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El FMI presiona a Macri para que baje impuestos para “alentar la inversión”

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A pesar del alto y creciente déficit fiscal que preocupa a los inversores, Alejandro Werner, director del Departamento Occidental del Fondo Monetario Internacional, recomienda al Gobierno que baje los impuestos: “La Argentina tiene que ir a una reforma tributaria, que reduzca la presión impositiva sobre el sector privado y al mismo tiempo aliente la inversión”. Fue la definición más contundente de Werner, el funcionario del FMI encargado de monitorear la economía de la región.

Según el organismo, de la caída de 2,4% del 2016 la economía saltaría a 2,2% este año. Este pronóstico está bastante abajo del 3,5% que planteó el Gobierno en el Presupuesto 2017. En dos semanas el FMI divulgará las nuevas estimaciones para la economía global durante la reunión de primavera que organiza en Washington.

 

Werner consideró que la inversión tendrá un repunte este año, pero que todavía será muy lento. Y una de las causas que –según expresó- impiden que la economía crezca más rápido es la elevada carga tributaria.

 

De todas formas, le faltó explicar de qué manera se pueden disminuir impuestos y al mismo tiempo bajar el déficit fiscal.

La respuesta que dan en el Gobierno a este dilema es que el crecimiento permitirá recaudar más, tapando los agujeros que podría generar esa reducción impositiva.

También enfatizó que América latina crecerá 1,2% y habría encontrado un piso. Entre los emergentes, la buena noticia es que los países que venían más flojos habrían encontrado un piso y empezaron a mejorar, como Brasil y especialmente Rusia.

 

El director del FMI para occidente cree que el Gobierno fue “muy optimista” en cuanto a la velocidad de reacción de los inversores. Aplaude el gradualismo, pero pide acelerar el ritmo antes de un eventual cambio en las condiciones financieras internacionales.

“Creemos que la inversión tardará un poco más en reaccionar de lo que anticipó el Gobierno. Además, está la experiencia de otros países que muestra precisamente eso. Somos un poco menos optimistas en la velocidad de la inversión privada. En Argentina también hay mucha incertidumbre, porque hasta hace un año y medio no habían estadísticas confiables y existía una economía con una sobrerregulación. Y hacer tantos cambios juntos genera una dificultad para hacer pronósticos. No me sorprendería si el crecimiento resultara mayor al que creíamos, pero basamos nuestros pronósticos en la experiencia internacional y el Gobierno en proyectos que saben que van a anunciar, observa de cerca al sector privado”, aseguró.

“El Gobierno debe entender que un cambio de reglas como el que llevó adelante lleva tiempo y que, para que ese proceso rinda frutos, debe ir cumpliendo cada meta que se fijó y, en lo posible, ir mejorándolas. Lo más importante es que no base su política económica en escenarios muy optimistas”, proyectó.

 
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Transferencia de ingresos y empleo por rama de actividad

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En esta nota, en base a datos del Centro Cepa, busco mostrar la ganancia relativa por sector, pero no a nivel de cantidades, sino que quiero incorporar los precios, y el resultado en el ingreso relativo entre sectores. La hipótesis es que durante 2016 hubo un cambio de precios relativos muy poderoso a favor de actividades de bajo derrame (agro, servicios regulados, bancos). De este modo no vamos a ver si mejoran las cantidades de cada sector, sino que vamos a tener una idea de qué sectores ganaron más en la relación entre precios y cantidades, o sea cómo está funcionando la relación entre precios, cantidades y mejora relativa de ingreso económico por sector.

Repaso tres cosas: la variación del valor agregado bruto nominal por categoría seleccionada del PBI (ver gráfico), la variación constante para analizar su dinámica real (ver gráfico 3), y el empleo registrado por rama (ver gráfico). Con estas tres cosas, apunto a mostrar en pocos párrafos el tránsito de la reconversión productiva en la Argentina. 

Para que se entienda la idea, veamos un par de sectores, leídos a la luz de estos datos. El agro mejora su VAB corriente entre 2016 y 2015 en 73,7%, mientras que en precios constantes (sólo cantidades) tuvo una caída de 5,5%en dicho lapso. Esto hablaría de una mejora en las ganancias relativas del sector frente al resto de los sectores, pero con menos producción final (acá también juegan los precios implícitos, en este caso vinculados con fuerza a la devaluación y la quita de retenciones). El agro refleja una mejora en empleo registrado entre diciembre de 2016 y diciembre de 2015 de 5.738 empleos, lo cual le ayuda a mejorar los niveles de empleo de 2015, pero no el de los años 2010 a 2014. 

En el caso del comercio, el empleo mejora en 10.000 ocupados registrados, mientras la caída real del sector fue del orden de 2,4% y sus ingresos nominales subieron un 36,0%, apenas por debajo de la inflación que fue de 39,6%. Así y todo, estos 10.000 empleos son sólo el 0,9% del empleo de esta rama. 

La industria manufacturera merece una mención especial. Por varias razones. El sector industrial es fundamental para el crecimiento de la Argentina, sobre todo si se quiere que ese crecimiento derrame en otras variables como empleo, inclusión, salario, producción, exportaciones. El empleo industrial es la locomotora de la organización sindical, cuanto más industria hay en la Argentina más fuerte se hace el movimiento obrero. Cuanto más fuerte es el movimiento obrero, mejor es el salario real de toda la población asalariada. Cuanto mejor es el salario real, mayor es el consumo y eso aumenta el empleo en un círculo virtuoso (la contracara de esto es el aumento en la necesidad de dólares, cosa que ya vimos en otras ocasiones).

Entonces la industria, como decía, cayó en términos de su valor agregado bruto real (o sea, en cantidades) 5,7%, respecto del valor agregado bruto en precios corrientes (o sea, su producción valorizada) subió un 31,7%, casi 8 puntos debajo de la inflación. De este modo, expulsó empleo en 47.679 trabajadores (-3,8%). Lo que representa la mayor caída desde el año 2002 (-4,8%). Vinculado a la caída industrial, también existió en 2016 una caída real de la construcción de 11,3%, lo que tiene impacto, asimismo en el sector industrial. 

La intermediación financiera, ganó en términos nominales, durante 2016 un 54,8%, muy arriba de la inflación en más de 15 por ciento. Así y todo cayó en la medida real en 3,8%. Con esta combinación ganó menos de 0,6% de empleo.

En base a lo anterior, se puede ver que hay mejoras nominales en los sectores ganadores: el sector agropecuario, beneficiado con la devaluación y la quita de retenciones, el sector de servicios regulados (electricidad, gas y agua, +1,4% real), beneficiado con nuevos precios y la desregulación (dada de hecho por transferir al usuario el peso de la tarifa), la pesca y la intermediación financiera, está última beneficiada por un modelo de especulación y valorización, forman parte del selecto grupo de ganadores en términos de ingreso.

El problema de fondo es que las actividades que están ganando no sólo casi no derraman, cuando lo hacen, ocurre que estas actividades, por su transnacionlización y financiarización, pueden ganar incluso en ciclos de fuerte caída. Entonces dichas actividades no traccionan un cambio endógeno hacia un mayor crecimiento, y si a ello se le suma un Estado que no aplica regulación para que la transferencia de ingreso entre sectores tenga alguna consecuencia positiva, lo que se consolida es un capitalismo en Estado de naturaleza, donde el hombre (el rico) pasa a ser el lobo del hombre (todo el resto).

No sólo eso, a partir de estos datos, en los que se verifica una mejora en el ingreso, pero no en las cantidades producidas, de la mayoría de los sectores, también se puede suponer que existe una concentración importante al interior de cada sector que también resulta en un nuevo desbalance social y económico entre el poder las grandes empresas y los derechos de los consumidores.

Gráfico 3: variación de cantidades por rama de actividad, sobre valores anuales en precios constantes de 2004. 

Publicado por Centro Cepa originalmente aquí: http://www.diagonales.com/3771-Transferencia-de-ingresos-y-empleo-por-rama-de-actividad.note.aspx

Y reproducido aquí: http://rambletamble.blogspot.com.ar/2017/04/sin-derrame.html 

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El mercado eleva pronóstico de inflación al 21,2% para 2017

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El Relevamiento de Expectativas Económicas (REM) de marzo, elaborado por expertos privados a instancias del Banco Central (BCRA), elevó de 20,8% a 21,2% la perspectiva para el IPC-GBA del corriente año, de acuerdo con la información difundida esta tarde por el ente monetario.

“Los participantes del REM revisaron al alza sus pronósticos de inflación del nivel general del IPC-GBA para 2017 (de 20,8% en el relevamiento anterior a 21,2%), mientras que la inflación esperada para los próximos 12 meses cayó de 19,5% en febrero a 18,9% en marzo”, señaló un comunicado del BCRA.

Por otra parte, en el relevamiento de marzo se elevaron las proyecciones de la tasa de política monetaria y se redujeron las expectativas de tipo de cambio nominal y de crecimiento económico para este año.

Las proyecciones de los analistas indican que la tasa mensual de inflación minorista medida a través del IPC Nivel general para el Gran Buenos Aires (GBA) sería de 1,9% en abril, reflejando la corrección esperada de precios regulados, y luego disminuiría a 1,6% en mayo, 1,5 en junio y hasta 1,4% desde agosto.

Respecto al REM de febrero, la proyección de inflación mensual disminuyó 0,1 puntos porcentuales para el mes de abril y se elevó en igual cuantía en mayo, en tanto que se mantuvo constante para los demás períodos mensuales relevados.

En lo que hace a la denominada Inflación-Núcleo, aquella que mide la evolución de los precios con la excepción de los regulados (tarifas de servicio públicos) y de los que experimentan significativos cambios estacionales, no se registraron mayores variaciones en el REM de marzo respecto al de febrero.

Así, el Relevamiento confirmó la proyección de variaciones mensuales del IPC-GBA núcleo de 1,5% en promedio para los próximos seis meses e implícitamente de 1,3% promedio mensual para el último trimestre de 2017.

Con respecto al REM de febrero, la inflación núcleo mensual esperada experimentó cambios marginales, con un sesgo a la baja por la corrección de -0,1 puntos porcentuales en la inflación núcleo esperada para junio.

También hubo una importante corrección en las expectativas sobre la evolución de la Tasa de Política Monetaria, es decir, la tasa en pesos de pases a siete días de plazo, que se ubicó, para abril de 2017, en 24,8%, 0,5 puntos porcentuales por encima de lo que esperaba el REM del mes de febrero.

Los expertos que elaboran el trabajo pronostican una disminución gradual de la tasa de pases a partir de mayo, en la medida en que avance el proceso de desinflación, hasta un valor del 20% para finales de año.

En lo que hace a las perspectivas del tipo de cambio nominal peso/dólar, el REM prevé un camino de crecimiento, aunque estable, a lo largo del período relevado, por lo que el promedio esperado para los próximos seis meses se ubica entre los 15,6 y los 16,8 pesos por dólar, con modificaciones a la baja respecto del relevamiento anterior.

Para finales de este año, el dólar se ubicaría en 17,8 pesos por dólar, por debajo del pronóstico de febrero, mientras que en diciembre de 2018 se redujo a 20,1 pesos por unidad de la divisa estadounidense.

En lo que hace a la actividad económica, se estima que durante el año 2017 el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) será de 2,8%, una reducción de 0,2 puntos porcentuales con relación al pronóstico de un crecimiento del 3% reflejado en los cuatro relevamientos anteriores.

Finalmente, los analistas del mercado proyectan tasas de crecimiento del PIB de 3,2% para 2018 (sin modificaciones con relación al relevamiento de febrero de 2017) y de 3,5% para 2019 (se mantiene estable desde que se releva el período).

Cabe destacar, que el REM consiste en un seguimiento sistemático de los principales pronósticos macroeconómicos de corto y mediano plazo que habitualmente realizan analistas especializados, locales y extranjeros, sobre la evolución de variables seleccionadas de la economía argentina.

Del mismo, en esta oportunidad contó con la participación de 52 informantes (3 menos que en la última ocasión), de los cuales 29 corresponden a consultoras y centros de investigación locales, 15 entidades financieras de Argentina y 8 analistas extranjeros.

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Se enrarece el ambiente

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Las tibias señales de recuperación insinuadas en el segundo semestre del año 2016, cuando la economía creció 0.5% (1.1% anualizado), fueron seguidas de algunos indicadores todavía menos favorables durante los primeros meses de 2017 (industria, ventas minoristas, confianza del consumidor). De todas maneras, la mejora en salarios y jubilaciones en moneda constante que se daría en el segundo trimestre permitiría que éstos se ubiquen alrededor de 3% por encima del promedio observado el año pasado.

Esto ayudaría a lograr una modesta recuperación del consumo privado que, a finales de año, todavía no mostraba ningún signo en ese sentido. Al revés de lo ocurrido con el PIB mensual, el consumo privado en el segundo semestre cayó 1.4% respecto del segundo trimestre del año pasado.

Respecto de la inflación, y luego del salto observado en febrero, la tasa de marzo volvería a ubicarse alrededor del 2% mensual, un valor todavía alejado de la meta oficial. La información semanal recopilada por FIEL también muestra un aumento en la inflación núcleo, que según nuestro análisis debería desaparecer en pocos meses.

Los cambios de precios relativos bruscos (tarifas, por ejemplo) tienen un impacto negativo pero transitorio sobre la inflación núcleo, según surge de un análisis econométrico de los componentes de la variación mensual de precios.

En ese contexto, el gobierno ha anunciado algunas medidas puntuales que procuran acelerar el ritmo de recuperación: el regreso de las cuotas sin interés (a menores plazos), la simplificación de los requisitos para crear una empresa, con algún apoyo creditico para las nuevas empresas a tasas subsidiadas, o el acuerdo con el sector automotriz.

Algunas de estas medidas tienen aspectos positivos para el mediano plazo (como es el caso de la simplificación de requisitos para crear una empresa), pero en otras se utilizan desgravaciones impositivas como instrumento de política industrial, ignorando la evidencia empírica internacional y local del impacto sobre el bienestar de la sociedad de este tipo de medidas. Además, esto va en contra de uno de los requisitos que debería incluir una reforma tributaria ambiciosa que es ampliar la base imponible para poder bajar alícuotas. Así, por ejemplo, se suman a los generosos incentivos fiscales para el aumento del contenido nacional en los vehículos fabricados en el país, la también generosa desgravación de los aportes de capital a las empresas Pymes, que el Poder Ejecutivo incluyó en el proyecto de Simplificación que acaba de aprobar el Congreso Nacional.

También se han propuesto desde otros ministerios que se otorguen incentivos fiscales a la construcción de viviendas para alquiler. En ese contexto, no sorprende que el sector privado solicite más desgravaciones como la propuesta para los pagos con tarjeta de crédito en hoteles. Perforar la recaudación de impuestos vía desgravaciones de todo tipo atenta contra los objetivos de largo plazo de lograr un desarrollo equitativo porque éstas afectan negativamente la asignación de recursos y porque quienes disfrutan de la rebaja de impuestos son, generalmente, las personas de mayores ingresos. Las urgencias de corto plazo deberían resolverse sin generar daños en el mediano plazo.

 

En el conflicto con los docentes en la Provincia de Buenos Aires, la decisión del gobierno parece haber sido la opuesta. Se eligió avanzar sobre ineficiencias estructurales, como el generoso sistema de licencias, para tratar de mejorar la oferta salarial.

Está por verse si el gobierno bonaerense podrá lograr imponer su propuesta, pero sería el primer caso en el cual se ceden recursos a cambio de reformas estructurales.

En otros casos, se hizo lo contrario (devolución del 15% de la coparticipación a las provincias, devolución de los fondos retenidos por el gobierno anterior a las obras sociales sindicales, mejora en los planes sociales), lo cual generaba dudas de que el resto de los actores acuerde en algún momento una mejora en las normas que regulan su actividad.

Finalmente, los datos fiscales del primer bimestre del año deben ajustarse para poder proyectarlos a mediano plazo porque incluyen ingresos que no se repetirán en el futuro (blanqueo y algunos dentro de rentas de la propiedad) y otros egresos también transitorios (como los pagos de sentencias a jubilados dentro del programa de reparación histórica). Los ingresos tributarios “depurados” habrían aumentando 29% en el primer bimestre del año comparado con el mismo período del año anterior, mientras que los egresos primarios “depurados” lo habrían hecho 34%.

Esto revela las dificultades que existen para reducir el déficit primario estructural. La Argentina necesita cumplir sin dilaciones con su programa fiscal de mediano plazo. El cociente deuda / PIB está influido positivamente por el atraso cambiario.

El acceso al financiamiento permite hacer una corrección gradual, pero esta no puede volver a demorarse porque podría correrse el riesgo de enfrentar, primero, un aumento en los spreads y, luego, dificultades para colocar más deuda neta en un país que carece de colchones significativos en moneda extranjera.

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Cambiemos, desafiado por un nuevo tipo de movilización

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La relevancia de la Marcha del Si, el #1A en apoyo al gobierno (y “la democracia”, según las consignas de la convocatoria), aún está por verse. El gobierno nacional recibió la noticia con entusiasmo, cual señal de afirmación, tras la mala racha del mes de marzo. Pero Cambiemos no produjo esta noticia, y eso conlleva algunas dosis de incomodidad.

Algunas de las características de la marcha nos recuerdan a las grandes manifestaciones opositoras de 2012, como el 8N y sus precedentes. La convocatoria nació de usuarios de redes sociales sin rol dirigencial, se expandió gracias a la difusión de los grandes canales de televisión, y tuvo como sentimiento aglutinador al antikirchnerismo. El PRO, la Coalición Cívica y otros partidos entonces opositores se vieron beneficiados por la iniciativa, aunque tuvieron poco que ver con su organización. Sin embargo, en este caso hay una importante y obvia diferencia: todo lo anterior se mantiene, salvo que los movilizados en la calle esta vez eran oficialistas y no opositores. Como tales, tienen un derecho especial a reclamar que el gobierno preste atención a sus demandas. Son nada más y nada menos que la base electoral de Cambiemos.

No casualmente, la casi totalidad de los dirigentes del oficialismo se manifestó en contra de la  realización de la marcha. Temían que fueran pocos, y también temían que fueran muchos. Sucedió lo segundo: hubo una concurrencia importante, superior a las expectativas, que dejó en claro que el gobierno también tiene sus movilizados, y que pueden ocupar los lugares simbólicos de la política argentina.

El PRO, columna vertebral de Cambiemos, es un partido refractario a esa idea. Formalmente, su discurso sostiene que las movilizaciones en la calle pertenecen a una cultura política perimida -la de los movimientos populares argentinos, el radicalismo y el peronismo-, y que la nueva cultura política que encarna tiene otros métodos mejores para comunicarse con el votante. De hecho, dice que la cultura de la movilización es irreal: los que marchan irían por el viático y el refrigerio, y su presencia sólo expresaría el poder del billete organizador. Ahí aparecen la proximidad, el timbreo y las reuniones con vecinos como algo alternativo y superador. Y, sobre todo, la cualidad personal de Mauricio Macri, líder indiscutido del partido amarillo, de saber escuchar al interlocutor. Dijo Emilio Monzó en la mesa de Mirtha Legrand que uno de los motivos por los que el Presidente confía en él es su frontalidad: a Macri no le gustan los aduladores, le gusta que le digan la verdad.

Así y todo, esa receptividad que facilitaría el diálogo con el votante y ayudaría al dirigente a ser mejor dirigente, no es participación. La participación es un camino de ida y vuelta, que va más allá del saber escuchar. El participante tiene una cuota de poder. Entonces, si las movilizaciones peronistas son por el choripan pero este gobierno escucha, ¿qué hacía toda esa gente en la calle?

El PRO no tiene, en general, experiencia con la participación de sus bases. No organiza actos populares, no hay grandes elecciones internas para elegir autoridades o candidatos, no realiza convenciones masivas, no admite muchos afiliados. Resulta difícil de imaginar que Macri pueda perder el control de su partido. Que es una estructura pequeña, concisa, poco preparada para las numerosas demandas sociales que recibe un gobierno nacional.

Más allá de la discusión sobre la representatividad del 1A, o su grado de empatía con lo que sucede en otras capas sociales, para el PRO la segunda buena noticia fue que esta movilización de sus bases fue mansa y no elevó demandas fuertes dirigidas a sus líderes. Como si lo hizo, claramente, la marcha de la CGT del 7 de marzo. El paro general del 6 de abril es una consecuencia de las demandas expresadas en aquella oportunidad.

Pero ojo: en las redes sociales y la calle se respiró la convicción de que el 1A fue un producto propio, y que tuvo lugar a pesar de los dirigentes de Cambiemos. Aún los tuiteros organizadores de aquél 8N, como Luciano Bugallo, no adhirieron a este 1A, porque ahora ellos son dirigentes de Cambiemos y acataron la posición del oficialismo. La movilización, en este marco, comienza a producir sus propias referencias “no políticas”, provenientes de los medios. Como Juan Campanella, quien discrepó con los políticos y apoyó a los que marcharon. Una de las cuentas de twitter que iniciaron la convocatoria, lo hizo reclamando que Alfredo Casero, Fernando Iglesias y Facundo Manes integren las listas de Cambiemos en octubre. “Gente como nosotros, políticos no”, agregaba. Primeros indicios de que este nuevo cambiemismo callejero, el “casero-campanellismo”, puede comenzar a tener algunas ideas propias acerca de lo que debe hacer su gobierno. Le conviene a Cambiemos asumir que el 1A fue un hecho político, y ponerse al frente del mismo, antes de que las “bases” de la antipolítica comiencen a pedir pista.

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