Entre enero y lo que va de agosto se registraron 72.843 focos intermitentes de incendios forestales por la “política de desarrollo” del presidente brasileño para la agricultura y la minería. Bolsonaro argumentó que “es la temporada de incendios” y bromeó: “Me solían llamar capitán Motosierra y ahora soy Nerón incendiando el Amazonas”.
El Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe) de Brasil confirmó con sus satélites lo que organizaciones ambientalistas de todo el mundo venían anunciando desde la llegada del presidente Jair Bolsonaro al Palacio de Planalto: el Amazonas, el “pulmón del mundo”, está en peligro.
Entre enero y lo que va de agosto se registraron 72.843 focos intermitentes de incendios forestales, consecuencia de la “política de desarrollo” del presidente brasileño para la agricultura y la minería. Las ONG hicieron durante toda la semana un llamado a Bolsonaro en las redes por las hectáreas de bosques que están siendo arrasadas bajo el hashtag #PrayForAmazonia (reza por el amazonas). Las imágenes de la selva prendida fuego recorrieron las redes.
“Me solían llamar capitán Motosierra y ahora soy Nerón incendiando el Amazonas. Pero si es la temporada de incendios”, se defendió el mandatario semanas atrás de las críticas de las organizaciones. Inclusive, el mandatario desmintió los datos provistos por el Inpe, que informó que los incendios aumentaron este año un 83 por ciento respecto al mismo periodo en 2018. Al menos 68 reservas protegidas fueron afectadas por las llamas. El director del Inpe fue despedido por Bolsonaro bajo la acusación de fomentar una imagen “pésima” de Brasil en el exterior y con datos “falsos”.
El organismo negó drásticamente que se pueda echar la culpa a la estación seca o a los fenómenos naturales por sí solos por el aumento dramático de incendios porque “no hay nada raro en el clima de este año ni en los niveles de lluvia en la región amazónica”. Los incendios pueden ser relativamente comunes en la estación seca, pero también son provocados por los agricultores que hacen quemas ilegales para liberar tierras y desarrollar sus negocios, amparados por la falta de control estatal y las políticas de Bolsonaro a favor de los terratenientes.
La Selva Amazónica, el “pulmón del mundo”
Desde el jueves hasta hoy, el Inpe detectó 9.507 nuevos incendios forestales, principalmente en la cuenca del Amazonas, hogar del bosque tropical más grande del mundo y al que se considera vital para contrarrestar el calentamiento global. El incendio se extiende a través de los estados de Acre, Rondônia, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, llegando a la triple frontera entre Brasil, Bolivia y Paraguay.
Con el río más grande del mundo y una fuente de riqueza natural donde conviven innumerables especies de animales y plantas, la Amazonía es hogar de 34 millones de personas, con más de 350 grupos indígenas.
En múltiples publicaciones, usuarios de todo el mundo reclamaron la falta de difusión de esta catástrofe ambiental. “Mientras los expertos sobre cambio climático de la ONU alertan de la importancia de cuidar el suelo, la tierra y los bosques del planeta, el Amazonas lleva 16 días ardiendo”, resaltaron en Twitter.
Instituciones y compañías internacionales, incluida la NASA, mostraron en imágenes satelitales una alta concentración atmosférica de monóxido de carbono (CO) en los lugares donde declaró el estado de alerta ambiental por el aumento de incendios. Santiago Gassó, investigador de la NASA, puntualizó desde su cuenta de Twitter que la superficie de América Latina cubierta por humo era de alrededor de 3.2 millones de kilómetros cuadrados.
Bolsonaro, quien celebró la salida del presidente estadounidense Donald Trump del acuerdo del clima de París y se negó a albergar la Conferencia del Clima de las Naciones Unidas (COP 25), parece ajeno al problema.
Las medidas antiambientales de Bolsonaro
Desde que asumió al gobierno, Jair Bolsonaro dejó en claro que la protección ambiental no iba a ser una prioridad para su gestión. Una de las primeras promesas de campaña de Bolsonaro fue la fusión de dos ministerios contrapuestos, Agricultura y Medioambiente. La decisión fue rechazada por las organizaciones ambientalistas porque advirtieron que el ministerio responsable por incentivar la agricultura y los negocios pecuarios sería el mismo encargado de conceder licencias ambientales para la producción en áreas de preservación.
Como no pudo hacerlo, nombró en la cartera de Medioambiente al abogado derechista Ricardo Salles, ex responsable del área en Sao Paulo, acusado de haber cambiado las propuestas del plan de manejo de un área de protección ambiental para favorecer a empresas privadas. Además, una de sus primeras medidas fue frenar la demarcación de tierras indígenas al decretar que esas decisiones pasen por el Ministerio de Agricultura.
Por otro lado, Bolsonaro prometió abrir las tierras indígenas protegidas por la constitución a la explotación minera y forestal, con la excusa de que los indígenas podrán vivir de esas regalías. Asimismo, planea completar la construcción de Angra 3, una planta nuclear en la costa, entre las regiones de Sao Paulo y Río de Janeiro. La zona destinada para el proyecto es playa Itaorna, conocida por los deslizamientos de tierra que históricamente señalan la inestabilidad del suelo.
Esta planta se complementará con una gran represa hidroeléctrica en Belo Monte, sobre el río Xingú, que forma parte del complejo pluvial del Amazonas.
La Oficina de Prensa de la Santa Sede presentó hoy, lunes 17 de junio, el documento de trabajo (“Instrumetum laboris”) que prepara para la próxima Asamblea especial del Sínodo de los Obispos con el tema: “Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral” que se realizará del 6 al 27 de octubre de 2019. El documento “es el resultado de un proceso de escucha que comenzó con la visita del papa Francisco a Puerto Maldonado (Perú) en enero de 2018, continuó con la consulta del Pueblo de Dios en toda la región amazónica a lo largo del año y terminó con la Segunda Reunión del Consejo Pre-Sinodal en mayo pasado”, explicaron en la presentación.
El Instrumentum laboris fue publicado en tres idiomas: español, italiano y portugués. El texto está compuesto por 147 puntos divididos en 21 capítulos separados por tres partes. La primera parte se titulada “la voz de la Amazonía” y tiene la finalidad de presentar la realidad del territorio y de sus pueblos.
Según indica la introducción del Instrumentum Laboris, el texto está estructurado “en base a las tres conversiones a las que nos invita el papa Francisco: la conversión pastoral a la que nos llama a través de la exhortación apostólica Evangelii gaudium; la conversión ecológica a través de la encíclica Laudato sí; y la conversión a la sinodalidad eclesial mediante la constitución apostólica episcopalis communio que estructura el caminar juntos”.
En esta línea, el primer apartado destaca también la importancia del diálogo al referirse a los “nuevos caminos de diálogo”, “diálogo y misión”, “diálogo con los pueblos amazónicos”, entre otros.
En la segunda parte de este texto vaticano titulado “Ecología integral: el clamor de la tierra y de los pobres” se advierte sobre la “destrucción extractivista” y se abordan cuestiones muy relevantes como “los pueblos indígenas en aislamiento voluntario (PIAV)” y otros fenómenos de interés mundial como son “la migración”, “la urbanización”, “la familia y comunidad”, “la salud”, “la educación integral” y “la corrupción”.
La Voz de la Amazonía
La primera parte, “La Voz de la Amazonía”, presenta la realidad del territorio y sus pueblos. Comienza con la vida y su relación con el agua y los grandes ríos que fluyen como venas de la flora y la fauna del territorio, como fuente de sus pueblos, sus culturas y sus expresiones espirituales que también nutren la naturaleza, la vida y las culturas de miles de comunidades indígenas, agricultores, afrodescendientes, poblaciones que viven a orillas de ríos y ciudades.
Amenaza de muerte, amenaza integral
La vida en la Amazonía está amenazada por la destrucción y explotación del medio ambiente, por la violación sistemática de los derechos humanos fundamentales de la población amazónica; en particular, por la violación de los derechos de los pueblos originarios, como el derecho a la tierra, a la autodeterminación, a la delimitación de los territorios, a la consulta y al consentimiento previo.
Según las comunidades que participaron en esta audiencia sinodal, la amenaza a la vida deriva de los intereses económicos y políticos de los sectores dominantes de la sociedad actual, en particular las empresas mineras. Actualmente, el cambio climático y el aumento de la intervención humana (deforestación, incendios y cambio de uso de la tierra) están llevando a la Amazonía a un punto de no retorno, con altas tasas de deforestación, desplazamiento forzado de la población y contaminación, poniendo en riesgo sus ecosistemas y ejerciendo presión sobre las culturas locales.
El grito de la tierra y de los pobres
En la segunda parte, el documento examina y hace sugerencias sobre temas relacionados con la ecología integral. La Amazonia hoy es una belleza herida y deformada, un lugar de dolor y de violencia, como lo subrayan elocuentemente los informes de las Iglesias locales recibidos de la Secretaría General del Sínodo.
La violencia, el caos y la corrupción son desenfrenados. El territorio se ha convertido en un espacio de enfrentamientos y de exterminio de pueblos, culturas y generaciones.
Hay quienes se ven obligados a abandonar sus tierras; muchas veces caen en redes de mafias, tráfico de drogas y de seres humanos (especialmente mujeres), trabajo infantil y prostitución. Es una realidad trágica y compleja, que está fuera de la ley y de la ley.
Territorio de esperanza y “buen vivir”
Los pueblos originarios de la Amazonía tienen mucho que enseñarnos. Reconocemos que durante miles de años han cuidado de su tierra, agua y bosque, y han logrado preservarlos hasta el día de hoy, para que la humanidad pueda beneficiarse de la alegría de los dones gratuitos de la creación de Dios. Los nuevos caminos de la evangelización deben construirse en diálogo con estas sabidurías ancestrales en las que se manifiestan las semillas de la Palabra.
El Sínodo de la Amazonía se convierte así en un signo de esperanza para el pueblo amazónico y para toda la humanidad.
Los pueblos de los suburbios
El Documento de Trabajo también analiza la situación de los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario (PIAV). Según datos de instituciones eclesiásticas especializadas (es, CIMI) y otras, en el territorio amazónico hay entre 110 y 130 “pueblos libres” diferentes que viven al margen de la sociedad o en contacto esporádico con ella. Son vulnerables a las amenazas del narcotráfico, los megaproyectos de infraestructura y las actividades ilegales vinculadas al modelo de desarrollo extractivista.
La Amazonía es una de las regiones con mayor movilidad interna e internacional de América Latina. Según las estadísticas, la población urbana de la Amazonía ha aumentado exponencialmente; actualmente entre el 70 y el 80% de la población vive en las ciudades, que reciben permanentemente a un gran número de personas que emigran a ellas y no pueden proporcionar los servicios esenciales que necesitan los migrantes. Aunque la Iglesia ha acompañado este flujo migratorio, ha dejado vacíos pastorales dentro de la Amazonía que necesitan ser llenados.
Iglesia Profética en la Amazonía: Desafíos y esperanzas
Finalmente, la última parte del Documento de Trabajo invita a los Padres sinodales de la Amazonía a discutir el segundo punto del tema propuesto por el Papa: los nuevos caminos para la Iglesia en la región.
La realidad de las iglesias locales necesita una Iglesia participativa que esté presente en la vida social, política, económica, cultural y ecológica de sus habitantes; una Iglesia que acoja la diversidad cultural, social y ecológica para poder servir a los individuos o a los grupos sin discriminación; una Iglesia creativa que pueda acompañar con su pueblo la construcción de nuevas respuestas a las necesidades urgentes; y una Iglesia armoniosa que promueva los valores de paz, misericordia y comunión.
Sacramentos y religiosidad popular, ‘cosmovisión’
A las comunidades les resulta difícil celebrar la Eucaristía con frecuencia debido a la falta de sacerdotes. “La Iglesia vive de la Eucaristía” y la Eucaristía edifica la Iglesia. Por esta razón, en lugar de dejar a las comunidades sin la Eucaristía, se propone reconsiderar algunos criterios para la selección y preparación de los ministros autorizados para celebrarla.
Las comunidades piden una mayor valoración, acompañamiento y promoción de la piedad con la que los pobres y sencillos expresan su fe a través de imágenes, símbolos, tradiciones, ritos y otros sacramentos. Esta es la manifestación de sabiduría y espiritualidad que constituye un auténtico lugar teológico con un gran potencial evangelizador.
Sería conveniente reconsiderar la idea de que el ejercicio de la jurisdicción (poder de gobierno) debe estar vinculado en todas las áreas (sacramental, judicial, administrativa) y de un modo permanente al sacramento del orden.
Nuevos ministerios
Además de la pluralidad de culturas dentro de la Amazonía, las distancias generan un grave problema pastoral que no puede ser resuelto sólo con medios mecánicos y tecnológicos. Es necesario promover las vocaciones indígenas de hombres y mujeres en respuesta a las necesidades de la pastoral sacramental; su contribución decisiva radica en el impulso a la auténtica evangelización desde el punto de vista indígena, según sus costumbres y hábitos. Son pueblos indígenas que predican a los pueblos indígenas con un profundo conocimiento de su cultura y de su lengua, capaces de comunicar el mensaje del Evangelio con la fuerza y la eficacia de quienes tienen su propia cultura.
Es necesario pasar de una “Iglesia que visita” a una “Iglesia que permanece”, acompaña y está presente a través de ministros que emergen de sus propios habitantes.
Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal de los ancianos, preferentemente indígenas, respetados y aceptados por su comunidad, aunque ya tengan una familia constituida y estable, a fin de asegurar los Sacramentos que acompañan y sostienen la vida cristiana.
El papel de la mujer
Es necesario identificar el tipo de ministerio oficial que se puede conferir a las mujeres, teniendo en cuenta el papel central que desempeñan hoy en día en la Iglesia Amazónica.
Se pide el reconocimiento de las mujeres por sus carismas y talentos. Piden recuperar el espacio dado por Jesús a las mujeres, “donde todos/todas nos podemos encontrar”. También se propone garantizarles su liderazgo, así como espacios cada vez más amplios y relevantes en el campo de la formación: teología, catequesis, liturgia y escuelas de fe y política.
Se propone, por tanto, promover una vida consagrada alternativa y profética, intercongregacional, interinstitucional, con un sentido de disponibilidad para estar donde nadie quiere estar y con quien nadie quiere estar. Se recomienda que la formación para la vida religiosa incluya procesos de formación centrados en la interculturalidad, la inculturación y el diálogo entre la espiritualidad y las “cosmovisiones” amazónicas.
Ecumenismo
El documento también destaca un fenómeno importante a tener en cuenta, el rápido crecimiento de las iglesias evangélicas recientes de origen pentecostal, especialmente en los suburbios: “Nos muestran otra forma de ser iglesia donde la gente se siente protagonista y donde los fieles pueden expresarse libremente sin censura, dogmatismo o disciplinas rituales.
El camino de la cruz y el martirio
Ser una Iglesia en la Amazonía de manera realista significa plantear proféticamente el problema del poder, porque en esta región la gente no tiene la oportunidad de hacer valer sus derechos contra las grandes empresas económicas y las instituciones políticas. Hoy, cuestionar el poder en la defensa del territorio y de los derechos humanos es poner en riesgo la vida, abriendo un camino de cruz y martirio. El número de mártires en la Amazonía es alarmante (por ejemplo, sólo en Brasil, entre 2003 y 2017, 1.119 indígenas fueron asesinados por defender sus territorios). La Iglesia no puede permanecer indiferente ante todo esto; por el contrario, debe apoyar la protección de los defensores de los derechos humanos y recordar a sus mártires, incluyendo a mujeres dirigentes como la Hermana Dorothy Stang.
Medios de comunicación
Un apartado que cabe destacar es el capítulo dedicado a la “misión de los medios de comunicación”. El punto 141 indica que los medios de comunicación de la Iglesia “pueden ser un instrumento muy importante para trasmitir el estilo de vida evangélico, sus valores y sus criterios” y también son espacios “para informar lo que ocurre en la Amazonía sobre todo respecto a las consecuencias de un estilo de vida que destruye, y que los medios en manos de grandes corporaciones ocultan”.
En esta línea, el Instrumentum Laboris describe que en la región “ya existen algunos centros de comunicación social gestados por los mismos indígenas que experimentan la alegría de poder expresar sus propias palabras, su propia voz no solo a sus mismas comunidades, sino también hacia fuera”.
“El mundo indígena muestra valores que el mundo moderno no tiene. Por eso es importante que el empoderamiento de los medios de comunicación llegue a los mismos nativos. Su contribución puede tener resonancia y ayudar a la conversión ecológica de la Iglesia y del planeta. Se trata de que la realidad amazónica salga de la Amazonía y tenga repercusión planetaria”, explica el texto.
De este modo, el documento sugiere una “formación integral de comunicadores autóctonos” y anima a los agentes pastorales a estar presentes en los medios de comunicación. Además, alienta a “la constitución, promoción y fortalecimiento de nuevas emisoras de radio y televisión con contenidos apropiados a la realidad amazónica” y en general, “generar y difundir contenidos sobre la relevancia de la Amazonía, sus pueblos y culturas para el mundo” para que puedan ser promovidos en las estructuras de la Iglesia universal.
Por último, el texto vaticano señala la relevancia del “rol profético de la Iglesia y la promoción humana integral” por lo que profundiza en la “Iglesia en salida” y en la “Iglesia en escucha”. +
El cambio climático es una amenaza creciente para la salud de los ríos del mundo, debido a los impactos directos y a que los países recurren cada vez más a la energía hidroeléctrica como una opción de energía renovable. Solo un tercio (37%) de los 246 ríos más largos del mundo siguen fluyendo libres, según un nuevo estudio publicado en la revista científica Nature: “Mapping the World’s Free-Flowing Rivers”. Las represas y embalses están reduciendo drásticamente los diversos beneficios que los ríos saludables brindan a las personas y a la naturaleza en todo el planeta.
Un equipo de 34 investigadores internacionales de la Universidad McGill, World Wildlife Fund (WWF) y otras instituciones[i] analizaron el estado de conectividad de 12 millones de kilómetros de ríos alrededor del mundo, proporcionando la primera evaluación global sobre la ubicación y la extensión de los ríos que fluyen libremente en el planeta.[ii]
Entre otros hallazgos, los investigadores determinaron que solo 21 de los 91 ríos del mundo con más de mil kilómetros de longitud y que originalmente fluían al mar aún conservan una conexión directa desde el nacimiento hasta su desembocadura al mar. Los ríos que fluyen libremente y que aún quedan en el planeta se limitan en gran medida a remotas regiones del Ártico, la cuenca del Amazonas y la cuenca del Congo, en la Argentina el Río Santa Cruz es el último río glaciario de la Patagonia que corre libre desde la cordillera hasta el mar, hoy amenazado por el proyecto de construcción de las represas Condor Cliff – La Barrancosa.”Los ríos del mundo conforman una intrincada red con enlaces vitales a la tierra, el agua subterránea y la atmósfera”, indicó el autor principal, Günther Grill, del Departamento de Geografía de McGill. “Los ríos que fluyen libremente son importantes tanto para los seres humanos como para el ambiente, pero el desarrollo económico alrededor del mundo los está reduciendo. Nuestro estudio utiliza imágenes satelitales y otros datos para examinar la extensión de estos ríos con mayor detalle que nunca”.
Las represas y embalses son los principales contribuyentes a la pérdida de conectividad de los ríos. El estudio estima que existen alrededor de 60,000 grandes represas a nivel mundial y más de 3,700 represas hidroeléctricas están actualmente planificadas o en construcción. Generalmente se planifican y construyen a nivel de proyectos individuales, por lo que es difícil evaluar el impacto real en toda una cuenca o región. “En la Argentina el destino del último río libre de la Patagonia que corre desde la Cordillera hasta el océano, el río Santa Cruz, se encuentra amenazado. Las dos represas que están en construcción y podrían modificar los niveles del Lago Argentino, intensificando las consecuencias negativas para los residentes del lugar y amenazando a los mismos glaciares, no sólo al Perito Moreno sino al resto de los que protege el Parque Nacional Los Glaciares, -el segundo más visitado de la Argentina después del después del Parque Nacional Iguazú- recibiendo alrededor de un millón de turistas cada año, con alto impacto en la economía regional, Es por ello que desde hace mucho tiempo formamos la Coalición “Rio Santa Cruz Sin Represas”, junto con Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), Aves Argentinas, Banco de Bosques, y otras ONGs i trabajamos en conjunto con otras ONGs como Aves Argentinas, FARN, Banco de Bosques y muchas más pidiendo que se revise este proyecto y se suspenda la construcción de las represas y se mantenga al Rio Santa Cruz como un río libre“, señala Manuel Jaramillo, Director General de Fundación VIda Silvestre Argentina, la organización asociada a WWF en nuestro país.
“Los ríos son parte vital de nuestro planeta”, dijo Michele Thieme, científica de agua dulce y líder de la iniciativa ríos que fluyen libremente de WWF. “Los ríos proporcionan una gran variedad de beneficios, que son a menudo subestimados y pasados por alto. Este mapa, primero en su tipo, sobre los ríos que siguen fluyendo libremente en el mundo ayudara en la toma de decisiones para priorizar y proteger el valor que dan los ríos a la gente y a la naturaleza”.
Los ríos saludables mantienen poblaciones de peces de agua dulce que mejoran la seguridad alimentaria de cientos de millones de personas, acarrean sedimentos que mantienen las deltas por encima del creciente aumento del nivel del mar, mitigan el impacto de las inundaciones y sequías extremas, evitan la pérdida de la infraestructura y de los campos agrícolas a causa de la erosión, y mantienen una gran biodiversidad. La interrupción de la conectividad de los ríos a menudo disminuye o incluso elimina estos servicios ecosistémicos fundamentales.
La protección de los ríos que fluyen libres también es vital para salvar la biodiversidad de los sistemas de agua dulce. Reciente análisis de 16,704 poblaciones de vida silvestre a nivel mundial demostraron que las poblaciones de especies de agua dulce experimentaron la mayor disminución entre todos los vertebrados en los últimos cincuenta años, decayendo en promedio 83% desde 1970.
El estudio también señala que el cambio climático amenazará aún más la salud de los ríos en todo el mundo. Las crecientes temperaturas ya están afectando los patrones de flujo, la calidad del agua y la biodiversidad. Mientras tanto, a medida que los países transitan a economías con bajas emisiones de carbono, se acelera la planificación y el desarrollo de energía hidroeléctrica, lo que aumenta la necesidad de impulsar sistemas de energía que reduzcan el impacto ambiental y social en general.
“La energía renovable es como una receta donde tienes que encontrar la combinación correcta de ingredientes para tener una red de energía sostenible y un planeta que pueda prosperar”, añadió Thieme. “Si bien la energía hidroeléctrica desempeña un papel en el campo de las energías renovables, las energías eólica y solar bien planeadas pueden ser mejores opciones para los ríos, las comunidades, las ciudades y la biodiversidad que dependen de ellos”. “Cuando planteamos la suspensión del proyecto de las represas en el Río Santa Cruz, lo que hacemos es oponernos a un mal negocio desde lo técnico, ambiental, económico y social y buscar que nuestro último gran río libre pueda seguir así. Desde la coalición “Rio Santa Cruz Sin Represas” buscamos un verdadero cambio de paradigma en materia de producción y consumo de la energía, para que los recursos estatales cumplan con los compromisos de promoción de energías renovables y políticas de eficiencia energética. Exigimos el impulso de una política de eficiencia energética que promueva el uso eficiente de la misma y que permita contribuir a la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, a proteger nuestros recursos renovables, a favorecer que los servicios energéticos se brinden a un menor costo y, de esta manera, también a cuidar la economía”, destaca Jaramillo.
La comunidad internacional tiene el compromiso de proteger y restaurar los ríos de acuerdo con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, lo cual requiere que los países realicen un seguimiento de la extensión y condición de los ecosistemas relacionados con el agua. Este estudio presenta los métodos y datos necesarios para que los países mantengan y restauren los ríos que fluyen libremente alrededor del mundo.
The New York Times se adentró a la Amazonía brasileña y se hospedó con una tribu del Territorio Indígena Munduruku para ver de cerca sus luchas contra la deforestación.
Así se decidió: los mineros tenían que irse.
Sus excavadoras y dragas y mangueras de alta presión estaban destruyendo kilómetros de tierra a lo largo del río, contaminando el agua, envenenando a los pescados; eran, en general, una amenaza al estilo de vida de quienes habían habitado en la zona amazónica desde hace miles de años.
Así que una mañana de marzo los líderes de la tribu munduruku juntaron sus arcos y flechas, guardaron algo de comida en bolsas de plástico y se subieron a cuatro barcos para ir a expulsar a los mineros.
“Así se decidió”, dijo Maria Leusa Kabá, una de las mujeres de la tribu que fue parte del grupo.
Y así comenzó la confrontación.
Esta fue apenas una pequeña lucha entre las batallas enormes y existenciales que libran las comunidades indígenas en todo Brasil: no solo se trata de su supervivencia, sino de qué sucederá con toda la Amazonía y con su papel clave en el combate contra el cambio climático.
En los últimos años, el gobierno brasileño ha reducido considerablemente los fondos destinados a comunidades indígenas y varios legisladores han impulsado cambios regulatorios para que varias industrias puedan acceder a zonas amazónicas protegidas en la Constitución.
Ahora Brasil eligió a Jair Bolsonaro como presidente, figura de utlraderecha que promueve la eliminación de las tierras indígenas protegidas. Ha prometido reducir la vigilancia de leyes ambientales, a las que califica de obstáculo al crecimiento económico, y ha dejado muy claras sus intenciones para la Amazonía.
“Donde hay tierra indígena”, dijo en 2017, “hay riqueza debajo”.
Guerreros munduruku ayudan a descargar a integrantes de otras tribus que llegaron a la aldea Caroçal Rio das Tropas.CreditMeridith Kohut para The New York TimesContinue reading the main storyFoto
Integrantes de la tribu munduruku caminan por tierras protegidas que fueron destruidas por mineros ilegales en busca de oro.CreditMeridith Kohut para The New York Times
Mucho antes de la victoria de Bolsonaro, los descendientes de las tribus originales que poblaron la Amazonía, la selva tropical más grande del mundo, ya eran vulnerables a mineros, leñadores y agricultores que habían talado a niveles que los activistas advierten son insostenibles.
De 2006 a 2017, la Amazonía brasileña perdió más de cuatro millones de hectáreas de cobertura —un territorio mayor a seis millones de canchas de fútbol o al de todo Nueva York, Vermont, Nuevo Hampshire, Nueva Jersey y Connecticut juntos—, de acuerdo con un análisis hecho con imágenes satelitales por Global Forest Watch.
En tierras indígenas ya han sido talados cientos de kilómetros de bosque pese a que ahí se prohíbe la actividad industrial a gran escala. Con la victoria de Bolsonaro los líderes de diversas tribus temen que esto empeore.
“Representa la institucionalización del genocidio en Brasil”, dijo Dinamã Tuxá, coordinadora de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil. Un portavoz del equipo de transición presidencial de Bolsonaro indicó que no harían ningún comentario sobre las preocupaciones de grupos indígenas ni responderían a críticas de las posturas de Bolsonaro al respecto porque los oficiales estaban enfocados en “temas mucho más importantes”.
Los expertos dicen que la tasa de deforestación en la Amazonía, que ha sido llamada “el pulmón del mundo” porque absorbe cantidades enormes del dióxido de carbono, vuelven casi una certeza que Brasil no alcance las metas de mitigación medioambientales que estableció en 2009, cuando se presentó como ejemplo del desarrollo sostenible en una cumbre de la ONU.
De mantenerse esta tendencia, ambientalistas y procuradores federales advierten que la Amazonía se acerca a daños irreversibles con la potencial extinción de comunidades indígenas que han sobrevivido diversas calamidades a lo largo de los siglos.
“Los impactos combinados de la deforestación, el cambio climático y el uso extenso del fuego han dejado a la Amazonía en un punto crítico”, dijo Thomas Lovejoy, profesor de ciencias y políticas ambientales en la Universidad George Mason. “Los pueblos indígenas, que son los mejores defensores de sus tierras, quedan vulnerables si se desvanece el bosque”.
Dividir para conquistar
Muchos líderes indígenas ven en las amenazas contra sus comunidades una lucha estilo David y Goliat, con las tribus a merced de bandas violentas de hombres que quieren aprovechar la falta de monitoreo policial para lucrar.
La batalla por el futuro de la Amazonía se da muy lejos de las cámaras legislativas en la capital. En 2014, después de que la economía brasileña cayera en recesión, políticos y líderes de industrias que promueven reducir las regulaciones ambientales consiguieron una ventaja.
Han tenido éxito para debilitar varias protecciones establecidas en la Constitución de 1988. Pero en muchos casos esos cambios están retrasados frente a la realidad: mineros, leñadores y agricultores ya han incursionado a la Amazonía, legalmente o no, y con ello ha cambiado el panorama.
“No se han rendido respecto a cambiar las leyes, pero han priorizado una estrategia de manufacturar los hechos en el terreno”, indicó Cleber Buzzatto, secretario ejecutivo del Consejo Indigenista Misionero, grupo que defiende los derechos de grupos indígenas. “Al crear una realidad irreversible, con eso buscan cambiar la legislación”.
Esa nueva realidad es visible desde al aire: tajos de colores naranja que fueron excavados entre los ríos y árboles. Hay pocos tajos de explotación tan claros como la mina de oro ilegal en Posto de Vigilancia, uno de los poblados munduruku más remotos.
Las minas ilegales se divisan desde el aire en medio de la vegetación.CreditMeridith Kohut para The New York TimesContinue reading the main storyFoto
Los mineros ilegales les ofrecen comida a los indígenas munduruku.CreditMeridith Kohut para The New York Times
Osvaldo Waru Munduruku, el jefe de la tribu, lucía pálido cuando explicaba cómo fue que su aldea, que alberga a unas quince familias, se convirtió en un punto de minería ilegal y comercio que transformó a la región.
El presupuesto de la Fundación Nacional del Indio (Funai), agencia federal dedicada a la asistencia de grupos indígenas, se redujo sustancialmente en los últimos años, lo que dificultó que poblados más remotos consiguieran alimentos o servicios básicos. Más allá de eso, muchos líderes indígenas como Osvaldo Waru querían mejorar los estándares de vida en sus comunidades de maneras que no necesariamente permiten una existencia aislada.
Así que cuando en 2015 llegaron los primeros “mineros blancos” y le sugirieron hacer un acuerdo, Waru se vio tentado.
Él y otros líderes indígenas sabían que no iban a poder hacer mucho para detener a los mineros. La recesión había llevado a muchos brasileños desempleados a buscar oro en la selva y Waru pensó que si iba a haber una fiebre de oro en esa parte del estado de Pará, quizá convendría que el pueblo pactara ganar una parte.
Es cada vez más común que se intente cooptar de esta manera a quienes viven en las áreas remotas de la selva, y es algo que los líderes indígenas quieren evitar.
“Divide y reinarás”, dijo Fernanda Kaingáng, abogada por los derechos de personas indígenas que forma parte de la tribu kaingang. “Esa es la estrategia que utilizan entre comunidades indígenas para conseguir acceso a leña, minerales y tierra”.
Los mineros en el poblado de Waru talaron una franja en el bosque para tener un pista aérea y construyeron un asentamiento con habitaciones y una pequeña iglesia. Acordaron darle a Waru el 10 por ciento de las ganancias mensuales; algunos cientos de dólares, según dijo.
“Los ahorrábamos y ahorrábamos hasta que hubiera suficiente para comprar cosas para la comunidad”, dijo. Con eso costearon un nuevo motor de barco, un generador eléctrico y una radio.
Pero entonces empezaron los brotes de diarrea entre los niños. La erosión de las minas le dio al río un color café. Los pescados que por mucho tiempo fueron parte de la dieta de la comunidad ahora tenían rastros del mercurio usado para extraer oro.
“Antes había mucha comida aquí, pero el agua se contaminó, los peces desaparecieron”, dijo. “Nos preocupó cada vez más el futuro de nuestros niños”.
Una recuperación en la cima del abismo
En Brasil hay unas 896.000 personas indígenas que representan menos del 0,5 por ciento de la población. Pertenecen a 300 tribus y hablan más de 270 idiomas.
Son porcentajes pequeños en comparación con los millones que pertenecen a pueblos indígenas en países como Bolivia y Perú. Porque hace medio siglo estaban cerca de la extinción.
En 1500, cuando llegaron los primeros colonizadores portugueses, había entre tres y cinco millones de personas en lo que después sería llamado Brasil.
La viruela y otras enfermedades que trajeron los europeos mataron a cientos de miles. Después establecieron la esclavitud en plantíos de azúcar y con la llegada de personas en busca de lucrar con el caucho a partir de la década de 1870.
Para los años sesenta, cuando empezó la dictadura brasileña, la población indígena rondaba las 100.000 personas. Los generales consideraron a las comunidades indígenas un impedimento para el desarrollo y los expulsaron de pueblos remotos para intentar asimilarlos.
Esta política fue abandonada en 1988 con la nueva Constitución, que pretendía reparar los abusos del pasado con el establecimiento de un proceso para definir y proteger territorios indígenas. Ahora hay más de seiscientas reservan que suman el 13 por ciento del país; es algo que nunca caído bien a los mineros o leñadores.
Aquí, a lo largo del río Tapajos, los munduruku —que juntos suman más de 14.000 integrantes— han quedado separados en decenas de pequeños pueblos en un territorio algo más grande que todo El Salvador.
Los miembros de la tribu revisan las frutas que recogieron en Caroçal Rio das Tropas.CreditMeridith Kohut para The New York TimesContinue reading the main storyFoto
Hombres y niños munduruku revisan los daños causados por la minería ilegal en Posto de Vigilancia.CreditMeridith Kohut para The New York Times
Sin embargo, a medida que la recesión azotó el noreste y los estados de la Amazonía, de por sí empobrecidos, empezaron a llegar los extranjeros y sus familias a tierras munduruku. Volvieron a echar a andar las minas de oro que el gobierno había cerrado en los 90.
Cuando llegaron a los poblados sobre el Tapajós, en 2015, encontraron comunidades en estados peores que las suyas.
En una, Caroçal Rio das Tropas, las familias viven en chozas de madera deterioradas y duermen en hamacas. Hay perros muy delgados con heridas sin curar que olfatean a ver qué sobras consiguen. Cuando alguien es mordido por una serpiente venenosa se usa el mismo cuerpo de la serpiente a modo de torniquete mientras el paciente hace el viaje de seis horas en barco a la ciudad más cercana.
A algunas familias les va mejor que a otras: tienen televisores, teléfonos celulares y otros electrodomésticos que usan con ayuda de generadores viejos. Según Ezildo Koro Munduruku, eso se debe a las ganancias por la minería ilegal que han transformado tanto al área como a la tribu.
“La generación de nuestros abuelos tenía una organización muy fuerte”, dijo Ezildo, de 41. “Todos estaban unidos y había poco contacto con gente blanca”.
A medida que crecieron los campos de mineros —y con ellos la llegada de los alimentos procesados, las drogas, el alcohol y la prostitución—, muchos hombres munduruku intentaron hacer dinero. Cambiaron sus dietas; adoptaron vicios. Muchos munduruku temen que su estilo de vida haya sido alterado de manera irreparable.
“Entre las familias hubo enfrentamientos de hermano contra hermano”, dijo Ezildo.
Algunos líderes indígenas argumentaron que la minería podía ser una bendición que no causaría tanto daño ambiental. Pero los beneficios del oro fueron modestos y pasajeros.
“Estamos enfermos, física y espiritualmente”, dijo Ezildo. “Si uno gana por cien gramos de oro, lo gasta en alcohol o prostitutas”.
Para sobrevivir
Después de tres días de debate, las mujeres de la tribu dieron la última palabra. Algunas señalaron directamente a algunos de los hombres y otras lloraron cuando estaban al micrófono.
Pero al final Maria Leusa Kabá, la mujer que ayudó a organizar la rebelión contra los mineros, levantó un cartel donde estaba escrito un resumen del plan.
“Paralizar la actividad minera ilegal en el área indígena, limpiar el territorio y expulsar a los invasores de las tierras munduruku”, decía.
Una danza ceremonial de los munduruku da inicio a una asamblea poco común de integrantes de esa tribu de casi todos los poblados de la Amazonía.CreditMeridith Kohut para The New York TimesContinue reading the main storyFoto
Después de una asamblea para debatir cómo responder a los mineros ilegales, los integrantes de la tribu munduruku decidieron confrontarlos para forzar su salida.CreditMeridith Kohut para The New York Times
Los mineros sabían que se acercaba la revuelta e intentaron detenerla. Volaron al pueblo armados con enormes bolsas de arroz, frijoles, pasta y hasta gaseosas sabor a uva y naranja.
Cleber da Silva Costa, el minero que llegó con las ofertas, les dijo que sabía que lo que él y los otros mineros estaban haciendo era ilegal y dañino para el medioambiente. No obstante, intentó convencerlos de que su crimen era tan solo síntoma de un error mucho más grande.
“Si no hubiera tanta gente corrupta en el Congreso, sería factible pensar en la preservación del ambiente”, les dijo.
Da Silva, de 47 años y padre de tres hijos, dijo que su campamento había hecho más a favor de mantener las comunidades indígenas que para destruirlas.
“Lo poco que tienen hoy es gracias a los mineros”, aseguró. “El gobierno no ayuda. Todo el dinero se lo roban. Puede que estemos haciendo mal, pero acá la ley es cómo sobrevivir”.
‘Esta tierra no es suya’
Unos treinta integrantes de la tribu, con armas en mano, salieron para expulsar a los mineros.
Pero después de un trayecto de más de seis horas a través de ríos, pantanos y colinas, estaban hambrientos y exhaustos cuando llegaron al primer campamento minero.
Amarildo Dias Nascimento, el supervisor de la zona, se dio cuenta de que se acercaba un enfrentamiento. Entonces buscó darles una gran bienvenida a los munduruku; instruyó a sus cocineros para que hicieran pollo, arroz y frijoles para los invitados.
“Esta noche enfoquémonos solamente en la alegría”, les dijo.
Nascimento, de 47 años, argumentó que los mineros solamente querían sobrevivir.
“A muchos no les queda más opción”, dijo, y señaló a los hombres del campamento. “¿Mejor ser ladrón en Río de Janeiro? Muchos están aquí porque no quieren recurrir a eso. Estamos luchando por el pan de cada día”.
Los munduruku reposan después de seis horas de traslado por ríos y colinas frente a equipo de minería usado de manera ilegal en tierras protegidas.CreditMeridith Kohut para The New York TimesContinue reading the main storyFoto
Trabajo ilegal de minería en Posto de VigilanciaCreditMeridith Kohut para The New York Times
La mañana siguiente, Maria Leusa convocó a los mineros mientras amamantaba a su bebé.
“Esta tierra es nuestra”, les dijo. “Esta tierra no es suya. Aquí es donde nosotros conseguimos el sustento para nuestros hijos. No dependemos del oro, sino de las frutas y de los animales a los que han alejado”.
Nascimento escuchó con la cabeza inclinada.
“Cuando nos diga que nos vayamos, lo haremos”, le dijo a Maria Leusa.
La reunión terminó y varios integrantes de los munduruku se subieron a una excavadora manejada por uno de los mineros para evitar cruzar una zona muy lodosa a pie. Pero se fueron sin que quedara claro cuando se irían los mineros, o si lo harían.
Los munduruku llegaron al siguiente campamento, donde pretendían dejar claro el mismo mensaje. Pero aquí había más gente y la bienvenida no fue la misma. Varios estaban alcoholizados.
“Tuvimos que regresar porque estaban armados”, dijo Maria Leusa.
La misión fue el comienzo de la operación Pajé Bravo, en honor a un mito indígena de una persona malévola que fue expulsada.
Varios legisladores quieren expandir la minería, los cultivos y la tala, pero hay procuradores y funcionarios que intentan prevenirlo por medio de la autoridad para aplicar leyes ambientales mientras todavía existen.
Sin embargo, las redadas logran poco. Como es habitual, en esta ocasión los mineros corrieron hacia la selva cuando se acercaban los helicópteros y los investigadores no pudieron hacer arrestos ni muchas preguntas. Los agentes abrieron fuego contra alguna maquinaria y moradas del campamento antes de irse.
“Fue como zona de guerra”, dijo Valmir, un minero que pidió no dar su apellido por temor a represalias. “Ninguno aquí es bandido. Si el gobierno nos ofrece empleo que no sea en las minas, nadie regresaría acá”.
Días después, los procuradores federales buscaron a los vendedores de oro en las zonas urbanas más cercanas para una segunda fase de su investigación. Esta fue apodada “Dilema de Midas”, como el rey que volvía oro todo lo que tocaba.
“Hay un paralelo con la explotación de riquezas nacionales”, dijo Gecivaldo Vasconcelos Ferreira, policía federal que ayudó a liderar la investigación, sobre el nombre del operativo. “Si no son explotadas de manera responsable se vuelven una maldición”.
Luis Camões Boaventura, procurador encargado del caso, dijo que las autoridades apenas si han develado la primera capa de la industria, que es respaldada por políticos locales y nacionales.
Hay cientos, si no miles, de minas de oro ilegales a lo largo del río Tapajós, y las cadenas de suministro están separadas para que sea difícil llegar desde ahí hasta los jefes de la minería, explicó Camões Boaventura.
Los munduruku pasaron una noche en el campamento de mineros ilegales.CreditMeridith Kohut para The New York TimesContinue reading the main storyFoto
El amanecer sobre la AmazoníaCreditMeridith Kohut para The New York Times
En mayo, los procuradores exigieron tomar acciones con la advertencia de que el comercio de oro “potencialmente resultaría en la extinción de comunidades indígenas y culturas tradicionales”.
Los procuradores federales han dicho que lo que viven algunas comunidades califica como “genocidio”.
Es una postura que no comparten otros políticos federales, estatales o locales. En el Congreso, una coalición conocida como el bloque ruralista ha impulsado varias medidas para facilitar el acceso a minerales y a cultivo en zonas protegidas.
Bolsonaro, diputado que fue elegido a la presidencia por un margen amplio, ha dado a entender desde hace tiempo que eso es lo que promueve.
“Si dependiera de mí, no habría más áreas indígenas en el país”, dijo después de su triunfo a finales de octubre.
Para deshacerse de esas zonas protegidas necesitaría cambiar la Constitución. Pero Bolsonaro ha amenazado con tomar pasos más pequeños, como dejar de imponer multas contra empresas e individuos que violan las leyes medioambientales.
Ya ha hecho este tipo de propuestas anteriormente. En 2012, cuando él mismo fue multado por pescar en un área protegida, introdujo un proyecto al Congreso para que los integrantes de dos agencias federales que monitorean la minería, pesca y tala ilegales puedan portar armas.
Durante la campaña dijo que el sistema de tierras protegidas es obsoleto e hizo eco de lo que se decía en la dictadura militar: que esas zonas frenan el crecimiento económico y hasta las perspectivas individuales de personas indígenas. Declaró que había llegado el momento de “reintegrarlos a la sociedad” y reconocer que ellos “no quieren vivir en zoológicos”.
Bolsonaro argumenta que Brasil ya no puede tolerar que tantas tierras estén apartadas y protegidas como territorios indígenas, parques nacionales y zonas de conservación.
“Todo eso impide nuestro desarrollo”, ha dicho.
Los líderes munduruku que se oponen a la minería se entusiasmaron cuando se enteraron de las redadas. Pero poco después, algunos de ellos como Kabá recibieron amenazas.
“La expectativa de los líderes indígenas cuando denunciaron lo que sucedía era que iba a llegar el Estado y expulsar a la gente blanca”, dijo Danicley de Aguiar, activista de Greenpeace que ha asesorado a los munduruku. No fue así.
Adonias Kabá Munduruku, uno de los líderes de la tribu que sí tiene acuerdos con los mineros, opinó que proteger el medioambiente y las tradiciones indígenas son metas loables, pero no realistas.
“Es la única manera para nosotros, como mineros indígenas, de enviar a nuestros hijos a estudiar a las ciudades, de que puedan ir a la universidad”, dijo Adonias, de 40. “Los padres quieren que sus hijos aprendan, que estén preparados, para que no terminen como nosotros: trabajando en las minas”.
Los procuradores aún no presentan cargos contra nadie después de las redadas y la minería de oro se mantiene.
“Lo que vemos es que es un crimen que queda impune”, dijo Paulo de Tarso Moreira Oliveira, procurador federal.
abc.es. La pérdida de la selva alimenta un tsunami de extinciones de especies tropicales, pero no todo es tristeza porque muchas de las especies que habían abandonado este hábitat regresan 30 años después coincidiendo con la regeneración del rebrote secundario de los bosques.
Así lo asegura un equipo de nueve investigadores de instituciones de Brasil, Finlandia y Portugal, en un estudio publicado en la revista Scientific Reports después de analizar la Amazonia brasileña.
El trabajo sugiere que los cataclismos ecológicos provocados por la fragmentación del bosque pueden revertirse con la regeneración de bosques secundarios, lo que supone un rayo de esperanza para la biodiversidad tropical en todo el mundo.
Los investigadores descubrieron que las especies fuertemente asociadas con los bosques primarios disminuyeron en gran medida tras 15 años de perturbaciones causadas por el ser humano, como la quema de terrenos y la tala de bosques. Sin embargo, muchas especies que habían abandonado su hogar regresaron tres décadas después con la regeneración del rebrote secundario.
“Si se comparan los períodos de tiempo, es evidente que tomar una visión a largo plazo es primordial para descubrir la complejidad de la biodiversidad en paisajes modificados por humanos”, apunta Christoph Meyer, profesor de ecología y conservación global de la Universidad de Salford (Reino Unido), y autor principal del estudio.
El estudio mide los impactos de la descomposición forestal para 50 especies de murciélagos (aproximadamente 6.000 individuos). Estos animales comprenden cerca de una quinta parte de todas las especies de mamíferos y muestran una amplia variación en su comportamiento alimentario y el uso del hábitat, lo que los convierte en un excelente grupo modelo para investigar.
“Las respuestas exhibidas por los murciélagos ofrecen información importante sobre las respuestas de otros grupos taxonómicos”, dice Ricardo Rocha, de la Universidad de Lisboa (Portugal), quien apunta que “la recuperación que hemos documentado refleja los patrones observados para las comunidades de escarabajos y aves en el Amazonas”.
“Estas tendencias paralelas refuerzan la idea de que los beneficios de la regeneración de los bosques son generalizados y sugieren que la restauración del hábitat puede mejorar parte del daño infligido por los humanos a la vida silvestre tropical”, agrega.
Rocha explica que la recuperación observada en el Amazonas se debió principalmente a la recolonización de murciélagos en áreas previamente deforestadas, lo que es probablemente atribuible a una mayor diversidad y abundancia de recursos alimenticios en áreas ahora ocupadas por bosques secundarios.