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El INYM deroga y modifica reglas clave del control de calidad de la yerba mate

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El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) aprobó una profunda actualización de su marco regulatorio sobre control de calidad de la materia prima, en línea con los decretos nacionales de simplificación y desregulación. La Resolución 2/2026, firmada en Posadas el 8 de enero de 2026, deroga normas vigentes, modifica artículos centrales del Reglamento de Control de Calidad y redefine exigencias técnicas, con impacto directo en secaderos, depósitos y comercializadores de la cadena yerbatera. La medida apunta a reducir cargas administrativas sin resignar estándares sanitarios, en cumplimiento de la Ley 25.564 y de las instrucciones del Poder Ejecutivo Nacional.

Simplificación normativa y alineamiento con la política nacional

La Resolución 2/2026 del INYM se inscribe en un proceso de reordenamiento normativo iniciado formalmente con la Resolución INYM Nº 254/2021 y profundizado tras la sanción de los Decretos del Poder Ejecutivo Nacional Nº 90/2025 y Nº 812/2025. Este último sustituyó el artículo 8° del Decreto Reglamentario Nº 1.240/02 de la Ley 25.564, estableciendo que el INYM “no podrá dictar normas o establecer intervenciones que provoquen distorsiones en los precios de mercado, generen barreras de entrada, impidan la libre iniciativa privada y/o interfieran en la libre interacción de la oferta y la demanda”.

En ese marco, el Directorio del INYM asumió el compromiso de revisar integralmente su stock normativo para adecuarlo a los nuevos lineamientos nacionales. Según consta en los considerandos, esta tarea fue aprobada por mayoría de dos tercios del Directorio en la reunión del 4 de diciembre de 2025, habilitando la revisión y eventual derogación o modificación de resoluciones que pudieran contradecir el nuevo marco legal.

La resolución ahora publicada materializa ese proceso en un área sensible: el control de calidad de la materia prima de yerba mate, regulado originalmente por la Resolución INYM Nº 11/2017 y sus normas complementarias.

Qué normas se derogan y qué artículos se modifican

El nuevo acto administrativo dispone, en primer lugar, la abrogación de las Resoluciones INYM Nº 152/2021, Nº 373/2021 y su anexo, y Nº 347/2021. Además, deroga el inciso g.1.2 del artículo 5° de la Resolución INYM Nº 131/2022 y los artículos 15° y 16° de la Resolución INYM Nº 11/2017.

En paralelo, introduce modificaciones sustanciales en los artículos 5°, 8°, 9°, 10° y 17° del Reglamento de Control de Calidad de Materia Prima de Yerba Mate. Entre los cambios más relevantes se destacan:

  • Control de recepción de hoja verde: se mantiene la exigencia de un “sistema de estricto control” por parte de secaderos y comercializadores con planta de acopio, orientado a eliminar malezas, hojas ardidas, quemadas y materias extrañas. El inspector deberá exigir la separación inmediata de la hoja verde afectada para evitar su ingreso al proceso de secado.
  • Estacionamiento o almacenaje: se amplían las alternativas de envases admitidos (bolsas, bolsones big bags u otros continentes), siempre que se evite el contacto directo con el suelo y se garantice un depósito cerrado, aislado de la humedad y libre de animales, residuos y plagas. Se ratifica el uso exclusivo de los depósitos para yerba mate canchada.
  • Separación de palo grueso y cuerpos extraños: se refuerza la responsabilidad del operador secador, que deberá contar con implementos adecuados para separar palos gruesos, palos finos, hojas y otros cuerpos extraños durante el proceso de secado.

Nuevos parámetros técnicos y controles sanitarios

Uno de los ejes centrales de la resolución es la redefinición de las características y requerimientos de la yerba mate canchada, con un detalle técnico exhaustivo. El artículo 10° modificado establece parámetros mínimos fisicoquímicos, microbiológicos e inorgánicos.

Entre los principales puntos se fijan:

  • Puntos negros por ardido o quemado: la masa foliar retenida por tamiz de 420 mm (malla 40) no podrá superar el 7,00%.
  • Humedad: no deberá exceder el límite máximo establecido en el Código Alimentario Argentino para la yerba mate elaborada.
  • Semillas y bayas: máximo 2,00% del peso total.
  • Materiales extraños: máximo 1,00% del peso.
  • Tamizado: se detallan porcentajes máximos y mínimos de retención en zarandas y tamices, con un mínimo del 88,0% retenido por tamiz de 420 mm.

En materia microbiológica, se ratifican exigencias precisas, como la ausencia de Salmonella ssp en 25 gramos, límites estrictos para E. coli y recuentos controlados de Bacillus cereus, con metodologías de análisis basadas en normas ISO y BAM-FDA.

Asimismo, se establecen límites máximos para contaminantes inorgánicos: plomo (0,6 mg/kg), cadmio (0,4 mg/kg) y arsénico (0,6 mg/kg). El procedimiento de control contempla muestras originales y contra-muestras (duplicado y triplicado), con plazos de análisis de hasta 20 días hábiles y definiciones claras sobre la liberación, destrucción o devolución a origen de la materia prima.

Fiscalización, intervención preventiva e impacto en la cadena yerbatera

La modificación del artículo 17° redefine el esquema de intervención preventiva. Ante indicios “prima facie” de afectación de la inocuidad, el INYM podrá intervenir la yerba mate canchada, que quedará en custodia del responsable hasta el resultado de los análisis. Si los parámetros microbiológicos no se cumplen, el lote deberá destruirse en presencia de inspectores. En caso contrario, será liberado de inmediato. El mismo procedimiento se aplica ante sospechas de adulteración o mezcla con otros productos.

Desde el punto de vista institucional y económico, la resolución busca un delicado equilibrio: reducir superposiciones normativas y trabas administrativas, sin resignar controles esenciales para la calidad y salubridad del producto. Para secaderos, depósitos y operadores comerciales, la medida implica una actualización de obligaciones técnicas, pero también una mayor claridad normativa y previsibilidad regulatoria.

El Directorio del INYM dejó expresamente aclarado que este proceso no está concluido y que aún restan analizar resoluciones de mayor complejidad, en el marco del compromiso de adecuación progresiva a los lineamientos del Gobierno Nacional.

La Resolución 2/2026 entrará en vigencia a partir del día siguiente a su publicación en el Boletín Oficial de la República Argentina, prevista para el 20 de enero de 2026.

Resolución 2 2026 INYM by CristianMilciades

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Los precios mayoristas subieron 26,2% en 2025 y marcaron un 2,4% en diciembre

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El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) aumentó 2,4% en diciembre de 2025 respecto de noviembre y acumuló un alza de 26,2% en todo el año, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El dato consolida el sendero de inflación mayorista en el cierre del año y aporta señales clave para anticipar la dinámica de costos, márgenes empresariales y precios al consumidor en los primeros meses de 2026.

El relevamiento corresponde al Sistema de Índices de Precios Mayoristas (SIPM) y fue difundido oficialmente el 19 de enero de 2026, en el marco de los informes técnicos del organismo estadístico nacional.

Diciembre: impulso de los productos nacionales y fuerte incidencia sectorial

De acuerdo al informe, el nivel general del IPIM mostró en diciembre una variación mensual positiva de 2,4%, explicada por una suba de 2,4% en los “Productos nacionales” y de 1,7% en los “Productos importados”.

Dentro del componente nacional, las divisiones con mayor incidencia positiva en el nivel general fueron: Productos refinados del petróleo, con una contribución de 0,70%. Alimentos y bebidas, con 0,38%. Petróleo crudo y gas, con 0,24%. Vehículos automotores, carrocerías y repuestos, con 0,23%. Productos agropecuarios, con 0,21%

El comportamiento sectorial confirma que los insumos energéticos, los alimentos y el complejo automotor continúan siendo vectores centrales en la formación de precios mayoristas, con impacto transversal sobre cadenas productivas y comerciales.

En paralelo, el Índice de Precios Internos Básicos al por Mayor (IPIB) —que excluye impuestos— registró un aumento mensual de 2,2%, explicado por alzas de 2,2% en productos nacionales y 1,8% en importados. Por su parte, el Índice de Precios Básicos del Productor (IPP) subió 2,4%, impulsado por incrementos de 2,8% en productos primarios y de 2,3% en productos manufacturados y energía eléctrica.

Este desagregado técnico permite distinguir entre presiones de precios asociadas a decisiones productivas, efectos impositivos y costos de importación, una diferenciación clave para el análisis macroeconómico y regulatorio.

Balance anual: 26,2% de aumento mayorista y señales para la estructura de costos

En el acumulado de 2025, el IPIM exhibió una suba de 26,2%, en línea con la variación interanual registrada en diciembre ipm_01_26E8B4A5F8B3. El IPIB acumuló 26,6% y el IPP trepó a 28,0%, lo que evidencia una presión mayor en los precios percibidos por los productores locales.

El informe aclara que, por una convención metodológica, en diciembre la variación interanual coincide con la acumulada del año, dado que “la variación porcentual de dicho mes respecto al mismo mes del año anterior es igual a la variación porcentual acumulada del año”.

A nivel interanual, se destacan incrementos relevantes en divisiones clave como: Productos refinados del petróleo: 37,5% (IPIM). Alimentos y bebidas: 28,0%. Vehículos automotores, carrocerías y repuestos: 33,4%. Productos agropecuarios: 36,8%. Tabaco: 37,9%

Estos datos consolidan un mapa de presión inflacionaria concentrada en sectores estratégicos para el abastecimiento interno y la competitividad exportadora.

Marco metodológico y relevancia institucional del SIPM

El INDEC detalla que el IPIM mide la evolución promedio de los precios de productos nacionales e importados ofrecidos en el mercado interno, incluyendo IVA, impuestos internos e impuestos a los combustibles netos de subsidios explícitos. En tanto, el IPIB replica esa cobertura pero excluye el efecto impositivo, permitiendo aislar la dinámica pura de precios, mientras que el IPP mide los precios percibidos por el productor local, excluyendo importaciones y contemplando exportaciones.

Las ponderaciones se basan en estructuras productivas históricas —con año base 1993 y referencia diciembre de 2015=100— y el cálculo se realiza mediante una fórmula de tipo Laspeyres, con precios observados en torno al día 15 de cada mes.

Desde una perspectiva institucional, el SIPM constituye una herramienta central para la evaluación de políticas económicas, dado que anticipa presiones inflacionarias, orienta negociaciones salariales, contratos de provisión y decisiones de inversión, y actúa como referencia para la regulación sectorial.

Impacto económico y proyecciones implícitas

La aceleración del 2,4% mensual en diciembre refuerza la lectura de que las tensiones de costos permanecen activas en la economía argentina, particularmente en energía, alimentos y transporte. Para el sector productivo, el cierre anual con un aumento mayorista del 26,2% implica una recomposición significativa de estructuras de costos, con potencial traslado a precios minoristas y márgenes empresariales.

Asimismo, la diferencia entre el IPIM (26,2%) y el IPP (28,0%) sugiere que los productores absorbieron parcialmente variaciones que no se trasladaron íntegramente al mercado interno, lo que abre interrogantes sobre sostenibilidad financiera, estrategias de precios y capacidad de absorción de costos en 2026.

Desde el punto de vista macroeconómico, estos datos se integran al análisis de inflación, política fiscal e impositiva, comercio exterior y competitividad, consolidando al SIPM como un indicador adelantado clave para el seguimiento del ciclo económico.

Indice precios mayoristas INDEC by CristianMilciades

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Las canastas básicas subieron 4,1% en diciembre y volvieron a superar a la inflación: una familia necesitó más de $1,3 millones para no ser pobre

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El fuerte aumento de los alimentos impulsó en diciembre un salto del 4,1% tanto en la canasta básica alimentaria como en la canasta básica total, según el INDEC. Así, una familia tipo requirió ingresos por $1.308.713 para no caer bajo la línea de pobreza y $589.510 para no ser considerada indigente, en un contexto en el que las canastas volvieron a crecer por encima del índice general de inflación.

Los datos surgen del informe de Valorización mensual de la canasta básica alimentaria y de la canasta básica total, publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y correspondiente a diciembre de 2025. El relevamiento confirma que el cierre del año estuvo marcado por una presión sostenida sobre los precios de los alimentos, con impacto directo sobre los indicadores de pobreza e indigencia y sobre el poder adquisitivo de los hogares.

Alimentos como principal motor del aumento y cierre de año con subas superiores a la inflación

Según el informe oficial, la canasta básica total (CBT), que define el umbral de pobreza, registró en diciembre una suba mensual del 4,1%, mientras que la canasta básica alimentaria (CBA), utilizada para medir la indigencia, también avanzó 4,1%. Ambas variaciones se ubicaron por encima de la inflación del mes, que fue del 2,5%.

En términos acumulados, la CBT cerró 2025 con un incremento del 27,7%, mientras que la CBA acumuló una suba aún mayor, del 31%. Esta dinámica refleja que los precios de los alimentos continúan creciendo a un ritmo superior al promedio general, una tendencia que impacta con mayor intensidad en los hogares de menores ingresos.

Para diciembre, el INDEC detalló que una familia tipo necesitó $589.510 mensuales para no ser indigente y $1.308.713 para no ser pobre. En noviembre de 2025, esos valores eran de $566.364 y $1.257.329, respectivamente, lo que evidencia un salto significativo en apenas un mes.

Evolución mensual, brecha con la inflación y señales de tensión social

El informe también destaca que en noviembre de 2025 la variación mensual de la CBA había sido del 4,1%, mientras que la CBT había aumentado 3,6%, ambas por encima de la inflación de ese mes, que se ubicó en 2,5%. La persistencia de esta brecha confirma que los alimentos siguen siendo el principal factor de presión sobre las canastas de pobreza e indigencia.

A nivel territorial, se observaron dinámicas similares. En la Ciudad de Buenos Aires, el aumento de los precios de la carne y sus derivados, junto con frutas y verduras, impulsó en diciembre una suba del 3,3% en la canasta de indigencia y del 3% en la canasta de pobreza, también por encima de la inflación promedio porteña, que fue del 2,7%.

Estos movimientos refuerzan la preocupación sobre la evolución del costo de vida y su impacto distributivo, especialmente en un contexto en el que los salarios y los ingresos informales muestran dificultades para acompañar el ritmo de los precios de los bienes esenciales.

Clase media: ingresos cada vez más exigentes para sostener el nivel de vida

El informe también expone la presión creciente sobre los sectores medios. Para ser considerada de clase media, una familia tipo debió incrementar sus ingresos en noviembre en más de $50.000, alcanzando los $2.128.461 mensuales, frente a los $2.076.904 del mes previo, siempre sin contemplar el costo del alquiler.

Cuando se incorpora el gasto en vivienda, el umbral se eleva aún más: con alquiler incluido, el ingreso necesario para sostener un nivel de vida de clase media superó los $3.200.000 mensuales. Este dato refuerza la tensión estructural que atraviesa a los hogares urbanos, donde la vivienda y los alimentos concentran una porción cada vez mayor del presupuesto familiar.

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Lo que se come en las Fiestas bajo la lupa

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A nivel nacional, la crisis se refleja con claridad en la alimentación de las Fiestas de fin de año. No porque falten alimentos, sino porque el recorrido que hacen hasta llegar al plato se volvió largo, costoso y desconectado de su origen. En Misiones, en cambio, las políticas públicas de cercanía, las ferias francas y el comercio justo sostienen un modelo que funciona como excepción.

Hay crisis que se anuncian con estadísticas y otras que se comprueban en la cocina. La de este fin de año pertenece a la segunda categoría. Se compra menos, se reemplazan productos, calidad y se resignan platos tradicionales. No por falta de ganas de celebrar con lo tradicional, sino porque el precio final perdió relación con el valor real de los alimentos.

La gastronomía del nordeste ayuda a entenderlo. Platos como la sopa paraguaya, la torta de choclo o la chipa, nacieron de una lógica económica simple y eficiente: queso, huevos, leche y maíz. Antes que símbolos identitarios, fueron soluciones prácticas en su origen. Economía doméstica inteligente, basada en la cercanía y la disponibilidad.

La paradoja actual es evidente. En gran parte del país, esos mismos alimentos hoy resultan caros, incluso inaccesibles. Las recetas no cambiaron; cambió la estructura que las rodea. Entre quien produce y quien consume se acumularon intermediarios, costos financieros y márgenes superpuestos que encarecen lo esencial.

En nuestra provincia, el escenario es distinto. No porque la crisis no exista, sino porque la cadena productiva se organiza de otra manera. Los pequeños productores, los mercados concentradores barriales y los circuitos cortos de comercialización, sostenidos por acciones públicas desde hace décadas, funcionan como corrección concreta a esa distorsión.

Aquí, la distancia entre producir y consumir se reduce. El productor vende lo que produce; el consumidor paga lo que entiende. El precio recupera lógica. No se trata de romanticismo ni de folklore económico, sino de una decisión política sostenida en el tiempo.

Gracias a ese modelo, la identidad misionera no se conserva como relato, sino como práctica cotidiana. Comer sigue siendo un acto cercano. Las Fiestas no dependen exclusivamente de una góndola construida lejos del territorio, ni de precios ajenos a la producción local.

Esta comparación, no niega la crisis: la explica. Mientras a nivel nacional, el encarecimiento expone una estructura que excluye, En nuestro terruño, esa misma estructura, organizada con otros criterios, funciona. Sosteniendo además de manera genuina: la tradición, lo cultural y la identidad primigenia.

Porque cuando la mesa nacional entra en crisis, el problema queda expuesto. Y en Misiones, esa exposición no señala una carencia, sino una elección.

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Probióticos: qué es ciencia y qué es mito según una experta en nutrición

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Presentes en alimentos y suplementos, los probióticos se ganaron la fama de aliados de la salud intestinal y del sistema inmunológico. Sin embargo, entre tantas promesas, todavía hay dudas sobre qué es un hecho comprobado y qué sigue siendo una expectativa.

A continuación, la nutricionista Carolina Chevallier, Gerente Senior de Asuntos Científicos de Herbalife para Centro y Sudamérica, aclara las principales dudas sobre lo que la ciencia ya comprobó —y lo que aún está en estudio— acerca de estos microorganismos.

1. ¿Todo alimento fermentado contiene probióticos?

Para que un alimento sea considerado probiótico, debe contener microorganismos vivos (bacterias) con beneficios comprobados y en cantidad suficiente hasta el momento del consumo. Por eso, no todos los alimentos fermentados tienen probióticos. En muchos casos —como ocurre con el pan o el vino— el proceso de elaboración elimina las bacterias vivas que estaban presentes.

2. ¿Los yogures pueden ser buenas fuentes de probióticos?

Sí, aunque no todos. Todos los yogures son alimentos fermentados que están elaborados con cepas de bacterias lácticas, pero sólo algunos están adicionados con cepas probióticas, es decir que tengan un beneficio a la salud comprobado. Algunos yogures contienen cepas probióticas vivas y activas, y otros no. Por eso es importante diferenciar entre yogur y yogur con probióticos; y verificar en estos últimos si la etiqueta especifica qué cepa o cepas de probióticos contiene y la cantidad, que se expresa como “unidades formadoras de colonias” (UFC).

3. Cuantos más microorganismos diferentes tenga un alimento o suplemento, ¿mejor es?

La presencia de distintas cepas no garantiza una mayor eficacia. Lo que realmente importa es la especificidad y la evidencia científica de cada cepa para una función determinada. Algunas son eficaces para la diarrea asociada a antibióticos; otras, para el estreñimiento o la inmunidad. Combinar demasiadas puede incluso reducir el efecto. Por eso es importante verificar en un alimento o suplemento que presente múltiples cepas, que la evidencia científica que lo respalda, es decir los estudios clínicos, se hayan hecho utilizando la misma combinación y cantidad de microorganismos.

4. ¿Los probióticos pueden influir en el estado de ánimo y la salud mental?

Existen estudios prometedores sobre el eje intestino-cerebro que muestran que ciertas cepas pueden influir en la producción de neurotransmisores y reducir síntomas leves de ansiedad y depresión. Sin embargo, todavía se necesitan más investigaciones para confirmar este efecto, y su uso no reemplaza los tratamientos médicos convencionales.

5. ¿Los probióticos pueden ayudar a fortalecer el sistema inmunológico?

Revisiones científicas muestran que el uso regular de algunas cepas puede estimular la producción de células de defensa y reducir la incidencia de algunas infecciones. Pero es importante verificar específicamente qué cepa, qué cantidad (que se expresa como unidades formadoras de colonias o UFC) y en qué población se realizaron los estudios (como lactantes, niños, enfermos, etc). 

6. ¿Los probióticos ayudan a restaurar la microbiota intestinal después del uso de antibióticos?

Los antibióticos actúan tanto sobre las bacterias que causan enfermedades como sobre las bacterias beneficiosas que participan en la digestión y absorción de nutrientes. Por eso, consumir probióticos después de un tratamiento con antibióticos podría ayudar a acelerar la recuperación de la microbiota intestinal. De todos modos, la recomendación debe ser individual y con orientación profesional.

7. ¿Los probióticos pueden influir en el intestino de forma inmediata?

No. Los efectos no son inmediatos y varían entre personas. Es común que se necesiten varias semanas de uso continuo para notar mejoras. Además, factores como la alimentación, el uso de medicamentos y el estrés influyen en la respuesta.

8. ¿Los probióticos ayudan a bajar de peso?

Si bien existen indicios de que la microbiota intestinal puede influir en el metabolismo, aún no hay consenso científico que respalde que los probióticos generen una pérdida de peso significativa. Los efectos observados suelen ser modestos y dependen tanto de la cepa específica utilizada como del plan alimentario. 

9. ¿Cualquier persona puede consumir probióticos?

En general, los probióticos son seguros para las personas sanas. Sin embargo, no se recomiendan para personas inmunosuprimidas, es decir, con el sistema inmunológico debilitado —como pacientes en tratamiento contra el cáncer, quienes usan corticoides por largo tiempo, han recibido trasplantes o tienen enfermedades que afectan las defensas del organismo—. En estos casos, su utilización debe ser especialmente indicada y supervisada por un profesional. 

10. ¿El uso de probióticos no requiere orientación profesional?

La elección de la cepa, la dosis y el tiempo de uso depende del objetivo —como salud digestiva, inmunidad o salud femenina— y del estado clínico de cada persona. Lo ideal es contar con la orientación de nutricionistas o médicos, que puedan indicar el producto más adecuado y la forma correcta de incorporarlo.

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