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ArPulp avanza en Corrientes: una inversión de US$ 2.000 millones que proyecta transformar el mapa forestal de la región

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El proyecto de ArPulp para construir una planta de celulosa en Ituzaingó comienza a ingresar en una etapa decisiva. Después de aproximadamente dos años de trabajos técnicos, durante 2026 la compañía espera completar uno de los pasos centrales para una inversión estimada en US$ 2.000 millones solamente dentro del complejo industrial: la aprobación del estudio de impacto ambiental.

El ejecutivo tucumano Fernando Correa, con una larga experiencia profesional dentro del sector forestal, presentó los avances del proyecto durante el encuentro por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), realizado en Posadas. En diálogo con Economis, aseguró que la iniciativa mantiene por ahora el cronograma trazado originalmente y ratificó el objetivo de tener la planta funcionando en 2030.

“El proyecto está bastante en línea con el cronograma original. Siempre dijimos que el hito principal para este año es el estudio de impacto ambiental”, explicó Correa.

El documento se encuentra en su fase final y la expectativa de la empresa es presentar la documentación ante la autoridad ambiental de Corrientes durante las próximas semanas. Si el proceso administrativo avanza según lo previsto, la aprobación podría llegar hacia finales de 2026 o comienzos de 2027.

Pero mientras se desarrolla el trámite ambiental, ArPulp trabaja simultáneamente sobre otros componentes necesarios para una inversión de esta escala: capacitación de recursos humanos, logística, certificaciones, suministro forestal, ingeniería y estructuración financiera.

Una fábrica pensada para 2030

El calendario industrial permite dimensionar la complejidad del emprendimiento. Durante 2027 debería avanzar la ingeniería básica, una instancia que demandará entre diez y doce meses. Paralelamente comenzarán los pedidos de grandes equipos industriales, cuya fabricación puede insumir alrededor de un año y medio debido a que se producen específicamente para cada planta.

Después llegará la construcción.

“Los períodos de construcción son 48 meses. Un mes más, un mes menos”, sintetizó Correa a Economis.

La meta continúa siendo 2030. El proyecto contempla una inversión cercana a US$ 2.000 millones dentro de la fábrica, aunque la cifra final podría incrementarse por infraestructura complementaria. Entre las alternativas estudiadas aparecen inversiones logísticas y eventualmente instalaciones portuarias vinculadas con la salida de la producción hacia los mercados internacionales.

ArPulp apunta además a un segmento particular del negocio mundial de la celulosa: la celulosa fluff, utilizada principalmente por las industrias sanitaria y de higiene.

“Es un producto muy de nicho, muy específico”, explicó Correa. A diferencia de otras variedades de celulosa con características más cercanas a un commodity, la fluff abastece mercados que requieren especificaciones técnicas particulares.

Por eso, además del financiamiento, ArPulp trabaja en la incorporación de un socio estratégico internacional.

“El escenario ideal sería tener una empresa global que sepa producir celulosa, pero sobre todo por la parte de comercialización”, señaló.

La iniciativa está promovida por un grupo inversor argentino y ya existen conversaciones con bancos y organismos multilaterales para conseguir financiamiento.

Correa aclaró que la estructuración financiera está a cargo de especialistas y señaló a Grupo Pegasus, de Buenos Aires, como asesor financiero y socio del proyecto.

La magnitud del desembolso convierte al financiamiento en uno de los capítulos centrales de la inversión, pero también coloca en primer plano otra condición que ArPulp considera indispensable: la estabilidad jurídica.

Allí aparece el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). ArPulp todavía no presentó formalmente su adhesión. La compañía proyecta hacerlo entre enero y febrero, fundamentalmente para compatibilizar el momento de inscripción con el calendario efectivo de desembolsos.

La normativa establece compromisos de inversión durante los primeros 24 meses posteriores al ingreso al régimen y, según explicó Correa, una inscripción demasiado anticipada no coincidiría con la curva normal de desembolsos de una planta de estas características.

Para el ejecutivo, la principal ventaja no está únicamente asociada a los incentivos fiscales.

“Lo importante que te da el RIGI es la protección a la inversión. Tenés un compromiso de que no se van a cambiar las reglas de juego por los próximos treinta años”, sostuvo.

Correa vinculó esa previsibilidad con uno de los principales obstáculos históricos para las grandes inversiones industriales en la Argentina: el riesgo asociado a modificaciones regulatorias, tributarias o cambiarias durante la vida útil de proyectos que necesitan décadas para recuperar el capital invertido.

En ese sentido, ubicó al proyecto forestal dentro de la nueva generación de inversiones intensivas en capital que aparecen junto con petróleo, gas y minería.

Cinco millones de metros cúbicos de madera por año

La escala industrial de ArPulp también promete modificar profundamente el mercado forestal del Nordeste.

La futura planta necesitaría aproximadamente cinco millones de metros cúbicos de madera por año. Una demanda permanente de semejante volumen tendría consecuencias sobre plantaciones, cosecha, transporte, servicios forestales, logística y planificación de nuevas superficies.

La compañía prevé desarrollar plantaciones propias para cubrir aproximadamente 30% de sus necesidades, lo que representaría entre 40.000 y 50.000 hectáreas netas.

El resto deberá provenir del mercado. “Vamos a ser compradores netos”, confirmó Correa. Y allí Misiones aparece directamente involucrada.

Aunque la planta estará instalada en Ituzaingó, su estrategia de abastecimiento contempla un radio económico de suministro alrededor del complejo industrial. La cercanía del sur misionero lo incorpora naturalmente a ese mapa.

“Misiones está muy cerquita también”, señaló.

Correa sostuvo que el complejo pretende integrarse como “un eslabón que falta” dentro de una cadena forestal que ya cuenta con plantaciones e industrias, pero todavía dispone de grandes volúmenes de biomasa con escaso valor comercial.

El residuo forestal pasa a tener valor

Este punto es central para comprender el impacto que ArPulp proyecta sobre los aserraderos de Misiones y Corrientes.

Según Correa, alrededor del 30% de la madera producida por hectárea actualmente termina como residuo, ya sea dentro del monte durante las operaciones forestales o posteriormente en los aserraderos.

Una planta de celulosa de gran escala puede convertir una parte de ese material en materia prima industrial.

“No es parte de la competencia, es un complemento”, planteó el ejecutivo durante su exposición, al explicar que una demanda estable permitiría valorizar fracciones del recurso que actualmente tienen poco o ningún aprovechamiento económico y, al mismo tiempo, mejorar la planificación de futuras plantaciones.

La lectura de ArPulp es que una fábrica que consume cinco millones de metros cúbicos anuales no solamente modifica el precio o la demanda de madera: obliga a elevar la productividad del sistema completo.

La presentación de Correa puso precisamente el foco en ese concepto. Para competir internacionalmente ya no alcanza con disponer de árboles y buenas tasas de crecimiento. Se necesita un ecosistema industrial competitivo, con proveedores, servicios, transporte, transformación, logística de exportación y un marco jurídico capaz de sostener inversiones de largo plazo.

Hasta 13.000 puestos de trabajo

El segundo gran impacto será laboral. Dentro de la planta trabajarían alrededor de 1.000 personas, distribuidas entre los diferentes turnos y operaciones industriales.

La cadena de suministro sumaría entre 2.000 y 2.500 trabajadores, incluyendo silvicultura, cosecha, transporte y logística.

La mayor concentración temporal de empleo se producirá durante la construcción, cuando ArPulp estima que podrían generarse aproximadamente 6.000 puestos de trabajo.

A eso se agregarían unos 4.000 empleos inducidos, derivados del movimiento económico generado por el complejo sobre comercio, servicios y otras actividades regionales.

La estimación global alcanza así aproximadamente 13.000 puestos de trabajo entre las diferentes categorías.

Pero Correa plantea que el efecto excederá la contratación directa. Durante su presentación explicó que una industria de semejante escala crea una demanda permanente de proveedores de servicios, insumos químicos, logística y mano de obra especializada, elevando el nivel tecnológico y generando actividades industriales alrededor de la propia fábrica.

Aunque la inversión está localizada en Corrientes, la dimensión del proyecto obliga a observarlo desde una perspectiva regional.

El sur de Misiones está dentro de la zona forestal de influencia de Ituzaingó y posee plantaciones, aserraderos, servicios y disponibilidad de biomasa que podrían integrarse a la cadena de suministro.

Correa considera que la llegada de una demanda estable de cinco millones de metros cúbicos anuales podría provocar un “cambio estructural” en el sector forestal primario de la región.

También abrió una puerta interesante durante la conversación con Economis: ante la pregunta sobre si Misiones podría albergar en el futuro una inversión industrial de características semejantes, su respuesta fue afirmativa.

¿Por qué no? Misiones tiene mucha madera y también tiene madera disponible”, respondió.

La definición sintetiza una discusión que atraviesa desde hace años al complejo forestoindustrial del Nordeste. Misiones y Corrientes poseen una de las mayores concentraciones de bosques implantados del país, pero buena parte del desafío continúa siendo transformar esa ventaja forestal en inversiones industriales capaces de agregar valor, absorber residuos y colocar productos sofisticados en los mercados internacionales.

La apuesta de ArPulp aparece además en medio de una transformación profunda del mercado mundial.

En su exposición, Correa describió cambios estructurales ocurridos desde la pandemia, el impacto de la guerra en Ucrania sobre la industria europea, el crecimiento de la capacidad productiva china y la sustitución progresiva de determinados plásticos por productos derivados del papel.

Su diagnóstico es que América Latina y particularmente el Mercosur tienen condiciones para capturar una parte de las nuevas inversiones mundiales en celulosa, siempre que logren combinar disponibilidad de fibra con competitividad logística, infraestructura, servicios y estabilidad institucional.

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CONFIAR: la forestoindustria busca acelerar inversiones y crecimiento federal

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Representantes del sector privado, instituciones técnicas, organismos de investigación y autoridades nacionales y provinciales participaron de una jornada de intercambio en Corrientes orientada a fortalecer la competitividad, la innovación y la articulación público-privada en una de las cadenas productivas con mayor potencial de desarrollo federal del país.

La provincia de Corrientes fue escenario de una nueva muestra del potencial de articulación que caracteriza a la cadena foresto-industrial argentina. Productores, empresarios, investigadores, técnicos y funcionarios nacionales y provinciales participaron de una jornada de intercambio técnico organizada por los Consorcios Forestales Corrientes Centro, Corrientes Norte y CoFRU, con el objetivo de compartir experiencias, analizar desafíos y fortalecer estrategias para el crecimiento sostenible de la actividad.

La actividad se desarrolló en el establecimiento “Aña Cuá”, de la empresa Eucaforest, donde los participantes recorrieron plantaciones forestales, conocieron experiencias vinculadas al manejo silvopastoril, avances en genética forestal y nuevas tecnologías aplicadas a la producción, además de intercambiar perspectivas sobre el presente y futuro del sector.

Sin embargo, más allá de los aspectos técnicos, uno de los principales ejes de la jornada fue la necesidad de profundizar el trabajo conjunto entre el sector público, las empresas y las instituciones vinculadas a la actividad para impulsar nuevas inversiones y consolidar una estrategia de desarrollo de largo plazo para la región.

Durante el encuentro, Fernando Correa, director del proyecto ARPulp, expuso sobre el impacto estratégico que tendrá esta iniciativa para Corrientes y el sur de Misiones, destacando la importancia de fortalecer la cooperación entre todos los actores de la cadena foresto-industrial para aprovechar plenamente las oportunidades de crecimiento que se abren para la región.

La presencia de autoridades nacionales y provinciales aportó además una mirada institucional sobre los desafíos que enfrenta la actividad. Entre los participantes estuvieron representantes de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, de la Subsecretaría de Producción Agropecuaria y Forestal, de la Dirección Nacional de Desarrollo Foresto Industrial y del Gobierno de Corrientes.

Durante los intercambios se destacó la importancia de mantener espacios permanentes de diálogo que permitan construir consensos, mejorar las condiciones de competitividad y acompañar el crecimiento de una actividad que genera empleo, moviliza inversiones y aporta valor agregado en numerosas economías regionales.

También se abordó la situación que atraviesan las pequeñas y medianas empresas del sector, especialmente aquellas vinculadas a la industria de transformación de la madera, donde la desaceleración de la construcción y las dificultades para acceder a financiamiento continúan representando desafíos relevantes para el desarrollo de nuevos proyectos productivos.

Desde CONFIAR señalaron que este tipo de encuentros reflejan el enorme potencial de la forestoindustria argentina como motor de crecimiento federal y remarcaron la necesidad de consolidar políticas que promuevan la inversión, la innovación tecnológica y el fortalecimiento de toda la cadena de valor. “La forestoindustria tiene la capacidad de generar empleo de calidad, impulsar el desarrollo de las economías regionales, atraer inversiones y contribuir a una estrategia de crecimiento sostenible para el país. Para lograrlo, resulta fundamental fortalecer los espacios de articulación entre empresas, productores, instituciones y gobiernos”, destacó Ignacio Méndez Cunill, representante de SRA en CONFIAR y socio gerente de Eucaforest, empresa anfitriona del evento.

Con más de una decena de provincias vinculadas a la actividad forestal y una creciente demanda global por productos de origen renovable, la cadena foresto-industrial se posiciona como uno de los sectores estratégicos para impulsar una agenda de desarrollo basada en la producción, la innovación y el agregado de valor en origen.

La jornada realizada en Corrientes dejó en evidencia que el camino hacia ese objetivo requiere trabajo conjunto, visión de largo plazo y una articulación cada vez más sólida entre todos los actores involucrados.

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Una planta de celulosa fluff podría instalarse en Corrientes con inversión de capitales nacionales

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La confirmación de una inversión de 2.000 millones de dólares por parte de Arpulp SA para la instalación de una planta de celulosa fluff en Ituzaingó, Corrientes, representa uno de los hitos más relevantes para la foresto-industria argentina en las últimas décadas, después de la inauguración de Alto Paraná -hoy Arauco-, en Misiones. Si se concreta, sería también el primer proyecto del sector forestoindustrial en acogerse al RIGI, el régimen de incentivos a grandes inversiones del gobierno de Javier Milei.

Arpulp es una empresa vinculada al Grupo Clarín, cuyo holding ya tiene fuerte presencia en el sector a través de Papel Prensa, y uno de sus principales accionistas, José Antonio Aranda, posee grandes extensiones de campos arroceros y forestales en Corrientes. Arpulp S.A. es la sociedad constituida para llevar adelante el proyecto, que según las primeras informaciones se radicaría en el Puerto y Parque Industrial de Ituzaingó, inaugurado el año pasado y que todavía no comenzó a funcionar.

Alejandra Aranda, CEO de Arpulp, dijo: “Tendremos por delante varias etapas críticas para llevar el proyecto a su fase final. Durante 2026, la prioridad será realizar un estudio ambiental profundo, alineado con los estándares de calidad y seguridad mundiales para esta categoría. Por otro lado, el fondo de inversión Pegasus comenzará con las tareas de búsqueda de financiamiento estratégico de gran escala. En esa hoja de ruta, para 2027 estaremos concentrados en la ingeniería básica y de detalle”.

En tanto, Fernando Correa, a cargo de la tecnología industrial del proyecto, explicó: “Si todas las exigencias financieras logran avanzar en término, entre 2028 y 2030 estaremos dedicados a la construcción de la planta modelo, para comenzar a operar a pleno hacia finales de 2030”.

La futura planta generará – según declaró el Gobernador Juan Pablo Valdés, 13 mil nuevos puestos de trabajo directos e indirectos y tendrá una capacidad proyectada de 1.000.000 de toneladas anuales. Esto la posicionará entre las más grandes del mundo en su tipo y no solo amplía la escala productiva del país, sino que confirma que Argentina tiene condiciones reales para atraer inversiones de magnitud en la economía forestal. Para el Consejo Foresto Industrial Argentino -CONFIAR- este anuncio se trata de una noticia estratégica que valida las expectativas positivas respaldadas por las condiciones excepcionales del país en el sector foresto industrial y abre una nueva etapa de desarrollo con impacto federal.

El proyecto estará enfocado en la producción de pasta fluff, una celulosa de fibra larga derivada del pino, clave para la fabricación de productos de higiene absorbente como pañales, toallas femeninas y soluciones para la incontinencia. Se trata de un insumo esencial en la vida cotidiana, cuya demanda global continúa en crecimiento, impulsada por tendencias demográficas, mejoras en estándares de higiene y expansión de mercados.

La pasta fluff se caracteriza por su alta capacidad de absorción, suavidad y eficiencia en la distribución de líquidos, lo que la convierte en un componente crítico para la industria sanitaria. Además, su uso se extiende a productos médicos, telas no tejidas y desarrollos asociados al cuidado de la salud. La posibilidad de producir este tipo de celulosa en el país no solo implica sustituir importaciones, sino también posicionar a la Argentina en segmentos de mayor valor agregado dentro de la cadena global.

Divisas, empleo y desarrollo territorial

El impacto económico de una inversión de esta magnitud es significativo. No solo por el ingreso directo de capitales, sino por su efecto multiplicador en toda la cadena foresto-industrial. La construcción y operación de la planta generarán miles de empleos directos e indirectos, dinamizando economías regionales y fortaleciendo entramados productivos locales. A su vez, incrementará la capacidad exportadora del país, generando nuevas fuentes de divisas en un contexto donde su ingreso resulta clave para el desarrollo.

Corrientes, y en particular la región de Ituzaingó y el sur de Misiones, se consolidan, así como un polo estratégico para el crecimiento de la industria forestal, potenciando una base productiva ya existente.

“La llegada de ARPULP no es solo una inversión. Es una señal. Señal de confianza en el país. Señal de que la foresto-industria puede jugar en las grandes ligas. Señal de que el desarrollo productivo, federal y sostenible es posible. Y, sobre todo, señal de que Argentina puede transformar su potencial en crecimiento real”, declararon desde Confiar.

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