Superávit fiscal y cuidado del gasto sensible: los resultados financieros de Misiones
En tiempos donde el equilibrio fiscal parece haberse convertido en una bandera casi excluyente del discurso económico nacional, vale la pena detenerse a observar con más detalle las distintas maneras en que se puede alcanzar ese resultado. No todo superávit es igual ni tiene las mismas consecuencias.
Misiones ofrece un caso particular: la provincia ha logrado sostener sus cuentas ordenadas sin apelar a un ajuste que duela.
Recientemente, la Subsecretaría de Coordinación Fiscal Provincial de la Nación dio a conocer los datos de las cuentas públicas de las provincias, donde se observan resultados diferentes en los distritos, ya que a diferencia de lo que observado el año pasado, hay varias que han caída en déficit mientras que otro tanto conserva sus superávits, aunque dentro de este grupo hay mucho por analizar también respecto a cuál fue el camino tomado para lograr esos resultados.
En primer lugar, si vemos la situación a nivel nacional, el Gobierno exhibe con insistencia los resultados de las cuentas públicas, mostrando un superávit que, si bien representa un cambio de signo relevante frente a años de déficit, se apoya fuertemente en los dos elementos que tanto festejan: motosierra y licuadora, que provocaron caída de las jubilaciones y salarios en términos reales, el freno total de la obra pública y la transferencia del peso del ajuste a provincias y sectores productivos. Entonces, ese “orden fiscal”, en los hechos, se sostiene sobre un profundo deterioro de la actividad económica y del bienestar social.
Por el otro lado tenemos a las provincias: durante el 2024 se encaró un severo ajuste del gasto público mientras que en 2025 se intentó comenzar a recomponer el mismo, aunque con una crisis de ingresos muy significativa, principalmente por que los recursos de origen tributario no repuntan (ante una actividad económica que no levanta cabeza) y por que no hay asistencia nacional.
En ese marco, sobre un total de 22 distritos relevados (no hay datos aún de Neuquén ni de La Pampa), hay nueve que cerraron el primer semestre del año con déficit tanto primario como financiero.
En el costado opuesto, hay otras trece provincias que sostuvieron sus resultados fiscales positivos.
¿Cómo se posicionó Misiones? La provincia transitó un camino similar al de la Nación desde el punto de vista del resultado: tuvo superávit; pero tomó otro sendero para llegar a él: lo hizo dentro de un esquema que preserva el rol activo del Estado en la economía.
Tiene un orden fiscal basado más en la eficiencia que en el ajuste. Vamos a los números.
Lo que primera se destaca es que, ante un avance muy leve de los recursos, el gasto fue prudente: los ingresos de la provincia, que totalizaron $ 1,75 billones, crecieron apenas en 2,5% real; por su parte el gasto total, que fue por $ 1,74 billones, creció al 6,5%. Si el gasto creció más que los ingresos, ¿por qué hablamos de prudencia? Porque en la mayoría de las provincias, los recursos se movieron similares a Misiones, pero el gasto se expandió en doble dígito. ¿Esto significa que Misiones ajustó? No necesariamente.
El gasto en personal (salarios públicos) creció al 22,9% real interanual; mientras que las Prestaciones de la Seguridad Social lo hicieron en +33,5% real. Por ende, dos de las cuestiones más sensibles del gasto tuvieron un desempeño positivo que impacta en el territorio. Además, reforzó el apoyo al sector privado, con alzas en las transferencias. Otro punto clave.
En cambio, otros rubros menores estuvieron más contenidos, permitiendo así que la mayor parte del gasto, y el esfuerzo presupuestario por expandirlo, se concentre en las áreas que más aportan al desarrollo local. A la par, el gasto por servicios de deuda pública sigue en niveles bajos: apenas el 0,4%, ratificando el importante proceso de desendeudamiento que encara la provincia.
¿Cómo quedó el resultado fiscal misionero? Tuvo un superávit primario por $ 18.211 millones que representa el 1,0% de los ingresos totales y un superávit financiero por $ 12.084 millones equivalente al 0,7% de sus ingresos. Cabe señalar que dichos ratios de superávit respecto a los ingresos son algo menores que los que se observan en otros puntos del país, pero aquí viene una clave: el equilibrio se mantuvo eficientizando el gasto de manera de aplicar cada peso disponible en las áreas más importantes de la gestión económica.
Entonces, la ecuación cierra así: ni déficit por expansión ineficiente del gasto ni superávit holgado a costa de ajustar sobre la población. Equilibrio justo para estos tiempos. Así, la disciplina fiscal no se choca con la inversión social, como sí ocurre a nivel nacional.
El superávit, en este marco, no es el fin en sí mismo sino la condición que permite sostener políticas activas sin depender del endeudamiento o de la discrecionalidad de la Nación.
Podemos hablar entonces de una gestión con austeridad inteligente: prioriza el equilibrio sin renunciar al desarrollo.
En este contexto, Misiones presenta el mejor resultado fiscal de la región del NEA, con un superávit levemente mejor que el de Formosa y diferenciándose fuertemente de Chaco y Corrientes que cerraron con significativos déficits fiscales.
Cabe comparar la situación con la vecina Corrientes: mientras que los ingresos crecieron con debilidad en ambas provincias, Misiones sostuvo una gestión eficiente al incrementar el gasto en solo 6,3%, pero Corrientes lo hizo en +27,4%. Las prestaciones de la seguridad social correntina crecieron por debajo de la misionera y, además, la política salarial acumulada del año mostró caídas en Corrientes y alzas en Misiones.
Otro punto clave es notar que el apoyo al sector privado en Misiones concentra el 14,9% del gasto total, mientras que en Corrientes lo hace apenas en 5,2%.
Aun con esto, Corrientes terminó el período con un déficit financiero de $73.198 millones, equivalente al 5,1% de sus ingresos. Posiblemente, el gasto electoral explique gran parte de este desbarajuste de las cuentas públicas correntinas.
La estabilidad fiscal provincial, alcanzada con herramientas propias y en un entorno macroeconómico adverso, consolida la previsibilidad como rasgo distintivo del modelo económico misionero. Esto no solo fortalece la gestión pública, sino que también genera incentivos a la actividad privada, clave para alcanzar grados de desarrollo superiores.
Por todo esto, entendemos que la experiencia misionera aporta una enseñanza clave al debate nacional: el equilibrio fiscal no debe medirse solo por el resultado numérico, que es muy importante, sino por el modo en que se logra y por las consecuencias que deja. Gestión, tan simple (y no) como eso.

