Argentina

Quieren unir Iguazú con Presidente Franco a través de un teleférico

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Se presentó esta mañana en la ciudad paraguaya de Presidente Franco un proyecto para la creación de un teleférico. Que sería un nuevo atractivo para la región de las Cataratas del Iguazú.
Este jueves (07/02) se realizó la primera reunión oficial entre autoridades de Puerto Iguazú, Ciudad Presidente Franco y representantes de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) de Paraguay. El encuentro fue en la sala de reuniones de la municipalidad de Ciudad Presidente Franco.
Trataron temas relacionados a la conectividad entre ambas ciudades como la instalación de un teleférico desde el Hito de las Tres Fronteras (Paraguay) hasta el Hito de Iguazú (Argentina). Además del Cruce de Transporte Internacional en Balsa sobre el Río Paraná desde el Puerto Tres Fronteras (Paraguay).

Otro punto previsto es la construcción de un Puente Internacional sobre el Río Paraná que una las Ciudades de Pdte. Franco (Paraguay) con la Ciudad de Iguazú (Argentina), así como también otros asuntos de interés de ambas ciudades y países.
El intendente de Presidente Franco, Roque Hernán Godoy destacó a los medios paraguayos que es bien sabido que Iguazú es una ciudad que depende exclusivamente del turismo. “Nosotros como franqueños también queremos enfocarnos hacia ese lado y creemos que un teleférico internacional va a ser el primero en Sudamérica sobre el Río Paraná para el tránsito de personas y creemos que eso va a ser algo muy importante para la conectividad con la ciudad de Iguazú y también como un atractivo turístico que vamos a tener acá en la ciudad”, sostuvo.
El intendente dijo además que la idea es armar un equipo de trabajo que se encargue para realizar este proyecto y otros puntos para mejorar la conectividad con Iguazú. “Vamos a ver la posibilidad con ellos de traer un transporte internacional que pase por la balsa que llegue hasta la terminal de ómnibus de Presidente Franco y posteriormente pase a la terminal de Ciudad del Este”, adelantó.

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Brasil más cerca: 32 mil personas cruzaron en enero por el Paso Rosales

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El paso fronterizo debutó en las vacaciones y superó las expectativas en el primer mes del año. Con rutas en buen estado, acorta 150 kilómetros la distancia a las playas. 
 
El Paso Comandante Rosales, que une a las localidades de San Pedro con Paraíso, pequeño pueblo cercano a la ciudad de San Miguel Oeste, Brasil y que acorta 150 kilómetros la distancia a las playas de Florianópolis, debutó en el verano con un gran número de cruce de turistas.
Sólo en enero, 32 mil personas y 10 mil vehículos utilizaron el paso.
Con un camino asfaltado en muy buen estado, y un paisaje que recorre el verde de Misiones y permite disfrutarlo en los días de descanso, el recientemente inaugurado (23 de diciembre) Paso Rosales poco a poco se consolida como una opción para salir de la Argentina.
Ruta 14 hasta San Pedro
Para llegar al puente por el Paso Rosales hay que tomar la ruta nacional 14 y al llegar a San Pedro se debe tomar la ruta provincial 16 hasta el paraje “7 Estrellas”. Luego se debe seguir por la ruta provincial 27. El trayecto está totalmente asfaltado, las rutas (nacionales y provinciales) son nuevas y cuentan con toda la señalética necesaria.
Como ya publicara este medio, y para comparar el tiempo que el turista se ahorra hasta las playas, desde Irigoyen a Florianópolis hay 765 kilómetros y se tarda en automóvil aproximadamente 11 horas y media, al igual que desde Alba Posse, donde la distancia estimada es de 815 km. Desde el paso Rosales la distancia se acorta a unos 656 km, con un tiempo estimado de viaje de 9 horas y media.

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Una economía no apta para impacientes

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Los fundamentos de la economía argentina han mejorado en forma significativa, haciendo que los déficits gemelos apunten en 2019 a recortarse a una cuarta parte (el externo) y a dos tercios (el fiscal, incluyendo intereses) respecto de 2018, habiéndose revertido el exceso de pesos que complicó el manejo de la macro desde 2015, fenómeno que se expresa en un tipo de cambio reptando en torno a la banda inferior.
Del otro lado, se tiene, en el sector real de la economía, una caída del PIB que en el cuarto trimestre de 2018 habría sido de 6 % interanual, y la influencia negativa de las elevadas tasas reales de interés. Sin embargo, el ajuste no ha sido en vano, ya que la desaceleración de la inflación está ayudando a una mejora en las expectativas, permitiendo pensar en un piso más firme para la caída del consumo. Se sabe que la inversión será en 2019 un lastre para el nivel de actividad pero, con su trayectoria ascendente, las exportaciones apuntan a jugar su rol compensador.
Los números rojos habrán de seguir inundando todo el primer trimestre en la comparación interanual de los datos del PIB y de la industria. Pero, lo que importa es encontrar señales que puedan corroborar o desmentir la idea de un punto de inflexión para la secuencia mes a mes. Un anticipo positivo viene desde los mercados financieros, de la mano de la suba de las acciones, baja del riesgo país y descenso de las tasas de interés locales, con el dólar por debajo de la línea de la zona de no intervención.
Ese movimiento, común a otros emergentes, en el plano local es reforzado por un incipiente cambio de percepción de la población. Así, el Indice General de Expectativas Económicas, elaborado por la consultora Kantar TNS, pasó de 68 a 73 entre noviembre y diciembre pasados, con un repunte de 4 puntos en la percepción laboral actual y futura.
Empresas vinculadas al sector de consumos básicos confirman que las ventas de enero estarían marcando un piso a la caída, luego de un último bimestre con “datos horribles”: el Emae de noviembre marcó un descenso de 7,5 % interanual , luego de la merma de 4 % de octubre, por lo que el PIB podría haber caído un 6 % interanual en el cuarto trimestre de 2018.
Sin embargo, las condiciones de arranque de aquel período son muy distintas a las del primer trimestre. Hacia fin de setiembre el dólar superaba los 40 pesos, la tasa de inflación estaba en 6 % mensual, la fuga de capitales no se había frenado, caían los depósitos y la tasa de interés (Leliq) superaba el 70 % anual. En enero, todas esas variables se encuentran en un terreno más propicio y, aunque la tasa de interés todavía se ubica por encima del 55 %, la clave para que el consumo deje de caer es el comportamiento de la inflación. Con guarismos algo por encima de 2,5 % para diciembre y enero, se configura una transición que podría desembocar en un escenario en el cual, en el margen, los salarios comiencen a ganarle a la inflación, aunque esto ocurra por decimales.

Respecto de la tasa de interés, existe la posibilidad de acelerar la tendencia bajista, pero el Banco Central prefiere el gradualismo. Con un mercado cambiario vendedor, el BCRA podría aumentar las compras diarias, de 50 millones de dólares, de modo de inyectar más pesos en la economía. Las reservas han aumentado 340 millones de dólares por esta vía, y la cuota diaria de compras podría ampliarse en febrero, pero de forma modesta, ya que la prioridad sigue siendo el proceso de desinflación.
Enfatizando esta visión, el Banco Central acaba de cuestionar el rol del crédito como instrumento reactivador, afirmando que es el mayor nivel de actividad el que deriva en un aumento de la demanda de préstamos, y no a la inversa. Es cierto que en la Argentina el ratio crédito/PIB es minúsculo, pero la tasa de interés es un “costo de oportunidad”, que puede adelantar o posponer decisiones de compra. Además, en el país es importante el crédito entre particulares a través de los cheques diferidos, cuyo stock se devalúa en términos de valor presente cada vez que la tasa de interés sube, y se valoriza cuando ésta baja.
Más allá de ese debate, en año electoral la gran cuestión es lo que ocurra con el dólar a medida que nos acerquemos a octubre.
Ya se ha subrayado aquí como la división del peronismo reconfigura todo el panorama. Pero también es cierto que las fugas de capitales están asociadas a estos períodos. La pregunta es si la amenaza de la política a la economía es un riesgo a contemplar o si constituye el “escenario base”, dominante. En caso de ser un “riesgo”, no puede ser ignorado, pero el foco vuelve a ser puesto en lo profundo de la corrección de los desequilibrios que afectaban a la Argentina.
Una consecuencia es que el déficit externo esperado para 2019 sea de 1,2 % del PIB, versus 4,5 % en 2018. Este gap es financiable con los desembolsos del FMI, quedando margen para una suba de las reservas, por lo que es compatible con la recuperación gradual del nivel de actividad, teniendo en cuenta que las exportaciones de bienes y servicios podrían crecer a tasas de dos dígitos. Al tiempo que, “bombas ” como las Lebacs de 2018 han quedado desactivadas, ya que las reservas externas multiplican por tres el monto de los pasivos remunerados del Central, cuando no alcanzaban a cubrirlo doce meses atrás.

Estas bases más genuinas no alcanzan para evitar turbulencias, pero si permiten acotar los márgenes esperados de volatilidad. Y si el escenario político no llegara a ofrecer garantías, es inútil pensar que algún artilugio técnico pueda ser suficiente para estabilizar la economía. Los fundamentos de la economía argentina han mejorado en forma significativa, haciendo que los déficits gemelos  punten en 2019 a recortarse a una cuarta parte (el externo) y a dos tercios (el fiscal, incluyendo intereses) respecto de 2018, habiéndose revertido el exceso de pesos que complicó el manejo de la macro desde 2015, fenómeno que se expresa en un tipo de cambio reptando en torno a la banda inferior.
Del otro lado, se tiene, en el sector real de la economía, una caída del PIB que en el cuarto trimestre de 2018 habría sido de 6 %  interanual, y la influencia negativa de las elevadas tasas reales de interés. Sin embargo, el ajuste no ha sido en vano, ya que la desaceleración de la inflación está ayudando a una mejora en las expectativas, permitiendo pensar en un piso más firme para la caída  del consumo. Se sabe que la inversión será en 2019 un lastre para el nivel de actividad pero, con su trayectoria ascendente, las exportaciones apuntan a jugar su rol compensador.
Los números rojos habrán de seguir inundando todo el primer trimestre en la comparación interanual de los datos del PIB y de la industria. Pero, lo que importa es encontrar señales que puedan corroborar o desmentir la idea de un punto de inflexión para la secuencia mes a mes. Un anticipo positivo viene desde los mercados financieros, de la mano de la suba de las acciones, baja del riesgo país y descenso de las tasas de interés locales, con el dólar por debajo de la línea de la zona de no intervención.
Ese movimiento, común a otros emergentes, en el plano local es reforzado por un incipiente cambio de percepción de la población. Así, el Indice General de Expectativas Económicas, elaborado por la consultora Kantar TNS, pasó de 68 a 73 entre noviembre y diciembre pasados, con un repunte de 4 puntos en la percepción laboral actual y futura.
Empresas vinculadas al sector de consumos básicos confirman que las ventas de enero estarían marcando un piso a la caída, luego de un último bimestre con “datos horribles”: el Emae de noviembre marcó un descenso de 7,5 % interanual , luego de la merma de 4 % de octubre, por lo que el PIB podría haber caído un 6 % interanual en el cuarto trimestre de 2018.
Sin embargo, las condiciones de arranque de aquel período son muy distintas a las del primer trimestre. Hacia fin de setiembre el dólar superaba los 40 pesos, la tasa de inflación estaba en 6 % mensual, la fuga de capitales no se había frenado, caían los depósitos y la tasa de interés (Leliq) superaba el 70 % anual. En enero, todas esas variables se encuentran en un terreno más propicio y, aunque la tasa de interés todavía se ubica por encima del 55 %, la clave para que el consumo deje de caer es el comportamiento de la inflación. Con guarismos algo por encima de 2,5 % para diciembre y enero, se configura una transición que podría desembocar en un escenario  en el cual, en el margen, los salarios comiencen a ganarle a la inflación, aunque esto ocurra por decimales.
Respecto de la tasa de interés, existe la posibilidad de acelerar la tendencia bajista, pero el Banco Central prefiere el gradualismo. Con un mercado cambiario vendedor, el BCRA podría aumentar las compras diarias, de 50 millones de dólares, de modo de inyectar más pesos en la economía. Las reservas han aumentado 340 millones de dólares por esta vía, y la cuota diaria de compras podría ampliarse en febrero, pero de forma modesta, ya que la prioridad sigue siendo el proceso de desinflación.
Enfatizando esta visión, el Banco Central acaba de cuestionar el rol del crédito como instrumento reactivador, afirmando que es el mayor nivel de actividad el que deriva en un aumento de la demanda de préstamos, y no a la inversa. Es cierto que en la Argentina el ratio crédito/PIB es minúsculo, pero la tasa de interés es un “costo de oportunidad”, que puede adelantar o posponer decisiones de compra. Además, en el país es importante el crédito entre particulares a través de los cheques diferidos, cuyo stock se devalúa en términos de valor presente cada vez que la tasa de interés sube, y se valoriza cuando ésta baja.
Más allá de ese debate, en año electoral la gran cuestión es lo que ocurra con el dólar a medida que nos acerquemos a octubre.
Ya se ha subrayado aquí como la división del peronismo reconfigura todo el panorama. Pero también es cierto que las fugas de capitales están asociadas a estos períodos. La pregunta es si la amenaza de la política a la economía es un riesgo a contemplar o si constituye el “escenario base”, dominante. En caso de ser un “riesgo”, no puede ser ignorado, pero el foco vuelve a ser puesto en lo profundo de la corrección de los desequilibrios que afectaban a la Argentina.
Una consecuencia es que el déficit externo esperado para 2019 sea de 1,2 % del PIB, versus 4,5 % en 2018. Este gap es financiable con los desembolsos del FMI, quedando margen para una suba de las reservas, por lo que es compatible con la recuperación gradual del nivel de actividad, teniendo en cuenta que las exportaciones de bienes y servicios podrían crecer a tasas de dos dígitos. Al tiempo que, “bombas” como las Lebacs de 2018 han quedado desactivadas, ya que las reservas externas multiplican por tres el monto de los pasivos remunerados del Central, cuando no alcanzaban a cubrirlo doce meses atrás.
Estas bases más genuinas no alcanzan para evitar turbulencias, pero si permiten acotar los márgenes esperados de volatilidad. Y si el escenario político no llegara a ofrecer garantías, es inútil pensar que algún artilugio técnico pueda ser suficiente para estabilizar la economía.
 

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Frigerio anunció la apertura del nuevo paso fronterizo Ituzaingó-Ayolas

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El ministro del Interior, Obras Públicas y Viviendas de la Nación, Rogelio Frigerio visitó la Central Hidroeléctrica Yacyretá con el director de la Entidad Binacional (EBY), Martín Goerling, y anunció que en los próximos meses se dará apertura del paso fronterizo entre Ituzaingó y Ayolas (Paraguay).
“Estamos comprometidos en llevar adelante obras que impulsen una mayor integración entre nuestros pueblos, en el marco de un programa de cooperación que redundará en beneficios para los dos países”, dijo Goerling.
Por la tarde, el ministro y el director de la EBY recorrieron las obras destinadas a ampliar la capacidad de las operaciones de control migratorio en la zona del paso fronterizo ubicado entre las ciudades de Posadas y Encarnación, en Argentina y en Paraguay, respectivamente. El ministro confirmó que a fines de abril estarán habilitadas 14 nuevas casillas para egreso desde Posadas.
Mientras que el Ministerio del Interior de la Nación se hizo cargo de la construcción de los edificios, la EBY realizó las obras para los conductos pluviales y cloacales además de las instalaciones eléctricas y corrientes en el área. En ese sentido, los trabajos consistieron en lo siguiente:
1. Movimiento de suelos, alcantarillas, sumideros.
2. Construcción de obras para futuras instalaciones de agua potable, cloacas, pluviales, energía y fibra óptica.
3. Cerco perimetral y portón metálico que rodea la zona de seguridad fronteriza.
4. Pavimento asfáltico en playa de egreso y correspondiente empalme al acceso sur de Posadas.
“Esta obra resulta un aporte sustancial para el futuro Centro Fronterizo, tanto en infraestructura como en seguridad”, agregó el director ejecutivo de la EBY. En la nota reversal N° 9, del 2 de julio de 1981, la República Argentina acordó con el Paraguay aprobar la financiación por parte de la Entidad Binacional Yacyretá de las obras del puente Encarnación-Posadas y las vías de acceso desde ambas márgenes.
En mayo de 2008 el gobierno argentino tomó un préstamo de la Corporación Andina de Fomento (CAF) con el compromiso de financiar las obras viales de Integración con Paraguay. Como parte de este plan, se ejecutó la extensión de la Ruta 105 hasta el Puente Internacional, denominada Acceso Sur a la ciudad de Posadas, que finaliza en la Avenida Mitre, natural acceso al Centro de Frontera.
Pero el tráfico internacional entre esta ciudad y Encarnación colapsó las instalaciones, por lo cual el Ministerio del Interior acordó con la EBY financiar la remodelación del paso internacional.

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La década diferenciada de América Latina

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Los años ´80 pasaron a la historia como la “década perdida de América latina”, por la falta de crecimiento de la mayoría de los países de la región, una crisis detonada a partir de la abrupta suba de las tasas de interés de los Estados Unidos. Más acá en el tiempo, el 2011 marcó otro punto de inflexión, porque luego de tocar valores records, los precios de las commodities comenzaron a bajar, para estacionarse en un andarivel intermedio. A diferencia de lo sucedido en los ’80, esta vez hay contrastes entre los distintos países de la región, por la forma en que transitan el nuevo escenario. Focalizando en Argentina y Brasil por un lado, y Chile y Perú por el otro, se observa una bifurcación de caminos que tiene que ver tanto con el modo con el que los gobiernos se apropiaron de los beneficios del boom que llegó hasta 2011, como con el tipo de políticas económicas con las que se enfrentó la etapa posterior, de precios internacionales más moderados. Este conjunto de factores explica por qué entre 2011 y 2018, Brasil y la Argentina tuvieron crecimiento cero, mientras el PIB de Perú se expandía un 31,6 % y el de Chile lo hacía un 21,9 %.
Los años ´80 pasaron a la historia como la “década perdida de América latina”, por la falta de crecimiento de la mayoría de los países de la región, una crisis detonada a partir de la abrupta suba de las tasas de interés de los Estados Unidos. Más acá en el tiempo, el 2011 marcó otro punto de inflexión, porque luego de tocar valores records, los precios de las commodities comenzaron a bajar, para estacionarse en un andarivel intermedio. A diferencia de lo sucedido en los ’80, esta vez hay contrastes entre los distintos países de la región, por la forma en que transitan el nuevo escenario. Focalizando en Argentina y Brasil por un lado, y Chile y Perú por el otro, se observa una bifurcación de caminos que tiene que ver tanto con el modo con el que los gobiernos se apropiaron de los beneficios del boom que llegó hasta 2011, como con el tipo de políticas económicas con las que se enfrentó la etapa posterior, de precios internacionales más moderados. Este conjunto de factores explica por qué entre 2011 y 2018, Brasil y la Argentina tuvieron crecimiento cero, mientras el PIB de Perú se expandía un 31,6 % y el de Chile lo hacía un 21,9 %.

No se puede entender el ciclo de stop and go que se inicia en 2011, que origina el estancamiento de los últimos siete años, sin considerar el contexto. La historia arranca con la suba sostenida de los precios de las materias primas a partir de 2003 en adelante, hasta llegar a niveles records, que provocó un beneficio inédito en la región, pero un aprovechamiento cortoplacista en la Argentina y otros países, caso de Brasil, que terminó dañando los cimientos de estas economías, haciendo mucho más difícil la etapa posterior.

Con pocos datos se ilustra este punto: las exportaciones de la Argentina, que en 2003 capturaban 0,43 dólar de cada 100 dólares de las exportaciones mundiales, pasaron en 2011 a 0,46 dólar de cada 100, un magro incremento de 6,9%, pese al boom de la soja y demás productos. Esto compara con un aumento de 35,2 % obtenido por Brasil (de 1,05 a 1,42 dólares cada 100) en igual período, el 45,0 % de Chile (de 0,31 a 0,45) y el 100 % de Perú (de 0,13 a 0,26). La escasez de dólares genuinos en el presente de la Argentina no se explica sin repasar esta parte cercana de la historia.

Ahora bien, cuando el precio internacional de las materias primas comienza a hacer su recorrido inverso, para quedar en un nivel intermedio, Brasil y la Argentina ensayan políticas económicas que, en lugar de recortar la brecha con Chile y Perú, la profundizan.
El común denominador que se observa para Argentina y Brasil a partir de 2011, es el intento de compensar la merma del impulso externo con políticas contracíclicas, activando el gasto público y los subsidios (a las tarifas en nuestro país, a los créditos, en el vecino). Más allá del mayor gasto público, debe tenerse en cuenta la calidad del mismo. Por ejemplo, un informe publicado por el Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad Belgrano sostiene que entre los años 2003 y 2015 las escuelas públicas primarias perdieron 12% de alumnos pero los cargos docentes aumentaron 19%. En el mismo período, las escuelas privadas ganaron 27% de alumnos y subieron los docentes en un 23%.
Pero esa reacción agravó los desequilibrios fiscales sin conseguir éxito en términos de nivel de actividad (se entró en el ciclo del stop and go), al costo de daños adicionales en la competitividad y deterioro incremental del sector externo. El “cepo cambiario” fue, de todos modos, una peculiaridad de la Argentina, acentuando el sesgo antiexportador. Y, dado que el sector externo es un espejo de los desequilibrios internos, en este punto debe subrayarse otra excentricidad argentina: el gasto consolidado del sector público, que en 2003 se ubicaba en 22,7 % del PIB, ya había trepado a 34,9 % en 2011, para coronar un 41,4 % en 2015. En tanto, de 2003 a 2015 el gasto público en Chile pasó de 22,5 % a 24,9 % del PIB y en Perú de 20,0% a 22,4 %.

La política fiscal desaprensiva provocó un efecto negativo de “segunda ronda” sobre el sector externo, potenciando el primer impacto de los menores precios internacionales, ya que alimentó la “inflación en dólares” al interior de las economías, más intensa todavía en el caso de la Argentina. Así, entre Noviembre 2010 y Noviembre 2015, el peso argentino se apreció en términos reales un 41,8% contra el peso chileno, quitando competitividad cuando más se la necesitaba.

Hubo, además, un impacto de “tercera ronda”, ya que la inversión privada fue desplazada por la pública, mucho más cara y menos productiva, como muestran el “Lava Jato” y los “Cuadernos” en Brasil y la Argentina.
Está claro que, a partir de 2011, había que adaptarse al escenario internacional dando prioridad a las políticas del lado de la oferta, con desregulación, recorte de impuestos distorsivos, menos burocracia, precios relativos locales alineados con los internacionales, mejor logística e infraestructura. Sin embargo, aun cuando los gobiernos de la Argentina y de Brasil hubieran tenido el diagnóstico correcto (que no lo tuvieron) había una pesada inercia que complicaba ese giro, por la falta de acuerdos comerciales con el resto del mundo, con impuestos (incluido el inflacionario) cubriendo un gasto público fuera de escala, con un sector productivo debilitado por la falta de estímulos y la pérdida de transparencia de esos años, como lo ilustra el recorrido de YPF en el período.
Hay una conclusión, y es que se necesita avanzar hacia un modelo de crecimiento apoyado en exportaciones e inversión, agotada la vía del gasto público y los subsidios.
Brasil y la Argentina enfrentan el mismo tipo de problemas, pero Brasil sufrió una brutal recesión entre 2015 y 2016, fenómeno que fue determinante para ordenar su agenda, a 180° de lo que había sido la política económica del gobierno de Dilma.
En cambio, la nitidez de esa agenda es menor en la Argentina. Si bien nuestro país comparte con Brasil el estigma del crecimiento cero entre 2011 y 2018, las causas del estancamiento enfrentan mayor controversia de este lado de la frontera. Sin embargo, si la dirigencia política reparara en los factores que explican la diferencia entre nuestro país y la performance de Chile y Perú en los últimos años, la discusión podría focalizarse en los hechos relevantes.

Obsérvese que, de acuerdo a las notas de competitividad del World Economic Forum, la puntuación de Argentina (4,0) es la menor de los cuatro países bajo análisis. Para Brasil esa puntuación es de 4,10, para Perú de 4,20 y para Chile de 4,70.
El ranking de las diferencias entre la puntuación de Chile y Argentina es encabezado por el ítem “estabilidad macroeconómica”, en el que nuestro país debería pasar de 3,40 a 5,40 para igualar la medición correspondiente al país trasandino.
Pero para lograr crecimiento sostenido, ese salto en la nota de estabilidad macroeconómica es sólo una condición necesaria, no suficiente. Obsérvese que los ítems vinculados a la forma en que se asignan los recursos en cada país también muestran una brecha considerable. Las notas de Chile en la eficiencia con la que funcionan el mercado de bienes y de trabajo, las asignadas a infraestructura e instituciones, son referencias claras respecto de las reformas que aún necesita encarar la Argentina en función de la recuperación de la capacidad de crecer, única forma en que los ratios vinculados a la sustentabilidad de la deuda pública puedan converger a niveles manejables.

De este modo, lo ocurrido entre 2016 y principios de 2019 puede verse como una transición, costosa pero transición al fin, en la construcción de los cimientos para encarar los desafíos señalados. Por caso, la tarea de estabilizar la economía necesitaba previamente alinear el set de precios relativos del mercado local con los internacionales, un requisito que estará cerca de ser cumplido hacia fin de 2019. Esta forma de reorganizar la economía es la única consistente con el florecimiento de incentivos para la inversión y el empleo productivo. En cambio, la estabilidad basada en la represión de precios claves, tipo de cambio, tarifas y demás, es la receta indicada para prolongar el escenario de estancamiento.
 

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