todo el país (similar a lo que ya existe para el caso de los automotores). Tercero, es clave que las provincias tengan acceso a información fidedigna y actualizada sobre los activos financieros propiedad de sus habitantes.
Además de racionalizar el sistema impositivo nacional y comenzar a desarticular la fuerte centralización de recursos, es muy importante incorporar en el debate el replanteo de los impuestos provinciales. Se trata de un desafío arduo ya que obliga a salir de la zona de confort en la que se cayó en la última década a través de un abusivo crecimiento de impuestos rudimentarios pero fáciles de cobrar. En paralelo, priorizar, como lo hacen las sociedades más avanzadas, los impuestos sobre los patrimonios que tienen una incidencia social mucho más progresiva y un impacto mucho menos distorsivo sobre la producción.
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Acceda al informe desde nuestro sitio web www.idesa.org o descargue la versión en word.
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Gortari: “El número de graduados creció más que la matrícula en la Universidad Pública”

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En el Centro Cultural Kirchner, uno de los sectores apuntados para “mejorar la eficiencia” y reducir el “gasto público”, fue la universidad pública. El presidente Mauricio Macri cuestionó que haya crecido la oferta académica y el número de docentes y no docentes, aunque no en la misma proporción el número de egresados.

La mirada de la universidad es otra. El rector de la Universidad Nacional de Misiones, Javier Gortari, advierte que el ajuste “no puede pasar por la educación” y explica que el Presidente dio algunos datos “parciales” sobre el estado de la universidad.

“Es cierto que aumentó el número de universidades, no está asociado al crecimiento de la matrícula, que también creció en forma importante, pero también creció el número de graduados. Creo que ese es el dato más polémico o fallido del Presidente. Los graduados de la Universidad crecieron entre 2013 y 2015 mucho más que la matrícula y los datos están en el ministerio de Educación de la Nación. El porcentaje de graduados creció 60 por ciento, cuando la matrícula aumentó 40 por ciento”, explica Gortari en una entrevista con Economis.

“Si es cierto que el Presupuesto universitario creció mucho y eso fue a recomposición salarial, pero estamos comparando con 2001 y 2002, cuando los salarios se derrumbaron. Hubo una recomposición salarial importante, para llegar a los sueldos que son relativamente buenos ahora, con una canasta básica para el sueldo testigo, que es un ayudante de primera semi exclusivo”, enumera.

¿No son elevados los sueldos universitarios?

No. Lo que si es cierto es que crecieron los sueldos y cantidad de docentes y no docentes. Pero eso vino a resolver un déficit que se gestó en los 90. Lo que hicimos fue recuperar, posicionar y mejorar, con una política de Estado, además, la situación de la universidad, con más carreras, edificios nuevos, lo que significa mantenimiento, gastos de funcionamiento. La mayor matrícula significa más clases y más profesores. Es una correlación con lo que pasó en el nivel primario y secundario, donde aumentó la matrícula y la graduación. Todo eso lo recibe la Universidad. Hicimos la cuenta ahora con la evaluación de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, que de los nueve mil graduados en secundario de la provincia, casi seis mil ingresan a la UNaM. Es cierto que tenemos un problema, que también se discute en países como Francia, que es que de esos ingresos, la mitad abandona a la mitad del primer año. Entonces, el índice de graduación es bajo. Pero viene creciendo.

 

¿Le molestó que la educación se vuelva a poner como variable de ajuste?

Creo que la discusión es más profunda. ¿Por qué nos estamos planteando que hay déficit y la educación puede ser una variable?, Para que exista ese déficit, le liberamos de pagar impuestos a uno de los sectores mejor acomodados del país, que es el agronegocio. Entonces estamos mezclando peras con manzanas. Entiendo lo del déficit, pero tenemos que pensar que un país vendiendo soja está condenado al subdesarrollo. Y en un país que vende soja, sobran 20 millones de argentinos. Si pensamos en un país para todos, integrado, como decía el Presidente en el discurso, que yo acompaño eso, “que todo el mundo trabaje, que se acabe la joda, que paguen las corporaciones, que el que roba vaya preso”. Con lo que estamos todos de acuerdo.  Pero fuera de eso, hay que tener una hipótesis de desarrollo nacional, provincial, regional y eso se hace con ciencia y tecnología asociada a la producción.

 

El ajuste no debe ser educativo…

El ajuste no debe pasar por la educación. Pero para compensar el discurso del Presidente, hay que decir que el presupuesto que manda Nación no es malo en general, son 103 mil millones de pesos. Atiende el funcionamiento actual del sistema. Pero tiene déficits para desarrollo y crecimiento. En el caso de la UNaM, que tiene 40 años, no le afecta tanto, porque tiene un funcionamiento estable. El problema lo tienen las 19 universidades nuevas. Las que tienen menos de diez años, porque tienen que incorporar docentes, cursos nuevos, aulas nuevas. Pensemos en la Universidad del Alto Uruguay, el año que viene va a necesitar docentes para dar clases. El 2019, más docentes para segundo año y así. Ahí hay un ruido. El Presidente se refirió, creo que con algún fundamento, a que hubo un exceso de creación de universidades. El Consejo Interuniversitario Nacional puso en cuestionamiento en su momento a varias de esas universidades, aunque su dictamen no es vinculante. El CIN dijo que lo más sensato para la UNAU hubiera sido que sea atendido por la UNaM. Pero en el Congreso se decidió otra cosa, con una lógica que tiene un anclaje relativo en las cuestiones de eficiencia educativa y más en lo territorial. Eso hace que, con todo el respeto que me merecen los puntanos, en San Luis haya tres universidades nacionales con 400 mil habitantes. Nosotros deberíamos tener por lo menos dos más. Desde ese lugar, hay que revisar la lógica de creación de nuevas universidades con algún criterio más fundamentado en términos educativos.

Hace unos días la ministra de Educación de Misiones sostuvo que la calidad educativa no puede medirse sin perspectiva…

Pensemos. Coincido absolutamente. La calidad hay que mirarla en proceso. Deberíamos tender a mejorar todos los años, permanentemente esa calidad. Pero no se puede comparar poblaciones que vienen con déficits culturales y materiales importantes, desde que no comen bien cuando son chiquitos, hasta que no tienen libros en su casa, que la de Conectar Igualdad fue la primera computadora en su mano, cuando tenés en la Capital Federal con el distrito más rico del país, donde la mayoría tiene un nivel de vida superior. Los jóvenes que vienen de allí, tienen condiciones relativas muy diferentes a  la de los jóvenes que tienen un padre tarefero o de la chacra. Con todo respeto.

Que además muchos son de primera generación universitaria…

Es la primera generación que llega a la Universidad, con todo lo que eso significa en términos simbólicos, culturales y sociales. Sin desmerecer para nada al tarefero o al chacarero, que son los que financian la universidad. Pero las posibilidades reales de ese chico de sostenerse económicamente, que para eso hacemos un gran esfuerzo en comedores, albergues, la Provincia con el Boleto Estudiantil Gratuito… Hay que sostener a un joven en la ciudad. Eso limita e hizo que nos planteáramos el desafío para que efectivamente la educación universitaria sea un derecho y  una oportunidad, esto de ir al interior con otras sedes.

¿Y cómo estamos en calidad?

Se avanzó mucho en el sistema. Hemos tenido la comisión nacional de Evaluación Universitaria. Tuvimos el informe final de evaluación hace unos días. Las distintas carreras de interés público, como ingeniería fueron las primeras carreras en acreditar. Pero acreditaron todas las del país, Buenos Aires, Jujuy y Misiones. La Coneau evaluó los estándares de las carreras. A las que estaban bien, se le dio una acreditación por seis años, a las otras, acreditación de tres años, con plan de mejora.

Tenemos una dificultad, que es el hándicap de arranque, en comparación a Buenos Aires, donde hay 400 años de historia universitaria, equipos, recursos. Acá tenemos una historia de 500 años, pero distinta. Pero en los contenidos y nivel alcanzado, estamos parejos en el ámbito nacional. Tenemos el mismo nivel. Tenemos casi 200 becarios de la UNaM en el Conicet haciendo doctorados. Hay buen nivel, pero los tenés en los graduados, que son entre 900 y mil por año, contra cinco o seis mil que ingresan, lo que da un porcentaje bajo. Hay que mejorar eso.

¿De qué manera?

Aprobamos un programa de articulación con Educación de la Provincia para trabajar en el proceso educativo que desemboca en la universidad. Hay que trabajar mucho con el estudiante y con el docente. La dinámica educativa ha sufrido muchas transformaciones, con la tecnología que ha llegado para quedarse. La responsabilidad de que el chico tenga una buena educación y pueda graduarse es del docente. Hay que invertir la prueba de la culpa. El docente tiene que hacerse cargo de la responsabilidad que tiene como trabajador del Estado, de garantizar que el trabajo que le han encomendado, sea cumplido.

 

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Segundo semestre

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El paquete de reformas anunciado por el presidente Mauricio Macri es un manual de buenas prácticas al que es difícil resistirse. Achicar el déficit, controlar la inflación, generar empleo y bajar la pobreza. Recortar el gasto de la política y generar condiciones para la inversión. Parece un decálogo de campaña. ¿Es la reelección en 2019?  ¿Es la preparación del terreno de una segunda etapa de Cambiemos? ¿El famoso segundo semestre? Arropado por el resultado electoral que le regaló un domingo victorioso, el Presidente se muestra robusto y comienza a rodearse por quienes saben interpretar mejor el momento. El mejor equipo cambia piezas pero los que ingresan son más fieles al estilo M. Luis María Etchevehere pega el salto de la Sociedad Rural al ministerio de Agroindustria, en un nuevo capítulo de “atendido por sus propios dueños”.

Es un macrismo potenciado que proyecta reformas de fondo y de largo plazo vestidas de conceptos con los que nadie puede estar en desacuerdo. Un país sin corrupción, con pleno empleo y sin pobreza son frases que no pueden faltar en un buen discurso político.  El enorme paquete de reformas ocupará la atención política durante los próximos meses y permitirá al Gobierno estar en el centro de la escena, atizando a quienes “pongan palos en la rueda”. He aquí la primera trampa. Quien cuestione algún punto podrá ser inmediatamente acusado de cómplice del atraso. Y el Gobierno podrá decir que intentó todo por las reformas de fondo y no le dejaron.

La letra chica es un poco más compleja. Y obliga a análisis minuciosos. Muchos de los cambios que se proponen no son inmediatos, sino que tendrán efecto en cuatro o cinco años. Podrá buscar así el Presidente la ratificación del modelo. El “ahora sí” del 2019.

Sin embargo, aunque parezca obvio, ninguna reforma garantiza crecimiento económico ni creación de empleo. Los 90 fueron plenos de desregulaciones y paquetes pro ganancias empresarias. La Alianza adornó una reforma laboral bastante más light que la que ahora se pretende imponer. Los resultados, como muestra la historia reciente, no fueron de lo más alentadores. La desocupación superó la barrera del 20 por ciento y la pobreza alcanzó a más del 60 por ciento de la población.

La receta es tan similar que el propio radicalismo, responsable de aquella alianza y socio menor en ésta, se ruboriza y los sectores más progresistas amenazan con no aprobar la nueva flexibilización laboral. “¿Han visto los términos del proyecto de reforma laboral? Es imposible que la UCR acompañe muchos de sus artículos”, escribió desde su cuenta de Facebook, Ricardito Alfonsín.

Y luego volvió a insistir con la poca participación de su espacio en las políticas de Cambiemos: “La UCR debe aclarar que no participó y nada tuvo que ver en la elaboración del mismo. No puede pasar ni un día más sin que la sociedad lo sepa. Además, por lealtad con los aliados, debemos sugerirle que lo revean. No sólo es injusto, es un remedio peor que la enfermedad”.

No es la única queja. El sector más conservador del radicalismo se siente cómodo en su papel secundario, que le permite comer de la misma mesa. Pero algunas voces se animan a desafiar el poder presidencial y hacen crujir los acuerdos.

El veterano dirigente y ex gobernador de Misiones, Ricardo Barrios Arrechea, padrino de varios de los principales ganadores dentro de Cambiemos, cuestionó el show mediático montado como la ejecución de penas que entusiasmaba al vulgo de la edad media, que tiene como víctimas únicamente a presuntos corruptos monocromáticos. “Como si la coima fuese un acto unipersonal, siguen cayendo los del gobierno K en soledad; y la contraparte…!!  Para bailar un tango hacen falta dos y para la coima también. Seguir así nos hará pensar en una vendetta y no en un acto de justicia”, alertó Don Cacho.

Se refería a la detención de Amado Boudou, el ex vice que recién puede entorpecer ahora una causa que se inició hace casi una década. La lógica binaria de Barrios Arrechea es brutal: por cada corrupto, debe haber un corruptor. Por cada bolso de López, un empresario pagó una coima. Pero solo se habla del ex funcionario y de las monjas.

La Justicia aporta su cuota necesaria de dramatización. Cada pieza del rompecabezas se mueve convenientemente cuando es necesario con algunas paradojas llamativas.

 Por ejemplo, Claudio Bonadío, apartado de la causa por encubrimiento del atentado a la AMIA, investiga hoy a la ex presidenta Cristina Fernández, por… encubrimiento. El juez Ariel Lijo fue denunciado hace unos días por “cajonear” causas. A las horas ordenó detener a Boudou sin siquiera tomarle declaración indagatoria. Es el mismo que tiene la causa del Correo Argentino que tiene como denunciado al propio presidente Macri y otros funcionarios del actual gobierno que siguen cómodamente en sus despachos. Tiene razón Don Cacho. Se parece demasiado a una vendetta, que tiene poco de republicanismo.  

Pero volvamos a las reformas. “Los impuestos que bajan son pocos y en cuotas y los que aumentan son muchos y al contado”, definió el contador Alejandro Haene, conocedor de temas impositivos y directivo de la Confederación Económica de Misiones.

El especialista enumera varias cuestiones que pueden terminar afectando aquello que se dice combatir, como la falta de competitividad.  “Las rebajas de impuestos son graduales, a alcanzarse en un plazo de cinco años. En cambio, los gravámenes que suben, suben ahora mismo. Por ejemplo, observemos la suba del 0 a 9% de impuestos internos en el caso del vino. Ahí tenés un impacto en 16 provincias productoras, son unos 20.000 productores alcanzados y al menos unas 100 bodegas. Ese incremento va a ir a precios. Así que lo van a terminar pagando todos los consumidores de vino”, explica.

Y va al detalle. “En cuanto a la supuesta rebaja de aportes patronales para sueldos de hasta 12.000 pesos. Para Misiones no habrá un alivio”.

“Porque hoy la alícuota general de aportes patronales es el 17% en el caso de las Pymes y – una total incongruencia-, cuando superas un determinado nivel de ventas tenés que pagar el 21% de aportes patronales. Esto significa un 4% más que anualizado suma y mucho.El proyecto dice que va a haber una suerte de Mínimo no Imponible sobre los que no se va a tributar aportes patronales pero es muy gradual. Para 2018 será de 2.400  pesos (a partir de ese monto, el salario paga aportes). Al año siguiente ese MNI será de $4.000 y llega a $12.000 recién en el 2022. Ahora bien, en paralelo los sueldos habrán de aumentar, si proyectamos en el 2022 ese Mínimo No Imponible se va a equiparar al actual nivel de los $2.400. Y acá viene el punto negativo para la provincia. Existe el 814/01 que pocos conocen y que permite descargar parte de los aportes que pagan las empresas a cuenta de IVA y beneficia a las firmas que están más alejadas de la Capital Federal. Ese decreto que beneficia en mayor o menor medida a todas las empresas extra CABA que si el proyecto prospera dejaría de tener vigencia. Por ejemplo, una empresa del interior de Misiones que paga $100.000 de masa salarial tiene un 10,70% de crédito fiscal extra en el IVA. Esto son $10.700 que pasa a perder. Porque al decir que todas las provincias deben tener el mismo costo en cuanto a aportes patronales se refiere, directamente les quitaría competitividad las empresas cuanto más lejos estén de CABA”, desmenuza.

La reforma laboral tiene otra perla a la brasileña. Además de la flexibilización y la quita de una serie de derechos, se agrega el detalle de que los mismos empleados aportarán para su fondo de desempleo.

El auditorio elegido por el Presidente para presentar sus reformas fue seleccionado minuciosamente. Gobernadores, algunos sindicalistas, rectores, legisladores y un reducido grupo de empresarios. A cada uno le fue dirigido un pequeño fragmento del mensaje. Cada uno debe ceder, dijo Macri. Pero algunos ceden más que otros en el proyecto. Fueron varios los que consideraron que el Presidente los sometió a una humillación inmerecida. Todos fueron puestos en la misma bolsa de malgastadores seriales. Casi como recibiendo un reto. 

El gobernador Hugo Passalacqua apeló, como siempre, a un mensaje mesurado: “Siempre es saludable dialogar y compartir ideas y voluntades, pero siempre estaremos en defensa del interés legítimo de los misioneros“.

La reforma “gradual a 5 años” prevé compensar la baja en las alícuotas de impuestos con mayor crecimiento de la economía de manera que la recaudación no caiga o lo haga levemente. Primer punto: hay que ver si la premisa del crecimiento de la economía (a esa tasa prevista) se cumple para no desfinanciar a la Nación y a las provincias.

El otro eje es que implementa pagos a cuenta de impuestos llamados “distorsivos” pero se perjudica a las provincias. Por ejemplo permite computar impuesto a los débitos y créditos a cuenta de Ganancias. Entonces la Afip sigue recaudando impuesto a los créditos y débitos que sólo coparticipa el 30 por ciento y deja de recaudar Ganancias que coparticipa el 64 por ciento.

En cuanto a los impuestos provinciales, la Nación plantea reducir a la mitad Ingresos Brutos, Sellos y eliminar “aduanas interiores”. Reducir Ingresos Brutos a la mitad en cinco años implica una reducción anual de 10 por ciento, por lo que la economía debería crecer en esa misma línea para no desfinanciar a las provincias. Algo imposible que ocurra. Es muy ambicioso y difícil de aplicar.

Buenos Aires, por ejemplo, envío su reforma impositiva pero con una baja para el año que viene de 5 por ciento y aun así es mucho.

Los especialistas indican que no se puede tratar por un lado el déficit fiscal y por otro una reforma impositiva que implicará una merma de recursos tanto para la Nación como para las Provincias.

Presionar a las provincias para que reduzcan los Ingresos Brutos por un total de 200.000 millones de pesos, implica un esfuerzo fiscal muy grande y más aún para las que ya sancionaron sus presupuestos como el caso de Misiones. Son las provincias las que se hacen cargo de servicios esenciales, como educación, salud y seguridad. Y a cambio de “incentivar inversiones”, con una baja de impuestos, no reciben más que una difusa promesa de derrame a futuro. Esa teoría tuvo su auge en los 90. Fracasó rotundamente.

Además, en la reforma no hay siquiera una compensación vía coparticipación o un “premio” a las que administran bien sus recursos y gastan poco. Misiones está en el puesto 19 en términos de distribución per cápita, pero es la octava economía del país. Tiene un crecimiento poblacional por encima de la media y se encuentra en el puesto 9 en cantidad de habitantes.

En paralelo, sería un suicidio hacer modificaciones impositivas hasta tanto no se resuelva la demanda de María Eugenia Vidal para engordar el Fondo del Conurbano Bonaerense con dinero que hoy reciben las provincias. Misiones resignaría 3000 millones de pesos. ¿Cómo se sostiene sin recursos propios?

El senador electo por Cambiemos, Humberto Schiavoni, promete que “nada será por imposición” y reconoce que la política fiscal es potestad de cada provincia. Y asegura que el paquete de medidas “va a beneficiar” al interior a través de la creación de empleo y la llegada de inversiones.

Los legisladores de la Renovación ya advirtieron que no aprobarán ninguna medida que implique una reducción de recursos para Misiones, incluido, Ingresos Brutos.  

La sociedad, claro, aplaude los ejes de la reforma. Difícilmente puede uno oponerse a los principales puntos. El problema es donde se pone el acento a la hora del ajuste, mientras por la otra ventanilla, el endeudamiento y el déficit siguen creciendo a ritmo constante.

Achicar el gasto de la política es un objetivo al que todos deben adherir. Pero no se debe confundir esto con un achique de “la política”.  

La política depende de quién arma su frase. Algunos la ponen como algo malo, ligado a la mala gestión, a lo que no está, o lo que no se hizo o se hizo mal, eso está vertido como que eso es la política. Pero la política también está en lo que hablábamos, en la escuela de Robótica, en rutas, en caminos, en la reducción de la mortalidad infantil. De mil y pico de nenitos que se morían en la provincia, hoy se mueren 100. Esa es la política”, analizó el vicegobernador Oscar Hererra Ahuad en una entrevista con Economis.

Menoscabar la política en pos de las inversiones y el desarrollo de los negocios no es más que una receta de la vieja ortodoxia. Los resultados no han sido buenos hasta acá. ¿Por qué cambiarían si se aplica la misma fórmula?

 

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Que dijo cuando dijo lo que dijo (los anuncios del Presidente y su impacto) – Primera Parte

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. El 30 de octubre el presidente Mauricio Macri, muy fortalecido por las elecciones legislativas en las que, de la mano de las primeras evidencias de los tan ansiados brotes verdes, logró revertir el resultado de las PASO que, luego de un ajustado triunfo de la ex presidenta Cristina Kirchner le dio ganador a los candidatos oficialistas en el distrito más grande del país.

Entre los primeros respaldos del mercado recibió una mejora en la calificación de la consultora Standard and Poor´s que implicaría una mejor performance de la Argentina tanto para recibir créditos más baratos como para atraer inversiones en el futuro.

Sintiéndose respaldado por la decisión soberana y por los mercados, el presidente anunció una serie de reformas estructurales que pasaremos a detallar y analizar con sus probables consecuencias:

1 –  Tenemos impuestos demasiado altos:

Efectivamente como lo muestra el grafico la presión tributaria en la Argentina ha crecido constantemente en los últimos años, pero veamos a nivel internacional ¿cómo estamos?:

Podemos decir que tenemos más presión tributaria que Estados Unidos y similar a Canadá y Brasil pero por debajo de la media de los países europeos.

Aquí conviene hacer algunas aclaraciones:

1 – No quiere decir que pagamos más impuestos que Estados Unidos. De hecho la recaudación del país del Norte supera en varios miles de millones a la Argentina, lo que dice el dato es que el porcentaje del ingreso de los contribuyentes destinado al pago de impuestos es menor en el norte que acá.

2- La presión tributaria alta también puede deberse a que el ingreso del país es bajo y los gastos del Gobierno, principalmente en contención social tienden a ser rígidos y crecientes. Esto es típico de países subdesarrollados. No es que se cobra mucho, pasa que el ingreso de los contribuyentes es bajo y por ende, el porcentaje destinado al pago de impuestos es alto.

3 – Analizar solo el pago de impuestos es incompleto, de hecho como vemos en el grafico precedente, países como Islandia (con el 51 % de presión tributaria) Finlandia o Suecia que superan ampliamente el 40 % de presión no tienen a sus ciudadanos descontentos o en rebeldía fiscal. Por el contrario como los servicios que le brinda el Estado son considerados como los mejores del mundo, los contribuyentes pagan con gusto y no tienen que contratar servicios privados por deficiencia de los estatales (principalmente en Seguridad, Salud o Educación). O sea que la cuantía de los impuestos hay que medirla también con la cuantía y calidad de los servicios que brinda el Estado.

A partir de lo señalado podemos afirmar que sí, los impuestos en la Argentina son altos y hay que bajarlos, pero surge un inconveniente para esto y lo mostramos en el gráfico siguiente:

Si bien es cierto que el Ministro de Hacienda viene anunciando con bombos y platillos el sobrecumplimiento de las metas fiscales, o sea achicar el déficit, éste siempre se refiere al déficit primario. Este detalle no es menor ya que la diferencia sustancial entre Déficit primario y el financiero son los intereses de la deuda pagados y desde que en el 2016 se reemplazó la forma de financiar al Estado (nuevo paradigma) cambiando emisión monetaria por endeudamiento, que va a tender a crecer por el aumento de los intereses.

Tampoco se incluye el costo de bajar la inflación vía LEBACS que en promedio le cuestan al Banco Central más de 250.000 millones de pesos al año, y si le cuestan al BCRA le cuestan al país y sus ciudadanos.

Resumiendo:

Este primer análisis de las reformas gubernamentales estuvo enfocado al impacto en las Finanzas Públicas y el margen de maniobra que tiene el gobierno para poder efectuar las mismas.

Para bajar los impuestos tiene que bajar fuertemente el gasto e incluir en la cuenta el pago de intereses y los déficits cuasificales que terminan impactando de la misma manera en las cuentas públicas.

El problema está reconocido, y en esto no hay diferencias ideológicas, cuando se gasta más de lo que se gana se termina con serias dificultades, la tarea no es menor ya que no solo se pretende bajar el gasto sino también los impuestos……. le deseamos suerte, si le sale mal nos va mal a todos.

 

 

 

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