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Neumáticos: el cierre de Fate expone la tensión entre desinflación y producción

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El cierre de Fate, la única fabricante de neumáticos de capitales nacionales, se transformó en un caso testigo del actual esquema macroeconómico. La estrategia oficial, centrada en acelerar la desinflación a través de la apertura comercial y la apreciación cambiaria, logró una fuerte corrección de precios relativos, pero también profundizó la presión sobre la producción local y dejó al descubierto la fragilidad de un sector clave para la cadena automotriz.

Desde comienzos de año, el Gobierno redujo de manera progresiva los aranceles a la importación de neumáticos, que pasaron del 35% al 16% a partir de septiembre de 2025, acercándose a los niveles vigentes en otros países de la región. A esto se sumó la eliminación del Certificado de Homologación de Autopartes para productos importados con certificaciones internacionales, junto con la eliminación del sistema SIRA, la normalización de pagos al exterior, la quita del Impuesto PAIS, la flexibilización de importaciones vía courier y una marcada apreciación cambiaria. Entre el pico posterior a la devaluación de diciembre de 2023 y abril previo a la flexibilización del cepo, el tipo de cambio multilateral cayó 51%, ubicándose en mínimos comparables a los de fines de 2015.

El efecto fue inmediato. En 2025 las importaciones de neumáticos crecieron 44,8%, con varios meses exhibiendo aumentos interanuales superiores al 100%. En términos reales, alcanzaron su mayor nivel desde 2013. Si se normaliza el dato por la cantidad de vehículos producidos localmente, el resultado es todavía más elocuente: se importaron 654 dólares en neumáticos por cada vehículo fabricado, el valor más alto de toda la serie histórica. Paralelamente, también se aceleraron las importaciones de autos terminados, que crecieron 55,4% en 2024 y 97,6% en 2025; en diciembre, el 78,2% de los patentamientos correspondió a unidades importadas.

La contracara de este proceso fue la baja de precios. Según el índice de precios mayoristas de cubiertas de caucho, los valores relativos cayeron 30% respecto al resto de los precios mayoristas desde noviembre de 2023. Mientras la inflación mayorista acumulada fue de 230,2%, la de cubiertas ascendió a 131%. Medidos en dólares mayoristas, los neumáticos bajaron 43,6% desde noviembre de 2023. Para el consumidor y para la industria automotriz, esto implicó menores costos de reposición y producción, corrigiendo un desfasaje que se había acumulado entre 2018 y 2022, cuando el precio relativo de las cubiertas se había disparado 120% frente al promedio de la economía.

Sin embargo, el impacto productivo fue contundente. Entre los 68 sectores que componen el Índice de Producción Industrial del INDEC, el rubro neumáticos fue el que más cayó en 2025 respecto de 2023, con una contracción de 47,8%. El nivel de producción quedó 48,1% por debajo del promedio 2016-2024 (excluyendo 2020) y, llamativamente, incluso 20,7% por debajo del nivel registrado en plena pandemia. La utilización de la capacidad instalada en la división “caucho y plástico” se ubicó en 33,4% en diciembre, prácticamente el peor registro histórico: siete de cada diez máquinas estaban paradas.

En ese contexto, el cierre de Fate no resulta sorpresivo, aunque tampoco puede atribuirse exclusivamente al escenario macroeconómico reciente. La empresa arrastraba problemas estructurales de competitividad: baja productividad, ausentismo, elevada conflictividad gremial —con un conflicto prolongado con el SUTNA en 2022—, presión impositiva y deficiencias logísticas. No obstante, el nuevo entorno comercial aceleró una situación que ya era delicada. En paralelo, Bridgestone solicitó un procedimiento preventivo de crisis en 2024 y anunció despidos en 2025, mientras Pirelli continúa operando en un mercado cada vez más desafiante.

La apertura arancelaria modificó además la composición del mercado importador. Si en 2023 Brasil explicaba el 52,8% de las compras externas y China el 25,7%, en 2025 la dinámica se invirtió: China pasó a representar el 42,6% del total importado y Brasil descendió al 37,5%. A nivel global, China concentra el 22,6% del mercado mundial de neumáticos y en la última década incrementó sus exportaciones 74,5%, con fuerte expansión hacia América Latina. Frente a ese avance, Estados Unidos, la Unión Europea, México y Brasil aplican medidas antidumping y derechos compensatorios para contrarrestar prácticas de competencia desleal y subsidios estatales. En Argentina, en cambio, no existen actualmente medidas de ese tipo para neumáticos, con excepción de los destinados a bicicletas.

El caso estadounidense resulta ilustrativo: en 2015 impuso derechos antidumping de hasta 87,99% y compensatorios de hasta 116,33% a fabricantes chinos. Luego, en el marco de la guerra comercial iniciada en 2018, elevó aranceles adicionales bajo la Sección 301. La Unión Europea y México siguieron caminos similares. Es decir, incluso economías con alta productividad industrial optaron por combinar apertura con instrumentos de defensa comercial.

El cierre de Fate deja, así, una discusión de fondo. La baja de precios y el avance en la desinflación son objetivos centrales en un contexto de inestabilidad prolongada. Pero la pérdida de empleo calificado y de capacidades industriales plantea interrogantes sobre la sostenibilidad productiva de mediano plazo. El desafío no es solamente cuánto abrir la economía, sino cómo hacerlo en un escenario internacional donde las principales potencias equilibran competencia externa con protección estratégica. El caso neumáticos vuelve a poner sobre la mesa esa tensión estructural entre estabilidad macroeconómica y desarrollo industrial.

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La industria textil responde a Caputo: “El problema no es la competitividad, sino la competencia fraudulenta”

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La Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) salió al cruce de las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien afirmó públicamente que no compra ropa en la Argentina porque “es un robo”. Desde la entidad que nuclea a la cadena textil nacional advirtieron que ese tipo de afirmaciones simplifican un problema complejo y pueden derivar en diagnósticos incompletos que profundicen los desequilibrios del sector.

FITA sostuvo que el precio de la indumentaria no surge del costo industrial textil tomado de manera aislada, sino de la interacción de múltiples eslabones de una cadena productiva extensa, cada uno con estructuras de costos propias, condicionadas por un contexto macroeconómico que impacta sobre toda la economía. Reducir la discusión a una comparación directa de precios finales, remarcaron, invisibiliza factores clave como impuestos, logística, financiamiento y regulaciones.

En ese marco, la entidad señaló que las rebajas impositivas y los procesos de desburocratización implementados en los últimos años beneficiaron principalmente a las importaciones, mientras que la producción nacional continúa enfrentando una elevada carga tributaria, altos costos operativos, deficiencias logísticas y serias limitaciones de acceso al financiamiento para sostener la inversión y el empleo.

A esta situación se suma, según FITA, el crecimiento exponencial de plataformas internacionales como Shein y Temu, que comercializan productos en el mercado local sin pagar aranceles ni cumplir con las mismas obligaciones que la industria argentina. Esta asimetría competitiva, advirtieron, profundiza las distorsiones del mercado y debilita a toda la cadena productiva local.

Desde la federación remarcaron que la industria textil argentina “siempre compitió” y que el sector no se opone a la apertura comercial. De hecho, FITA acaba de suscribir una declaración conjunta con sus pares del Mercosur y de Europa para trabajar en la implementación del acuerdo birregional y promueve una negociación sectorial para avanzar en una mayor apertura comercial con Estados Unidos. El problema, subrayaron, no es la apertura en sí, sino el ingreso de productos subfacturados que impiden una competencia leal.

Según datos del sector, más del 70% de las importaciones textiles ingresan al país a valores significativamente inferiores a los antecedentes históricos, en muchos casos sin cubrir siquiera el costo de la principal materia prima. La ausencia de valores de referencia facilita prácticas de subfacturación que distorsionan los precios, perjudican a quienes compiten desde la formalidad y erosionan la producción nacional.

FITA alertó que estas prácticas se reflejan en una caída de la actividad cercana al 37% y en niveles de utilización de la capacidad instalada inferiores al 30% en el sector textil. “El problema actual no es la falta de competitividad, es la competencia fraudulenta”, afirmaron desde la entidad, que reclamó el cumplimiento de las normas vigentes de comercio exterior y el restablecimiento de condiciones de competencia justa como paso indispensable para recuperar producción, empleo y desarrollo industrial en la Argentina.

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La economista Dal Poggetto alertó por el impacto del programa económico en la clase media

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La economista Marina Dal Poggetto sostuvo que, en el actual programa económico, “la variable de ajuste es el salario de la clase media” y remarcó que el Gobierno prioriza el ancla cambiaria y la desinflación por sobre la tasa de interés y el nivel de actividad. En un diagnóstico crítico, advirtió sobre la pérdida de poder adquisitivo, el deterioro del consumo y las dificultades crecientes del sector industrial, en un contexto de apertura comercial, tarifas elevadas y competencia importada.

Salarios, tarifas y consumo: el nuevo eje del ajuste

En declaraciones a Radio Rivadavia, la directora de la consultora Eco Go, Marina Dal Poggetto, trazó un análisis del actual esquema económico y afirmó que “la variable de ajuste es el salario de la clase media”, en contraste con el modelo anterior, donde el control de tarifas funcionaba como amortiguador del impacto inflacionario sobre los ingresos.

“El gobierno anterior pisaba las tarifas para que la gente pagara bienes caros. Ahora, con tarifas altas, si los precios de los bienes no comprimen, la variable de ajuste termina siendo el salario de la clase media”, explicó. En ese sentido, ejemplificó que algunos precios mostraron caídas significativas en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) —como los electrodomésticos, que retrocedieron 45%, o los textiles, con una baja del 20%—, pero advirtió que esa corrección no alcanza para compensar el aumento de los servicios regulados.

Según Dal Poggetto, esta dinámica impacta directamente en la capacidad de consumo de los hogares: “El salario ya no alcanza para cubrir prepagas o colegios”, señaló, al describir el efecto combinado de tarifas más altas y salarios reales en retroceso.

Actividad económica, industria y apertura comercial

En su análisis, la economista subrayó que el Gobierno “prioriza el ancla cambiaria y la desinflación por sobre la tasa de interés y el nivel de actividad”, una decisión que condiciona el desempeño de amplios sectores productivos. Si bien reconoció que la economía crecerá 4,3% este año, aclaró que ese resultado responde principalmente al arrastre estadístico, más que a una recuperación homogénea.

“La actividad en noviembre estaba en los mismos niveles que el año anterior. Hay sectores ganadores y perdedores, y la industria es uno de los más rezagados”, afirmó. En ese marco, recordó que la Argentina atraviesa ciclos recurrentes de ajuste y expansión sin resolver problemas estructurales: “Argentina es pendular y siempre discutimos lo mismo”.

Dal Poggetto describió el cambio de escenario para el entramado industrial: “Antes jugaban en Disneylandia. Podían fijar precios y cantidades con pesos baratos y protección. Ahora tienen competencia importada y un fuerte aumento de costos por las tarifas y servicios indexados”. Según su diagnóstico, esta combinación está detrás del aumento de cierres de fábricas y despidos, que comenzaron a multiplicarse en distintos rubros.

Además, remarcó que el Gobierno avanza en una mayor apertura de la economía “en parte con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y con la baja de aranceles”, lo que refuerza la presión competitiva sobre la producción local.

Inflación, metodología del INDEC y perspectivas

En relación con la inflación, la economista señaló que, de acuerdo con los relevamientos de su consultora, “en las primeras tres semanas el ritmo viene en la zona del medio punto semanal”. Si bien reconoció que se trata de un nivel todavía elevado, destacó que es inferior al de meses anteriores.

“El dato de diciembre fue muy alto y dejó un arrastre importante para enero; estamos en la zona del 2,4%, después del 2,8% de diciembre”, precisó. En este punto, recordó que a partir de enero el INDEC implementa un cambio en la metodología del índice, con nuevos ponderadores y una estructura de consumo basada en 2017.

No obstante, relativizó el impacto de esta modificación estadística: “Dado que el ajuste tarifario fuerte se hizo principalmente en 2024, no debería haber casi diferencia entre un índice y otro; es probable que el número final esté en esa zona del 2,4%”.

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Apertura comercial: marcas importadas vuelven a las góndolas y ya cuestan menos que las nacionales

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La apertura comercial impulsada por el Gobierno está reconfigurando el mapa de consumo en la Argentina. En las grandes cadenas de supermercados, un aluvión de alimentos importados volvió a ocupar espacio en las góndolas con precios que, en muchos casos, resultan entre 15% y 30% más bajos que los productos nacionales. El fenómeno combina el regreso de marcas históricas, nuevas opciones “low cost” y una presión creciente sobre la competitividad de la industria local, con impacto directo en inflación, producción y empleo.

El regreso de marcas y la diversificación de la oferta importada

Las góndolas argentinas exhiben una transformación visible. Según relevamientos de Infobae y Clarín, productos identificados con banderas de Francia, Alemania y Brasil dejaron de ser una rareza de free shops o tiendas gourmet para competir de igual a igual con la producción nacional en supermercados de primera línea.

El retorno más simbólico es el de la cooperativa uruguaya Conaprole, que volvió a comercializar manteca, dulce de leche y crema luego de haberse retirado de manera progresiva por las trabas cambiarias. En el segmento de dulces, reaparecieron las clásicas galletitas danesas en lata azul, con marcas como Jacobsen Wonderfull y Dan Cake, íconos del consumo de los años 90.

A este regreso se suman cafés italianos como Lavazza y Viaggio, además del chocolate Feastables, impulsado por el youtuber MrBeast. La oferta se completa con conservas, pastas y salsas provenientes de mercados poco habituales para el consumidor argentino, como Ecuador, Albania e Italia, ampliando el abanico de opciones y elevando la competencia por precio y calidad.

Precios y competitividad: por qué lo importado resulta más barato

La principal sorpresa para los consumidores está en el precio. En categorías como conservas, café y lácteos, los alimentos importados se venden entre 15% y 30% por debajo de los valores de productos nacionales comparables. Los relevamientos en góndola muestran diferencias concretas:

  • Atún: marcas ecuatorianas como Bulnez y Máxima se ofrecen a valores sensiblemente más bajos que las nacionales.
  • Pastas: los fideos Pasta Bella (Albania) cuestan $1.498, frente a los $1.800 de una marca nacional líder como Matarazzo.
  • Salsas: el puré de tomate italiano Mazza ($4.094 los 680 g) resulta más económico que la passata nacional Rina ($5.300 los 500 g).
  • Galletitas: Traviata ($2.071) supera en precio a las Coquetel brasileñas ($2.000).

La explicación combina varios factores: desregulación del comercio exterior, reducción de costos asociados a aranceles e impuestos a productos importados y economías de escala de países con estructuras productivas más competitivas. Para el Gobierno, este escenario potencia la competencia y actúa como ancla de precios en un contexto de lucha contra la inflación.

Productos frescos, carnes y el impacto sobre la industria local

El fenómeno no se limita a los alimentos procesados. En el Mercado Central se volvió habitual la presencia de naranjas españolas, manzanas chilenas y bananas ecuatorianas, mientras que en carnes las importaciones —principalmente desde Brasil— crecieron 580% interanual en 2025.

Desde la industria alimenticia, la COPAL advierte que la producción local enfrenta una presión tributaria elevada y costos logísticos que reducen su competitividad frente a los productos importados. El ingreso masivo de alimentos más baratos, señalan, puede traducirse en menor utilización de la capacidad instalada, caída de márgenes y riesgos para el empleo en sectores sensibles.

La tensión entre el objetivo oficial de bajar precios y la sostenibilidad del entramado productivo local abre un debate económico e institucional de fondo. Mientras el Ejecutivo celebra la competencia como herramienta antiinflacionaria, las empresas nacionales alertan por el impacto de una apertura acelerada en un contexto de costos internos altos y consumo todavía frágil.

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Caputo cruzó a Pichetto y defendió la importación de autos chinos sin arancel

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El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a defender la apertura del mercado automotriz y el esquema de importación de vehículos híbridos y eléctricos sin arancel, tras las críticas del diputado Miguel Ángel Pichetto por la llegada de autos chinos al país. El debate expone tensiones entre la política de competencia, el impacto en la industria local y el uso de divisas, en un sector clave para la estructura productiva y comercial de la Argentina.

La controversia se desató a partir del inminente ingreso de 7.000 autos eléctricos provenientes de China, una operación que fue cuestionada por Pichetto en redes sociales y que motivó una respuesta pública del titular del Palacio de Hacienda. Caputo defendió la medida y aseguró que se trata de una política acordada con la propia industria automotriz, con límites claros y efectos positivos sobre precios, oferta y desarrollo tecnológico.

Apertura, límites y acuerdo con la industria automotriz

En su argumentación, el ministro de Economía puso el foco en la estructura actual de la producción automotriz nacional. “Solo 2 modelos de autos se producen en nuestro país (Peugeot 2008 y Fiat Cronos). Argentina produce esencialmente camionetas, y el 70 por ciento de esa producción se exporta”, señaló Caputo en un posteo en redes sociales.

Bajo ese diagnóstico, el funcionario defendió la decisión de permitir la importación de autos híbridos o eléctricos sin arancel, una medida que —según remarcó— fue acordada con la propia industria automotriz y cuenta con un límite anual de 50.000 unidades. De ese total, precisó, solo la mitad puede provenir de marcas chinas, lo que reduce el impacto sobre el mercado local.

Caputo destacó además que el volumen autorizado representa menos del 5% de los patentamientos proyectados para 2025, un dato clave para dimensionar el alcance real de la apertura. En ese marco, rechazó la idea de una avalancha de importaciones que desplace a la producción nacional y planteó que el esquema busca complementar, y no sustituir, la oferta local.

Precios, competencia y transición tecnológica

Otro de los ejes centrales de la defensa oficial fue el efecto de la medida sobre los precios y la competencia. Según Caputo, la apertura controlada del mercado permitió que “el precio de los autos en nuestro país convergiera al de los países vecinos (más bajos incluso en algunos casos)”, un fenómeno que apunta a corregir distorsiones históricas del mercado automotor argentino.

El ministro también vinculó la política de importación con el desarrollo de capacidades futuras. En ese sentido, afirmó que el ingreso de vehículos eléctricos e híbridos impulsó el desarrollo de infraestructura eléctrica, un factor clave para la transición tecnológica del sector. Ese proceso, sostuvo, está incentivando proyectos de fabricación de camionetas eléctricas, lo que abre un nuevo horizonte productivo.

Desde la óptica del consumidor, Caputo subrayó que la medida amplió la variedad de modelos disponibles, incorporando nuevas tecnologías y opciones con menores costos de mantenimiento. “Además, permitió que los argentinos puedan elegir entre una mayor variedad de autos, con diferente tecnología, y más baratos de mantener”, remarcó.

Críticas, dólares y tensión política

Del otro lado, Miguel Ángel Pichetto cuestionó con dureza la llegada de los 7.000 autos chinos de la marca BYD, al advertir sobre el impacto en el empleo y en el frente externo. “Es una pérdida de dólares para financiar importaciones que destruyen el trabajo argentino; nadie puede competir contra una industria subvencionada por el Banco Central chino”, lanzó el diputado.

Pichetto también planteó un enfoque geopolítico y comercial, al señalar que “Trump tiene razón: hay que frenar a China” y cuestionar la coherencia de la política exterior y comercial del Gobierno. “El Gobierno habla de Occidente y de EE. UU., pero aplica una política comercial totalmente desfavorable para nuestra producción”, sostuvo.

En esa línea, el legislador conjeturó posibles tensiones futuras y advirtió que “vamos a tener problemas con los americanos”, al recordar que el expresidente estadounidense había marcado el libre comercio con China como un límite estratégico.

Un debate abierto sobre el modelo productivo

El cruce entre Caputo y Pichetto vuelve a poner en el centro del debate el rumbo de la política automotriz y comercial. Mientras el Gobierno enfatiza la competencia, la baja de precios y la modernización tecnológica, los críticos alertan sobre el impacto en el empleo, la industria nacional y las reservas.

Para el ministro de Economía, la conclusión es clara: “En conclusión, ha sido una medida que ha beneficiado a todos los argentinos”. Sin embargo, la discusión sigue abierta y expone las tensiones estructurales entre apertura, protección productiva y estrategia de desarrollo en un sector emblemático de la economía argentina.

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