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Amplían el Régimen de Aduana en Factoría y abren el juego a proveedores

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El Gobierno nacional activó una modificación estructural del régimen de Aduana en Factoría (RAF) mediante el decreto 252/2026, firmado el 16 de abril en Buenos Aires, con el que elimina restricciones históricas y habilita el ingreso directo de proveedores al sistema. La medida, dictada por el Poder Ejecutivo en uso de facultades de necesidad y urgencia, introduce cambios sobre el decreto 688/2002 y redefine las reglas de acceso a un régimen clave para la industria exportadora. Con impacto inmediato en la arquitectura productiva, la decisión plantea una tensión de fondo: ¿se trata de una liberalización que dinamiza inversiones o de un movimiento que tensionará la discusión política en el Congreso?

Fin del esquema cerrado: menos intermediación y más acceso directo

El núcleo del decreto apunta a desmontar uno de los principales filtros del régimen: la obligación de suscribir acuerdos sectoriales con entidades representativas para poder ingresar al RAF. Ese requisito, vigente desde 2002, funcionaba como una barrera de entrada que condicionaba a las empresas a la validación de terceros.

La nueva norma elimina ese esquema y habilita un acceso más directo, bajo control de la Secretaría de Industria y de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), que deberán validar las solicitudes en un plazo máximo de 60 días. En términos operativos, el cambio traslada poder desde las cámaras sectoriales hacia el Estado regulador, pero al mismo tiempo reduce la capacidad de veto indirecto de actores privados.

Además, el decreto amplía el alcance del régimen: ya no solo podrán adherirse los fabricantes finales, sino también sus proveedores. Estos podrán importar insumos bajo el RAF para producir bienes intermedios destinados a la cadena industrial. Es un giro relevante: el régimen deja de ser un instrumento acotado a grandes terminales y pasa a estructurar cadenas productivas completas.

Garantías más flexibles y lógica de costos: el mensaje económico

Otro eje central es la flexibilización del sistema de garantías. Se elimina la exigencia de una garantía global única, permitiendo a las empresas optar por esquemas más acordes a su estructura financiera. En la práctica, esto reduce costos de transacción y amplía el universo potencial de beneficiarios.

El decreto también redefine el rol de la autoridad de aplicación, que ahora podrá fijar criterios de admisibilidad sin imponer condicionamientos sectoriales previos. La lógica cambia: de un modelo basado en compromisos de producción y empleo negociados colectivamente, a uno más abierto, con reglas generales y control ex post.

El argumento oficial se apoya en la experiencia del sector automotriz, único que logró aprovechar plenamente el régimen en más de dos décadas. Ese sector, que representa el 7,2% del valor agregado industrial, es utilizado como caso testigo para justificar la expansión al resto del entramado manufacturero.

Desregulación, Congreso y actores económicos

La utilización de un DNU para modificar un régimen de impacto estructural introduce un componente político inevitable. El Ejecutivo invoca la “impostergable” necesidad de mejorar la competitividad y evitar demoras legislativas, en un contexto de presión sobre el aparato productivo.

Sin embargo, el decreto deberá atravesar el filtro de la Comisión Bicameral y del Congreso. Allí se jugará parte de la validación política de la medida. La discusión no será solo técnica: el cambio altera equilibrios entre sectores industriales, debilita el rol de intermediación de cámaras empresarias y redefine incentivos dentro de las cadenas productivas.

En paralelo, el movimiento fortalece la agenda de desregulación del Gobierno, que busca reducir costos y acelerar decisiones en sectores estratégicos. Para los actores económicos, el mensaje es claro: menor burocracia, más acceso y reglas más homogéneas.

Expansión productiva o conflicto regulatorio

La reforma del RAF introduce una herramienta con potencial de impacto amplio, pero su implementación efectiva dependerá de variables aún abiertas. El comportamiento de los nuevos actores —especialmente proveedores— será un indicador clave para medir si el régimen logra escalar más allá de su experiencia previa.

También habrá que observar cómo se traducen los nuevos criterios de admisibilidad y control en la práctica administrativa. La promesa de agilidad puede tensionarse con la capacidad operativa del Estado.

En el plano político, el recorrido del decreto en el Congreso será determinante. La discusión sobre el uso de DNU para reformas estructurales sigue latente y puede reactivarse.

El Gobierno movió una pieza relevante en el tablero industrial. Resta ver si el sistema absorbe el cambio como una oportunidad de expansión o si emergen resistencias en un terreno donde regulación, competitividad y poder económico se cruzan de manera inevitable.

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El Gobierno reglamenta el RIMI y activa beneficios fiscales para inversiones el sector pyme por dos años

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El decreto 242 pone en marcha el régimen para pymes y abre un nuevo frente en la estrategia económica

El Gobierno avanzó el 10 de abril con la reglamentación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) a través del Decreto 242/2026, una pieza clave para traducir en incentivos concretos el esquema aprobado en la Ley 27.802. La norma fija un plazo de dos años para canalizar inversiones productivas con beneficios fiscales y define qué proyectos podrán acceder. La decisión llega en un contexto de búsqueda de reactivación y plantea una tensión de fondo: ¿alcanza un régimen focalizado en pymes para dinamizar la inversión o se trata de un instrumento acotado dentro de una estrategia más amplia?

El dato central es operativo y político a la vez: las inversiones alcanzadas serán aquellas realizadas desde la entrada en vigencia del régimen y hasta dos años después de la reglamentación operativa que deberá dictarse en un plazo de 30 días. El esquema apunta a micro, pequeñas y medianas empresas —hasta Mediana Tramo 2— y también incluye a entidades sin fines de lucro registradas, siempre que cumplan con los parámetros exigidos.

Un marco fiscal para ordenar la inversión productiva

El decreto completa la arquitectura legal del RIMI, creado por la Ley 27.802, cuyo objetivo es incentivar inversiones nacionales y extranjeras con impacto en producción, empleo y exportaciones. La reglamentación avanza sobre un punto clave: delimitar qué se considera inversión productiva y bajo qué condiciones se accede a los beneficios.

El universo es amplio pero definido. Incluye bienes de capital y de tecnología —siempre nuevos—, inversiones en riego agrícola, mallas antigranizo y hasta bienes semovientes con fines reproductivos. También incorpora obras vinculadas a la actividad productiva, siempre que no superen el 30% de avance al momento de entrada en vigencia de la ley.

La norma agrega un componente estratégico: promueve inversiones en eficiencia energética, tanto en generación renovable como en optimización del consumo. En ese punto, el régimen se alinea con una lógica de modernización productiva más que con un estímulo generalizado.

El acceso a los beneficios está atado a la “puesta en marcha” de la inversión, entendida como su utilización efectiva para generar ganancias gravadas. Es decir, no alcanza con invertir: el activo debe entrar en funcionamiento para habilitar el beneficio fiscal.

Beneficios, restricciones y control: el equilibrio fiscal detrás del régimen

El decreto no solo habilita incentivos, también fija límites. El uso de beneficios fiscales —incluyendo devoluciones vinculadas al IVA— tendrá un tope del 50% del cupo anual previsto en el presupuesto nacional. Además, la asignación se ordenará según la antigüedad de los saldos fiscales, lo que introduce un criterio de priorización.

A la vez, quedan excluidas las inversiones financieras o de portfolio, reforzando el enfoque productivo del régimen. También se establecen condiciones estrictas para acceder: no podrán beneficiarse quienes mantengan deudas firmes, exigibles e impagas con el organismo recaudador.

La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), junto con las áreas de Agricultura y Energía, tendrá un rol central en la implementación. Deberá dictar en 30 días las normas operativas que definirán, en la práctica, el alcance real del régimen.

Pymes en el centro y señales al mercado

La reglamentación del RIMI posiciona a las pymes como eje de la política de inversión en esta etapa. En términos políticos, el Gobierno busca mostrar un esquema de incentivos focalizado, con impacto en la economía real y sin expandir de manera indiscriminada el gasto tributario.

El diseño también refleja una lógica de control: los beneficios están condicionados, escalonados y sujetos a verificación. No es un régimen de acceso automático, sino administrado. Eso reduce riesgos fiscales, pero también puede limitar su velocidad de adopción.

En el plano de la agenda económica, el RIMI aparece como complemento de otras herramientas orientadas a atraer inversiones, aunque con un perfil más acotado. No apunta a grandes proyectos, sino a un entramado productivo más fragmentado, con impacto territorial.

Implementación, demanda y capacidad de tracción

El decreto pone en marcha el régimen, pero su efectividad dependerá de la reglamentación que se dicte en las próximas semanas y del nivel de adhesión del sector privado. La clave estará en si las condiciones logran traducirse en decisiones de inversión concretas.

También habrá que observar cómo interactúa el RIMI con el contexto macroeconómico y con otros instrumentos vigentes. El plazo de dos años fija una ventana clara, pero no garantiza resultados.

En paralelo, el foco en sectores como energía y agro introduce una señal sobre las áreas prioritarias, aunque sin excluir otros rubros. La pregunta que queda abierta es si este esquema logra escalar o si queda como un incentivo puntual dentro de una política más amplia que todavía está en construcción.

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ARCA remata PlayStation a precios mega baratos

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ARCA sorprendió a muchos argentinos al anunciar que va a subastar o rematar PlayStation 5 que quedaron retenidas en aduana. Estas consolas son el sueño de muchos pero los valores que manejan son bastante elevados. Por eso la entidad puso un precio muy competitivo por el que todos van a querer pelear. ¿Cuándo y dónde es la subasta?

En aduana siempre hay artículos o productos retenidos. La Dirección General de Aduanas suele confiscar paquetes que vienen del exterior cuando encuentran ciertas anomalías y también realizan inspecciones cuando llegan pasajeros del exterior. Ahora están subastando PlayStation pero anteriormente hicieron remates similares con celulares.

ARCA remata PlayStation 5 y genera locura

El sueño de muchos es tener una consola como esta en casa para jugar en momentos de ocio o bien para regalar tanto a los más pequeños como también a los grandes. La PlayStation 5 de 1 TB podría ser tuya si accedés a la subasta de ARCA mediante el Banco Ciudad. Las mismas tienen precios sumamente bajos que nadie puede creer.

En este sentido, se confirmó la venta de cuatro consolas PlayStation 5 Sony de 1 TB, cada una con joystick, con un precio base de $204.000 por unidad. Por otro lado, la Disposición 35/2026 añade ocho lotesd e consolas PlayStation 5 PRO de 2 TB y PlayStation 5 de 1 TB, todas con control inalámbrico DualSense. Los precios base parten de $355.500 para las versiones PRO y de $237.000 para las estándar.

Cuándo subastan las PlayStation

La subasta se hará el próximo jueves 23 de abril y los interesados van a tener que registrarse en el sitio de autogestión del Banco Ciudad, donde les van a proporcionar toda la información sobre el horario y demás cuestiones. Antes de la fecha límite se deben inscribir en la subasta específica, ya que muchos van a querer acceder a ella y se debe hacer con tiempo. Suele ser entre uno a dos días antes. A veces se pide el pago de una caución anticipada para habilitar la participación.

La subasta se realiza de manera online y se va ofertando con un precio inicial que es el que comentamos más arriba. A medida que avanza puede aumentar el valor, ya que son números muy competitivos y pocas unidades para la cantidad de personas que se inscriben en este tipo de remates de ARCA.

La participación en la subasta es abierta, por lo que cualquier persona puede participar y anotarse para conseguir su PlayStation. Estas consolas tienen un valor por arriba de los $900.000 hoy en día en Argentina, aunque también se consiguen directamente en dólares por un precio un poco más bajo. Por ende, ARCA puso números bajos y que son sumamente tentadores.

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El Gobierno activaría adelantos de coparticipación por $400 mil millones y busca contener la tensión financiera en provincias

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El Gobierno nacional tiene listo un decreto para habilitar adelantos de coparticipación por hasta $400 mil millones destinados a 12 provincias con dificultades financieras, entre ellas Misiones. La medida, que se publicaría en los próximos días en el Boletín Oficial, introduce un mecanismo de financiamiento con una tasa del 15% y devolución dentro del mismo año. En un escenario de caída real de ingresos y transferencias, el Ejecutivo interviene para ordenar el flujo de fondos subnacionales. La pregunta que emerge es si se trata de una herramienta de estabilización o de un nuevo esquema de dependencia financiera entre Nación y provincias.

Un mecanismo financiero con lógica de control

El esquema prevé anticipar a las provincias recursos que ya les corresponden por coparticipación, con un tope global de $400 mil millones y asignación según el coeficiente de cada jurisdicción. La clave está en el cambio de modalidad: el sistema reemplaza los pedidos mensuales de adelantos extraordinarios por una planificación previa de necesidades.

En términos institucionales, el movimiento ordena una práctica histórica —los giros discrecionales— bajo una lógica más previsible, al menos en la formulación. Las provincias deberán informar anticipadamente sus requerimientos y comprometer su devolución en el mismo ejercicio fiscal, lo que permite al Gobierno nacional administrar con mayor precisión el flujo de recursos.

El dato no es menor: frente a tasas de mercado que oscilan entre el 30% y el 45%, la tasa del 15% funciona como un ancla financiera. Traducido a política real, el Ejecutivo ofrece oxígeno a los distritos, pero bajo condiciones que centralizan la administración del financiamiento.

Caída de ingresos y presión sobre las cuentas provinciales

La medida llega en un contexto de deterioro fiscal. Según estimaciones citadas, la recaudación nacional cayó 8% interanual en términos reales durante el primer trimestre de 2026, mientras que las transferencias a provincias y CABA retrocedieron 6,5%.

El impacto es directo: menos recursos automáticos y mayores dificultades para cubrir gastos corrientes. En marzo, las transferencias totales alcanzaron $5,02 billones, con un crecimiento nominal del 27,2%, pero con una caída real cercana al 4%. Si se consideran solo las transferencias automáticas, la baja real asciende al 7,4%.

La tendencia se repite: por tercer mes consecutivo, las transferencias automáticas caen, con una pérdida acumulada estimada en $1,15 billones en el trimestre. En ese marco, el acceso al mercado financiero se vuelve más costoso, lo que explica la intervención del Ejecutivo.

Provincias asistidas y reconfiguración del vínculo fiscal

El decreto alcanzará a Catamarca, Chaco, Chubut, Corrientes, La Rioja, Mendoza, Misiones, Río Negro, Salta, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Tucumán. A este esquema se suma Entre Ríos, que ya había sido incorporada en enero de 2026.

En términos de correlación de fuerzas, el Gobierno nacional se posiciona como garante de liquidez en un momento de restricción. Las provincias acceden a financiamiento más barato, pero a cambio aceptan un esquema que ordena —y condiciona— su gestión financiera.

El dato político es que la asistencia no se presenta como excepcional, sino como parte de una política estructurada. Eso redefine la relación fiscal: menos discrecionalidad en los pedidos, pero mayor centralización en la decisión de otorgamiento.

Un equilibrio inestable

El movimiento del Ejecutivo puede leerse como una respuesta táctica a un problema concreto: evitar que las provincias se endeuden a tasas altas en un contexto de caída de ingresos. Pero también abre interrogantes sobre su sostenibilidad.

En las próximas semanas, habrá que observar cómo se implementa el mecanismo y qué nivel de adhesión real logra entre los distritos. También si el esquema logra estabilizar las finanzas provinciales o si solo posterga tensiones más profundas.

Porque en un escenario de recursos en retroceso, la discusión de fondo no es solo cómo se financian las provincias, sino quién administra ese margen de maniobra. Y ahí, el decreto empieza a marcar una línea.

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La recaudación crece 26,2% pero pierde contra la inflación y acumula ocho meses de caída real

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La recaudación tributaria de marzo volvió a encender una señal de alerta en el frente fiscal: aunque alcanzó los $16.071.028 millones y mostró un crecimiento interanual del 26,2%, el dato quedó por debajo de la inflación estimada en torno al 33% en los últimos doce meses. El resultado no sólo implica una nueva caída en términos reales, sino que extiende a ocho meses consecutivos la contracción del ingreso tributario ajustado por precios, en un contexto donde el Gobierno sostiene su estrategia de alivio impositivo y enfrenta tensiones crecientes en la relación con las provincias.

El dato, informado el 1 de abril de 2026 por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), confirma una moderación en el ritmo de expansión de los recursos fiscales y abre un interrogante central: ¿hasta qué punto la baja de impuestos y la desaceleración de la actividad condicionan la capacidad de financiamiento del Estado?

Menos ingresos reales y señales de enfriamiento fiscal

El número de marzo no sólo quedó por debajo de la inflación interanual, sino también del registro de febrero, cuando la recaudación había alcanzado $16,2 billones. En términos acumulados, el primer trimestre cerró con ingresos por $50.640.483 millones, con una suba del 22,7% interanual, consolidando una dinámica de crecimiento nominal pero con pérdida de poder real.

Desde el organismo recaudador explicaron que el resultado estuvo afectado por la ausencia de ingresos clave: “no hubo ingresos de anticipos de Ganancias de sociedades con cierre de ejercicio de diciembre (el más importante del año) ni anticipo de Ganancias de personas humanas”. Este factor puntual amplificó una tendencia más estructural: la desaceleración de la recaudación en términos reales.

En paralelo, el efecto de la baja de impuestos y retenciones también incidió en el resultado final, reduciendo el flujo de recursos disponibles. Este punto introduce un componente político relevante, ya que la política tributaria no sólo impacta en la macroeconomía, sino también en la distribución de recursos entre Nación y provincias.

IVA y Seguridad Social sostienen, Ganancias se rezaga

El desempeño de los principales tributos mostró un comportamiento heterogéneo. El IVA neto se consolidó como el principal sostén de la recaudación, con ingresos por $5.619.607 millones y un crecimiento interanual del 28,7%. Dentro de este tributo, el componente impositivo avanzó 32,5%, mientras que el IVA aduanero creció 19,1%, evidenciando una brecha entre el mercado interno y el comercio exterior.

Por su parte, el Impuesto a las Ganancias recaudó $2.609.519 millones, con una suba del 17,1%, claramente por debajo del promedio general. La dinámica del tributo refleja tanto la ausencia de anticipos como una menor tracción relativa frente a otros ingresos.

El impuesto a los Débitos y Créditos mostró uno de los mayores incrementos, con $1.304.386 millones y una suba del 38,4%, mientras que los recursos de la Seguridad Social alcanzaron $4.451.245 millones, con un crecimiento del 28,5%, en línea con la evolución de los salarios formales.

A nivel agregado, el subtotal de impuestos avanzó 31,8%, mientras que los recursos aduaneros crecieron apenas 9,5%, confirmando el menor dinamismo del sector externo frente a la actividad interna.

Tensión fiscal y reparto de recursos

La caída real de la recaudación introduce una variable clave en la dinámica política: el margen fiscal del Gobierno se vuelve más estrecho justo cuando necesita sostener equilibrio en las cuentas públicas y, al mismo tiempo, administrar demandas territoriales.

En este escenario, la menor recaudación impacta directamente en la masa coparticipable, lo que tiende a tensar la relación con las provincias. La combinación de baja de impuestos, menor ingreso real y desaceleración económica configura un triángulo complejo para la gobernabilidad fiscal.

Al mismo tiempo, el comportamiento dispar de los tributos refuerza una lectura estructural: el consumo interno —reflejado en el IVA— sigue siendo el principal sostén, mientras que el comercio exterior y los impuestos más vinculados a resultados empresariales muestran menor dinamismo.

RECAUDACIÓN MARZO by CristianMilciades

Un equilibrio en construcción

La dinámica de marzo no redefine por sí sola el rumbo fiscal, pero sí marca un punto de atención. La continuidad de caídas reales en la recaudación obliga a observar de cerca dos variables: la evolución de la inflación y el impacto efectivo de la política tributaria sobre la actividad.

En las próximas semanas, el foco estará puesto en si esta tendencia se consolida o si aparecen factores estacionales o económicos que permitan revertirla. En un escenario donde cada punto de recaudación cuenta, la tensión entre alivio impositivo y sostenibilidad fiscal seguirá en el centro del tablero.

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