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Radiografía anual y tendencias a futuro en el agro: 2025 el año que aceleró el cambio

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El 2025 cerró como un año bisagra para el agro argentino. No por un único factor, sino por varios:  la superposición de las inundaciones en la zona núcleo, algunas sequías regionales, ajustes de márgenes, reacomodamientos en los mercados internacionales y, sobre todo, por un cambio profundo en la forma en que el productor compra, vende y gestiona su negocio. Lo que hasta hace algunos años era una promesa —la digitalización del campo— hoy es una realidad consolidada, con impacto directo en la productividad, los costos y la velocidad de toma de decisiones.

Un año marcado por tensiones, adopción tecnológica y resiliencia

A nivel estructural, el agro tuvo que navegar un 2025 que combinó presión en los costos, incertidumbre política y cambios en las dinámicas de exportación. Pero, a la vez, fue un año que aceleró comportamientos que venían creciendo en silencio: la adopción tecnológica, la gestión por datos y el uso de nuevas plataformas digitales para comercializar hacienda y planificar inversiones.

Según datos citados por especialistas del sector, el 70% de los productores argentinos ya utiliza alguna herramienta tecnológica para gestionar su negocio (Cámara Argentina de Agtech, 2025). Esta cifra refleja un cambio cultural profundo: el productor dejó de ver la tecnología como “accesorio” y pasó a elegir soluciones que le permiten mejorar tiempos, reducir costos y ganar previsión.

“A través de la tecnología hoy los productores pueden cotizar gratis y sin compromiso de venta, obtener una referencia real de mercado para tomar decisiones estratégicas y gestionar de manera autónoma sus cobros y pagos, brindando mayor previsibilidad financiera”, explica Emilio Herz, CEO de deCampoaCampo, el mercado ganadero digital más grande del país, y agrega: “En medio de un escenario económico desafiante, los productores que logran planificar con información precisa —y no con corazonadas— son los que marcan la diferencia”.

Uno de los movimientos más claros del año fue el crecimiento del comercio digital de ganado. En 2025, productores, consignatarios, frigoríficos e incluso cadenas de supermercados están utilizando marketplaces digitales para operar a distancia, validar información sanitaria y cerrar acuerdos de forma más eficiente.

El mercado digital dejó de ser complementario para convertirse en parte del canal principal de comercialización. Y hay datos concretos que lo respaldan: la plataforma deCampoaCampo —uno de los jugadores más relevantes del ecosistema— ya reporta más de 3.5 millones de cabezas comercializadas y más de 150.000 usuarios registrados en su ecosistema digital.

A ese número se suma un dato clave: en 2025 el crecimiento en volumen operado fue del 40%, el más alto desde la creación de la compañía hace 15 años. “Si bien todos los años crecimos, nunca lo hicimos a este ritmo. Y no solo en volumen: todas las métricas acompañaron ese crecimiento, tanto en usuarios nuevos como en la cantidad de sociedades que operan habitualmente con la plataforma”, explica Pedro López Meyer, Gerente de Planificación, Soporte y Gestión de deCampoaCampo.

Emilio Herz, CEO de Campo a Campo

Pero el diferencial del último año no estuvo solo en sumar usuarios, sino en la adopción genuina de la tecnología. “Antes muchos productores descargaban la aplicación pero entraban esporádicamente o no la usaban de manera activa. En 2025 eso cambió: los ingresos a la plataforma para consultar precios crecieron más de un 100%, y la autogestión de cotizaciones y compras pasó del 40% al 85%, demostrando que los usuarios se volcaron a manejar de manera autónoma la plataforma”, detalla López Meyer.

El uso de deCampoPagos, la herramienta para la gestión de cada pago de las operaciones, también creció en adopción: prácticamente el 100% de los usuarios activos, tanto productores como transportistas, autogestionan el saldo de sus operaciones.

Estos datos confirman que la digitalización dejó de ser exploratoria y pasó a formar parte de la operatoria diaria del negocio ganadero, con un nuevo estándar: información, trazabilidad, inmediatez,  logística y operación, todo dentro de una misma interfaz.

Tecnología, trazabilidad y datos: la agenda que viene

Otro de los ejes del año fue la consolidación de la agenda AgTech en Argentina. El Gobierno y distintos observatorios sectoriales impulsaron iniciativas ligadas a Agricultura 4.0, sensores, automatización, monitoreo remoto, big data y soluciones para ganadería inteligente.

Este marco público-privado aceleró la adopción de herramientas móviles y modelos predictivos. Para el 2026, tres vectores serán determinantes:

  1. Trazabilidad obligatoria y mejores estándares. La presión de los mercados internacionales —particularmente en la demanda de carne certificada, baja huella ambiental y mayor control sanitario— obliga a incorporar sistemas de seguimiento digital. Europa, China y Medio Oriente ya dan señales en esa dirección, condicionando precios y cupos.
  2. Integración de datos y predicción. Los productores empiezan a centralizar información de clima, genética, sanidad, costos y mercados en plataformas únicas. Esto habilita pronósticos más precisos y decisiones tomadas con menos intuición y más evidencia.
  3. Inteligencia artificial aplicada al campo. La IA tendrá un rol transversal en 2026: desde modelos de pricing y análisis de riesgo hasta asistentes que recomiendan cuándo vender, qué insumos comprar o cómo mejorar la performance del rodeo.

Sin dudas, los beneficios que le dan las soluciones tecnológicas a los productores son infinitas: “Cualquier empresa tecnológica que encuentre un problema concreto del productor y logre mejorarle la diaria —ya sea en tiempo, costos o eficiencia— va a ser bienvenida y adoptada rápidamente”, expresa Herz. El desafío, sin embargo, es que la solución tenga idioma de productor: simple de implementar, simple de usar y que le agregue valor.

Muchas soluciones quedan a mitad de camino por falta de usabilidad o por intentar resolver un problema que no es prioritario en la operación diaria. En este contexto, la plataforma se prepara para un salto cualitativo: convertirse no solo en un marketplace, sino en la estructura de procesamiento digital de todas las operaciones del productor, aun cuando hayan sido realizadas fuera del ecosistema de la app.

“En 2026 vamos a permitir que cualquier usuario procese la operación —ya sea que la haya realizado con deCampoaCampo o con cualquier otro canal— dentro de nuestra plataforma”, adelantan desde la empresa. Esto incluye coordinación de transporte, procesamiento de pagos, integración con factoring y gestión del saldo operativo.

El objetivo es claro: que deCampoaCampo funcione como la herramienta que procesa todo lo que entra y sale del campo, agilizando la administración, reduciendo errores y permitiendo al productor tener trazabilidad financiera y operativa en un solo lugar.

2026: un año para decidir

Si el 2025 fue el año de la aceleración, el 2026 será el año de las decisiones estratégicas. Los especialistas coinciden en una agenda mínima que definirá competitividad:

●      Más trazabilidad para cumplir normas internacionales.

●      Integración de datos para reducir incertidumbre operativa.

●      Comercialización digital como eje central del negocio, no como un complemento.

●      Automatización y eficiencia para enfrentar márgenes cada vez más ajustados.

●      Adopción de IA para mejorar predicción y minimizar riesgo.

La pregunta para el sector no es si la digitalización seguirá avanzando, sino qué tan rápido podrá cada productor sumarse al nuevo modelo productivo que ya domina la actividad.

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Pymes advierten que el acuerdo Mercosur-UE podría provocar el cierre del 20% de las fábricas

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El presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, alertó que el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea representa una amenaza para la producción nacional si no se fortalece previamente a las pequeñas y medianas empresas.

El dirigente señaló que, sin un plan de competitividad, la apertura de mercados potenciará la crisis actual y derivará en la desaparición de dos de cada diez establecimientos fabriles.

Rosato exigió la “inmediata conformación” de una mesa de trabajo para diseñar estrategias que permitan al sector aprovechar el tratado.

Según el representante industrial, de no equilibrarse las condiciones de competencia, el acuerdo funcionará como una “bomba en la producción nacional” que convertirá al país en un escenario de disputa comercial entre potencias.

La postura de la entidad fue difundida a través de un informe del Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA).

El dirigente sostuvo que los países europeos planifican incentivos para exportar manufacturas y comprar materias primas, lo que pone en riesgo el empleo local.

“Si la Argentina no toma nota de ese accionar para equilibrar la cancha, estaremos ante una masacre de Pymes industriales que verán una inundación sostenida de productos importados”, afirmó Rosato.

Para evitar este escenario, el titular de IPA reclamó financiamiento y beneficios productivos que permitan a las fábricas alcanzar un nivel de competitividad internacional.

Rosato advirtió que la primarización de las exportaciones generará un déficit comercial insostenible por la falta de dólares y subrayó: “Si la integración está planteada en esos términos, no seremos socios de la UE, sino que seremos apenas un cliente”.

Finalmente, el representante de las pymes destacó que es fundamental reducir los costos operativos en moneda extranjera y establecer un plan económico claro.

“En una economía abierta como la que propone el Gobierno, bajar nuestros costos en dólares es clave”, concluyó Rosato, enfatizando que la firma del tratado no traerá beneficios automáticos.

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El NEA hacia una agenda de crecimiento: menos impulso público, más competencia real

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El 2025 nos demostró que la desaceleración inflacionaria, producto mayormente del equilibrio fiscal, no es suficiente para asentar las bases para un crecimiento económico homogéneo en el NEA. Dentro de la región, las provincias registraron desempeños dispares: Corrientes en auge (+4,2%), mientras que Chaco y Misiones aún se encuentran en terreno negativo (‑2,9% y ‑1,5%, respectivamente).

Estas distintas dinámicas se explican principalmente por la diferente estructura productiva. Por ello, ordenar el análisis según los motores de la economía (consumo, inversión, gasto público y exportaciones) ayuda a entender por qué provincias vecinas registraron ritmos distintos.

En primer lugar, el consumo privado creció 9,1% a nivel nacional en promedio durante los primeros tres trimestres de 2025, respecto del mismo periodo del año anterior. Sin embargo, en el NEA el consumo tradicional en supermercados cayó en términos reales en toda la región, aunque con especial intensidad en Misiones. El factor diferencial fue la recomposición de precios relativos y la menor brecha cambiaria: se redujo el flujo de compradores extranjeros y se incrementaron compras de argentinos en Brasil y Paraguay, al mismo tiempo que ecrecieron nuevos canales de comercialización (que incluyen el fuerte crecimiento del comercio electrónico). De todos modos, hubo segmentos que traccionaron a favor, como la venta de automóviles y motos, que se expandió en toda la región.

En segundo lugar, la inversión registró un crecimiento del 23,6% promedio en 2025 a nivel nacional, pero en el NEA la característica central fue la concentración en Corrientes (con foco en bioenergía, forestoindustria e infraestructura). Esto vuelve a mostrar que, aun en un contexto macroeconómico más estable, las provincias no captan por igual las oportunidades de expansión.

En este marco, el gasto público fue uno de los componentes más débiles como motor económico, ya que el superávit fiscal nacional implicó menos transferencias a las provincias. En Corrientes y Chaco, parte del impacto se compensó con mayor obra pública provincial, pero es claro que en términos generales este sector no volverá a tener el protagonismo de los últimos años, cuando la actividad se explicaba principalmente por el gasto, las compras o subsidios públicos.

Por último, el sector externo nacional mostró en 2025 una balanza comercial con superávit debido a que las exportaciones crecieron 9,5%. En el NEA, Misiones y Corrientes mostraron un desempeño exportador favorable: Misiones con crecimiento en yerba mate, madera aserrada, tabaco y maíz; Corrientes con arroz y productos forestoindustriales, mientras que Chaco quedó rezagado por la sequía (que impactó sobre los cultivos) y por la presión competitiva de importaciones textiles sobre hilados de algodón.

Todo lo anterior deja varias tendencias que probablemente continuarán durante el 2026. La primera es que ninguna provincia puede depender de que el Estado nacional envíe más dinero para sostener su economía, ya que la suspensión de transferencias no automáticas tuvo un impacto negativo, lo cual replantea el rol del estado en las provincias. Al mismo tiempo, diversos factores (cambio de hábitos de consumo, reducción de la brecha cambiaria, plataformas de ventas online a crédito, etc.) afectaron negativamente las compras a comercios locales, sobre todo en zonas fronterizas. Esto pone dos cuestiones en el centro del debate:: atender el costo argentino y adaptarse al avance del comercio electrónico.

La competitividad, además, no sólo es relevante en lo que respecta a consumo privado, sino también en el desempeño del sector externo.Las provincias que cuentan con ventajas comparativas claras (Misiones y Corrientes con la forestoindustria y yerba mate) registraron una dinámica positiva. Otras, en cambio, quedaron expuestas no sólo a shocks climáticos, sino también a la competencia de importaciones (Chaco con la industria textil). En ambos casos el desafío vuelve a ser el mismo: “adaptarse”, tanto desde el sector privado como desde el sector público.

Con un tipo de cambio estable, la competitividad necesariamente debe depender de la productividad, la eficiencia y la reducción de costos estructurales y no del tipo de cambio, esto muestra un cambio respecto al modelo económico anterior, lo cual implica la necesidad de afrontar nuevas reglas de juego.

En consecuencia, los desafíos del 2026 implican que el sector público debe avanzar con la agenda de crecimiento basándose en la reducción del costo argentino. Esto incluye disminuir y simplificar los tributos provinciales y municipales, acelerar la simplificación y digitalización de trámites, facilitar la instalación y funcionamiento de empresas, ampliar la infraestructura logística y modernizar leyes laborales En el NEA esto es especialmente importante por la alta exposición a la competencia de los países vecinos. Al mismo tiempo, la región debe aprovechar las oportunidades de integración logística y productiva (especialmente con los estados del sur de Brasil), además del potencial de la Unión Europea y Estados Unidos en base a las negociaciones comerciales en curso.

Un ejemplo de estos nuevos roles del Estado es lo ocurrido con la desregulación aérea. Este proceso tuvo génesis en el Decreto 70/2023 y se profundizó en 2024 y 2025 con cambios en las regulaciones, en paralelo a una fuerte reducción de subsidios al sector. Según datos de ANAC, a poco más de dos años del cambio normativo, la cantidad pasajeros de cabotaje ha superado los valores de 2023 (+3% en la región del NEA), e incluso de 2018 (+11% a nivel nacional y +23% en la región), lo cual claramente se traduce en mayor consumo de esos turistas y derrame a otras actividades. Esa línea de políticas permite pensar también cómo a escala provincial y municipal sería posible abandonar las políticas de protección y subsidios, generando un aumento de la actividad a partir de reglas que incentiven la competencia e inversión..

En la misma línea, el sector privado también enfrenta los desafíos (y las oportunidades) que plantea el nuevo contexto de estabilidad, por lo que también es necesario adaptar los modelos de negocios a la nueva realidad (canales de comercialización, estructuras de costos, diferenciación de productos, etc.). En este sentido, el Régimen de Incentivos a Medianas Inversiones (RIMI), el cual está inserto en la ley de modernización laboral a discutirse en febrero del corriente año en el Senado, abre una ventana de oportunidad para acompañar estos cambios.

De cara al año nuevo, el panorama macroeconómico muestra señales positivas: cierta recuperación del consumo (de la mano de la recuperación de los salarios reales, aunque muy dependiente también de la creación de empleos); perspectivas buenas para la inversión (de la mano del financiamiento y de las reformas actualmente en discusión); consolidación del sector exportador (además de las enormes posibilidades que abren los acuerdos comerciales en negociación); y un sector de la construcción con leve reactivación (a partir tanto de la apertura de las licitaciones nacionales como de obras provinciales ejecutadas con fondos propios, nacionales y con financiamiento internacional).

En resumen, el desafío para el NEA no reside en sostener indefinidamente actividades que han perdido competitividad. La prioridad es reorientarla intervención pública y las decisiones privadas hacia procesos de reconversión y adaptación, atrayendo inversiones y generando empleo privado, en un contexto marcado tanto por las amenazas asociadas a la competencia externa, el cambio tecnológico y factores climáticos, pero también por oportunidades que surgen con estabilidad macroeconómica y apertura comercial.

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¿Por qué la agroecología es el camino?

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La evidencia agronómica y edafológica contemporánea converge en un diagnóstico incuestionable: la República Argentina ha transitado el punto de máxima capacidad productiva sustentable de sus suelos –el denominado peak soil– y se encuentra en la fase descendente de degradación acelerada. Este fenómeno no constituye una proyección teórica, sino una realidad cuantificada mediante métricas precisas de pérdida de masa, desestructuración y colapso bioquímico.

La erosión hídrica y eólica moviliza anualmente entre 1.000 y 2.000 millones de toneladas de horizonte superficial, equivalente a la desaparición de aproximadamente 240.000 hectáreas de capa arable por año. Este proceso opera a una velocidad que supera en órdenes de magnitud la capacidad pedogenética natural, que requiere entre doscientos y mil años para regenerar un centímetro de suelo fértil. La región pampeana, núcleo histórico de fertilidad, exhibe actualmente contenidos de materia orgánica por debajo del 2,5% en extensas áreas, umbral crítico en el que la actividad biótica edáfica –el metabolismo fundamental del suelo– entra en disfunción irreversible. Este agotamiento se correlaciona con un balance mineral profundamente negativo: la agricultura extractivista remueve anualmente 3,5 millones de toneladas de nitrógeno, fósforo y potasio, restituyendo menos del 45% mediante fertilización sintética, configurando así una minería de nutrientes que trata al suelo como substrato inerte y no como ecosistema.

Paralelamente, la compactación inducida por el tráfico de maquinaria pesada ha generado horizontes densificados –pisos de arado– que afectan al 60% de la superficie agrícola, reduciendo la porosidad, limitando la infiltración hídrica en más del 70% y estrangulando el desarrollo radical. Esta asfixia mecánica se agrava con procesos de acidificación generalizada, donde el 65% de los suelos de la región núcleo presentan pH inferiores a 6,0, induciendo la fijación de fósforo y la solubilización de aluminio tóxico.

La dimensión biológica del colapso resulta aún más elocuente: análisis comparativos de biomasa microbiana revelan reducciones superiores al 70% en suelos bajo régimen convencional respecto de sistemas agroecológicos. La drástica disminución de la diversidad fúngica –esencial en la formación de agregados estables y en el ciclo del carbono– junto al colapso de la mesofauna, desmantela la arquitectura biológica que sostiene la fertilidad a largo plazo.

Este conjunto de datos no describe una mera degradación, sino una transgresión de umbrales ecosistémicos irreversibles bajo el modelo extractivo vigente. La productividad presente se mantiene mediante subsidios energéticos masivos –fertilizantes de síntesis, agroquímicos, laboreo intensivo– que enmascaran el agotamiento del capital edáfico. El peak soil argentino constituye, por tanto, la contraparte terrestre del peak oil: el momento en que el costo energético y ecológico de continuar la explotación supera cualquier beneficio neto, revelando la falacia terminal de un modelo que confundió riqueza natural con renta minera. La agroecología emerge aquí no como alternativa ideológica, sino como la única disciplina científica capaz de revertir la entropía edáfica mediante la reconstrucción de los ciclos biogenéticos, reinstalando al suelo no como recurso, sino como sujeto metabólico de la producción futura.

La tierra que trabajas con tus manos, las semillas que guardas con devoción, el abono que elaboras con paciencia, no son solo actos de cultivo. Son actos de guerra silenciosa contra un sistema que se derrumba. Estamos en la década más decisiva de la historia humana, y la agroecología es nuestra trinchera, nuestra arma y nuestra profecía. Los datos, fríos e incontrastables, gritan la urgencia.

El agronegocio industrial devora el 12% de todo el petróleo que se consume en el planeta. Para producir una caloría de comida, gasta hasta diez calorías de energía fósil. Es un sistema termodinámicamente suicida, un dinosaurio que se alimenta de su propia cola. Mientras, cada hectárea bajo manejo agroecológico secuestra en el suelo entre 2 y 5 toneladas de CO2 al año, revirtiendo la crisis climática que el extractivismo provocó. No es una metáfora: tu huerta es una tecnología de geoingeniería popular y accesible.

El pico del petróleo convencional, el momento en que la mitad del recurso fácil se agotó, ocurrió en 2005. Desde entonces, la industria se arrastra hacia fuentes cada vez más desesperadas y destructivas: el fracking, que contamina acuíferos con más de 750 químicos tóxicos; las arenas bituminosas, que requieren arrasar bosques y usar tres barriles de agua limpia por cada barril de crudo extraído. Esta es la cruda realidad energética que sostiene el supermercado global. El modelo se sostiene externalizando la destrucción: el 92% de la deforestación en la Amazonía y el Gran Chaco tiene un solo destino: la ganadería industrial y la soja transgénica para forraje. Nuestra comida barata se paga con la sangre de los territorios.

Frente a esto, la agroecología no es un hobby. Es el proyecto político de soberanía más radical del siglo XXI. Cada policultivo rompe el monopolio de las corporaciones que controlan el 60% del mercado mundial de semillas. Cada biofábrica local de insumos le resta poder a las seis megacorporaciones que dominan el 75% del mercado de agrotóxicos. Cada cosecha consumida en circuitos cortos desmonta la lógica de un sistema alimentario que es responsable del 34% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Latinoamérica no es el patio trasero de nadie. Somos la reserva biocultural del planeta, custodios del 40% de la biodiversidad mundial y de innumerables saberes ancestrales. Cuando defendemos una huerta, defendemos un territorio. Cuando intercambiamos una semilla, tejemos una red de inteligencia colectiva indestructible. Cuando compostamos, estamos declarando que la muerte no es un desecho, sino el principio de un nuevo ciclo. Eso es política en su estado más puro: la gestión del poder sobre la vida misma.

No nos pidieron permiso para envenenar nuestros ríos, patentar nuestros patrimonios genéticos o calentar la atmósfera. Pero tampoco nos lo van a dar para construir el mundo nuevo. La audacia no es una opción, es un mandato biológico. Hay que ser tan audaces como la naturaleza que imitamos: invasivos como las raíces, resilientes como las semillas del monte, implacables como la vida que se abre paso entre el cemento. No estamos cultivando lechugas. Estamos cultivando el futuro, y el futuro será agroecológico, o no será. La tierra nos llama no solo a sembrar, sino a organizar, a luchar y a ganar. El movimiento está listo. Ahora es el tiempo de la cosecha política.

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Disciplina fiscal sin recortes: el modelo Misiones en un NEA en rojo

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En tiempos en los que el equilibrio fiscal está en la agenda central del debate de política económica, Misiones volvió a presentar un resultado que la jerarquiza, principalmente, dentro de la región del NEA. Días atrás, la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales (DNAP) dependiente del ministerio de Economía de la Nación publicó las planillas de ejecución presupuestaria de las provincias que corresponden al 3° trimestre 2025, y su análisis dejó un par de cuestiones a analizar. 

En primer lugar, los ingresos evolucionaron de manera muy lenta. A nivel consolidado (es decir, considerando al total de las provincias y a CABA), apenas crecieron 2,7% entre enero y septiembre de 2025 respecto de igual período de 2024. Este débil desempeño se explicó, fundamentalmente, por una performance muy limitada de los ingresos tributarios de origen nacional (principalmente coparticipación), sumada a menores recursos derivados de rentas de la propiedad y a la caída de las regalías, entre otros factores. En contraste, el gasto público provincial consolidado “puso segunda” y aceleró hasta el +11,3%, una expansión cuatro veces superior a la de los ingresos. Como consecuencia, se produjo un marcado deterioro de los resultados fiscales: si bien las provincias lograron sostener de manera conjunta el superávit primario y financiero, estos se redujeron en un 79,2% y 97,6%, respectivamente, frente a los niveles registrados el año anterior.

¿Por qué decimos que Misiones se destacó en este contexto? Principalmente por la gestión de sus propias limitaciones. La provincia fue una de las únicas seis que registró una caída de sus ingresos totales, que en su caso fue del 0,2%. Esta baja respondió, en primer lugar, a una menor recaudación: los ingresos tributarios descendieron 0,8%, traccionados por los de origen provincial, que retrocedieron 4,8%. A ello se sumaron mermas en la recaudación no tributaria: los ingresos por regalías cayeron 14,9% y los provenientes de tasas y otros conceptos lo hicieron en 8,6%. También se registraron menores recursos por rentas de la propiedad (-71,2%) y por transferencias corrientes (-11,5%), al tiempo que disminuyeron los ingresos vinculados a la inversión financiera (-4,4%). Los únicos conceptos que mostraron incrementos fueron las Contribuciones a la Seguridad Social (12,8%) y las Transferencias de Capital (194,4%), aunque en este último caso cabe señalar que representan apenas el 0,1% de los ingresos totales.

La caída de los ingresos obligó, necesariamente, a un rediseño del gasto, que se reflejó con claridad en el período analizado. El gasto total provincial se incrementó apenas 0,5% en términos reales, lo que posicionó a Misiones como la provincia con la menor suba de erogaciones de todo el país. Este resultado, en una mirada superficial, podría dar lugar a lecturas simplistas en clave de “ajuste”, pero un análisis más fino muestra una dinámica diferente.

Los dos componentes más sensibles del gasto escaparon a la tendencia general y exhibieron aumentos significativos: el gasto en personal creció 14,2% y las prestaciones de la seguridad social lo hicieron en 23,2%. De este modo, la contención del gasto no se apoyó en recortes sobre áreas particularmente delicadas como la salarial o la previsional. Además, tampoco se descuidó el impulso al desarrollo: si bien se trata de volúmenes relativamente menores en comparación con otros motores del gasto, las transferencias de capital al sector privado crecieron 91,8% y al sector público 257%. A esto se sumó un aumento del 15,6% en la inversión financiera, destacándose que una porción relevante de este rubro se destinó al otorgamiento de créditos para la producción.

En sentido contrario, los mayores recortes se concentraron en los Servicios no Personales (un rubro usualmente asociado al denominado “gasto político”), que cayeron 3,0%, y en las Transferencias Corrientes, con una baja del 12,6%. El gasto en intereses de la deuda, por su parte, aumentó 42,7% debido a pagos a organismos internacionales y al Gobierno nacional, entre otros conceptos, aunque con la particularidad de que, pese a su crecimiento, la deuda mantiene un peso casi marginal dentro del gasto provincial (apenas 0,3%). En cuanto al gasto de capital, la inversión real directa se redujo 35%, aunque esta caída fue parcialmente compensada por el mayor dinamismo de las transferencias al sector privado y del crédito productivo, tal como se mencionó anteriormente.

Con ingresos cayendo 0,2% interanual y gastos creciendo solo 0,5%, el resultado fiscal de Misiones no se vio comprometido. La provincia registró un superávit primario superior a los 90 mil millones de pesos y un superávit financiero cercano a los 83 mil millones. Medidos como porcentaje de los ingresos totales, estos resultados representaron el 3,4% y el 3,1%, respectivamente. Si bien se trata de registros inferiores a los de 2024 (3,8% y 4,0% en aquel momento), distan de configurar un deterioro significativo, especialmente considerando el comportamiento de los ingresos y del gasto. Por el contrario, reflejan un desempeño sólido que permitió ordenar la gestión presupuestaria y llegar con mayor margen al último tramo del año, que suele ser el más exigente.

Dentro del NEA, Misiones fue la única provincia que cerró el período con resultados fiscales positivos, evidenciándose una brecha marcada respecto del resto de la región. Formosa, por ejemplo, registró la mayor suba de ingresos del NEA (y la tercera más alta del país), con un 6,3%, pero al mismo tiempo exhibió la mayor expansión del gasto de toda la Argentina (+33,4%), lo que derivó en un fuerte desequilibrio y un déficit financiero superior a los 24 mil millones de pesos (1,3% de sus ingresos). Chaco mostró un crecimiento de ingresos del 5,4%, pero expandió su gasto un 10,3% y finalizó el período con un déficit de 162 mil millones de pesos (5,5% de sus ingresos). Corrientes, por su parte, incrementó sus ingresos en 2,5%, pero elevó su gasto en 15,7%, generando un rojo fiscal cercano a los 70 mil millones (3,1% de sus ingresos).

En síntesis, Misiones enfrentó la peor situación en materia de ingresos dentro del NEA (siendo la única provincia con caídas), pero logró alinear el gasto a esa realidad y sostener resultados fiscales positivos. En contraste, Formosa, Chaco y Corrientes desaprovecharon un mayor crecimiento de sus recursos al expandir el gasto con mucha mayor intensidad, dejando sus cuentas públicas en un escenario de alto desequilibrio.

Este escenario refleja que al analizar las cuentas públicas no siempre se trata únicamente de cuánto crecen los ingresos o de cuanto cae el gasto, sino de cómo se administran. Aun partiendo de un escenario adverso en términos de recursos, la provincia logró preservar el equilibrio fiscal sin recortar salarios, jubilaciones ni herramientas de impulso productivo, priorizando una reasignación del gasto antes que un ajuste lineal. En un año marcado por la fragilidad de las finanzas subnacionales, Misiones mostró que la disciplina fiscal no es incompatible con sostener áreas sensibles ni con pensar el desarrollo, sino que depende, fundamentalmente, de decisiones de gestión.

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