apertura de importaciones

Productor que militó por Milei rompe con el Gobierno y expone la fractura libertaria en la chacra misionera

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Hay testimonios que valen más que una encuesta. No porque definan por sí solos un escenario político, sino porque condensan un cambio de clima. El de Néstor Homeniuk, productor bananero de Colonia Polana, pertenece a esa categoría.

No habla un dirigente opositor ni un histórico adversario del Gobierno. Habla alguien que asegura haber recorrido los pueblos de Misiones para convencer a miles de productores de votar por Javier Milei. Un militante libertario de la primera hora que ahora afirma sentirse responsable de haber promovido un proyecto político que, según sostiene, terminó perjudicando precisamente a quienes prometía beneficiar.

Su declaración, realizada en Eldópolis Radio 106.3, tiene un peso simbólico particular porque emerge desde uno de los sectores sociales que más acompañó el discurso libertario en 2023: los pequeños y medianos productores rurales.

Alguien lo tenía que decir. Y lo tenía que decir un libertario, alguien que se puso la camiseta para que él pueda llegar a presidente con la esperanza de que los agricultores estén mejor, no peor“, resumió.

El lamento llega en un contexto especialmente delicado para la producción primaria de Misiones. La yerba mate atraviesa una de las crisis más profundas de las últimas décadas tras la eliminación de las herramientas regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Los precios pagados al productor quedaron muy por debajo de los costos de producción, mientras proliferan reclamos, movilizaciones y pedidos de emergencia.

El tabaco también enfrenta dificultades por la caída de rentabilidad, mientras que los productores de frutas y hortalizas denuncian una creciente presión de productos importados, especialmente provenientes de Brasil.

En ese escenario, Homeniuk habla desde su propia experiencia. “Perdí dos cosechas de limón caipiriña y la banana tuve que tirarla. Todo viene de Brasil. Vas a las góndolas y la mayoría son productos brasileños. ¿Cómo vamos a sacar adelante la Argentina así?”, cuestionó.

Su crítica apunta directamente a una de las banderas económicas del Gobierno: la apertura comercial y la desregulación de mercados.

Homeniuk reivindica haber sido uno de quienes más trabajó por la candidatura presidencial de Milei en el interior profundo de Misiones. “Desde el principio al fin”, respondió cuando le preguntaron si había militado toda la campaña.

Describe jornadas que comenzaban antes del amanecer en la chacra y terminaban entrada la noche haciendo proselitismo. “Trabajábamos durante el día. A las seis de la tarde salíamos hasta las diez u once de la noche a hacer campaña y al otro día nos levantábamos a las cinco de la mañana para volver a trabajar.”

Según su reconstrucción, fueron los propios agricultores quienes sostuvieron territorialmente la campaña libertaria en municipios como Jardín América, Colonia Polana, Andresito, San Vicente y Eldorado.

“Nadie mostraba la cara porque tenían miedo. Nosotros nos pusimos la camiseta”.

Esa identificación hace que el desencanto tenga un componente casi personal. “No esperaba esto de este gobierno. Metí la pata y me siento responsable de haber convencido a miles y miles de personas para que lo voten.”

Una crítica que interpela al núcleo libertario

Homeniuk no reniega de las ideas liberales. Incluso aclara que continúa creyendo en “la libertad”, aunque cuestiona la forma en que el Gobierno aplica sus políticas. “Si vamos a ser libertarios, vamos a ser bien libertarios. No esta clase de libertarios que hacen las cosas mal“.

Su principal reproche apunta a que, según su mirada, la administración nacional dejó de representar al trabajador y al pequeño productor.

“Nosotros queríamos un gobierno que gobernara para el trabajador y para el que quiere salir adelante, no para los multimillonarios.”

También critica la respuesta oficial frente a quienes cuestionan la marcha económica. “Hoy todo el que reclama o dice que las cosas no están viniendo bien, para el Presidente son todos kukas”.

Esa frase sintetiza una incomodidad que comienza a escucharse en sectores que acompañaron el cambio político pero hoy sienten que cualquier cuestionamiento es interpretado como una traición.

Las críticas no se limitan a la Casa Rosada. El productor también apuntó contra la dirigencia de La Libertad Avanza en Misiones, especialmente hacia los actuales representantes legislativos.

Afirmó que durante la campaña presidencial muchos de quienes hoy ocupan cargos no participaron del trabajo territorial y que, una vez electos, dejaron de responder los reclamos del sector productivo. Se refiere a Adrián Núñez y Diego Hartfield, con quienes intentó comunicarse sin suerte.

“Antes de la campaña estaban todos; ahora que son diputados nacionales nadie responde”.

Uno de los pasajes más fuertes de la entrevista fue su referencia a la estrategia digital utilizada durante la campaña presidencial. Homeniuk relató que existían grupos organizados de WhatsApp donde se distribuían contenidos políticos y reconoció que muchas publicaciones respondían a una lógica de confrontación y desinformación.

“Trabajábamos incluso haciendo campaña sucia. Hoy me doy cuenta de que fue así”.

Según explicó, desde esos grupos enviaban material hacia Buenos Aires y luego recibían nuevos videos para viralizar entre productores y vecinos. “Mucha gente votó por cómo le hicimos la campaña. Eso es lo que más bronca me da”.

Más allá del caso individual, el testimonio de Homeniuk revela un fenómeno que comienza a observarse en distintos sectores del agro misionero.

Durante la campaña presidencial, buena parte de los pequeños productores depositó expectativas en una economía más estable, menor presión impositiva y mejores condiciones para producir.

Sin embargo, el proceso de desregulación coincidió con una fuerte caída de la rentabilidad en varias economías regionales. La crisis yerbatera, la competencia de productos importados y el deterioro del consumo interno modificaron rápidamente ese humor social.

En política, los cambios de clima suelen comenzar con voces aisladas. Pero cuando esas voces provienen de quienes construyeron electoralmente un proyecto, adquieren otra dimensión.

Homeniuk no habla desde la oposición tradicional. Habla desde la decepción de quien creyó haber encontrado una salida y hoy sostiene que esa apuesta terminó perjudicando al mismo sector que ayudó a llevar al poder.

Su advertencia final resume ese cambio de época. “Así como ayudamos a que ganaran, también les podemos hacer perder. Si no cambian todo esto, los agricultores les vamos a ir en contra”.

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El último turno en Dass: el día en que 150 trabajadores apagaron las máquinas y cerraron una historia de casi dos décadas en Eldorado

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No fue una jornada más. El ruido de las máquinas que durante casi veinte años marcó el ritmo de miles de familias de Eldorado se apagó definitivamente. Este viernes, la planta de Dass cerró sus puertas y con ella terminó una historia que supo convertir a la fábrica en uno de los mayores símbolos del empleo industrial de Misiones.

El último turno no estuvo marcado por la producción ni por las metas de fabricación. En lugar de cajas con zapatillas, hubo abrazos. En lugar de planillas de producción, despedidas. La empresa organizó un almuerzo para sus trabajadores y entregó un presente a cada uno de los 150 empleados que permanecían en la planta, un gesto que intentó poner un cierre digno a una decisión que desde hace meses parecía inevitable.

“Hola, mañana es el último día”, resumió ayer al ser consultado por Economis, Gustavo Melgarejo, delegado de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA). Detrás de esa frase se condensan meses de incertidumbre, negociaciones y una realidad que terminó imponiéndose: ya no había pedidos para fabricar.

Antes del cierre definitivo, los representantes sindicales mantuvieron una audiencia para definir las condiciones finales de la desvinculación. El eje estuvo puesto en garantizar las indemnizaciones, conocer el futuro del predio y dejar establecido un compromiso para que, si algún día la producción vuelve a Eldorado, los actuales trabajadores tengan prioridad para regresar.

Pero la preocupación va mucho más allá del acuerdo laboral.

Para muchos empleados, Dass no fue solamente un lugar de trabajo. Fue el proyecto alrededor del cual organizaron su vida adulta. Allí crecieron profesionalmente, formaron familias, accedieron a una vivienda o sostuvieron durante años la economía de sus hogares. Hoy, con el cierre consumado, el interrogante ya no pasa por la fábrica sino por el día después.

“No sé qué voy a hacer con mi vida”, reconoció Melgarejo días atrás. Su reflexión refleja el sentimiento de buena parte de sus compañeros. En una ciudad con escasas alternativas industriales, la pérdida del empleo formal deja un horizonte incierto. Algunos intentarán insertarse en actividades informales; otros evalúan migrar temporalmente a Brasil para trabajar en cosechas estacionales, aun cuando los salarios tampoco resultan alentadores.

La Municipalidad de Eldorado comenzó a elaborar un registro laboral para vincular a los despedidos con empresas que puedan requerir personal. Sin embargo, incluso desde el propio sindicato reconocen que la posibilidad de absorber a semejante cantidad de trabajadores especializados es muy limitada.

El cierre también representa el final de un ciclo para la industria misionera

Dass desembarcó en Eldorado en 2007, impulsada por políticas de promoción industrial articuladas entre los gobiernos nacional, provincial y municipal. En pocos años se convirtió en uno de los principales empleadores privados de Misiones y llegó a superar los 1.500 trabajadores, con picos cercanos a los 1.700 empleados y una producción diaria que alcanzó los 23.000 pares de zapatillas para marcas globales como Nike y Adidas.

La planta atravesó distintos ciclos económicos. Creció al calor del mercado interno, sufrió una fuerte retracción durante la apertura importadora de fines de la década pasada, recuperó parte de su actividad con nuevas inversiones en 2021 y finalmente quedó atrapada nuevamente por la caída de los pedidos y el avance del calzado importado.

Los propios trabajadores sintetizan el cambio con un dato contundente: mientras Adidas habría importado cerca de 12 millones de pares de zapatillas, la producción local no alcanzó el medio millón. Esa diferencia terminó dejando sin volumen suficiente a una planta diseñada para fabricar a gran escala.

Paradójicamente, el final deja una pequeña puerta entreabierta. Según explicó el sindicato, la empresa no desmanteló completamente las instalaciones ni retiró la maquinaria. El compromiso expresado por sus directivos fue mantener la infraestructura disponible ante la eventualidad de que un cambio en las condiciones del mercado permita retomar la producción.

Hoy esa posibilidad aparece lejana. Mientras tanto, las máquinas permanecen en silencio.

Para Eldorado, el cierre de Dass no representa únicamente la pérdida de una fábrica. Significa el final de un espacio donde miles de misioneros construyeron su identidad laboral durante casi dos décadas. Las indemnizaciones podrán cerrar el vínculo contractual, pero no reemplazan la rutina, el oficio, la pertenencia ni la certeza de volver el lunes al mismo lugar.

El último día de trabajo terminó con un almuerzo compartido. Sin embargo, para 150 familias, el verdadero desafío comienza cuando se apagan las luces de la planta y cada trabajador emprende el camino de regreso a su casa, esta vez sin saber dónde será su próximo destino laboral.

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El último turno en Dass: se apagarán las máquinas que durante casi dos décadas marcaron el pulso de Eldorado

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Este viernes 17 de julio cuando suene la sirena que anuncia el final del turno, no será una jornada laboral más. Será la última vez que las máquinas de Dass funcionen en Eldorado. Después de casi veinte años de producción, miles de historias compartidas y generaciones de trabajadores que hicieron de la fábrica su proyecto de vida, la planta cerrará definitivamente sus puertas.

El viernes no estará marcado por los objetivos de producción ni por los controles de calidad. En su lugar habrá abrazos, fotografías, un almuerzo de despedida organizado por la empresa y la entrega de un presente para cada uno de los 150 trabajadores que aún permanecen en la planta. Será un intento de ponerle un cierre humano a una historia que durante meses pareció inevitable.

“Hola… mañana es el último día”, resumió con una mezcla de resignación y tristeza Gustavo Melgarejo, delegado de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA). La frase, breve y sin dramatismos, refleja el estado de ánimo de quienes pasaron gran parte de su vida detrás de esas líneas de producción.

Antes de la despedida habrá una última audiencia entre el sindicato y la empresa. Allí buscarán dejar garantizado el pago de las indemnizaciones, conocer qué destino tendrá el predio y obtener un compromiso para que, si algún día la producción regresa a Eldorado, los actuales trabajadores sean los primeros convocados.

Pero el problema excede ampliamente la relación laboral.

Para cientos de familias, Dass nunca fue solamente un empleo. Fue el lugar donde crecieron profesionalmente, donde sostuvieron la economía de sus hogares y desde donde proyectaron su futuro. Ahora ese horizonte desaparece en una ciudad donde las oportunidades industriales son escasas.

“No sé qué voy a hacer con mi vida”, había reconocido Melgarejo. La preocupación atraviesa a toda la plantilla. Algunos buscarán insertarse en otras actividades, otros analizan cruzar la frontera para trabajar temporalmente en Brasil y muchos todavía no tienen una respuesta para la pregunta más inmediata: qué harán el lunes.

Mientras tanto, la Municipalidad de Eldorado puso en marcha un registro laboral para vincular a los trabajadores con empresas que puedan requerir personal. Es una respuesta necesaria, aunque insuficiente frente al cierre de uno de los principales empleadores privados que tuvo la provincia.

La historia de Dass también resume buena parte de la evolución de la industria argentina. La compañía desembarcó en Misiones en 2007 y, en sus mejores años, llegó a emplear a más de 1.500 personas y fabricar hasta 23.000 pares de zapatillas diarios para marcas internacionales como Nike y Adidas. La expansión del mercado interno impulsó su crecimiento, mientras que los cambios en el modelo económico, la caída de los pedidos y el aumento de las importaciones fueron reduciendo progresivamente su actividad.

Hoy la planta produce menos de 3.000 pares diarios, un volumen insuficiente para sostener la operación. Según relatan los trabajadores, las marcas dejaron de realizar pedidos y optaron crecientemente por abastecerse mediante importaciones.

Paradójicamente, el cierre deja una pequeña señal de esperanza. La empresa no retiró la maquinaria ni desmanteló completamente la planta. Según explicó el sindicato, los directivos manifestaron que, si las condiciones del mercado cambian, las instalaciones permanecerán disponibles para una eventual reactivación.

Esa posibilidad hoy parece lejana. Lo concreto es que mañana terminará una etapa que marcó la identidad productiva de Eldorado.

Porque las indemnizaciones podrán cerrar un vínculo laboral, pero difícilmente compensen lo que representa perder el lugar donde durante años se construyeron amistades, proyectos familiares y una rutina que organizaba la vida cotidiana.

Este viernes no cerrará solamente una fábrica. También terminará un capítulo de la historia industrial de Misiones, escrito durante casi dos décadas por miles de trabajadores que, hasta el último turno, siguieron apostando por mantener encendidas las máquinas.

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Dass en alianza con el grupo Texcin traslada producción a Paraguay

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La relocalización industrial ya dejó de ser una hipótesis para convertirse en un movimiento concreto dentro del sector manufacturero regional. La empresa brasileña Dass, fabricante de calzado e indumentaria para marcas internacionales como Adidas, Nike y Fila, trasladó gran parte de su producción desde Argentina hacia Paraguay, donde desde marzo opera una nueva planta industrial junto al grupo brasileño Texcin.

La inversión, estimada en USD 400 millones, se instaló bajo el esquema de maquila impulsado por el Gobierno paraguayo de Santiago Peña, un régimen que permite producir con menores costos tributarios y exportar hacia Brasil y otros mercados regionales con ventajas fiscales.

Mientras la expansión toma forma en Paraguay, en Argentina el proceso deja señales opuestas: cierre de plantas, despidos y reducción de personal. En Misiones, la fábrica de Dass en Eldorado abrió un programa de retiros voluntarios para 50 trabajadores, en un escenario de fuerte retracción productiva y sin certezas sobre la continuidad operativa de la planta.

Eldorado, entre la reducción de personal y el temor al vaciamiento

La planta misionera concentra actualmente lo que queda de la producción de Dass en Argentina. Según la información difundida, hoy trabajan allí unos 230 operarios, aunque la empresa llegó a emplear cerca de 1.500 personas en sus años de mayor actividad.

Si se concretan las desvinculaciones previstas, el plantel podría reducirse a alrededor de 180 trabajadores. Los retiros voluntarios contemplan indemnización completa y forman parte de un proceso de reducción de costos frente a la caída de pedidos de sus principales clientes.

La empresa ya había advertido meses atrás que tenía asegurada carga de trabajo solamente hasta junio si no aparecían nuevos contratos de producción.

La situación en Eldorado replica lo ocurrido previamente en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, donde Dass cerró su planta, trasladó maquinaria hacia Paraguay y despidió a unos 850 trabajadores. La magnitud del impacto llevó al intendente Ricardo Moccero a declarar la emergencia laboral en la ciudad.

Paraguay acelera su estrategia industrial

El movimiento de Dass expone uno de los ejes centrales de la política económica paraguaya: captar inversiones manufactureras regionales mediante incentivos fiscales y menores costos operativos.

El régimen de maquila paraguayo grava apenas el 1% del valor agregado para exportación, mientras el esquema tributario general contempla 15% de impuesto a la renta personal, 10% de IVA y 8% sobre dividendos.

El ministro de Industria y Comercio de Paraguay, Marco Riquelme, viene promoviendo activamente estas ventajas competitivas ante empresarios argentinos y brasileños. Incluso visitó la planta de DassTex en Mariano Roque Alonso durante marzo, en plena expansión de operaciones.

Aunque desde el Gobierno paraguayo sostienen que el objetivo es generar “complementariedad” y no reemplazar producción argentina, el caso Dass aparece como un ejemplo concreto de traslado industrial efectivo.

El deterioro del sector no se explica por un único factor. Según el texto base, la empresa enfrenta simultáneamente apertura de importaciones, caída del consumo y recesión económica.

El último informe industrial del INDEC citado en el reporte mostró una caída de 23,3% en textiles y de 8,9% en prendas de vestir, cuero y calzado, indicadores que reflejan la presión que atraviesa la industria manufacturera orientada al mercado interno.

La estructura de Dass, basada en producción tercerizada para grandes marcas deportivas, quedó particularmente expuesta frente al ingreso de productos importados a menores precios.

La disputa regional por las industrias

La situación de Dass también refleja una competencia silenciosa pero cada vez más intensa entre países de la región por atraer producción industrial.

Mientras Paraguay profundiza un esquema de promoción manufacturera basado en costos fiscales y laborales más bajos, Argentina enfrenta tensiones derivadas de la apertura comercial y la pérdida de competitividad en sectores intensivos en empleo.

Para Misiones, el caso tiene una sensibilidad especial. La planta de Eldorado fue durante años uno de los principales motores industriales del norte provincial y su eventual reducción o cierre tendría impacto directo sobre empleo, comercio y actividad económica local.

El escenario también expone una tensión más amplia: cómo sostener producción industrial en provincias periféricas frente a esquemas regionales que ofrecen menores costos y reglas más estables para exportación.

Impacto económico en Misiones

Aunque la empresa no confirmó un cierre definitivo en Eldorado, la reducción de personal y la incertidumbre operativa ya generan efectos sobre la economía local.

La planta tiene un fuerte efecto multiplicador sobre servicios, comercios y consumo en la zona norte de Misiones. La caída de actividad industrial en una ciudad con fuerte dependencia del empleo fabril impacta no sólo en los trabajadores directos, sino también en proveedores y circuitos comerciales asociados.

Además, la situación se produce en un contexto donde otras industrias manufactureras argentinas también observan a Paraguay como alternativa para reducir costos.

El futuro de Dass en Misiones dependerá de variables que todavía permanecen abiertas: la evolución del consumo interno, la continuidad de contratos con marcas internacionales, la dinámica de las importaciones y la capacidad de la planta de sostener competitividad frente al nuevo polo industrial paraguayo.

También quedará bajo observación si el caso Dass se convierte en un episodio aislado o en una señal de una reconfiguración más profunda del mapa industrial regional.

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Safrán detalló el alivio financiero para la yerba y alertó por la caída de recursos: “Misiones pierde cerca de $40.000 millones por mes”

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El ministro de Hacienda de Misiones, Adolfo Safrán aseguró que la provincia atraviesa un escenario financiero complejo por la caída de la coparticipación federal, la baja en la recaudación propia y la desaceleración general de la actividad económica, mientras busca sostener sectores estratégicos como la yerba mate con nuevas herramientas financieras.

En una entrevista con Open1017, Safrán explicó el funcionamiento de la nueva línea de descuento de cheques a tasa cero en Banco Macro para productores, secaderos y molinos yerbateros, destinada a mejorar el precio de la hoja verde y dar liquidez a toda la cadena productiva.

La operatoria comenzó a regir desde el miércoles 6 de mayo y permite descontar cheques de entre 60 y 90 días sin costo financiero, siempre que se respeten precios mínimos de referencia: 301 pesos por kilo de hoja verde y 1.160 pesos por kilo de canchada.

“Quien descuenta el cheque no tiene ningún tipo de descuento por motivos financieros, lo cobra a su valor nominal”, explicó el ministro.

Safrán reconoció que esos valores no representan el ideal pretendido por el sector, pero señaló que funcionan como un piso para ordenar el mercado.

“Sabemos que en algunos lugares se está pagando más. En la zona norte algunos ya están pagando 350 pesos la hoja verde, en la zona centro hasta 380, pero también hay lugares donde pagan menos de 300”, detalló. En Andresito, Kabour, uno de los principales compradores subió el precio a 265 pesos. 

El objetivo principal es evitar que productores y operadores yerbateros se vean obligados a malvender su producción por falta de liquidez en plena cosecha gruesa.

“Queremos que no se vean obligados a entregar la hoja verde o vender la canchada a un precio que no conviene solo para hacerse de liquidez”, sostuvo.

Además, este año se incorporó una nueva herramienta: los molinos que paguen el precio mínimo de la canchada también podrán descontar los cheques provenientes de supermercados por la venta de yerba elaborada.

De ese modo, según explicó, toda la cadena gana oxigenación financiera: el molino puede comprar canchada, el secadero puede comprar hoja verde y el productor puede sostener la cosecha.

La crisis fiscal

Safrán fue contundente al describir la situación de las finanzas provinciales.

“Todas las provincias están atravesando un momento financiero complicado”, afirmó, y explicó que tanto la coparticipación como la recaudación provincial crecen por debajo de la inflación.

Aunque abril mostró una leve mejora, indicó que los recursos siguen deteriorándose en términos reales.

“En promedio por mes, en el caso de Misiones tenemos una pérdida de recursos cercana a los 40.000 millones de pesos”, señaló.

Ese cálculo surge de comparar la evolución de la coparticipación y la recaudación propia con el ritmo de inflación y el crecimiento de los costos del Estado: medicamentos, salud pública, comedores escolares, salarios y servicios esenciales.

“Los costos del Estado crecieron con la inflación, pero los recursos no. Eso genera este desbalance”, explicó.

Frente a ese escenario, sostuvo que la provincia debe profundizar la austeridad y priorizar únicamente los programas más necesarios.

El reclamo que vuelve al centro

En ese contexto, Misiones volvió a insistir con un régimen diferencial impositivo por su condición de provincia fronteriza.

Safrán recordó que Misiones enfrenta una situación única en la Argentina por su contacto permanente con Brasil y Paraguay y el enorme flujo de personas y mercaderías.

“El puente Posadas-Encarnación o el de Puerto Iguazú tiene más movimiento que el aeropuerto de Ezeiza”, afirmó.

Con un dólar barato y fuerte competencia externa, el ministro insistió en que la provincia necesita una zona aduanera especial o una reducción de impuestos nacionales que permita competir. “Si el planteo del Gobierno nacional es bajar impuestos, entonces hagámoslo con los impuestos nacionales aquí en Misiones para poder ser competitivos con Brasil y Paraguay”, remarcó.

Según explicó, el planteo actual es muy similar al que Misiones impulsó en 2020 y que llegó a aprobarse en el Congreso, aunque luego no prosperó plenamente tras el veto de Alberto Fernández.

Para Safrán, la crisis actual tiene tres causas principales: tasas de interés elevadas, atraso cambiario y apertura indiscriminada de importaciones.

El año pasado llegamos a tener tasas del 120 por ciento nominal para créditos cuando la inflación estaba en 30. Quien tomó crédito se endeudó y se sobreendeudó”, señaló.

A eso sumó el impacto de un dólar bajo, que golpea a las economías regionales y reduce competitividad exportadora, además del ingreso de productos importados terminados que compiten con ventajas sobre la industria local.

“Muchos tienen dumping o subsidios y compiten injustamente con los productos locales”, advirtió.

Según el ministro, cuando se consulta a las empresas, la mayoría habla de caídas de ventas de entre 30 y 40 por ciento.

“¿Cómo sostenés una estructura de personal y funcionamiento cuando tus ventas cayeron 30 por ciento?”, planteó.

Safrán advirtió que la recesión comenzó a sentirse con fuerza desde marzo del año pasado y que todavía no aparecen señales claras de recuperación.

“Estamos esperando la recuperación económica, pero hasta el momento no llega”, resumió.

Mientras tanto, la provincia busca sostener su actividad económica con herramientas puntuales para sectores estratégicos, especialmente aquellos vinculados a la producción y la exportación.

En ese escenario, la yerba mate vuelve a ocupar el centro de la estrategia económica misionera.

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