apertura comercial

La economista Dal Poggetto alertó por el impacto del programa económico en la clase media

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La economista Marina Dal Poggetto sostuvo que, en el actual programa económico, “la variable de ajuste es el salario de la clase media” y remarcó que el Gobierno prioriza el ancla cambiaria y la desinflación por sobre la tasa de interés y el nivel de actividad. En un diagnóstico crítico, advirtió sobre la pérdida de poder adquisitivo, el deterioro del consumo y las dificultades crecientes del sector industrial, en un contexto de apertura comercial, tarifas elevadas y competencia importada.

Salarios, tarifas y consumo: el nuevo eje del ajuste

En declaraciones a Radio Rivadavia, la directora de la consultora Eco Go, Marina Dal Poggetto, trazó un análisis del actual esquema económico y afirmó que “la variable de ajuste es el salario de la clase media”, en contraste con el modelo anterior, donde el control de tarifas funcionaba como amortiguador del impacto inflacionario sobre los ingresos.

“El gobierno anterior pisaba las tarifas para que la gente pagara bienes caros. Ahora, con tarifas altas, si los precios de los bienes no comprimen, la variable de ajuste termina siendo el salario de la clase media”, explicó. En ese sentido, ejemplificó que algunos precios mostraron caídas significativas en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) —como los electrodomésticos, que retrocedieron 45%, o los textiles, con una baja del 20%—, pero advirtió que esa corrección no alcanza para compensar el aumento de los servicios regulados.

Según Dal Poggetto, esta dinámica impacta directamente en la capacidad de consumo de los hogares: “El salario ya no alcanza para cubrir prepagas o colegios”, señaló, al describir el efecto combinado de tarifas más altas y salarios reales en retroceso.

Actividad económica, industria y apertura comercial

En su análisis, la economista subrayó que el Gobierno “prioriza el ancla cambiaria y la desinflación por sobre la tasa de interés y el nivel de actividad”, una decisión que condiciona el desempeño de amplios sectores productivos. Si bien reconoció que la economía crecerá 4,3% este año, aclaró que ese resultado responde principalmente al arrastre estadístico, más que a una recuperación homogénea.

“La actividad en noviembre estaba en los mismos niveles que el año anterior. Hay sectores ganadores y perdedores, y la industria es uno de los más rezagados”, afirmó. En ese marco, recordó que la Argentina atraviesa ciclos recurrentes de ajuste y expansión sin resolver problemas estructurales: “Argentina es pendular y siempre discutimos lo mismo”.

Dal Poggetto describió el cambio de escenario para el entramado industrial: “Antes jugaban en Disneylandia. Podían fijar precios y cantidades con pesos baratos y protección. Ahora tienen competencia importada y un fuerte aumento de costos por las tarifas y servicios indexados”. Según su diagnóstico, esta combinación está detrás del aumento de cierres de fábricas y despidos, que comenzaron a multiplicarse en distintos rubros.

Además, remarcó que el Gobierno avanza en una mayor apertura de la economía “en parte con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y con la baja de aranceles”, lo que refuerza la presión competitiva sobre la producción local.

Inflación, metodología del INDEC y perspectivas

En relación con la inflación, la economista señaló que, de acuerdo con los relevamientos de su consultora, “en las primeras tres semanas el ritmo viene en la zona del medio punto semanal”. Si bien reconoció que se trata de un nivel todavía elevado, destacó que es inferior al de meses anteriores.

“El dato de diciembre fue muy alto y dejó un arrastre importante para enero; estamos en la zona del 2,4%, después del 2,8% de diciembre”, precisó. En este punto, recordó que a partir de enero el INDEC implementa un cambio en la metodología del índice, con nuevos ponderadores y una estructura de consumo basada en 2017.

No obstante, relativizó el impacto de esta modificación estadística: “Dado que el ajuste tarifario fuerte se hizo principalmente en 2024, no debería haber casi diferencia entre un índice y otro; es probable que el número final esté en esa zona del 2,4%”.

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Apertura comercial: marcas importadas vuelven a las góndolas y ya cuestan menos que las nacionales

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La apertura comercial impulsada por el Gobierno está reconfigurando el mapa de consumo en la Argentina. En las grandes cadenas de supermercados, un aluvión de alimentos importados volvió a ocupar espacio en las góndolas con precios que, en muchos casos, resultan entre 15% y 30% más bajos que los productos nacionales. El fenómeno combina el regreso de marcas históricas, nuevas opciones “low cost” y una presión creciente sobre la competitividad de la industria local, con impacto directo en inflación, producción y empleo.

El regreso de marcas y la diversificación de la oferta importada

Las góndolas argentinas exhiben una transformación visible. Según relevamientos de Infobae y Clarín, productos identificados con banderas de Francia, Alemania y Brasil dejaron de ser una rareza de free shops o tiendas gourmet para competir de igual a igual con la producción nacional en supermercados de primera línea.

El retorno más simbólico es el de la cooperativa uruguaya Conaprole, que volvió a comercializar manteca, dulce de leche y crema luego de haberse retirado de manera progresiva por las trabas cambiarias. En el segmento de dulces, reaparecieron las clásicas galletitas danesas en lata azul, con marcas como Jacobsen Wonderfull y Dan Cake, íconos del consumo de los años 90.

A este regreso se suman cafés italianos como Lavazza y Viaggio, además del chocolate Feastables, impulsado por el youtuber MrBeast. La oferta se completa con conservas, pastas y salsas provenientes de mercados poco habituales para el consumidor argentino, como Ecuador, Albania e Italia, ampliando el abanico de opciones y elevando la competencia por precio y calidad.

Precios y competitividad: por qué lo importado resulta más barato

La principal sorpresa para los consumidores está en el precio. En categorías como conservas, café y lácteos, los alimentos importados se venden entre 15% y 30% por debajo de los valores de productos nacionales comparables. Los relevamientos en góndola muestran diferencias concretas:

  • Atún: marcas ecuatorianas como Bulnez y Máxima se ofrecen a valores sensiblemente más bajos que las nacionales.
  • Pastas: los fideos Pasta Bella (Albania) cuestan $1.498, frente a los $1.800 de una marca nacional líder como Matarazzo.
  • Salsas: el puré de tomate italiano Mazza ($4.094 los 680 g) resulta más económico que la passata nacional Rina ($5.300 los 500 g).
  • Galletitas: Traviata ($2.071) supera en precio a las Coquetel brasileñas ($2.000).

La explicación combina varios factores: desregulación del comercio exterior, reducción de costos asociados a aranceles e impuestos a productos importados y economías de escala de países con estructuras productivas más competitivas. Para el Gobierno, este escenario potencia la competencia y actúa como ancla de precios en un contexto de lucha contra la inflación.

Productos frescos, carnes y el impacto sobre la industria local

El fenómeno no se limita a los alimentos procesados. En el Mercado Central se volvió habitual la presencia de naranjas españolas, manzanas chilenas y bananas ecuatorianas, mientras que en carnes las importaciones —principalmente desde Brasil— crecieron 580% interanual en 2025.

Desde la industria alimenticia, la COPAL advierte que la producción local enfrenta una presión tributaria elevada y costos logísticos que reducen su competitividad frente a los productos importados. El ingreso masivo de alimentos más baratos, señalan, puede traducirse en menor utilización de la capacidad instalada, caída de márgenes y riesgos para el empleo en sectores sensibles.

La tensión entre el objetivo oficial de bajar precios y la sostenibilidad del entramado productivo local abre un debate económico e institucional de fondo. Mientras el Ejecutivo celebra la competencia como herramienta antiinflacionaria, las empresas nacionales alertan por el impacto de una apertura acelerada en un contexto de costos internos altos y consumo todavía frágil.

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Caputo cruzó a Pichetto y defendió la importación de autos chinos sin arancel

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El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a defender la apertura del mercado automotriz y el esquema de importación de vehículos híbridos y eléctricos sin arancel, tras las críticas del diputado Miguel Ángel Pichetto por la llegada de autos chinos al país. El debate expone tensiones entre la política de competencia, el impacto en la industria local y el uso de divisas, en un sector clave para la estructura productiva y comercial de la Argentina.

La controversia se desató a partir del inminente ingreso de 7.000 autos eléctricos provenientes de China, una operación que fue cuestionada por Pichetto en redes sociales y que motivó una respuesta pública del titular del Palacio de Hacienda. Caputo defendió la medida y aseguró que se trata de una política acordada con la propia industria automotriz, con límites claros y efectos positivos sobre precios, oferta y desarrollo tecnológico.

Apertura, límites y acuerdo con la industria automotriz

En su argumentación, el ministro de Economía puso el foco en la estructura actual de la producción automotriz nacional. “Solo 2 modelos de autos se producen en nuestro país (Peugeot 2008 y Fiat Cronos). Argentina produce esencialmente camionetas, y el 70 por ciento de esa producción se exporta”, señaló Caputo en un posteo en redes sociales.

Bajo ese diagnóstico, el funcionario defendió la decisión de permitir la importación de autos híbridos o eléctricos sin arancel, una medida que —según remarcó— fue acordada con la propia industria automotriz y cuenta con un límite anual de 50.000 unidades. De ese total, precisó, solo la mitad puede provenir de marcas chinas, lo que reduce el impacto sobre el mercado local.

Caputo destacó además que el volumen autorizado representa menos del 5% de los patentamientos proyectados para 2025, un dato clave para dimensionar el alcance real de la apertura. En ese marco, rechazó la idea de una avalancha de importaciones que desplace a la producción nacional y planteó que el esquema busca complementar, y no sustituir, la oferta local.

Precios, competencia y transición tecnológica

Otro de los ejes centrales de la defensa oficial fue el efecto de la medida sobre los precios y la competencia. Según Caputo, la apertura controlada del mercado permitió que “el precio de los autos en nuestro país convergiera al de los países vecinos (más bajos incluso en algunos casos)”, un fenómeno que apunta a corregir distorsiones históricas del mercado automotor argentino.

El ministro también vinculó la política de importación con el desarrollo de capacidades futuras. En ese sentido, afirmó que el ingreso de vehículos eléctricos e híbridos impulsó el desarrollo de infraestructura eléctrica, un factor clave para la transición tecnológica del sector. Ese proceso, sostuvo, está incentivando proyectos de fabricación de camionetas eléctricas, lo que abre un nuevo horizonte productivo.

Desde la óptica del consumidor, Caputo subrayó que la medida amplió la variedad de modelos disponibles, incorporando nuevas tecnologías y opciones con menores costos de mantenimiento. “Además, permitió que los argentinos puedan elegir entre una mayor variedad de autos, con diferente tecnología, y más baratos de mantener”, remarcó.

Críticas, dólares y tensión política

Del otro lado, Miguel Ángel Pichetto cuestionó con dureza la llegada de los 7.000 autos chinos de la marca BYD, al advertir sobre el impacto en el empleo y en el frente externo. “Es una pérdida de dólares para financiar importaciones que destruyen el trabajo argentino; nadie puede competir contra una industria subvencionada por el Banco Central chino”, lanzó el diputado.

Pichetto también planteó un enfoque geopolítico y comercial, al señalar que “Trump tiene razón: hay que frenar a China” y cuestionar la coherencia de la política exterior y comercial del Gobierno. “El Gobierno habla de Occidente y de EE. UU., pero aplica una política comercial totalmente desfavorable para nuestra producción”, sostuvo.

En esa línea, el legislador conjeturó posibles tensiones futuras y advirtió que “vamos a tener problemas con los americanos”, al recordar que el expresidente estadounidense había marcado el libre comercio con China como un límite estratégico.

Un debate abierto sobre el modelo productivo

El cruce entre Caputo y Pichetto vuelve a poner en el centro del debate el rumbo de la política automotriz y comercial. Mientras el Gobierno enfatiza la competencia, la baja de precios y la modernización tecnológica, los críticos alertan sobre el impacto en el empleo, la industria nacional y las reservas.

Para el ministro de Economía, la conclusión es clara: “En conclusión, ha sido una medida que ha beneficiado a todos los argentinos”. Sin embargo, la discusión sigue abierta y expone las tensiones estructurales entre apertura, protección productiva y estrategia de desarrollo en un sector emblemático de la economía argentina.

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ARCA extiende alivio impositivo a alimentos, medicamentos e insumos pymes importados

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Con el objetivo de reforzar la estrategia antiinflacionaria, el Gobierno nacional decidió prorrogar hasta el 30 de junio de 2026 los beneficios fiscales aplicados a la importación de bienes de cuatro rubros considerados estratégicos. La medida, dispuesta por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) y publicada en el Boletín Oficial, apunta a sostener precios en sectores sensibles del consumo y la producción, en un contexto de apertura comercial y mayor competencia externa.

La resolución excluye del pago del Impuesto a las Ganancias y del IVA a las importaciones de alimentos que integran la canasta básica, bienes de primera necesidad, medicamentos e insumos destinados a pequeñas y medianas empresas, siempre que los importadores cuenten con Certificado MiPyme vigente al momento de la operación.

Alivio fiscal selectivo para bienes sensibles

La prórroga ratifica un esquema de beneficios fiscales focalizados, orientado a reducir costos de ingreso de productos esenciales y a moderar presiones inflacionarias. Desde el Gobierno sostienen que la mayor competencia vía importaciones contribuye a disciplinar precios, especialmente en rubros con fuerte impacto en el índice de inflación.

La medida se enmarca en una coyuntura de dinamismo del comercio exterior: en los primeros once meses del año, las exportaciones argentinas alcanzaron los US$ 70.235 millones, superando ampliamente los US$ 60.775 millones registrados en 2024, un dato que refuerza la estrategia oficial de mayor integración comercial.

No obstante, la prórroga no está exenta de críticas. Sectores de la industria local advierten que incentivar compras externas puede afectar la producción nacional, especialmente en segmentos donde la competencia internacional opera con ventajas de escala y costos.

Contexto: apertura comercial y simplificación aduanera

La extensión de los beneficios fiscales se suma a otras decisiones recientes orientadas a facilitar las importaciones. ARCA ya implementó un nuevo esquema administrativo que simplifica trámites, ordena procedimientos y avanza en la digitalización del sistema aduanero, como el reemplazo de formularios impresos por versiones online.

Estas normas benefician a personas humanas que importan bienes nuevos o usados para consumo personal, sin fines comerciales ni industriales, y buscan modificar la forma en que se gestiona la documentación ante la Aduana, reduciendo tiempos y costos operativos.

En paralelo, especialistas señalan que el Gobierno complementa estas medidas con la liberalización paulatina del mercado cambiario y la eliminación de la mayoría de las trabas al comercio exterior, configurando un esquema más abierto y competitivo.

Impacto económico y posibles repercusiones

Desde la óptica oficial, la prórroga hasta el 30 de junio refuerza el anclaje de precios en productos sensibles, especialmente alimentos, medicamentos y bienes esenciales, con impacto directo en el costo de vida. Para las pymes, el alivio fiscal en insumos importados busca mejorar la competitividad y reducir costos de producción.

Sin embargo, el debate permanece abierto. Mientras el Gobierno apuesta a que la competencia externa ayude a bajar la inflación, sectores industriales anticipan tensiones sectoriales y reclaman medidas complementarias para proteger la producción local.

En ese equilibrio entre precios, consumo e industria se juega una parte central de la política económica de 2026.

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“Héroes de la producción”: la visión de Sturzenegger sobre el impacto del turismo en las divisas

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En pleno inicio de la temporada de verano y en un contexto de debate recurrente sobre la salida de divisas por turismo, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, planteó una mirada contracorriente: aseguró que los argentinos que vacacionan en el exterior no despilfarran dólares, sino que cumplen un rol clave en el funcionamiento de la economía y en la sustentabilidad de la capacidad exportadora del país. La definición, difundida a través de redes sociales, se inscribe en la estrategia oficial de apertura comercial y normalización macroeconómica, con impacto directo en la política cambiaria y productiva.

“Todos los años para esta fecha empieza una letanía donde se considera que los veraneantes en el exterior están despilfarrando un recurso precioso de los argentinos. Pero es exactamente al revés: son héroes de la producción”, afirmó el funcionario.

Turismo emisivo, divisas y competitividad exportadora

El eje central del planteo de Sturzenegger se apoya en una lógica estructural del comercio internacional. Según explicó, existe un patrón global consistente: los países que más importan también son los que más exportan, medido como proporción del Producto Bruto Interno (PBI).

“Cada importación requiere divisas extranjeras que, típicamente, proveen los exportadores. Cuando hay muchas importaciones, sube la demanda de dólares y aparecen exportadores que suplen esa necesidad”, sostuvo.

Desde esta perspectiva, la demanda de divisas generada por el turismo emisivo funciona como un mecanismo indirecto de sostenimiento del tipo de cambio real, evitando su atraso y preservando la competitividad de los sectores exportadores. Para el ministro, el gasto de los argentinos en el exterior se integra al mismo circuito que las importaciones de bienes y servicios.

“La demanda de divisas de nuestros veraneantes es lo que le sostiene la competitividad al agro, a la industria y a la exportación de servicios. Cada argentino que veranea en Brasil o en otro país ayuda a sostener la capacidad exportadora del país”, remarcó.

Crítica a las restricciones y al aislamiento comercial

En contraposición, Sturzenegger cuestionó de forma explícita las políticas de restricción a las importaciones, habituales en etapas anteriores de la política económica argentina. Según explicó, limitar el acceso al comercio exterior genera un efecto inverso al buscado.

“Cuando se limitan las importaciones, cae la demanda de divisas y el dólar se abarata en términos relativos, destruyendo la competitividad de nuestro potencial exportador”, advirtió en su cuenta de X.

En ese marco, el ministro vinculó el bajo nivel de integración comercial de la Argentina con décadas de políticas de cierre. “Comerciamos tres veces menos de lo que deberíamos dado nuestro tamaño, por ideas que nos han ido aislando y empobreciendo”, sostuvo.

La consecuencia, según su análisis, es un desaprovechamiento de las ventajas comparativas del país. “Cerrarse al comercio te empobrece, porque dejás de hacer aquello en lo que sos bueno para ponerte a hacer aquello en lo que sos malo”, afirmó, en línea con el enfoque liberal que impulsa el Gobierno nacional.

Apertura comercial y señales políticas

La reflexión del ministro no es aislada: se inscribe en una narrativa oficial que busca reconfigurar el debate público sobre el uso de divisas, el rol del turismo emisivo y la relación entre importaciones, exportaciones y crecimiento. En este esquema, el turismo al exterior deja de ser visto como una amenaza para las reservas y pasa a ser interpretado como una señal de normalización económica.

“Importar más y exportar más es el camino de una Argentina próspera”, concluyó Sturzenegger, al alentar a los argentinos que viajan al exterior durante el verano.

El mensaje apunta tanto al plano económico como al simbólico: desarmar uno de los consensos históricos del debate argentino sobre las divisas y reforzar la idea de que la integración al comercio global es una condición necesaria para el desarrollo sostenido.

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