El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, volvió a polemizar en las redes sociales con el actor estadounidense Leonardo DiCaprio, tras las nuevas críticas que realizó el protagonista de Titanic por la situación ambiental en la parte brasileña de la selva amazónica.
“¿De nuevo vos, Leo? Así, vas a convertirte en mi mejor gran elector”, respondió Bolsonaro en una serie de publicaciones en la red social Twitter, en referencia a que las críticas lo hacen más fuerte para su intento de reelección en los comicios del 2 de octubre.
El actor publicó en martes en Twitter un mapa de la ONG MapBiomas que muestra el cambio que sufrió la Amazonía brasileña en los últimos tres años a raíz de la deforestación por las actividades extractivistas ilegales.
Bolsonaro, como había hecho en mayo de este año, apuntó al yate del actor de El Renacido: “Te podría decir de nuevo que desistas de tener un yate antes de dar sermones al mundo, pero conozco a los progresistas, quieren cambiar el mundo pero nunca quieren cambiar sus conductas”.
El mandatario de ultraderecha se quejó de que el actor no publica los incendios forestales en Estados Unidos y Europa: “Alguien puede pensar que estás obsesionado por mi país (o sus recursos naturales) o si crees que Brasil es el único en la tierra”.
“Podés seguir jugando con tus juguetes de estrellas de Hollywood mientras acá seguimos trabajando”, añadió Bolsonaro, que sostuvo que el promedio de deforestación amazónica de su gobierno es menor que el de administraciones anteriores.
El informe publicado por DiCaprio indica que el ritmo de deforestación amazónica en 2021 fue de 1,9 hectáreas por minuto.
Según MapBios, la selva amazónica concentra el mayor frente de deforestación de Brasil, con el 59% de la tala a nivel nacional registrada por imágenes de satélite.
Eduardo Chaves, Amanda Gorziza e Renata Buono, revista Piauí. A diferencia de otros países, Brasil aumentó las emisiones de gases de efecto invernadero durante la pandemia. Este es el resultado de la creciente deforestación en los bosques brasileños. En 2020, hubo un aumento del 24% en las emisiones de CO2 por cambios en el uso del suelo en comparación con el año anterior.
El CO2, dióxido de carbono equivalente, se utiliza para medir el conjunto de gases de efecto invernadero. En un año, las emisiones de la Amazonia aumentaron en 187 millones de toneladas, el equivalente a las emisiones de Perú.
La deforestación fue responsable por las tres cuartas partes del CO2 liberado en los nueve estados en 2020. Altamira (PA), líder en el ranking por municipios, emitió 35,2 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en 2019.
En 2020, Brasil registró un aumento del 24% en las emisiones de CO2 por deforestación en comparación con el año anterior. En todo el país, se emitieron 998 millones de toneladas de gases de efecto invernadero debido a cambios en el uso del suelo, frente a 807 millones en 2019. La deforestación es el sector con la mayor parte de las emisiones de CO2 en Brasil, representando aproximadamente la mitad (46 %) de ellas.
Todos los días, las personas emiten gases de efecto invernadero debido a sus actividades, como viajar en autobús y encender el aire acondicionado. En 2020, la emisión media de CO2 de cada brasileño fue de 10,2 toneladas brutas. El promedio mundial está muy por debajo de las 6,7 toneladas. Por año, es como si un brasileño produjera, en gases de efecto invernadero, lo mismo que 30 autos corriendo 10 kilómetros por día, durante un año.
Entre 2019 y 2020, las emisiones de gases de efecto invernadero aumentaron un 20% en los estados de la Amazonía Legal. Juntos, Acre, Amapá, Amazonas, Mato Grosso, Pará, Rondônia, Roraima, Tocantins y Maranhão registraron un crecimiento de 187 millones de toneladas de CO2, equivalente a las emisiones observadas en todo 2019 en Perú.
Los cambios en el uso del suelo, causados básicamente por la deforestación, fueron responsables del 75% de las emisiones de CO2e en los nueve estados de la Amazonía Legal en 2020. La agricultura representó el 19% de las emisiones, la energía el 5% y los residuos el 1%.
En 2019, los 50 municipios brasileños que más emitieron gases de efecto invernadero fueron responsables de una cuarta parte de todas las emisiones del país. Altamira-PA (35,2 millones de toneladas de CO2), São Félix do Xingu-PA (28,8) y Porto Velho-RO (23,3) lideran el grupo, que totalizó 475,2 millones. Las otras 5.520 ciudades brasileñas sumaron 1.400 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Entre los estados, Pará fue el principal emisor de Brasil.
Altamira (PA) registró 35,2 millones de toneladas de CO2 en 2019. Si la ciudad fuera considerada un país, ocuparía el puesto 108 en el ranking mundial de emisiones. Países como Suecia, Noruega y Croacia produjeron menos gases de efecto invernadero que el municipio de Pará, aunque tienen al menos 35 veces más habitantes.
RÍO DE JANEIRO, INTER PRESS SERVICE – La humanidad ganó dos nuevos mártires. Bruno Araújo Pereira y Dom Phillips murieron por defender la Amazonia y los indígenas, sostenes de la vida humana en el planeta.
Los dos estaban en la Amazonia profunda, en el noroeste de Brasil, cerca de la frontera con Perú. Dos pescadores locales confesaron haberlos asesinado el 5 de junio, según la Policía Federal brasileña, que aún investiga la participación de otras personas en el crimen.
Se reafirma así la máquina amazónica de producir héroes y mártires que intentan contener la destrucción de los bosques, ríos y biodiversidad. Sobrepasar el punto de no retorno de la deforestación, que ya está muy cerca, convertiría a la Amazonia en una bomba de carbono, acelerando el recalentamiento global, advierten investigadores.
Por eso, defender los mayores bosques tropicales del mundo, como hacen los indígenas, es una lucha por la humanidad. La Amazonia es hoy el centro del mundo, según Eliane Brum, la periodista más premiada de Brasil, que desde 2017 vive en Altamira, en la Amazonia oriental.
El periodista británico Phillips recogía informaciones, especialmente en diálogo con los indígenas, para un libro que, según sus allegados, trataría de apuntar “como salvar la Amazonia”, sometida a la deforestación y otras actividades destructoras, como la minería y la pesca ilegal.
Para eso contaba con una beca de la estadounidense Fundación Alice Patterson. Y era colaborador del diario The Guardian, de Londres, pero en sus 15 años en Brasil escribió para otros grandes diarios de Estados Unidos y el Reino Unido.
Manifestación de indígenas, ambientalistas y opositores al gobierno brasileño del presidente Jair Bolsonaro en Manaus, capital del estado de Amazonas, tras la confirmación del asesinato del indigenista brasileño Bruno Araújo Pereira y del periodista británico Dom Phillips. Foto: Alberto César Araújo / Amazônia Real-Fotos Públicas
Indigenistas bajo fuego
El brasileño Pereira refleja el heroísmo de los indigenistas que tratan de cumplir su misión y vocación en las condiciones adversas impuestas por el actual gobierno. Era funcionario de la Fundación Nacional del Indio (Funai), órgano gubernamental de promoción de los derechos indígenas, desde 2010, pero estaba con una licencia desde 2019.
Ascendió en la carrera como coordinador local de la Funai en el Valle del Javari, donde viven cerca de 6000 indígenas de 26 grupos, 19 de los cuales en condición de aislamiento, es decir sin contacto con la sociedad envolvente, en un área reservada de 85 444 kilómetros cuadrados, el doble de la extensión de Países Bajos.
En 2018 asumió la Coordinación General de Indígenas Aislados y de Reciente Contacto, la división de la Funai que trata de proteger esos grupos más vulnerables y las tierras que ocupan.
Una operación que condujo en septiembre de 2019 destruyó más 60 embarcaciones de la minería ilegal que había invadido la Tierra Indígena del Valle del Javari, considerada la mayor concentración de indígenas aislados en el mundo.
El éxito en la expulsión de los invasores al parecer no gustó a las nuevas autoridades del gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro, en el poder desde enero de ese año, que luego destituyeron a Pereira de sus funciones de jefatura.
Relegado a tareas burocráticas en Brasilia, el funcionario pidió entonces una licencia, manteniendo su vínculo con la Funai pero sin remuneración, para volver a la Amazonia como consultor de la Unión de los Pueblos Indígenas del Valle del Javari (Univaja), donde los ayudaba a proteger sus tierras.
La Univaja organizó la defensa del territorio con guardianes propios, ante el aumento de las actividades ilegales, de minería, pesca, extracción de madera e incluso narcotráfico, en los alrededores y dentro del área indígena. La cercanía de las fronteras con Perú y Colombia favorece el tránsito de las drogas con sus rastros de violencia.
Esos guardianes fueron decisivos para detectar pronto la desaparición del indigenista y el periodista, apuntar posible local del crimen e identificar los sospechosos.
Policías y militares durante una rueda de prensa sobre la prisión de los pescadores Amarildo y Oseney da Costa de Oliveira, dos hermanos y presuntos homicidas del indigenista Bruno Pereira y el periodista Dom Phillips. La reunión informativa ocurrió en la ciudad de Manaus el 15 de junio y excluyó la participación de los indígenas que fueron decisivos en la investigación del crimen. Foto: Alberto César Araújo/Amazônia Real-Fotos Públicas
Producción de mártires
“Fue un crimen horrible, pero no aislado. La Amazonia registra una larga historia de seguidos atentados contra ambientalistas y activistas sociales”, recordó Marcio Santilli, socio fundador del Instituto Socioambiental (ISA), organización no gubernamental volcada al ambiente y los pueblos originarios.
“La intensificación de la criminalidad tiene que ver con la impunidad. La responsabilidad en este caso actual no se limita a los dos presos. Debe haber mandantes y otros involucrados. Llevar la investigación hasta el final es importante para revertir la escalada de la violencia”, acotó.
“El presidente Jair Bolsonaro tiene la corresponsabilidad al incitar la violencia con sus declaraciones y acciones de gobierno, al estimular la minería depredadora y desmontar los instrumentos de control de la deforestación”, opinó Santilli a IPS, por teléfono desde Brasilia.
Ya son muchas las víctimas de una violencia que es tradicional en la Amazonia. Algunos asesinatos ganaron gran repercusión nacional e internacional, como este de Pereira y Phillips.
Chico Mendes, un símbolo de las luchas sociales y ambientales amazónicas, murió en 1988 en el estado de Acre, también cerca de la frontera con Perú y Bolivia. En 2005 fue la vez de Dorothy Stang, una misionera estadounidense que impulsaba proyectos de desarrollo con pequeños agricultores, en conflicto con grandes propietarios de tierra.
En cambio, el asesinato de Maxciel Pereira dos Santos, también funcionario de la Funai como Pereira, en septiembre de 2019, cayó en el olvido y no se conoce su autor. Lo mataron con dos tiros en la nuca en Tabatinga, ciudad de 68 000 habitantes en la frontera con Colombia.
Muchos miles de indígenas perdieron la vida en la década de los 70, cuando la dictadura militar brasileña de 1964-1985 inició la construcción de carreteras que cruzan la Amazonia en varios puntos y direcciones, en un genocidio sin datos precisos y gradualmente desnudado.
La presencia de un periodista extranjero al lado de Pereira contribuyó a la gran repercusión actual del asesinato del indigenista brasileño, al igual que los avances en los debates y negociaciones de la crisis climática y otros temas ambientales en el mundo.
El río Itaquaí, un afluente del río Javarí, que da nombre a la región del noroeste de Brasil y a la tierra indígena en la frontera con Peru, en el tramo donde ocurrió el asesinato del indigenista Bruno Araújo Pereira y del periodista británico Dom Phillips y cerca de donde se descubrió los restos mortales de los dos asesinados. Foto: Cícero Pedrosa Neto / Amazônia Real-Fotos Públicas
Política de extinción
Bolsonaro intenta promover en la Amazonia una política similar al de la dictadura militar, de ocuparla a cualquier costo, en desmedro de la naturaleza y de los indígenas. Presiona al legislativo Congreso Nacional a aprobar leyes que permiten la explotación minera en las tierras indígenas, así también otras actividades hasta hoy limitadas, como la agricultura de gran escala.
La Funai ha soportado la reducción de su presupuesto y la toma de su dirección por militares y personas ajenas al tipo de conocimiento necesario, así como órganos de control ambiental como el Instituto Brasileño de Medio Ambiente.
“Vivimos un momento crítico”, resumió Santilli. Más amenazador que en la dictadura militar “en algunos aspectos”, según el especialista de ISA, porque se busca destruir los avances de las últimas cuatro décadas sin “las resistencias que había en las mismas fuerzas armadas que no permitían un dictador personal”.
Durante los 21 años bajo el gobierno militar, hubo una alternancia en el poder. Cinco generales ocuparon la presidencia, sin derecho a reelección. Ahora Bolsonaro intentará reelegirse en los comicios de octubre para cuatro años más en el gobierno.
Si lo consigue, la situación se agravaría demasiado. Un nuevo gobierno tiene que asumir “un compromiso con la Amazonia y su población”, concluyo Santilli.
Los presuntos asesinos del indigenista Pereira y del periodista Phillips son simples pescadores, que pretendían seguir en la pesca ilegal dentro de la tierra indígena. Difícilmente se beneficiarían a la larga de las medidas propuestas por Bolsonaro.
No hay hipótesis de que los dos pescadores fueran solo los ejecutores de un plan mayor contra los dos asesinados, pero la forma en que fue realizado el crimen lo descarta inicialmente.
Pero sí es un hecho que el discurso presidencial exacerba los conflictos y el efecto puede ser tragedias como la que conmueve el mundo estos días. Por eso Bolsonaro es responsable, aunque no sea culpable, es una opinión diseminada en amplios sectores y medios de comunicación.
El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, dijo que su par estadounidense Joe Biden, así como los de Francia, Canadá y Reino Unido están “atacando constantemente” a Brasil y que lo acusan de no saber “tratar la Amazonía”.
“(Emanuel) Macron, Biden, (Justin) Trudeau, Boris (Johnson), entre otros, están todo el tiempo fustigándonos”, diciendo “que nosotros no sabemos lidiar con la Amazonía”, se quejó el mandatario en una entrevista con un canal de YouTube divulgada el viernes.
Para Bolsonaro, las críticas de estos países buscan “dejar a Brasil en un segundo plano” en el mercado de materias primas, porque así “las de ellos se valorizan”.
“Aquí tenemos commodities, sobre todo en el campo. Y competimos con algunos países importantes. Obviamente, los países están interesados en dejarnos en un segundo plano, porque mientras menos mercancías hay en el mercado, la de ellos es más valorada. Francia, Estados Unidos, un poco Australia, que no tiene un gran poder de influencia y no juega contra nosotros”, aseguró, según el diario Folha de Sao Paulo
Bolsonaro ya había criticado previamente al presidente estadounidense en octubre pasado cuando dijo que “la administración de Biden es un gobierno más de izquierda. Un gobierno que está casi obsesionado con el tema ambiental, por lo que nos molesta un poco a nosotros”.
El jefe del Ejecutivo brasileño también defendió su visita a Rusia en los días previos a la guerra con Ucrania, iniciada el pasado 24 de febrero, y dijo que el presidente ruso, Vladimir Putin, siempre mantuvo una posición de reconocimiento de la soberanía de Brasil sobre la selva amazónica.
Bolsonaro insistió en la idea de que Brasil es “un ejemplo para el mundo” en preservación ambiental.
Sin embargo, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), las áreas con alertas de deforestación en la Amazonía alcanzaron un nivel récord en el mes de abril, cuando se registró la tala de 1.012,5 kilómetros cuadrados de bosque.
Las críticas de Bolsonaro contra Biden se dan en momentos en que debe definir si viajará a Los Ángeles a principios de junio para asistir a la Cumbre de las Américas.
A su vez, la publicación de la entrevista coincidió con el encuentro que mantuvo el mandatario con el empresario sudafricano Elon Musk en la ciudad de San Pablo, donde compartieron un evento para anunciar un plan para conectar regiones de la Amazonía a través de la red satelital del dueño de las firmas Tesla y SpaceX.
“Contamos con Musk para que la Amazonía sea conocida por todos en Brasil y el mundo, para mostrar la exuberancia de esa región, cómo es preservada y qué daño causa para nosotros aquellos que difunden mentiras sobre esa región”, dijo Bolsonaro.
La COP15 contra la desertificación que terminó hoy en Costa de Marfil, se comprometió a “acelerar la restauración de mil millones de hectáreas de tierras degradadas de ahora hasta 2030”, indicó la declaración final de la conferencia.
Se trata de una de las decisiones tomadas tras once días de trabajo en la 15ª Conferencia de las Partes (COP) de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULCD), que reunió a unos 7.000 participantes.
La COP15 se compromete también a “reforzar la resiliencia ante la sequía identificando la expansión de zonas áridas”, a “combatir las tormentas de arena y de polvo y otros riesgos crecientes de catástrofes” o a “abordar las migraciones forzadas y los desplazamientos provocados por la desertificación y el deterioro de tierras”.
Ibrahim Thiam, secretario ejecutivo de la CNULCD, señaló durante la rueda de prensa de clausura que “si restauramos las tierras, reducimos las emisiones (de CO2) y las devolvemos al suelo”.
El primer ministro marfileño, Patrick Achi, invitó durante la ceremonia de clausura “a todas las partes a demostrar eficacia y celeridad en la implementación de proyectos ya identificados o de aquellos que emergerán en el futuro”.
La COP15 celebrada en la ciudad de Abiyán se inauguró el 9 de mayo en presencia de nueve jefes de Estado africanos, que subrayaron los efectos negativos de la sequía y la desertificación para su continente y la “urgencia” de solucionarlo.
El anfitrión, el presidente marfileño Alassane Ouattara, señaló que la conferencia se celebraba “en un contexto de urgencia climática que impacta duramente nuestras política de gestión de la tierra y agudiza el fenómeno de sequía”.
El presidente de la República Democrática del Congo, Félix Tshisekedi, destacó por su parte “el alargamiento de las estaciones secas” en África y “el avance de los desiertos del Sáhara y el Kalahari”.
En un mensaje de video, el presidente francés Emmanuel Macron dijo que “la desertificación tiene el rostro de más de 3.200 millones de personas que viven en tierras degradadas en todo el mundo”. “Es urgente actuar”, añadió.